¿Qué significa ser cristiano? V: Amor por la obra de Cristo

¿Qué significa ser cristiano? V: Amor por la obra de Cristo

Empezamos serie sobre que significa ser cristianos en Mt. 28 donde veíamos que Jesús reunió a sus discípulos en una montaña de Galilea y allí les dio un mandato “Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones (v. 19). Veíamos la diferencia entre identificarnos como cristianos a hacerlo como discípulos. Jesús nunca llamó a la gente a hacerse cristiana en el sentido de apuntarse a una religión como si dijeras “Si vienes a estos lugares y cumples con estos ritos serás salvo”. Sino que el llamado es a ser discípulos, personas que le sigan, le obedezcan y quieran vivir como Él vivió.

Hoy vamos a plantearnos que significa ser cristiano en el ámbito de la iglesia local. Qué relación tengo que tener con otros que dicen ser cristianos.

El texto que mejor define nuestra relación con nuestros hermanos es 1 Corintios 13. Que aunque es un texto muy usado en las bodas realmente no habla del amor romántico sino del amor que tenemos que tener los unos por lo otros en el cuerpo de Cristo.

Antes de amar tenemos que saber que debemos amar. Debemos plantearnos una pregunta previa ¿Qué es la iglesia?. El término se usa tanto para una comunidad local de creyentes (1 Co 1:2) como para todos los creyentes considerados como una asociación colectiva del pueblo de Dios (Ef 1:22–23). Se usan varias metáforas para describir la iglesia, siendo la más prominente el Cuerpo de Cristo. Tanto aquí como en la totalidad de la enseñanza del N.T., el énfasis está en la unión espiritual de la iglesia con Cristo el Señor de la iglesia y la de los creyentes entre sí. (Ef. 2:19-22)

dilla_274_2Cuando Cristo nos salva no lo hace para que vivamos como seres aislados unos de otros sino que es necesario que nos juntemos con otros creyentes porque es a través de ellos que Dios trabaja en nuestras vidas y nos permite crecer. (1 Cor. 12:7-23) cada uno somos parte del cuerpo y nos necesitamos y nos necesitan. Esto implica que tengo que vivir mi relación con la iglesia como algo activo siendo de bendición y siendo bendecido por mis hermanos. No existe los lobos solitarios en el reino de Dios sino las ovejas que dependen unas de otras como un rebaño dirigido por el buen pastor.

Esto es el plan de Cristo “según le agradó” (1 Co. 12:18) el plan de Cristo es su iglesia y si somos personas que creemos en Cristo y que queremos obedecer sus mandamientos debemos ser personas comprometidas con amar a su iglesia.

El amor es el modo de ser del cristiano. Todo lo hace, sea lo que sea, tiene que ser con amor. Amor hacia Dios primeramente y en segundo lugar amor al prójimo. Estamos en esta segunda parte.

Lo primero que Pablo explica en este capítulo 13 es la importancia del amor (v. 1-3): y lo hace a través de 4 contraposiciones lo que viene a decir que si alabara a Dios de la mejor manera posible, que si enseñase con todo el poder de Dios, si tuviese una fe que mueve montañas y hasta fuera el hombre para caritativo del mundo pero no hubiese amor en eso que hace no vale para nada sería como un metal que resuena, hace ruido pero ya está, nada es ni nada provecha. Tenemos que entender lo que está diciendo aquí. No está diciendo que debemos quedarnos con el amor y rechazar el resto. Debemos alabar a Dios con nuestra vida, debemos enseñar, a todos, a nuestros hijos, a un hermano que sepa menos, en la escuela dominical o en la iglesia. No debemos dejar de tener fe ni ser caritativos. Lo que explica es que todo lo que hagamos debemos hacerlo con amor.

Los siguiente que explica el autor es como es este amor (v. 4-7): lo hace a través de una descripción de aquello que es y que no es.

El amor es: paciente, bondadoso, creyente, tiene esperanza, lo soporta todo,

El amor no es: envidioso, jactancioso, no es arrogante, no es indecoroso, no es egoista, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no es injusto.

Si nos fijamos no está definiendo al amor sino a la persona que ama, o que dice amar. Si decimos que amamos a nuestros hermanos no puede ser que seamos envidiosos con ellos, arrogantes, indecorosos o egoístas. Sino que tenemos que ser pacientes y bondadosos, tener esperanza, soportar y no tener en cuenta el mal de nuestros hermanos.

La conclusión, el porqué de todo esto es porque el amor dura para siempre (v. 8-13): Directamente el amor nunca deja de ser. Los dones, todo lo que podamos hacer aquí en la tierra terminará ¿por qué? Porque cuando estemos en el cielo la fe no hará falta, la enseñanza tampoco porque conoceremos a Dios cara a cara. Cuando venga lo imperfecto, o sea cuando estemos delante de Dios sin pecado lo imperfecto acabará, el conocimiento imperfecto, la fe imperfecta todo esto acabará.

La conclusión es sencilla el amor es la manera de ser en el reino de Dios y por ello aquella persona que dice ser discípulo de Cristo debe amar a Cristo y a su obra que es la iglesia sirviendo a sus hermanos en amor. Hagamos lo que hagamos debemos hacerlo con amor porque sino quedará en nada, no valdrá para nada. Si queremos ser discípulos que crean, se bauticen y sean obedientes a la Palabra de Dios debemos ser discípulos que amen la obra de Cristo que es la iglesia.

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Conciencia social.


Ciertamente David, después de servir a su propia generación conforme al propósito de Dios, murió, fue sepultado con sus antepasados, y su cuerpo sufrió la corrupción.Hc. 13:36

       El rey David fue muchas cosas: Rey, músico, poeta, fugitivo, mejor amigo, adúltero, asesino… una lista que podemos hacer todo lo larga que queramos, sobre todo porque tenemos 2 libros en la Biblia contándonos su vida (1 y 2 Samuel). Pero tenemos que esperar 1200 años para leer esta afirmación en el libro de Hechos. “… sirvió a su propia generación…”, que nos trae una faceta de la cual no estamos muy habituados a hablar sobre David, su conciencia social.

 “Y se juntaron con él todos los afligidos, y todo el que estaba endeudado, y todos los que se hallaban en amargura de espíritu, y fue hecho jefe de ellos; y tuvo consigo como cuatrocientos hombres.” 1 Sam. 22:2

       David no fue por las ciudades reclutando un ejercito sino que cuando estaba escondido el ejército vino a él. Y estos no es que precisamente fueran la flor y nata del país, sino los marginados. ¿Porque? entre otras cosas, porque después de estar amenazado de muerte por Saúl, el rey, él pasó a ser un marginado más, pero también porque la sociedad sabía que al lado de David nadie quedaba fuera, nadie era echado, sino que todos eran acogidos bajo su protección y bajo su liderazgo. David no sólo les secó las lágrimas, les dio también una razón por la que luchar y esforzarse.

Muchas veces esperamos que en nuestras iglesias se llenen de gente sana, o sea, de gente que no traiga problemas, gente que emocional, espiritual y económicamente estén en una situación como la del resto de la congregación. Queremos ahorrarnos la incomodidad que puede producir una persona que vive en la calle y que probablemente no se ha duchado en semanas sentado en nuestros bancos el domingo a la mañana, en el que todos vamos tan guapos. Queremos ahorrarnos el mal trago de una iglesia con gente llena de deudas y la problemática que eso lleva. Pero nos olvidamos que Jesús trajo el evangelio para los enfermos los sanos (los que se creen sanos) no necesitan ayuda.

 “Quédate conmigo, no temas; quien buscare mi vida, buscará también la tuya; pues conmigo estarás a salvo.1 Sam. 22:23

        David servía su generación porque se preocupaba de las personas por encima de su interés personal, ¿a donde iba un fugitivo del rey, con una panda de hipotecados y marginados?.

Nuestras iglesias deberían ser como el ejercito de David, un lugar de cura, para las vidas rotas, para darles un sentido, una labor, para que todos colaboren juntos en un proyecto común. Para protegerlos y ayudarlos. Aunque eso nos produzca momentos de incomodidad, y de desengaño.

Nuestras iglesias deberían ser lugares que sirvieran a su propia generación.

Realidades y necesidades.


     Tenemos que reconocer, o por lo menos mi generación tiene que hacerlo, que vivimos en un lugar privilegiado en una época privilegiada, por muy mal que vayan las cosas ahora. Y quizás esa burbuja de comodidad nos ha hecho ver la realidad de una forma bastante idealista y distorsionada, también hasta cierto punto egoísta.

     El egoísmo es un conocido mal que tiene la peculiaridad de convertirnos en convenientemente ciegos y convenientemente sordos. 

“Y al ver las multitudes, [Jesús] tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” Mt. 9:36
     En el mundo occidental tendemos a valorar lo económico por encima de otros aspectos, que como mínimo tienen la misma importancia. Y cuando escuchamos que una persona tiene necesidad inmediatamente lo asociamos a que económicamente está necesitada. Pero si vemos el ejemplo de Jesús nos fijamos que su mayor prioridad eran otras realidades de la gente que le rodeaba. Alimentar a la gente Jn 6:1-15; su moralidad, Jn 5:6 y 7; su salud, Mt. 8:16; 
Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?”Jn 9:2
     Hay muchas ocasiones en que las necesidades de una persona, sea al nivel que sea, son producidas por el propio pecado. Rebeldía ante Dios, decisiones equivocadas, no aceptar consejos de personas más experimentadas, hacer siempre lo que bien nos parece. Y podemos caer en el error de juzgar a las personas que nos rodean, si alguien sufre podemos pensar “se lo merece”, “ya se lo dije hace años”, “si no hubiera tomado esa mala decisión”, “si hubiera escuchado más”, “ahora sufre las consecuencias por…”. No está mal reflexionar sobre el pecado de otra persona y sacar conclusiones para la vida de cada uno, pero muchas veces nos quedamos en la mera reflexión, como el que mira una película desde una cómoda butaca de cine.
      Jesús, como podemos leer en los evangelios, siempre defendió la verdad, pero nunca dejó de ayudar a los demás. Usaba el sanar y hacer milagros no sólo como marca de su divinidad sino como un medio para llevar el evangelio a los demás
“Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él?Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es.Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.” Jn. 9:35-38.


     En ocasiones podemos caer en el error de sólo ayudar sólo por interés, puede que muy evangelístico y santo, pero interés y en el momento que la persona no muestra disposición a escucharnos o entendernos lo dejamos de lado. Pero Jesús siempre mostró un interés real y genuino en hacer que la vida de los que le rodeaban mejorase, aunque lo siguiente que pasara fuera que lo rechazaran.
     Seamos personas con corazones dispuestos a ayudar a las personas que nos rodean si tienen alguna necesidad, acompañemos esa ayuda “física” con otra ayuda “espiritual”. Un interés genuino en que la persona mejore. Un interés genuino en sus realidades y necesidades.

Aquila y Priscila


       Aquila y Priscila, son naturales de Roma pero han tenido que salir de allí por el edicto del emperador Claudio que expulsaba a todos lo judíos de Roma, este edicto estuvo vigente por unos años, contexto en el cual se engloba la historia. Aquila y Priscila, tras su huida de Roma se encuentran con Pablo en Corinto, trabajan juntos unos años incluyendo un traslado a Éfeso. Y acaban de nuevo en Roma, como veremos en la carta del apóstol a los romanos.
       De lo que nos cuenta la Palabra de Dios podemos sacar tres ideas acerca de este matrimonio y de como deberían ser los matrimonios de nuestras iglesias. Lo que nos cuenta el Nuevo Testamento acerca de ellos dos no es mucho, pero es muy interesante.


       Hc. 18:1-3.
       1. Un matrimonio hospedador. Hc 18:1-3. Pablo había llegado a Corinto, donde conoce a Aquila y como tenían el mismo oficio, no solo se quedó con ello sino que trabajó con ellos, siendo tratantes de cuero. Es importante esto porque no solo ofrecieron a Pablo un lugar donde dormir sino también un trabajo para ganarse su propia manutención. Y esto de la hospitalidad es un tema que aparece reiteradamente a lo largo de la Palabra pero en Hb.13:1-2 tenemos un texto que nos anima a ello. Aquí podemos ver como el mandato de Dios es abrir nuestras casa a otros hermanos. La hospitalidad nos llama a la comunión, a conocernos unos a otros. Cuando tenemos a alguien hospedado en casa, hablamos con él, lo conocemos y el a nosotros. Fomenta la comunión con los hermanos y una comunión más profunda que sólo el echo de encontrarse una o dos veces por semana en las reuniones de la iglesia. Una de las mejores maneras de conocer a una persona es estando en su casa. Al abrir nuestra también abrimos nuestra vida a los demás, porque en casa es más difícil mostrar ser una persona que no se es.
       Pero estos versículos nos dan la idea de hospedar a hermanos, pero la Biblia también nos habla de las personas que no conocemos y que no pertenecen al pueblo de Dios. Dt.10:17-19 y Jb. 31:29-32 Vemos como Dios dice que nunca dejará al extranjero sin techo ni pan y como Job afirma que él siempre abría sus puertas a los caminantes, dándonos la idea de que también hay que ser hospedador no sólo con los cristianos sino con todo el mundo. 
       2. Un matrimonio ocupado en la obra de Dios. 1ª Co. 16:19  Vemos como Aquila y Priscila usaban su casa como lugar de reuniones, estaban involucrados en la iglesia local de manera activa. Ro. 16:3-4 vemos como Pablo los llama colaboradores en Cristo Jesús y de aquí podemos sacar que Pablo consideraba a Aquila y a Priscila como colaboradores iguales en la obra. Y es que puede que fuera Pablo el que predicaba de manera excelente o fundara iglesias, pero no era más que la punta del iceberg de la expansión del evangelio, porque tan importante era la labor de Pablo siendo el que predicaba como importante era el trabajo de Priscila y Aquila en la iglesia del siglo I. Puede que no predicaran tan bien, o no fundaran tantas iglesias como el apóstol, pero la labor de Aquila y Priscila o de otras personas como Tíquico, Aristarco o Epafras… muchos hombres y mujeres que trabajaban en la iglesia local o en las iglesias cercanas fundamentandolas y apartándolas de falsas doctrinas. Muchas veces cuando hablamos de evangelizacion pensamos en en personas concretas, que Dios les ha dado el don, pero nos olvidamos de las personas llevan a cabo las tareas fundamentales, en el día a día, tareas de enseñanza de niños, discipulado de nuevos creyentes, aliento y ánimo de los que flaquean. Tareas que en el siglo I eran labor de gente como Aquila y Priscila. Y el Apóstol Pablo valoraba tanto este papel que los considera colaboradores del evangelio, o sea, pieza fundamental de la expansión de la buenas nuevas.
3. Un matrimonio maduro y responsable. Hc. 18:24-28 Quizás el título de este epígrafe no cuadre tan bien, pero aquí vemos una situación donde un hombre, Apolos se nos dice que “varón elocuente”, “poderoso en escritura” pero que al llegar a Éfeso empezó a enseñar incorrectamente porque sólo conocía el bautismo de Juan. Y llama la atención profundamente la actitud de Aquila y Priscila, ante la situación de una persona enseñando algo incorrecto.
1. Escucharon. Ambos escucharon a Apolos, su discurso y su argumentación, antes de llegar a una conclusión, que sólo había escuchado el bautismo de Juan.
2. Hablaron en privado con él, no hubo una corrección inmediata delante de toda la congregación, no hubo una ofensa ni una burla. Sino que con buen criterio lo llevaron a un “aparte”.
3. fue de gran provecho Vemos el resultado de la corrección a Apolos.
       Aquí podemos ver la madurez y la responsabilidad en la forma de actuar. Y ante el echo de que una persona enseñe algo equivocado se puede actuar de muchas formas, y se actúa de muchas formas. Muchos evitan escuchar a la persona que consideran que habla algo equivocado y la evitan, otros la escuchan hablar detectan el error pero no lo dicen sino que critican y murmuran contra ella, o si lo dicen pero de manera jocosa o hiriendo a la persona que se ha equivocado. Pero aquí vemos como el amor que Aquila y Priscila demuestran por Apolos les lleva a una forma de actuar que v.27 “fue de gran provecho” para otras iglesias.
Conclusión:
Puede que Aquila y Priscila nunca estuvieran en primera línea de evangelización como Pablo o Apolos, pero sí vemos que su trabajo fue fundamental a la hora de expandir el evangelio. Y ojalá nuestras vidas  y nuestros matrimonios y familias se parezcan a las de Aquila y Priscila seamos hospedadores abramos nuestras casa a nuestros hermanos y obreros. Seamos personas que nos ocupamos por la obra de Dios, igual no podemos estar en primera línea como las personas que se dedican a tiempo completo a ella, pero trabajemos en nuestra iglesia local y en las iglesias que nos rodean para la obra de Dios. Y seamos maduros y responsable para saber ayudar a otras personas y que sean de gran provecho para el  pueblo de Dios.
Amen.

Las buenas obras.


        Hoy vamos a hablar de un tema que afecta a nuestra vida diaria y a la relación que tenemos con las personas que nos rodean. Es el tema de la buenas obras y de como la Biblia las describe y nos manda hacerlas.
       Quizás por contraposición al catolicismo dentro del mundo protestante o evangélico no se suele enfatizar el hecho de hacer buenas obras. La Iglesia católico romana dice que la justificación del hombre se alcanza mediante fe, sacramentos y buenas obras. Pero como vamos a ver hoy las buenas obras que se nos anima a hacer en la Palabra de Dios no son para lograr la justificación e ir al cielo sino por haber sido justificados por Cristo y como reflejo de su amor en nuestra vida tenemos amor para con la vida de los demás.
        En primer lugar vamos a ir a Tito 3:1-8 donde vamos a ver una descripción de que son estas buenas obras. En este pasaje Pablo incita a su destinatario, que probablemente se encontrara en la isla de Creta, a que anime a los cristianos a estar dispuestos a toda buena obra. Esta frase “a toda buena obra” nos habla de no negarse a hacer algo bueno cuando podemos hacerlo, fijémonos que algo bueno es una frase muy abstracta, no está diciendo hagamos esto o aquello. ¿Entonces que es lo bueno? Bueno es todo aquello que  podamos hacer para mejorar la existencia de la gente que nos rodea, siempre basado en la moral que encontramos en la escrituras, en ciertas ocasiones nos encontraremos ayudando o sobre todo dando buenos consejos a gente que no los aceptará como tales por estar basados en la Biblia. Lo que viene a decir aquí Pablo es que si tenemos la oportunidad, la ocasión de extender nuestra mano y ayudar a otra persona lo hagamos. Nunca podemos saber hasta que punto un gesto, una ayuda, una palabra de consuelo, pueden ayudar a otra persona. 
         En el v.2 podemos ver una serie de actitudes propias de un hijo de Dios: no difamar, no ser pendenciero, ser amable… dando a entender que hacer lo bueno no solo se trata de acciones puntuales a personas puntuales. Hacer lo bueno no solo es ayudar a llevar las bolsas de la compra a una persona mayor, que un hijo ayude a su madre, dar un plato de comida a una persona que pasa hambre. Hacer lo bueno implica también  actitudes perdurable y permanentes. Las buenas obras nos ayudan en nuestro testimonio personal 1 Pd. 2:11-12. Hacer buenas obras tanto puntuales como perdurables, como hemos visto en el pasaje anterior, sirve de ejemplo a los demás. Y pueden llegar a ser motivo por el cual personas que no conocen a Dios lleguen a glorificarlo. Debemos meditar sobre el gran valor que tiene nuestro testimonio personal sobre los comentarios que hacemos, lo importante que es dar nuestra opinión sobre ciertos temas sociales y de comunidad y sobre todo que somos objeto de “estudio” por parte de los que nos rodean, si lo que decimos queda reflejado en lo que hacemos, personas pueden glorificar a Dios.
        Volviendo al texto de Tito podemos ver como Pablo recalca la idea de hacer buenas obras con la frase “palabra fiel es esta” probablemente porque Tito estaba luchando contra maestros que querían implantar ideas heréticas como el gnosticismo en la iglesia de Creta. “Quiero que insistas con firmeza” Pablo anima a Tito a ser persuasivo y firme en este tema, porque lo considera importante. Los que creen en Dios deben ocuparse de la buenas obras. El orden de la frase recalca la idea de que no son las obras para lograr la salvación sino que las obras son reflejo del amor que Dios ha tenido para con nosotros. Y continúa expresando la razón “Estas cosas son buenas y útiles a los hombres”. Útiles porque nos ayudan a predicar el evangelio con nuestro testimonio y buenas porque mejoran o consuelan la vida de las personas. Nuestro objetivo principal en la vida debe ser predicar el evangelio, las buenas nuevas de Dios, hablar con la gente de nuestra fe en Cristo, pero nuestro interés en compañeros, vecinos, amigos, debe ir más allá. Podemos correr el riesgo de ver a los que nos rodean únicamente como almas andantes que precisan ser salvadas y cuando rechazan el evangelio nuestro interés por ellas se acaba. Ignoramos que el ser humano tiene otras dimensiones es un ser social, emocional, intelectual y preocuparnos por todas sus áreas íntegramente. Mt. 15:29-31. Vemos que la gente no se maravilló de lo que Jesús dijo, sino de lo que hizo, vemos como la sanidad evidentemente sobrenatural de Dios hizo que la gente glorificara a Dios. Jesús no sólo predicaba el evangelio sino que también cuidaba de la gente en todo su integridad.
        Ahora que sabemos de que se trata cuando hablamos de buenas obras vamos a ver como se deben hacer estas buenas obras, ¿vale hacerlas de cualquier forma? 2ª Co. 9:6-15. Este texto está enfocado exclusivamente a la ayuda económica, pero nos puede ayudar a entender cual es la actitud de un corazón dispuesto ayudar. v.6 Debemos sembrar en abundancia para cosechar en abundancia. Sembrar en abundancia se refiere a no escatimar en esfuerzos, tiempo, palabra a la hora de ayudar a otra persona. No hacerlo de forma cutre, por compromiso, o por quitarnos a la persona de en medio. Para segar abundantemente, y aquí vemos un objetivo de las buenas obras la evangelización. El término segar es usado varias veces en los evangelios para referirse a la evangelización como el conocido texto donde Jesús insta a sus discípulo que oren para que envíe siervos a la mies que es mucha. Esto es en relación con las personas que no pertenecen a la iglesia, luego veremos un poco más adelante que pasa con los que pertenecen a la Iglesia de Cristo.
        (v.7) Toda buena obra tiene que ser con alegría debemos verlo como una oportunidad de llevar el evangelio y de ayudar a los demás, de mostrar el amor que Jesús tuvo con nosotros y con la humanidad. Nunca debemos verlo como un trabajo a realizar por obligación como una carga. Vemos que Dios ama al dador alegre, porque es una persona que ve una oportunidad de extender su mano y mostrar amor a otra persona y lo hace alegremente.
        Ahora que hemos visto que son las buenas obras y como se deben hacer vamos a ver el orden de prioridades que existen dentro de las buenas obras. 1 Tim. 5:3-16 Debemos primeramente ayudar a la gente de nuestra propia familia, es nuestra obligación. Es totalmente irresponsable y va en contra de las enseñanzas de la Palabra no ayudar a un miembro de propia familia, en este caso es viudez, pero podríamos estar hablando de enfermedad, problemas económicos, sociales, enfrentamiento con otras personas. Por muy mala que haya sido la relación con ese miembro de la familia, por mucho que se haya alejado de Dios. Es obligación de un hijo de Dios acudir ante un caso de necesidad de una persona de la familia. Las palabras  que Pablo usa aquí para los que no cumplen con esta labor son muy duras: “… ha negado la fe, y es peor que un incrédulo..”. Otra cosa que vemos en estos versículos es que hacer el bien, cuidar de otras personas es algo que se aprende, podemos caer en el error de no hacer cosas dentro de la Iglesia o dentro de nuestra vida alegando que no tenemos el don. Si no tengo este don significa que no debo hacer esta cosa, pero aquí se nos explica que el echo de tener misericordia los unos con los otros y primeramente con las personas de nuestra familia es algo que todos debemos hacer y se puede aprender a hacer. “… aprender a ser piadosos para con su propia familia…” 
         Primera prioridad mi propia familia, segunda prioridad los más necesitados 1 Tim. 5:9-15 Vemos como la iglesia debe invertir los esfuerzos en ayudar a las personas que aparte de estar necesitados sus familias no quieran o no puedan ocuparse de ellos y aparte que ellas mismas no pueden ocuparse de sí mismas. La Biblia siempre enfatiza el trabajo, siempre que una persona pueda cuidar de sí misma y de los suyos debe hacerlo.        La cultura de la Biblia es una cultura de esfuerzo, pero también de la ayuda a la persona que verdaderamente lo necesita. El mandamiento es que si una persona tiene necesidad que podría superar por sí misma pero debido a su dejadez o su comodidad no quiere no estamos obligados ni moral ni bíblicamente a ayudarle. Y debemos recriminarle su actitud.
       En este texto vemos como las viudas jóvenes que podrían rehacer su vida no necesitan tanto la ayuda como las viudas de mayor edad que no tenían posibilidad de rehacer su vida.
        Otro principio que podemos sacar de estos es que a la personas que tienen buen testimonio hay ayudarlas para darles el honor oportuno debido a su conducta (segar abundantemente).
         Primero la familia, segundo los más necesitados de la Iglesia y tercero el resto de personas que nos rodean. Ex. 22:21 Dios protege a los desvalidos, a las personas que están necesitadas, a los extranjeros, a los pobres… Dt. 15:7-11 Debemos tratar al pobre con generosidad.
        Dios nunca se olvida de las personas que tienen alguna necesidad y siguiendo su ejemplo no debemos dejar que la injusticia ocurra a nuestro alrededor y en la medida de nuestras posibilidades debemos ayudar a otros.
         Así que hermanos seamos personas de buenas obras. Sabiendo que es bueno y útil para la obra de Dios sabiendo que ayudar a una persona puede ser motivo para que esta persona glorifique a Dios.
Cuidar de nuestros familiares de nuestros hermanos y nuestra sociedad. No solo predicando con la palabra y siendo canales de restauración no sólo espiritual sino también emocional y social. Que todo lo que hagamos sea para gloria de Dios.
Amén.