Cuando el tiempo libre no es una opción (o como hacer nuestra vida extraordinaria).


Aprovechad el momento y haced que vuestra vida sea extraordinaria.

Llegamos al final de esta serie de ocho artículos sobre el joven cristiano y el trabajo, donde empezamos recordando el papel del trabajo en la vida de un hijo de Dios seguimos viendo la importancia de la toma de buenas decisiones en la época de la adolescencia para continuar con la situación actual de inestabilidad, precariedad y desempleo que se han convertido en una maldita terna que ahoga la vida de miles de jóvenes en nuestra sociedad, pero también en nuestras iglesias.

En la archiconocida historia del Señor de los Anillos, hay un personaje obsesionado con un objeto. Una obsesión enfermiza que le consume, por una parte odia este objeto, pero por otro lo desea con todas sus fuerzas, hasta el punto de arriesgar en múltiples ocasiones su vida. Este personaje es Gollum y su obsesión es un anillo de oro.

De la misma forma que el ser Gollum, para muchas personas perder el trabajo puede significar perder ese tesoro que le da sentido a su vida. Una de los primeros sentimientos que vienen al corazón de la persona que está en paro es el de sentirse fracasado e inútil, porque sienten que han perdido su función en el mundo.

Una desmesurada importancia del trabajo nos puede hacer caer en la idea de que nuestra propia realidad desaparece cuando nos dan la carta del despido. Nos faltan los objetivos, metas y retos que el día a día de un trabajo plantea. Por eso es tan importante plantear la “obligación” de estar en paro como un momento para ponernos nuestras propias metas y nuestros propios retos.

La depresión propia del despido nos puede llevar a sentirnos tan inútiles que nos paralicemos, muchos jóvenes que no tienen trabajo se convierten en lo que se denomina socialmente los ninis obligatorios, los que no estudian, porque ya acabaron su formación o no tienen medios para ello, ni trabajan porque no encuentran un trabajo, o han perdido el que tenían.

Hay normas laborales en la Biblia, sobre las relaciones jefe-empleados, sobre la integridad en el puesto de trabajo, ¿pero qué dice la Biblia acerca del paro, acerca del tiempo sin trabajar? En realidad la problemática de la falta de trabajo es una de los mayores lastres de la época moderna, la Biblia no refleja el tema, pero si nos da una serie de principios que nos son útiles a la hora de plantearnos que hacer en esta época de nuestra vida en la cual no tenemos acceso a un puesto de trabajo:

1. Aprovecha bien el tiempo: “Así que tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos.” Ef. 5:15-16

En la película El club de los poetas muertos el profesor John Keating (Robin Williams) pone a sus alumnos en frente de una vieja vitrina de trofeos donde hay una serie de fotos de los jóvenes que consiguieron aquellas victorias. Todas fotos de personas ya fallecidas, ante estas fotos el profesor les ordena acercar a sus imberbes caras a los retratos mientras les susurra “Carpe diem. Aprovechad el momento chicos, haced que vuestra vida sea extraordinaria”.

La Biblia no usa esa manida y desvirtuada locución latina, Carpe diem, pero sí nos incita a que seamos inteligentes con el mayor tesoro que tenemos. La gente es capaz de hacer cosas extraordinarias y terribles por cosas como el poder, dinero, éxito, pero hay algo que por mucho que nos esforcemos nunca podremos ganar, el tiempo.

Todos nacemos con un tiempo contado, podemos ponernos en las mejores manos que nuestro dinero pueda pagar, pero la realidad es que hay ricos que mueren a los 40, como el actor de Hollywood Paul Walker mientras que otras personas con menos recursos pasan de los 100. Por eso el tiempo se convierte en un tesoro que debemos cuidar y como las mejores fortunas debemos saber invertir.

Aprovechar al máximo cada momento no nos habla sólo de placer, si no de cumplir la voluntad de Dios en todo momento. Estar deseosos de hacerlo, literalmente morirse de ganas de obedecer lo que nuestro Padre ha puesto en nuestro corazón.

2. Establecer un orden de prioridades:“Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.” Mr. 12:30-31.

Cuando tenemos un trabajo y nos vemos volcados en él se puede dar un periodo en el cual se nos inviertan las prioridades en nuestra vida, cosas que no deberían haber subido en nuestra pirámide ocupan los primeros puestos y otras que no debería haber bajado casi ni aparecen. Pueden cambiar las posiciones, pero nunca desaparecen porque el ser humano tiene prioridades, fijaos que no he dicho necesita sino tiene, porque realmente son algo innato en nosotros. Pero por muy innato que sea es importante dedicar tiempo a ordenar ese cuarto patas arriba que en ciertas ocasiones se puede volver nuestras prioridades.

Jesús nos deja claro cuales son las dos principales, y siento desilusionarte, pero en las tuyas no apareces tú, ni yo en las mías. En primer lugar está el que no puede faltar, Dios. Es un tópico lo sé, es muy espiritual decirlo, lo sé. Pero la realidad es que si Dios no tiene el primer lugar en las prioridades da igual el resto, has perdido el rumbo.

La segunda es sorprendente, en mitad de un mundo que busca la realización personal, el autoplacer y la satisfacción propia Jesús llega y dice “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. La segunda prioridad de un cristianos son todos los demás. Nuestra pareja, nuestras familia, nuestra iglesia, nuestros compañeros de trabajo, nuestros vecinos. Por eso debemos dedicarles tiempo y tiempo de calidad, porque ellos son tu segunda prioridad.

3. Glorifica a Dios en todo momento:“En conclusión, ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios.” 1 Cor. 10:31

Uno de los mayores males que ha sufrido la iglesia en estos 21 siglos de existencia ha sido la separación entre lo secular y lo espiritual. Como si en la vida de un hijo de Dios pudiéramos tener un interruptor que nos hiciera cambiar de modo, ahora estoy modo cristiano, ahora no. La realidad es que la Biblia nos anima a que todo lo que hagamos lo hagamos como alabanza, como una ofrenda. Si nos planteamos que todas nuestras actividades son maneras de dar gloria a Dios nuestra perspectiva de ellas cambiará.

Puede que cuando dejamos una rutina de trabajo a la que estábamos acostumbrados nos resulte difícil motivarnos para encontrar otras. Podemos caer en la desgana de hacer tareas que antes no podíamos por los horarios como hacer las tareas domésticas, ir a la compra, o ayudar a familiares.

Pero cuando consideramos esta ayuda como una forma de dar gloria a Dios, nuestra motivación cambia, dejamos de ir al súper porque si no “no salgo de casa en toda la mañana” a ir al supermercado porque así puedo hacer contacto con personas de mi vecindario y poco a poco dar testimonio de mi fe. Dejamos de limpiar la casa porque me toca a limpiar la casa para que nuestra familia esté cómoda y tenga un sitio decente donde vivir. Dejamos de quejarnos por hacer algo y lo hacemos con gusto y gratitud porque es una forma de expresar agradecimiento a un Dios que nos cuida a pesar de nuestra situación sin empleo.

4. Reflexionar acerca de los que nos hace esforzarnos. “Si alguien construye sobre este fundamento, ya sea con oro, plata y piedras preciosas, o con madera, heno y paja, su obra se mostrará tal cual es, pues el día del juicio la dejará al descubierto. El fuego la dará a conocer, y pondrá a prueba la calidad del trabajo de cada uno. Si lo que alguien ha construido permanece, recibirá su recompensa, pero si su obra es consumida por las llamas, él sufrirá pérdida. Será salvo, pero como quien pasa por el fuego.” 1 Co. 3:12-15

El fuego es símbolo de purificación, los sacrificios eran pasados por fuego, en este texto el fuego deja a descubiertos cuales son las buenas obras de los hombres (oro, plata y piedras preciosas) y cuales son banales (madera, heno y paja) estas últimas no pasan la prueba del fuego, mientras las primeras permanecen. Este texto debe hacernos meditar en laimportancia de invertir el tiempo en actividades que valgan la pena.

Bronnie Ware, un enfermera británica nos enseñó en un libro, que ha dado la vuelta al mundo, cuales son las cosas que los seres humanos lamentamos antes de morir y curiosamente, o no tan curiosamente, no existe ningún bien material en ellas. Todas estas lamentaciones son cosas que permanecen:

1. Ojalá hubiera tenido el coraje de vivir una vida fiel a mí mismo.
2. Ojalá no hubiera trabajado tan duro y hubiera estado más tiempo con mi familia.
3. Ojalá hubiera tenido el coraje para expresar mis sentimientos.
4. Me hubiera gustado haber estado en contacto con mis amigos.
5. Me hubiese gustado permitirme a mí mismo ser más feliz.

¿Qué quedaría en la hoguera de mi vida? Estas personas no tuvieron otra oportunidad de vivir, porque todas ellas murieron al poco de expresar sus quejas. Pero nosotros tenemos la oportunidad de decidir en que vamos a esforzarnos ¿en oro, plata y piedras preciosa, o el combustible para el fuego?

Aprovechad el momento y haced que vuestra vida sea extraordinaria

La familia en tiempo de crisis (o la eterna red).


Sexto artículo de la serie «el joven cristiano y el trabajo» publicado en Protestante Digital.

La familia en el tiempo de la crisis
Con 31 años Carlos tuvo que volver a casa de sus padres tras quebrar, en 2009, la pequeña empresa que había montado. «Por suerte la familia siempre está para apoyarle a uno», señala. (1)

Quizás sea por nuestro origen, nuestra cultura más cálida y acogedora, pero en España, el papel de la familia siempre ha sido fundamentalpara la existencia del individuo. Esta característica de la sociedad la compartimos con los países del sur y del este de Europa en contraste con la clase de familia más débil que predomina en el norte y oeste del continente, en el mundo anglosajón y protestante, aunque nos pese, donde el valor del individuo y del individualismo tiende a primar sobre las lealtades de grupo.

No es mi tarea con este artículo debatir acerca de los distintos sistemas familiares, sino destacar las profundas raíces históricas, con tendencia a cierta impermeabilidad a las fuerzas de cambio, de esta institución que hoy en día sirve de paraguas a gran cantidad de jóvenes, entre ellos mi mujer y yo, que debido a la situación de crisis actual debemos recurrir a los recursos de nuestros progenitores para poder sobrevivir sin muchas estrecheces. Una vez más queda demostrado que ante las dificultades la familia acaba siendo laprincipal fuerza social, por encima del estado y de las ONG´s. No resulta sorprendente, pues, que en momentos de crisis de instituciones, de valores y de la sociedad, la familia brille como una institución sólida y digna de confianza. Se trata de una institución que existe básicamente al margen de las políticas, del sistema político, de las clases sociales y de la economía predominante.

La familia actúa como amortiguador en tiempos de crisis. Su papel está probado y ayuda a sobreponerse a las dificultades, y sin embargo, esa relevancia no encuentra siempre reflejo en los medios de comunicación ni un apoyo proporcionado por parte de las instituciones y las grandes empresas.

La familia se acaba convirtiendo en un ser vivo autónomo que provee vida y protección a sus miembros y que prepara a los miembros más jóvenes para fundar nuevas familias que sean lugares útiles para sus miembros.
Pero desde la llegada de la crisis a este país la realidad es que los jóvenes cada vez abandonan más tarde la convivencia familiar. Esto puede parecer una contradicción, casi antinatural, que en esa etapa de juventud donde las hormonas nos piden independencia, donde las ganas nos pide buscar fundar nuestra propia realidad de la misma forma que lo hicieron nuestros padres antes que nosotros y nuestros abuelos antes que ellos, muchos jóvenes estén volviendo a casa de sus padres debido a que les resulta imposible vivir por ellos mismos. Desde el año 2008 a la actualidad, el 20,7% de los jóvenes entre 16 y 29 años emancipados, más de medio millón de personas, han tenido que volver a casa en lo que ya se denomina la gran desemancipación.

 “Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echósobre su cuello, y le besó.”  Lc. 15:20

La conocida parábola de Jesús sobre el hijo pródigo nos cuenta varias historias en apenas 20 versículos, por un lado el ingrato e ingenuo hijo pequeño que decide derrochar el dinero de su padre, por otro el inflexible y nada misericordioso hijo mayor, el cual no es capaz de perdonar lo que hizo su hermano. Pero en el momento cúlmen del relato de Jesús vemos a la figura que da sentido a toda esta parábola, el Padre, que apenas ve a su hijo a lo lejos, ve el sufrimiento de este y se lanza a acogerlo a pesar de todo lo malo que había hecho.

La familia cumple este papel, la eterna red salvadora para sus propios individuos. Puede ser con apoyos económicos puntuales, con algunas facturas o gastos extra o pueden ser apoyos económicos más habituales e incluso acogiendo en la propia casa de los padres a esos hijos que hace unos años decidieron dar el “temerario” paso de irse de casa para intentar llevar una vida independiente.

Volviendo a la parábola desde el punto de vista del padre es una muestra de amor, incluso se alegra de tener la oportunidad de ver a diario a su hijo. Pero desde el punto de vista del hijo es una humillación, en este caso por la pesada mochila de desobediencia, rebeldía, falta de respeto, falsos amigos y errónea visión de vida que le lleva a tener que volver a los brazos de su padre.

 En la actualidad los jóvenes que se ven obligados a volver al abrigo de a familia de origen pueden pasar por esta vergüenza, no por haber hecho algo mal, sino por la frustración del que lo intenta pero no lo consigue. Para la generación mejor formada de la historia de España la esperanza de poder tener unos ingresos que le llegue para cosas que hasta hace unos años considerábamos tan básicas como comprarse un piso parece una utopía, cuando no una tomadura de pelo.

“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.” Gn. 2:18

Cuando Dios crea a Adán nace al ser humano, cuando aparece a Eva crea a la familia, las relaciones. Dios no crea a Eva en último lugar porque se le hubiese olvidado sino que la crea para dar sentido a la familia: “ayuda idónea”. El plan de Dios para la familia es que sea la ayuda para cada uno de los miembros que la componen. El individuo necesita del colectivo para su existencia. El colectivo debe esforzarse para ser ayudar idónea al individuo.

Pero que sea el plan de Dios no nos exime a nosotros de nuestra responsabilidad humana de cuidar de nuestras familias, de esforzarnos porque se mantengan sanas, de que sean útiles y que produzcan beneficio en las personas. Cuando no cuidamos de la familia se ven situaciones como la de Jacob, animado por su madre a engañar a su padre, perseguido por su hermano, engañado por su suegro, siendo objeto de confrontación entre sus mujeres, engañado por sus hijos y teniendo que dar por muerto al hijo que tanto amaba.

Cuando cuidamos de nuestras familias estas se convierten en la base, en la eterna red para todos aquellos jóvenes caídos en el combate de abrirse camino en una época difícil, una época donde resuenan los ecos de un futuro próximo que resultó ser mentira.

Sorprendentemente, para todos aquellos que veían en el declive irremediable de la familia una especie de mandato histórico y fuente de liberación de las personas, la familia hoy está más presente en la vida de los españoles que nunca. En realidad, nunca ha dejado de ser una de las claves de la vida del país.

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[1]  http://www.publico.es/espana/415905/mama-he-vuelto-a-casa
[2]  http://politica.elpais.com/politica/2012/03/23/nimileurista/1332522742_896121.html

El desempleo, o la larga cuesta abajo.


“El 3 de abril algo se rompió dentro de él, en el interior de un hombre en cuyo vocabulario no existía la palabra depresión, sin un solo antecedente de problemas psicológicos y con un espíritu vitalista sin fisuras”. Rosario recuerda con tristeza como su marido empezó una cuesta abajo de la cual no fue capaz de remontar.

Joaquín, albañil de 47 años al cual el fin de la burbuja inmobiliaria llevó al paro, llevaba dos años desempleado, dos años buscando sin encontrar ninguna oportunidad que acabaron por robarle la autoestima y las ganas por seguir luchando. Acabó suicidándose.

Los suicidios son un tipo de noticias que no suelen salir en los medios de comunicación quizás para evitar la imitación por otras personas que serían propensas a quitarse la vida. Pero la realidad es que en nuestro país hay al año más de 3000 suicidios (unos 10 al día), según el INE, los psiquiatras elevan esta cifra a los 4500, que han aumentado de forma dramática en este tiempo de crisis.

El nuevo perfil se repite, varones que han perdido su trabajo y que llevan varios años sin encontrar ningún sustento. Además se les ha acabado el paro y se ven ahogados por las deudas que en muchos de los casos le llevarán a tener que vivir en la calle.

Desde que en 2007, cuando empezamos en esta larga cuesta abajo que se nos está haciendo eterna, numerosos estudios se han ocupado de las repercusiones psicológicas del desempleo. Entre los principales síntomas que los expertos asocian a están la pérdida de autoestima, sentimientos de inseguridad y de fracaso, experiencia de degradación social, vergüenza o sentimiento de culpa, aspectos todos ellos que revelan un cambio importante en el concepto que tiene el individuo de sí mismo

La mera noticia del despido provoca importantes cambios psicológicos, motivados por la valoración negativa del evento. A este duro golpe que significa quedarse sin empleo se une otro más lento pero más devastador porque al hacerse crónica, la situación de desempleo suele ir acompañada de un mayor número de situaciones de estrés diario (problemas económicos, maritales, familiares, etc.).

Pero ¿por qué es tan importante tener un empleo?, si generalmente nos quejamos por tener que madrugar para trabajar, por tener que aguantar a nuestros jefes, o por lo estresante que es nuestro trabajo, puede parecer una incoherencia que su ausencia nos paralice de esa forma.

Obtener un empleo es una expectativa social y cultural adquirida desde la infancia y reforzada en la escuela y la familia. Todo lo que ocurre en nuestra vida nos prepara para esa vida adulta y social donde debemos formarnos para desempeñar un rol que nos permita beneficiarnos a nosotros y a los que nos rodean, sobre todo a nuestra familia.

Cuando, llegado el momento, el individuo accede al mundo laboral adquiere una posición y una identidad social y personal que le identifica. El desempleo interrumpe este proceso y genera una experiencia de fracaso.

Nos podemos sentir rechazados, marcados e inútiles, porque no tenemos acceso a ese lugar donde poder ser parte de algo vivo, donde proveer un sustento para nosotros y para los nuestros.

Pero esto no es algo que sólo ocurra a hombres de 47 años como Joaquín. La crisis se está cebando de manera especial con los jóvenes los cuales también manifiestan esta tristeza de no tener trabajo. A menudo, se recluyen en casa para ver la televisión o escuchar música y experimentan vergüenza ante la familia, porque sienten que les han mantenido y se han sacrificado en beneficio de su preparación profesional. Es más, algunos estudios constatan que los jóvenes acaban imbuidos por sentimientos de apatía y resignación, y abandonan la búsqueda de trabajo ante los fracasos repetidos. Muchos acaban por pensar que son ellos los verdaderos culpables de estar en el paro.

“Y él [Elías] se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida” 1 R. 19:4

Elías escapa de su pareja de enemigos -Acab y Jezabel- ante las amenazas de esta última. Estaba cansado de luchar y tener la sensación de nunca vencer, cansado de intentar hacer volver a un pueblo idólatra a Dios y que la respuesta fuese siempre negativa, cansado de hacer prodigios en las propias narices de un rey que la propia Biblia nos dice que fue el peor de todos los que se sentaron en el trono del reino del Norte.

Elías huye a Horeb, al monte de Dios, agotado física, pero también mentalmente tanto que a mitad de camino cae desplomado y lo único que pide es que Dios lo mate.

Los cristianos podemos pensar que esta problemática de la depresión y el suicidio solo pasa en ese imaginario colectivo que llamamos “el mundo” esa cosa amorfa e indefinida, pero real, a la cual achacamos todos los males que sufrimos. Pero la realidad es que las enfermedades mentales son tan reales como las físicas y los cristianos no estamos exentos de ellas.

La depresión, la ansiedad, la tristeza, la ira, son sentimientos que un joven cristiano puede experimentar ante la expectativa de no tener un trabajo donde poder realizarse, donde poder sentirse útiles, donde poder ganar un dinero que le permita poder seguir avanzando en el resto de fases de nuestra vida.

La respuesta de Dios a Elías es cuanto menos curiosa, no vemos a un Dios confrontando a Elias, ni lo vemos enfadado con su actitud, ni si quiera prometiendo que el futuro será mejor, sino que lo vemos en su posición de Dueño y Señor del mundo. Vemos a Dios demostrando a Elías que da exactamente igual como se ponga la situación en la que los hijos de Dios vivimos porque Dios seguirá siendo el que tiene el control y decida en qué dirección se moverá el mundo.

Puede que la familia que está a la espera a que el banco lo desahucie de su casa pueda sentir a Dios muy lejos. Puede que el joven que lleva dos años buscando un trabajo que no llega sienta que Dios no tiene el control de su vida, pero la realidad es que Dios se preocupa individualmente por cada uno de sus hijos y cuando la desesperación nos hace huir Dios se acaba convirtiendo en nuestro único refugio.

“No temas, que yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; tú eres mío. Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas. Yo soy el Señor, tu Dios, el Santo de Israel, tu salvador.” Is, 43:1-3

La ayuda de Dios se manifiesta de distintas formas, en el caso de Elías, fue demostrarle de que no está todo perdido y de que Dios tenía una voluntad que cumplir por encima de los caprichosos reyes de Israel.

En el día de hoy es fundamental el papel que la iglesia local debe jugar en la vida de los miembros que se encuentran en paro.

Una adecuada red de relaciones sociales suaviza la gravedad de las respuestas psicológicas y de salud de los desempleados. Se define como el sentimiento subjetivo de pertenencia a un grupo, de sentirse aceptado por él, y está demostrado que, más que el apoyo real, lo que importa es el apoyo percibido por el sujeto.

Es en la iglesia la que debe ofrecer a sus miembros un lugar donde sentirse querido, un lugar donde sentirse aceptado, sentirse en familia. Toda esa carga emocional que el individuo ha perdido con su empleo. Es tarea de la iglesia enseñar y cuidar de estas personas que pertenecen a ella. Podemos caer en el error de pensar que por el mero hecho de ser cristianos tenemos toda la protección contra cualquier mal, pero el cristianismo en una vida que difícilmente se puede vivir en individualismo y la necesidad del grupo se hace patente en cada una de las facetas de la vida.

La iglesia debe ser fuente de restauración para estas personas, estos jóvenes que sienten que su vida se descompone al verse atrapados en el mundo del paro.

“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” Mt. 25:35-40

La precariedad laboral (o la historia de un sueño).


Conozco pocas cosas tan vivas como el lenguaje, el cual no sólo es vivo, sino incontrolable, libre, irónico y reflexivo. Hasta tal punto tiene vida que se adapta y cambia dependiendo del grupo de personas que lo usen hasta manifestarse de maneras distintas en grupos distintos, el lenguaje que usamos con nuestros círculos de amigos no es el mismo que usamos con nuestra familia, por ejemplo.

Esto se hace notar sobre todo en la juventud, se dice que cada generación tiene su lenguaje, quizás expresiones como  Macanudo ,  Quemar llanta  o  Mongui  le pueden traer recuerdos a más de uno que vivió su juventud en la década de los 80. Pero a los que son de los 90 igual les suenan más lejanas incluso un poco  carcas .

En la España actual hay un tipo de lenguaje que quedará impreso en la mente colectiva

Laura, 29 años. Psicóloga. Su mayor sueldo: 600 euros como camarera. Terminó la carrera en 2009, y ha opositado 3 veces sin éxito. La última vez que suspendió: optaba a una de las 141 plazas para 3.700 aspirantes. «Por un trabajo de mileurista daría lo que fuera».

de toda una generación que vivió esta época de crisis económica. Conceptos como  prima de riesgo ,  euribor  o desahucio nos seguirán trayendo malos recuerdos durante toda nuestra vida. Uno de los conceptos de moda, desgraciadamente, es el de  trabajo precario , definido por los bajos salarios, a veces incluso inexistentes, trabajadores sobrecualificados y aprendices y becarios haciendo tareas que trabajadores remunerados deberían hacer.

Los pocos afortunados que pueden encontrar trabajo hoy en día se ven abocados a aceptar casi cualquier condición que la empresa ponga encima de la mesa.

 Y dijeron el uno al otro: He aquí viene el soñador. Ahora pues, venid, y matémosle y echémosle en una cisterna, y diremos: Alguna mala bestia lo devoró; y veremos qué será de sus sueños. […] Sucedió, pues, que cuando llegó José a sus hermanos, ellos quitaron a José su túnica, la túnica de colores que tenía sobre sí; y le tomaron y le echaron en la cisterna; pero la cisterna estaba vacía, no había en ella agua. ” Gn. 37:19-24

La vida de José estaba destinada a grandes metas, Dios mismo se lo había revelado en una serie de sueños donde le daba a entender que él sería el principal de su familia. Sueños que el joven José, igual por ingenuidad, no se calló sino que compartió abiertamente con su familia provocando la ira de su padre y de sus hermanos, los cuales le odiaban directamente.

Los hermanos de José no se caracterizaban precisamente por su buen hacer, y lo demostraron al urdir un plan que acabó con José en Egipto siendo vendido con esclavo a un oficial del ejército de Faraón.

El joven con un futuro prometedor se ve abocado a un empleo de esclavo. Donde aquel futuro tan brillante parece un mal sueño del pasado.

Muchos jóvenes pueden hoy en día sentirse como José. Durante su época de estudiantes forjaron ilusiones y esperanzas de poder realizarse y prosperar en el mundo laboral, les hicieron creer que si se esforzaban y estudiaban se comerían en el mundo pero ahora que han llegado el momento de asomarse al mundo laboral y se encuentran atrapados en un empleo muy lejos de sus expectativas y con la sensación de nunca evolucionarán hasta donde habían pensado.

¿Cómo se plantea un joven la vida en esta situación? ¿Qué hacemos ante esta situación injusta? ¿Cómo responde un hijo de Dios?

 Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio. Y vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano ” Gn. 39:2-3

La Biblia nos dice que Dios está en la vida de José, pero no sólo está de manera testimonial, o porque el escritor estuviera inspirado. Dios se hace visible en el día a día de José. Esta manifestación de Dios no ocurría porque le diera pena la situación de este joven, sino porque José buscaba a Dios y seguía sus mandamientos. No vemos en ningún momento resentimiento en su vida, vemos una vida confiada y que acepta la voluntad de Dios en todo momento a pesar de las dificultades.

Nunca debemos caer en el resentimiento, quizás por nuestra naturaleza humana intentamos buscar un culpable cuando algo malo nos ocurre. Pero no debemos culpar a Dios, a nuestros padres, ni a la sociedad, ni si quiera a nosotros porque el resentimiento es una pesada losa que si nos aferramos a ella lo único que logrará es hundirnos. En ningún momento de su vida vemos a un José resentido, ni dolido, es un verdadero ejemplo de aparcar el resentimiento, y José tenía razones para estar resentido, para esforzarse en la tarea donde Dios le había puesto.

En todo momento vemos a un José que confía plenamente en la voluntad de Dios en su vida. Cuando confiamos plenamente en Dios, Él se manifiesta en nuestra vida y es visible para aquellos que nos rodean, podemos estar en un trabajo mal pagado y en el cual nos sentimos poco valorados, pero Dios se manifiesta aún en los trabajos que los seres humanos infravaloramos.

 Ella lo asió por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces él dejó su ropa en las manos de ella, y huyó y salió. ” Gn. 39:12

De tantas veces que leemos las historias de la Biblia podemos llegar a infravalorarlas y hacer de menos actitudes tan transgresoras como la que tuvo José en este momento.José se rebeló contra un sistema injusto donde el poderoso imponía sus normas morales a sus subordinados, en este caso la mujer de Potifar quiere acostarse con José y disfrutar de un esclavo joven, usa su posición de autoridad para forzar las normas morales de José, que eran conocidas por todos. Ante esta actitud José no cede y prefiere huir.

Este gesto, esta simple negativa a ceder transmite mucha más teología que cientos de predicaciones insípidas y cargadas de  chiclés.  José demuestra una integridad plena, en primer lugar con Dios pues prefiere las consecuencias de ofender a su dueña a ofender a Dios. En segundo lugar demuestra su compromiso total con su jefe, Potifar. José podía odiar y buscar hacer daño al hombre que lo había esclavizado, pero en lugar de eso decide respetar sus normas, su casa y a su esposa.

Otra de las características de los empleos precarios es la situación de ilegalidad que en muchas ocasiones las empresas obligan a sus empleados, ante las cuales es necesario que el joven cristiano responda con integridad, no hay ninguna justificación que no excuse de no cumplir con la legalidad. Ser íntegro no es una garantía de que nos vayan bien las cosas, más bien suele ser lo contrario, José por aferrarse a esta integridad acabó en la cárcel de forma injusta, nosotros podemos acabar despedidos, o amenazados con el despido.

Ellos le dijeron: Hemos tenido un sueño, y no hay quien lo interprete. Entonces les dijo José: ¿No son de Dios las interpretaciones? Contádmelo ahora.” Gn. 40:8

Una joven promesa con un futuro esperanzador que acaba en la esclavitud por la envidia de sus hermanos. Un gran trabajador acosado por una de sus jefas ante lo cual prefiere mantenerse íntegro y no ceder, decisión que le lleva a una falsa acusación de intento de violación y a la cárcel.

Ante este panorama en su vida muchos renunciarían a seguir confiando en Dios, pero José sigue reconociendo el poder de Dios. Reconoce que Él es el único que puede dar las interpretaciones, le da el lugar más importante, el primero.

Es necesario que a pesar de que nos sintamos como funambulistas haciendo equilibrios a cientos de metros del suelo nunca dejemos que nuestras prioridades se inviertan. Dios es el primer lugar, de él son los sueños, por eso José estaba tan confiado en Dios, porque sabía que su momento llegaría. Dios debe ser tener el primer lugar en nuestra vida, seamos esclavos, trabajemos en una cárcel en la que nos encontremos presos o tengamos un trabajo que odiemos.

 Entonces se acordó José de los sueños que había tenido acerca de ellos ” Gn. 42:9

La historia de José, como las buenas historias de Hollywood, termina con un final feliz, Un final de perdón y de reencuentro, con un climax en el abrazo de José y su amado padre Jacob. Pero también es un final de promesas cumplidas. Después de toda una vida de trabajos precarios Dios cumple su promesa y José se convierte en esa persona trascendental en al vida de su familia que la acaba salvando del hambre.

Puede que nos sintamos perdidos como Laura I. ( foto de arriba ), o que sintamos que nuestra situación laboral es injusta, con un trabajo que apenas nos llega para vivir. Pero debemos depositar nuestra confianza en Dios dejando que Él se manifieste en nuestro día a día porque Él tiene un plan para nuestra vida. Sé que suena utópico, pero esta utopía fue una maravillosa realidad en la vida de un joven que tuvo que sobrevivir durante muchos años con un empleo precario.

El final del desierto.


Tercera entrega de nuestra serie de artículos sobre el joven y el trabajo donde empezamos planteándonos  qué era el trabajo y que significado tenía en al vida del cristiano . Seguimos hablando de  lo adecuado de tomar buenas elecciones en la adolescencia , época de decisiones que marca nuestros futuro laboral. Pero una vez acabada esta etapa de formación, a veces de idealismo típico de la juventud, nos acercamos a la frontera, en ocasiones al precipicio, de tener que desenvolvernos en la vida laboral.

Existen ciertos días que se agarran a nuestra piel y se impregnan en ella para no abandonarnos el resto de nuestra vida, suelen ser momentos clave que marcan el fin de una época y el comienzo de una nueva como el día que nos enamoramos por primera vez, el día de nuestra boda, cuando nos convertimos en padres o en el que perdemos a un ser realmente querido. Son días de emociones, pero también de cierta incertidumbre ante este abismo que se abre ante nosotros llamado futuro.

Para llevar a cabo esta labor Israel necesitaba un líder a la altura de estas circunstancias, ¿Pero cuál era el curriculum de Josué?

El día que terminamos nuestros estudios es uno de estos importantes momentos. Por un lado es un época de cambio de juventud a la edad adulta, por otro lado es una búsqueda, o un intento, de independencia de la familia de origen.

Muchos jóvenes viven esta época a mitad de camino entre el éxtasis y el temor. El éxtasis de competir y comerse el mundo al sentirse muy preparados, quizás por la comparación con generaciones pasadas. Pero también el temor de no saber quién le puede ofrecer un hueco en una empresa para empezar a comerse el mundo. Esto último se viene acentuando en España por la situación agónica que nos encontramos donde  casi la mitad de los recién titulados no encuentran trabajo  y los pocos que tienen suerte de hacerlo es gracias a las becas que gobiernos y diputaciones son capaces de ofrecer.

No en pocas ocasiones antes de esta ansiada oportunidad el joven debe pasar por el desierto de la frustración de buscar y desear un trabajo y no encontrarlo. De redactar cientos de curriculums sabiendo que la mayoría acabarán en pilas de cientos de curriculums de los cuales sólo uno saldrá elegido. De recibir la consabida respuesta de “ es que no tienes experiencia ” a sabiendas que nunca la tendrás si nadie te ofrece una oportunidad. Pero un día, de una forma u otra, llega la oportunidad.

 Y llamó Moisés a Josué, y le dijo en presencia de todo Israel: Esfuérzate y anímate; porque tú entrarás con este pueblo a la tierra que juró Jehová a sus padres que les daría, y tú se la harás heredar. ” Dt. 31:7.

Josué es elegido para un nuevo trabajo. Después de cuarenta años vagando por el desierto, cumpliendo el castigo por algo que él no había cometido, todo lo contrario, Josué es elegido para dirigir al pueblo de Israel ante la próxima ausencia de Moisés. Con el ascenso de Josué empieza una nueva etapa en la vida de este pueblo que había salido años atrás de Egipto con la promesa de una tierra donde fluía leche y miel . Pero que por culpa de su propio pecado se vio abocado a ver como una generación enterca caía en el desierto.

A pesar de que el desierto fue duro la realidad es que la conquista de Canaán no iba a resultar para nada fácil.  Había naciones viviendo allí  que no estaban dispuestas a ceder su territorio sin luchar y ante las cuales el pueblo de Israel no podía dejar con vida, sino que tenía que exterminar.

Para llevar a cabo esta labor Israel necesitaba un líder a la altura de estas circunstancias, ¿Pero cuál era el curriculum de Josué?. Lo primero que podemos apreciar en su vida es la integridad (Nm. 13:30 ). La integridad personal es Josué le lleva a contradecir a todo el pueblo cuando se quieren echar atrás en la entrada misma de Canaán y volverse a Egipto.

Josué pudo ser apedreado por oponerse al pueblo en su decisión, pero su integridad le llevó a oponerse a algo que considera incorrecto. La integridad en el puesto de trabajo puede llevarnos al abismo de volver al de nuevo al desierto de la falta de empleo, no son pocas las empresas que incitan a sus trabajadores a saltarse normas éticas y directamente la ley amenazando con la excusa de que si no lo hacemos habrá veinte personas en la cola del paro que quieran hacerlo.

Pero la realidad es que la integridad es una roca a la cual debemos aferrarnos y no soltarnos. Uno de los peores males que sufre nuestro país es esta falta de integridad que tiene su máxima expresión en todos los casos de corrupción política que nos rodea (que gran ejemplo son para nosotros “ nuestros políticos ”, gente como José o Daniel) corrupción que brota hoy en día como el agua de la alcantarilla en un día de fuerte tormenta. Ante esto el joven cristiano debe esforzarse por ser ejemplo, muchas veces cuando hablamos de testimonio pensamos sólo en evangelismo, pero nuestra vida debe dar testimonio del comportamiento de un hijo de Dios en el puesto de trabajo.

Una de las tareas de la Iglesia es propagar la ética de Dios en la sociedad. Una de estas características debe ser un integridad que nos lleve como a Josué a enfrentarnos aunque sea contra todo el pueblo por defender la verdad.

Otra característica de Josué fue la valentía(Ex. 17:8-16 ). Pero esta valentía no es bravuconería barata sino seguridad en la dirección en que va nuestra vida. Josué era valiente dirigiendo militarmente al pueblo porque sabía que Moisés estaba intercediendo por ellos. Cuando hacemos las cosas ordenadas podemos ver la mano de Dios obrando y sentir la seguridad de que estamos donde Él nos ha querido poner.

Cuando entendemos cual es la función del trabajo en nuestra vida, cuando oramos a Dios por un puesto de trabajo, cuando entendemos que Dios nos ha dado este puesto y que quiere que estemos aquí podemos ser valientes y estar seguros donde estamos de la misma forma que Josué estaba seguro cuando sentía que estaba cumpliendo la voluntad de Dios al enfrentarse contra Amalec.

Otro aspecto importante en el “ currículum ” de Josué para poder hacer su trabajo de manera excelente fue aprender en la sombra de la experiencia. Josué pasó varios años aprendiendo de Moisés, de su liderazgo, de su forma de dirigir al pueblo, de tratar con Dios.

De la misma forma debemos usar los primeros años de nuestra vida laboral para cobijarnos en la sombra de la experiencia de personas que llevan más tiempo que nosotros es la manera de aprender y crecer. Podemos salir de una buena universidad con un buen expediente pero debemos  aprender a aprender  bajo la sombra de la experiencia de personas que, igual con menos estudios que nosotros, tienen esa experiencia y saber hacer que al final son los que marcan la diferencia a la hora de un trabajo bien hecho.

 Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. ” Js. 1:1-2

Pero llega el día donde el que aprendía en la sombra debe tomar el mando. Josué pasa de ser el aprendiz a ser el que tiene que dirigir a un pueblo en guerra continua. Josué se convierte en el líder total del pueblo, política, militar y socialmente. De la misma forma los jóvenes debemos crecer allí donde estemos con la mente puesta en ocupar nuestro lugar tirando del carro cuando sea necesario.

Quizás nos pasemos años pensando que no somos lo suficientemente valorados, pero toda experiencia es poca ante el reto de tener que “ conquistar Canaán ”.

Los inicios nunca son fáciles, se suele decir, y mucho menos hoy en día donde sobra mano de obra inexperta, pero debemos aprovechar este tiempo de llegada a la tierra prometida para captar toda la experiencia posible, marcar patrones que definan nuestra vida laboral como la integridad y la valentía, con la cabeza siempre puesta en que un día nos tocará a nosotros luchar y servir de aprendizaje para otros.

Adolescencia, elegir en un cruce de caminos.


Segundo artículo de serie sobre el joven cristiano y la realidad del trabajo que se publica en Protestante digital.

La semana anterior hablábamos  sobre el sentido del trabajo en la vida del cristiano , cuál era el propósito de Dios sobre el trabajo y como el pecado lo distorsionó. Llegamos a la conclusión de que cuando trabajamos y nos esforzamos (aunque no seamos remunerados por ellos) reflejamos a Dios y le damos gloria.

Hoy seguimos con esta serie de artículos sobre el trabajo y el joven cristiano trasladándonos al origen, no al momento en que empezamos a trabajar, ni siquiera al que buscamos trabajo sino al momento que elegimos en qué dirección va a ir nuestra vida en todos los sentidos, incluido el laboral, me refiero a la adolescencia.

La adolescencia no deja indiferente a nadie, si le pidiéramos a nuestros mayores que echaran su vista atrás a su adolescencia a algunos les traerá recuerdos de una buena época, quizás mejor que su vida actual, para otros serán recuerdos un poco tortuosos. Pero todos estarían de acuerdo en la importancia de la adolescencia como, quizás, la etapa más decisiva de la vida de una persona, no tanto por la responsabilidad de las decisiones que se toman, porque más que responsabilidad muchas veces es una época de irresponsabilidad, sino más bien por la influencia que estas decisiones tienen a lo largo del resto de nuestra vida.

Muchos de los hombres y mujeres que se dedican a la obra de Dios tomaron sus decisiones en la adolescencia, parejas que siguen juntas después de 50 años de casados se formaron en la adolescencia, muchos jóvenes que abandonan la iglesia lo hacen en esta etapa de la vida. Es un momento clave en nuestra vida.

¡Qué decir de nuestra vida laboral! La adolescencia es el momento elección, y para muchos jóvenes es un trauma decidir que van a estudiar y a qué nivel quieren llegar. A los 14-15 años en 3º/4º de E.S.O. los chicos tienen que decidir qué camino escoger en su vida, bien una formación profesional o cursar bachillerato puede que con vistas a entrar en la universidad. Ante esto pueden surgir en el joven múltiples preguntas: ¿Qué estudiar si aún no sé a qué quiero dedicarme? ¿Por qué ir a la universidad si las personas que terminan de estudiar no encuentran trabajo? ¿Por qué esforzarme si lo más probable es que acabe sin encontrar trabajo? ¿Por qué buscar la excelencia en mis estudios si vivimos en un país donde el que llega más lejos no es el que más se esfuerza sino el que mejor “ colocado ” sale o más aprovechado es?

 Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes. Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron. ” Mr. 1:19-20

Cuando nos planteamos qué estudiar, por donde dirigir nuestro camino debemos tener claro que por encima de todo Dios quiere que le sigamos. Si nos fijamos en los discípulos que escogió Jesús a él no le importó su currículum, había pescadores (Jacobo, Juan o Pedro), recaudadores de impuestos con fama de corruptos (Mateo) o nacionalistas fanáticos (Simón el Zelote) lo realmente importante no eran a que se dedicaban para mantenerse sino la labor que iban a realizar bajo la dirección del Espíritu Santo.

De la misma forma Dios nos busca a nosotros sea cual sea nuestra profesión, porque lo verdaderamente importante es lo que Dios puede hacer a través nuestra en la vida de las personas que nos rodean. Cuando nos planteamos nuestro futuro no debemos buscar el éxito sino la relevancia. Exitoso nos habla de admiración, de ser destacado entre los que nos rodean, el éxito siempre va acompañado de cumplir los estándares deseados por las personas que nos consideran exitoso. En cambio relevancia nos habla de marca, de dejar huella en la vida de las personas que nos rodean. Podemos ser relevante allá donde estemos aunque nuestro trabajo no tenga el  glamour  de otros con más renombre, por ejemplo un ama de casa puede ser relevante en la vida de la familia, de la misma forma que un político en la vida de un país. Cuando el pecado llegó al mundo distorsionó la realidad de la función del trabajo lo más importante dejó de ser cumplir la voluntad de Dios para convertirse en lo que los seres humanos más ambicionan el poder y el éxito.

 David   sirvió a su propia generación conforme al propósito de Dios ” Hc. 13:36

David representa las dos caras de esta moneda, fue un hombre de éxito en todo lo que hizo, pero lo más importante no fue lo que ha llegado a nosotros sino la impronta que dejó en su generación, en aquellos hombres desesperados que guió en Adulám ( 1 Sam. 22:1-2), en aquel tullido Mefiboset al cual dignificó cuando estaba condenado al ostracismo ( 2 Sam. 9:1-13) o defendiendo aquella ciudad de Keila que ni el propio rey Saúl se molestó en ayudar ( 1 Sam. 23:1-5).

Debemos tener claro que aunque no tengamos decidido qué estudiar si tenemos que tener claro que Dios quiere que nos gastemos en Él. Que usemos de nuestras fuerzas y de nuestro tiempo para hacer lo Él tiene planeado en nuestra vida, para servir a nuestra generación.

La elección de nuestra profesión debe estar marcada por este pensamiento. Debemos buscar a Dios y pedirle que él nos guíe en la elección. Esto es algo personal de cada uno porque elegir iniciar unos estudios es fácil, lo difícil y lo que nos va a llevar más esfuerzo es acabarlos. Por eso son tan importantes los buenos consejos en este momento y aquí entra la labor de los padres, hermanos mayores y líderes de jóvenes. Es el momento donde Dios puede guiarnos a través de la experiencia de personas que ya han pasado por este tipo de experiencias. El consejo personal es un arma muy poderosa en la vida de los jóvenes, por eso debe ser prioritario en la iglesia y en la familia invertir tiempo en dar buenos consejos a nuestros jóvenes.

Dios nos ha hecho a todos diferentes y debemos conocernos para saber qué estudios podemos afrontar y cuáles no, pero no viendo esto con un demérito sino teniendo claro que todo trabajo es de valor y lleno de significado para Dios. Para Él no existen trabajos de primera ni de segunda, sino que existen personas que se esfuerzan para hacer su labor de manera excelente y otras que no.

 Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas. ” Js. 1:9

Vivimos en un país donde no sólo hay falta de trabajo sino que el que triunfa en él suele no ser el mejor sino el que tiene un “ padrino ” que le ayudeo el que más “ listo ” sea en su puesto de trabajo. Ante esta perspectiva un chico puede plantearse la conveniencia de esforzarse o no en sus estudios. “ ¿Para qué? si luego no vale la pena ” podrá preguntarse más de uno.

Pero la verdad es que la excelencia ( Superior calidad o bondad que hace digno de singular aprecio y estimación algo ) es una forma de alabanza a Dios. No nos esforzamos por contentar a nuestro jefe, ni para que nuestro profesor nos dé una palmadita en la espalda, nos esforzamos porque nuestro Dios no se merece nada menos que lo mejor en cada una de las áreas de nuestra vida, esto es muy idealista pero es lo que Dios pide de nosotros.

Cada uno somos diferentes y puede que igual que pasaba en  la fábula de Esopo nuestro 100% sea correr a la velocidad que iba la tortuga mientras que para nuestro compañero de clase el 100% sea correr a la velocidad de la liebre y puede que contrariamente a la fábula la liebre llegue primero, pero nosotros habremos dado gloria a Dios porque lo que Él nos pide es que nos esforcemos con todo lo que tenemos.

Ante esta etapa tan decisiva es imprescindible que como jóvenes cristianos tengamos claro que nuestro llamado es a servir a Dios con todos nuestros dones y capacidades, independientemente de los que cual vaya a ser nuestra profesión. Aprendamos a valorar los consejos de personas que han pasado por las mismas decisiones que nosotros y esforcémonos con todas nuestras fuerzas en todo lo que hagamos.

 Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor ” Col. 3:23

Al este del Edén (o el lugar donde el trabajo perdió su sentido).


Este artículo es el primero de una serie sobre la realidad del trabajo y los jóvenes cristianos en la España actual. Esta serie podéis seguirla en la página Protestante Digital.

Las sociedades son comunidades de individuos que en forma colectiva funcionan como un sólo ente. E igual que los individuos que lo forman, estas sociedades pasan por experiencia “ humanas ” como pueden ser, felicidad, autoengaño, histeria e incluso enfermedad.

En la sociedad española existe una enfermedad con la que llevamos años luchando y al paso que vamos probablemente se acabe convirtiendo en endémica, esta enfermedad es el paro. Decimos endémica, porque parece que España lleva conviviendo con él toda la vida, como las malas parejas ni se quieren ni se dejan de querer. La falta de trabajo es nuestra mayor preocupación y a la vez nuestro mayor lastre.

Al este del EdénMi generación, los que nacimos en los 80, la generación que hemos pasado nuestros primeros años de vida laboral en el inicio de esta crisis ( de aquella aún era una desaceleración ) se ha visto abocada a una realidad en la que  más de la mitad de nosotros no tenemos un trabajo  remunerado o si lo tenemos es tan precario que a muchos de nuestros familiares y amigos les asustan nuestra condiciones, aunque nosotros nos aferremos a él con la sensación de haber encontrado “ mi tesoro” .

La serie de artículos que iniciamos esta semana trata sobre el tema del trabajo y el joven cristiano. Porque aunque repitamos el famosos versículo de que “ nuestro reino no es de este mundo ” la realidad es que vivimos en este mundo, trabajamos en este mundo y ganamos un sueldo, o por lo menos eso intentamos, en este mundo. Porque en estas circunstancias que muchas veces son desesperadas nos asaltan dudas como ¿Cuál es la función del trabajo en la realidad de un joven cristiano? ¿Estamos fallando a Dios al no trabajar? ¿Cuál es el propósito de Dios con el trabajo? ¿Cómo sentirnos completos si no tenemos opción expresarnos, realizarnos o crecer con nuestro trabajo? ¿Cómo afrontar la independencia de nuestros padres sino podemos mantenernos? ¿Cómo afecta la falta de empleo a la vida normal de una pareja que desea evolucionar de noviazgo al matrimonio?

Empezaremos en este primer artículo con la base, con el principio. ¿Quiere Dios que trabajemos? ¿Es el trabajo una bendición o una maldición?

Cada obra está impregnado por lo que el autor que la ha creado es, por su esencia. Lo mismo pasa con Dios. El ser humano fue creado a semejanza de Dios. Dios nos ha creado con sus atributos, vida, justicia, amor, misericordia. Somos el ser de la naturaleza que más características de Dios presenta.

Una de estas características, y la primera de ellas que aparece en su relación con Dios, es el trabajo. Cuando abrimos la Biblia vemos a Dios trabajando, desde el comienzo del Génesis Dios está planeando “ Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”  (Gn. 1:26), trabajando “ creo Dios los cielos y la tierra”  (Gn. 1:1) y evaluando “ vio Dios que era bueno “  (Gn. 1:10). A lo largo de toda la Biblia, nunca lo vemos inactivo o parado, sino que siempre se muestra en una actitud proactiva, sobre todo en hacer volver a su pueblo a Él.

Dios mismo creó al ser humano con esta capacidad del trabajo, eso quedó claro al poco de la creación del hombre, donde lo primero que recibió, a parte de instrucción fue una tarea, cuidar el huerto, un trabajo que Eva y Adán cumplían a la perfección.

Pero Satanás distorsionó la realidad, para engañar adulteró las palabras de Dios. En cuanto Eva y Adán cayeron este adulterio se trasladó a cada una de las facetas de su vida: la espiritual (rota su relación con Dios), la matrimonial (Adán se iba a hacer dueño y señor de Eva, rompiendo la relación de igualdad que había), la familiar (los hijos iban a ser paridos con dolor por Eva), la natural (toda la naturaleza queda bajo maldición por culpa del ser humano) y la laboral (ahora el trabajo produciría dolor).

Desde ese momento, en el cual el ser humano debe irse al este del Edén, la perspectiva del trabajo y de la relación del ser humano con él queda totalmente distorsionada. Dios, el trabajador supremo, creo el trabajo como un regalo para la mujer y el hombre, una forma de ser un siervo eficaz de Dios y darle gloria, como toda la naturaleza hacía. Sólo la intrusión del pecado hace que esa perspectiva se desmorone y lleguen los  cardos  y las  espinas  (Gn. 3:18). Si el trabajo es considerado hoy en día como algo que hace sufrir y que sólo sirve por la gratificación económica o para alcanzar un status superior es por culpa del pecado, no por causa del regalo de Dios que fue tener una tarea.

 Nada en el universo se parece más a Dios que el trabajador. (Ulrico Zwinglio ).

 La reforma protestante rescató este concepto bíblico del trabajo, hasta ese momento ahogado por siglos de platonismo dentro de la Iglesia Católica, donde el trabajo manual era algo desechable del mundo material que había que rechazar, y por lo tanto sólo hacían las clases más bajas e ignorantes, en pro de la oración, estudio y meditación pertenecientes al mundo espiritual y más cercanas a Dios, por lo cual eran tareas realizadas por las clases más altas, clero y nobleza.

Los reformadores resaltaban la idea de que el ser humano es un ser integral, por lo tanto se enfatiza la unión entre lo secular y lo religioso al contrario de las ideas religiosas católicas; así, Dios, el trabajo y el dinero, como otros elementos, son parte del ser y no deben tratarse por separado, pues todos ellos integran al mismo ser en unidad. Todos son dones de Dios que el hijo debe usar para dar gloria a su Padre. Debemos asimilar que nuestro trabajo, aunque pensemos que no tiene que ver mucho con “ las cosas de Dios ” es una herramienta en sus manos que puede ser usada para honrar y darle gloria igual que orar, leer la Biblia o predicar.

“Creo que Dios me hizo con un propósito, para la China. Pero también me creó con el talento de la velocidad y cuando corro, siento Su placer” Eric Liddell Carros de fuego .

Hoy en día consideramos trabajar al concepto cuadrado, de un contrato con un horario y un sueldo a fin de mes. Pero realmente trabajo es el esfuerzo creativo por concebir algo donde antes no existía como un medio de expresar nuestra propia naturaleza, para dar gloria a Dios y ser felices.

Si nos preguntásemos que es lo que nos hace felices, muchas de las respuestas serían trabajo, pero sin el corsé de un horario, una nómina o un jefe. Cosas como cuidar un jardín, escribir un libro, componer canciones, ser monitor en un campamento de niños, ser profesor de la escuela dominical, o simplemente correr unas olimpiadas (como Eric Liddell), son tareas que nos llenan de felicidad por la satisfacción evidente que transmite, pero que muchas veces no las consideramos como trabajos, por el mero hecho de no ser remunerados económicamente, pero sí que reflejan ese propósito que Dios nos dio de realizarnos mediante el trabajo y el esfuerzo. Dios mismo disfrutó creando el mundo, el se paraba cada día delante de lo que había hecho y sentía satisfacción.

Cuando hacemos un trabajo que nos gusta y lo finalizamos de una manera excelente, esa sensación es un eco de la verdad de que los seres humanos han sido creados a la imagen de Dios. Este eco no solo resuena en la vida de personas cristianas sino también en cada ser humano que siente satisfacción con la obra de sus manos.

Los cristianos no debemos plantearnos el trabajo como una carga sino como una forma de vida consecuente con nuestra naturaleza. El objetivo de la vida del cristiano es dar gloria a Dios, por lo cual el objetivo del trabajo es dar gloria a Dios. De la misma forma que Eva y Adán tenían un propósito para su vida, el cual fracasaron estrepitosamente. Dios tiene un propósito para nuestra vida y no se va a lograr sin esfuerzo sino que necesitamos trabajar y esforzarnos en él.

La Biblia está llena de personas que se esforzaron hasta lo último por hacer su labor, aunque esta nunca fuera remunerada(José, Moisés, Samuel, Jeremías…). Debemos seguir su ejemplo, buscar la voluntad de Dios en nuestras vidas y esforzarnos allí donde Dios nos ponga, sea en una empresa, la familia, una ONG, la iglesia o en nuestra sociedad, porque cuando trabajamos reflejamos a Dios y le damos gloria.

Educar a adolescentes sin morir en el intento.


La educación es, probablemente, el legado más importante que unos padres puedan dejarles a sus hijos. Tal es su importancia que toda la vida del hijo vida dependerá de ello, incluso la educación de sus propios hijos. Si una etapa da especial miedo, dentro de este laberinto en que se puede convertir la educación de un hijo, esta es la adolescencia. Un tiempo de cambios, conocido, pero que siempre pilla por sorpresa.

Lídia Martín Torralba, licenciada en Psicología, escribe este libro, que publica Andamio, que nos sumerge de pleno en una problemática que hace temblar muchos hogares en nuestro país.

El libro empieza dándonos a conocer al adolescente a través de su psicología para luego pasar la pelota a los padres y hablarnos sobre como comunicarnos y poner lo tan temidos límites.

«Educar a adolescentes sin morir en el intento» es un libro muy útil, no solo para padres en apuros sino también para todo aquel que de forma directa o indirecta se halle involucrado en el trabajo con jóvenes, como puede ser ministerios juveniles o escuelas dominicales.