La inmutabilidad de Dios

La inmutabilidad de Dios

La inmutabilidad de Dios forma parte de su propio ser y por tanto de sus atributos, por lo cual, es necesario conocerla para un correcto conocimiento de Dios. El creyente que quiere vivir en obediencia, agradando así a Dios, debe conocer de Dios lo que Él ha revelado. De esta manera podrá vivir de la manera correcta bajo el gobierno del único Dios verdadero (Jn. 17:3). Por eso, en este artñiculo, vamos a centrarnos en definir la inmutabilidad de Dios y su fundamento bíblico para luego reflexionar acerca de las implicaciones que este atributo divino tiene para el creyente y la Iglesia.

La inmutabilidad de Dios.

Decir que Dios es inmutable significa que Él es inalterable en en su ser, perfecciones, propósitos y promesas. Debido a esto podemos decir que Él no cambia (Nm. 23:19; Sal. 33:11; 102:27; Mal. 3:6; Heb. 6:17; Jos. 1:17). Esta inmutabilidad de Dios no significa que Él es un ser inmóvil o inactivo, sino que nunca es inconsecuente consigo mismo ni está sujeto a un proceso de cambio o desarrollo.

La inmutabilidad de Dios está en contraste con la mutabilidad de toda la creación. La mutabilidad es una característica de las criaturas de Dios mientras que la inmutabilidad le pertenece sólo a Él. El cambio no siempre se produce por algo malo, sino que en ocasiones es debido a procesos naturales. Por ejemplo, el hecho de haber sido creado implica un cambio ya que en un instante no se existe y al siguiente sí. Otros ejemplos los tenemos en el tiempo meteorológico, las estaciones del año, las especies animales, las mareas, los continentes e incluso las estrellas. Todo esto es demostración de la mutabilidad de la creación la cual no es siempre igual. En contraste está Dios el cual es el mismo siempre (Heb. 13:8). Esta idea la expresa el salmista “Ellos perecerán, pero Tú permaneces; y todos ellos como una vestidura se desgastarán, como vestido los mudarás, y serán cambiados. Pero tú eres el mismo, y tus años no tendrán fin” (Sal. 102:26-27) donde se denota el claro contraste entre el creador y lo creado.

Esta diferencia es mucho más evidente cuando comparamos a Dios con el ser humano. Incluso en su mejor estado, en el de inocencia antes de la caída, el ser humano era mutable. Siendo mutable y abandonado a la mutabilidad de su voluntad, cuando fue tentado, cayó en pecado y perdió la rectitud de su naturaleza. Ahora es una criatura sujeta a innumerables cambios en la vida: enfermedades de distintos tipos cambian su salud, la edad va cambiando su aspecto, el conocimiento cambia su experiencia de vida y finalmente la fuerza y la mente se van deteriorando hasta convertirle en polvo. En cambio, Dios y su palabra, permanecen para siempre (1 Pd. 1:24-25).

La evidencia bíblica nos enseña que la inmutabilidad es un atributo que Dios reclama como propio de sí mismo (Mal. 3:6) y está relacionado con toda su persona.

1. Dios es imputable en esencia. Dios al ser un Espíritu infinito, increado y simple (en el sentido de no compuesto o no dependiente de otra parte) es entera y perfectamente inmutable. Siendo eterno no puede haber cambio alguno en el tiempo, porque Dios vive fuera del tiempo. En este sentido la Escritura lo define como el anciano de días (Dan. 7:9) o alguien que está por encima del tiempo (2 Pd. 3:8). Dios es el ser más perfecto y no mejora ni cambia, no envejece ni va progresando y adquiriendo más conocimiento con el paso de tiempo (Sal. 102:27). Su estado es absoluto y por tanto no existe cambio a otro superior ni diferente.

En ocasiones se suele argumentar, en contra de la inmutabilidad de Dios, diciendo que la encarnación la contradice y anula. Esto, dicen, ocurre porque la encarnación es un cambio en la existencia de la segunda persona de la Trinidad al hacerse hombre. En contra de esta argumentación podemos decir que Cristo tenía dos naturalezas en su único cuerpo. Su naturaleza divina no fue modificada o cambiada por la naturaleza humana, sino que su naturaleza divina fue manifestada en la carne (1 Tim. 3:16). La naturaleza humana de Cristo no aportó perfección ni imperfección a la divina, aunque la naturaleza humana recibió dignidad y honor por su unión con él y fue adornada con los dones y gracias del Espíritu sin medida. Así que la naturaleza divina de Cristo no cambió preservando su inmutabilidad.    

2. Dios es inmutable en sus atributos. Todos los atributos de Dios se encuentran entrelazados unos con otros de tal manera que no se puede considerar uno sin prestar atención al resto, esto pasa también con la inmutabilidad. Así por ejemplo Dios es el mismo en su poder como siempre, no se agota, ni en lo más mínimo. Su mano no se acorta, Su fuerza es eterna. Su sabiduría es desde toda la eternidad, sabía tanto entonces como ahora y como él es glorioso en santidad esa perfección nunca se empaña, nunca puede ser mancillada, sino que siempre es la misma. No hay injusticia en Dios, él no puede cambiar de la santidad a la impiedad, de la justicia a la injusticia, Él es el justo. De esta manera podemos decir que Dios es inmutablemente bueno, e inmutablemente Justo e inmutable en toda perfección.

3. Dios es inmutable en sus propósitos y decretos. Dios ha determinado todo lo que alguna vez fue, es o será y todas las cosas suceden según el consejo de su voluntad. Por eso sus propósitos y decretos son inmutables. Los propósitos de Dios siempre se llevan a cabo. La biblia habla expresamente de la inmutabilidad del consejo de Dios (Heb. 6:17). No está en poder de los hombres y de los demonios anular designios de Dios, nada de lo que puedan hacer sirve en contra del consejo de Dios, porque es inmutable y permanece para siempre (Sal. 33:11; Prv 19:21, 21:30; Isa. 14:24, 27, 46:10).

4. Dios es inmutable en su relación con su pueblo. El amor de Dios con su pueblo es sin variación alguna en su propio corazón, aunque Sus manifestaciones sean diferentes. En el momento de la salvación o de la disciplina Dios siempre ama a Su pueblo y nada puede cambiar ese amor por los suyos ya que Él es el mismo ayer que hoy y lo será mañana (Heb. 13:8). La caída no hizo ninguna diferencia en Él. Aunque los objetos especiales de la creación cayeron con Adán a las profundidades del pecado y la miseria, esto no produjo un cambio en el amor de Dios, sino que continuó amándolos. El claro ejemplo de su continuo amor fue enviar a Su Hijo para ser el sacrificio expiatorio por los pecados (Rom. 5:8). Este amor inmutable lleva a Dios a dar vida a los que están muertos en sus pecados (Efe. 2:5).  Que Dios oculte su rostro de su pueblo (Ez. 39:29; 2 Cr. 6:42; Sal. 10:11) o lo castigue son más bien pruebas de filiación que argumentos en su contra. Las reprensiones de Dios hacia ellos son reprensiones en amor, y no en ira. Aunque castiga sus transgresiones con vara y azotes, no les quita en absoluto su bondad amorosa en Cristo (Jer. 31:18, 20; Heb 12:6-8; Apo. 3:19; Sal. 89:32, 33).

Las implicaciones de la inmutabilidad de Dios para el creyente.

Ahora, que ya hemos visto que es la inmutabilidad de Dios y la relación con sus otros atributos nos planteamos que implicaciones tiene para la vida del creyente.

1. Confianza en una salvación inmutable. Podemos estar confiados en nuestra salvación porque está segura en Cristo (Jn. 6:37), la segunda persona del Dios inmutable. La salvación es una obra de Dios en la cual Él ha determinado salvar a sus escogidos desde antes de la fundación del mundo (Efe. 1:4) para bendecirlos con toda bendición espiritual (Efe. 1:3) y por tanto esta obra es inmutable. Aquellos que Dios ha salvado en Cristo (Efe. 1:3, 10, 12, 20; 2:6, 7,10, 13; 4:32) pueden estar seguros que Su voluntad de salvarlos no va a cambiar nunca. Tampoco ocurrirá que alguien puede venir y arruinar esa salvación (Rom. 8:38-39). Además, Dios provee todo lo necesario para que el salvo continúe siendo salvo y persevere en esa salvación. Como es Dios inmutable ni Él se arrepentirá de salvarnos y cambiará de opinión ni habrá nadie que pueda arrebatarnos de su mano (Rom. 8:35-39).

2. Confianza en una Palabra inmutable. La Biblia enseña que la Palabra de Dios es útil para transformarnos a la imagen de Cristo y estar equipados para toda buena obra (2 Tim. 3:17). Si Dios es inmutable sus palabras métodos e ideas también lo son y por eso podemos estar seguros de que estamos trabajando con las mejores herramientas porque son aquellas provistas por Dios y Él no cambia. En cada generación se levantan voces que afirman tener nuevos métodos o fórmulas para lograr el crecimiento espiritual, proclamando que lo que dice la Biblia es anticuado o ineficaz. Dios, en su providencia, siempre ha levantado hombres que contrarrestaran esta enseñanza, esto fue muy evidente en la época de la reforma donde los reformadores creían en la Biblia como el mensaje escrito de parte de Dios. Era confiable, sin duda alguna, se la estudiaba, se le tenía en cuenta. Se la tomaba como la autoridad definitiva con relación a tales temas sobre los que habla o hace afirmaciones. Dios no había revelado todo. La Biblia no contenía expresamente toda la verdad que podía conocerse. Pero lo que enseñaba se creía que era totalmente confiable. La verdad en cualquier otra rama no contradecía la verdad bíblica. A partir de la Biblia se podía encontrar el verdadero conocimiento de la realidad[1].

De esta manera el creyente puede confiar en la Palabra de Dios para acudir a ella en el momento de la angustia, sufrimiento o corrección y ella tendrá una respuesta adecuada para cada situación. Porque las verdades que Dios ha declarado en ella no han cambiado ni las promesas y caminos de Dios dejarán de ser.

3. Confianza en las inmutables promesas de Dios. La Biblia es un libro lleno de promesas. Desde el huerto del Edén, donde Dios prometió a Adán y Eva la muerte si comían del fruto prohibido (Gén. 2:17) o la promesa del envío de Aquel que pisaría la cabeza de la serpiente (Gén. 3:15), pasando por todas las promesas de los pactos hasta llegar a Cristo y su promesa de retornar a buscar a Su Iglesia. Las promesas se basan en la confianza, por eso tienen la misma certeza que nos transmite la persona que las hace. Si la persona que promete algo es de poca confianza esa promesa no tendrá ningún valor. En cambio, cuando es un Dios inmutable el que da la promesa, esta es segura (2 Cor. 1:2). Por eso el creyente puede vivir confiado en las promesas de Dios porque una vez enunciadas por Él son inmutables y no pueden ser cambiadas por Dios ni anuladas por sus enemigos.

Las implicaciones de la inmutabilidad de Dios para la Iglesia.

Hemos meditado en las implicaciones individuales de la inmutabilidad de Dios en los creyentes. Ahora vamos a poner el foco en el colectivo y reflexionar sobre las implicaciones para la el cuerpo de Cristo.

1. Somos columna y sostén de una verdad inmutable. El Apóstol Pablo describe de esta manera cual es la función de la iglesia en su carta a Timoteo (1 Tim. 3:15). Esta es una manera de definir que la tarea de la Iglesia es poner en alto la Palabra de Dios y proclamarla de una manera fiel. La idea de poner en alto es que pueda ser contemplada por todos y a la vez sirva de luz a todos (Mat. 5:15). Una iglesia debe procurar que sea conocida como un lugar donde se proclama la Palabra de Dios. La iglesia es la asamblea donde se predica fielmente el evangelio, se observan correctamente los sacramentos y se lleva a cabo una disciplina fiel[2]

Al conocer que Dios es inmutable por lo tanto Su Verdad es inmutable este mandamiento cobra aún más relevancia porque la iglesia es llamada a tener en alto la única verdad inmutable la Verdad de Dios. Por eso es esencial que la iglesia tenga como prioridad la predicación. Como ha dicho Martyn Lloyd-Jones “[La predicación] Esta es la tarea principal de la Iglesia, la tarea principal de los líderes de la Iglesia, los cuales están en esa posición de autoridad; y no debemos permitir que ninguna cosa nos desvíe de esto por muy buena que sea la causa y por muy grande la necesidad”[3].

2. Somos el cuerpo inmutable de Cristo. La doctrina profusa de la Iglesia como cuerpo de Cristo es una metáfora que hace evidente la naturaleza de la Iglesia, no como organización sino como organismo vivo compuesto de muchas partes relacionadas entre sí y que dependen unas de otras. Cristo es la Cabeza de este cuerpo (Sal. 118:22; Efe. 1:22; 5:23; 1 Cor. 11:3; Col. 1:18) y el Espíritu Santo es su tejido sanguíneo y vital[4]. Esta obra divina es inmutable por naturaleza y por tanto eterna y perfecta esto implica la consideración que la iglesia tiene que tener de sí misma. No somos un club de socios, ni una ONG, ni una organización empresarial, ni una religión somos un cuerpo formado por muchos miembros los cuales Dios ha capacitado con dones para el crecimiento de los mismos (1 Cor. 12:12-27). La Iglesia debe huir de buscar otros sistemas de organización que la describan y centrarse en ser el cuerpo de Cristo donde Él es la cabeza y por tanto el Señor de ella. Esto implica también que la Iglesia debe también huir de rendirse ante otros señores que quieran enseñorearse de ella.

3. No nos adaptamos a un mundo mutable. El pueblo de Dios vive en el mundo en una época concreta y siempre tiende a mimetizarse con el mundo en que le toca existir. Es normal y no está mal que la Iglesia se adapte a ciertos detalles culturales como el idioma, la forma de vestir o la tecnología. En cambio, al ser nuestro Dios un Dios inmutable, el pueblo de Dios no necesita del mundo para llevar a cabo su labor, sino que tiene que hacerlo en dependencia del Espíritu Santo (Rom.12:2)

En muchas ocasiones tendremos la tentación de que la iglesia tiene adaptarse a la moral de la sociedad en la que vivimos para hacerse más cercano a las personas, pero debido a que nuestro Dios es inmutable no nos debemos dejar arrastrar por un mundo donde la ética y la moral son mutables, lo que ayer estaba mal hoy está bien y mañana no lo sabemos (Prv. 17:13; Isa. 5:20).

Conclusion.

La inmutabilidad de Dios es un atributo exclusivo de Él que no comparte con nadie más. Es la capacidad de ser siempre el mismo en su persona y esencia. Esto hace de Dios un Ser perfecto y confiable.     Este atributo de Dios trae confianza a su pueblo y le permite vivir a la sombra de Dios sabiendo que Él es un Dios sabiendo que Él es un Dios que no falla y que sus promesas se cumplirán siempre.

Una posible contra argumentación acerca de la inmutabilidad de Dios sería decir que ella no tiene ninguna aplicación o influencia en la vida del pueblo de Dios. Debido a que es un atributo incomunicable, que sólo le pertenece a Dios y no a su creación, el ser humano no la puede llegar a comprender ni a usar. En respuesta a esta afirmación podemos decir que al ser Dios el Soberano de toda lo que existe y gobernador de todo lo creado su inmutabilidad es de gran importancia para todas Sus criaturas. Un Dios mutable, abandonado a los designios de unas emociones cambiantes, haría que Su Palabra no tuvieses valor ninguno porque podría ser que ahora pensase de manera distinta. La existencia de un Dios inmutable hace que Su pueblo sea el pueblo que busca, cree, proclama y descansa en la Verdad inmutable de Dios.


[1] L. Russ Bush y Tom J. Nettles, Baptists and the Bible (Chicago: Moody, 1980), p. 175

[2] Themelios 40, no. 1 (2015). Pág. 20.

[3] Martyn Lloyd-Jones, La Predicación Y Los Predicadores, 2nd ed. (Moral de Calatrava. Ciudad Real. España.: Ed. Peregrino., 2003). Pág. 26.

[4] MacArthur John, Comentario MacArthur del Nuevo Testamento. Gálatas, Efesios. (Grand Rapids, Michigan: Portavoz, 2010), Pág. 13.

¿Cuál es el origen del mal?

¿Cuál es el origen del mal?

El mal tiene su origen en Satanás.

La existencia del pecado es un hecho innegable. Ningún hombre puede examinar su propia naturaleza u observar la conducta de sus semejantes, sin que se le imponga la convicción de que existe un mal como el pecado. Pero además la Biblia afirma que Dios es omnisciente y creador de todas las cosas. Entonces podemos plantearnos ¿Es Dios culpable del mal? Ya sea por acción, creando el mal, o por omisión, no impidiendo su existencia, se puede intentar argumentar que Dios es culpable en algún grado de la maldad. Esta disyuntiva ha provocado que el problema del origen del mal siempre haya sido tema de debate en el cristianismo

La Biblia afirma, rotundamente, que Dios no tiene nada que ver con el mal. Dios es Santo o sea que no tiene relación ninguna con el pecado. La santidad de Dios no solo le lleva a no vincularse con el pecado sino también a castigarlo porque Dios aborrece la maldad, y si no la ha eliminado aún es por Su paciencia y por Su amor a Sus escogidos (Rom. 3:25). Pero en su momentos Dios juzgará todos la maldad (Hch. 17:31) y en la nueva creación ya no existirá (Mat. 6:19-20).

En cambio la Biblia sí enseña de donde viene la maldad, señalando a Satanás como su originador y también que todo aquel que se involucra en el pecado se involucra con Satanás (1 Jn. 3:8). Satanás fue el primer actor del pecado y el primer tentador. El pecado es el primogénito del diablo[1]. Estas evidencias nos muestran que:

1. Satanás es el Padre de la mentira, la maldad y el homicidio (Gén. 3:4-5; Jn. 8:44). Es señalado como alguien mentiroso por naturaleza, por lo que, todo lo que hace está empapado de esta mentira que forma parte de su ser.

2. Es el tentador y exhorta al ser humano a la rebeldía contra Dios (Efe. 6:11; Apo. 12:9). La obra del Diablo es atacar a Dios y contaminar con su maldad al mundo para que su mente entenebrecida se mantenga alejado de Dios.

3. Es el enemigo de los creyentes (Jn. 17:15; 1 Jn. 2:13-14; 1 Pd. 5:8). En su rebeldía contra Dios ataca también al pueblo de Dios. Este ataque se produce desde dos frentes, por un lado a través de la tentación para hacer pecar a los creyente, por otro incita al mundo a atacar a la Iglesia (Jn. 15:18-19).

4. Satanás busca ser adorado como Dios (Lc. 4:7). Es su deseo recibir la adoración que sólo es debido a Dios (Lc. 4:8) por eso vemos que el pecado es una motivación interna de Satanás, viene de su corazón, porque busca el deseo de algo que se le está prohibido, la gloria de Dios.

En conclusión, la Biblia nos demuestra que la maldad tiene su origen en Satanás, quien es la fuente de toda mentira y engaño. El Diablo trabaja para engañar a la humanidad y mantenerla rebelde contra Dios. Quizás algunos puedan contra argumentar que un Dios omnisciente y todopoderoso tiene algún grado de culpa en la maldad, pero Biblia explica claramente que Dios aborrece el pecado y pone bajo su ira a todos aquellos que la practican. Afirmando también que llegará un día en que Dios destruirá toda la maldad para después hacer una nueva creación donde vivir con Su pueblo por toda la eternidad donde ya no existirá la influencia de Satanás y por tanto la maldad.


[1] Thomas Watson, A body of divinity (Londres: The banner of truth trust, 1965), pág. 132-133.

¿Ama Dios a todos los seres humanos?

¿Ama Dios a todos los seres humanos?

Sí, Dios ama a todos los hombres pero ama de una manera especial a Su pueblo.

Cuando decimos que Dios es amor afirmamos que es parte de Su naturaleza darse a sí mismo con el propósito de traer bendición, beneficio o bien a otros[1]. El amor es uno de los atributos de Dios, éste forma parte de Su esencia y por lo tanto no es dependiente de nada externo para su existencia. Dado que Dios es absolutamente bueno en sí mismo, su amor no puede encontrar satisfacción completa en ningún objeto que no alcance la perfección absoluta. Ama a sus criaturas racionales por sí mismo o, dicho de otro modo, ama en ellas a sí mismo, a sus virtudes, a su obra y a sus dones[2].

El amor de Dios nace de Su voluntad y decisión de amar no de los méritos del objeto amado. Esto es importante porque nos ayuda a entender que Dios aborrece todo pensamiento pecaminoso y todo acto de pecado, pero ama a los pecadores que conciben y realizan esas obras sin deseo ni esperanza de ser liberados (Rom. 5:8; 1 Jn. 4:10). Incluso cuando los hombres expresan que aborrecen a Dios y no tiene el más mínimo deseo de abandonar su pecado, siguen siendo objetos del amor redentor de Dios[3].

Este amor de Dios se muestra dos maneras a la raza humana.

1. Un amor general a todos. Dios ama a Su creación y sobre todo al ser humano. Este amor de Dios se demuestra a través de obras de bondad a favor de toda la raza humana (1 S. 2:6; Sal. 145:9; Mat. 5:45). Los creyentes somos llamados a imitarlo cuando se nos ordena amar a nuestros enemigos (Mat. 5:44) a los cuales debemos mostrar amor a través de las obras, siendo así imitadores de Él (Lc. 6:27-36).

2. Un amor especial por Su pueblo: Aparte del amor general de Dios, los creyentes disfrutamos del amor de Dios por sus escogidos. Este amor especial tiene su mayor ejemplo en Cristo (Rom. 5:8). La Biblia usa dos ilustraciones para mostrar el amor especial de Dios por su pueblo, por un lado el amor de un esposo por su esposa (Os. 3:1; Ef. 5:23-24) y por otro el del Padre a un Hijo (1 Jn. 3:1). Los creyentes somos llamados a imitarlo amando a la Iglesia (1 Jn. 4:7) como miembros de un mismo cuerpo.

Una contra argumentación podría decir que en la Palabra, Dios, está siempre airado contra el impío (Sal. 7:11), que su alma aborrece al malo (Sal. 11:5) o que Dios pagará con ira y enojo a los desobedientes (Ro. 2:6-8). Estos textos parecen afirmar que Dios no ama a los incrédulos. Ante esto podemos decir que el amor de Dios no es un atributo aislado que actúa en separación del resto de sus atributos. No podemos separar el amor de Dios de su santidad, su justicia o su ira. Cuando Dios se relaciona con cualquiera de sus criaturas siempre lo hace siendo perfectamente Santo, perfectamente Justo, perfectamente bondadoso y perfectamente amoroso. Entonces sus relaciones con los impíos tienen que ser en un amor perfecto, aun cuando está castigando su rebeldía.

En conclusión Dios ama a todo el mundo de manera general mostrando su amor en actos de bondad que son pruebas de su amor por todos. Pero Dios no ama a todas las personas por igual sino que Su Pueblo es amado de una manera especial y cariñosa por su Padre celestial.


[1] Wayne Grudem, Teología sistemática (Miami, Florida, Michigan: Vida, 2007), pág 205.

[2] Louis Berkhof, The doctrine of god (West Linn, OR: Monergism, s. f.), pág. 77.

[3] John MacArthur, Comentario MacArthur del Nuevo Testamento: Romanos 1-8 (Grand Rapids, Michigan: Portavoz, 2010), pág 327

¿Por qué es la doctrina de la Trinidad un fundamento de la fe cristiana?

¿Por qué es la doctrina de la Trinidad un fundamento de la fe cristiana?

Esta doctrina es fundamental porque es necesario conocer correctamente a Dios y a sus personas para una correcta articulación del resto de la doctrina cristiana.

La doctrina de la Trinidad siempre ha sido importante para la Iglesia. Desde que se sentaron las bases de la doctrina en el concilio de Nicea (325 d.C) nunca han faltado voces que se levantaran en contra de ella. A pesar de esto, en cada generación, la Iglesia ha defendido con valentía la existencia de Dios en tres personas y una misma esencia.

Una confusión en la doctrina de la Trinidad puede llevar a conclusiones erróneas que hagan que la Iglesia malinterprete, por ejemplo, el ordo salutis y por tanto proclame un evangelio erróneo. Confundir a las personas o negar la divinidad de alguna de ellas lleva a adulterar a Cristo y por lo tanto anular el único camino a Dios (Jn. 14:6).

Hay ejemplos en la historia de cómo este error ha provocado herejías dañinas.

1. Marcionismo: defendía que en la Biblia había dos dioses distintos, uno en el Antiguo Testamento, Dios Padre, celoso, vengativo y lleno de mandamientos y otro en el nuevo testamento, Jesús, cuya premisa suprema es el amor. Esta herejía negaba la Trinidad porque argumenta que Dios Padre e Hijo no compartían una misma esencia.

2. Modalismo: enseñaba que sólo había un Dios que se manifestaba en distintas personas o modos dependiendo de la época. Como Padre en el antiguo testamento, como Jesús en el los evangelios y como Espíritu Santo en la actualidad. Pero cuando era una de estas personas o modos no era las otras dos. Esta herejía negaba la Trinidad porque no reconocía la independencia de las tres personas.

3. Adopcionismo: afirmaba que Jesús habría sido solo hombre durante gran parte de su vida, y que en un momento determinado (en la ascensión, crucifixión o bautismo) fue elegido por Dios para ser su hijo. Esta herejía niega que la preexistencia de Cristo y por tanto su existencia desde la eternidad.

4. Arrianismo: Arrio enseñaba que Jesús era divino, la primera criatura del padre y preexistente a toda otra creación, pero no eterno como Dios. Esta herejía niega la Trinidad porque no establece una relación de igualdad entre el Padre y el Hijo sino que hace del Hijo la primera y principal de las criaturas, pero una criatura al fin de al cabo.

Estos ejemplos demuestran que no acertar en una definición de la doctrina trinitaria provoca que afirmemos un evangelio falso y por tanto ineficaz para salvar.

En contraposición podríamos decir que la Biblia no habla de la Trinidad, ni siquiera usa esta palabra. Siendo una mala interpretación de la Iglesia. Esta imposición de la doctrina trinitaria ha llevado a adulterar las Escrituras para que incorporaran textos que defiendan la Trinidad. Textos que la crítica textual ha demostrado hoy en día que son espurios como 1 Jn. 5:7. En respuesta podemos argumentar que una palabra no aparezca en la Biblia no la incapacita para describir una doctrina, hay otros ejemplos como encarnación o soberanía. Trinidad es una palabra usada desde el s. II para describir la unidad que hay entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Además esta doctrina no fue simplemente introducida sino que fue necesario dos concilios (Nicea y Constantinopla) y cuatrocientos años de historia del cristianismo para poder llegar a un consenso entre los cristianos de la primera Iglesia.

Al consenso se llegó a través de la articulación del siguiente credo, el llamado Credo de Nicea-Constantinopla.

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros, los hombres,
y por nuestra salvación bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo, con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia,
que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

En conclusión, la doctrina de la Trinidad es un fundamento de la fe cristiana porque es la base sobre la que se basan el resto de doctrinas cristianas, sobre todo la salvación de los pecadores donde toda la Trinidad trabaja para que sea efectiva.

¿Habla Dios hoy?

¿Habla Dios hoy?

Sí, Dios habla hoy a través del Espíritu Santo, pero no añade nueva revelación a la ya dada en la Escritura.

Dios es eterno, vivo e inmutable (Jr. 10:10; Nm. 23:19) esto implica que su revelación comparte estas mismas características. Los testimonios de Dios, tanto el natural como el especial, siguen siendo manifestaciones de lo que Dios quiere decir y medios a través de los cuales Dios ha hablado y continúa haciéndolo hoy (Sal. 19).

En primer lugar, Dios habla hoy a través de la creación natural, ya que sigue mostrando Su eterno poder y divinidad (Rom. 1:20) a través de ella. Todas las generaciones desde la creación del mundo hasta el día en que el mundo sea destruido (Apo. 21:1) tendrán un testimonio inexcusable sobre la existencia de Dios.

En segundo lugar, Dios habla hoy a través de la Escritura. La Biblia sigue siendo guía para el pueblo de Dios. Cuando el Espíritu Santo movió (2 Pd. 1:21) a los autores a escribir no sólo lo hizo para la audiencia original sino también para el resto del pueblo de Dios de toda la historia. De tal manera que Dios habla a generaciones futuras con las mismas palabras con que habló a las pasadas. Tenemos ejemplos en la propia Escritura como los de rey Josías (2 R. 22:3-10) y Esdras (Neh. 8) donde Dios llama al pueblo a arrepentimiento a través de la revelación ya escrita. Dios nos sigue hablando a través de la Escritura a cada generación por eso el mandato de Dios en su palabra es que esta sea predicada a los creyentes (2 Tim. 4:29), enseñada a los niños (Dt. 6:7; Prv. 22:6) y que la iglesia la proclame en medio de la sociedad (1 Tim. 3:15).

En tercer lugar, Dios habla hoy a través del Espíritu Santo. Jesús anunció que el Espíritu Santo vendría con dos funciones hacia los seres humanos, al mundo lo convencería de pecado (Jn. 16:8) y a los creyentes los guiaría a toda la verdad (Jn. 16:13). Esta revelación del Espíritu Santo lo hace siempre dentro del marco de la Escritura ya que convence de pecado a través de la predicación del Evangelio bíblico (Rom. 10:14-15) y guía los creyentes con las mismas palabras que el Padre le ha dicho a Jesús sin decir nada de su propia cuenta (Jn. 16:13-14).

Aunque decimos que Dios habla hoy también tenemos que puntualizar que Dios no añade nueva revelación a la ya dada en el canon de las Escrituras. Ya los propios Apóstoles afirmaban que si otra persona, por mucha autoridad que tuviera, añadía o cambiaba la versión del evangelio debía ser anatema (Gál. 1:8-11). Además la propia Escritura se define con ya suficiente para lograr su objetivo hacer el hombre perfecto y equipado para toda buena obra (2 Tim. 3:16-17). Por lo cual no es necesario añadir nada más para completar o hacer más efectiva su Palabra.

Una posible contra argumentación podría afirmar que hay muchas personas hoy en día que afirman tener nuevas palabras del Dios de la Biblia y nadie debería negarlo ya que Dios se revela a quién Él quiere. Ante esto podemos decir que, aunque Dios es soberano, Él siempre se ha revelado a través de sus profetas y Apóstoles (Efe. 2:20). Siendo este el criterio de la Iglesia primitiva para elaborar el canon. Hoy en día ni el ministerio profético ni apostólico continúan por lo cual no hay nueva revelación.

En conclusión tenemos que decir que Dios sigue hablando hoy al ser humano a través Su revelación natural y especial. De esta manera Dios se comunica con la humanidad para señalarle su pecado, llamarlos al arrepentimiento y edificar a los creyentes para una vida que le agrade a Él. Todo esto es siempre para Su Gloria.

¿Toda verdad es verdad de Dios?

¿Toda verdad es verdad de Dios?

No, no toda verdad es verdad de Dios pero sí toda la verdad de Dios es la verdad suprema y absoluta.

Dios es el único Dios verdadero (Jn. 17:3) eso quiere decir, en primer lugar, que no hay ninguna autoridad superior que Él y, en segundo lugar, que Dios es consecuente en sí mismo. Él es verdadero, está en armonía con lo que Él representa[1], mostrándose como verdaderamente es.

La consecuencia de que Dios sea veraz es que Él no puede hacer nada inconsecuente con su persona y por lo tanto su revelación tiene que ser verdadera. Sus palabras son verdad, no hay mentira en ellas (Tit. 1:2) y no contienen error (1 Jn 2:21). Sus promesas son inquebrantables (2 Cor. 1:20) y siempre se cumplen (Nm. 23:19). Así que podemos decir que la Palabra de Dios tiene los mismo atributos que Dios, es decir, es verdadera, infalible y autoritaria. Esta verdad de Dios no sólo es teórica sino que es práctica para la vida del hombre. El creyente que es obediente a esta verdad revelada por Dios se le señala como alguien que camina en la verdad (1 Jn. 1:6) llegando a usar la descripción “pertenecer a la verdad” como sinónimo de ser hijo de Dios (1 Jn. 3:19).

Por lo cual podemos decir que toda verdad revelada en la Palabra por Dios es la verdad suprema. Ahora bien, la Biblia no es un libro que contenga todos los temas de la realidad humana sino solo aquellos sobre los que Dios ha querido hablar. Aunque Dios se ha revelado de manera verdadera hay otras afirmaciones, que no estando dentro de la revelación de Dios, exigen ser verdades. Son ideas, aseveraciones y declaraciones que afirman ser indiscutibles en su campo. Cuando estas afirmaciones no contradicen la Palabra de Dios podemos aceptarlas de manera natural, por ejemplo, los descubrimientos científicos en materia de salud. ¿Pero qué hacer con todas las otras afirmaciones contrarias a la Palabra de Dios que exigen ser tenidas cómo verdad? ¿Podemos decir que toda verdad es verdad de Dios? Para poder responder a esta pregunta debemos entender el ser humano está totalmente corrompido por su naturaleza caída (Rom. 1:18-23) y por lo tanto no está capacitado para llegar a alcanzar la verdad de Dios sino que en su pecado la transgiversa convirtiéndola en mentira (Rom. 1:25). Cuando una afirmación humana dice ser verdad y a la vez contradice la Escritura debemos considerarla un fruto de la corrupción humana y por lo tanto mentira.

En contra de esta afirmación alguien podría decir que la verdad es externa, basada en las pruebas y razonamientos, no interna basada en las opiniones. Ante esto podemos argumentar que Dios no es un ser humano para le apliquemos los mismos criterios que a nosotros. Él es Verdad, y esta forma parte de su esencia por lo cual nada de lo que haga o diga puede ser contrario a la verdad y Él es la fuente suprema de la más pura verdad.

En conclusión, podemos decir que no todas las verdades que escuchamos son verdades de Dios. Cuando oímos ciertas cosas, incluso, de los llamados expertos, tenemos que entender que vivimos en un mundo caído y rebelde a Dios y su revelación. Además Dios, en su misericordia, nos ha dado la palabra más segura, la cual hacemos bien en usar como una antorcha que nos alumbra en un mundo de oscuridad (2 Pd. 1:19-21) y que nos permite discernir entre el espíritu de verdad y el de mentira (1 Jn. 4:6).


[1] Charles C. Ryrie, Teología básica (Miami, EEUU: Unilit, 1993), Pág. 50.

Capítulo| 1 PACTO DE OBRAS


Presbiteriano Confesional

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Escrito por: Alejandro G. Viveros

El Pacto de Obras fue un acuerdo concertado entre Dios y Adán como representante de toda la raza humana en el cual Adán fue puesto en un lapso de prueba prometiéndosele a él y a toda su descendencia la vida eterna bajo la condición de una obediencia personal y perfecta, y con la advertencia de la muerte eterna como sanción por la violación del pacto.

I. Base bíblica

Así que, del Pacto de Obras aprendemos que Dios hizo un pacto con Adán antes de la caída del ser humano en pecado. Usted que ha leído los primeros dos capítulos de Génesis tal vez se preguntará ¿Cuándo sucedió esto? ¿Cuándo fue que Dios realizó este pacto con Adán? Debemos aceptar que la Biblia no menciona explícitamente la palabra «pacto» ni en el relato de la creación ni tampoco en los pocos versículos en los que se…

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«viviendo tiempos difíciles…»


La casa del Padre

Tiempos Difíciles

El conocido predicador Warren Wiersbe ha escrito que el desaliento no hace acepción de personas. El santo maduro tanto como el creyente principiante puede sufrir períodos de desaliento. El pastor maduro, de igual manera, puede tener más por qué sentirse desalentado que el pastor joven que apenas está empezando.[1]

Nuestras realidades actuales nos está marcando de por vida. Una pandemia y ahora una guerra entre Rusia y Ucrania está llevando al mundo al borde del colapso. En medio de estas circunstancias es muy fácil perder la esperanza y desanimarnos. Por todos lados vemos desesperanza y frustración así como un creciente miedo en las personas.

¿Dónde buscaremos fuerza para sobreponernos o por lo menos para llevar ésta situación?¿Será posible encontrar el ánimo que tanto necesitamos?

La segunda carta de Pablo a los Corintios es probablemente la menos conocida de todas sus cartas. A veces se la ha llamado…

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