El desempleo, o la larga cuesta abajo.


“El 3 de abril algo se rompió dentro de él, en el interior de un hombre en cuyo vocabulario no existía la palabra depresión, sin un solo antecedente de problemas psicológicos y con un espíritu vitalista sin fisuras”. Rosario recuerda con tristeza como su marido empezó una cuesta abajo de la cual no fue capaz de remontar.

Joaquín, albañil de 47 años al cual el fin de la burbuja inmobiliaria llevó al paro, llevaba dos años desempleado, dos años buscando sin encontrar ninguna oportunidad que acabaron por robarle la autoestima y las ganas por seguir luchando. Acabó suicidándose.

Los suicidios son un tipo de noticias que no suelen salir en los medios de comunicación quizás para evitar la imitación por otras personas que serían propensas a quitarse la vida. Pero la realidad es que en nuestro país hay al año más de 3000 suicidios (unos 10 al día), según el INE, los psiquiatras elevan esta cifra a los 4500, que han aumentado de forma dramática en este tiempo de crisis.

El nuevo perfil se repite, varones que han perdido su trabajo y que llevan varios años sin encontrar ningún sustento. Además se les ha acabado el paro y se ven ahogados por las deudas que en muchos de los casos le llevarán a tener que vivir en la calle.

Desde que en 2007, cuando empezamos en esta larga cuesta abajo que se nos está haciendo eterna, numerosos estudios se han ocupado de las repercusiones psicológicas del desempleo. Entre los principales síntomas que los expertos asocian a están la pérdida de autoestima, sentimientos de inseguridad y de fracaso, experiencia de degradación social, vergüenza o sentimiento de culpa, aspectos todos ellos que revelan un cambio importante en el concepto que tiene el individuo de sí mismo

La mera noticia del despido provoca importantes cambios psicológicos, motivados por la valoración negativa del evento. A este duro golpe que significa quedarse sin empleo se une otro más lento pero más devastador porque al hacerse crónica, la situación de desempleo suele ir acompañada de un mayor número de situaciones de estrés diario (problemas económicos, maritales, familiares, etc.).

Pero ¿por qué es tan importante tener un empleo?, si generalmente nos quejamos por tener que madrugar para trabajar, por tener que aguantar a nuestros jefes, o por lo estresante que es nuestro trabajo, puede parecer una incoherencia que su ausencia nos paralice de esa forma.

Obtener un empleo es una expectativa social y cultural adquirida desde la infancia y reforzada en la escuela y la familia. Todo lo que ocurre en nuestra vida nos prepara para esa vida adulta y social donde debemos formarnos para desempeñar un rol que nos permita beneficiarnos a nosotros y a los que nos rodean, sobre todo a nuestra familia.

Cuando, llegado el momento, el individuo accede al mundo laboral adquiere una posición y una identidad social y personal que le identifica. El desempleo interrumpe este proceso y genera una experiencia de fracaso.

Nos podemos sentir rechazados, marcados e inútiles, porque no tenemos acceso a ese lugar donde poder ser parte de algo vivo, donde proveer un sustento para nosotros y para los nuestros.

Pero esto no es algo que sólo ocurra a hombres de 47 años como Joaquín. La crisis se está cebando de manera especial con los jóvenes los cuales también manifiestan esta tristeza de no tener trabajo. A menudo, se recluyen en casa para ver la televisión o escuchar música y experimentan vergüenza ante la familia, porque sienten que les han mantenido y se han sacrificado en beneficio de su preparación profesional. Es más, algunos estudios constatan que los jóvenes acaban imbuidos por sentimientos de apatía y resignación, y abandonan la búsqueda de trabajo ante los fracasos repetidos. Muchos acaban por pensar que son ellos los verdaderos culpables de estar en el paro.

“Y él [Elías] se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida” 1 R. 19:4

Elías escapa de su pareja de enemigos -Acab y Jezabel- ante las amenazas de esta última. Estaba cansado de luchar y tener la sensación de nunca vencer, cansado de intentar hacer volver a un pueblo idólatra a Dios y que la respuesta fuese siempre negativa, cansado de hacer prodigios en las propias narices de un rey que la propia Biblia nos dice que fue el peor de todos los que se sentaron en el trono del reino del Norte.

Elías huye a Horeb, al monte de Dios, agotado física, pero también mentalmente tanto que a mitad de camino cae desplomado y lo único que pide es que Dios lo mate.

Los cristianos podemos pensar que esta problemática de la depresión y el suicidio solo pasa en ese imaginario colectivo que llamamos “el mundo” esa cosa amorfa e indefinida, pero real, a la cual achacamos todos los males que sufrimos. Pero la realidad es que las enfermedades mentales son tan reales como las físicas y los cristianos no estamos exentos de ellas.

La depresión, la ansiedad, la tristeza, la ira, son sentimientos que un joven cristiano puede experimentar ante la expectativa de no tener un trabajo donde poder realizarse, donde poder sentirse útiles, donde poder ganar un dinero que le permita poder seguir avanzando en el resto de fases de nuestra vida.

La respuesta de Dios a Elías es cuanto menos curiosa, no vemos a un Dios confrontando a Elias, ni lo vemos enfadado con su actitud, ni si quiera prometiendo que el futuro será mejor, sino que lo vemos en su posición de Dueño y Señor del mundo. Vemos a Dios demostrando a Elías que da exactamente igual como se ponga la situación en la que los hijos de Dios vivimos porque Dios seguirá siendo el que tiene el control y decida en qué dirección se moverá el mundo.

Puede que la familia que está a la espera a que el banco lo desahucie de su casa pueda sentir a Dios muy lejos. Puede que el joven que lleva dos años buscando un trabajo que no llega sienta que Dios no tiene el control de su vida, pero la realidad es que Dios se preocupa individualmente por cada uno de sus hijos y cuando la desesperación nos hace huir Dios se acaba convirtiendo en nuestro único refugio.

“No temas, que yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; tú eres mío. Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas. Yo soy el Señor, tu Dios, el Santo de Israel, tu salvador.” Is, 43:1-3

La ayuda de Dios se manifiesta de distintas formas, en el caso de Elías, fue demostrarle de que no está todo perdido y de que Dios tenía una voluntad que cumplir por encima de los caprichosos reyes de Israel.

En el día de hoy es fundamental el papel que la iglesia local debe jugar en la vida de los miembros que se encuentran en paro.

Una adecuada red de relaciones sociales suaviza la gravedad de las respuestas psicológicas y de salud de los desempleados. Se define como el sentimiento subjetivo de pertenencia a un grupo, de sentirse aceptado por él, y está demostrado que, más que el apoyo real, lo que importa es el apoyo percibido por el sujeto.

Es en la iglesia la que debe ofrecer a sus miembros un lugar donde sentirse querido, un lugar donde sentirse aceptado, sentirse en familia. Toda esa carga emocional que el individuo ha perdido con su empleo. Es tarea de la iglesia enseñar y cuidar de estas personas que pertenecen a ella. Podemos caer en el error de pensar que por el mero hecho de ser cristianos tenemos toda la protección contra cualquier mal, pero el cristianismo en una vida que difícilmente se puede vivir en individualismo y la necesidad del grupo se hace patente en cada una de las facetas de la vida.

La iglesia debe ser fuente de restauración para estas personas, estos jóvenes que sienten que su vida se descompone al verse atrapados en el mundo del paro.

“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” Mt. 25:35-40

El poder del perdón.


Existe pocas sensaciones tan liberadoras como el perdón. El pecado, la culpa, el rencor son pesadas piedras que se acumulan en nuestra vida lastrándonos y obligándonos a vivir pendientes de ellas.

Portada del libro.

John MacArthur firma este libro que trata acerca de la libertad que experimenta el cristiano cuando es capaz de perdonar a sus deudores.

El perdón no es un concepto superficial. Dios lo toma en serio, tan serio que Él no nos ha dado una opción en cuanto al perdón. La obediencia a su Palabra es esencial.

El pastori MacArthur escribe en sus primeros capítulos acerca de la base doctrinal del perdón, para luego seguir hablando acerca de la necesidad de perdonarnos los unos a los otros. No escondiéndose y tratando las respuestas a preguntas dificiles.

 

Camino al monte de Dios.


Una de las cosas que puedes apreciar trabajando en un hospital es que hay mucha gente enferma y que muchos de ellos, los cuales no vemos, están aquejados de enfermedades graves que muchas veces los dejan paralizados. En nuestra sociedad hay otras enfermedades no físicas sino emocionales que muchas veces pueden dejarnos igual de paralizados. Enfermedades que empiezan como una pequeña semilla inofensiva pero que cuando crecen sus raíces nos agarran y no nos sueltan. Una de estas semillas es la frustración. La cual si la dejamos crecer en nuestra vida nos lleva al amargura y el rencor. Para ello veremos el ejemplo de Elías como en un momento de frustración actuó de la manera correcta.

«Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios.» 1 R. 19:8

        La desesperación es una realidad humana, puede venir de muchos sitios, puede ser una familia desestructurada, problemas en el trabajo, limitaciones físicas, problemas económicos, problemas en una iglesia. Satanás usa múltiples fuentes para traer a nuestra vida la frustración. En el caso de Elías la frustración viene por el corazón duro de los gobernantes del pueblo de Israel que a pesar de enseñar en sus narices que Dios era el verdadero Dios y no Baal, primero mediante 3 años y medio sin lluvia, sabiendo que Baal se hacía llamar el dios del agua, y luego mediante el fuego que descendió del cielo y consumió el holocausto de Elías y no el de los profetas de Baal. Acab y Jezabel no dan su brazo a torcer y acaban amenazando al profeta con correr la misma suerte que los profetas de Baal.

En mitad de esta prueba Elías busca a Dios decide dejar su siervo en Beerseba e ir  a Horeb el monte de Dios, a encontrarse con él. Una de las cosas más difíciles cuando estamos frustados y dolidos en mitad de las circunstancias difíciles es buscar a Dios, porque ir a Dios es humillarse, es reconocer que solos no podemos, es reconocer que necesitamos de Él. Elías es una persona que viene frustrada hasta el punto que desea morir.

       Gn. 4:4-8 nos presenta a un Caín que era una persona frustrada, sus ofrendas no agradaban a Dios, pero el problema era más grande de lo que parecía porque no era que no le agradase lo que ofrecías sino el corazón de Caín. Ante ello Caín deja que esa frustración crezca dentro de él. Dios se lo recrimina. Pero Caín no va a junto Dios, no va al monte de Dios, sino que prefiere ir al monte de la justicia propia. Si la ofrenda de Abel es mejor matemos a Abel.

La primera idea que la vida de Elías nos da para vencer la frustración es que a su llegada busquemos el monte de Dios.

» Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta. Se levantó, pues, y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios.» 1 R. 19:5-8

      Incluso antes de llegar a Horeb Dios ya estaba cuidando de su siervo. Elías no es rebelde a esta ayuda sino que la acepta. Dios sabe lo que necesita Elías. Elías necesita ser saciado emocionalmente, pero también físicamente, por eso lo alimenta. Podemos pensar que ante todo Elías merecía ser consolado pero Dios ofrece cada cura a su tiempo. Podía hacerlo sin que Elías se moviera de donde estaba, no había necesidad de andar tanto. Pero dejarse cuidar por Dios es también aceptar los tiempos de Dios.

Dios tiene múltiples formas de hacernos llegar su ayuda, Elías lo sabía, él mismo había sido alimentado durante un tiempo por cuervos. Hoy en día Dios también tiene múltiples formas de hacernos llegar su ayuda. Bien sea por una conversación, un libro, una conferencia, un amigo, un consejero, etc.. Dios puede bendecir nuestras vidas, hacernos llegar esa palabra que nos sane, pero nosotros debemos aceptar esta ayuda, no vale de nada que Dios la ponga ahí delante nuestro si no lo usamos. De nada vale que Dios enviara a su ángel si Elías no comiera la comida.

1ª R. 22:13-18 Aunque sólo fuera por insistencia de Josafat, el rey de Judá, el cual creía en Dios. Acab pide consejo a Micaías profeta de Dios, el cual le predice la derrota. Ante ese consejo, una ayuda de parte de Dios, Acab decide no usar y acaba muriendo en la batalla.

La frustración nos lleva a la amargura y la amargura a la rebeldía. Acab fue rebelde al mensaje de Dios y acabó pagándolo con su vida.

Cuando hay una daño en nuestra vida de las múltiples formas que Satanás puede herirnos no sólo debemos acercarnos a Dios, sino debemos dejar que el nos cuide que él limpie nuestras heridas porque Él es el único médico capaz de curarnos totalmente.

« Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías? El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.» 1 R. 19:9-10

Con todo lo que había pasado, persecución, amenazas en ningún momento Elías pide justicia para él sino para Dios. No dice véngame, mira que me han hecho, sino “han dejado tu pacto” y cuando la frustración o el dolor vienen a nuestra vida que fácil es hacernos las víctimas. Nosotros somos los heridos, los dañados, los acusados, los sufridores, pero Elías huye de este papel y cuando su corazón se quiebra lo único que sale es amor por la obra de Dios.

Mt. 12:34De la abundancia del corazón habla la boca” y la boca de Elías habla de lo que lo llenaba amor por la obra de Dios. Esto también pasa en nuestra vida. ¿De qué esta lleno nuestro corazón? Necesitamos llenarnos de Dios. Llenarnos de su palabra de sus mandamientos. Esta llenura Elías no la logró en su viaje a Horeb, es algo que se mastica día a día, en oración en silencio leyendo la palabra, estando en comunión.

Si día a día nos llenamos de Dios cuando nuestros corazón se quiebre Él es lo que manará.

«Y le dijo Jehová: Ve, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Hazael por rey de Siria. A Jehú hijo de Nimsi ungirás por rey sobre Israel; y a Eliseo hijo de Safat, de Abel-mehola, ungirás para que sea profeta en tu lugar.Y el que escapare de la espada de Hazael, Jehú lo matará; y el que escapare de la espada de Jehú, Eliseo lo matará.Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron.» 1 R. 19:15-18

       Los versículos finales de este texto nos muestran el resultado de un proceso de curación. El Elías frustrado, triste con ganas de morirse que vemos en los primeros versículo de este capítulo 19 nos da lugar a un Elías obediente que no sólo sale reforzado emocionalmente sino que va a trabajar para cumplir la voluntad de Dios para su pueblo aquí representada en tres acciones, los ungimientos de un nuevo profeta, y dos nuevos reyes, Jehú y Hazaél. Sólo las vidas transformadas por Dios son vidas útiles para él.

En el otro lado vemos a Saúl. (1 Sam. 15:23) Saúl no fue un rey impuesto, no fue un rey a la fuerza, fue un rey elegido a dedo por Dios, pero a pesar de eso Saúl desaprovechó su oportunidad y desobedeció a Dios, por lo cual se hizo inútil, se hizo una persona que no cumplía los mandamientos de Dios y no servía para cumplir la voluntad de Dios.

De la misma forma hoy en día sólo vidas restauradas por Dios, vidas que sean obedientes a Dios serán vidas útiles para el reino de Dios.

La soledad de la obediencia.


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       A los niños pequeños les enseñamos casi todo lo necesario para poder desarrollarse como persona: les enseñamos a hablar bien, a lavarse los dientes, a escribir, a peinarse, etc. Y algo importantísimo, les enseñamos a obedecer. 
       Las promesas de Dios en cuanto a los que obedecen Su palabra son muchas: larga vida, bendiciones materiales y espirituales, fidelidad y cuidado de Dios, etc… Pero también tienen un precio a pagar, Jesús dijo “Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios.Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí.” Una constante que podemos ver en la vida de los hombre y mujeres que obedecen los mandamientos de Dios, es el rechazo generalizado que encuentran entre sus congéneres. Un ejemplo claro de esto es la vida de Moisés

       “Y encontrando a Moisés y a Aarón, que estaban a la vista de ellos cuando salían de la presencia de Faraón, les dijeron: Mire Jehová sobre vosotros, y juzgue; pues nos habéis hecho abominables delante de Faraón y de sus siervos, poniéndoles la espada en la mano para que nos maten.”  Ex.5:20

       No hacía mucho tiempo que Dios le había dado instrucciones directas, a su dubitativo siervo, a través de una zarza ardiendo. Una de las excusas que Moisés le puso a Dios para no volver a Egipto fue que los propios hebreos no le iban a creer [Ex. 4:1], y ahora se estaba cumpliendo delante de todo Egipto, al libertador no le creían ni los propios a quién quería libertar. Satanás usa los temores más profundo de los obedientes a Dios para quebrarlos. Pero Moisés se mantuvo firme en la obediencia y la promesa llegó con la liberación del pueblo.

       “El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.” 1ª R.19:10

       Otro caso que encontramos en las Escrituras es el de Elías. Perseguido y amenazado de muerte por la reina Jezabel en uno de los momento más oscuros del reino de Israel. Elías clama a Dios en su situación, pues su obediencia le ha llevado a un estado límite en el que cree ser el único que busca a Dios de todo el reino. La obediencia a Dios en tiempos donde la sociedad “camina por otros derroteros” lleva al siervo de Dios a la más tremenda soledad. Esta soledad o rechazo puede llevarnos a un estado de depresión donde lo veamos todo negro. Pero aún sintiendose sólo, amenazado, incomprendido, despreciado y derrotado, el obediente, no renuncia a su llamado sino que se mantiene firme. Elías no claudico en su cometido, pero necesito apartarse para ir al encuentro de Dios, el cual renovó su vida física y espiritualmente. 

       “Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí. Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día. Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude. Porque oí la murmuración de muchos, temor de todas partes: Denunciad, denunciémosle. Todos mis amigos miraban si claudicaría. Quizá se engañará, decían, y prevaleceremos contra él, y tomaremos de él nuestra venganza. Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada.” Jr. 20:7-11

       La obediencia no es una opción para los hijos de Dios Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando Jn. 15:14 pero ¿Estamos dispuestos a pagar el precio de la obediencia sincera e incondicional a Dios? ¿Estamos dispuestos a ser perseguidos, marginados, alejados, olvidados o ignorados por nuestra sociedad?
       Puede que como Elías estemos pasando por momentos en que los vemos todo negro o como Moisés veamos como Satanás usa nuestros mayores temores para doblar nuestra actitud de obediencia. Pero que el fuego de Dios arda en nuestros corazones y nos haga ser hombres y mujeres obedientes a Dios.

La alabanza en la derrota.


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       Cuando hablamos de alabanza inmediatamente nos vienen imágenes felices o emotivas de buenos momentos que hemos pasado alabando a nuestro Dios tanto individualmente, en familia o como iglesia. La palabra alabanza nos hace pasear por otras como agradecimiento, honra, júbilo, amor e incluso fiesta.
       Es relativamente fácil elevar palabras de alabanza a Dios cuando tenemos motivos evidentes para ello, pero si la situación no fuera tan favorable para nosotros ¿seríamos capaces de alabar a Dios en nuestra derrota más humillante?

Todo el día tuercen mis palabras;
siempre están pensando hacerme mal.
Conspiran, se mantienen al acecho;
ansiosos por quitarme la vida,
vigilan todo lo que hago.
¡En tu enojo, Dios mío, humilla a esos pueblos!
¡De ningún modo los dejes escapar!
Toma en cuenta mis lamentos;
registra mi llanto en tu libro.
¿Acaso no lo tienes anotado?
Cuando yo te pida ayuda,
huirán mis enemigos.
Una cosa sé: ¡Dios está de mi parte!
10 Confío en Dios y alabo su palabra;
confío en el Señor y alabo su palabra;
11 confío en Dios y no siento miedo.
¿Qué puede hacerme un simple mortal?
Sal. 56

        El siervo de Dios siempre va a ser el objetivo de los ataque del enemigo de Dios. Pero sus pies no resbalan en pos de la lágrima fácil ni de lamerse las heridas. David podía levantarse y quejarse de su situación, él era el ungido de Dios, el elegido, el que decidió seguir la voluntad de Dios aunque fuera en contra de sus intereses personales. Pero a pesar de “haber cumplido” Dios lo pone en manos de sus enemigos. Y en esta situación es capaz de decir “Confío en el Señor y alabo su palabra…”.
        Alabar a Dios en mitad de la prueba nos habla de: 1. Humildad, de saber poner a Dios por encima de nosotros conociendo que todo lo que tenemos está es su mano, y no en la de los enemigos. 2. Confianza, de saber que Dios cuida de sus hijos y que todo lo que pase, sea bueno o malo está bajo su control. 3. Descanso, cuando pasamos momentos de dificultad podemos rompernos la cabeza día y noche pensando que hicimos mal, que podríamos haber hecho mejor, o simplemente preguntándonos ¿porqué?. Pero el que confía en Dios descansa en su voluntad porque sabe que él tiene el control. 4. Centrar nuestra vida en Dios, Él pasa a ser nuestra roca cuando todo se tambalea.

Yo reconozco mis transgresiones;
siempre tengo presente mi pecado.
Contra ti he pecado, sólo contra ti,
y he hecho lo que es malo ante tus ojos;
por eso, tu sentencia es justa,
y tu juicio, irreprochable.
Yo sé que soy malo de nacimiento;
pecador me concibió mi madre.
Yo sé que tú amas la verdad en lo íntimo;
en lo secreto me has enseñado sabiduría.
14 Dios mío, Dios de mi salvación,
líbrame de derramar sangre,
y mi lengua alabará tu justicia.
15 Abre, Señor, mis labios,
y mi boca proclamará tu alabanza.
16 Tú no te deleitas en los sacrificios
ni te complacen los holocaustos;
de lo contrario, te los ofrecería.
17 El sacrificio que te agrada
es un espíritu quebrantado;
tú, oh Dios, no desprecias
al corazón quebrantado y arrepentido
Sal. 51

       Otro momento donde nos es complicado derramar nuestro corazón en alabanza es en la confesión de nuestro pecado. Muchas veces la vergüenza nos puede hacer rehuir el bochornoso momento de ponernos de rodillas y pedir perdón a Dios por nuestros errores. David no sólo había dejado embarazada a una mujer casada, sino que había intentado encubrirlo matando a su marido. David, cuando es descubierto, clama a Dios y lo alaba por Su justicia. Aquí vemos una alabanza que 1. Reconoce el error, no trata de excusarse sino que reconoce que se ha equivocado, Adán le echo la culpa a Eva, el pueblo de Israel le echaba la culpa a Moisés y Aaron de su situación en el desierto… pero el hijo de Dios reconoce su culpa y la admite. 2. Acepta el castigo de Dios como justo, en el caso de David fue la muerte de su hijo con Betsabé, cuando reconocemos que la justicia de Dios es irreprochable aceptamos el castigo de Dios como el correcto en nuestra vida. 3. Hay un corazón arrepentido, con un arrepentimiento verdadero y no sólo por cumplir o salir del paso.

Muchos son, Señor, mis enemigos;
muchos son los que se me oponen,
y muchos los que de mí aseguran:
«Dios no lo salvará.»Selah
Pero tú, Señor, me rodeas cual escudo;
tú eres mi gloria;
¡tú mantienes en alto mi cabeza!
Clamo al Señor a voz en cuello,
y desde su monte santo él me responde.
Sal. 3

       Seamos mujeres y hombres de alabanza, personas que ponen en alto en todo momento el nombre de Dios. Podemos estar siendo perseguidos por nuestros enemigos, pero clamemos a Dios por su cuidado infinito, por su protección y descanso. Quizás estamos huyendo de Él por un pecado que nos humilla y aleja, pero alabemos Su justicia y busquemos Su perdón.