Si Jesús es Dios, ¿Cómo puede ser tentado?

Si Jesús es Dios, ¿Cómo puede ser tentado?

Todos hemos oído y leído en muchas ocasiones que Dios no puede ser tentado (Stg. 1:13) y no puede pecar porque no tiene pecado (1 Jn. 3:5). Entonces cuando nos acercamos a los evangelios una pregunta puede surgirnos: Si Jesús es Dios y Él no puede pecar ¿Cómo puede ser que haya sido tentado? ¿No hace este detalle falsa la tentación? ¿y en caso de que esta tentación no sea verdadera, cómo será Jesús un Sumo sacerdote que pueda compadecerse de nosotros (Heb. 4:15)?

Jesús poseía un solo cuerpo pero dos naturalezas, ambas plenas. La naturaleza divina era de la misma sustancia que el resto de personas de la Trinidad, y por lo tanto, con sus mismos atributos. La humana era semejante a la nuestra, con una excepción, Jesús fue creado sin el pecado heredado de Adán. Al carecer de pecado original la tentación no podía ser interna, como todos los seres humanos (Mat. 15:18; Stg. 1:14-15) ya que Él no tenía esa inclinación hacia el mal. Por eso era necesario que esa tentación viniera de fuera, de ahí que Satanás mismo quisiera tentarlo. En este sentido la discusión se centra en si una persona que no tiene la capacidad de pecar puede ser tentada. La respuesta es sí, Jesús fue tentado en Su naturaleza humana pero la voluntad de Su naturaleza divina, dirigida por el Espíritu Santo, le permitió soportar sin caer.

Las pruebas que Cristo experimentó fueron aptas sólo para el Dios encarnado. Ningún hombre común podría ser jamás tentado a convertir piedras en pan, ni a tirarse del pináculo del templo esperando ser cogido por los ángeles, pero para Jesús sí era una tentación. Aunque estas pruebas estaban fuera de la experiencia habitual de los seres humanos, las áreas representadas eran comunes a todos. Los deseos pecaminosos se pueden clasificar como deseos de la carne, deseos de los ojos o vanagloria de la vida (1 Jn. 2:16). Las pruebas de Mateo 4:1-11 recaen en estas tres categorías. Jesús no experimentó cada prueba que los seres humanos experimentan sino que sufrió pruebas que encajan en las mismas categorías que las nuestras (Heb. 4:15). Con esto en mente podemos decir que las tentaciones de Jesús fueron más intensas que las nuestras debido a que Él no cedió, como Adán hizo, sino que la soportó hasta que salió victorioso. Satanás usó todo su poder para intentar hacer caer al Hijo de Dios el cual soportó 40 días de ayuno. Su voluntad divina estuvo firme en todo momento pero su naturaleza humana sufrió el desgaste de pasar hambre y el ataque del Diablo. Cuando Satanás le tentaba con convertir las piedras en pan su naturaleza humana se sentía tentada por la idea de comer, cuando Satanás le ofreció los reinos de este mundo su naturaleza humana se sintió tentada por la idea de no tener que ir a la cruz. Jesús sufrió y luchó con esas tentaciones pero la voluntad divina dirigida por el Espíritu Santo lo sostuvo.

Una posible contra argumentación afirmaría que Dios es omnisciente y por lo tanto no necesita experimentar la tentación para conocer su dificultad y compadecerse de nosotros. Podemos responder señalando la relación entre Adán y Cristo. Jesús es el postrer Adán (Rom. 5; 1 Cor. 15:20-22) y triunfa donde el primero ha fallado. Por eso es necesario que Jesús pase una tentación tan parecida a la de Adán para mostrar su perfección y su validez como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn. 1:29). Es en este proceso donde Cristo experimenta la tentación y siente en Su humanidad algo que ya sabía por Su divinidad.

En conclusión, Jesús fue tentado en su naturaleza humana y sostenido sin pecado por Su voluntad divina, logrando de esta manera, como dice Heb. 4:14-16 ser un Sumo sacerdote que puede compadecerse de nuestras debilidades. Cristo fue arrojado a la arena de la tentación y conoce la angustia de la misma porque ha experimentado tanto la fuerza del agresor, la debilidad de la naturaleza humana como la dificultad de la resistencia.

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¿Cuál es el origen del mal?

¿Cuál es el origen del mal?

El mal tiene su origen en Satanás.

La existencia del pecado es un hecho innegable. Ningún hombre puede examinar su propia naturaleza u observar la conducta de sus semejantes, sin que se le imponga la convicción de que existe un mal como el pecado. Pero además la Biblia afirma que Dios es omnisciente y creador de todas las cosas. Entonces podemos plantearnos ¿Es Dios culpable del mal? Ya sea por acción, creando el mal, o por omisión, no impidiendo su existencia, se puede intentar argumentar que Dios es culpable en algún grado de la maldad. Esta disyuntiva ha provocado que el problema del origen del mal siempre haya sido tema de debate en el cristianismo

La Biblia afirma, rotundamente, que Dios no tiene nada que ver con el mal. Dios es Santo o sea que no tiene relación ninguna con el pecado. La santidad de Dios no solo le lleva a no vincularse con el pecado sino también a castigarlo porque Dios aborrece la maldad, y si no la ha eliminado aún es por Su paciencia y por Su amor a Sus escogidos (Rom. 3:25). Pero en su momentos Dios juzgará todos la maldad (Hch. 17:31) y en la nueva creación ya no existirá (Mat. 6:19-20).

En cambio la Biblia sí enseña de donde viene la maldad, señalando a Satanás como su originador y también que todo aquel que se involucra en el pecado se involucra con Satanás (1 Jn. 3:8). Satanás fue el primer actor del pecado y el primer tentador. El pecado es el primogénito del diablo[1]. Estas evidencias nos muestran que:

1. Satanás es el Padre de la mentira, la maldad y el homicidio (Gén. 3:4-5; Jn. 8:44). Es señalado como alguien mentiroso por naturaleza, por lo que, todo lo que hace está empapado de esta mentira que forma parte de su ser.

2. Es el tentador y exhorta al ser humano a la rebeldía contra Dios (Efe. 6:11; Apo. 12:9). La obra del Diablo es atacar a Dios y contaminar con su maldad al mundo para que su mente entenebrecida se mantenga alejado de Dios.

3. Es el enemigo de los creyentes (Jn. 17:15; 1 Jn. 2:13-14; 1 Pd. 5:8). En su rebeldía contra Dios ataca también al pueblo de Dios. Este ataque se produce desde dos frentes, por un lado a través de la tentación para hacer pecar a los creyente, por otro incita al mundo a atacar a la Iglesia (Jn. 15:18-19).

4. Satanás busca ser adorado como Dios (Lc. 4:7). Es su deseo recibir la adoración que sólo es debido a Dios (Lc. 4:8) por eso vemos que el pecado es una motivación interna de Satanás, viene de su corazón, porque busca el deseo de algo que se le está prohibido, la gloria de Dios.

En conclusión, la Biblia nos demuestra que la maldad tiene su origen en Satanás, quien es la fuente de toda mentira y engaño. El Diablo trabaja para engañar a la humanidad y mantenerla rebelde contra Dios. Quizás algunos puedan contra argumentar que un Dios omnisciente y todopoderoso tiene algún grado de culpa en la maldad, pero Biblia explica claramente que Dios aborrece el pecado y pone bajo su ira a todos aquellos que la practican. Afirmando también que llegará un día en que Dios destruirá toda la maldad para después hacer una nueva creación donde vivir con Su pueblo por toda la eternidad donde ya no existirá la influencia de Satanás y por tanto la maldad.


[1] Thomas Watson, A body of divinity (Londres: The banner of truth trust, 1965), pág. 132-133.

Confianza.


Hay pocas sensaciones que nos paralicen y nos hundan como la de una confianza rota. La razón es que la confianza es una creencia que nos ayuda a sentirnos seguros y parte de algo. Un arma muy poderosa que todo el mundo quiere ganarse. Las empresas quieren ganarse la confianza de sus clientes. Los trabajadores quieren ganarse la confianza de sus jefes. Unos padres buscan ganarse la confianza de los hijos. Porque allí donde hay confianza hay una buena relación, hay comodidad e intereses mutuos.

La confianza es algo que también se pierde muy rápido y a veces confianzas que se han trabado durante años se pierden simplemente por un tropiezo. Amistades de años se pierden por una confianza que se ha roto.

A lo largo de toda la Biblia Dios llama a su pueblo a confiar, a descansar en sus palabras pero vemos que en múltiples ocasiones esta confianza falla y el pueblo de Dios pasa de confiar en la palabra de Dios a confiar en otras palabras.

Gn. 3:1-7

Una de las preguntas clásicas que todos solemos hacernos a lo largo de nuestra vida está en la primera historia que nos narra la Biblia. En génesis. Es una pregunta que sobre todo los jóvenes se suelen hacer. ¿Si Dios sabía que Adán y Eva iban a pecar porqué coloca un árbol prohibido en el huerto? ¿No sería la vida más fácil sin ese árbol, no eliminaría las ganas de pecar?. La verdad es que Dios mismo desde bien temprano ha

querido dejar claro cual va a ser su forma de hacer las cosas con el ser humano. Dios no busca adoradores obligados, sino busca seguidores que confíen en sus palabras por encima de otras palabras que son mentira. Dios quería que los primeros seres humanos obedeciesen sus palabras a pesar de no entenderlas del todo. Porque la respuesta que da Eva es simplemente repetir lo que había dicho Dios.

Pero la historia no acaba ahí Adán y Eva no obedecen la palabra de Dios sino que se fían de la palabra de Satanás y acaban pecando, acaban confiando en otra palabra que no es la de Dios. Porque cuando no confiamos en Dios estamos confiando en otra cosa que no es verdad. Cuando no obedecemos las palabras de Dios estamos obedeciendo o confiando en una mentira, en este caso la mentira era “ciertamente no moriréis sino sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.v. 4-5 Adán y Eva empiezan su vida en Edén con la confianza de que Dios cuidaba de ellos, de que Dios proveía para su sustento, de que preveía por su vida de que les daba lo mejor, pero después de su conversación con la serpiente cambian esa verdad por otra la de que Dios les había mentido, les había escondido un estado mejor donde iban a ser más felices y poderosos. Cuando cambian esa verdad aparece el pecado. La Biblia nos dice que el pecado del hombre es fruto de cambiar las palabras de Dios.

Ro.1:18-25 Pablo está hablando en estos textos sobre la culpabilidad del hombre y como no hay excusas, somos culpables y no podemos decir que no conocíamos las normas de Dios. “ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira” el pecado llega cuando siguiendo el ejemplo de Adán y de Eva no seguimos las verdades de Dios sino otras palabras que contradicen la Biblia diciendo que son verdades, cuando en realidad son mentira.

Yo puedo robar por ejemplo, pero esto es fruto de que sustituyo la verdad de Dios de que nuestro Padre cuida de todas nuestras necesidades Mt. 6:30. Yo puedo sentir envidia de algo que tiene mi hermano, pero eso es pecado fruto de que sustituyo la verdad de que toda mi felicidad es suplica con mi relación con Dios y no necesito de nada material para sentirme completo. Una persona que ha sido huerfana desde niño puede sentirse enfadada con Dios porque no ha podido crecer en la calidad del amor de unos padres pero eso será pecado fruto de la cambiar la verdad de Ro. 8:28 donde nos dice que los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien.

Esta es una idea que me gustaría que nos quedásemos esta noche: Todo pecado nace de cambiar una verdad de Dios por una mentira.

Pero ¿ porqué debo poner mi confianza en las palabras de Dios?

Jn. 14:6-10 Debemos confiar en la palabra de Dios porque es totalmente verdad, toda otra palabra que la contradiga es mentira. Por eso es tan importante para el pueblo de Dios dedicar tiempo al estudio de la Biblia, porque saber estas palabras, conocer estas ideas y ponerlas en práctica en nuestra vida nos ayuda a alejarnos de la mentira y por consecuencia del pecado. Cuando el pueblo de Israel se iba detrás de otros dioses Dios se quejaba de ellos diciéndoles que habían dejado de lado sus mandamientos, que se habían alejado siempre con esta idea de que estaban alejados de sus palabras.

Jesús no sólo dice que él es la verdad sino el camino y la vida. Debemos confiar en las palabras de Dios porque sólo ellas tienen vida. (Jn. 6:66-68). La consecuencia de las palabras de Satanás fue la muerte de Adán y de Eva. Porque sólo las palabras de Dios tienen vida eterna, el resto de las palabras tienen muerte. Tenemos en la Biblia muchos ejemplos de personas que por desobedecer las palabras de Dios obtuvieron esta recompensa: Ananías y Safira, Samson, Saúl… personajes que por una o otra cosa acabaron apartándose de las palabras de Dios y que lo que obtuvieron fue muerte.

Si me conocéis a mí conocéis al Padre” (Jn. 14:8) Debemos confiar en las palabras de Dios porque son las únicas que nos rebelan Dios, su voluntad y propósito para la vida de su pueblo. Muchos seres humanos han intentado hablar y creerse o autoproclamarse interlocutores de Dios, que sus palabras eran palabras de Dios, pero todos son mentira. La Biblia es la única fuente que palabras verdaderas acerca de Dios, de su persona, de su carácter de su voluntad, por eso es importante confiar en ellas, porque acaban siendo las palabras que Dios quiere para nuestra vida.

Jn. 14:10-11 Debemos confiar en las palabras de Dios porque Dios quiere que confiemos en ellas y ha puesto todo de su parte para que lleguen a nosotros. Jesús declara que él mismo ha hablado las palabras sino que Dios mismo las envía. Esta Biblia ha llegado a nosotros tras miles de años protegida por Dios a lo largo de los siglos para que confiemos en ellas.

Ser firmes ante la tentación.


Texto: Lucas 4:1-13.

La tentación es una situación que siempre ocurrirá en nuestra vida, no podemos evitarlo, por mucho que nos encerremos en casa o decidamos vivir recluidos toda nuestra vida nunca vamos a dejar de tener tentaciones. Pero podemos evitar cae en su engaño, porque el objetivo de cualquier tentación sólo es uno, el pecado St.1:13-15 y debemos estar preparados y nunca bajar la guardia por muy espirituales o cerca de Dios que nos encontremos.

Satanás es un enemigo preparado que nos conoce, sabe quienes somos, sabe nuestros objetivos, sabe cuales son nuestros puntos débiles. El objetivo de Satanás siempre va a ser destruirnos y buscar nuestra ruina Jb. 1:9-11.

Las preguntas que nos surgen ahora es ¿cómo podemos vencer la tentación de un enemigo más fuerte que nosotros y que no se puede evitar?

Puesto que no podemos evitar tener tentaciones debemos afrontarlas, pero ¿cómo luchar contra los deseos?. Para los seres humanos es mucho más fácil luchar contra otra persona que contra nosotros mismos, pero la Palabra de Dios nos da guía para ello.

1. El conocimiento de la Palabra (v. 4 8 y 12): Jesús conocía la Palabra, conocía los escritos del A.T. (la ley) y eso le ayudó a combatir la tentación. No es por casualidad que Pablo en uno de sus escritos más conocido Ef. 6:17 compare la Palabra a una espada. Necesitamos conocer la Palabra de Dios, no solo saber que existe, como se divide, como se compone… Necesitamos aprenderla, usarla, hablar de ella. Y puede que en la Iglesia se enseñe la Palabra y que la escuchemos con atención todos los fines de semana o cada vez que se expone y está muy bien, pero eso no nos exime de la tarea de que, cada cristiano debe tener la preocupación personal de estudiar las Escrituras en casa, cada uno a su nivel, a su velocidad, pero debe existir en toda persona la preocupación y el gusto, porque cuando se estudia la Palabra de Dios es realmente un gusto, de aprender y no conformarnos con lo que sabemos. Tenemos la suerte de vivir en un país con libertad par poder comprar libros versiones, comentarios, lo que nos dé la gana… ¿Usamos esa libertad?. Debemos conocer la Palabra como método de defensa ante las tentaciones. La Biblia misma nos pone ejemplos como el de Nehemías o Josías. El pueblo de Dios es un pueblo que conoce las palabras de su Dios.

2. Estar en la presencia de Dios (v.1) aquí expresado con la idea del ayuno. Esta idea del ayuno aparece unas 80 veces en la Biblia en distintas situaciones. Cuando Moisés fue a buscar las tablas de la ley (Dt. 9:9); Intercesión para lograr el auxilio del Señor (Sal. 109:24); arrepentimiento y evitar castigo (Nínive Jonás 3:4-7 y Joel 2:12 ) caso de peligro (Dt. 10.10; 1ª Ry 21:27; Ester 4:16) Ante decisiones o actos importantes (Hc. 13:2,3; Hc. 14:23) cuando expulsan a un demonio (Mc. 9:29) En caso de duelo (1ª Sam. 31:13; 2ª Sam. 1:12 y 2ª Sam. 3:35). Todos estos textos nos dan la idea de momentos de estar en la presencia de Dios, de Su prioridad por encima de las necesidades básicas humanas, momentos de oración, arrepentimiento, confesión, perdón, compromiso, decisión. Jesús no está exento de estos momentos de ponerse de rodillas y orar, como en Getsemaní Lc.22:39. Hay momentos en la vida, en los que necesitamos hacer como Jesús y “Y estando en agonía, oraba con mucho fervor” y el ayuno puede ser una fórmula de centrarse en orar o interceder ante Dios.  Col. 2:20-22. Pablo nos habla de que no nos sometamos a preceptos hechos por hombre. Quiere decir que no tengamos el ayuno como una necesidad religiosa. El ayuno no es un rito a cumplir, no tiene una forma de hacerse, es algo que tiene que nacer voluntariamente del corazón del cristiano, debe ser sincero, para no convertirse en un rito sin sentido. Lo importante no es el ayuno, es estar en la presencia de Dios, dándole a Él la prioridad en todo.

3. Renunciar a lo que no es importante: En la primera tentación vemos como Jesús renuncia a algo legítimo como era comer. La mayoría de nuestros problemas son necesidades temporales y Satanás sabe usarlas para tentarnos. No había nada de malo, en que Jesús usara su poder, pero Jesús sabía que era lo importante, lo que no era una prioridad. A lo largo de todo su ministerio vemos como Jesús nunca usa su poder en beneficio propio. Tuvo sed en el pozo, pero esperó a que llegara la samaritana para saciar su sed y con ello traer bendición. Jn. 4:39 “Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio diciendo: Me dijo todo lo que he hecho.”

4. No buscar aceptar el camino más corto a cualquier precio: La segunda tentación tiene que ver con los objetivos de Jesús. Jesús venía a la tierra instaurar su reino de salvación, para eso, una de las cosas que tenía que hacer era morir cargando las culpas de la humanidad. Satanás sabía quien era Jesús y cuales eran sus objetivos, y se los ofrece en bandeja. Reinar sobre todos los reinos de la tierra, no sólo eso, no sólo era la posesión física del reinos sino la gente que ellos vivía. “La gloria de ellos” la alabanza de los pueblos. Jesús podría tener el dominio de los pueblos de la tierra con una sólo gesto, arrodillarse ante Satanás. Pero eso implicaba transgredir la ley y transgredir la ley era desobedecer a su Padre. Ex. 20:4-5 No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen.”

Y aquí tenemos un ejemplo de integridad. Jesús prefiere vivir 3 años en la tierra, ser incomprendido, acusado de engañador, no creído, burlado, tener que lidiar con los problemas de los discípulos, tener que vivir entre personas con sus problemas y sus miserias, sufrir tortura, falsas acusaciones, mentiras sobre Él, un juicio injusto, la muerte en la cruz. Todo los sufre antes que desobedecer a su Padre.

5. Buscar el beneficio de la obra de Dios y no el nuestro: Y por último la tercera tentación nos habla de humildad. Jesús prefiere el trabajo casi anónimo y del día a día que la fama que le pudiera aportar el echo de tirarse de la cornisa del templo. Un comienzo así de espectacular le hubiera abierto muchas puertas a Jesús, le hubiera ahorrado muchas discusiones y probablemente callado a muchos enemigos. Pero Jesús no buscar el aplauso fácil, ni el reconocimiento vano. Jesús trabajó desde atrás, empezando en una familia humilde, nunca usó su posición de hijo de Dios para ganarse ventaja sobre nadie, si alguien no le quería en un pueblo se iba. Pr. 15:33la humildad precede a la fama”. La humildad de Jesús no solo se vio reflejada en este evento sino que también renegó de ser coronado como rey en varias ocasiones, Jesús tenía muy claro sus objetivos y se importante entre gente que no valía la pena no era uno de ellos.

No nos creamos invencibles ante las tentaciones. Muchos cristianos van por la vida como supermanes, creyendo que por ser hijos de Dios está libres de ellas, pero es todo lo contrario, por ser hijos de Dios vamos a sufrir tentaciones, de la misma forma que Job o Jesús. Que Dios nos ayude a mantenernos firmes