Instrumentos útiles.


No nos suelen gustar muchos los estereotipos, nos suelen parecer injustos o demasiado generales para una sociedad tan individualizada en la que vivimos. Huimos de ellos. Pero muchas veces los tenemos. Cuando hablamos del pueblo de Israel que salió de Egipto los estereotipos surgen rápidamente. Rebeldes, desobedientes, idólatras, podemos considerar que son justos.

Éxodo abarca una historia intensa pero en un periodo de apenas abarca un año después de la salida de Egipto, nos encontramos con este pueblo desobediente, rebelde, idólatra, que Dios quiso destruir en dos ocasiones y castigado a morir en el desierto, construyendo algo de tanta bendición como el tabernáculo, la antesala del tempo de Dios en mitad de pueblo, un lugar donde habitaba la misma Gloria de Dios (Éx. 40:34-35).

Todos sabemos las historias del pueblo de Israel en el desierto Nm. 14:22-23 cuando Dios sentencia a esa generación a morir en el desierto dice que hasta en 10 ocasiones le habían tentado. Entonces surge una pregunta ¿cómo puede ser que personas tan desobedientes y rebeldes, que miraron directamente los milagros de Dios puedan construir algo de tanta bendición?. ¿Cómo puede salir de un corazón rebelde a Dios algo que le honre? La respuesta la encontramos en el propio capítulo 39 de Éxodo en hasta 9 ocasiones. “Como Jehová lo había mandado” (v.1; v. 7; v. 21; v. 26; v. 29; v. 31; v. 32; v. 42; v. 43).

La diferencia no está en las personas, sino en la obediencia. Quizás quitando a Bezaleel y Aholiab que habían sido llamados por nombre por Dios el resto del pueblo es igual de creativo y trabajador que cuando construyeron un becerro de oro (Éx. 32), pero en aquella ocasión obedecían las palabras del enemigo de Dios y eso trae perdición, ahora obedecen las palabras de Dios y esto trae bendición. Trae bendición a la vida de las generaciones futuras, pero también a la suya (Éx. 39:43).

Este echo que es anecdótico en la vida del pueblo de Israel en el desierto, porque el resto del tiempo fueron un desastre nos ilustra acerca de una realidad en la vida de cada hijo de Dios. Nos habla acerca de nuestra función, nuestra obediencia, de nuestro rol, de lo que hacemos. Porque cuando obedecemos los mandamientos de Dios somos instrumentos en sus manos. Herramientas de Dios para llevar su bendición allí donde él nos mande.

La realidad no es que los cristianos tengamos talentos mayores que las personas que no lo son, no somos mejores que nadie. Pero cuando estamos en manos de Dios y usamos los dones que Él nos da somos como ese pueblo de Israel obedeciendo, capaces de ser de bendición allá donde estamos.

La palabra que mejor lo define es herramienta o instrumento, es la que se usa para definir al apóstol Pablo (Hc. 9:15-16) las cuales no tienen capacidad de decisión por ellas mismas sino que obedecen a una persona que tiene una idea global y absoluta de lo que está pasando (1 Co. 3:6) nos lo muestra claramente, Pablo y Apolos son personas que hacen una tarea concreta, pero es Cristo quien tiene el control de todo para hacer crecer a esa iglesia. Cuando dejamos que Dios nos use como herramientas estamos dejando que unas manos expertas guíen nuestro trabajo con el beneficio último de hacer la voluntad completa de Dios. Como un ebanista en un taller lleno de herramientas. Quizás nuestra parte sea cortar unas maderas, pero es una tarea que el maestro usará para construir un mueble que será útil.

Al fin al cabo cada uno de nosotros somos herramientas en la caja de herramientas de Dios. Pero Éxodo nos enseña que a pesar de poder ser herramientas útiles, podemos convertirnos en herramientas inútiles también. No hay cosa más inútil que una herramienta que no sirve, sólo sirve para ser tirada.

Entonces ¿Qué debo hacer en mi vida para ser una herramienta útil en las manos de Dios ¿qué coste va a tener en mi vida? ? ¿qué implica ser un instrumento útil?

Negar nuestra propia obra (Lc. 9:23): Vivimos en una sociedad que nos anima a que nos realicemos, que encontremos significado a nuestra existencia haciendo cosas que nos definan, que nos hagan estar orgullosos de nuestro paso por esta tierra. En cambio llega Jesús y nos dice que para ser seguidor suyo, para ser discípulo o instrumento suyo lo que hay que hacer es negarse. Renunciar.

Negarse es renunciar a nuestra propia obra. Ya no vamos a construir con nuestras propias herramientas nuestra vida, sino que obedecemos la voluntad de Dios Gá. 2:20 lo expresa como que a no vivo para mí sino que vive Cristo en mi y soy parte de su obra.

Ser herramientas útiles de Dios es cambiar de trabajar en una obra menor donde yo me llevo la gloria a trabajar en obra orquestada por el mayor arquitecto donde Él se lleva la gloria

 

Ser obedientes (Ex. 39:1): Cuando veíamos el ejemplo del pueblo de Israel vemos un claro ejemplo de la diferencia de resultado entre obedecer y ser rebeldes. Cuando el pueblo no obedecía los mandamientos de Dios el resultado era dolor, sufrimiento y muerte. En cambio cuando esa nación pone por práctica los mandamientos de Dios estos se convierten en una fuente de bendición en su vida.

Sal. 128:1 Es un canto de David sobre las bienaventuranzas del que teme a Dios y empieza reconociendo a la persona que anda en los caminos de Dios como bienaventurada. Ser bienaventurado es el estado en que viven las personas pertenecientes al reino de Dios en Mt. 5 cuando Jesús está hablando el sermón del monte declara que todas las personas pertenecientes al reino de Dios son bienaventuradas.

Si queremos ser herramientas útiles en las manos de un Dios que quiere usarnos debemos ser obedientes a sus ordenes, aunque nos las entendamos en ese momento porque nosotros no hemos visto los planos. Quizás no entendamos porque nos toca hacer esta parte del trabajo. Igual no entendemos porque en nuestra vida no llegamos a ver los frutos terminados de nuestro trabajo. Pero si confiamos en las palabras de Dios confiaremos en que hay un plan trazado donde yo soy una herramienta útil que hago parte que se me ha asignado.

 

Buscar la dirección de Dios (2 Cr. 1:7-13): Salomón llega al poder y hereda un país convulso. Aunque su padre se nos es descrito como (Hc. 13:22) un hombre con un corazón conforme al corazón de Dios sus errores, sobre todo con Betsabé, acarrean una final de su reinado marcado por las rebeliones de sus hijos, Absalón y Adonías. En mitad de todo esto Salomón llega al trono y Dios se le aparece y le ofrece un regalo que a ningún rey se le es ofrecido antes “Pídeme lo que quieras que yo te lo daré” (v. 7) el deseo de cualquier persona en mitad de un peligro. Pero la respuesta de Salomón deja entrever cual era su corazón “Dame ahora sabiduría y ciencia, para presentarme delante de este pueblo; porque ¿quién podrá gobernar a este tu pueblo tan grande?” (v. 10) escuchando esta respuesta podemos pensar que sabiduría no le faltaba a Salomón, pero realmente Salomón no está pidiendo ser inteligente, no está pidiendo saber más que el resto. Esta pidiendo el poder de Dios para dirigir a su pueblo de la manera correcta. Realmente viéndolo desde la perspectiva que llevamos toda esta noche Salomón es una herramienta que le está pidiendo a su Maestro, a su dueño que lo guíe para hacer bien su trabajo.

La única manera que el pueblo de Dios puede hacer las cosas correctas es hacerlas a la manera de Dios, no hay otra. Cuando el padre de Salomón decidió hacer las cosas a su manera y en vez de ir a la guerra (2 S. 11) se quedó en casa acabó teniendo que cubrir un embarazo y matando a Urías. Puede parecer exagerado, pero la verdad es que la dirección de Dios es la única que nos puede ayudar a hacer una tarea útil.

Imaginaos que necesitamos cortar los tablones para una estantería y cada uno lo cortamos en una dirección distinta, no sirve para nada, la única manera que sirve es a la manera que el diseñador ha marcado.

 

El amor como marca de trabajo del pueblo de Dios (Jn. 13:34): En el N.T. encontramos en muchas ocasiones esta referencia de los unos a los otros y una de las primeras es este amaos que Jesús les deja a los 12.

El amor es el sistema de trabajo de Dios para su pueblo. Todo queda marcado con ese amor que Jesús tubo. “Como yo os he amado” es una referencia a todo lo que Jesús hizo. Jesús está diciendo, cuando me quedaba enseñando a las multitudes lo hacía por amor, cuando reprendía a los fariseos lo hacía por amor a ellos, para que cambiaran. Cuando alimentaba a los hambrientos, o curaba a los enfermos lo hacía por amor a esas personas necesitadas.

Cuando limpiaba los pies de los 12 sabiendo que uno de ellos lo iba a traicionar y sabiendo que los otros 11 huirían cuando más lo necesitaría eso lo hacía con amor.

De la misma forma para se herramientas útiles en las manos de Dios debemos ser herramientas de amor, donde todas nuestras tareas las hagamos con ese amor que Cristo tenía, porque esa será la marca que nos distinga. De la misma forma que cuando vemos un cuadro, aunque no lo conozcamos podemos intuir de quién es por la forma de la pintura o al ver un mueble intuimos que es de Ikea, de la misma forma el amor es la marca del pueblo de Dios.

 

Éxodo 39 abre ante nosotros un ejemplo a seguir. El ejemplo de la obediencia. Satanás intentará en muchas ocasiones hacernos sentir inútiles pero la Biblia nos enseña que si nos dejamos guiar por las manos del Maestro seremos instrumentos útiles en su obra. No seres instrumentos útiles para mis planes, para lo que yo quiero, quizás no sea instrumento útil para lograr el puesto en la vida que quiero, o lograr que iglesia que yo deseo pero sí seremos útiles en es plan que el ebanista supremo tiene. Sólo en ese momento seremos de bendición para los que nos rodean y para nosotros.

Limpieza.


  Jn. 2:13-22 y Mr. 11:15-18

    Jesús sube a Jerusalén a cumplir con la pascua judía. Ex. 23:14-17 nos dice que todo judío mayor de 12 años debía subir anualmente a Jerusalén para esta fiesta. Donde en momento culmen era el sacrificio del cordero en el templo.

La imagen que los evangelios nos muestran de Jesús es de una persona mansa, tranquila. Que cuando es atacada responde con serenidad y sabiduría, no se queda callado, pero nunca usa descalificaciones o violencia. Pero aquí vemos a un Jesús que al poco de iniciar su ministerio se hace de un azote de cuerdas, de un pequeño látigo, probablemente de los que se usaban para los animales y echa a todos en el templo y empieza a expulsar a todos los comerciantes y animales que estaban allí. Incluso echa a los qua pasaban por allí para atajar. Sólo deja pasar a las personas que van al templo a adorar a Dios.

     No es que Jesús se hubiera vuelto loco o que le diera un arrebato. Jesús echa a las personas del templo porque estaban allí a otros asuntos que no era darle gloria a Dios. Esa era la función del templo. Desde que Moisés hiciera el tabernáculo hasta que Salomón construyera el templo y después de forma interrumpida por las distintas destrucciones el pueblo de Israel tenía en esa tienda o ese templo un lugar donde acercarse a Dios. Pero en la época de Jesús ese templo acaparaba otros intereses

Los comerciantes proveían de animales perfectos para los sacrificio y los cambistas cambiaban la moneda de cada uno por la moneda aceptada en el templo.

Jesús no ataca a estas personas por su profesión, ni siguiera porque estuvieran estafando a los clientes. Simplemente aquel no era sitio para eso. Estas actividades se hacían dentro del recinto del templo. Todo el templo era lugar para venir al encuentro con Dios, para venir a orar y ofrecer sacrificios a Dios. Esa era su función. Pero ahora se dedicaba a otros menesteres, y puede que nos parezca algo vano, que se comerciara dentro del templo no indica que la espiritualidad del pueblo fuera menor, pero la verdad es que nuestra actitud siempre es muestra de lo que hay en nuestro corazón. Podemos aparentar que estamos bien pero nuestra forma de hacer las cosas, lo que decimos, lo que nuestro lenguaje no verbal dice, lo que ponemos en primer lugar siempre va a delatar como se encuentra nuestro corazón

El propio Jesús describió la actitud del pueblo con palabras del profeta Isaías Mt. 15:8-9Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí.” El pueblo, sobre todo los profetas iban a Jerusalén en masa adorar a Dios, se hacían un buen viaje, se gastaban su dinero en las compras, hacían un gran esfuerzo por ir a Jerusalén. Pero la situación en la que se encontraba el templo, que había pasado de ser lugar santo a ser un atajo para ir a otros sitios y se había convertido en un lugar donde hacer negocio daba muestra de cómo se encontraba el corazón del pueblo, siguiendo unos rituales dados por Dios para un Dios al cual de verdad no adoraban.

Pero esto no era la primera vez que ocurría, el pueblo de Dios en muchas ocasiones se apartaba de Dios. Ante lo cual Dios siempre misericordioso ofrecía una solución para su pueblo.

Esto no nos extraña ya que nosotros mismos vivimos en una sociedad que hace lo mismo, tenemos una semana santa que podría englobarse en esta descripción de Jesús un pueblo que de labios habla de Dios, pero que su corazón está lejos de Él.

La Palabra de Dios nos muestra como Dios quiere que su pueblo se acerque a Él. Como quiere que nos acerquemos a él. Como quiere que su pueblo se relacione con él. Veremos la necesidad de hacer una azote de cuerdas y limpiar nuestro corazón.

  1 Sam. 7:3Si de todo corazón os volvéis… […] preparad vuestro corazón a Jehová” El pueblo de Israel, nos dice el versículo 1 estaba alejado de Dios, adorando a dioses ajenos y Samuel les pide que preparen su corazón, no sólo que se acerquen sino que preparen su vida. El corazón en la Biblia es el asiento de la voluntad, del intelecto y del sentimiento. No vale con sólo venir a, sino que debemos prepararnos para ellos. Mt. 25:1-13 nos dice que 10 vírgenes salieron a recibir al esposo y las que salieron de cualquier forma acabaron mal, acabaron de puerta a fuera, en cambio las que fueron preparadas, esas entraron con el esposo. Estas vírgenes preparadas tuvieron que esforzarse en comprar el aceite con antelación, en planear y preparar su vida para la llegada del Esposo. Las otras vírgenes no prepararon nada, vinieron con lo que tenían, mostraron con su actitud como estaba su corazón.

En muchas ocasiones los cristianos actuamos igual en nuestra vida, dejamos a Dios de lado en nuestras decisiones, en la educación de nuestros hijos, pensamos que venir a la iglesia un día por semana, escuchar lo que el que predica tiene que decir, cantar unas canciones. Y nos olvidamos en la necesidad de cuidar nuestra vida. De regar nuestra vida con la Palabra de Dios “porque como descienden del cielo la lluvia y la nueve […] y hace germinar y producir, así será mi palabraIs. 55:10, nos olvidamos de la comunión en oración con nuestro Dios y de la edificación mutua que es venir a reunirme con mis hermanos. Olvidamos la necesidad de preparar nuestro corazón.

Esto nos habla de la necesidad de prepara nuestra vida. Cuantas veces la costumbre, el pecado en el que vivimos nuestro día a día hace que nuestra vida sea como el templo en la pascua. Un lugar donde hay cosas que no debieran estar, donde alabamos a Dios con nuestras palabras pero nuestro corazón está muy lejos.

Para limpiar nuestra vida de lo que no debería estar allí una de las cosas que debemos hacer es preparar nuestro corazón

Nh. 8:1-8 Leían claramente, y ponían el sentido de modo que entendiesen la lectura” El pueblo de Dios debe ser el pueblo de la Palabra de Dios. Uno de los problemas más grandes hoy en día es que los que se denominan cristianos no saben las palabras, no saben lo que la Biblia dice. La Biblia se describe a sí misma como una espada de dos filos que penetra en nuestra vida y la cambia, pero como van cambiarla sino escuchan la Palabra. Cómo vamos a amar a Dios sino lo conocemos.

Aquí Nehemías sabe que si quiere volver a restaurar la nación de Dios, el pueblo de Dios debe abrir la palabra y no sólo leerla, hace algo más “le ponía sentido” la explicaba, la enseñaba de una manera que la gente lo entendiera. El resultado fue inmediato en el capítulo 9 vemos como el pueblo confiesa su pecado ante Dios. Hay restauración en el pueblo porque la Palabra de Dios ha sido abierta y enseñada.

Nehemías sigue relatando como el pueblo de Dios se compromete a obedecer la palabra de Dios y como, en el capítulo 11, se produce el reasentamiento de Jerusalén.

Los seres humanos necesitamos una guía para nuestra vida. Cuando dejamos de lado las palabras de Dios las sustituimos por otras palabras que nos lleven, eso hicieron Adán y Eva en Edén. Dios les había dado un mandato, pero prefirieron sustituirlo por las palabras de Satanás de poder ser iguales a Dios. El pueblo de Israel sustituía a Dios por otros dioses, como vimos en el caso de 1 Samuel. La iglesia católica lleva siglos agregando a la Palabra de Dios la tradición de la iglesia, o los escritos del papa. En la actualidad se suelen sustituir las palabras de Dios por pensamientos humanistas que nos alejan de la concepción real del ser humano.

Si queremos ser el pueblo de Dios, debemos ser el pueblo de la palabra de Dios. Debemos acercarnos a Dios a través de su palabra.

      Sal. 119:105Lámpara es a mis pies tu palabra y lumbrera a mi camino”. La palabra de Dios es lo único que puede guiarnos en la oscuridad, esa oscuridad que hacía que le pueblo de Dios accediera a comerciar dentro del templo.

     Filp. 2:14-15 “para que seáis irreprensibles” Como estamos viendo estos domingos la congregación de Filipos tenía una serie de problemas internos por culpa de actitudes egoístas que se estaban dando en medio de la congregación. Pablo hace un llamado para que abandonen esas actitudes, para que limpien su templo del pecado. Y se acerquen a su Dios de manera irreprensible, siendo luminares, marcando la diferencia con una sociedad oscura.

El pueblo de Israel siempre buscó mimetizarse con lo que le rodeaba, en el libro de Jueces se mezclan con los pueblos de Canaán en vez de expulsarlos. En Samuel piden un rey como el resto de las naciones. Los reyes adoraban a los dioses de los pueblos vecinos. Parece que siempre intentaban escapar de esa función que deberían tener como luz en el mundo.

De la misma forma nosotros también solemos mimetizarnos con le mundo, en cuando a su filosofía de vida, en cuando al vocabulario, a las ideas. El templo de Israel estaba mimetizándose con el resto de la sociedad, con el comercio, con los bancos. Pero Jesús le llama “casa de oración para las naciones” un lugar distinto, un lugar de referencia.

Por eso Dios nos pide que seamos irreprensibles, que seamos santos, porque tenemos que marcar la diferencia allí donde estamos. Conclusión: la vida del pueblo de Israel nos enseña a un pueblo que en la confianza de creerse pueblo escogido por Dios abandono el cuidado de su relación con Dios, hasta el punto que llenaron el templo de algo que no estaba mal en sí mismo, pero dejaba claro cual era la prioridad en sus vidas, cumplir un rito, sacar un beneficio de ello.

Este texto debe hacernos meditar sobre la importancia de cuidar nuestra vida espiritual, a veces puede que como Jesús hace con el tempo necesitemos sacar de nuestras vida, cosas legítimas que se han convertido en prioridades.

Para ello debemos volvernos de todo corazón a Dios, no sólo como una afirmación o como un ritual, sino que nuestra vida debe volver en su totalidad a él, mente, cuerpo, voluntad y sentimiento.

Debemos volver a la Palabra de Dios, porque somos el pueblo de la Palabra, por eso es tan importante que nos juntemos para aprender la Palabra juntos, no porque el que ha preparado el estudio se haya molestado en hacerlo sino porque es parte de nuestra responsabilidad como hijos de Dios meditar en sus palabras.

En tercer lugar mantenernos irreprensibles siendo elementos diferenciadores no que nos separan del resto pero si que nos convierten en luminarias en un mundo oscuro.

Libertad.


Una de la mayores premisas que existe en nuestra sociedad es la búsqueda de la libertad. Es casi un derecho el que cada persona debe buscar la libertad sin ataduras de ningún tipo, ni familiares, matrimoniales, morales. Esto se da en todos los campos de la realidad humana, pero sobre todo en el campo moral y ético, donde se quiere dar libertad para cosas como aborto, homosexualidad.

En ese afán por buscar la libertad mucha gente rechaza a Dios, a la religión o todo aquello que le suene a normas morales superiores, entendiendo que son perjudiciales para el individuo pues lo coartan y lo anulan como persona. Son personas que ven la existencia de Dios o la iglesia como una serie de normas y obligaciones tediosas que buscan manejar su vida e impedirles ser libres y disfrutar la vida como desean, o como la sociedad piensa que desea. Por eso deciden alejarse, no sólo físicamente sino moral y espiritualmente, en busca de libertad. Pero la realidad es todo lo contrario, porque cuanto más se aleja una persona de Dios más esclavo se vuelve, menos libre. Es una paradoja pero cuando más los seres humanos buscamos la libertad fuera de Dios más esclavos nos volvemos. En el día de hoy me gustaría que meditásemos acerca de esta libertad que Dios nos da y de como esta es la única libertad posible. Mediante cinco ideas o puntos veremos la necesidad de cuidar nuestra libertad, porque ser hijos de Dios no nos inmuniza ante los ataques del enemigo que quiere esclavizarnos.

     (Jc. 3:11-15) El ser humano nunca puede alcanzar la verdadera libertad por sí mismo. Este texto comienza diciendo en el v. 11 que reposó la tierra unos cuarenta años o sea que hubo paz, pero esta paz no fue lograda por los seres humanos sino que fue una paz que se logró por medio del siervo de Dios Otoniel.            El texto nos sigue mostrando la forma que tiene el ser humano de buscar la libertad que es huyendo de Dios, pero en esta búsqueda de la liberta ¿qué encuentra? v.14 esclavitud. El pueblo de Israel alejado de Dios acaba siendo esclavo de otros pueblos vecinos. De la misma forma en nuestra sociedad las personas que buscan la libertad alejándose de Dios lo único que encuentran es esclavitud. Como hemos dicho, cuanto más nos alejamos de Dios en busca de la libertad más esclavos nos volvemos. Puede que no seamos esclavos en la idea cultural que tenemos de los esclavos, como en la plantaciones de algodón de U.S.A durante el sigo XVIII. Pero en nuestra sociedad la esclavitud aparece en múltiples formas y colores, resentimiento, recuerdos que nos atormentan, malas relaciones, vicios, esclavos del destino. Y eso lo atormenta, y aparece la desesperación v. 15 clamaron los hijos de Israel a Jehová. Porque él es el único que pude dar libertad, ¿y que hace Dios? y les levantó un libertador, Dios les da la libertad, porque les da a une enviado que puede actuar bajo el poder de Dios para hacerlos libres, esa libertad que ellos buscaban. El ser humano no puede alcanzar la libertad él sólo por eso como no podemos nosotros solos…

Necesitamos a alguien que nos haga libres. (Jn. 8:34-38). Los seres humanos tenemos una libertad delegada, sólo alguien nos la puede dar. Aquí entramos en otra paradoja porque cuanto más siervos, o esclavos que es lo que significa la palabra doulos, nos volvemos de Dios más libres somos. Cuanto más obedecía la ley el pueblo de Israel más libre era de sus vecinos. Pero este texto nos dice que si hacemos el pecado v. 34 la libertad nos es quitada y estamos en esclavitud. Aquí entra el papel de Jesús, sólo Él puede darnos, verdadera libertad. Esta palabra, verdadera, lo cambia todo, por que podemos creer que somos libres y la verdad es que hay mucha gente ahí a fuera que cree que es libre que cree que no es esclavo de nada, como los fariseos de esta escena ellos decían Linaje de Abraham somos y jamás hemos sido esclavos de nadie, lo cual debe ser la mentira más flagrante que recoge la Biblia, porque desde Abraham, el pueblo de Israel ha sido esclavo de múltiples naciones: Egipto, Siria, Asiria, Media, Babilonia, Macedonia, Roma, pero lo peor no eran esas naciones temporales, sino la realidad espiritual de que eran esclavos del pecado. Quienes son liberados por Jesucristo de la tiranía del pecado y de la servidumbre del legalismo, son en realidad libres. Romanos 8:2 nos cuenta acerca de esta esclavitud.

(Ro. 8:2) Esta libertad ocurre cuando seguimos la ley de Dios. La libertad sólo ocurre con el cambio de naturaleza que Jesús nos da. Al existir un cambio de naturaleza exista una nueva normativa que rige nuestra vida por eso Pablo usa aquí la palabra ley. En la sociedad en que vivimos se suele asociar la idea de libertad con la idea de ausencia de normas. Parece que la verdadera libertad se halla cuando puedes liberarte de las normas que te han sido impuestas y logras vivir sin ellas, o por lo menos con las tuyas propias. Pero libertad no significa vivir sin ley sino bajo la ley perfecta de Dios. En ningún momento este versículo presenta la ausencia de Ley sino que se cambia de una que es de naturaleza mortal y pecaminosa a otra ley que es del espíritu. Y esta transformación recibe el nombre de liberación [libertado]. Por lo cual podemos decir que seguir las normas de la ley de Dios es la verdadera libertad. Y son las que pueden dar la verdadera libertad por que como dice en 7:12 la ley a la verdad es santa y el mandamiento santo, justo y bueno. A diferencia de cualquier ley o normativa que podamos encontrar a cualquier nivel, incluyendo las normas propias de cada uno, o de cada familia, las normas de Dios son perfectas, o sea no tienen fallos, son santas, o sea producen bendición cumplirlas, son justas, o sea fortalece la convivencia porque no hay abuso. El pueblo de Dios esta incitado a abandonar las normas propias y a seguir las normas de Dios, porque estas mediante su perfección y santidad le ofrecen libertad. Por eso el hijo de Dios debe constantemente volver a las normas de Dios. Porque esta libertad, una vez obtenida se puede perder.

(2 R. 18:4) Este texto nos narra una historia extraña. Nm 21:4-9 nos cuenta la conocida historia de cuando yendo por el desierto el pueblo de Dios se puso a murmurar contra Dios y contra Moisés. La Biblia nos cuenta que Dios envió serpientes ardientes que mordían al pueblo, el pueblo se arrepiente y clama a Moisés quién por orden de Dios levanta una serpiente de bronce y cuando alguien era mordido por una serpiente miraba a esta serpiente de bronce y se curaba.

En este texto tenemos todos las ideas que hemos estad viendo en la noche de hoy. Tenemos al pueblo de Dios, un pueblo que era esclavo y gracias a la intervención de Dios se convierte en un pueblo libre, pero lleno del desánimo por lo duro del desierto decide alejarse de Dios para tener libertad y sobrevivir y acaban siendo esclavos de la muerte. Entonces Dios les libera de esa muerte. Y aunque la historia de Moisés y de esa generación acabe aquí en Reyes tenemos la segunda parte donde el pueblo de Judá había convertido un objeto de libertad, algo que Dios le había dado para liberarlos de la muerte lo había convertido en un ídolo delante del cual quemaban incienso.

Los hijos de Dios podemos caer en el error de creernos inmunes al pecado. Inmunes a volver a la esclavitud. A pesar de ser libres podemos volvernos esclavos el pueblo de Israel había usado algo que era bueno y dado por Dios y lo había desviado. A pesar de ver la salvación de Dios en sus vidas y sentir la libertad de la muerte en sus propias carnes, el pueblo de Dios usa esa salvación para alejarse de Dios (Gá. 4:8-10). Pablo en un tono de evidente enfado echa en cara a los Gálatas que se estén volviendo a la esclavitud del pecado que tenían antes. Este texto nos lleva a nuestra siguiente idea.

(Gá. 5:1) Es necesario trabajar nuestra libertad. No desde el punto de vista que podamos hacer algo para ganarla o mejorarla, pero sí desde el punto de vista de evitar conductas en nuestra vida que nos esclavicen. huir del pecado, ya que es esto de los que nos han liberado. Pablo usa la expresión Estar firmes para recomendarnos que no nos movamos de nuestra posición segura en Dios, por el beneficio de vivir libre de la ley de la carne. Estar firmes requiere esfuerzo, porque implica que hay fuerzas a nuestra alrededor que nos vana a empujar a que no estemos firmes. Job tuvo que aguantar una cantidad de calamidades que harían quebrar a la mayoría de personas, pero se mantuvo firme en nunca revelarse contra Dios.

Las palabras que aquí se traducen por sujetos se traducirían mejor por “quedar bajo el peso de…” que nos trae la idea de estar atrapado, como cuando en un accidente un coche vuelca atrapando a sus ocupantes, el pecado es igual, nos trae funestas consecuencias a nuestra vida y nos atrapa en ellas. Por eso nos es necesario esforzarnos en ponernos bajo la ley de Dios, no apartándonos de ella sino meditando en ella de día y de noche Js. 1:8 porque es ella la que nos da verdadera libertad.

En conclusión hemos visto que el ser humano busca de forma impulsiva la libertad, pero es incapaz de encontrarla él sólo, tiene que buscar a alguien que se la proporciones. Y aunque piense que es fuera de Dios donde puede encontrar esa libertad realmente sólo cuando seguimos los mandamientos de Dios somos realmente libres es una paradoja pero cuando más dependientes de Dios somos, más libres somos y esta libertad es verdadera.

Así que hermanos si hemos recibo tal bendición de Dios esforcémonos por conservar esta libertad que él nos da. Busquemos su palabra como guía, busquemos sus mandamientos como algo bueno y que no son un lastre para nuestra libertad sino la expresión más verdadera de ella.

 

Fe.


En Gál. 3:6-7 Pablo usa dos elementos que a los creyentes de la época le resultan casi opuestos. Los fariseos y su énfasis en las obras de la ley hicieron parecer que todo lo que sonaba a antiguo pacto, sonaba a justificación por obras. Pero si vemos a fondo la historia de Abraham, realmente la conclusión que sacamos es la de un hombre de fe.

Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendiciónGn. 12:1-2.

Desde casi su primera aparición en Génesis Abraham aparece ligado a la promesa de que Dios creará a través de su linaje una nación, con ciertas características, será una nación grande y además traerá bendición al resto de familias de la tierra “… y serán benditas en ti todas las familias de la tierraGn. 12:3. Pero faltaba una cosa, no puede haber una gran nación entre los descendientes de una persona, si esta persona no tiene descendientes, al menos uno. Abraham no tenía hijos. Esto era una piedra en su camino, piedra que le llevó a tropezar y buscar atajos en el plan de Dios, el atajo, en este caso no lo buscó él sino su mujer Sara. El atajo fue tener un hijo con una esclava, pero no era el plan de Dios, sino nos dice la Biblia “cuando Dios había dicho” o sea en el tiempo de Dios, no en el de Abraham y Sara, nació Isaac.

Isaac era el hijo de la promesa, el deseado, el que cumplía a la perfección con la promesa de Dios. Esa promesa que le había llevado a dejar su tierra natal para ir a heredar una tierra, esa promesa que ya parecía que no iba a llegar. Isaac daba sentido a la vida de Abraham, todos los hijos dan sentido a la vida de los padres y mucho más un primogénito en la época de Abraham, pero Isaac daba sentido a todo lo que había pasado, todo lo que había dejado atrás. Esto es necesario entenderlo cuando nos asomamos al episodio donde Dios pide a Abraham que le entregue a su único hijo (Gn. 22:1-14).

Génesis 22 nos dice que Dios decidió probar a Abraham, decidió poner su confianza a prueba, decidió probar su fe. Probar algo, en el sentido en que Dios nos prueba en nuestra vida es la idea de partir algo a la mitad para ver de que está echo, ver cual es su interior no sólo la capa superficial sino de que está compuesto. Como hemos leído Abraham supero la prueba y su fe fue pública. Porque esa fe no era superficial sino que empapaba toda su vida. Por eso vamos a ver algunos de los frutos de la fe en la vida de Abraham que se nos muestran en este episodio.

  • El fruto de la fe es la confianza plena (22:1).

Unos capítulos atrás, antes del nacimiento de Isaac, Dios le dice a Abraham que hará del él una nación grande. Ante esta afirmación Abraham le dice 15:2Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?”. Abraham está impaciente porque los años pasan y el hijo de la promesa no da llegado, e incluso llega a decir ¿qué me darás?, que parece una frase un poco fuerte para decirle a Dios directamente, vemos a un Abraham con dudas, que no está convencido del todo. Pero el Abraham al cual se le pide que entregue a su único hijo, no duda, no replica, no le echa nada en cara a Dios, sino que se levanta muy de mañana para cumplir el mandato de Dios. La diferencia entre aquel Abraham que no tiene muy claro el como y este que confía está en 15:6Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.” La fe. Abraham cree una verdad únicamente porque Dios lo dice. Y es esta fe, que antes no tenía y que ahora tiene, la que le da la confianza para hacer lo que Dios le pide, aunque sea algo tan doloroso como entregar al hijo que tanto ama. Porque Abraham tiene fe para saber que Dios cumplirá su promesa, a pesar de que la realidad no esté ocurriendo como el piense que tiene que ocurrir porque la fe descansa en la promesa.

El fruto de la fe es la responsabilidad (22:3).

Génesis nos dice que Abraham se levantó muy de mañana y preparo las cosas para el viaje a Moriah. Dado que era algo doloroso para él, podía dejar que sus siervos lo hicieran. Pero decide hacer él todos los preparativos. Decide ser él quien sacrifique a Isaac, no evade su responsabilidad sino que la asume. Lo asume porque tiene la confianza de que es lo mejor para cumplir el plan de Dios. No puede saber como ni en que sentido, pero confía en los planes de Dios.

Vino palabra de Jehová a Jonás hijo de Amitai, diciendo:Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí.Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová.Jo. 1:1-3. Sabemos la historia de Jonás, que huye de la presencia de Dios porque no quiere que Ninive se arrepienta, pues era la capital del imperio asirio. El cual era conocido por su crueldad en batalla. Asiria fue el imperio que continuamente avasalló a Israel, el reino del norte y acabó llevándoselo cautivo. Jonás odia a Asiria, por todo el mal y dolor que provocaron a su pueblo. Dios mismo le dice que es una nación que merece castigo y que será destruida si no cambia. Por eso no quiere predicar, para que no cambie y no se arrepienta y Dios no les perdone sino que les castigue.

Jonás no es responsable de hacer lo que Dios le manda, porque no le gusta, no quiere se rebela. En el polo opuesto está Abraham. Abraham tendría tantas ganas de sacrificar a su hijo como Jonás de que Nínive se salvara. Pero su confianza en Dios hace que sepa que lo mejor es obedecer. En cambio Jonás cree que lo mejor es huir y que la salvación no llegue a esa ciudad.

A pesar de que nuestro corazón diga lo contrario, obedecer la palabra de Dios siempre es la mejor opción. Sea lo menos conveniente para lo que nosotros pensamos, sea lo menos popular, o lo que menos queremos, pero es nuestra responsabilidad.

  • El fruto de la fe es el amor a Dios. (22:5-8)

Abraham podría cumplir el mandato de Dios sólo por obligación. Pero no lo hace así sino que a sus siervos les dice “iremos allí y adoraremos” no sólo ofrecer un sacrificio sino adorar, cuando su hijo le pregunta él responde “Dios se proveerá de cordero”. La fe en Dios hace que Abraham no vea a Dios como culpable de lo que va a suceder, o de lo que él piensa que va a suceder sino como merecedor de lo mejor de la vida de Abraham, su único hijo.

Ex. 14:11Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto?” El pueblo de Israel que salió de Egipto era un pueblo que no tenía fe ni en Dios ni en Moisés, por eso ante la primera prueba que se encuentran, en este caso estar atrapados entre el mar rojo y el ejercito egipcio su reacción es acusar a Moisés directamente y a Dios indirectamente de la tragedia que ellos piensan que va a haber. Hacen culpables a quienes los liberan porque su confianza en la promesa de que Dios les va a llevar a Canaan es nula.

La fe nos ayuda a amar a Dios porque descansamos en él. Abraham descansaba en Dios cuando subía con su hijo hacia el sacrificio. Descansaba en que ese Dios que le prometió un día que iba a ser padre de una nación grande iba a cumplir su palabra con Isaac vivo o muerto, eso se sintetizaba en amor hacia ese Dios. Mientras que el pueblo que salió de Egipto no descansaba en Dios y menos en Moisés, y ante la prueba cae en la tentación y acusan a Dios, demostrando falta de amor.

  • El fruto de la fe es que no hay nada de que avergonzarse. (22:1; 22:11)

Dos veces Dios llama a Abraham y este responde con un heme aquí, la frase de los que esperan en Dios. Isaías responde con un Heme aquí ante el “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Is. 6:8. Jacob también responde Heme aquí cuando Dios le habla en Gn. 31:11. Porque cuando cumplimos la voluntad de Dios no tenemos nada de que avergonzarnos, no tememos a la voz de Dios porque sabemos que estamos haciendo lo correcto, no tenemos miedo al castigo o a la ira de Dios contra el pecado. En las dos ocasiones en que Abraham pronuncia estas palabras, en el inicio de la historia y en el fina, no tiene nada de que avergonzarse ante Dios porque está cumpliendo su palabra. La fe nos ayuda a no avergonzarnos porque con ella no fallamos ante Dios.

En el caso contrario a esta fe que hace que no nos tengamos que avergonzar ante Dios están Adán y Eva. “Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?Gn. 3:8-9. Adán y Eva no confiaron en las palabras de Dios, en la advertencia de Dios, si comían del árbol prohibido morirían, no tuvieron fe en la promesa de Dios. Ante esta falta de fe, cuando Dios llama, cuando Dios viene ellos se esconden. ¿Porqué se esconden? porque se avergüenzan de su pecado.

Cuando falla nuestra fe nuestro pecado queda al descubierto y esto nos avergüenza delante de Dios.

Que, como dice el apóstol Pablo, siendo hijos de Abraham por la fe, sepamos tener la fe de Abraham. Una fe que descansa en las promesas de Dios, hasta el punto de darlo todo si Él nos lo pide, sabiendo que las promesas de Dios siempre se cumple. Un fe que se muestra en la prueba y que produce frutos.

¿Un Dios bueno?


Una de las cosas que más temen los políticos son los micrófonos abiertos, esos que te graban diciendo un comentario que, muchas veces fuera de contexto, deja quedar mal a la persona que lo dice y que provoca una rápida cascada de comentarios, opiniones y rectificaciones. Esta semana fue Esperanza Aguirre quien afirmó sobre los arquitectos “que habría que matarlos por sus crímenes” evidentemente por sus crímenes se refería a las supuestas aberraciones arquitectónicas en edificios públicos, pero sus palabras, provenientes por la presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, hicieron correr ríos de tinta, sobre todo electrónica.

Esto ocurre cuando vemos expresiones, palabras, acciones o opiniones que no nos cuadran con nuestra concepción de como debe ser “esa” persona.

Con Dios pasa algo parecido, quizás sea porque esperamos que todos cumplan con nuestra concepción buenísta de la realidad, o porque nos resulta difícil pensar que un Dios que nos ha dado tanto pueda hacer o decir ciertas cosas que no nos cuadran en la personalidad de alguien que destila bondad y pide ser como Él.

 

    » 23 »¿Cómo puedes decir:
“No me he contaminado,
ni me he ido tras los baales”?
¡Considera tu conducta en el valle!
¡Reconoce lo que has hecho!
¡Camella ligera de cascos,
que no puedes quedarte quieta!
24 ¡Asna salvaje que tiras al monte!
Cuando ardes en deseos, olfateas el viento;
cuando estás en celo, no hay quien te detenga.
Ningún macho que te busque tiene que fatigarse:
cuando estás en celo, fácilmente te encuentra.»

Jer. 2:23-24

       Algo que llama la atención de Dios, y debemos considerarlo una virtud, es su claridad absoluta con todo lo que hace su pueblo. No existen medias tintas con él. Cuando Israel y Judá, ya con el reino dividido, se apartaron de Dios y se fueron a adorar a otros dioses, como Baal o Asera, Dios no se corta un pelo a decirles que sienten que le han sido infieles y no solo eso sino que compara su actuación con la de una persona sin criterio que se deja llevar por los impulsos, alocadamente, para irse detrás del primer dios que le pasa por delante.

Podemos decir muchas cosas de Dios, pero lo que nunca podemos decir es que sea un Dios tolerante con el pecado, más bien es discriminatorio con él.

« —Ananías —le dijo Pedro—, ¿cómo es posible que Satanás haya llenado tu corazón para que le mintieras al Espíritu Santo y te quedaras con parte del dinero que recibiste por el terreno? ¿Acaso no era tuyo antes de venderlo? Y una vez vendido, ¿no estaba el dinero en tu poder? ¿Cómo se te ocurrió hacer esto? ¡No has mentido a los hombres sino a Dios!

Al oír estas palabras, Ananías cayó muerto. Y un gran temor se apoderó de todos los que se enteraron de lo sucedido.» Hc. 5:3-5

Ananías quiso quedar bien delante de los apóstoles y a parte quedarse con parte del dinero que iba a donar, ante este pecado, el castigo fue directo, la muerte. Muchas veces los cristianos coqueteamos con el pecado como el niño que hace malabarismos con fuego. ¿Realmente sabemos lo que significa el pecado? ¿Realmente conocemos las consecuencias de obrar mal?. Quizás por que tenemos el colchón de “Dios me perdona” vivimos vidas donde parece que nos creemos inmunes al pecado. El pecado siempre tiene consecuencias, cuando obramos mal alguien sufre, bien sea yo o la persona que sufre las consecuencias de mi pecados, y por encima de todo Cristo sufrió por nuestro pecado, no solo el concepto sino cada pecado que hemos cometido individualmente.

Pero de la misma forma que aborrece al pecado Dios ama a los que le buscan. Debemos dejar de vivir vidas mediocres coqueteando con el pecado como si no fuera a pasarnos nada. Dios no soporta el pecado y no se cortará a la hora de disciplinar a sus hijos si estos se desvían, no se callará cuando sus hijos estén yendo por caminos que nos son los suyos, pero tampoco se esconderá de los que verdaderamente le buscan, si no que los amará.

«A los que me aman, les correspondo;
a los que me buscan, me doy a conocer.
» Prv. 8:17

Conflicto social.


       En los últimos meses estamos asistiendo a un fenómeno de descontento social muy palpable, sobre todo en las sociedades occidentales. Por ciudades de todo el mundo la gente sale a la calle a mostrar su rechazo contra ciertas políticas económicas de los gobiernos. Debido, quizás, a la situación de crisis económica en que nos encontramos donde existe una generación de ciudadanos nacidos en la abundancia que ahora ven su situación ir a peor, intuyen que nunca volverán al nivel de vida que le habían dado sus padres y culpan a la avaricia y mal hacer político de ello.
Activistas de Occupy Wall Street
Si alguno se endeuda contigo, no tomes como prenda su molino de mano, ni su piedra de moler, porque sería lo mismo que arrebatarle su propia subsistenciaDt. 24:6 

      Cuando Dios le da la Ley al pueblo de Israel, no sólo le entrega diez mandamientos generales sino que agrega un compendio de leyes humanitarias, económicas, de respeto y morales. Con vista a una convivencia justa y beneficiosa para los ciudadanos. Por un lado la avaricia estaba prohibida. Se podía prosperar pero nunca a costa de la ruina del prójimo.

No te aproveches del empleado pobre y necesitado, sea éste un compatriota Israelita o un extranjero. Le pagarás su jornal cada día, antes de la puesta de sol, porque es pobre y cuenta sólo con ese dinero. De lo contrario, él clamará al Señor contra ti y tu resultarás convicto de pecadoDt. 24:14-15

      Dios es un Dios que se esfuerza y pide los mismo a Su pueblo. Cuando Josué se queda al frente de Israel justo antes de empezar la conquista de la tierra prometida Dios solo le pide una cosa, que se esfuerce y sea valiente. Dios no busca darle todo echo a sus hijos, prefiere darles herramientas y que sean ellos quien logren los resultados. Por eso hay una condena tan tajante de la pereza.

Perezoso ¿Cuanto tiempo más seguirás acostado?¿Cuándo despertarás de tu sueño? Un corto sueño, una breve siesta, un pequeño descanso, cruzado de brazos… ¡Y te asaltará la pobreza como un bandido y la escasez como un hombre armado!Pr. 6:9-11

      La cultura de trabajo y esfuerzo personal que predica Dios con su Ley incluía las leyes humanitarias. La persona que podían trabajar pero por el motivo que fuese no tenía tierras para hacerlo, debían esforzarse en conseguir el alimento que los que sí tenían tierras dejaban el campo.

Cuando coseches las uvas de tu viña, no repases las ramas; los racimos que queden, déjalos para el inmigrante, el huérfano y la viudaDt. 24:20

Activistas plataforma Stop desahucios
       Por otro lado la sociedad que Dios quería para su pueblo incluía una total protección para todas aquellas personas que estaban marginadas. No existe la injusticia social dentro de las leyes de Dios. Todo el necesitado y el marginado debe tener cobertura por parte del conjunto de la sociedad.

“No explotes a las viudas ni a los huérfanos, porque si tú y tu pueblo lo hacen, y ellos me piden ayuda, yo te aseguro que atenderé a su clamor: arderá mi furor y los mataré a ustedes a filo de espada. ¡Y sus mujeres se quedarán viudas, y sus hijos se quedarán huérfanos!” Ex. 22:22-24

      Aunque “nuestro reino no sea de este mundo” seamos personas que se esfuerzan por fomentar la justicia social, una justicia basa en los principios de Dios. Defendamos una cultura del esfuerzo personal, no sólo enfocado a lo económico sino en todas las facetas de la realidad humana. Protejamos a los necesitados, a las personas que realmente lo están pasando muy mal. Denunciemos las injusticias sociales que vemos y sigamos las normas que nuestro Padre quiere para nosotros, Su pueblo.

La necesidad del desierto.


     Los seres humanos somos seres creativos y resolutivos por naturaleza. Nos gusta tener ideas y solucionar problemas o inconvenientes con ellas. Si un río nos alejaba de nuestro destino, construimos puentes. Si una ciudad nos queda a muchas horas de camino, pues diseñamos medios de transporte rápidos y que se acondicionen a las condiciones del terreno por el que pasa. 
     Esta capacidad, buena a todas luces, ha superado la barrera de la dificultad para instalarse en la línea de la comodidad. Ya no sólo inventamos para superar obstáculos, inventamos para que nuestra comodidad personal sea máxima. El confort se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos de la sociedad occidental.
     A lo largo de la Biblia podemos ver que a veces tenemos que pasar momentos de dificultad para luego ser capaces de cosas mayores.

“Cuando el faraón dejó salir a los israelitas, Dios no los llevó por el camino que atraviesa la tierra de los filisteos, que era el más corto, pues pensó: «Si se les presentara batalla, podrían cambiar de idea y regresar a Egipto.»” Ex. 13:17


     La conquista de Canaan requería una nación fuerte y organizada que llevara a cabo. Pero vemos que el pueblo de Israel no estaba preparado para enfrentarse a nada. Sabemos que Dios, con su poder podía darles la tierra con las misma facilidad con que había ridiculizado a los dioses Egipcios. Pero Dios siempre pidió el esfuerzo de su pueblo para lograr un objetivo. Este esfuerzo implicaba la fe y confianza en Dios que el pueblo recién salido de la esclavitud no tenía.
     En el desierto hubo una transformación. Salieron de Egipto un grupo de esclavos temerosos y que se quejaban y lamentaban ante el primer inconveniente y entraron en Canaán una nación de guerreros que se apoderaron de un territorio donde gobernaban “los heteos, los gergeseos, los amorreos, los cananeos, los ferezeos, los heveos y los jebuseos, siete naciones más grandes y más poderosas que túDt. 7:1.

“Tal como le prometí a Moisés, yo les entregaré a ustedes todo lugar que toquen sus pies.” Js. 1:3

     El esfuerzo colectivo del pueblo no les iba a dar la victoria sobre sus enemigos. Fue la mano poderosa de Dios quien les guió y les dio la victoria, pero fue el pueblo el que tuvo que aprender a ser valiente y luchar. Por eso podemos decir que el desierto fue muy necesario para la nación hebrea, porque aunque hubo momentos malos, momentos de sed, hambre y pecado. Pero también en el desierto recibieron los mandamientos que les regirían. Fueron censados para que conocieran su potencial. Todo giraba alrededor del templo y el arca, como símbolo del puesto que Dios tenía que ocupar en la vida de la nación. Todo este aprendizaje forjó una nación fuerte y guiada por Dios que conquistó la tierra prometida.

“¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas.” Js. 1:9

     A largo de nuestra vida vamos a pasar por desiertos, o momentos de dificultades que hagan que nuestra vida se tambaleé, como se tambaleó la confianza del pueblo ante la visión de tener que cruzar una desierto que amenazaba con hacerlos morir allí. Pero debemos aprender la necesidad de pasar momentos difíciles, la necesidad del desierto, como oportunidades para centrar nuestra vida en Dios, de organizarnos en torno a Sus normas. Oportunidades para valorar los buenos momentos que Dios nos da. Aprendamos a apreciar el esfuerzo. No pensemos que el camino más fácil siempre es el mejor, o el que Dios quiere. Aunque nos duela y nos disguste tenemos necesidad de pasar por el desierto en nuestra vida. El desierto nos puede hacer fuertes para lograr vencer futuras batallas.