Un mundo nuevo VI: Los pacificadores y los perseguidos

Un mundo nuevo VI: Los pacificadores y los perseguidos

Cómo será el mundo después de que acabemos esta cuarentena que estamos viviendo? ¿Cómo será esta vuelta a la normalidad? o más bien ¿como será la nueva normalidadTodos damos por supuesto que no sólo la manera en que la sociedad se relaciona los unos con los otros va a cambiar sino que también cambiará la manera de pensar y los valores de muchas personas. Aquellas cosas a las cuales antes considerábamos importantes ahora no lo serán tanto. Cuando se produce una catástrofe este tipo los seres humanos cambiamos por las circunstancias y no siempre a mejor. Estos choques ante terremotos tan fuertes cambian la apreciación de aquello que valoramos importante. De aquello que esperamos alcanzar y que pensamos que nos va hacer felices.

Jesús, al comienzo de su ministerio, también llama a su seguidores a cambiar su mente acerca de lo que es importante. Deben desprenderse de aquellas características que son deseables en le mundo actual y buscar una forma de ser que es Dios quieren en Su Reino. Porque en el Reino de Dios los bienaventurados no son los fuertes, los poderosos, los inteligentes o los ricos sino otro grupo de personas.

Ya hablamos acerca de los pobres de espíritu, de los que lloran, de los mansos y de los que tienen hambre y sed de justicia, también los misericordiosos y limpios de corazón. Hoy veremos los dos últimos…

Bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios (v. 9): Pacificadores significa los que buscan la paz. Este sigue siendo una virtud humana buscada hoy en día. Pero si cogemos esta lista de bienaventuranzas vemos que todas ellas están relacionadas con Dios. Los pobres de espíritu ven su necesidad ante Dios, los mansos buscan obedecer la voluntad de Dios, los misericordiosos reciben la misericordia de Dios, etc…

Así que cuando hablamos de pacificadores no nos referimos a seres humanos que ponen paz entre seres humanos. Personas que intermedian entre conflictos humanos. Sino que nos referimos a personas que median en el conflicto más antiguo que conoce el ser humano entre el Santo y Justo Dios contra el culpable pecador Ro. 5:6-11 Pablo explica que como pecadores somos por naturaleza enemigos de Dios. Dios nos trata como culpables pendientes de condena. Pero Dios ha amado al mundo pecador Jn. 3:16  y no quiere que seamos castigados eternamente por nuestro pecado por lo cual envía a su hijo a morir por nosotros en la cruz.

Los que somos salvos por Cristo no sólo nos convertimos en miembros de este reino sino que ahora se nos encarga el ministerio de anunciar a otros la salvación de Dios 2 Cor. 5:16-21somos embajadores” somos representantes de Dios que claman “reconciliaos con Dios” arrepentíos y volvamos a Dios para que haya paz con él. Porque cuando alguien se arrepiente y se reconcilia con Dios es lo que obtiene, paz con Dios.

Cuando anunciamos el evangelio, lo que somos es pacificadores. Anunciadores de la paz que Dios ofrece al mundo a través de Cristo. Cuando esto ocurre Jesús dice que quedamos retratados, como hijos de Dios.

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos (v. 10-12): La última bienaventuranza pertenece a un grupo que no puede elegir. Aquellos los cuales son perseguidos. El v. 10 nos explica la bienaventuranza y el v. 11 nos explica cómo afrontarla, cuál debe ser nuestra actitud ante ella.

Jesús primero explicar que seres bienaventurados cuando seamos perseguidos. La razón de ellos es que el reino de Dios nos pertenece. Pero Jesús matiza, algo que no ha hecho con las otras bienaventuranzas. El resto de la bienaventuranzas ocurren siempre que cumplamos la condición en este caso la bienaventuranza ocurre cuando somos perseguidos por algo en concreto, por la justicia de Dios. En el mundo en que vivimos hay muchos mártires, muchas personas que mueren por sus ideales, por pertenecer a grupos perseguidos. Pero el mero hecho de que seas atacado por tus ideales no convierten a estos en verdaderos, porque tu causa sea perseguida no la convierte en justa. Sólo cuanto somos perseguidos, atacados por la causa de Dios es cuando seremos bienaventurados.

Jn. 15:18-19 No somos del mundo” Jesús explica que cuando él se vaya sufriremos persecución en el mundo en que vivimos de la misma manera que Él sufrió persecución. Jesús es directo en este sentido. Os aborrecerán igual que lo han hecho conmigo. El mundo nos despreciará no porque nos odie a nosotros no porque nos considere una amenaza sino por nuestra unión con Cristo.

Es en ese momento donde podemos sentirnos bienaventurados porque el reino de Dios nos pertenece porque pertenece a Cristo. Ser perseguido ser rechazado del mundo es una señal de pertenencia a Cristo. Los profetas fueron perseguido en el A.T. los Apóstoles perseguidos en el N.T. nosotros seremos perseguidos de la misma manera.

En el v. 11 nos explica un poco más detenidamente como será esta persecución “nos vituperarán” seremos insultados por causa del evangelio. “Perseguirán” y la palabra perseguir significa buscar con intención de hacer daño. “Hablarán toda clase de males contra vosotros mintiendo” como no hay nada de que acusarnos tendrán que mentir para señalarnos. Cuanto todo esto ocurra y ocurrió, ocurre y ocurrirá debemos estar gozosos. Debemos no perder el gozo. Porque nuestro gozo no está en cómo nos traten los demás sino en que pertenecemos a Cristo.

Estas son las bienaventuranzas. Son los valores del lugar donde pertenecemos, de ese reino del cual decimos formar parte. De ese reino el cual esperamos su manifestación futura. Los domingos tomamos del pan y del vino para recordar, recordamos un pasado en Gólgota pero también recordamos una promesa que él volverá para traernos el reino de los cielos, para consolar a los que lloran para saciar a los que tienen hambre y sed de Su justicia.

Pero no podemos pensar que nacemos con ellas, el hombre natural no tiene esas virtudes sino que en nuestro día debemos desarrollarlas. En el último estudio terminábamos con tres principios para desarrollar estas virtudes en nuestra vida.

Debemos esforzarnos por ponerlas en práctica: Ninguna de las ocho bienaventuranzas es fácil. Nada lo es en la vida cristiana pero son elementos del día a día. La pobreza de espíritu se consigue reconociendo nuestra debilidad y necesidad. El llorar por las cosas de Dios se consigue no siendo indiferentes al pecado fijándonos en las consecuencias que esto tiene en la vida de los que nos rodean y en la nuestra propia. El ser manso, llevar el yugo de Cristo es una tarea diaria y tener hambre y sed de justicia es como el cambio de dieta es esfuerzo hasta convertir en costumbre.

Debemos enseñarlas a los que vienen de atrás: Algo que queda muy claro con el tema de tolerancia, la ideología de género es que todo es educación. Estos colectivos se esfuerzan para trabajar en la educación porque enseñar de pequeños a los niños una escalara de valores hará que vivan acorde a ellas toda su vida, o por lo menos influenciados. ¿Enseñamos a nuestros hijos el camino de cruz? No me refiero sólo al que está en la cruz, ¿sino a la vida del discípulo que sigue los caminos del maestro? Enseñemos a los que vienen de tras de nosotros cuales son los valores e ideales que se llevarán a ser bienaventurados en sus vidas.

Debemos animar aquellos nos encontramos en el camino: En la parábola de Jesús del buen samaritano este hombre encontraba a un judío en mitad del camino había sido apaleado y le ayudaba curando sus heridas. A lo largo de nuestra vida nos encontraremos a hermanos nuestros que siguiendo estos principios están viviendo momentos duros, debemos animarlos, recordando las bendiciones que su comportamiento traerán.

            Valores e ideales de nuestro reino que debemos promover, enseñar y animar.

Un mundo nuevo V: Los misericordiosos y de limpio corazón.

Un mundo nuevo V: Los misericordiosos y de limpio corazón.

¿cómo será el mundo después de que acabemos esta cuarentena que estamos viviendo? ¿Cómo será esta vuelta a la normalidad? o más bien ¿como será la nueva normalidad? Todos damos por supuesto que no sólo la manera en que la sociedad se relaciona los unos con los otros va a cambiar sino que también cambiará la manera de pensar y los valores de muchas personas. Aquellas cosas a las cuales antes considerábamos importantes ahora no lo serán tanto. Cuando se produce una catástrofe este tipo los seres humanos cambiamos por las circunstancias y no siempre a mejor. Estos choques ante terremotos tan fuertes cambian la apreciación de aquello que valoramos importante. De aquello que esperamos alcanzar y que pensamos que nos va hacer felices.

Jesús, al comienzo de su ministerio, también llama a su seguidores a cambiar su mente acerca de lo que es importante. Deben desprenderse de aquellas características que son deseables en le mundo actual y buscar una forma de ser que es Dios quieren en Su Reino. Porque en el Reino de Dios los bienaventurados no son los fuertes, los poderosos, los inteligentes o los ricos sino otro grupo de personas.

Ya hablamos acerca de los pobres de espíritu, de los que lloran, de los mansos y de los que tienen hambre y sed de justicia. Hoy veremos el dos grupos más que son denominado bienaventurados….

Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia (v. 7): Ahora Jesús nombra a los misericordiosos. Misericordia es compasión de aquellos que tienen una necesidad, sean conscientes de su necesidad o no. Jesús es el ejemplo de esta misericordia Mt. 9:36Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”. Estas personas puede ser que nunca hubieran pensado que estaban desamparadas, algunas de ellas como el joven rico estaban muy seguros ante el futuro. Pero Jesús ve su realidad espiritual y siente compasión de ellas.

Misericordia implica una parte de conocimiento y otra de acción. Los misericordiosos ven la necesidad existente, tienen compasión de las personas y suplen, dentro de sus capacidades, las necesidades de estas personas. Jesús tenía compasión de las personas, tenía misericordia de ellas por eso, las alimentaba, les enseñaba, las corregía y también las salvó.

Jesús dice de estas personas misericordiosas que será bienaventuradas porque ellos recibirán la misma misericordia. Se está refiriendo a Mt. 25:34-36Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí” Llegará el día que Jesús juzgue todas las cosas en la vida de los seres humanos, que tengamos que rendir cuentas ante nuestro Dios. Y se nos dice aquí que a estas personas, representadas por las ovejas, Jesús les abre la entrada en el reino por la misericordia que mostraron a aquellos que lo necesitaban. En cambio a los cabritos los manda al fuego eterno debido a que no mostraron esta misericordia.

Esto puede parecernos que es una entrega de premios a los méritos que ha realizado cada uno en esta vida. Pero realmente Jesús está constatando una realidad en la vida de los seres humanos. Aquellos que han sido salvos, que han disfrutado de esta misericordia de Dios en sus vidas deben desarrollar misericordia en sus vidas hacia los que les rodean. Es marca diferencial de aquellos que pertenecen a Dios. Recibiste misericordia, debes ser misericordioso. Y de nuevo aparece aquí esta dualidad de ver la necesidad y actuar “tuve… y me disteis” la misericordia es práctica, no puede haber misericordia teórica, no nos podemos quedar en sentir pena o compasión, para que haya misericordia en necesario que actuemos.

Además es una misericordia que no espera nada a cambio. Estas ovejas cuando le daban de comer o beber a los necesitados no pensaban en Jesús, se extrañan porque no asocian aquella misericordia a lo que ahora reciben. La misericordia se hace pensando en aquel a quién ayudamos no en la recompensa que recibiremos.

Entonces estas personas que han disfrutado de la misericordia de Dios son bienaventuradas porque usan esa misericordia con los que les rodean y reciben misericordia el día del juicio. Una misericordia de felicidad y bendición con Cristo por toda la eternidad.

Bienaventurados los de limpio corazón porque ellos verán a Dios (v. 8): Este sexto grupo de bienaventurados tienen la promesa de ver a Dios. La condición parece imposible porque es necesario para ellos que sean limpios de corazón. Alejados del pecado. Esta es una referencia a Sal. 24:1-6¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo? la respuesta del salmista a su propia pregunta es “El limpio de manos y puro de corazón” las manos es con lo que trabajamos denotan nuestras acciones y el “puro de corazón” muestran sus intenciones, las cuales no son pecaminosas sino sinceras. David lo apuntilla diciendo “el que no ha elevado su alma a cosas vanas” (v. 4) el que no lo ha entregado al pecado. Elevar es la idea de ofrendar de presentar algo a alguien estas personas no han presentado sus vidas a cosas sino que se la ofrecen a Dios.

Nadie puede ser limpio de corazón excepto aquella personas que ha sido lavada del pecado. Jesús se lo dice a Pedro “sino no tendrás parte conmigo” (Jn. 13:8) Jesús lava los pies a los Doce pero habla de la cruz. La única manera de tener comunión con Cristo es a través de ser limpios por su sangre. Cuando tenemos esta comunión con Él es ahí cuando podemos ver a Dios ¿cómo? “el que me ha visto a mí ha visto al padre” (Jn. 14:9).

Levítico es un libro que nos muestra, entre otras cosas, todo lo que el sumo sacerdote tenía que hacer para poder entrar en la presencia misma de Dios, en el lugar santísimo. Debía ofrecer sacrificios por sí mismo antes de poder ofrecer sacrificios por el pueblo. No podía entrar con pecado en aquel lugar bajo pena de muerte, que es lo que le ocurren a los hijos de Aarón Lv. 10:1 ¿Por qué?  Porque la santidad de Dios así lo exige. Dios es santo, apartado del pecado y la única manera de acercarse a él es a través de vidas limpias. Con las muerte de Cristo el velo del templo se rasgó permitiendo la entrada en este lugar ya no a través de un sacerdote humano pecador Hb. 4:15 sino a través de un sumo sacerdote compasivo. El velo del templo se rasgó y nos permite la entrada pero la santidad de Dios no ha cambiado. El Dios santo que moraba en el lugar santísimo sigue siendo igual de santo y es necesario presentarse con esa santidad en nuestras vidas.

UN MUNDO NUEVO IV: los que tienen hambre y sed de justicia.

UN MUNDO NUEVO IV: los que tienen hambre y sed de justicia.

Empezábamos esta serie señalando que uno de los debates que nos estamos centrando en las últimas semanas es cómo será el mundo después de que acabemos esta cuarentena que estamos viviendo. Cómo será esta vuelta a la normalidad o más bien como será la nueva normalidad. Todos damos por supuesto que no sólo la manera en que la sociedad se relaciona los unos con los otros va a cambiar sino que también cambiará la manera de pensar y los valores de muchas personas. Aquellas cosas a las cuales antes considerábamos importantes ahora no lo serán tanto. Cuando se produce una catástrofe este tipo los seres humanos cambiamos por las circunstancias y no siempre a mejor.

Estos choques ante terremotos tan fuertes cambian la apreciación de aquellos que valoramos importante. De aquello que esperamos alcanzar y que pensamos que nos va hacer felices.

Entonces empezamos a ver como Jesús llama a sus seguidores a una nueva manera de vivir. El primer grupo bienaventurado son los pobres de espíritu que son todas aquellas personas que examinan su realidad reconocen su situación de necesidad espiritual. Se ven carentes de cualquier mérito personal, necesitados de rescate y totalmente dependientes de un Salvador que les provea lo necesario para si vida. El segundo grupo, los que lloran, se refiere a los que se lamentan por algo, en este caso la causa de la tristeza es el pecado. Cuando los cristianos que amamos a Dios vemos el pecado que afrenta a nuestro Señor no podemos sentir otra cosa que rechazado, mal estar, indignación y también lágrimas. El tercer grupo son los mansos y describe a la persona que no se resiente. No guarda rencores. Lejos de seguir rumiando las injurias recibidas, se refugia en el Señor y entrega su camino enteramente a Él.

Hoy veremos el cuarto grupo que son denominado bienaventurados….

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados (Mat. 5: 6): Jesús sigue ahora con un grupo al que se le diagnostica “hambre y sed”. Para saber a que se refiere con esto primero tenemos que ver de que tienen hambre y sed y es de justicia se refiere a aquello que es “justo” a los ojos de Dios. Esta justicia consiste es una perfecta conformidad con la santa ley de Dios, esto es, su voluntad. Son personas que en cualquier situación buscan hacer aquello que agrada a Dios.

En el A.T. encontramos a varias personas que se las denomina como justas, no porque fueran sin pecado sino porque eran personas que buscaban agradar a Dios, lo que es justo y bueno. Jb 1:5 Quizás habrán pecado mis hijos y han blasfemado a Dios en sus corazones” he aquí un hombre con hambre y sed de justicia, sus hijos hacen una fiesta y lo que piensa es si en un descuido han ofendido a Dios y busca arreglar las cosas con Dios. Son personas que siempre buscan agradar a Dios por encima de agradar a otras personas. No solo en sus vidas personales sino también en mitad de su familia, en su vecindario y en su iglesia. Cuando hay un dilema moral o ético lo que estas personas se preguntan es ¿Qué es lo que dice la Palabra de Dios acerca de este tema? y lo hacen de manera tan natural y que casi es una necesidad en su vida como el comer o el beber.

Estas personas son bienaventuradas porque se nos dice que serán saciadas. Cuando se manifieste el reino de Dios estas personas comerán y beberán la voluntad de Dios y su justicia hasta quedar satisfechas de la gloria de Dios.

Unos versículos un poco más adelante Jesús nos dirá acerca del reino de Dios que es mejor hacerse tesoros “en el cielo” (Mt. 6:20) porque están libres de la corrupción de este mundo. El cielo es un lugar libre de la corrupción que tenemos aquí entre nosotros porque eso alguien quién ansíe esta justicia es bienaventurado porque se sentirá saciado de ella por toda la eternidad.

Con esta llevamos cuatro bienaventuranzas. No son valores muy populares hoy en día a la gente le gusta decirse tolerante, o defensora de los necesitados incluso de los animales. En cambio a nadie le gusta reconocer que por sí solo no puede como los pobres de espíritu, no le gusta llorar ante aquello que no puede tolerar, ser manso cuando el cuerpo nos pide ser lo contrario o desear con toda nuestra vida aquello que agrada a Dios.

Pero son los valores del lugar donde pertenecemos, de ese reino del cual decimos formar parte. De ese reino el cual esperamos su manifestación futura. Los domingos tomamos del pan y del vino para recordar, recordamos un pasado en Gólgota pero también recordamos una promesa que él volverá para traernos el reino de los cielos, para consolar a los que lloran para saciar a los que tienen hambre y sed de Su justicia.

UN MUNDO NUEVO III: Los mansos.

UN MUNDO NUEVO III: Los mansos.

Empezábamos esta serie señalando que uno de los debates que nos estamos centrando en las últimas semanas es cómo será el mundo después de que acabemos esta cuarentena que estamos viviendo. Cómo será esta vuelta a la normalidad o más bien como será la nueva normalidad. Todos damos por supuesto que no sólo la manera en que la sociedad se relaciona los unos con los otros va a cambiar sino que también cambiará la manera de pensar y los valores de muchas personas. Aquellas cosas a las cuales antes considerábamos importantes ahora no lo serán tanto. Cuando se produce una catástrofe este tipo los seres humanos cambiamos por las circunstancias y no siempre a mejor.

Estos choques ante terremotos tan fuertes cambian la apreciación de aquellos que valoramos importante. De aquello que esperamos alcanzar y que pensamos que nos va hacer felices.

Entonces empezamos a ver como Jesús llama a sus seguidores a una nueva manera de vivir. Aquellos que pertenecen al reino de Dios no deben buscar, anhelar o valorar aquellos atributos que describen al hombre exitoso de la sociedad sino que en el reino de Dios lo bienaventurados, los gozosos, los alegres o aquellos que les va bien son los que tienen una serie de características que el mundo no valora pero para Cristo son fundamentales.

El primer grupo bienaventurado son los pobres de espíritu que son todas aquellas personas que examinan su realidad reconocen su situación de necesidad espiritual. Se ven carentes de cualquier mérito personal, necesitados de rescate y totalmente dependientes de un Salvador que les provea lo necesario para si vida. El segundo grupo, los que lloran, se refiere a los que se lamentan por algo, en este caso la causa de la tristeza es el pecado. Cuando los cristianos que amamos a Dios vemos el pecado que afrenta a nuestro Señor no podemos sentir otra cosa que rechazado, mal estar, indignación y también lágrimas.

Hoy veremos el tercer grupo…

Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad (v. 5): la tercera bienaventuranza es para los mansos. Los mansos describe a la persona que no se resiente. No guarda rencores. Lejos de seguir rumiando las injurias recibidas, se refugia en el Señor y entrega su camino enteramente a Él. Esto en relación con lo externo, con lo interno tenemos una descripción magnífica en Mt. 11:28-29aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. Jesús se pone de ejemplo de mansedumbre al ser un persona que lleva un yugo en cima suyo y lo lleva con gozo, amor y servicio al Padre. Así que los mansos son aquellas personas que quieren aceptar su yugo de vivir como Cristo, de sufrir como él y servir para el alejados de cualquier tipo de queja.

La vida cristiana es la vida de aquel que toma su cruz y sigue al maestro. No se puede tomar esta cruz con autosuficiencia buscando nuestro propio camino sino siguiendo las huellas ensangrentadas de Aquel que porta una corona de espinas. No se puede tomar esta cruz con orgullo pues es un lugar carente de él, mas bien es dado a la humillación y al dolor. Sólo se puede seguir a Cristo en humildad y mansedumbres.

La mansedumbre es aceptar el camino de Cristo de la negación personal. El de la entrega a la guía del E.S. y de la dirección del Padre. El ejemplo culmen de la mansedumbre lo tenemos en Getsemaní Lc. 22:42Hágase tu voluntad y no la mía” a pesar de que la voluntad de Dios era la cruz. La vemos también en apóstol Pablo “Para mí el vivir es Cristo y el morir es gananciaFilp. 1:21 son vidas vividas en la mansedumbre de aceptar la voluntad de Dios por encima de la nuestra propia.

Los mansos son bienaventurados porque tienen la tierra por heredad. No significa que de alguna manera serán los dueños de esta tierra actual sino que como hijos del creador de los cielos y la tierra vivirán eternamente como herederos de los nuevos cielos y la nueva tierra. No como siervos más sino como herederos. Como el hijo pródigo en la parábola de Jesús.

El reino es la heredad de los hijos no la paga de los siervos.

La paga es mérito del trabajado el cual se la ha ganado tras un mes de duro trabajo en cambio la herencia no es merecida, se tiene por dependencia al Padre. Los mansos heredarán la tierra porque la mansedumbre y la humildad son las características de aquellos que dejando las algarrobas de los cerdos vuelve en sí y dice “Me levantaré e iré a mi padre” (Lc. 15:11-32).

Continuará….

UN MUNDO NUEVO II: Los que lloran.

UN MUNDO NUEVO II: Los que lloran.

En el anterior artículo hablábamos de que uno de los debates que nos estamos centrando en las últimas semanas es cómo será el mundo después de que acabemos esta cuarentena que estamos viviendo. Cómo será esta vuelta a la normalidad o más bien como será la nueva normalidad. Todos damos por supuesto que no sólo la manera en que la sociedad se relaciona los unos con los otros va a cambiar sino que también cambiará la manera de pensar y los valores de muchas personas. Aquellas cosas a las cuales antes considerábamos importantes ahora no lo serán tanto. Cuando se produce una catástrofe este tipo los seres humanos cambiamos por las circunstancias y no siempre a mejor.

Estos choques ante terremotos tan fuertes cambian la apreciación de aquellos que valoramos importante. De aquello que esperamos alcanzar y que pensamos que nos va hacer felices.

Entonces empezamos a ver como Jesús llama a sus seguidores a una nueva manera de vivir. Aquellos que pertenecen al reino de Dios no deben buscar, anhelar o valorar aquellos atributos que describen al hombre exitoso de la sociedad sino que en el reino de Dios lo bienaventurados, los gozosos, los alegres o aquellos que les va bien son los que tienen una serie de características que el mundo no valora pero para Cristo son fundamentales.

Jesús inicia en Mateo 5 un discurso con los preciosos dichos que han llenado de consuelo y aliento a los angustiados a través de los siglos. El cual empieza con este enfático “Bienaventurados”. No se puede cuestionar el marcado énfasis de esta palabra que viendo sus usos en el A.T. como en el Sal. 32:1 podemos entender como un llamado a gozarse en Dios a través de una experiencia humana. En el salmo de David el bienaventurado era el que experimentaba su transgresión perdonada, su pecado cubierto. Aquí lo será el que en mitad de un mundo pecador que va en dirección opuesta decide actuar según los parámetros de un reino que no es de este mundo. El primer grupo bienaventurado son los pobres de espíritu que son todas aquellas personas que examinan su realidad reconocen su situación de necesidad espiritual. Se ven carentes de cualquier mérito personal, necesitados de rescate y totalmente dependientes de un Salvador que les provea lo necesario para si vida. El segundo grupo son los que lloran.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. (v. 4): La segunda bienaventuranza es para los que lloran. El término “los que lloran” se refiere a los que se lamentan por algo, en este caso la causa de la tristeza es el pecado. Cuando los cristianos que amamos a Dios vemos el pecado que afrenta a nuestro Señor no podemos sentir otra cosa que rechazado, mal estar, indignación y también lágrimas.

La imagen que nos puede venir a la cabeza es la de Jesús limpiando el templo (Jn. 2:13-22). Él llega a la casa de su padre, que es casa de oración y se encuentra un mercado donde se abusaba de los peregrinos que en la pascua se acercaban a Jerusalén. Esto era permitido con la venia de los sacerdotes. Jesús entonces se enfada, se lamenta por la ofensa que es a Dios esa situación y actúa llevado por su lamento.

En muchas ocasiones los cristianos hoy en día vivimos anestesiados ante la cantidad de pecado que hay a nuestro alrededor. Parece que nos hemos acostumbrado a las continuas ofensas que el mundo hace a Dios. Pero como hijos de Dios debemos “llorar”, lamentarnos, rasgarnos las vestiduras cuando en nuestra vida o en la de los que nos rodean se produce aquello que ofende a nuestro Dios.

Estos son los que lloran, los que no son impasibles ante la maldad ni insensibles ante la ofensa a Dios. Y sólo a Dios. Filp. 1:15-18 nos muestra como cuando Pablo es atacado y la obra de Dios se lleva a delante, el evangelio es predicado a Pablo la situación no le duele sino que se goza en que el evangelio es predicado y da gloria a Dios por ello. En cambio cuando es la obra de Dios la que es atacada aquí cambia la cosa y podemos ver en libro como Gálatas como reacciona cuando los falsos maestros han entrado en la iglesia y están cambiando la doctrina “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado” (Gá. 1:6).

La primera bienaventuranza estaba en presente, los pobres de espíritu ya pertenecen al reino de Dios esta segunda está en futuro porque los que lloran lo siguen haciendo en este momento pero no es una situación para siempre sino que son bienaventurados porque llegará un momento en que su clamor será consolado. Cuando Jesús vuelva nos promete que juzgará a todos (2 Ti. 4:1; Ro. 2:14-16). No hay nada que calme el lamento por una injusticia que la justicia. Cuando toda acción sea juzgada aquellos que lloran serán consolados.

En el reino de Dios es una virtud llorar y lamentarse por la ofensa del pecado, por vivir en una sociedad pecadora donde Dios es ofendido una y otra vez. Lloremos pero sepamos que somos bienaventurados porque un día nuestras lágrimas serán secadas.

Continuará…