El final del desierto.


Tercera entrega de nuestra serie de artículos sobre el joven y el trabajo donde empezamos planteándonos  qué era el trabajo y que significado tenía en al vida del cristiano . Seguimos hablando de  lo adecuado de tomar buenas elecciones en la adolescencia , época de decisiones que marca nuestros futuro laboral. Pero una vez acabada esta etapa de formación, a veces de idealismo típico de la juventud, nos acercamos a la frontera, en ocasiones al precipicio, de tener que desenvolvernos en la vida laboral.

Existen ciertos días que se agarran a nuestra piel y se impregnan en ella para no abandonarnos el resto de nuestra vida, suelen ser momentos clave que marcan el fin de una época y el comienzo de una nueva como el día que nos enamoramos por primera vez, el día de nuestra boda, cuando nos convertimos en padres o en el que perdemos a un ser realmente querido. Son días de emociones, pero también de cierta incertidumbre ante este abismo que se abre ante nosotros llamado futuro.

Para llevar a cabo esta labor Israel necesitaba un líder a la altura de estas circunstancias, ¿Pero cuál era el curriculum de Josué?

El día que terminamos nuestros estudios es uno de estos importantes momentos. Por un lado es un época de cambio de juventud a la edad adulta, por otro lado es una búsqueda, o un intento, de independencia de la familia de origen.

Muchos jóvenes viven esta época a mitad de camino entre el éxtasis y el temor. El éxtasis de competir y comerse el mundo al sentirse muy preparados, quizás por la comparación con generaciones pasadas. Pero también el temor de no saber quién le puede ofrecer un hueco en una empresa para empezar a comerse el mundo. Esto último se viene acentuando en España por la situación agónica que nos encontramos donde  casi la mitad de los recién titulados no encuentran trabajo  y los pocos que tienen suerte de hacerlo es gracias a las becas que gobiernos y diputaciones son capaces de ofrecer.

No en pocas ocasiones antes de esta ansiada oportunidad el joven debe pasar por el desierto de la frustración de buscar y desear un trabajo y no encontrarlo. De redactar cientos de curriculums sabiendo que la mayoría acabarán en pilas de cientos de curriculums de los cuales sólo uno saldrá elegido. De recibir la consabida respuesta de “ es que no tienes experiencia ” a sabiendas que nunca la tendrás si nadie te ofrece una oportunidad. Pero un día, de una forma u otra, llega la oportunidad.

 Y llamó Moisés a Josué, y le dijo en presencia de todo Israel: Esfuérzate y anímate; porque tú entrarás con este pueblo a la tierra que juró Jehová a sus padres que les daría, y tú se la harás heredar. ” Dt. 31:7.

Josué es elegido para un nuevo trabajo. Después de cuarenta años vagando por el desierto, cumpliendo el castigo por algo que él no había cometido, todo lo contrario, Josué es elegido para dirigir al pueblo de Israel ante la próxima ausencia de Moisés. Con el ascenso de Josué empieza una nueva etapa en la vida de este pueblo que había salido años atrás de Egipto con la promesa de una tierra donde fluía leche y miel . Pero que por culpa de su propio pecado se vio abocado a ver como una generación enterca caía en el desierto.

A pesar de que el desierto fue duro la realidad es que la conquista de Canaán no iba a resultar para nada fácil.  Había naciones viviendo allí  que no estaban dispuestas a ceder su territorio sin luchar y ante las cuales el pueblo de Israel no podía dejar con vida, sino que tenía que exterminar.

Para llevar a cabo esta labor Israel necesitaba un líder a la altura de estas circunstancias, ¿Pero cuál era el curriculum de Josué?. Lo primero que podemos apreciar en su vida es la integridad (Nm. 13:30 ). La integridad personal es Josué le lleva a contradecir a todo el pueblo cuando se quieren echar atrás en la entrada misma de Canaán y volverse a Egipto.

Josué pudo ser apedreado por oponerse al pueblo en su decisión, pero su integridad le llevó a oponerse a algo que considera incorrecto. La integridad en el puesto de trabajo puede llevarnos al abismo de volver al de nuevo al desierto de la falta de empleo, no son pocas las empresas que incitan a sus trabajadores a saltarse normas éticas y directamente la ley amenazando con la excusa de que si no lo hacemos habrá veinte personas en la cola del paro que quieran hacerlo.

Pero la realidad es que la integridad es una roca a la cual debemos aferrarnos y no soltarnos. Uno de los peores males que sufre nuestro país es esta falta de integridad que tiene su máxima expresión en todos los casos de corrupción política que nos rodea (que gran ejemplo son para nosotros “ nuestros políticos ”, gente como José o Daniel) corrupción que brota hoy en día como el agua de la alcantarilla en un día de fuerte tormenta. Ante esto el joven cristiano debe esforzarse por ser ejemplo, muchas veces cuando hablamos de testimonio pensamos sólo en evangelismo, pero nuestra vida debe dar testimonio del comportamiento de un hijo de Dios en el puesto de trabajo.

Una de las tareas de la Iglesia es propagar la ética de Dios en la sociedad. Una de estas características debe ser un integridad que nos lleve como a Josué a enfrentarnos aunque sea contra todo el pueblo por defender la verdad.

Otra característica de Josué fue la valentía(Ex. 17:8-16 ). Pero esta valentía no es bravuconería barata sino seguridad en la dirección en que va nuestra vida. Josué era valiente dirigiendo militarmente al pueblo porque sabía que Moisés estaba intercediendo por ellos. Cuando hacemos las cosas ordenadas podemos ver la mano de Dios obrando y sentir la seguridad de que estamos donde Él nos ha querido poner.

Cuando entendemos cual es la función del trabajo en nuestra vida, cuando oramos a Dios por un puesto de trabajo, cuando entendemos que Dios nos ha dado este puesto y que quiere que estemos aquí podemos ser valientes y estar seguros donde estamos de la misma forma que Josué estaba seguro cuando sentía que estaba cumpliendo la voluntad de Dios al enfrentarse contra Amalec.

Otro aspecto importante en el “ currículum ” de Josué para poder hacer su trabajo de manera excelente fue aprender en la sombra de la experiencia. Josué pasó varios años aprendiendo de Moisés, de su liderazgo, de su forma de dirigir al pueblo, de tratar con Dios.

De la misma forma debemos usar los primeros años de nuestra vida laboral para cobijarnos en la sombra de la experiencia de personas que llevan más tiempo que nosotros es la manera de aprender y crecer. Podemos salir de una buena universidad con un buen expediente pero debemos  aprender a aprender  bajo la sombra de la experiencia de personas que, igual con menos estudios que nosotros, tienen esa experiencia y saber hacer que al final son los que marcan la diferencia a la hora de un trabajo bien hecho.

 Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. ” Js. 1:1-2

Pero llega el día donde el que aprendía en la sombra debe tomar el mando. Josué pasa de ser el aprendiz a ser el que tiene que dirigir a un pueblo en guerra continua. Josué se convierte en el líder total del pueblo, política, militar y socialmente. De la misma forma los jóvenes debemos crecer allí donde estemos con la mente puesta en ocupar nuestro lugar tirando del carro cuando sea necesario.

Quizás nos pasemos años pensando que no somos lo suficientemente valorados, pero toda experiencia es poca ante el reto de tener que “ conquistar Canaán ”.

Los inicios nunca son fáciles, se suele decir, y mucho menos hoy en día donde sobra mano de obra inexperta, pero debemos aprovechar este tiempo de llegada a la tierra prometida para captar toda la experiencia posible, marcar patrones que definan nuestra vida laboral como la integridad y la valentía, con la cabeza siempre puesta en que un día nos tocará a nosotros luchar y servir de aprendizaje para otros.

El metrónomo.


Para el que no lo conozca le parecerá un instrumento inútil, o de importancia limitada, pero para el músico el metrónomo se convierte en vital importancia. Lo que para otros es un mero tic después de un tac, para un músico se convierte en un autentico director de orquesta marcando sus entradas, sus salidas, sus “ahora” o sus“espera”.

De esta misma forma actúa Dios en la vida de sus hijos, como Moisés. Moisés era un pez fuera del agua, para los egipcios era un miembro de la raza de los esclavos, los enemigos hebreos, para los hebreos era un príncipe del pueblo opresor los egipcios.

Un día, cuando ya Moisés era mayor de edad, fue a ver a sus hermanos de sangre y pudo observar sus penurias. De pronto, vio que un egipcio golpeaba a uno de sus hermanos, es decir, a un hebreo. Miró entonces a uno y otro lado y, al no ver a nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena”. Ex. 2:11-12

            Moisés conocía sus orígenes y no renegaba de ellos, sabía que a pesar de recibir la mejor educación que se podía obtener en Egipto, y en aquellos tiempos en el mundo, por sus venas corría sangre de un pueblo que estaba siendo esclavizado de manera cruel. Él no podía quedarse quieto ante esta injusticia, sabía que tenía que hacer algo, él tenía la formación y la capacidad para liberar a su pueblo y actuó. Pero su intento de liberación del pueblo por la fuerza acabó con un final que Moisés no esperaba, los propios hebreos desconfiaban de él. Para que su vida no corriera peligro huyó a Madian y allí se casó y vivió de pastor durante 40 años.

 “Así que disponte a partir. Voy a enviarte al faraón para que saques de Egipto a los israelitas, que son mi pueblo”. Ex. 3:10

            Dios no actuó cuando Moisés quiso que actuara, sino cuando Dios consideró que era tiempo de ello. Dios no buscó a un enérgico joven capaz de matar a cualquiera del reino de Egipto para liberar a sus hermanos sino que escogió a un señor de 80 años, con nula confianza en sí mismo, para liderar a su pueblo. No se nos cuenta mucho de la experiencia de Moisés como pastor en Madián. Pero por como se desarrolla su vida a partir de su llamado vemos que la prueba de la huída creo a un Moisés dependiente de Dios para cualquier decisión hasta el punto de casi dudar de la palabra de Dios. Y es esta dependencia de este nuevo Moisés la que le lleva a convertirse en un hombre capaz de liberar a un pueblo de casi dos millones de personas y llevarlo durante otros cuarenta años a través del desierto hasta la tierra prometida.

Desde entonces no volvió a surgir en Israel otro profeta como Moisés, con quien el Señor tenía trato directo. Sólo Moisés hizo todas aquellas señales y prodigios que el Señor le mandó realizar en Egipto ante el faraón, sus funcionarios y todo su país.  Nadie ha demostrado jamás tener un poder tan extraordinario, ni ha sido capaz de realizar las proezas que hizo Moisés ante todo IsraelDt. 34:10-12

            Algo maravilloso que se refleja a lo largo de toda la Biblia son los tiempos de Dios, muchas veces nos agobiamos viendo delante de nuestros ojos injusticias que podían evitarse, por las cuales queremos y entendemos que debemos actuar, pero Dios, como el metrónomo para el músico, debe marcar los tiempos de nuestros esfuerzos, de nuestros “ahora” y de nuestros “espera”.

Dejémonos guiar por el tic y el tac de los tiempos de Dios.

La soledad de la obediencia.


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       A los niños pequeños les enseñamos casi todo lo necesario para poder desarrollarse como persona: les enseñamos a hablar bien, a lavarse los dientes, a escribir, a peinarse, etc. Y algo importantísimo, les enseñamos a obedecer. 
       Las promesas de Dios en cuanto a los que obedecen Su palabra son muchas: larga vida, bendiciones materiales y espirituales, fidelidad y cuidado de Dios, etc… Pero también tienen un precio a pagar, Jesús dijo “Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios.Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí.” Una constante que podemos ver en la vida de los hombre y mujeres que obedecen los mandamientos de Dios, es el rechazo generalizado que encuentran entre sus congéneres. Un ejemplo claro de esto es la vida de Moisés

       “Y encontrando a Moisés y a Aarón, que estaban a la vista de ellos cuando salían de la presencia de Faraón, les dijeron: Mire Jehová sobre vosotros, y juzgue; pues nos habéis hecho abominables delante de Faraón y de sus siervos, poniéndoles la espada en la mano para que nos maten.”  Ex.5:20

       No hacía mucho tiempo que Dios le había dado instrucciones directas, a su dubitativo siervo, a través de una zarza ardiendo. Una de las excusas que Moisés le puso a Dios para no volver a Egipto fue que los propios hebreos no le iban a creer [Ex. 4:1], y ahora se estaba cumpliendo delante de todo Egipto, al libertador no le creían ni los propios a quién quería libertar. Satanás usa los temores más profundo de los obedientes a Dios para quebrarlos. Pero Moisés se mantuvo firme en la obediencia y la promesa llegó con la liberación del pueblo.

       “El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.” 1ª R.19:10

       Otro caso que encontramos en las Escrituras es el de Elías. Perseguido y amenazado de muerte por la reina Jezabel en uno de los momento más oscuros del reino de Israel. Elías clama a Dios en su situación, pues su obediencia le ha llevado a un estado límite en el que cree ser el único que busca a Dios de todo el reino. La obediencia a Dios en tiempos donde la sociedad “camina por otros derroteros” lleva al siervo de Dios a la más tremenda soledad. Esta soledad o rechazo puede llevarnos a un estado de depresión donde lo veamos todo negro. Pero aún sintiendose sólo, amenazado, incomprendido, despreciado y derrotado, el obediente, no renuncia a su llamado sino que se mantiene firme. Elías no claudico en su cometido, pero necesito apartarse para ir al encuentro de Dios, el cual renovó su vida física y espiritualmente. 

       “Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste; cada día he sido escarnecido, cada cual se burla de mí. Porque cuantas veces hablo, doy voces, grito: Violencia y destrucción; porque la palabra de Jehová me ha sido para afrenta y escarnio cada día. Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude. Porque oí la murmuración de muchos, temor de todas partes: Denunciad, denunciémosle. Todos mis amigos miraban si claudicaría. Quizá se engañará, decían, y prevaleceremos contra él, y tomaremos de él nuestra venganza. Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada.” Jr. 20:7-11

       La obediencia no es una opción para los hijos de Dios Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando Jn. 15:14 pero ¿Estamos dispuestos a pagar el precio de la obediencia sincera e incondicional a Dios? ¿Estamos dispuestos a ser perseguidos, marginados, alejados, olvidados o ignorados por nuestra sociedad?
       Puede que como Elías estemos pasando por momentos en que los vemos todo negro o como Moisés veamos como Satanás usa nuestros mayores temores para doblar nuestra actitud de obediencia. Pero que el fuego de Dios arda en nuestros corazones y nos haga ser hombres y mujeres obedientes a Dios.