¿Y los que no están bajo la Ley? (Ro. 2:12-16).

¿Y los que no están bajo la Ley? (Ro. 2:12-16).

Empezamos el capítulo 2 centrándonos en aquellos que juzgaban a otros (v. 1), una referencia que Pablo hacía a los judíos que poseyendo la ley y creyéndose libres de cualquier castigo por cumplirla criticaban a los gentiles, hermanos suyos en la iglesia de Roma, por ser pecadores. A través de los primeros once versículos vemos como Pablo explica que ellos también son culpables y la ley señala ese pecado que hay en sus vidas y en consecuencia les condena. Entonces puede surgir una pregunta, ¿Qué pasa con aquellos que no han crecido bajo la ley de Moisés? ¿si la ley señala el pecado ellos están libres por no tenerla? ¿Son acaso justos los gentiles por no tener una ley que les acuse?

Pablo se va a encargar  de ellos a partir del v. 11 declarando que Dios no hace acepción de personas, los gentiles ha recibido también las revelación de Dios así que también serán juzgados como los judíos.

A partir del versículo 12, una vez que ha llamado la atención y acusado a aquellos que se creen libres de juicio, Pablo va a explicar porque todos son juzgados, va argumentar cual es la base de esta acusación. Es necesaria esta explicación porque a lo largo de la historia ha habido dos grupos de seres humanos a los que se le ha revelado la ley, los judíos, y a los que no, los gentiles. Pablo acabó el párrafo anterior haciendo referencia a ellos. Entonces surge una pregunta ¿Cómo se puede aplicar el mismo juicio a dos grupos de personas distintos donde a unos se le han mostrados las normas y a otro no?. Pablo para ello va a usar los versículos del 12 al 15 para mostrar como una persona da igual de que época es condenada por su propio pecado y necesita el evangelio para poder salvarse.

Todas las personas del mundo acaban siendo juzgadas no sólo las que oyen la ley (v. 13) porque la ley de Dios está en el corazón de todo ser humano. Lo que acaba haciendo estos textos es afirmando que ninguna persona tiene excusa los que están bajo la ley (o hemos oído la palabra de Dios) seremos juzgados por ella. En cambio los que no han oído la palabra de Dios su propia naturaleza la lleva a hacer “la ley” lo que significa que cuando cumplen las normas de Dios la propia conciencia les declara que están haciendo algo 1bueno. En el caso de que hagan algo malo su propia conciencia les acusa de que su comportamiento no es correcto. El ser humano natural tiene un sentido de lo que es bueno, es su ley eso será lo que les acuse en el día del juicio. En resumen, no tienen excusa.

Para ser acusado en un juicio hay una ley que debe ser incumplida, una norma que se ha ignorado, los conocedores de la ley rompemos o transgredimos las leyes de Dios que nos llegaron por el oír. Las personas que están sin ley transgredieron la ley de Dios que su propia conciencia les explica e indica. Por eso Pablo termina haciendo referencia al futuro juicio de Dios (v. 16), llegado el momento todos los seres humanos estaremos delante de Jesucristo y se revelarán “los secretos de los hombres“, o sea, los pensamientos íntimos y las revelaciones de nuestra conciencia, eso sentenciará a aquellas personas que nunca recibieron la revelación de Dios a través de una predicación, de una ley o de una Biblia.

 

 

10 Cosas que Son Verdad Cuando Confieso mi Pecado


El Evangelio Segun Jesucristo

ESJ-015 2016 0920-003

10 Cosas que Son Verdad Cuando Confieso mi Pecado

Por Paul Tautges

¿Qué es el pecado? Una definición es que el pecado es cualquier cosa dentro de mí, o una acción producida por mí, que no logra dar gloria a Dios (Romanos 3:23). Cada vez que el Espíritu Santo abre los ojos del corazón para ver su pecado, es saludable volverse a las Escrituras para llenar su mente con la verdad. Una de las porciones más útiles de meditar deliberadamente es 1 Juan 1: 8-2: 2.

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Las consecuencias del pecado (Ro. 2:1-11).

Las consecuencias del pecado (Ro. 2:1-11).

Empezamos el estudio de romanos hablando acerca de las intenciones de Pablo en la carta y acercándonos a su explicación sobre como es el evangelio que predica. En el último artículo nos centramos en como Pablo explica que no hay excusa para nadie ante el pecado, todos somos pecadores ante Dios.

Ahora que sabemos que no tenemos excusa Pablo explica que todos tenemos que ser condenados por ese pecado.

Pablo viene de explicar la culpabilidad inexcusable del ser humano (v. 18-32) y el poder del evangelio (v. 16-17) y estos dos temas van a funcionar de modo de argumentación para la conclusión que se abre en este capítulo con un “por lo cual” (v. 1). Si el ser humano es pecador y no tiene excusa para ese pecado que le condena a muerte debe confiar en el evangelio pues es lo único que tiene poder para salvar y darle vida.

Pablo empieza este segundo capítulo de romanos hablando acerca de cómo se produce el castigo de Dios a los pecadores. a través de la ira de Dios. Vuelve a recalcar la idea de que el ser humano no tiene excusa ante el pecado porque le fue declarado la ley de Dios a través de la revelación natural (1:20) y también a través de la palabra de Dios.

Ahora Pablo ya no va a hablar en general sino en concreto a un grupo de personas que estaban juzgando a otros dentro de la congregación, probablemente judíos que creían ser moralmente irreprochables ante Dios y por tanto exentos del juicio de Dios. Esta consideración de sí mismos les llevaba a menospreciar a sus hermanos que consideraban espiritualmente menores. En el capítulo 1 Pablo describió como éramos de pecadores los seres humanos y el autor estaba seguro que habría personas dentro de la iglesia de Roma que no se consideraran así de pecadores, Pablo se va a referir a ellas para dejarles claro que les espera el mismo juicio de Dios.

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De la misma manera que ellos juzgaban y sentenciaban a otros, Dios los juzgaría y sentenciaría a ellos

Pablo empieza denunciando que estas personas se “condenan a sí mismas” (v. 1) porque si tienen el conocimiento suficiente para evaluar a otros pero no usan ese conocimiento para evaluarse a sí mismos se están condenando. La no evaluación de la vida propia bajo los mismos criterios que usamos para evaluar la de los demás llevaba a estos hombres a considerarse justos y no merecedores del juicio de Dios (lo mismo que le pasa a los fariseos en los evangelios Jn. 8:31-38) los judíos en la época de Jesús se consideraban libre de cualquier atadura del pecado porque cumplían la ley y eran descendientes de Abraham. Esto los llenaba de “autoridad de Dios” para condenar a otros.

Estas personas a las que escribe Pablo están contaminadas del mismo mal que aquejaban los judíos la religiosidad. Algunos de la iglesia en Roma se había vuelto tan religiosos como los judíos en la época de Jesús.

Terminado el versículo 1 Pablo les sentencia “Tú haces lo mismos” (v. 1), o sea tu también eres culpable ante Dios y será juzgado no por otro se humano sino por un juez sin pecado. Dios tiene la capacidad de juzgar “En verdad” es decir de una manera correcta y verdadera, sin equivocación alguna. Él es el único sin pecado y por eso tiene la autoridad. Él discierne los corazones de los que juzgan 1 S 16:7 es capaz de juzgar las intenciones y probar esos corazones. Aquí la idea es la un orfebre que comprueba la pureza de un material, quizás para un inexperto un metal es un metal, no sea capaz de diferenciar entre aquellos que son de igual textura o color, en cambio el experto es capaz de poner a prueba el metal y sacar a la luz la verdadera naturaleza de ese elemento. De la misma forma para los seres humanos juzgar es una cosa imposible porque no tenemos la capacidad para discernir como la tiene Dios, podemos ser engañados por otros o por nuestro limitado juicio. Dios nos da la capacidad de tener luz sobre los corazones de las personas cuando nos dice que “por sus obras los conoceréisMt. 7:16 por las obras de las personas podemos intuir que hay en sus corazones pero este estudio de las obras de los seres humanos no nos capacita para tener el juicio “en verdad” que Dios tiene. Él es el experto que saca a la luz cual es el verdadero material de que está echo la vida de un ser humano y lo juzga.

De la misma forma que estas personas juzgaban y sentenciaban a otros Dios los juzgaría y sentenciaría a ellos (v. 3). Para recalcárselo Pablo les indica que están teniendo un conocimiento de Dios selectivo porque hay bendiciones de Dios que aceptan sin dudar “benignidad, paciencia y longanimidad” (v. 4) y se ignoran otros como el arrepentimiento (v. 5):

            Benignidad (χρηστότης): Benevolencia, bondad, misericordia, el bien, lo bueno, lo correcto, honradez. (Ro. 3:12; Ro. 11:22; 2 Co. 6:6; Gá. 5:22; Ef. 2:7; Col. 3:12; Tit. 3:4)

            Paciencia (ἀνοχή): Clemencia, tolerancia (Ro. 3:26)

            Longanimidad (μακροθυμί): Paciencia, longanimidad (Ro. 2:4; Ro. 9:22; 2 Co. 6:6; Gá. 5:22; Ef. 4:2; Col. 3:12; 1 Ti. 1:16; 2 Ti. 3:10; 2 Ti. 4:2; He. 6:12; Stg. 5:10; 1 P. 3:20; 2 P. 3:15.) que es grandeza y constancia de ánimo en las adversidades

            Si aceptamos y creemos a Dios debemos creer en toda su revelación y plenitud, no sólo aquellas partes que nos interesen en nuestra situación actual. La parte que quizás no interesaba tanto a estos hombres que juzgaban era el v. 6pagará a cada uno conforme a sus obras”. 

Pablo acaba con un orden en recibir castigo y bendición de Dios “primeramente el judío pero también al griego” (v. 9-10). Así como los judíos recibieron la primera oportunidad para oír y responder al evangelio de salvación (1:16) también serán los primeros en recibir el juicio de Dios si lo rechazan (Am. 3:2) Israel recibió un castigo más severo porque recibió más luz que el resto de las naciones.

¿CRISTIANISMO CULTURAL O CRISTIANISMO BÍBLICO?


Unidos Contra la Apostasía

Miguel Núñez

CristianismoCulturalCristianismoBiblico-BannerLas siguientes palabras del evangelio de Lucas fueron grandemente confrontadoras en su tiempo, y lo siguen siendo hoy: “¿Y por qué me llamáis: “Señor, Señor”, y no hacéis lo que yo digo?”, Lucas 6:46 . Es obvio que a la luz de la palabra de Dios no basta con decir que somos cristianos si nuestro caminar carece de la evidencia necesaria.

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