La inmutabilidad de Dios

La inmutabilidad de Dios

La inmutabilidad de Dios forma parte de su propio ser y por tanto de sus atributos, por lo cual, es necesario conocerla para un correcto conocimiento de Dios. El creyente que quiere vivir en obediencia, agradando así a Dios, debe conocer de Dios lo que Él ha revelado. De esta manera podrá vivir de la manera correcta bajo el gobierno del único Dios verdadero (Jn. 17:3). Por eso, en este artñiculo, vamos a centrarnos en definir la inmutabilidad de Dios y su fundamento bíblico para luego reflexionar acerca de las implicaciones que este atributo divino tiene para el creyente y la Iglesia.

La inmutabilidad de Dios.

Decir que Dios es inmutable significa que Él es inalterable en en su ser, perfecciones, propósitos y promesas. Debido a esto podemos decir que Él no cambia (Nm. 23:19; Sal. 33:11; 102:27; Mal. 3:6; Heb. 6:17; Jos. 1:17). Esta inmutabilidad de Dios no significa que Él es un ser inmóvil o inactivo, sino que nunca es inconsecuente consigo mismo ni está sujeto a un proceso de cambio o desarrollo.

La inmutabilidad de Dios está en contraste con la mutabilidad de toda la creación. La mutabilidad es una característica de las criaturas de Dios mientras que la inmutabilidad le pertenece sólo a Él. El cambio no siempre se produce por algo malo, sino que en ocasiones es debido a procesos naturales. Por ejemplo, el hecho de haber sido creado implica un cambio ya que en un instante no se existe y al siguiente sí. Otros ejemplos los tenemos en el tiempo meteorológico, las estaciones del año, las especies animales, las mareas, los continentes e incluso las estrellas. Todo esto es demostración de la mutabilidad de la creación la cual no es siempre igual. En contraste está Dios el cual es el mismo siempre (Heb. 13:8). Esta idea la expresa el salmista “Ellos perecerán, pero Tú permaneces; y todos ellos como una vestidura se desgastarán, como vestido los mudarás, y serán cambiados. Pero tú eres el mismo, y tus años no tendrán fin” (Sal. 102:26-27) donde se denota el claro contraste entre el creador y lo creado.

Esta diferencia es mucho más evidente cuando comparamos a Dios con el ser humano. Incluso en su mejor estado, en el de inocencia antes de la caída, el ser humano era mutable. Siendo mutable y abandonado a la mutabilidad de su voluntad, cuando fue tentado, cayó en pecado y perdió la rectitud de su naturaleza. Ahora es una criatura sujeta a innumerables cambios en la vida: enfermedades de distintos tipos cambian su salud, la edad va cambiando su aspecto, el conocimiento cambia su experiencia de vida y finalmente la fuerza y la mente se van deteriorando hasta convertirle en polvo. En cambio, Dios y su palabra, permanecen para siempre (1 Pd. 1:24-25).

La evidencia bíblica nos enseña que la inmutabilidad es un atributo que Dios reclama como propio de sí mismo (Mal. 3:6) y está relacionado con toda su persona.

1. Dios es imputable en esencia. Dios al ser un Espíritu infinito, increado y simple (en el sentido de no compuesto o no dependiente de otra parte) es entera y perfectamente inmutable. Siendo eterno no puede haber cambio alguno en el tiempo, porque Dios vive fuera del tiempo. En este sentido la Escritura lo define como el anciano de días (Dan. 7:9) o alguien que está por encima del tiempo (2 Pd. 3:8). Dios es el ser más perfecto y no mejora ni cambia, no envejece ni va progresando y adquiriendo más conocimiento con el paso de tiempo (Sal. 102:27). Su estado es absoluto y por tanto no existe cambio a otro superior ni diferente.

En ocasiones se suele argumentar, en contra de la inmutabilidad de Dios, diciendo que la encarnación la contradice y anula. Esto, dicen, ocurre porque la encarnación es un cambio en la existencia de la segunda persona de la Trinidad al hacerse hombre. En contra de esta argumentación podemos decir que Cristo tenía dos naturalezas en su único cuerpo. Su naturaleza divina no fue modificada o cambiada por la naturaleza humana, sino que su naturaleza divina fue manifestada en la carne (1 Tim. 3:16). La naturaleza humana de Cristo no aportó perfección ni imperfección a la divina, aunque la naturaleza humana recibió dignidad y honor por su unión con él y fue adornada con los dones y gracias del Espíritu sin medida. Así que la naturaleza divina de Cristo no cambió preservando su inmutabilidad.    

2. Dios es inmutable en sus atributos. Todos los atributos de Dios se encuentran entrelazados unos con otros de tal manera que no se puede considerar uno sin prestar atención al resto, esto pasa también con la inmutabilidad. Así por ejemplo Dios es el mismo en su poder como siempre, no se agota, ni en lo más mínimo. Su mano no se acorta, Su fuerza es eterna. Su sabiduría es desde toda la eternidad, sabía tanto entonces como ahora y como él es glorioso en santidad esa perfección nunca se empaña, nunca puede ser mancillada, sino que siempre es la misma. No hay injusticia en Dios, él no puede cambiar de la santidad a la impiedad, de la justicia a la injusticia, Él es el justo. De esta manera podemos decir que Dios es inmutablemente bueno, e inmutablemente Justo e inmutable en toda perfección.

3. Dios es inmutable en sus propósitos y decretos. Dios ha determinado todo lo que alguna vez fue, es o será y todas las cosas suceden según el consejo de su voluntad. Por eso sus propósitos y decretos son inmutables. Los propósitos de Dios siempre se llevan a cabo. La biblia habla expresamente de la inmutabilidad del consejo de Dios (Heb. 6:17). No está en poder de los hombres y de los demonios anular designios de Dios, nada de lo que puedan hacer sirve en contra del consejo de Dios, porque es inmutable y permanece para siempre (Sal. 33:11; Prv 19:21, 21:30; Isa. 14:24, 27, 46:10).

4. Dios es inmutable en su relación con su pueblo. El amor de Dios con su pueblo es sin variación alguna en su propio corazón, aunque Sus manifestaciones sean diferentes. En el momento de la salvación o de la disciplina Dios siempre ama a Su pueblo y nada puede cambiar ese amor por los suyos ya que Él es el mismo ayer que hoy y lo será mañana (Heb. 13:8). La caída no hizo ninguna diferencia en Él. Aunque los objetos especiales de la creación cayeron con Adán a las profundidades del pecado y la miseria, esto no produjo un cambio en el amor de Dios, sino que continuó amándolos. El claro ejemplo de su continuo amor fue enviar a Su Hijo para ser el sacrificio expiatorio por los pecados (Rom. 5:8). Este amor inmutable lleva a Dios a dar vida a los que están muertos en sus pecados (Efe. 2:5).  Que Dios oculte su rostro de su pueblo (Ez. 39:29; 2 Cr. 6:42; Sal. 10:11) o lo castigue son más bien pruebas de filiación que argumentos en su contra. Las reprensiones de Dios hacia ellos son reprensiones en amor, y no en ira. Aunque castiga sus transgresiones con vara y azotes, no les quita en absoluto su bondad amorosa en Cristo (Jer. 31:18, 20; Heb 12:6-8; Apo. 3:19; Sal. 89:32, 33).

Las implicaciones de la inmutabilidad de Dios para el creyente.

Ahora, que ya hemos visto que es la inmutabilidad de Dios y la relación con sus otros atributos nos planteamos que implicaciones tiene para la vida del creyente.

1. Confianza en una salvación inmutable. Podemos estar confiados en nuestra salvación porque está segura en Cristo (Jn. 6:37), la segunda persona del Dios inmutable. La salvación es una obra de Dios en la cual Él ha determinado salvar a sus escogidos desde antes de la fundación del mundo (Efe. 1:4) para bendecirlos con toda bendición espiritual (Efe. 1:3) y por tanto esta obra es inmutable. Aquellos que Dios ha salvado en Cristo (Efe. 1:3, 10, 12, 20; 2:6, 7,10, 13; 4:32) pueden estar seguros que Su voluntad de salvarlos no va a cambiar nunca. Tampoco ocurrirá que alguien puede venir y arruinar esa salvación (Rom. 8:38-39). Además, Dios provee todo lo necesario para que el salvo continúe siendo salvo y persevere en esa salvación. Como es Dios inmutable ni Él se arrepentirá de salvarnos y cambiará de opinión ni habrá nadie que pueda arrebatarnos de su mano (Rom. 8:35-39).

2. Confianza en una Palabra inmutable. La Biblia enseña que la Palabra de Dios es útil para transformarnos a la imagen de Cristo y estar equipados para toda buena obra (2 Tim. 3:17). Si Dios es inmutable sus palabras métodos e ideas también lo son y por eso podemos estar seguros de que estamos trabajando con las mejores herramientas porque son aquellas provistas por Dios y Él no cambia. En cada generación se levantan voces que afirman tener nuevos métodos o fórmulas para lograr el crecimiento espiritual, proclamando que lo que dice la Biblia es anticuado o ineficaz. Dios, en su providencia, siempre ha levantado hombres que contrarrestaran esta enseñanza, esto fue muy evidente en la época de la reforma donde los reformadores creían en la Biblia como el mensaje escrito de parte de Dios. Era confiable, sin duda alguna, se la estudiaba, se le tenía en cuenta. Se la tomaba como la autoridad definitiva con relación a tales temas sobre los que habla o hace afirmaciones. Dios no había revelado todo. La Biblia no contenía expresamente toda la verdad que podía conocerse. Pero lo que enseñaba se creía que era totalmente confiable. La verdad en cualquier otra rama no contradecía la verdad bíblica. A partir de la Biblia se podía encontrar el verdadero conocimiento de la realidad[1].

De esta manera el creyente puede confiar en la Palabra de Dios para acudir a ella en el momento de la angustia, sufrimiento o corrección y ella tendrá una respuesta adecuada para cada situación. Porque las verdades que Dios ha declarado en ella no han cambiado ni las promesas y caminos de Dios dejarán de ser.

3. Confianza en las inmutables promesas de Dios. La Biblia es un libro lleno de promesas. Desde el huerto del Edén, donde Dios prometió a Adán y Eva la muerte si comían del fruto prohibido (Gén. 2:17) o la promesa del envío de Aquel que pisaría la cabeza de la serpiente (Gén. 3:15), pasando por todas las promesas de los pactos hasta llegar a Cristo y su promesa de retornar a buscar a Su Iglesia. Las promesas se basan en la confianza, por eso tienen la misma certeza que nos transmite la persona que las hace. Si la persona que promete algo es de poca confianza esa promesa no tendrá ningún valor. En cambio, cuando es un Dios inmutable el que da la promesa, esta es segura (2 Cor. 1:2). Por eso el creyente puede vivir confiado en las promesas de Dios porque una vez enunciadas por Él son inmutables y no pueden ser cambiadas por Dios ni anuladas por sus enemigos.

Las implicaciones de la inmutabilidad de Dios para la Iglesia.

Hemos meditado en las implicaciones individuales de la inmutabilidad de Dios en los creyentes. Ahora vamos a poner el foco en el colectivo y reflexionar sobre las implicaciones para la el cuerpo de Cristo.

1. Somos columna y sostén de una verdad inmutable. El Apóstol Pablo describe de esta manera cual es la función de la iglesia en su carta a Timoteo (1 Tim. 3:15). Esta es una manera de definir que la tarea de la Iglesia es poner en alto la Palabra de Dios y proclamarla de una manera fiel. La idea de poner en alto es que pueda ser contemplada por todos y a la vez sirva de luz a todos (Mat. 5:15). Una iglesia debe procurar que sea conocida como un lugar donde se proclama la Palabra de Dios. La iglesia es la asamblea donde se predica fielmente el evangelio, se observan correctamente los sacramentos y se lleva a cabo una disciplina fiel[2]

Al conocer que Dios es inmutable por lo tanto Su Verdad es inmutable este mandamiento cobra aún más relevancia porque la iglesia es llamada a tener en alto la única verdad inmutable la Verdad de Dios. Por eso es esencial que la iglesia tenga como prioridad la predicación. Como ha dicho Martyn Lloyd-Jones “[La predicación] Esta es la tarea principal de la Iglesia, la tarea principal de los líderes de la Iglesia, los cuales están en esa posición de autoridad; y no debemos permitir que ninguna cosa nos desvíe de esto por muy buena que sea la causa y por muy grande la necesidad”[3].

2. Somos el cuerpo inmutable de Cristo. La doctrina profusa de la Iglesia como cuerpo de Cristo es una metáfora que hace evidente la naturaleza de la Iglesia, no como organización sino como organismo vivo compuesto de muchas partes relacionadas entre sí y que dependen unas de otras. Cristo es la Cabeza de este cuerpo (Sal. 118:22; Efe. 1:22; 5:23; 1 Cor. 11:3; Col. 1:18) y el Espíritu Santo es su tejido sanguíneo y vital[4]. Esta obra divina es inmutable por naturaleza y por tanto eterna y perfecta esto implica la consideración que la iglesia tiene que tener de sí misma. No somos un club de socios, ni una ONG, ni una organización empresarial, ni una religión somos un cuerpo formado por muchos miembros los cuales Dios ha capacitado con dones para el crecimiento de los mismos (1 Cor. 12:12-27). La Iglesia debe huir de buscar otros sistemas de organización que la describan y centrarse en ser el cuerpo de Cristo donde Él es la cabeza y por tanto el Señor de ella. Esto implica también que la Iglesia debe también huir de rendirse ante otros señores que quieran enseñorearse de ella.

3. No nos adaptamos a un mundo mutable. El pueblo de Dios vive en el mundo en una época concreta y siempre tiende a mimetizarse con el mundo en que le toca existir. Es normal y no está mal que la Iglesia se adapte a ciertos detalles culturales como el idioma, la forma de vestir o la tecnología. En cambio, al ser nuestro Dios un Dios inmutable, el pueblo de Dios no necesita del mundo para llevar a cabo su labor, sino que tiene que hacerlo en dependencia del Espíritu Santo (Rom.12:2)

En muchas ocasiones tendremos la tentación de que la iglesia tiene adaptarse a la moral de la sociedad en la que vivimos para hacerse más cercano a las personas, pero debido a que nuestro Dios es inmutable no nos debemos dejar arrastrar por un mundo donde la ética y la moral son mutables, lo que ayer estaba mal hoy está bien y mañana no lo sabemos (Prv. 17:13; Isa. 5:20).

Conclusion.

La inmutabilidad de Dios es un atributo exclusivo de Él que no comparte con nadie más. Es la capacidad de ser siempre el mismo en su persona y esencia. Esto hace de Dios un Ser perfecto y confiable.     Este atributo de Dios trae confianza a su pueblo y le permite vivir a la sombra de Dios sabiendo que Él es un Dios sabiendo que Él es un Dios que no falla y que sus promesas se cumplirán siempre.

Una posible contra argumentación acerca de la inmutabilidad de Dios sería decir que ella no tiene ninguna aplicación o influencia en la vida del pueblo de Dios. Debido a que es un atributo incomunicable, que sólo le pertenece a Dios y no a su creación, el ser humano no la puede llegar a comprender ni a usar. En respuesta a esta afirmación podemos decir que al ser Dios el Soberano de toda lo que existe y gobernador de todo lo creado su inmutabilidad es de gran importancia para todas Sus criaturas. Un Dios mutable, abandonado a los designios de unas emociones cambiantes, haría que Su Palabra no tuvieses valor ninguno porque podría ser que ahora pensase de manera distinta. La existencia de un Dios inmutable hace que Su pueblo sea el pueblo que busca, cree, proclama y descansa en la Verdad inmutable de Dios.


[1] L. Russ Bush y Tom J. Nettles, Baptists and the Bible (Chicago: Moody, 1980), p. 175

[2] Themelios 40, no. 1 (2015). Pág. 20.

[3] Martyn Lloyd-Jones, La Predicación Y Los Predicadores, 2nd ed. (Moral de Calatrava. Ciudad Real. España.: Ed. Peregrino., 2003). Pág. 26.

[4] MacArthur John, Comentario MacArthur del Nuevo Testamento. Gálatas, Efesios. (Grand Rapids, Michigan: Portavoz, 2010), Pág. 13.