Relaciones sanas.


Empezamos hoy con una serie sobre la amistad y las relaciones en la adolescencia que he escrito para Protestante Digital podéis seguir la serie aquí.

“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” Gn. 1:26

Phoebe es sin duda el personaje más peculiar de la serie televisiva de finales de los 90’s Friends. Ella es una chica medio hippie que se crió en la calle, vive de dar masajes, tiene un taxi y da conciertos en la cafetería Central Perk sobre gatos apestosos. En muchos aspectos no encaja con sus otros cinco inseparables amigos. En la sexta temporada, cuando Rachel se traslada a vivir con Phoebe el personaje interpretado por Jennifer Aniston decide comprar una mesa que imita a una vieja mesa de boticario de una tienda llamada La Mula Coja, ante lo que Phoebe se opone, porque odia los muebles fabricados en serie y todo lo que no tiene una historia que de sentido al mueble.

Phoebe no le da tanta importancia a la belleza del mueble o a su utilidad, sino que para ella premia la mano del autor que pensó en aquel mueble como una pieza única, no como una cadena de montaje, y que indefectiblemente llevara la propia esencia de su creador.

De la misma forma Génesis nos muestra que los seres humanos no somos productos creado en serie, somos artesanía con esencia de nuestro creador. Somos hechos a imagen y semejanza de un Dios en tres personas. Esto significa que Dios no sólo nos creo sino que nos ha dado un regalo por encima de la existencia que es compartir características con Él, claro que de una forma limitada debido a nuestra propia naturaleza y desde Génesis 3 con una lacra que nos hemos buscado y que ha distorsionado este regalo.

El amor, la misericordia, la justicia, la defensa del más débil son elementos que Dios posee y que nosotros hemos recibido. Este Dios es también un ser que existe eternamente en tres personas. Lo que nos muestra otra de sus características Dios es un ser relacional, no es un ser solitario, estas personas tienen una relación perfecta entre sí. Aunque son el mismo Ser esto no impide que exista una relación entre cada una de las personas. Jesús mismo dice que Él tiene una relación de amor con su Padre que se manifiesta en la obediencia (Jn. 14:31), relación de amor que es recíproca cuando su Padre muestra Su amor dándole gloria a su hijo (Jn. 17:24). Esta relación es plena y convierte a Dios en un ser eternamente feliz, porque no hay mayor felicidad que amar y se amado de manera perfecta.

Los seres humanos hemos heredado también esta manera de conectar con otros iguales y de relacionarnos con ellos hasta el punto de que las relaciones son la base primordial de cualquier colectivo humano.

Las relaciones abarcan toda nuestra existencia, desde nuestros primeros años y la familia, pasando por los amigos de la infancia, los compañeros del instituto y universidad, en la iglesia hasta llegar a completar el círculo con la nueva familia que decidimos formar. Marcan nuestra vida y la definen, para bien y para mal. Son causa de traumas y de inseguridades, de triunfos y de metas alcanzadas.

En la serie de seis artículos, que empezamos en el día de hoy, hablaremos acerca de las relaciones en la vida de los jóvenes, sobre todo centradas en la amistad que establecemos entre gente de nuestra edad, sobre la importancia de fundamentarlas bien, de tomar buenas decisiones, de elegir a los que nos rodean y de la responsabilidad que conlleva la amistad. Porque algo tan maravilloso como considerarse amigo es un “gran poder que conlleva una gran responsabilidad”.

En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad.” Fil. 4:10

Pablo le escribe a los Filipenses para agradecerles una ofrenda en un momento duro de su vida, Pablo está preso en Roma y Roma no alimenta a sus presos. Pablo no da las gracias por el dinero, sino que agradece que la iglesia de Filipos reviva su relación con Él. Pablo sabe que la amistad es algo que hay que cuidar, requiere tiempo, esfuerzo y ahora los Filipenses usan de un esfuerzo muy grande, pues eran una iglesia pobre, para que esa relación volviera a la vida, fuese una relación sana. Las relaciones sanas son aquellas en las cuales todos los que participan de ellas se involucran en su crecimiento y mantenimiento siendo partícipes de la bendición que producen.

Las relaciones llenan toda nuestra vida. Sea cual sea la relación bien de amistad, pareja, profesional o familiar es un ser vivo que debemos cuidar. Y no siempre lo hacemos, en los últimos años en las iglesias se han dedicado muchos esfuerzos a trabajar con los matrimonios, pero tengo la sensación que lo hacemos tras el terremoto que causa un divorcio en una congregación, en la nuestra o en una vecina. Se hacen reuniones específicas, charlas, se traen a expertos, etc. En las iglesias solemos ir al remolque de la realidad, cuanto esta nos estalla en la cara actuamos.

Por el contrario no solemos trabajar entre los jóvenes la necesidad de cuidar de sus amistades. Nos esforzamos por crear actividades para que estén juntos como si meterlos dos horas en la misma sala fuera una pócima mágica. Realmente existe una necesidad de trabajo con personas sobre este tema. Pensar que una relación va a ser sana solo por estar en un mismo sitio al mismo tiempo es como si dejamos una semilla encima de la tierra y esperamos que de ahí nos salga un bonito manzano que nos de un rico fruto sin hacer ningún otro tipo de cuidado sobre el nuevo árbol. Hace falta trabajo, mancharse las manos, tener inteligencia, para al final lograr un objetivo, desarrollar relaciones sanas.

El apóstol Pablo lo sabe porque eso a pesar de encontrarse encerrado a cientos de kilómetros es capaz de esforzarse por escribir una carta cono Filipenses para una iglesia herida, porque la amistad cuesta. Pablo aparta el sufrimiento propio para curar el de sus amigos.

Los filipenses lo saben por eso se acuerdan del fundador de la iglesia cuando todo el mundo le había dado la espalda. Una iglesia presionada, con disputas entre sus miembros y en un estado de pobreza es capaz de esforzarse para enviar una ofrenda a un sentenciado por el Imperio, para que no se muera de hambre.

Como resultado de este esfuerzo y compromiso mutuo ambos logran ser de bendición, porque la amistad sana puesta en práctica es bendición en acción.

La pregunta que surge ahora es ¿Estamos dispuestos?