En el último artículo de esta serie hablábamos acerca de las maneras en que Dios se ha manifestado a lo largo de la historia. Terminábamos aquella lista con la Biblia. La cual sirve como la más inclusiva de todas las avenidas de revelación especial, porque ella contiene de forma permanente muchos de los aspectos de las otras avenidas. Ha habido otras manifestaciones que no aparecen en la Biblia (Jn. 21:25) pero lo que Dios ha preservado hasta nuestros tiempos es lo que Dios quiere que sepamos.

Concluimos entonces sabiendo que la Biblia es la Palabra de Dios. Pero esta afirmación, repetida hasta ser convertida en un cliché para muchos, esconde una realidad más grande de lo que la mayoría de los cristianos puede pensar. Lo que opine de la Biblia determinará lo que voy a pensar de toda la realidad que me rodea. Lo que pienso acerca de Dios, acerca de la iglesia y de la sociedad donde Dios me ha puesto. Incluso de lo que pensemos acerca de nosotros mismos.

Llegados a este punto de nuestro estudio vamos a centrarnos en cinco aspectos de la Biblia que determinarán el tipo de acercamiento que vamos a tener a este libro.

LA AUTORIDAD DE LA BIBLIA.

La autoridad de las Escrituras quiere decir que todas las palabras de la Biblia son palabras de Dios de tal manera que no creer o desobedecer alguna palabra de las Escrituras es no creer o desobedecer a Dios. (Wayne Grudem. (2008). Teología sistemática. Miami, EEUU: Ed. Vida.)

En el A.T. esto se ve frecuentemente ya que los profetas solían iniciar sus profecías con la siguiente frase “Así dice el Señor…”. En el mundo antiguo los edictos de los reyes se leían bajo el epígrafe “Así dice el rey” como señal de la autoridad que tenían esas palabras. Los profetas afirmaban que las palabras que iban a referir tenían su autoridad en Dios mismo y por lo tanto requerían obediencia. Cuando lo que decía el profeta no se cumplía habiendo dicho “Así dice el Señor… ” había que apedrear al profeta ya que se demostraba que era un falso profeta (Nm. 22:38; Dt. 18:18-20).

En el N.T. tenemos también referencias a que todas las palabras de la Biblia son palabra de Dios. 2 Ti. 3:16Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar…” Escritura se refiere a las palabras del A.T. porque el N.T. se estaban escribiendo. Pablo afirma aquí que todos los escritos del A.T. son teopneustósinspirados por Dios”. Este pequeño texto expresa se consideran los escritos del A.T. como palabras de Dios en forma escrita.

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Estudiamos la Biblia porque tenemos la convicción de que es la Palabra de Dios. Un privilegio para el pueblo tener las palabras de su rey para obedecer y poner en práctica y la responsabilidad de saber que rendiremos cuenta ante Él por lo que hagamos con ella.

En cuanto a las referencias directas del N.T. tenemos 2 Pd 3:15-16 donde Pedro se refiere a las palabras del Apóstol Pablo comparándolas con las palabras del A.T. En forma similar vemos que Pablo o Santiago citan a Jesús en el sermón del monte y en otras conocidas palabras de Jesús.

Por consiguiente ya que son palabras de Dios estas palabras se convierten en algo más importante que cualquier otro libro o palabra que podamos conocer. Podemos ser reprendidos por no creer las palabras de la Escritura igual que lo fueron los discípulos (Lc. 24:25). Debemos obedecer las enseñanzas de los discípulos (Jn. 15:20) y que el N.T. nos recuerda que Jesús da mandamientos a través de sus discípulos (2 Pd 3:2). Desobedecer lo que el Apóstol Pablo dice es acarrearse disciplina eclesial (2 Ts. 3:14). En contraste Dios se deleita en quien tiembla ante su palabra (Is. 66:2).

Los grandes predicadores de la historia han sido hombres que han reconocido que no tienen autoridad en sí mismos y han visto su tarea como la de explicar las palabras de la Biblia y aplicarlas claramente en la vida de sus oyentes. El poder de su predicación no radica en su experiencia personal o en la experiencia de otros, ni tampoco en la exposición de ideas creativas o habilidad retórica sino en las poderosas palabras de Dios. Esencialmente se pararon en el púlpito, señalaron el texto bíblico, y en efecto dijeron a la congregación “Esto es lo que significa este versículo ¿Ven ustedes también ese significado ahí? Entonces deben creerlo y obedecerlo de todo corazón por su Creador y Señor se lo está diciendo hoy mismo”.

Conclusión.

Sabemos que podemos conocer a Dios porque Él se da a conocer. Lo ha hecho a lo largo de la historia de múltiples maneras y ahora tenemos la Biblia donde nos aparece reflejado aquello que Dios quiere que sepamos y obedezcamos.

La Biblia no es una novela, sino un libro con autoridad. Esta no radica en su antigüedad ni en las personas que la apoyan sino en el Dios que ha inspirado esas palabras. Si creemos que la Biblia es la palabra de Dios debemos obedecerla como tal. No como una serie de recomendaciones a seguir sino como la autoridad última en nuestra vida.

Esta una de las razones porque estudiamos la Biblia porque tenemos la convicción de que es la Palabra de Dios. Un privilegio para el pueblo tener las palabras de su rey para obedecer y poner en práctica y la responsabilidad de saber que rendiremos cuenta ante Él por lo que hagamos con ella.

Un comentario en “¿Por qué la Biblia? III. La autoridad

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