¿Qué significa ser cristiano? III: El bautismo

¿Qué significa ser cristiano? III: El bautismo

Continuamos con el estudio sobre que significa ser cristiano basado en las palabras de Jesús en Mateo 28:16-20. Empezamos mostrando la autoridad de Cristo y su llamado a que seamos discípulos.

Bautizándolos en el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo (v. 19): Debido a la construcción gramatical podemos pensar que se debe enseñar después de ser bautizado y no es así. Bautizar y enseñar son dos actividades coordinadas una a la otra pero subordinadas a haced discípulos. Esto significa que los discípulos se caracterizas por ser bautizados y ser enseñados en la Palabra de Dios. Por medio de ser bautizados y enseñados una persona llega a ser discípulo de Cristo.

Bautismo

La primera etapa de la vida del discípulo, el bautismo, se caracteriza por dos elementos el arrepentimiento y  recibir la Palabra (Hc. 2:38-41) no pasa mucho tiempo desde que Jesús les dijera que tenían que hacer discípulos y ahora vamos a ver un claro ejemplo de arrepentimiento y recibir la Palabra. Que realmente son el mismo, porque para poder arrepentirse primero hay que oír la Palabra de Dios. Después de la venida del ES en pentecostés Pedro ha predicado a un gran número de judíos que se encontraban en Jerusalén de paso y que pertenecían a distintos lugares del imperio Romano. Muchos de ellos se convierten, unos tres mil, entonces le preguntan a Pedro ¿qué haremos? (v. 37) la respuesta es arrepentíos y sed bautizados. Algo inmediato  pero consecutivo. No se puede bautizar sin antes haber un arrepentimiento del pecado. Sin antes darnos cuenta de que nuestra situación era de bancarrota espiritual. Somos pecadores merecedores de la ira de Dios por nuestro pecado, somos pecadores incapaces de salvarse a sí mismos, las buenas obras no salvan, las religiones que inventamos no salvan, las riquezas que podamos acumular no nos libran de presentarnos el día de nuestra muerte delante de Cristo y ser declarados culpables y ser arrojados a lago de fuego que está preparado para Satanás. Pero por misericordia y por gracia Dios ha preparado un sustituto para nuestro castigo, Dios no elimina el castigo porque es Justo y sería una injusticia que el delito quedase sin castigo, pero aquellos que nos arrepentimos de nuestra vida, de lo que hemos hecho y miramos a Cristo el cordero que muere por nosotros recibimos un regalo. Este regalo es una declaración de justicia. Nosotros somos declarados justos a los ojos de Dios y Cristo es declarado culpable pagando por nosotros en la cruz del Calvario. Desde ese momento ya no vivimos una vida esclavos del pecado sino de servicio a Dios somos discípulos de Cristo, viviendo de ejemplo y Palabra.

Entonces si tú crees esto ya estás preparado para bautizarte para ser bautizado no en cualquier ideología sino en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Bautizarse en el nombre de alguien es identificarse con esa persona. En la época de Jesús, era muy común que los maestros bautizasen a sus discípulos como un rito de iniciación en su grupo era una manera de identificarse como seguidor de esa persona. Con Cristo el bautismo no es sólo una manera de identificarse con nuestro Señor Jesucristo sino con su Padre quien planeo la salvación desde antes de la fundación del mundo y con su Espíritu Santo que nos guía en nuestro día a día.

Continuará….

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La vid verdadera (I).


El ministerio de Jesús en esta tierra tuvo múltiples facetas. Una de las más importante y por lo que la gente más lo seguía era por su rol de maestro. Jesús era un maestro diferente, no era un maestro que se limitara a recitar la ley o lo que sabía, que era mucho. Jesús era un maestro creativo capaz de enseñar verdades teológicas profundas con una parábola, o una ilustración. Como en Jn. 15:1-17

Jesús usa la ilustración extensa de la vid y los pámpanos para hablar acerca de la vida cristiana. En el A.T. se usa con frecuencia la imagen de la vid para representar a Israel, ahora en el N.T. va a usar esta misma ilustración para hablar de la vida de su pueblo redimido.

En esta ilustración comienza presentándonos tres personas a Jesús, al Padre y a nosotros. Lo primero que hace Jesús es identificar a los personajes que aparecen en esta ilustración, por un lado tenemos a la vid, a la planta, que representa a Jesús. Esta va a ser la última de las siete afirmaciones de Jesús sobre su propia persona con las palabras yo soy después de decirnos que el era el pan (6:35), la luz (8:12), la puerta (10:7-9), el buen pastor (10:11-14), la resurrección (11:25) y el camino (14:6).

Jesús es la vid sobre las que estamos nosotros, los discípulos de Cristo que somos los pámpanos, o sea las ramas. Aunque nosotros usamos la palabra para identificar a toda la planta aquí, la vid, se referiría quizás más al tronco, sobre todo con la idea de ser la suministradora de sabia, de vida a los pámpanos, por eso en los versículos 4 y 5 dice que separados de él no podemos vivir sino que nos secamos, si nosotros probamos a cortar una rama de una vid de su tallo lo que se produce es la muerte del pámpano, no así de la vid, porque el pámpano se queda sin alimento, sin vida. Esta llamada a la dependencia directa de Cristo es unos de los llamados de Cristo, “venid a mi los cansados y cargados” Cristo llamando a las personas con cargas en su vida a que dependan de él y descansen el Él. Con la mujer samaritana “si bebieras del agua que yo te daré no Viña_pago_el_carrascal_sanlucar_de_barramedatendrías mas sed” Jesús dejando claro que si vamos a él no necesitamos nada más en la vida. El llamado de Jesús es a una dependencia total de la misma forma que una rama tiene una dependencia total del tronco.

Pero Jesús no es cualquier tipo de vid sino la vid verdadera. Esto nos habla de que hay otros tipos de vides, otros como Jesús pero son todos falsos. Este aspecto de recalcar el echo de llamar verdadero a un atributo de Jesús ocurre en varios pasajes de la Biblia en Jn. 1:9 se nos dice que Jesús es la verdadera luz que alumbra al mundo, o sea que hay otras luces, otras cosas que quieren alumbrar nuestra vida para llevarnos por el camino.  En Jn. 8:36 se nos dice que si el Hijo de Dios nos libertare seremos verdaderamente libres, con lo cual entendemos que hay otras libertades.

Satanás ofrece estos sucedáneos con el objetivo de torcer nuestra, porque al fin al cabo nosotros somos pámpanos, receptores. (v. 5) Los pámpanos son las ramas que producen fruto. Y esta es toda nuestra labor en la vida. Muchos libros se han escrito sobre la función, propósito, razón de la existencia humana y Jesús lo presenta aquí de una manera muy simple, los cristianos estamos en al tierra para llevar fruto. (Eclesiastés y la razón de la vida) Y sólo existen dos clases de personas, las que dan fruto y las que no. No hay opciones, no hay excusas, porque separados de Jesús nada podemos hacer.

El objetivo de este fruto es dar gloria al Padre, y esta es la razón de que Satanás intente desviarnos, no es porque nosotros hagamos las cosas muy bien sino para apropiarse de la gloria que le corresponde a Dios. Por eso la Biblia nos enfatiza el hecho de que Satanás ataca a los hijos de Dios que obedecen a Dios, porque no soporta que Dios reciba gloria.

La tercera persona de esta metáfora es el labrador, el Padre, el dueño de la viña, el que cuida la vid y los pámpanos, es el que tiene autoridad para echa fuera a los pámpanos que no estén llevando frutos. Y como es el que cuida la viña es el que recibe la gloria cuando el fruto viene a su tiempo.

Continuará…

¿Un Dios bueno?


Una de las cosas que más temen los políticos son los micrófonos abiertos, esos que te graban diciendo un comentario que, muchas veces fuera de contexto, deja quedar mal a la persona que lo dice y que provoca una rápida cascada de comentarios, opiniones y rectificaciones. Esta semana fue Esperanza Aguirre quien afirmó sobre los arquitectos “que habría que matarlos por sus crímenes” evidentemente por sus crímenes se refería a las supuestas aberraciones arquitectónicas en edificios públicos, pero sus palabras, provenientes por la presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, hicieron correr ríos de tinta, sobre todo electrónica.

Esto ocurre cuando vemos expresiones, palabras, acciones o opiniones que no nos cuadran con nuestra concepción de como debe ser “esa” persona.

Con Dios pasa algo parecido, quizás sea porque esperamos que todos cumplan con nuestra concepción buenísta de la realidad, o porque nos resulta difícil pensar que un Dios que nos ha dado tanto pueda hacer o decir ciertas cosas que no nos cuadran en la personalidad de alguien que destila bondad y pide ser como Él.

 

    » 23 »¿Cómo puedes decir:
“No me he contaminado,
ni me he ido tras los baales”?
¡Considera tu conducta en el valle!
¡Reconoce lo que has hecho!
¡Camella ligera de cascos,
que no puedes quedarte quieta!
24 ¡Asna salvaje que tiras al monte!
Cuando ardes en deseos, olfateas el viento;
cuando estás en celo, no hay quien te detenga.
Ningún macho que te busque tiene que fatigarse:
cuando estás en celo, fácilmente te encuentra.»

Jer. 2:23-24

       Algo que llama la atención de Dios, y debemos considerarlo una virtud, es su claridad absoluta con todo lo que hace su pueblo. No existen medias tintas con él. Cuando Israel y Judá, ya con el reino dividido, se apartaron de Dios y se fueron a adorar a otros dioses, como Baal o Asera, Dios no se corta un pelo a decirles que sienten que le han sido infieles y no solo eso sino que compara su actuación con la de una persona sin criterio que se deja llevar por los impulsos, alocadamente, para irse detrás del primer dios que le pasa por delante.

Podemos decir muchas cosas de Dios, pero lo que nunca podemos decir es que sea un Dios tolerante con el pecado, más bien es discriminatorio con él.

« —Ananías —le dijo Pedro—, ¿cómo es posible que Satanás haya llenado tu corazón para que le mintieras al Espíritu Santo y te quedaras con parte del dinero que recibiste por el terreno? ¿Acaso no era tuyo antes de venderlo? Y una vez vendido, ¿no estaba el dinero en tu poder? ¿Cómo se te ocurrió hacer esto? ¡No has mentido a los hombres sino a Dios!

Al oír estas palabras, Ananías cayó muerto. Y un gran temor se apoderó de todos los que se enteraron de lo sucedido.» Hc. 5:3-5

Ananías quiso quedar bien delante de los apóstoles y a parte quedarse con parte del dinero que iba a donar, ante este pecado, el castigo fue directo, la muerte. Muchas veces los cristianos coqueteamos con el pecado como el niño que hace malabarismos con fuego. ¿Realmente sabemos lo que significa el pecado? ¿Realmente conocemos las consecuencias de obrar mal?. Quizás por que tenemos el colchón de “Dios me perdona” vivimos vidas donde parece que nos creemos inmunes al pecado. El pecado siempre tiene consecuencias, cuando obramos mal alguien sufre, bien sea yo o la persona que sufre las consecuencias de mi pecados, y por encima de todo Cristo sufrió por nuestro pecado, no solo el concepto sino cada pecado que hemos cometido individualmente.

Pero de la misma forma que aborrece al pecado Dios ama a los que le buscan. Debemos dejar de vivir vidas mediocres coqueteando con el pecado como si no fuera a pasarnos nada. Dios no soporta el pecado y no se cortará a la hora de disciplinar a sus hijos si estos se desvían, no se callará cuando sus hijos estén yendo por caminos que nos son los suyos, pero tampoco se esconderá de los que verdaderamente le buscan, si no que los amará.

«A los que me aman, les correspondo;
a los que me buscan, me doy a conocer.
» Prv. 8:17

Más que conocer.


Lectura: Stg. 1:19-27

 

La base de la vida cristiana es seguir a Cristo, predicar su mensaje, darle importancia a lo que él le daba importancia y para ello hay que conocer la palabra de Dios. A lo largo de toda la Biblia, vemos el énfasis tremendo que Dios le da a que Su pueblo conozca sus mandamientos. Somos el pueblo de Dios y la única forma de conocer en profundidad a este Dios es conociendo su palabra, sus mandamiento, sus ejemplo, sus promesas, sus maldiciones. Debemos ser el pueblo de la palabra.

Santiago 1:19-27 es un texto que nos habla de la importancia de por un lado conocer la palabra de Dios y por otro ponerla en práctica. Estas dos realidades son inseparables, no se puede poner en práctica algo que se desconoce y por otro lado es hipócrita conocer la Palabra, o sea, lo que debemos hacer y no hacerlo.

Este texto se divide en tres párrafos donde vamos a ver partes del mismo discurso, primero la importancia de escuchar la palabra, por escuchar también tenemos que entender aprender la Palabra, antes de hablar o actuar. Un segundo párrafo donde el autor nos habla acerca de que este conocimiento de la palabra no debe quedar en un mero conocimiento intelectual sino que se debe poner en práctica para que la bendición sea completa y un último párrafo donde se relata una advertencia contra las personas quien no pongan en práctica lo que han escuchado o aprendido.

El V.19 empieza remarcando fuertemente la necesidad de que estemos listos para escuchar la Palabra, y esto nos debe hacer reflexionar en primer lugar sobre nuestra vida devocional, sobre el tiempo que diariamente un hijo de Dios debe apartar para escuchar a Su padre. De la misma forma que si yo quiero mantener una buena relación con un amigo, con un hermano de la iglesia, con mi abuelo, necesito invertir tiempo en hablar, conocer, aprender de él, un hijo de Dios necesita tiempo a solas con su Padre abriendo su Palabra y orando. Ya es difícil guiarse por los caminos de Dios para una persona fiel, con toda clase de tentaciones y dificultades que ocurren, como tenemos casos en la Biblia, cuanto más difícil es para una cristiano vivir una vida santa sin tener una guía continua por parte de Dios.

Esta vida de comunión diaria con Dios es algo que se debe enseñar en la Iglesia, pero es algo que fundamentalmente se debe enseñar en casa, es tarea primordial de los padres enseñar a sus hijos a leer la Biblia habitualmente “Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él.Pr. 22:6. Pero no solo los niños, los adultos también debemos esforzarnos porque a pesar de tener vidas ocupadas, por cosas que está bien que nos ocupen, como trabajo, hijos o familia, debemos ser constantes en esta vida de comunión diaria con Dios.

En segundo lugar este “listos para escuchar” nos debe hacer reflexionar sobre como venimos a las reuniones de la iglesia, ¿Venimos a ellas porque  es lo que hemos hecho siempre? ¿Quizás venimos a ella porque ya somos pocos y si faltamos 2 casi no queda nadie? ¿Quizás hemos entrado aquí pero nuestra mente aún sigue viajando por otros problemas, que consideramos más importante en nuestra vida? Cuando venimos a las reuniones debemos venir con el corazón y la mente dispuestas a escuchar la Palabra de Dios. Cada ocasión es importante, no porque el que lo haya preparado haya gastado algunas horas, o por su habilidad a hacerlo. Sino porque es Dios el que pone las palabras cuando uno de sus hijos abre Su Palabra.

v.21 Así que vemos la importancia de escuchar (aprender) las palabras de Dios. Además el énfasis es estar listo para escucharlas y lentos para hablar y enojarse. Y eso podría ser perfectamente un proverbio como Prv. 18:2Al necio no le complace el discernimiento; tan sólo hace alarde de su propia opinión” Aquí vemos como el necio no escucha las palabras de discernimiento sino que prefiere hablar de su propia opinión Pr. 16:20El que atiende la palabra prospera. ¡Dichoso el que confía en el Señor!” Mientras que quien se guía por las palabras de Dios prospera, nos dice proverbios. Y este versículo es algo que la iglesia del siglo I debía conocer, pero también es algo que la iglesia del siglo XXI necesita saber, cuantas veces hablamos antes de escuchar (aprender) cuantas veces nos apresuramos a hablar a criticarnos los unos a lo otros a enfadarnos, antes de dedicarnos a escuchar a la Palabra y aquí Santiago enfatiza que para poder recibir la Palabra, debemos despojarnos de toda ese pecado que nos rodea. Muchas veces en nuestra vida podemos tener algo que distorsione nuestra mirada, de la misma forma que el alcohol distorsiona la mirada de quien posee la ira, el enojo, la envidia, las peleas con otros hermanos pueden llevarnos a una mala interpretación de la palabra de Dios. Si cada vez que leo la palabra de Dios lo hago pensado en que bien le vendría a tal hermano escuchar esto, o cuando el que predica ha echo el estudio pensado en desde el púlpito atizar a tal hermano o tal otro, o tal ideología, sea esta buena o mala, esto nos distorsiona la mente. Debemos despojar de este pecado para escuchar la Palabra en primer lugar y que sea ella la que nos habla a nosotros en primer lugar y luego a los demás.

v. 22-25 Pero por muy importante que sea escuchar nuestra labor no puede quedar solo ahí sino aparte de escuchar hay que poner en práctica la Palabra. Las personas que sólo escucha la palabra y no la ponen en práctica se engañan a sí mismos, porque acallan la conciencia pensando que solo oír la palabra es suficiente para sus vidas, y eso no es cierto. El mero conocimiento teórico de la Palabra de Dios, sin llevarlo a la práctica no es nada. No practicar la palabra de Dios es por un lado desobediencia, porque si Dios te ha dado la capacidad de entenderlo implica que tienes que obedecerlo, por otro lado implica falta de bendición, porque Dios también nos bendice cuando nos ponemos en marcha para hacer algo.

Aquí usa el ejemplo del espejo, es un buen ejemplo, porque la Palabra nos muestra la miseria humana, la nuestra, pero también la cura, e irse y olvidarse de la imagen implica que creemos no necesaria la cura.

v. 26-27 Este texto de Santiago acaba con unas palabras bastante duras hacia las personas que se creen religiosas, aquí la palabra religiosa no tiene idea negativa, sino más bien quiere decir las personas que se declaran practicantes de la religión cristiana. Si alguien se cree religioso (digamos cristiano) pero no practica la palabra significa que se engaña así mismo porque realmente su religión no sirve para nada. Es inútil. Existe una religión verdadera, aquí descrita como pura y sin mancha, delante de Dios. Es importante esta frase final porque nos hace énfasis en que quién valora que esta religión es pura y sin mancha es Dios, no nosotros ni otras personas. Esta religión pura y sin mancha implica ayudar a los huérfanos y a las viudas, o sea ayuda a los necesitados, a las personas que peor lo están pasando. La verdadera religión es aquella que se humilla a escuchar las palabras de Dios y que luego las pone en práctica bendiciendo y ayudando a los demás.

 

Dios, nuestro Padre


Texto: Lc. 12:23-34

Cada cierto tiempo el CIS (centro de investigaciones sociológicas) saca a la luz una encuesta, que suele definir cuales es la dirección por la cual está yendo la situación de la sociedad, es la encuesta de los principales problemas de los españoles. En la encuesta de este año el primer puesto se lo llevó con clara diferencia sobre el resto, el paro (85%), en segundo lugar algo relacionado, los problemas económicos, en tercer lugar algo que muchos dirán que también esta relacionado, la clase política (21%).

Esto es totalmente normal, vivimos una crisis, y ante ella las preocupaciones por la supervivencia de uno y de su familia se vuelven la primera prioridad, miedos como a que todos los miembros de una familia se queden en paro, o que no tengamos un lugar donde vivir porque el banco se ha quedado con el piso, miedos que hasta hace unos años parecían no existir están a la orden del día. A lo largo de toda la historia una de las mayores preocupaciones del ser humano es la de cubrir las necesidades básicas, las propias y las de las personas que están a su cargo. La necesidad de comer y de vestir son probablemente las más básicas.

Este es un pasaje alentador del evangelio de Lucas donde se nos presenta a Dios como ese Padre protector que conoce las necesidades de sus hijos y siempre los sostiene en su mano:

En la parábola anterior Jesús habla a toda la multitud, pero en esta vemos como se centra exclusivamente en los discípulos, con lo que podemos entender que estos textos son para los hijos de Dios, personas que han depositado en él su confianza.

Y vamos a intentar apreciar una serie de ideas que Jesús ha querido expresar con estas palabras para aplicarlas en nuestra vida, y sobre todo asimilarlas en estos tiempos donde parece que todo se desmorona. Que sepamos que tenemos un Dios que se preocupa de nosotros y que nunca nos va a dejar de lado.

1. Dios está en el control de la vida de su pueblo y el nos cubre (v.32): Y la imagen en la de Dios cubriendo al pueblo de Israel por el desierto, de día con una nube, visible, que daba sombra, de noche una columna de fuego, visible y que proporcionaba calor y luz. El pueblo de Israel no hubiera sobrevivido sin la ayuda de su Dios, a pesar de ser rebeldes y desobedientes, pero Dios nunca los abandonó. De esta misma forma Dios nunca abandona a un hijo suyo. Estas son palabras que en un tiempo de crisis como en el que vivimos nos viene bien recordar, que por muchas dificultades que estemos pasando, Dios es fiel a su pueblo.

El versículo 32 nos dice que la buena voluntad de Dios es darnos el reino, somos herederos de un reino y puede que lo pasemos mal estando en esta tierra, ser hijo de Dios no es un antídoto contra las malas experiencias, pero si es un consuelo de saber que tenemos a una persona todopoderosa a nuestro lado, como nos dice Hb. 4:15Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.

2. Debemos considerar que nuestra forma de ganarnos la vida, sea cual sea, es un regalo de Dios (v.24). De la misma forma que el cuervo se esfuerza por conseguir su alimento es necesario que el ser humano se esfuerce por conseguir el suyo, sin que este esfuerzo le haga perder la vista en que es Dios realmente el que le esta proveyendo ese trabajo para poder alimentarse. Que el trabajo sea algo pesado y difícil es realmente un castigo a la rebeldía del hombre Gn. 3:19.

Muchas veces olvidamos lo maravilloso y lo grandioso de las cosas cotidianas, llegamos a olvidar que Dios está detrás de ellas. Un ejemplo es la Biblia, muchas veces podemos pensar que bendición sería que Dios nos hablase directamente, de forma audible, como en la Biblia, pero nos olvidamos de lo maravilloso y del poder, que es el mismo, pues es palabra de Dios. Es muchísimo mejor tener las palabras de Dios impresas, que son palabras de Dios a que a una solo personas le sean rebeladas, como era el caso. Cada vez que leemos las palabras de la Biblia es Dios hablando, pero como eso un objeto de uso común muchas veces lo infravaloramos, de la misma forma el trabajo que nosotros realizamos, con su esfuerzo es un regalo de Dios para poder sustentarnos. No es mérito nuestro.

3. Su pueblo es el objeto más preciado para Dios (v.24; v.28): Lo expresa en dos frases “cuanto más vales ustedes que las aves…” y “Cuanto más hará por ustedes, gente de poca fe” vemos la posición que ocupan los hijos Dios ante su Padre, son personas valiosas y que beneficiarias de la bondad de Dios. Esto también nos tiene que ayudar en nuestra autoestima, muchas veces Satanás puede hacernos creer que somos personas que no valemos nada, pero Dios usa una frase “mi pequeño rebaño” donde vemos como Dios usa este nombre cariñoso para referirse a su pueblo.

Is. 43:1-3 Dios no renuncia a su pueblo sino que se identifica con él. Lo ama como un padre, lo disciplina como un padre, le da tranquilidad como un padre.

4. Satanás usa las preocupaciones para atar a la gente (v.30): Una de las excusas que la gente usa más a menudo para rechazar creer en el evangelio o involucrarse en las cosas de Dios es la falta de tiempo. El trabajo, los hijos, los hobbies, se agolpan en las agendas de las personas y desplazan a Dios a un segundo lugar, cuando el día es muy atareado no hay tiempo para orar, leer la Biblia. Esto no es sólo un peligro para las personas que no conocen a Dios porque muchas veces esto nos pasa a todos. Pero este texto tiene un final que nos tiene que llenar de esperanza nuestro Padre sabe lo que necesitamos.

5. Nuestra cabeza debe estar continuamente pensando en el reino de Dios (31): aquí se refiere al campo de la salvación. Lo que primero debe hacer el ser humano es buscar su salvación y una vez que la tenga buscar la salvación de los que los rodean. Esto no significa ser descuidado en nuestro trabajo bajo el lema “Dios me cuida yo no hago nada” sino más bien yo me esfuerzo y es Dios quien prospera lo que hago, no yo.

Gn. 40:21-41:1 Todos conocemos la historia de José, cuando tuvo que ser esclavo en Egipto fue un trabajador excepcional, a pesar de eso acabó en la cárcel, donde su trabajo era también notorio, pero a pesar de hacer lo correcto, a pesar de que rebeló el sueño del copero y del panadero, porque Dios se lo permitía, vemos como tiene que pasarse 2 años más en la cárcel. José podría pensar, “Dios me bendecirá yo me cruzo de brazos y que sea el quien me saque”  o “No vale la pena tanto esfuerzo para seguir en la cárcel”, pero él siguió esforzándose y confiando en Dios para al final, gracias a su esfuerzo y la bendición de Dios, consiguió ser el 2º más importante de Egipto. Porque José tenía la mente puesta en las cosas de Dios y a pesar de que su trabajo parecía que no traía fruto él seguía confiando en Dios.

v.32 Es un ejemplo del reino, por mal que estén las cosas debemos preocuparnos por las personas que pasan necesidad, debemos ser un pueblo que ayuda y que es de bendición, porque ese es nuestro tesoro.

“Pues donde tengan ustedes su tesoro, allí también estará su corazón” Lc. 12:34

El precio de seguir a Cristo.


Existe una corriente de pensamiento, que quizás es mayoritaria en la sociedad occidental actual, que dice que aceptarse a uno mismo y a los demás con sus ideas y formas de vida es algo imprescindible a la hora de desarrollar una autoestima equilibrada y por ende funcionar en la sociedad de una manera responsable. Las personas que no se aceptan a sí mismas son consideradas por demás individuos como personas intolerantes o arcaicas, como provenientes de otro mundo.

Es curioso que ante esta idea de la aceptación tan generalizada en la sociedad de hoy en día Jesús planteo otra distinta, pero indispensable, en la Palabra de Dios.

Si alguien quiere venir en pos de mí nieguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” Lc. 9:24

La imagen que Jesús emplea aquí para ilustrar el acto de obedecerle y seguir sus mandamientos en la relación Maestro/Discípulo, muchos discípulos de Jesús le seguían literalmente tras él a lo largo de su ministerio. Ninguno de los discípulos seguía a Jesús obligado, algunos lo hacían por interés, pero a lo largo del ministerio de Jesús va dejando claro quienes lo seguían de corazón y quienes no.

Negarse nos habla en un principio de voluntariedad Jesús no obliga a nadie a seguirle y nadie puede ser obligado a tomar una cruz si no quiere hacerlo. Desde el huerto del Edén los hombres hemos tenido libertad de decisión acerca de Dios, podemos elegir obedecerle o no. Dios en su gran misericordia nunca ha dejado al hombre sin la libertad de la elección. De la misma forma ni la familia, ni la iglesia pueden obligar a nadie a seguir a Cristo.

Pero esta decisión voluntaria implica otra acción a realizar, que es la “negarse a sí mismo” Aquél que se niega a sí mismo abandona toda confianza en lo que uno es por naturaleza, y depende únicamente de Dios. Negarse nos habla de renunciar a nuestros propios intereses y ambiciones, metas e ideas, todas ellas legítimas para ponerlas todas a pies de Cristo. Tenemos una definición perfecta de esta negación en Flp. 3:7-11 Pablo considera todo como pérdida por amor a Cristo, estimar todo como pérdida no es que menospreciemos lo que tenemos o lo que logremos alcanzar, sino que demos el primer lugar a Dios.

Después de negarnos a nosotros mismos debemos tomar nuestra cruz. La idea es la de un condenado llevando su propia cruz al lugar de ejecución. Sin embargo, lo que el condenado hace por obligación el discípulo de Cristo lo hace de buena gana. Voluntaria y decididamente acepta el dolor, la vergüenza y la persecución que va a ser su porción particular debido a su lealtad a Cristo. Un chico toma su cruz cuando, sabiendo que lo que le esperan son burlas y menosprecio, reconoce delante de sus compañeros de clase que él ama a Cristo, un misionero toma su cruz cuando a sabiendas de que pueden matarlo decide ir a predicar a un grupo étnico sin alcanzar una familia toma su cruz cuando acepta que uno de sus hijos parta a otro país a trabajar en la obra de Dios y no lo lleva con rencor sino con agradecimiento y con amor.

Finalmente, debe comenzar a seguir a Jesús y perseverar en ello. Ser discípulo no es un trabajo en el cual entrar a una hora y sales para irte a casa a estar con tu familia, ser discípulo es una vida. No hay horarios, los seguidores de Cristo lo son las 24 horas del día.

Y este es el panorama que les pinta Jesús a los que quieren seguirle, la verdad es que como plan de marquetin igual no es muy bueno, sígueme y renuncia a todo lo que eres, sígueme y ganarás vergüenza y puede que te persigan, no es algo que la sociedad esté dispuesta a aceptar de buenas a primeras, ni era algo dispuesto a ser aceptado por los conciudadanos de Jesús.

     El que no cedió el primer lugar: Mr. 10:17-31.

Negarse a sí mismo implicaba ceder el lugar de más importancia en la vida de este hombre, que era el dinero y dárselo a Dios. Jesús le da en el talón de Aquiles a este hombre. Evidentemente Jesús no está diciendo que todas los ricos deban vender todas sus riquezas y dárselas a los pobres, no se lo pidió a Abraham, por ejemplo, ni a Job, pero sí estaba pidiendo algo que le pidió a Abraham y a Job y eso es el primer lugar en la vida. Cuando Dios le pide a Abraham que sacrifique su único hijo, realmente le estaba pidiendo que demostrara que era los más importante es su vida, obedecer a Dios o su hijo.

Cuando Satanás se presenta ante Dios por la vida de Job la discusión es esa “Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia.” Jb. 1:11. Pero vemos como a pesar de todo Job no blasfema contra Dios ni deja de respetarle.

¿Le damos a Dios el primer ligar en nuestra vida? ¿si Dios nos pidiera sacrificar cualquier cosa en nuestra vida lo haríamos? Pueden ser posesiones materiales como el el caso de este joven o de Job, puede ser otra persona como el caso de Abraham, puede ser nuestro trabajo, nuestra iglesia. No pensemos que todo lo que intente usurparle a Dios el primer puesto van a ser cosas malas, todo lo contrario suelen ser las buenas, las que le damos mayor importancia, pero seguir a Cristo es tenerlas por pérdida.

     El que dio largas al llamado:  Mt. 8:21-22.

Hay personas que siempre van dando largas a Dios. En este caso podemos pensar que fue cruel que Jesús no dejara a este hombre ir a enterrar a su padre, pero es que su padre no estaba muerto. La frase “ir a enterrar a mi padre” realmente quiere decir esperar a que mi padre muera. Probablemente porque tenía el deber de cuidarlo en su vejez o porque esperaba que su padre no aceptara ese estilo de vida, entonces prefería no darle el disgusto o no dejarlo solo y cuando se viera libre esta tarea pues seguiría a Jesús. Y aquí vemos otra realidad que puede ocurrir en nuestra vida y es la de darle largas a Dios. Muchos jóvenes sienten el llamado de Dios pero creen que son jóvenes y quieren disfrutar de la vida y prefieren dejar las cosas de la iglesia y de Dios para cuando sean mayores y ahí poder dedicarse en pleno o cuando una pareja es joven dice que no puede dedicarle tiempo a las cosas de Dios y deja de congregarse porque tiene derecho a disfrutar de su familia.

      Los que ‘lo dejaron todo‘: Lc. 5:1-11.

Por el contrario aquí vemos a unos pescadores que siguen incondicionalmente a Jesús. Un grupo de cuatro hombres que al escuchar a Jesús y ver sus obras decidieron dejar todo, familia, trabajo, el respeto de sus vecinos, por seguirlo. Andrés, Pedro, Juan y Jacobo no eran niños, eran hombres con familias tenían muchas excusas para no ir con Jesús, pero decidieron dejar todo en un segundo plano. Unos pocos versículos delante vemos como Mateo fue llamado de la misma forma, y no hubo miradas atrás, no dudaron, no quisieron arreglar las cosas antes, sino que siguieron a Cristo y estos hombre junto a otros 7 más cambiaron el mundo. No fue que supieran más que el joven rico, no fue que se esforzarán más que el que quería enterrar a su padre antes, fue el poder de Dios a través de vidas que le dieron el primer lugar. Y por el echo de renunciar a lo que tenían les fue dado más de lo que esperaban “Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.” Mt. 19:29 Este versículo no nos habla de premio que obtenemos o paga sino de eterno cuidado. Dios siempre suplirá la vida de los que le siguen y si seguirle implica pérdida de familia Dios suplirá esa pérdida de una manera increíble.

Conclusión:

Ser cristiano va ligado a seguir a Cristo y seguir a Cristo va ligado a negarnos a nosotros mismo y a tomar nuestra cruz todos los días. Cojamos a nuestras ideas personales, nuestras ambiciones, nuestros sueños, planes e ilusiones y pongámoslas a los pies de Cristo. Puede que los discípulos antes de seguir a Jesús tuvieran ambiciones o sueños o planes para sus familias pero lo dejaron todo para seguir y obedecer a Cristo. Y pasaron de ser pescadores a ser pescadores de hombres, a cambiar la historia.

No se puede ser discípulos de Jesús si seguimos otras cosas, si la primera prioridad son otras cosas, por muy buenas y legítimas que sean. Que Cristo y su obra sean lo primero en nuestras vidas siempre Amen.