Una vida de oración.


      Los seres humanos somos seres sociales por naturaleza, gran parte de nuestra existencia está basa en el echo de mantener relaciones con otras personas, bien sea familia, amigos o pareja. Mucho se ha estudiado y se ha hablado sobre cuales son los pilares que sustentan nuestra relaciones, y la comunicación es uno de ellos. Como cristianos sabemos, o por lo menos hemos oído infinitud de veces que orar es comunicarse con Dios, pero la oración es más que una mera plática con nuestro Padre. La oración es un medio para mantener comunión con otros hermanos, interesarnos por sus problemas, vidas, sueños, ideas, para que ellos conozcan las nuestras. La oración puede ayudarnos en nuestra disciplina diaria e incluyo ayudarnos a tomar las decisiones correctas en nuestra vida. La oración es, o debería ser, parte fundamental de la vida de cualquier creyente y una de las actividades en que la iglesia debería emplear más tiempo.
       1. Debemos apartar tiempo de nuestro día a día para orar. Dn. 6:10. Este texto nos habla de que Daniel tenia la costumbre de orar tres veces al día, apartaba todos los día un tiempo para estar a solas con Dios. Nos habla de una vida continua de oración. Muchas veces los cristianos caemos en el error de orar por nuestro estado de ánimo, si estamos contentos o tenemos un problema oramos, si estamos enfadados o tristes no, nos alejamos. Pero aquí vemos a un hombre, y como era hombre tendría sus días mejores y peores, más contentos y más tristes, más enfadados y más calmados, pero él oraba todos los días. No debemos perder de vistas que Daniel era el segundo más importante del reino y se encargaba de el, sólo por detrás del rey Darío, con lo cual sus ratos libres serían más bien escasos.
       Esta idea también la vemos reflejada en Jesús donde vemos varias veces en los evangelios que se apartaba a orar, dedicaba tiempo a estar a solas con Dios.

       2. Debemos usar la oración como semilla de las buenas decisiones. Lc. 6:12-13. Jesús es Dios, pero a pesar de ello dedica toda la noche ante una decisión tan trascendente como la elección de los doce hombre que estarán con Él a lo largo de Su ministerio en la tierra y luego expandirán el evangelio por todo el Imperio Romano. A veces podemos caer el error de hacer planes ponerlos en marcha y por último oramos “Dios bendice esto que hacemos para ti” pero la Biblia nos habla de poner en oración todas nuestras decisiones, de orar antes de actuar, para que sea Dios quien dirija y nos oriente. Esta idea también la vemos en la vida de Nehemías quien cuando oyó acerca de como estaba la ciudad de Jerusalén lo primero que hizo fue orar a Dios antes de actuar.

        3. Debemos dar a conocer a la persona por la que oramos, que estamos orando por ella. Ef.1:15-16; 1Co. 1:4-9Col. 1:3-14; 1 Ts. 1:2. Era costumbre de Pablo incluir en casi todas sus cartas un párrafo de acción de gracias a Dios, redundando así en la idea que vimos en Daniel de tener una vida continua de oración, pero estos textos de las cartas de Pablo también nos traen la idea de que aparte de orar a Dios es bueno hacer saber a las personas por las cuales oramos que estamos orando por ellas. En primer lugar porque como se nos dice en 2Co. 9:11-12 ayudar a un hermano redunda en acciones de gracias a Dios. Segundo porque reconforta saber que hay alguien orando a Dios por nosotros, y nunca sabemos cuando unas palabras como “estoy orando por ti” pueden llenar de ánimo la vida de una persona que igual lo está pasando mal en ese momento. Tercero porque nos da sentido de familia, preocuparse los unos por los otros da sentido familiar a la Iglesia de Cristo.
       4. Que nuestras oraciones sean agradecidas. Col. 4:2. Este texto nos habla acerca de que nuestra oración sea con agradecimiento. De que no caigamos en sea quejosos ni en pedir únicamente. La Biblia nos anima a abrir nuestro corazón ante Dios y expresarle nuestras preocupaciones, o quejas, dudas, pero lo que aquí dice Pablo es que reguemos todas nuestras dudas, o quejas, o preocupaciones con gratitud. Porque sobre todos los problemas que puedan existir en nuestra vida ante todo lo que tenemos que sentirnos ante Dios es agradecidos. Algo que nos enseña la Biblia sobre todo en vidas como las de Job, Jeremías, Moisés, Elias… es que la vida del siervo de Dios no es fácil pero lo que nunca debemos abandonar es el agradecimiento a nuestro Dios.

       5. Debemos dar motivos por los que orar. 2Ts. 3:1 Pablo en estos versículos vemos como da motivos concretos por lo que orar. “… por ser librado de personas malvadas…”, “… para que el mensaje se difunda rápidamente… ” o como dice en col. 4:4 “... para que yo lo predique como debe hacerse…”. A veces oramos por temas muy amplios, y esta bien, pero estos textos nos traen la idea de que debemos orar por temas concretos, con nombres y apellidos. Y para eso debemos seguir el ejemplo de Pablo y dar temas de oración a nuestros hermanos. Muchas veces las iglesias pueden ser lugares muy fríos donde es difícil compartir ciertos temas. Pero es bueno tener a gente a nuestro alrededor con la cual quedar y juntos orar por temas de nuestra vida. Un grupo de personas con las cuales a veces derramar lágrimas y que estén orando por nosotros y nosotros orando por ellos. Sea como fuere, como iglesia o en un grupo pequeño, es bueno para nuestra vida el compartir temas que se agolpan en nuestro corazón, para orar por ellos.
       Invirtamos tiempo orando a Dios cada días, apartemos tiempo cada día para clamar a él con gratitud, para poner delante de él nuestros planes y que el lo dirija, o los cancele. Seamos una familia y oremos los unos por los otros, dando motivos a otros para que oren por nosotros, haciendoles saber nosotros que estamos orando por ellas.
       Que el Señor nos bendiga y nos ayude a ser hombres y mujeres de oración.

La soledad de la obediencia.


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       A los niños pequeños les enseñamos casi todo lo necesario para poder desarrollarse como persona: les enseñamos a hablar bien, a lavarse los dientes, a escribir, a peinarse, etc. Y algo importantísimo, les enseñamos a obedecer. 
       Las promesas de Dios en cuanto a los que obedecen Su palabra son muchas: larga vida, bendiciones materiales y espirituales, fidelidad y cuidado de Dios, etc… Pero también tienen un precio a pagar, Jesús dijo “Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios.Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí.” Una constante que podemos ver en la vida de los hombre y mujeres que obedecen los mandamientos de Dios, es el rechazo generalizado que encuentran entre sus congéneres. Un ejemplo claro de esto es la vida de Moisés

       “Y encontrando a Moisés y a Aarón, que estaban a la vista de ellos cuando salían de la presencia de Faraón, les dijeron: Mire Jehová sobre vosotros, y juzgue; pues nos habéis hecho abominables delante de Faraón y de sus siervos, poniéndoles la espada en la mano para que nos maten.”  Ex.5:20

       No hacía mucho tiempo que Dios le había dado instrucciones directas, a su dubitativo siervo, a través de una zarza ardiendo. Una de las excusas que Moisés le puso a Dios para no volver a Egipto fue que los propios hebreos no le iban a creer [Ex. 4:1], y ahora se estaba cumpliendo delante de todo Egipto, al libertador no le creían ni los propios a quién quería libertar. Satanás usa los temores más profundo de los obedientes a Dios para quebrarlos. Pero Moisés se mantuvo firme en la obediencia y la promesa llegó con la liberación del pueblo.

       “El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.” 1ª R.19:10

       Otro caso que encontramos en las Escrituras es el de Elías. Perseguido y amenazado de muerte por la reina Jezabel en uno de los momento más oscuros del reino de Israel. Elías clama a Dios en su situación, pues su obediencia le ha llevado a un estado límite en el que cree ser el único que busca a Dios de todo el reino. La obediencia a Dios en tiempos donde la sociedad “camina por otros derroteros” lleva al siervo de Dios a la más tremenda soledad. Esta soledad o rechazo puede llevarnos a un estado de depresión donde lo veamos todo negro. Pero aún sintiendose sólo, amenazado, incomprendido, despreciado y derrotado, el obediente, no renuncia a su llamado sino que se mantiene firme. Elías no claudico en su cometido, pero necesito apartarse para ir al encuentro de Dios, el cual renovó su vida física y espiritualmente. 

       “Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí. Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día. Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude. Porque oí la murmuración de muchos, temor de todas partes: Denunciad, denunciémosle. Todos mis amigos miraban si claudicaría. Quizá se engañará, decían, y prevaleceremos contra él, y tomaremos de él nuestra venganza. Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada.” Jr. 20:7-11

       La obediencia no es una opción para los hijos de Dios Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando Jn. 15:14 pero ¿Estamos dispuestos a pagar el precio de la obediencia sincera e incondicional a Dios? ¿Estamos dispuestos a ser perseguidos, marginados, alejados, olvidados o ignorados por nuestra sociedad?
       Puede que como Elías estemos pasando por momentos en que los vemos todo negro o como Moisés veamos como Satanás usa nuestros mayores temores para doblar nuestra actitud de obediencia. Pero que el fuego de Dios arda en nuestros corazones y nos haga ser hombres y mujeres obedientes a Dios.

Caminos sin meta


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     “Es difícil llegar, pero lo más difícil es mantenerse” Este es probablemente uno de los tópicos deportivos más conocidos, hace la referencia a la dificultad de mantener la motivación y tensión adecuadas para volver a lograr un objetivo después de haber saboreado las mieles del éxito. Pero extrapolándolo a vida cristiana también podemos decir que es difícil llegar a los caminos de Dios, pero más difícil es mantenerse en ellos.

        “David ya estaba próximo a morir, así que le dio estas instrucciones a su hijo Salomón:
 «Según el destino que a todos nos espera, pronto partiré de este mundo. ¡Cobra ánimo y pórtate como hombre! Cumple los mandatos del Señor tu Dios; sigue sus sendas y obedece sus decretos, mandamientos, leyes y preceptos, los cuales están escritos en la ley de Moisés. Así prosperarás en todo lo que hagas y por dondequiera que vayas, y el Señor cumplirá esta promesa que me hizo: “Si tus descendientes cuidan su conducta y me son fieles con toda el alma y de todo corazón, nunca faltará un sucesor tuyo en el trono de Israel.” 1ª R. 2:2-4

     Salomón empezó la carrera de su vida con la inercia de su padre, el cual tenía un corazón conforme a Dios (Hc. 13:22). Y los primero años de su vida fuero años triunfantes: consolidó el reino eliminando a los enemigos de su padre (1R. 2:13-46), Dios le da una sabiduría como nadie ha tenido (1R. 3:12), Dios le añade riquezas hasta el punto que nadie puede compararse con él (1R. 3:13), toda la nación le respeta por su sabiduría (1R. 3:28), se convirtió en un gran compositor, poeta, experto botánico y biólogo (1R. 4:32-34), admirado por los gobernantes de todo el mundo (1R. 4:34) y además construye el templo de Dios, el gran sueño de su padre (1R 5-6). 
Pero a pesar de que iba bien encauzado la vida de Salomón se torció.

       “Cuando Salomón llegó a viejo, sus mujeres, le pervirtieron el corazón de modo que é siguió a otros dioses y no siempre fue fiel al Señor su Dios como lo había sido su padre David1R 11:4

       A lo largo del camino de nuestra vida puede que nos encontremos con desvíos que nos lleven por “otros caminos”, lo curioso es que cada camino (o sea cada persona) tiene sus propios desvíos, lo que puede resultar tentador para unos puede no resultarle a otro. En el caso de Salomón fue desear a las mujeres equivocadas, la Escritura nos dice que tuvo amoríos con mujeres de pueblo que Dios había prohibido juntarse (1R. 11:1-2). Era el rey, tenía derecho a tener mujeres y concubinas, ese no era el problema, el problema surge cuando escoge a las que Dios prohibía explícitamente.
El desvío en el camino del cristiano ocurre cuando teniendo libertar de escoger elegimos lo prohibido. Lo más curioso de los desvíos es que da igual que los cojas al principio del camino o en el último tramos todos te alejan de la meta.

       “el Señor le dijo: «Ya que procedes de este modo, y no has cumplido con mi pacto ni con los decretos que te he ordenado, puedes estar seguro de que te quitaré el reino y se lo daré a uno de tus siervos.“ 1R. 11:11

       En nuestra vida podemos llegar a los caminos de Dios por inercia de nuestros padres, como el el caso de Salomón, sobre todo si nos hemos criado en una familia cristiana que se ha preocupado por inculcarnos el amor hacia las cosas de Dios. Podemos experimentar las bendiciones como Salomón, pero también debemos considerar que experimentaremos tentaciones y pruebas que intentarán alejarnos de la meta. Salomón fracasó rotundamente porque no supo mantenerse firme en los camino de Dios sino que se dejó llevar por los caminos de los dioses de sus mujeres.
       Sepamos identificar los desvíos en nuestra vida, sepamos elegir lo bueno.

La alabanza en la derrota.


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       Cuando hablamos de alabanza inmediatamente nos vienen imágenes felices o emotivas de buenos momentos que hemos pasado alabando a nuestro Dios tanto individualmente, en familia o como iglesia. La palabra alabanza nos hace pasear por otras como agradecimiento, honra, júbilo, amor e incluso fiesta.
       Es relativamente fácil elevar palabras de alabanza a Dios cuando tenemos motivos evidentes para ello, pero si la situación no fuera tan favorable para nosotros ¿seríamos capaces de alabar a Dios en nuestra derrota más humillante?

Todo el día tuercen mis palabras;
siempre están pensando hacerme mal.
Conspiran, se mantienen al acecho;
ansiosos por quitarme la vida,
vigilan todo lo que hago.
¡En tu enojo, Dios mío, humilla a esos pueblos!
¡De ningún modo los dejes escapar!
Toma en cuenta mis lamentos;
registra mi llanto en tu libro.
¿Acaso no lo tienes anotado?
Cuando yo te pida ayuda,
huirán mis enemigos.
Una cosa sé: ¡Dios está de mi parte!
10 Confío en Dios y alabo su palabra;
confío en el Señor y alabo su palabra;
11 confío en Dios y no siento miedo.
¿Qué puede hacerme un simple mortal?
Sal. 56

        El siervo de Dios siempre va a ser el objetivo de los ataque del enemigo de Dios. Pero sus pies no resbalan en pos de la lágrima fácil ni de lamerse las heridas. David podía levantarse y quejarse de su situación, él era el ungido de Dios, el elegido, el que decidió seguir la voluntad de Dios aunque fuera en contra de sus intereses personales. Pero a pesar de “haber cumplido” Dios lo pone en manos de sus enemigos. Y en esta situación es capaz de decir “Confío en el Señor y alabo su palabra…”.
        Alabar a Dios en mitad de la prueba nos habla de: 1. Humildad, de saber poner a Dios por encima de nosotros conociendo que todo lo que tenemos está es su mano, y no en la de los enemigos. 2. Confianza, de saber que Dios cuida de sus hijos y que todo lo que pase, sea bueno o malo está bajo su control. 3. Descanso, cuando pasamos momentos de dificultad podemos rompernos la cabeza día y noche pensando que hicimos mal, que podríamos haber hecho mejor, o simplemente preguntándonos ¿porqué?. Pero el que confía en Dios descansa en su voluntad porque sabe que él tiene el control. 4. Centrar nuestra vida en Dios, Él pasa a ser nuestra roca cuando todo se tambalea.

Yo reconozco mis transgresiones;
siempre tengo presente mi pecado.
Contra ti he pecado, sólo contra ti,
y he hecho lo que es malo ante tus ojos;
por eso, tu sentencia es justa,
y tu juicio, irreprochable.
Yo sé que soy malo de nacimiento;
pecador me concibió mi madre.
Yo sé que tú amas la verdad en lo íntimo;
en lo secreto me has enseñado sabiduría.
14 Dios mío, Dios de mi salvación,
líbrame de derramar sangre,
y mi lengua alabará tu justicia.
15 Abre, Señor, mis labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.
16 Tú no te deleitas en los sacrificios
ni te complacen los holocaustos;
de lo contrario, te los ofrecería.
17 El sacrificio que te agrada
es un espíritu quebrantado;
tú, oh Dios, no desprecias
al corazón quebrantado y arrepentido
Sal. 51

       Otro momento donde nos es complicado derramar nuestro corazón en alabanza es en la confesión de nuestro pecado. Muchas veces la vergüenza nos puede hacer rehuir el bochornoso momento de ponernos de rodillas y pedir perdón a Dios por nuestros errores. David no sólo había dejado embarazada a una mujer casada, sino que había intentado encubrirlo matando a su marido. David, cuando es descubierto, clama a Dios y lo alaba por Su justicia. Aquí vemos una alabanza que 1. Reconoce el error, no trata de excusarse sino que reconoce que se ha equivocado, Adán le echo la culpa a Eva, el pueblo de Israel le echaba la culpa a Moisés y Aaron de su situación en el desierto… pero el hijo de Dios reconoce su culpa y la admite. 2. Acepta el castigo de Dios como justo, en el caso de David fue la muerte de su hijo con Betsabé, cuando reconocemos que la justicia de Dios es irreprochable aceptamos el castigo de Dios como el correcto en nuestra vida. 3. Hay un corazón arrepentido, con un arrepentimiento verdadero y no sólo por cumplir o salir del paso.

Muchos son, Señor, mis enemigos;
muchos son los que se me oponen,
y muchos los que de mí aseguran:
«Dios no lo salvará.»Selah
Pero tú, Señor, me rodeas cual escudo;
tú eres mi gloria;
¡tú mantienes en alto mi cabeza!
Clamo al Señor a voz en cuello,
y desde su monte santo él me responde.
Sal. 3

       Seamos mujeres y hombres de alabanza, personas que ponen en alto en todo momento el nombre de Dios. Podemos estar siendo perseguidos por nuestros enemigos, pero clamemos a Dios por su cuidado infinito, por su protección y descanso. Quizás estamos huyendo de Él por un pecado que nos humilla y aleja, pero alabemos Su justicia y busquemos Su perdón.

El precio de la voluntad de Dios.


       Los cristianos somos seres ciertamente singulares, nos pasamos la vida pidiendo que Dios nos guíe, que nos muestre su camino, su voluntad, pero ¿estamos dispuestos a pagar el precio de seguir la voluntad de Dios? Podemos caer en el error de pensar que los camino de Dios son fáciles, que si Dios planea algo en mi vida sólo puede ser positivo para mí. ¿Pero que pasa cuando la voluntad de Dios implica desprenderse de cosas que amamos o ceder el puesto a otra persona, aunque sea alguien no nos guste? 
 
       “Y Samuel respondió a Saúl: No volveré contigo; porque desechaste la palabra de Jehová, y Jehová te ha desechado para que no seas rey sobre Israel.Y volviéndose Samuel para irse, él se asió de la punta de su manto, y éste se rasgó.Entonces Samuel le dijo: Jehová ha rasgado hoy de ti el reino de Israel, y lo ha dado a un prójimo tuyo mejor que tú.” 1S 15:26-27

 
       Saúl, al igual que David, Jonatán o Samuél, sabían cual era la voluntad de Dios. Sabían que el futuro que Dios había planeado para el pueblo hebreo pasaba por un David en el trono. 
 
       Cuando las revelaciones de Dios nos son favorables es muy fácil seguirlas. En los años precedentes a ser rechazado por Dios vemos a un Saúl triunfante en todas sus batallas, aclamado por la gente, seguro. Pero, ¿que pasa por la mente de un hombre cuando la voluntad de Dios es quitarlo de en medio, a él y a su familia?

 
“Entonces se encendió la ira de Saúl contra Jonatán, y le dijo: Hijo de la perversa y rebelde, ¿acaso no sé yo que tú has elegido al hijo de Isaí para confusión tuya, y para confusión de la vergüenza de tu madre?Porque todo el tiempo que el hijo de Isaí viviere sobre la tierra, ni tú estarás firme, ni tu reino. Envía pues, ahora, y tráemelo, porque ha de morir.” 1S 20:30

 
       Saúl, ofuscado por la revelación de Dios, tiene como obsesión mantener el trono en su familia, no hacer la voluntad de Dios. Esto le lleva a una persecución casi obsesiva por todo el reino de su propio yerno. No aceptar la voluntad de Dios nos lleva a ser personas temerosas de que alguien nos quite eso que tanto protegemos, lo que tanto amamos y ponemos por encima de la obediencia a Dios. Pero al final de la historia vemos como el trono cambia de manos y tanto Saúl como sus hijos acaban muertos. Negarse a aceptar la voluntad de Dios no implica que esta deje de cumplirse pero sí implica consecuencia catastróficas para quien se opone, en el caso de Saúl la muerte de sus hijos.

 
“Entonces se levantó Jonatán hijo de Saúl y vino a David a Hores, y fortaleció su mano en Dios.Y le dijo: No temas, pues no te hallará la mano de Saúl mi padre, y tú reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de ti; y aun Saúl mi padre así lo sabe.” 1S 23:16-17

 
       El echo de ser segundo de un reino cuando eres el heredero legítimo es una humillación pública. Jonatán, probablemente, se convertiría en el hazmerreír de su familia, puesto que renuncia a un puesto más honorífico que le correspondía por heredad, para que otro que era “un simple pastor de ovejas” ocupe el trono. Pero esta actitud del hijo de Saúl tiene que servirnos de ejemplo. ¿A que estamos dispuestos a renunciar por seguir la voluntad de Dios? Muchas veces en nuestra vida podemos rechazar la voluntad de Dios agarrándonos a ideas, puestos, posesiones e incluso personas, porque pensamos que legítimamente nos pertenecen, pensamos que no estamos obligados a renunciar a ellas, que forman parte de nuestra seña de identidad como cristianos. Pero debemos saber que la voluntad de Dios permanece sobre cualquier intento y deseo nuestro. Por mucho que Saúl luchó contra David nunca lo mató y el hijo de Isaí acabó siendo el rey. Jonatán sabía que por mucho que él deseara ser el rey de Israel el trono estaba destinado para su amigo, y aceptó ser el el segundo, antepuso la obediencia a Dios a sus deseos legítimos.
       ¿Estamos dispuestos a ser “segundos” por seguir la voluntad de Dios? 

Conflicto social.


       En los últimos meses estamos asistiendo a un fenómeno de descontento social muy palpable, sobre todo en las sociedades occidentales. Por ciudades de todo el mundo la gente sale a la calle a mostrar su rechazo contra ciertas políticas económicas de los gobiernos. Debido, quizás, a la situación de crisis económica en que nos encontramos donde existe una generación de ciudadanos nacidos en la abundancia que ahora ven su situación ir a peor, intuyen que nunca volverán al nivel de vida que le habían dado sus padres y culpan a la avaricia y mal hacer político de ello.
Activistas de Occupy Wall Street
Si alguno se endeuda contigo, no tomes como prenda su molino de mano, ni su piedra de moler, porque sería lo mismo que arrebatarle su propia subsistenciaDt. 24:6 

      Cuando Dios le da la Ley al pueblo de Israel, no sólo le entrega diez mandamientos generales sino que agrega un compendio de leyes humanitarias, económicas, de respeto y morales. Con vista a una convivencia justa y beneficiosa para los ciudadanos. Por un lado la avaricia estaba prohibida. Se podía prosperar pero nunca a costa de la ruina del prójimo.

No te aproveches del empleado pobre y necesitado, sea éste un compatriota Israelita o un extranjero. Le pagarás su jornal cada día, antes de la puesta de sol, porque es pobre y cuenta sólo con ese dinero. De lo contrario, él clamará al Señor contra ti y tu resultarás convicto de pecadoDt. 24:14-15

      Dios es un Dios que se esfuerza y pide los mismo a Su pueblo. Cuando Josué se queda al frente de Israel justo antes de empezar la conquista de la tierra prometida Dios solo le pide una cosa, que se esfuerce y sea valiente. Dios no busca darle todo echo a sus hijos, prefiere darles herramientas y que sean ellos quien logren los resultados. Por eso hay una condena tan tajante de la pereza.

Perezoso ¿Cuanto tiempo más seguirás acostado?¿Cuándo despertarás de tu sueño? Un corto sueño, una breve siesta, un pequeño descanso, cruzado de brazos… ¡Y te asaltará la pobreza como un bandido y la escasez como un hombre armado!Pr. 6:9-11

      La cultura de trabajo y esfuerzo personal que predica Dios con su Ley incluía las leyes humanitarias. La persona que podían trabajar pero por el motivo que fuese no tenía tierras para hacerlo, debían esforzarse en conseguir el alimento que los que sí tenían tierras dejaban el campo.

Cuando coseches las uvas de tu viña, no repases las ramas; los racimos que queden, déjalos para el inmigrante, el huérfano y la viudaDt. 24:20

Activistas plataforma Stop desahucios
       Por otro lado la sociedad que Dios quería para su pueblo incluía una total protección para todas aquellas personas que estaban marginadas. No existe la injusticia social dentro de las leyes de Dios. Todo el necesitado y el marginado debe tener cobertura por parte del conjunto de la sociedad.

“No explotes a las viudas ni a los huérfanos, porque si tú y tu pueblo lo hacen, y ellos me piden ayuda, yo te aseguro que atenderé a su clamor: arderá mi furor y los mataré a ustedes a filo de espada. ¡Y sus mujeres se quedarán viudas, y sus hijos se quedarán huérfanos!” Ex. 22:22-24

      Aunque “nuestro reino no sea de este mundo” seamos personas que se esfuerzan por fomentar la justicia social, una justicia basa en los principios de Dios. Defendamos una cultura del esfuerzo personal, no sólo enfocado a lo económico sino en todas las facetas de la realidad humana. Protejamos a los necesitados, a las personas que realmente lo están pasando muy mal. Denunciemos las injusticias sociales que vemos y sigamos las normas que nuestro Padre quiere para nosotros, Su pueblo.

Josías y la Ley hallada.


 

     La decadencia moral de los reyes de Judá e Israel es ampliamente notoria, por lo que podemos leer en Reyes y Crónicas. Manases, abuelo de Josías, (2º R. 21:3-4) fue uno de esos monarcas, y hubo varios, que desvió al pueblo en dirección de los dioses de sus vecinos. Su padre no fue mucho mejor (2º R. 21:20-21) y acabó siendo asesinado por sus propios ministros, los cuales sufrieron la misma suerte por parte del pueblo.
     Ante este panorama empieza a gobernar, en el año 640 a.C., un Josías que contaba con sólo 8 años de edad.
     «He hallado el libro de la Ley en la casa del Señor« 2ª R. 22:8.

La Torah
     El echo de que se sorprendan ante este hallazgo nos habla de que 1. No se lo esperaban. 2. Hacía mucho tiempo que estaba perdido. Puesto que Safán se refiere a la Ley como un libro, dando a entender que no sabía lo que era y nunca había oído hablar de él.
     ¿Pero como puede estar el pueblo de Dios sin las instrucciones de Dios? no hacía muchos años que el propio David había escrito: «lámpara es a mis pies tu Palabra y lumbrera a mi camino» Sal. 117:105
      Hay 3 características que podemos sacar de este pasaje sobre la situación espiritual del pueblo.
     1. Israel era el pueblo de Dios alejado de Dios. 
      Ahora hablaremos de Israel indistintamente. Bien fuese por rebeldía del pueblo o por los malo caminos que le llevaban sus reyes y gobernantes, haciendo caer al pueblo en la adoración de Baal o Asera, la realidad es que el pueblo de Dios se hallaba alejado de Él. A lo largo de La Palabra podemos ver constantemente esa referencia de Dios llamando a su Pueblo a no alejarse de Él llegando incluso a considerar a Israel una propiedad.
 Ex. 19:5 “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros 
seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra.“
     Vemos un Dios celoso que busca una comunión única con su pueblo, comunión que no busca con otras naciones.
 Ex. 19:6 “Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel.” 
      Pero a pesar de esa búsqueda constante por parte de Dios la tendencia del pueblo siempre ha sido alejarse.
 Ex. 32 1-2 “Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. “
      O la lo largo del libro de los jueces, vemos como el pueblo de Dios continuamente se aleja de Dios, para caer, arrepentirse y cuando Dios los salva volver a caer.
     La segunda característica del pueblo es derivada de la primera, como se alejó de Dios también se alejó de su Palabra.
     2. Se olvidaron de su pacto y de sus mandamientos. 
      El olvido fue tal que llegaron a perder la ley, equivalente salvando las distancias históricas a que nosotros perdiésemos la Biblia. La posesión física de la Ley o era lo que más interesaba Dios sino la meditación continuada sobre sus mandamientos.
 Jos 1:8 “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien”
      Dios quería que su pueblo conociera Su ley, pero también que la saboreara, meditar, entendiera y amara. Esto no es un capricho de Dios. Dios sabe que el corazón del hombre le necesita. LOS SERES HUMANOS NECESITAMOS A DIOS y si no lo tenemos lo sustituimos con otras cosas.

Nm. 15:39 y no miréis en pos de vuestro corazón y de vuestros ojos, en pos de los cuales os 
prostituyáis
 Esto mismo fue lo que le pasó al pueblo de Israel, se fue detrás de otros dioses. Como el pueblo se había alejado y ya no recordaba los mandamientos de Dios, el pueblo empezó a:

    3. No cumplían la Palabra de Dios.
      La tarea de Dios incluía tener, cuidar, meditar y también hacer la Palabra de Dios. Para Dios es tan importante conocer como actuar en consecuencia. No existe el mero conocimiento intelectual alejado la práctica de la Palabra.
Js. 1:8 “Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien”
      Esta es la razón de la miseria del pueblo, un pueblo que se alejó de Dios, se olvidó de Su Palabra y no cumplió sus mandamientos.
      Es maravilloso ves como en situaciones como esta tan desoladoras con un pueblo condenado al castigo por desobedientes Dios levanta hombres y mujeres fieles que aman a Dios para seguir con su obra y llevar al pueblo por el buen camino. Esta es la historia de Josías un rey bueno en mitad de una nación pecadora. Josías no estaba sólo, Dios colocó a las personas indicadas en los lugares indicados. Personas que compartían una serie de características:

     1. Eran personas con un corazón entregado a Él. 
      Josías no tenía la ley pero era un persona que trabajaba para la restauración del templo de Dios, que los reyes anteriores a él sobre todo Manases y Amón habían deteriorado. Vemos a una persona con un corazón con carga por la obra de Dios.
      El corazón de Josías era tierra fértil donde el llamado de Dios una nación santa germinó. Cuando oyó el libro de la ley se humilló y rasgó sus vestiduras en señal de duelo.
      Los primero que hace es pedirle consejo a Dios, vemos a una persona que ante una decisión importante en su vida prefiere escuchar a Dios antes de actuar. No es de extrañar que el propio libro de reyes denomine así:
2º R. 23:25 No hubo otro rey antes de él, que se convirtiese a Jehová de todo su corazón, de toda su alma y de todas sus fuerzas, conforme a toda la ley de Moisés; ni después de él nació otro igual.
     2. Eran personas que se humillaban ante Dios. 
     No importó que él fuera el rey, Josías lloró y se humilló ante Dios por el pecado del  pueblo. No buscó justificaciones, que las había, en el pecado de sus padres, los reyes  antecesores de él, que fueron malos, idólatras y engañadores, o en el pueblo que era desobediente. Tampoco escurrió el bulto. En el huerto del Eden Adán y Eva se pasaron la pelota para justificar su falta, pero aquí vemos a un rey asumiendo su responsabilidad como máxima autoridad política del pueblo de Dios.
 Prv. 15:33 El temor de Jehová es enseñanza de sabiduría; 
Y a la honra precede la humildad.
     3. Personas diligentes preocupadas en su pueblo. 
      Josías no se quedó de brazos cruzados sino que actuó y juntó a todo su pueblo para renovar el pacto delante de Dios. Intentó llevarlo por buen camino, aún sabiendo que Dios los iba a castigar. Josías es el personaje central de esta historia, pero aún hay más hombres fieles.
     –Hilcías el sumo sacerdote que supo distinguir entre unos papeles viejos la ley de Dios y tuvo la diligencia oportuna de hacerla llegar al rey.
     –Safán el escriba, supo darle valor a la carta y entregarla a rey.
     –Hulda, no rehuyó contar toda la revelación de Dios, a pesar de ser una condena para su pueblo.
     –(v.7) “los que hacen la obra” trabajadores honrados, tanto que se nos dice que no hacía falta pedirles cuentas de porque eran honrados.
      Todos ellos eran personas con un corazón entregado a Dios, que se humillaron y
que fueron diligentes a la hora de hacer la obra de Dios.
      Dios nos ayude a seguir el ejemplo de estos hombre y mujeres y ser personas entregadas a su obra. Que nos ocupamos de ella con diligencia. Ser personas que viven bajo los mandamientos de Dios y que buscan no sólo conocer Su palabra sino también cuidarla, meditarla y ponerla en práctica.

La fe como motor del milagro.


 

Texto: Mr. 6:1-6

¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos? “ Mr. 6:2.
      Los detractores de Jesús podían asegurar que era un mentiroso y blasfemo, pero cuando este abría la boca y empezaba a hablar el sentimiento general que levantaba era por un lado admiración por la profundidad y veracidad de su mensaje, y por otro extrañeza de que un tipo que fue carpintero toda su vida fuera capaz de tener una sabiduría y control de las Escrituras al nivel del mejor de los fariseos.  
Mt. 7:28 “Cuando Jesús terminó estas palabras, las multitudes se admiraban de su enseñanza; porque les enseñaba como uno que tiene autoridad, y no como sus escribas”Jn. 7:14 “Mas a la mitad de la fiesta subió Jesús al templo, y enseñaba. Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado?”.
      El capítulo sexto de Marcos nos narra que Jesús fue a la tierra de Nazaret, en la que se crió. Por Lc. 4.16-19, pasaje paralelo a este de Marcos, podemos saber que a Jesús fue a la sinagoga y le fue entregado un texto del profeta Isaías, 61:1-2. Este pasaje también nos amplía la historia diciendo que después de escucharlo quisieron despeñar a Jesús.
      ¿Pero que les llevó a los propios conciudadanos de Jesús a rechazarlo de una manera tan dura? Es complicado de explicar, pero quizás la familiaridad creo desconfianza. En el v.3 nombran uno por uno a los hermanos de Jesús dando a entender que tenían relación directa con ellos. Pero sabemos que propios hermanos de Jesús no creían mucho en él Jn. 7:5. Por lo que nos dice el texto los nazarenos estaban al corriente de lo que pasaba en Capernaúm. Sabían de los milagros de Jesús.
      Ante esta piedra que representaba un Jesús, que afirmaba ser hijo de Dios, el Mesías esperado, pero que no le creían ni los de su propia familia, el pueblo de Nazaret tropezó. Esta familiaridad llevó a la falta de fe en Jesús y esta falta de fe fue la que causo el rechazo, a pesar de declarar que los milagros de Jesús eran ciertos y su enseñanza mejor que la de los fariseos. Debido a esta falta de fe se nos dice que Jesús no pudo hacer casi ningún milagro allí (v.5). Entonces ¿Es tan importante la fe que impide que el mismo Hijo de Dios pueda hacer milagros?
      Jesús tenía poder para hacer milagros pero no los hizo, porque ellos lo rechazaron. No tuvieron la fe suficiente. Los milagros estaban destinados para aquellos que estaban dispuestos a creer en él. Un ejemplo de ello lo tenemos en el capítulo anterior en la mujer enferma del flujo de sangre Mr. 5:28 “Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva.” o en Jairo Mr. 5:23 “Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá.” Vemos como la fe es necesaria para que exista un cambio. Esta es una fe salvadora, no una mera fe de conocimiento, no se trata sólo de creer o conocer.  Stg. 2:19 nos habla bien de esta diferencia, no se trata de saber, puesto que los nazarenos sabían que Jesús era un buen maestro, también sabían que sus milagros eran verdaderos. El mero hecho de creer algo es cierto en la Biblia no nos convierte en creyentes y salvos. Un ejemplo claro es el del rey Agripa Hch. 26:27, Este rey creía en los profetas, pero como él mismos dice “por poco me persuades a ser cristiano”, creer en los profetas no le llega para ser cristiano.
      Aunque en el A.T. el término fe sólo aparece unas tres veces tenemos un ejemplo muy bueno de esta y de las terribles consecuencias de su falta. Nm. 13 donde se nos narra la historia de los 12 espías que Moisés envía a inspeccionar la tierra de Canaan, hay 2 espías que dicen “vamos a conquistar la tierra” y hay 10 que dicen “no podemos conquistarla”. El pueblo tampoco tuvo fe y no quiso ir a la empresa que Dios les había ordenado. La fe verdadera descansa en la confianza en las palabras y promesas de Dios. Es una confianza que mira la realidad y sabe de su dificultad pero confía en el poder sobrenatural de Dios. Caleb y Josué vieron a las mismas naciones que sus compañeros, vieron las misma ciudades amuralladas, los mismo hijos de Anac que parecían como gigantes, pero pusieron su mirada en Dios y en sus palabras Ex. 6:2-4 “También con ellos confirmé mi pacto de darles la tierra de Canaan”. Y esa es la verdadera fe, una fe necesaria para el milagro. La misma fe que tenía Jairo en que Jesús podía resucitar a su hija, la misma que tenía la mujer con el flujo de sangre en que si tocaba el manto de Jesús sería sana. Esta fe fue la que provocó el milagro.
Esta fe en Cristo fue la que le faltó a los Nazarenos hasta tal punto que Jesús “estaba asombrado por la incredulidad de ellos” v.6.
      Que nuestra fe sea una fe que descansa en la promesas de Dios y no sólo en un conocimiento académico de sus palabras.

La necesidad del desierto.


     Los seres humanos somos seres creativos y resolutivos por naturaleza. Nos gusta tener ideas y solucionar problemas o inconvenientes con ellas. Si un río nos alejaba de nuestro destino, construimos puentes. Si una ciudad nos queda a muchas horas de camino, pues diseñamos medios de transporte rápidos y que se acondicionen a las condiciones del terreno por el que pasa. 
     Esta capacidad, buena a todas luces, ha superado la barrera de la dificultad para instalarse en la línea de la comodidad. Ya no sólo inventamos para superar obstáculos, inventamos para que nuestra comodidad personal sea máxima. El confort se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos de la sociedad occidental.
     A lo largo de la Biblia podemos ver que a veces tenemos que pasar momentos de dificultad para luego ser capaces de cosas mayores.

“Cuando el faraón dejó salir a los israelitas, Dios no los llevó por el camino que atraviesa la tierra de los filisteos, que era el más corto, pues pensó: «Si se les presentara batalla, podrían cambiar de idea y regresar a Egipto.»” Ex. 13:17


     La conquista de Canaan requería una nación fuerte y organizada que llevara a cabo. Pero vemos que el pueblo de Israel no estaba preparado para enfrentarse a nada. Sabemos que Dios, con su poder podía darles la tierra con las misma facilidad con que había ridiculizado a los dioses Egipcios. Pero Dios siempre pidió el esfuerzo de su pueblo para lograr un objetivo. Este esfuerzo implicaba la fe y confianza en Dios que el pueblo recién salido de la esclavitud no tenía.
     En el desierto hubo una transformación. Salieron de Egipto un grupo de esclavos temerosos y que se quejaban y lamentaban ante el primer inconveniente y entraron en Canaán una nación de guerreros que se apoderaron de un territorio donde gobernaban “los heteos, los gergeseos, los amorreos, los cananeos, los ferezeos, los heveos y los jebuseos, siete naciones más grandes y más poderosas que túDt. 7:1.

“Tal como le prometí a Moisés, yo les entregaré a ustedes todo lugar que toquen sus pies.” Js. 1:3

     El esfuerzo colectivo del pueblo no les iba a dar la victoria sobre sus enemigos. Fue la mano poderosa de Dios quien les guió y les dio la victoria, pero fue el pueblo el que tuvo que aprender a ser valiente y luchar. Por eso podemos decir que el desierto fue muy necesario para la nación hebrea, porque aunque hubo momentos malos, momentos de sed, hambre y pecado. Pero también en el desierto recibieron los mandamientos que les regirían. Fueron censados para que conocieran su potencial. Todo giraba alrededor del templo y el arca, como símbolo del puesto que Dios tenía que ocupar en la vida de la nación. Todo este aprendizaje forjó una nación fuerte y guiada por Dios que conquistó la tierra prometida.

“¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas.” Js. 1:9

     A largo de nuestra vida vamos a pasar por desiertos, o momentos de dificultades que hagan que nuestra vida se tambaleé, como se tambaleó la confianza del pueblo ante la visión de tener que cruzar una desierto que amenazaba con hacerlos morir allí. Pero debemos aprender la necesidad de pasar momentos difíciles, la necesidad del desierto, como oportunidades para centrar nuestra vida en Dios, de organizarnos en torno a Sus normas. Oportunidades para valorar los buenos momentos que Dios nos da. Aprendamos a apreciar el esfuerzo. No pensemos que el camino más fácil siempre es el mejor, o el que Dios quiere. Aunque nos duela y nos disguste tenemos necesidad de pasar por el desierto en nuestra vida. El desierto nos puede hacer fuertes para lograr vencer futuras batallas.

Realidades y necesidades.


     Tenemos que reconocer, o por lo menos mi generación tiene que hacerlo, que vivimos en un lugar privilegiado en una época privilegiada, por muy mal que vayan las cosas ahora. Y quizás esa burbuja de comodidad nos ha hecho ver la realidad de una forma bastante idealista y distorsionada, también hasta cierto punto egoísta.

     El egoísmo es un conocido mal que tiene la peculiaridad de convertirnos en convenientemente ciegos y convenientemente sordos. 

“Y al ver las multitudes, [Jesús] tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” Mt. 9:36
     En el mundo occidental tendemos a valorar lo económico por encima de otros aspectos, que como mínimo tienen la misma importancia. Y cuando escuchamos que una persona tiene necesidad inmediatamente lo asociamos a que económicamente está necesitada. Pero si vemos el ejemplo de Jesús nos fijamos que su mayor prioridad eran otras realidades de la gente que le rodeaba. Alimentar a la gente Jn 6:1-15; su moralidad, Jn 5:6 y 7; su salud, Mt. 8:16; 
Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?”Jn 9:2
     Hay muchas ocasiones en que las necesidades de una persona, sea al nivel que sea, son producidas por el propio pecado. Rebeldía ante Dios, decisiones equivocadas, no aceptar consejos de personas más experimentadas, hacer siempre lo que bien nos parece. Y podemos caer en el error de juzgar a las personas que nos rodean, si alguien sufre podemos pensar “se lo merece”, “ya se lo dije hace años”, “si no hubiera tomado esa mala decisión”, “si hubiera escuchado más”, “ahora sufre las consecuencias por…”. No está mal reflexionar sobre el pecado de otra persona y sacar conclusiones para la vida de cada uno, pero muchas veces nos quedamos en la mera reflexión, como el que mira una película desde una cómoda butaca de cine.
      Jesús, como podemos leer en los evangelios, siempre defendió la verdad, pero nunca dejó de ayudar a los demás. Usaba el sanar y hacer milagros no sólo como marca de su divinidad sino como un medio para llevar el evangelio a los demás
“Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él?Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es.Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.” Jn. 9:35-38.


     En ocasiones podemos caer en el error de sólo ayudar sólo por interés, puede que muy evangelístico y santo, pero interés y en el momento que la persona no muestra disposición a escucharnos o entendernos lo dejamos de lado. Pero Jesús siempre mostró un interés real y genuino en hacer que la vida de los que le rodeaban mejorase, aunque lo siguiente que pasara fuera que lo rechazaran.
     Seamos personas con corazones dispuestos a ayudar a las personas que nos rodean si tienen alguna necesidad, acompañemos esa ayuda “física” con otra ayuda “espiritual”. Un interés genuino en que la persona mejore. Un interés genuino en sus realidades y necesidades.