La fe como motor del milagro.


 

Texto: Mr. 6:1-6

¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos? “ Mr. 6:2.
      Los detractores de Jesús podían asegurar que era un mentiroso y blasfemo, pero cuando este abría la boca y empezaba a hablar el sentimiento general que levantaba era por un lado admiración por la profundidad y veracidad de su mensaje, y por otro extrañeza de que un tipo que fue carpintero toda su vida fuera capaz de tener una sabiduría y control de las Escrituras al nivel del mejor de los fariseos.  
Mt. 7:28 “Cuando Jesús terminó estas palabras, las multitudes se admiraban de su enseñanza; porque les enseñaba como uno que tiene autoridad, y no como sus escribas”Jn. 7:14 “Mas a la mitad de la fiesta subió Jesús al templo, y enseñaba. Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado?”.
      El capítulo sexto de Marcos nos narra que Jesús fue a la tierra de Nazaret, en la que se crió. Por Lc. 4.16-19, pasaje paralelo a este de Marcos, podemos saber que a Jesús fue a la sinagoga y le fue entregado un texto del profeta Isaías, 61:1-2. Este pasaje también nos amplía la historia diciendo que después de escucharlo quisieron despeñar a Jesús.
      ¿Pero que les llevó a los propios conciudadanos de Jesús a rechazarlo de una manera tan dura? Es complicado de explicar, pero quizás la familiaridad creo desconfianza. En el v.3 nombran uno por uno a los hermanos de Jesús dando a entender que tenían relación directa con ellos. Pero sabemos que propios hermanos de Jesús no creían mucho en él Jn. 7:5. Por lo que nos dice el texto los nazarenos estaban al corriente de lo que pasaba en Capernaúm. Sabían de los milagros de Jesús.
      Ante esta piedra que representaba un Jesús, que afirmaba ser hijo de Dios, el Mesías esperado, pero que no le creían ni los de su propia familia, el pueblo de Nazaret tropezó. Esta familiaridad llevó a la falta de fe en Jesús y esta falta de fe fue la que causo el rechazo, a pesar de declarar que los milagros de Jesús eran ciertos y su enseñanza mejor que la de los fariseos. Debido a esta falta de fe se nos dice que Jesús no pudo hacer casi ningún milagro allí (v.5). Entonces ¿Es tan importante la fe que impide que el mismo Hijo de Dios pueda hacer milagros?
      Jesús tenía poder para hacer milagros pero no los hizo, porque ellos lo rechazaron. No tuvieron la fe suficiente. Los milagros estaban destinados para aquellos que estaban dispuestos a creer en él. Un ejemplo de ello lo tenemos en el capítulo anterior en la mujer enferma del flujo de sangre Mr. 5:28 “Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva.” o en Jairo Mr. 5:23 “Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá.” Vemos como la fe es necesaria para que exista un cambio. Esta es una fe salvadora, no una mera fe de conocimiento, no se trata sólo de creer o conocer.  Stg. 2:19 nos habla bien de esta diferencia, no se trata de saber, puesto que los nazarenos sabían que Jesús era un buen maestro, también sabían que sus milagros eran verdaderos. El mero hecho de creer algo es cierto en la Biblia no nos convierte en creyentes y salvos. Un ejemplo claro es el del rey Agripa Hch. 26:27, Este rey creía en los profetas, pero como él mismos dice “por poco me persuades a ser cristiano”, creer en los profetas no le llega para ser cristiano.
      Aunque en el A.T. el término fe sólo aparece unas tres veces tenemos un ejemplo muy bueno de esta y de las terribles consecuencias de su falta. Nm. 13 donde se nos narra la historia de los 12 espías que Moisés envía a inspeccionar la tierra de Canaan, hay 2 espías que dicen “vamos a conquistar la tierra” y hay 10 que dicen “no podemos conquistarla”. El pueblo tampoco tuvo fe y no quiso ir a la empresa que Dios les había ordenado. La fe verdadera descansa en la confianza en las palabras y promesas de Dios. Es una confianza que mira la realidad y sabe de su dificultad pero confía en el poder sobrenatural de Dios. Caleb y Josué vieron a las mismas naciones que sus compañeros, vieron las misma ciudades amuralladas, los mismo hijos de Anac que parecían como gigantes, pero pusieron su mirada en Dios y en sus palabras Ex. 6:2-4 “También con ellos confirmé mi pacto de darles la tierra de Canaan”. Y esa es la verdadera fe, una fe necesaria para el milagro. La misma fe que tenía Jairo en que Jesús podía resucitar a su hija, la misma que tenía la mujer con el flujo de sangre en que si tocaba el manto de Jesús sería sana. Esta fe fue la que provocó el milagro.
Esta fe en Cristo fue la que le faltó a los Nazarenos hasta tal punto que Jesús “estaba asombrado por la incredulidad de ellos” v.6.
      Que nuestra fe sea una fe que descansa en la promesas de Dios y no sólo en un conocimiento académico de sus palabras.
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