Un mundo nuevo VI: Los pacificadores y los perseguidos

Un mundo nuevo VI: Los pacificadores y los perseguidos

Cómo será el mundo después de que acabemos esta cuarentena que estamos viviendo? ¿Cómo será esta vuelta a la normalidad? o más bien ¿como será la nueva normalidadTodos damos por supuesto que no sólo la manera en que la sociedad se relaciona los unos con los otros va a cambiar sino que también cambiará la manera de pensar y los valores de muchas personas. Aquellas cosas a las cuales antes considerábamos importantes ahora no lo serán tanto. Cuando se produce una catástrofe este tipo los seres humanos cambiamos por las circunstancias y no siempre a mejor. Estos choques ante terremotos tan fuertes cambian la apreciación de aquello que valoramos importante. De aquello que esperamos alcanzar y que pensamos que nos va hacer felices.

Jesús, al comienzo de su ministerio, también llama a su seguidores a cambiar su mente acerca de lo que es importante. Deben desprenderse de aquellas características que son deseables en le mundo actual y buscar una forma de ser que es Dios quieren en Su Reino. Porque en el Reino de Dios los bienaventurados no son los fuertes, los poderosos, los inteligentes o los ricos sino otro grupo de personas.

Ya hablamos acerca de los pobres de espíritu, de los que lloran, de los mansos y de los que tienen hambre y sed de justicia, también los misericordiosos y limpios de corazón. Hoy veremos los dos últimos…

Bienaventurados los pacificadores porque ellos serán llamados hijos de Dios (v. 9): Pacificadores significa los que buscan la paz. Este sigue siendo una virtud humana buscada hoy en día. Pero si cogemos esta lista de bienaventuranzas vemos que todas ellas están relacionadas con Dios. Los pobres de espíritu ven su necesidad ante Dios, los mansos buscan obedecer la voluntad de Dios, los misericordiosos reciben la misericordia de Dios, etc…

Así que cuando hablamos de pacificadores no nos referimos a seres humanos que ponen paz entre seres humanos. Personas que intermedian entre conflictos humanos. Sino que nos referimos a personas que median en el conflicto más antiguo que conoce el ser humano entre el Santo y Justo Dios contra el culpable pecador Ro. 5:6-11 Pablo explica que como pecadores somos por naturaleza enemigos de Dios. Dios nos trata como culpables pendientes de condena. Pero Dios ha amado al mundo pecador Jn. 3:16  y no quiere que seamos castigados eternamente por nuestro pecado por lo cual envía a su hijo a morir por nosotros en la cruz.

Los que somos salvos por Cristo no sólo nos convertimos en miembros de este reino sino que ahora se nos encarga el ministerio de anunciar a otros la salvación de Dios 2 Cor. 5:16-21somos embajadores” somos representantes de Dios que claman “reconciliaos con Dios” arrepentíos y volvamos a Dios para que haya paz con él. Porque cuando alguien se arrepiente y se reconcilia con Dios es lo que obtiene, paz con Dios.

Cuando anunciamos el evangelio, lo que somos es pacificadores. Anunciadores de la paz que Dios ofrece al mundo a través de Cristo. Cuando esto ocurre Jesús dice que quedamos retratados, como hijos de Dios.

Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos (v. 10-12): La última bienaventuranza pertenece a un grupo que no puede elegir. Aquellos los cuales son perseguidos. El v. 10 nos explica la bienaventuranza y el v. 11 nos explica cómo afrontarla, cuál debe ser nuestra actitud ante ella.

Jesús primero explicar que seres bienaventurados cuando seamos perseguidos. La razón de ellos es que el reino de Dios nos pertenece. Pero Jesús matiza, algo que no ha hecho con las otras bienaventuranzas. El resto de la bienaventuranzas ocurren siempre que cumplamos la condición en este caso la bienaventuranza ocurre cuando somos perseguidos por algo en concreto, por la justicia de Dios. En el mundo en que vivimos hay muchos mártires, muchas personas que mueren por sus ideales, por pertenecer a grupos perseguidos. Pero el mero hecho de que seas atacado por tus ideales no convierten a estos en verdaderos, porque tu causa sea perseguida no la convierte en justa. Sólo cuanto somos perseguidos, atacados por la causa de Dios es cuando seremos bienaventurados.

Jn. 15:18-19 No somos del mundo” Jesús explica que cuando él se vaya sufriremos persecución en el mundo en que vivimos de la misma manera que Él sufrió persecución. Jesús es directo en este sentido. Os aborrecerán igual que lo han hecho conmigo. El mundo nos despreciará no porque nos odie a nosotros no porque nos considere una amenaza sino por nuestra unión con Cristo.

Es en ese momento donde podemos sentirnos bienaventurados porque el reino de Dios nos pertenece porque pertenece a Cristo. Ser perseguido ser rechazado del mundo es una señal de pertenencia a Cristo. Los profetas fueron perseguido en el A.T. los Apóstoles perseguidos en el N.T. nosotros seremos perseguidos de la misma manera.

En el v. 11 nos explica un poco más detenidamente como será esta persecución “nos vituperarán” seremos insultados por causa del evangelio. “Perseguirán” y la palabra perseguir significa buscar con intención de hacer daño. “Hablarán toda clase de males contra vosotros mintiendo” como no hay nada de que acusarnos tendrán que mentir para señalarnos. Cuanto todo esto ocurra y ocurrió, ocurre y ocurrirá debemos estar gozosos. Debemos no perder el gozo. Porque nuestro gozo no está en cómo nos traten los demás sino en que pertenecemos a Cristo.

Estas son las bienaventuranzas. Son los valores del lugar donde pertenecemos, de ese reino del cual decimos formar parte. De ese reino el cual esperamos su manifestación futura. Los domingos tomamos del pan y del vino para recordar, recordamos un pasado en Gólgota pero también recordamos una promesa que él volverá para traernos el reino de los cielos, para consolar a los que lloran para saciar a los que tienen hambre y sed de Su justicia.

Pero no podemos pensar que nacemos con ellas, el hombre natural no tiene esas virtudes sino que en nuestro día debemos desarrollarlas. En el último estudio terminábamos con tres principios para desarrollar estas virtudes en nuestra vida.

Debemos esforzarnos por ponerlas en práctica: Ninguna de las ocho bienaventuranzas es fácil. Nada lo es en la vida cristiana pero son elementos del día a día. La pobreza de espíritu se consigue reconociendo nuestra debilidad y necesidad. El llorar por las cosas de Dios se consigue no siendo indiferentes al pecado fijándonos en las consecuencias que esto tiene en la vida de los que nos rodean y en la nuestra propia. El ser manso, llevar el yugo de Cristo es una tarea diaria y tener hambre y sed de justicia es como el cambio de dieta es esfuerzo hasta convertir en costumbre.

Debemos enseñarlas a los que vienen de atrás: Algo que queda muy claro con el tema de tolerancia, la ideología de género es que todo es educación. Estos colectivos se esfuerzan para trabajar en la educación porque enseñar de pequeños a los niños una escalara de valores hará que vivan acorde a ellas toda su vida, o por lo menos influenciados. ¿Enseñamos a nuestros hijos el camino de cruz? No me refiero sólo al que está en la cruz, ¿sino a la vida del discípulo que sigue los caminos del maestro? Enseñemos a los que vienen de tras de nosotros cuales son los valores e ideales que se llevarán a ser bienaventurados en sus vidas.

Debemos animar aquellos nos encontramos en el camino: En la parábola de Jesús del buen samaritano este hombre encontraba a un judío en mitad del camino había sido apaleado y le ayudaba curando sus heridas. A lo largo de nuestra vida nos encontraremos a hermanos nuestros que siguiendo estos principios están viviendo momentos duros, debemos animarlos, recordando las bendiciones que su comportamiento traerán.

            Valores e ideales de nuestro reino que debemos promover, enseñar y animar.

UN MUNDO NUEVO III: Los mansos.

UN MUNDO NUEVO III: Los mansos.

Empezábamos esta serie señalando que uno de los debates que nos estamos centrando en las últimas semanas es cómo será el mundo después de que acabemos esta cuarentena que estamos viviendo. Cómo será esta vuelta a la normalidad o más bien como será la nueva normalidad. Todos damos por supuesto que no sólo la manera en que la sociedad se relaciona los unos con los otros va a cambiar sino que también cambiará la manera de pensar y los valores de muchas personas. Aquellas cosas a las cuales antes considerábamos importantes ahora no lo serán tanto. Cuando se produce una catástrofe este tipo los seres humanos cambiamos por las circunstancias y no siempre a mejor.

Estos choques ante terremotos tan fuertes cambian la apreciación de aquellos que valoramos importante. De aquello que esperamos alcanzar y que pensamos que nos va hacer felices.

Entonces empezamos a ver como Jesús llama a sus seguidores a una nueva manera de vivir. Aquellos que pertenecen al reino de Dios no deben buscar, anhelar o valorar aquellos atributos que describen al hombre exitoso de la sociedad sino que en el reino de Dios lo bienaventurados, los gozosos, los alegres o aquellos que les va bien son los que tienen una serie de características que el mundo no valora pero para Cristo son fundamentales.

El primer grupo bienaventurado son los pobres de espíritu que son todas aquellas personas que examinan su realidad reconocen su situación de necesidad espiritual. Se ven carentes de cualquier mérito personal, necesitados de rescate y totalmente dependientes de un Salvador que les provea lo necesario para si vida. El segundo grupo, los que lloran, se refiere a los que se lamentan por algo, en este caso la causa de la tristeza es el pecado. Cuando los cristianos que amamos a Dios vemos el pecado que afrenta a nuestro Señor no podemos sentir otra cosa que rechazado, mal estar, indignación y también lágrimas.

Hoy veremos el tercer grupo…

Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad (v. 5): la tercera bienaventuranza es para los mansos. Los mansos describe a la persona que no se resiente. No guarda rencores. Lejos de seguir rumiando las injurias recibidas, se refugia en el Señor y entrega su camino enteramente a Él. Esto en relación con lo externo, con lo interno tenemos una descripción magnífica en Mt. 11:28-29aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. Jesús se pone de ejemplo de mansedumbre al ser un persona que lleva un yugo en cima suyo y lo lleva con gozo, amor y servicio al Padre. Así que los mansos son aquellas personas que quieren aceptar su yugo de vivir como Cristo, de sufrir como él y servir para el alejados de cualquier tipo de queja.

La vida cristiana es la vida de aquel que toma su cruz y sigue al maestro. No se puede tomar esta cruz con autosuficiencia buscando nuestro propio camino sino siguiendo las huellas ensangrentadas de Aquel que porta una corona de espinas. No se puede tomar esta cruz con orgullo pues es un lugar carente de él, mas bien es dado a la humillación y al dolor. Sólo se puede seguir a Cristo en humildad y mansedumbres.

La mansedumbre es aceptar el camino de Cristo de la negación personal. El de la entrega a la guía del E.S. y de la dirección del Padre. El ejemplo culmen de la mansedumbre lo tenemos en Getsemaní Lc. 22:42Hágase tu voluntad y no la mía” a pesar de que la voluntad de Dios era la cruz. La vemos también en apóstol Pablo “Para mí el vivir es Cristo y el morir es gananciaFilp. 1:21 son vidas vividas en la mansedumbre de aceptar la voluntad de Dios por encima de la nuestra propia.

Los mansos son bienaventurados porque tienen la tierra por heredad. No significa que de alguna manera serán los dueños de esta tierra actual sino que como hijos del creador de los cielos y la tierra vivirán eternamente como herederos de los nuevos cielos y la nueva tierra. No como siervos más sino como herederos. Como el hijo pródigo en la parábola de Jesús.

El reino es la heredad de los hijos no la paga de los siervos.

La paga es mérito del trabajado el cual se la ha ganado tras un mes de duro trabajo en cambio la herencia no es merecida, se tiene por dependencia al Padre. Los mansos heredarán la tierra porque la mansedumbre y la humildad son las características de aquellos que dejando las algarrobas de los cerdos vuelve en sí y dice «Me levantaré e iré a mi padre» (Lc. 15:11-32).

Continuará….