Una vida en el Espíritu.


Texto: Ro. 8:1-12
     ¿Qué clase de vida tenemos? ¿En que basamos nuestro estilo de vida? ¿Cuales son las normas que rigen nuestra vida y la de nuestra familia? Este texto nos habla de dos tipos de vida: una vida en el Espíritu de Dios y otro estilo de vida en la carne (deseos, intereses, opiniones y valoraciones personales). Aunque este texto del apóstol Pablo es de una profundidad extraordinaria, y necesitaríamos horas de estudio para poder sacarle todo el jugo, vamos a ver una serie de ideas que desprenden el texto.

Este texto no deja muchas opciones abiertas. Sólo dos, podemos tener una vida en el Espíritu de Dios, o una vida en la carne humana. El v.1 nos dice “los que no andan…. sino…. ” este andan nos trae la idea de movimiento, aplicado al contexto, de una manera de comportarse, vivir, conducir la propia vida, así que estamos hablando de las normas que rigen nuestra vida, no de decisiones concretas. Todos tenemos unas normas por las que nos guiamos, nuestra moral. Incluso las personas que se creen más libres y proclaman la libertad total del ser humano frente a cualquier norma, tienen normas propias. Toda norma se ha de basar en una idea de vida, por ejemplo la persona que valore mucho su trabajo tenderá a tener normas en su vida para fomentar invertir tiempo en su oficio, siempre llegar a tiempo al trabajo, buscará no solo cumplir su labor sino ofrecer un esfuerzo extra para el bien de la empresa, por otro lado el que valore más la familia buscará cualquier oportunidad para estar con ella y pasar tiempo de calidad con ella. Nuestras normas las podemos basar en los que nos diga el Espíritu Santo o en nuestras propias ideas. v.5 Este “piensan” nos habla de que considerar o ponen atención. No se trata de poner atención cuando alguien habla de Dios en la iglesia, sino de que continuamente meditemos acerca de las cosas de Dios, en su palabra, en oración, en comunión con otros hermanos, hablando a otras personas acerca de las Buenas Nuevas de Dios, ayudando a los necesitados, y siempre haciendo todo con Amor, con paz, paciencia, benignidad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio (frutos del Espíritu). Pero en cambio quien anda en la carne pone su mente en “otras cosas”Gl. 5:19-21.

       Pero ambas decisiones tienen consecuencias. v.6 Ocuparse de las cosas de la carne trae muerte, mientras que ocuparse de las cosas del Espíritu trae vida y paz. v.2-4 La ley mosaica no podía librar de la muerte, solo crear un sustituto (carnero, becerra, buey) quien acarreaba el pecado. Pero la ley del Espíritu libra de la muerte pues es Cristo quien murió de una vez y para siempre cargando con los pecados de quienes andan en Espíritu. Y es este Espíritu el que nos resucitará a nosotros en el futuro de la misma forma que resucitó a Cristo pues es el Espíritu del Padre.
       En resumen que los que somos de Cristo tenemos el Espíritu de Dios (E.S.) y debemos andar en él siguiendo su autoridad y mandatos, rindiendo nuestros propios deseos personales a su voluntad.
      En el libro de Samuel vemos unos episodios de la vida de David y Saúl donde se refleja perfectamente esta vida guiada por el Espíritu de Dios y la de otro por la carne.
1º Sam. 16:13-14: David tiene Espíritu, Saúl no.
     Este texto nos sirve un poco como introductorio para ver como David tenía el Espíritu de Dios y en cambio a Saúl se había apartado de él. Debemos saber que esto no ocurre por casualidad o por decisión caprichosa de Dios, sino que fue la rebeldía de Saúl lo que provocó que el Espíritu de Dios se apartara de él, mientras que fue la humildad y buena disposición de David a seguir los mandamientos de Dios lo que provocó que Su Espíritu descendiera sobre él.

1ª Sam 17: David pone su mirada en las promesas de Dios, Saúl en su fuerza.
     Aquí vemos una diferencia muy notable. Ante una amenaza grande como la de Goliat, Saúl pone su mirada en el ejercito de Israel y tiene miedo. Goliat era muy fuerte y no había ningún soldado con valor para enfrentarse a él. En cambio David pone su mirada en los escuadrones del “Dios viviente“, quien evidentemente era más poderoso que Goliat. Esa es una de las diferencias de vivir en el Espíritu o en la carne, el lugar donde depositamos nuestra mirada y confianza en las pruebas. Una vida en la carne pondrá la mente en nuestra fuerza y capacidades, y tendrá miedo. Una vida en el Espíritu pondrá la mirada en “El Dios viviente” y sabrá que la victoria será suya. A lo largo del A.T. sobre todo en la época de la conquista de Canaan, cuando el pueblo de Israel sale a batallar contra otra nación sin consultar a Dios es derrotado, cuando Dios va delante de ellos, obtienen la victoria, David sabía eso y depositó su confianza en Dios.
1ª Sam 18:12-14: La falta del Espíritu produce miedo y obsesiones.
      Una vida en la carne produce miedo ante la desconfianza, somos seres finitos e incapaces de prever el futuro. A Saúl no le gustaba David, porque a Saúl le gustaba el trono y sabía o intuía que Dios se lo iba a dar a David, por eso tenía miedo. Y tiene una vida temerosa, casi obsesiva con David. Por otro lado el hijo de Isaí se “manejaba prudentemente” o sea confiado, porque Dios estaba con él, sabía que Dios estaba en control de todas las cosas.
1ª Sam 22:17-19; 1ª Sam 24:4-7; 1ª Sam 25:39; 1ª Sam 26:9: La falta del Espíritu produce falta de respeto por Dios y por sus escogidos.
       Estos textos nos hablan de la autentica falta de respeto que Saúl le tenía a Dios hasta el punto de matar a sus sacerdotes. Y en esta historia tenemos dos tipos de escogidos, los que hacen los correcto, los sacerdotes, y los que no, Saúl. Ser escogidos de Dios no los hacía inmunes a equivocarse y pecar. Pero el echo de matarlos demostraba falta de respeto por los servidores de Dios y por tanto por Dios mismo. David no dice que no mata a Saúl por no merecerlo sino por ser ungido de Jehová. David prefirió mantenerse firme ante la tentación de matar a Saúl. Matar al rey significaría acabar con la persecución que estaba sufriendo, acceder al trono por fín y proteger su vida y la des los suyos. Pero David prefirió mantenerse íntegro. Mientras saúl obsesionado con un complot de David en el que todos participaban mató a los sacerdotes de Dios. David deja que sea Dios quien juzgue.
1ª Sam 28:8-11; 1ªSam 30:7-8: Saúl va a pedir guía a una adivina, David a Dios.
       Ante un futuro incierto por los enemigos, David acude al Señor. Mientras que Saúl acude a una adivina. Tal es la lejanía de Saúl con Dios que prefiere ir a una persona que era rechazada directamente por Dios Ex. 22:18. Pero nunca se vuelve a Dios. Por otro la vemos el caso de David, una persona guiada por el Espíritu busca a Dios en la dificultad. Mientras que una persona que está guiada por la carne sigue en rebeldía contra Dios a pesar de estar en peligro.
      Dejémonos guiar por el Espíritu Santo, que mora en nosotros, seamos como David, personas que depositamos nuestra confianza en las promesas de Dios y no es nuestra fuerza o capacidades tanto individuales o colectivas. Dejemos que sea el Espíritu de Dios que se demuestren sus frutos en nosotros, el amor, la paz, la paciencia, la benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio. Rechacemos estar guiados por nuestros deseos y ambiciones como lo estaba Saúl sino que el respeto y las ganas de hacer la voluntad de Dios sean nuestro día a día. En resumen, seamos personas que andan en el Espíritu de Dios.
Amen.