Limpieza.


  Jn. 2:13-22 y Mr. 11:15-18

    Jesús sube a Jerusalén a cumplir con la pascua judía. Ex. 23:14-17 nos dice que todo judío mayor de 12 años debía subir anualmente a Jerusalén para esta fiesta. Donde en momento culmen era el sacrificio del cordero en el templo.

La imagen que los evangelios nos muestran de Jesús es de una persona mansa, tranquila. Que cuando es atacada responde con serenidad y sabiduría, no se queda callado, pero nunca usa descalificaciones o violencia. Pero aquí vemos a un Jesús que al poco de iniciar su ministerio se hace de un azote de cuerdas, de un pequeño látigo, probablemente de los que se usaban para los animales y echa a todos en el templo y empieza a expulsar a todos los comerciantes y animales que estaban allí. Incluso echa a los qua pasaban por allí para atajar. Sólo deja pasar a las personas que van al templo a adorar a Dios.

     No es que Jesús se hubiera vuelto loco o que le diera un arrebato. Jesús echa a las personas del templo porque estaban allí a otros asuntos que no era darle gloria a Dios. Esa era la función del templo. Desde que Moisés hiciera el tabernáculo hasta que Salomón construyera el templo y después de forma interrumpida por las distintas destrucciones el pueblo de Israel tenía en esa tienda o ese templo un lugar donde acercarse a Dios. Pero en la época de Jesús ese templo acaparaba otros intereses

Los comerciantes proveían de animales perfectos para los sacrificio y los cambistas cambiaban la moneda de cada uno por la moneda aceptada en el templo.

Jesús no ataca a estas personas por su profesión, ni siguiera porque estuvieran estafando a los clientes. Simplemente aquel no era sitio para eso. Estas actividades se hacían dentro del recinto del templo. Todo el templo era lugar para venir al encuentro con Dios, para venir a orar y ofrecer sacrificios a Dios. Esa era su función. Pero ahora se dedicaba a otros menesteres, y puede que nos parezca algo vano, que se comerciara dentro del templo no indica que la espiritualidad del pueblo fuera menor, pero la verdad es que nuestra actitud siempre es muestra de lo que hay en nuestro corazón. Podemos aparentar que estamos bien pero nuestra forma de hacer las cosas, lo que decimos, lo que nuestro lenguaje no verbal dice, lo que ponemos en primer lugar siempre va a delatar como se encuentra nuestro corazón

El propio Jesús describió la actitud del pueblo con palabras del profeta Isaías Mt. 15:8-9Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí.” El pueblo, sobre todo los profetas iban a Jerusalén en masa adorar a Dios, se hacían un buen viaje, se gastaban su dinero en las compras, hacían un gran esfuerzo por ir a Jerusalén. Pero la situación en la que se encontraba el templo, que había pasado de ser lugar santo a ser un atajo para ir a otros sitios y se había convertido en un lugar donde hacer negocio daba muestra de cómo se encontraba el corazón del pueblo, siguiendo unos rituales dados por Dios para un Dios al cual de verdad no adoraban.

Pero esto no era la primera vez que ocurría, el pueblo de Dios en muchas ocasiones se apartaba de Dios. Ante lo cual Dios siempre misericordioso ofrecía una solución para su pueblo.

Esto no nos extraña ya que nosotros mismos vivimos en una sociedad que hace lo mismo, tenemos una semana santa que podría englobarse en esta descripción de Jesús un pueblo que de labios habla de Dios, pero que su corazón está lejos de Él.

La Palabra de Dios nos muestra como Dios quiere que su pueblo se acerque a Él. Como quiere que nos acerquemos a él. Como quiere que su pueblo se relacione con él. Veremos la necesidad de hacer una azote de cuerdas y limpiar nuestro corazón.

  1 Sam. 7:3Si de todo corazón os volvéis… […] preparad vuestro corazón a Jehová” El pueblo de Israel, nos dice el versículo 1 estaba alejado de Dios, adorando a dioses ajenos y Samuel les pide que preparen su corazón, no sólo que se acerquen sino que preparen su vida. El corazón en la Biblia es el asiento de la voluntad, del intelecto y del sentimiento. No vale con sólo venir a, sino que debemos prepararnos para ellos. Mt. 25:1-13 nos dice que 10 vírgenes salieron a recibir al esposo y las que salieron de cualquier forma acabaron mal, acabaron de puerta a fuera, en cambio las que fueron preparadas, esas entraron con el esposo. Estas vírgenes preparadas tuvieron que esforzarse en comprar el aceite con antelación, en planear y preparar su vida para la llegada del Esposo. Las otras vírgenes no prepararon nada, vinieron con lo que tenían, mostraron con su actitud como estaba su corazón.

En muchas ocasiones los cristianos actuamos igual en nuestra vida, dejamos a Dios de lado en nuestras decisiones, en la educación de nuestros hijos, pensamos que venir a la iglesia un día por semana, escuchar lo que el que predica tiene que decir, cantar unas canciones. Y nos olvidamos en la necesidad de cuidar nuestra vida. De regar nuestra vida con la Palabra de Dios “porque como descienden del cielo la lluvia y la nueve […] y hace germinar y producir, así será mi palabraIs. 55:10, nos olvidamos de la comunión en oración con nuestro Dios y de la edificación mutua que es venir a reunirme con mis hermanos. Olvidamos la necesidad de preparar nuestro corazón.

Esto nos habla de la necesidad de prepara nuestra vida. Cuantas veces la costumbre, el pecado en el que vivimos nuestro día a día hace que nuestra vida sea como el templo en la pascua. Un lugar donde hay cosas que no debieran estar, donde alabamos a Dios con nuestras palabras pero nuestro corazón está muy lejos.

Para limpiar nuestra vida de lo que no debería estar allí una de las cosas que debemos hacer es preparar nuestro corazón

Nh. 8:1-8 Leían claramente, y ponían el sentido de modo que entendiesen la lectura” El pueblo de Dios debe ser el pueblo de la Palabra de Dios. Uno de los problemas más grandes hoy en día es que los que se denominan cristianos no saben las palabras, no saben lo que la Biblia dice. La Biblia se describe a sí misma como una espada de dos filos que penetra en nuestra vida y la cambia, pero como van cambiarla sino escuchan la Palabra. Cómo vamos a amar a Dios sino lo conocemos.

Aquí Nehemías sabe que si quiere volver a restaurar la nación de Dios, el pueblo de Dios debe abrir la palabra y no sólo leerla, hace algo más “le ponía sentido” la explicaba, la enseñaba de una manera que la gente lo entendiera. El resultado fue inmediato en el capítulo 9 vemos como el pueblo confiesa su pecado ante Dios. Hay restauración en el pueblo porque la Palabra de Dios ha sido abierta y enseñada.

Nehemías sigue relatando como el pueblo de Dios se compromete a obedecer la palabra de Dios y como, en el capítulo 11, se produce el reasentamiento de Jerusalén.

Los seres humanos necesitamos una guía para nuestra vida. Cuando dejamos de lado las palabras de Dios las sustituimos por otras palabras que nos lleven, eso hicieron Adán y Eva en Edén. Dios les había dado un mandato, pero prefirieron sustituirlo por las palabras de Satanás de poder ser iguales a Dios. El pueblo de Israel sustituía a Dios por otros dioses, como vimos en el caso de 1 Samuel. La iglesia católica lleva siglos agregando a la Palabra de Dios la tradición de la iglesia, o los escritos del papa. En la actualidad se suelen sustituir las palabras de Dios por pensamientos humanistas que nos alejan de la concepción real del ser humano.

Si queremos ser el pueblo de Dios, debemos ser el pueblo de la palabra de Dios. Debemos acercarnos a Dios a través de su palabra.

      Sal. 119:105Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino”. La palabra de Dios es lo único que puede guiarnos en la oscuridad, esa oscuridad que hacía que le pueblo de Dios accediera a comerciar dentro del templo.

     Filp. 2:14-15 “para que seáis irreprensibles” Como estamos viendo estos domingos la congregación de Filipos tenía una serie de problemas internos por culpa de actitudes egoístas que se estaban dando en medio de la congregación. Pablo hace un llamado para que abandonen esas actitudes, para que limpien su templo del pecado. Y se acerquen a su Dios de manera irreprensible, siendo luminares, marcando la diferencia con una sociedad oscura.

El pueblo de Israel siempre buscó mimetizarse con lo que le rodeaba, en el libro de Jueces se mezclan con los pueblos de Canaán en vez de expulsarlos. En Samuel piden un rey como el resto de las naciones. Los reyes adoraban a los dioses de los pueblos vecinos. Parece que siempre intentaban escapar de esa función que deberían tener como luz en el mundo.

De la misma forma nosotros también solemos mimetizarnos con le mundo, en cuando a su filosofía de vida, en cuando al vocabulario, a las ideas. El templo de Israel estaba mimetizándose con el resto de la sociedad, con el comercio, con los bancos. Pero Jesús le llama “casa de oración para las naciones” un lugar distinto, un lugar de referencia.

Por eso Dios nos pide que seamos irreprensibles, que seamos santos, porque tenemos que marcar la diferencia allí donde estamos. Conclusión: la vida del pueblo de Israel nos enseña a un pueblo que en la confianza de creerse pueblo escogido por Dios abandono el cuidado de su relación con Dios, hasta el punto que llenaron el templo de algo que no estaba mal en sí mismo, pero dejaba claro cual era la prioridad en sus vidas, cumplir un rito, sacar un beneficio de ello.

Este texto debe hacernos meditar sobre la importancia de cuidar nuestra vida espiritual, a veces puede que como Jesús hace con el tempo necesitemos sacar de nuestras vida, cosas legítimas que se han convertido en prioridades.

Para ello debemos volvernos de todo corazón a Dios, no sólo como una afirmación o como un ritual, sino que nuestra vida debe volver en su totalidad a él, mente, cuerpo, voluntad y sentimiento.

Debemos volver a la Palabra de Dios, porque somos el pueblo de la Palabra, por eso es tan importante que nos juntemos para aprender la Palabra juntos, no porque el que ha preparado el estudio se haya molestado en hacerlo sino porque es parte de nuestra responsabilidad como hijos de Dios meditar en sus palabras.

En tercer lugar mantenernos irreprensibles siendo elementos diferenciadores no que nos separan del resto pero si que nos convierten en luminarias en un mundo oscuro.

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