UN MUNDO NUEVO IV: los que tienen hambre y sed de justicia.

UN MUNDO NUEVO IV: los que tienen hambre y sed de justicia.

Empezábamos esta serie señalando que uno de los debates que nos estamos centrando en las últimas semanas es cómo será el mundo después de que acabemos esta cuarentena que estamos viviendo. Cómo será esta vuelta a la normalidad o más bien como será la nueva normalidad. Todos damos por supuesto que no sólo la manera en que la sociedad se relaciona los unos con los otros va a cambiar sino que también cambiará la manera de pensar y los valores de muchas personas. Aquellas cosas a las cuales antes considerábamos importantes ahora no lo serán tanto. Cuando se produce una catástrofe este tipo los seres humanos cambiamos por las circunstancias y no siempre a mejor.

Estos choques ante terremotos tan fuertes cambian la apreciación de aquellos que valoramos importante. De aquello que esperamos alcanzar y que pensamos que nos va hacer felices.

Entonces empezamos a ver como Jesús llama a sus seguidores a una nueva manera de vivir. El primer grupo bienaventurado son los pobres de espíritu que son todas aquellas personas que examinan su realidad reconocen su situación de necesidad espiritual. Se ven carentes de cualquier mérito personal, necesitados de rescate y totalmente dependientes de un Salvador que les provea lo necesario para si vida. El segundo grupo, los que lloran, se refiere a los que se lamentan por algo, en este caso la causa de la tristeza es el pecado. Cuando los cristianos que amamos a Dios vemos el pecado que afrenta a nuestro Señor no podemos sentir otra cosa que rechazado, mal estar, indignación y también lágrimas. El tercer grupo son los mansos y describe a la persona que no se resiente. No guarda rencores. Lejos de seguir rumiando las injurias recibidas, se refugia en el Señor y entrega su camino enteramente a Él.

Hoy veremos el cuarto grupo que son denominado bienaventurados….

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados (Mat. 5: 6): Jesús sigue ahora con un grupo al que se le diagnostica “hambre y sed”. Para saber a que se refiere con esto primero tenemos que ver de que tienen hambre y sed y es de justicia se refiere a aquello que es “justo” a los ojos de Dios. Esta justicia consiste es una perfecta conformidad con la santa ley de Dios, esto es, su voluntad. Son personas que en cualquier situación buscan hacer aquello que agrada a Dios.

En el A.T. encontramos a varias personas que se las denomina como justas, no porque fueran sin pecado sino porque eran personas que buscaban agradar a Dios, lo que es justo y bueno. Jb 1:5 Quizás habrán pecado mis hijos y han blasfemado a Dios en sus corazones” he aquí un hombre con hambre y sed de justicia, sus hijos hacen una fiesta y lo que piensa es si en un descuido han ofendido a Dios y busca arreglar las cosas con Dios. Son personas que siempre buscan agradar a Dios por encima de agradar a otras personas. No solo en sus vidas personales sino también en mitad de su familia, en su vecindario y en su iglesia. Cuando hay un dilema moral o ético lo que estas personas se preguntan es ¿Qué es lo que dice la Palabra de Dios acerca de este tema? y lo hacen de manera tan natural y que casi es una necesidad en su vida como el comer o el beber.

Estas personas son bienaventuradas porque se nos dice que serán saciadas. Cuando se manifieste el reino de Dios estas personas comerán y beberán la voluntad de Dios y su justicia hasta quedar satisfechas de la gloria de Dios.

Unos versículos un poco más adelante Jesús nos dirá acerca del reino de Dios que es mejor hacerse tesoros “en el cielo” (Mt. 6:20) porque están libres de la corrupción de este mundo. El cielo es un lugar libre de la corrupción que tenemos aquí entre nosotros porque eso alguien quién ansíe esta justicia es bienaventurado porque se sentirá saciado de ella por toda la eternidad.

Con esta llevamos cuatro bienaventuranzas. No son valores muy populares hoy en día a la gente le gusta decirse tolerante, o defensora de los necesitados incluso de los animales. En cambio a nadie le gusta reconocer que por sí solo no puede como los pobres de espíritu, no le gusta llorar ante aquello que no puede tolerar, ser manso cuando el cuerpo nos pide ser lo contrario o desear con toda nuestra vida aquello que agrada a Dios.

Pero son los valores del lugar donde pertenecemos, de ese reino del cual decimos formar parte. De ese reino el cual esperamos su manifestación futura. Los domingos tomamos del pan y del vino para recordar, recordamos un pasado en Gólgota pero también recordamos una promesa que él volverá para traernos el reino de los cielos, para consolar a los que lloran para saciar a los que tienen hambre y sed de Su justicia.

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¿Qué ventaja tiene ser judío? (Ro. 3:1-7)

¿Qué ventaja tiene ser judío? (Ro. 3:1-7)

Pablo usa el primer versículo de este tercer capítulo para unir el tema anterior, el hecho de que ser judío no aporta ninguna ventaja a la hora de la salvación con el tema que va a tratar en este tercer capítulo, la unidad de toda la humanidad en que estamos apartados de Dios por el pecado. El tema se resume en v. 9¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado.”

El final del segundo capítulo había sido dirigido al auditorio judío dentro de la congregación de romana el cual se creía superior a la parte gentil de la iglesia de Roma. Pablo ha dirigido palabras duras contra esta actitud que estaban teniendo y quiere dejarles claro que no es un tema personal que tenga en contra de ellos ni que ser judío es algo malo, sino que no ofrece ninguna ventaja a la hora de la salvación ya que todos son pecadores.

Para ello Pablo empieza con unas preguntas retóricas, que podrían ser preguntas naturales que los judíos de la congregación se hicieran. Esto es algo que Pablo hace mucho, es una forma de enseñanza, usar preguntas retóricas que supuestamente la audiencia se hará cuando escuche esta carta, es una manera de anticiparse a estas dudas y resolverlas (2:3-4; 3:1-2; 3:5; 3:9). Este capítulo 3 es especialmente rico en preguntas y respuestas.

¿Qué ventaja tiene pues ser judío? (v.1): La primera pregunta es que les aprovecha a los judíos realmente ser judíos, ofrece alguna ventaja. Pablo explica una “les ha sido confiada la palabra de Dios”. El vocablo griego para palabra es logion que viene de logos. Esto se refiere a palabras o dichos de carácter sobrenatural. Aquí Pablo usa la palabra para abarcar todo el AT, en el cual los judíos recibieron las propias palabras de único Dios verdadero (Dt. 4:1-2; 6:1-26:1-2; Mr. 12:24) Los judíos tuvieron la gran ventaja de contar con el AT porque contenía la verdad acerca de la salvación (2 Ti. 3:15) y del evangelio en su forma básica (Gá. 3:8).shaunae-miller-se-tira-en-plancha-para-conseguir-un-oro-olimpico

Este privilegio lo tiene también la iglesia cristiana en el nuevo pacto. La tarea de conservar (evitar las falsas enseñanzas), enseñar (dar a conocer la revelación de Dios) y predicar el evangelio (llamar al arrepentimiento). Es siempre tarea del pueblo de Dios gestionar las palabras de Dios no como si fuesen del pueblo sino como lo que son palabras mismas de Dios.

Pero una vez explicado esto y viendo la realidad del pueblo judío Pablo sabe que entre los gentiles van a surgir otras preguntas:

¿Qué pasa en el caso de los judíos incrédulos? (v. 3): Es lógico pensar que cuando predicamos algo y nuestro testimonio personal no acompaña a lo que predicamos nos descalifique y también tenga un peso perjudicial en aquello que predicamos, entonces, ¿qué pasa con testimonios como los de Anás o Caifás? ¿acaso no invalidan el mensaje que predicaban? Pues Pablo dice que no, la infidelidad de los hombres no anula la fidelidad de Dios. Jesus les dijo a sus discípulos Mt. 23:2-3 “En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen.” deben guardar todo aquello que estos judíos les enseñaban, porque era palabra de Dios, aunque sus actos no eran los correctos. La palabra de Dios es santa por muy pecador que sea su pueblo.

Llegado este punto Pablo sabe que se puede producir una confusión, si hacer normas, cumplir leyes no sirve para ser salvo como decían los judaizantes estaban en peligro de caer en otra herejía que era pensar que como la salvación es por gracia y cuando el pecado es cubierto y perdonado la gracia de Dios abunda, había individuos que animaban a otros a pecar con el objetivo de dar gloria a Dios, porque no había nada que nosotros podamos hacer para ser salvos, solo la gracia de Dios, entonces cuando más pecado tenga en mi vida y Dios me perdone mayores serán los méritos de Cristo por cargar con mi pecado y mayor la gloria de Dios por ser el iniciador de la salvación. Así que Pablo quiere cortar con estas dos herejías entonces usa las preguntas retóricas para atacarlas.

¿Dios es injusto al castigarnos por el pecado? (v. 5): El pecado siempre se paga es una verdad absoluta, si tenemos pecado que es injusticia la justicia de Dios sobresale y queda al descubierto al castigar nuestro pecado.

¿Por qué soy juzgado como pecador si gracias a mi pecado sobre abunda la gracia de Dios? (v. 7) Porque el castigo es la consecuencia de la desobediencia a un Dios justo y santo que no deja el pecado sin castigo. Esa actitud de Dios le da gloria a Él porque conserva su santidad, Dios defiende su santidad. Es una gloria que Dios se da a sí mismo, pero cuando yo peco no doy gloria a Dios sino todo lo contrario ofendo a Dios, me hago enemigo y merecedor de castigo por ello, la manera que tengo de dar gloria a Dios en mediante la obediencia. Dios siempre va a recibir gloria, eso no depende de mí, lo que depende de mí es que papel voy a cumplir en la gloria de Dios como agente activo que da gloria o pasivo que recibe castigo para que Dios reciba la gloria de su propia justicia.

El poder del Evangelio (Ro. 1:16-17)

El poder del Evangelio (Ro. 1:16-17)

Después de presentarse a sí mismo y a su evangelio (Ro. 1:1-7) y de exponer cuales eran las intenciones de su carta y su esperado viaje a Roma (Ro. 1:8-15) Pablo va a exponer ahora lo maravilloso del evangelio que predica, su poder.

Es sin duda el texto central de la carta la cual da pie a la razón de ser del ministerio de Pablo, el interés de la visita y el objeto de la carta. Pablo no sólo expone el que es poderoso el evangelio sino en que le afecta eso a él como siervo escogido y apartado para esta tarea.

Con estos dos versículos Pablo intentará responder a una pregunta, ¿porqué es tan importante predicar este evangelio? la respuesta es clara “es poder de Dios para salvación” (v. 16). Esta es la importancia del evangelio puede salvar al pecador. A aquella personas que están como el propio Pablo va a decir en el capítulo 3 (3:23) está destituidas de la gloria de Dios, no pueden alcanzar la gloria.

En Gn 3:24 Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida” Dios apartó al ser humano del lugar que él había creado de donde se manifestaba su presencia. Nada puede devolver la comunión personal e íntima que el ser humano y Dios tenían en Edén, excepto el evangelio. El evangelio tiene poder para romper todas estas barreras y reconciliar al ser humano con Dios.

Pablo expresa varias ideas en estos dos versículos.

  • No tiene de que avergonzarse por vivir y predicar el evangelio (v.16): puede parecer una obviedad que Pablo no se avergüence del evangelio, pero la verdad es que para todas aquellas personas que son convencidas por el Espíritu Santo el evangelio es al totalmente absurdo Pablo lo dice en 1 Co. 1:18Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.” pensar en que hay un Dios que creo cielos y tierra con el poder de su palabra y que creo al ser humano el cual pecó y está condenado a la muerte y para evitarlo Dios envía a su único hijo a morir y llevar el pago del pecado para que todos los que confíen en el sean salvos es un absurdo muy grande para los que no lo creen. Esto les lleva a menospreciar a los que sí creen y estos pueden avergonzarse de creer en ello.

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    «Nada puede devolver la comunión personal e íntima entre Dios y el hombre excepto el evangelio»
  • El evangelio es poder de Dios para salvación (v. 16): Este evangelio que Pablo ya ha enunciado (v. 2-6) tiene poder para salvar las vida de las personas que están condenadas por su pecado a una muerte eterna. El poder que tiene se lo ha conferido el autor del evangelio, el Padre. Jn. 3:16 Dice que es Dios Padre quien ama al mundo hasta el punto de entregar a Dios Hijo en propiciación por nuestros pecados para que podamos ser salvos. Sólo el evangelio tiene este poder para cambiar la vida de las personas que lo aceptan. Hc. 4:12 lo deja claro, sólo los que creen en Cristo son salvos
  • Este poder sólo se manifiesta a través de la fe (v. 17): El evangelio es ofertado a todo el mundo el propio Pablo lo dice un poco más adelante “al judío primeramente, y también al griego” pero no todo el mundo recibe el resultado de ese poder, de la misma forma que sólo los que toman una medicina reciben el beneficio que esta aporta sólo los que tienen fe en la sangre de Cristo pueden recibir esta salvación. La fe es la confianza en la promesa de Dios de que de la misma forma que libró de la muerte a Cristo también lo hará con nosotros.
  • El evangelio es para toda la humanidad (v. 17): En primer lugar Dios dio su palabra a los judíos que fueron los que recibieron el A.T. “al judío primeramente” pero ahora el evangelio se hacer extensible a todo el mundo “pero también al griego”. El evangelio ya no está encerrado en una raza en concreto sino que esta accesible a todo el que se acerque con fe. Ese es el determinante ahora, la fe no la descendencia de Abraham.
  • A través del evangelio la justicia de Dios se rebela (v. 17): La justicia se refiere a la declaración que hace Dios de los hombres que son justificados al declararlos justos. A través del evangelio el Padre imputa mi injusticia en Cristo e imputa la justicia de Cristo en mí, de esta forma soy declarado justo y por lo tanto tengo vida eterna. La salvación es sólo por gracia, por el evangelio, no hay otra fórmula de llegar a este estado de justicia que me extraño por naturaleza.
  • Este evangelio da vida (v. 17): El resultado final es vida eterna con Dios. Los que somos justificados por la sangre de Cristo tenemos vida con Dios cara a cara por toda la eternidad (1 Cor. 13:12). Es mediante es fe en aquello que le es prometido lo que hace que Abraham sea justificado y a través de él venga la promesa.

Una vez que ha explicado cual es el poder del evangelio, Pablo va a usar los siguientes versículos v.18-32 para explicar la necesidad de este evangelio ante e una humanidad donde todos son pecadores “destituidos de la gloria de Dios”.

Descansar en la justicia de Dios.


Una de las bases más importantes de una sociedad es la justicia. Ulpiano que fue un jurista romano describió los principios que debían regir la justicia como “vive honestamente, no hagas daño a nadie y da a cada uno lo suyo” este concepto ha pervivido hasta nuestra época donde la justicia es necesaria para el correcto funcionamiento de la sociedad en general. Sin justicia es muy difícil convivir, porque no hay más inseguridad que lo opuesto, que la injusticia.

Mt. 11:28Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas;porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

La injusticia es un mal que puede anclarse en nuestra vida y mutar para convertirse en

Representación simbólica de la justicia.

rencor y odio hacia las personas que nos han hecho esta injusticia. Por eso Jesús nos llama a descansar en él, este descanso nos es físico sino más bien psicológico.

¿Pero porque podemos descansar en Dios? ¿Es justo dejar de lado una injusticia porque

Dios nos lo pida?

1. Podemos descansar en la justicia de Dios porque esta siempre llega (Salmo 37:1-4). Una de las características de la relación de Dios con su pueblo es la paciencia y la idea de proximidad. Paso con el pueblo de Israel y la promesa del Mesías. Nos pasa a nosotros a la iglesia con la promesa de la segunda venida, Dios no nos dice cuando, pero nos recalca que está próximo. Con la justicia de Dios pasa algo parecido. Podemos haber sufrido una situación de injusticia en nuestra vida y puede parecer que Dios no actúa que está en silencio y que permite que esta justicia se produzca, casi puede parecer culpable por omisión, pero David dice que no nos impacientemos, que no tengamos por tardanza esta justicia de Dios. En este caso es por culpa de una persona o personas, malignos los llama. Nos dice que no tengamos envidia de ellos porque pronto, y aquí vemos la idea de proximidad, serán cortados.

Dios no da justicia inmediata sino justicia a su debido tiempo. Por eso nos es necesario no impacientarnos sino confiar que llegado su tiempo Dios hará justicia.

2. Podemos descansar en la justicia de Dios porque no hay ninguna injusticia que le sea oculta (Sal. 37:12-15). El pecado o más bien la tentación vienen con el envoltorio de que el algo que nadie sabrá, que se podrá disfrutar en secreto sin que sea haga público. Aquí se nos plantea a Dios riéndose de los planes de los malvados mostrándonos su posición de autoridad por encima del genero humano y de sus planes. Dios se ríe porque da igual lo que planeé el hombre al margen la voluntad de Dios sólo se hará lo que Dios quiera hacer. Él decide. (Gá. 7:8-9)

Descansar en la justicia de Dios también es un esfuerzo de mansedumbre, porque quizás lo que a nosotros nos parece una injusticia a Dios no se lo parece porque Él ve lo que hay en el interior de cada uno de nosotros y de la misma forma que cuando estamos en un juicio las dos partes han de aceptar el veredicto del juez, nosotros en nuestra vida debemos aceptar el veredicto del Juez perfecto.

3. Podemos descansar en la justicia de Dios a pesar de las aparentes derrotas. (Sal 37:16-17) En los varemos de la sociedad que nos rodea en muchas ocasiones los hijos de Dios salimos derrotados. Porque son varemos que fomentan la injusticia, el que más tiene, el que más gana, el más rápido el más ambicioso. El mejor. Y no hay nada de malo en ser el mejor, es más la Biblia nos ofrece un llamado a la excelencia a hacer lo que hacemos de la mejor manera posible. Pero el texto ya nos da una pista de como se ha logrado este éxito “las riquezas de muchos pecadores” evidentemente son riquezas conseguidas de una manera pecaminosa, no agradable a Dios.

Puede ser un ascenso en el trabajo, puede ser una mejor nota en un examen, una relación de amistad, otra persona haciendo una injusticia nos adelanta y nosotros que hacemos lo correcto nos quedamos atrás.

A pesar de esta injusticia el hijo de Dios puede descansar, no solo porque su conciencia esté tranquila o porque los demás reconozcan la injusticia sino porque Dios lo sostiene.

Rom. 8:33-35 Nada puede separarnos del amor Dios, nada puede hacernos caer cuando él nos sostiene. Por eso podemos descansar porque nada puede separarnos del él. Por eso es mejor quedarnos con lo poco del justo que las riquezas de los pecadores porque este poco se tiene en la seguridad de Cristo, el lugar donde no podemos ser movidos.

4. Como descansamos en la justicia de Dios debemos defenderla (Sal. 37:30-31). No nos hace falta irnos a un país tercermundista para ver injusticias. En nuestro día a día en la sociedad que nos rodea se producen injusticias todos los días. Desde personas mayores abandonadas por sus familias, pasando por familias donde hay malostratos, personas que han trabajado toda su vida y ahora con la crisis todos los miembros de su familia están en el paro, no son cosas tan extrañas y la iglesia no puede ser ajenas a ella, los cristianos no debemos ser ajenos a ella. Debemos defender la justicia de Dios. Muchas veces pensamos que nuestros papel en la sociedad está limitado a predicar el evangelio, llegamos decimos que Dios ama a la humanidad, que hay que arrepentirse, oramos y nos vamos. Pero la función de la iglesia va mucho más allá debemos defender los principios morales de la Biblia allá donde estemos. Debemos proclamar con nuestra boca la sabiduría de Dios y que nuestra lengua hable su justicia. En todos los ámbitos de la sociedad. Porque la Biblia tiene mucho que decir en la sociedad en que vivimos.

Pero la única manera de defender la justicia de Dios es conociendo esta justicia “la ley de su Dios está en su corazón”. La única manera de defender la justicia de Dios es empapándonos de su palabra, de su ley, de sus mandamientos, de sus promesas, de sus bendiciones.

Prv. 7:1-5 El autor de proverbios liga el buen uso de la sabiduría, conocimiento puesto en práctica, con atesorar los mandamientos del padre, de Dios. Aquí entra la tarea del cristiano de conocer a Dios, conocer su palabra, sus mandamientos y sus promesas.

Sólo cuando nos llenamos de la Palabra de Dios está puede salir por nuestra boca, porque cuando atesoramos en el cofre de nuestro corazón podemos echar mano de ello en el momento de dificultad. Pero cuando no atesoramos y llega la prueba y vamos a echar mano ¿que encontraremos? nada.

5. Podemos descansar en la justicia de Dios porque al final nos espera una vida eterna con Él (Sal. 37:34). Esta es la mayor promesa que tenemos, vivimos en un mundo injusto donde pasan cosas injustas, pero llegará el día en que Dios eliminará toda esa injusticia, cuando sean destruidos los pecadores. Entonces heredaremos la tierra.

Pero el salmista pone dos condiciones, esperar en Dios y guardar su camino. Volvemos a ver alguna de las ideas que habíamos visto en un punto anterior. Pero este esperar y guardar su camino se resumen en una palabra perseverar. Mt. 10:22 mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo.” Jesús mismo reconoce que una de las cualidades de alguien que es verdaderamente salvo es que persevere, que se mantengan en la fe hasta el final. De la misma forma debemos permanecer en su justicia, esperando en Dios.

Es muy difícil esperar en Dios cuando sufrimos una injusticia en nuestra vida, sobre todo si el que se sale con la suya parece nos sufrir el castigo de Dios que nosotros creemos que se merece. Satanás usa esas circunstancias para poner en nosotros la semilla de tomarnos las justicia por nuestra cuenta. Pero que bueno es descansar Dios, poder exponerle delante de él nuestra causa, como delante de un juez, pero sabiendo que nuestro juez el un juez justo y perfecto y dejar que él tome la decisión que crea más oportuna sabiendo que si descansamos en Él y perseveramos hasta el final como dice el salmo 23

En la casa de Jehová moraré por largos días”  Sal. 23:6

Ciudadanos del Reino.


       Mt. 5:1-20

        Los niños son el reflejo de los adultos con los que están y muchas veces alguien que trabaje con niños, bien sea un profesor o un persona en la iglesia encargada de los niños, puede saber cómo son los adultos de una familia, cuáles son sus intereses sus prioridades su escala de valores, etc, sólo observando y escuchando a un niño, porque los niños imitan el entorno en que se encuentran. Cuando en un patio de colegio los niños van a jugar y se ponen en fila para poder escoger dos equipos siempre se escogen primero a los mejores, a los que sepan jugar mejor al deporte que se vaya a practicar, dejando de lado a los peores o más débiles. Esto es un reflejo de lo que ocurre en la sociedad que nos rodea donde el éxito de una persona radica en caracteres que lo hacen destacar por encima del resto, que le han llegar a lugares donde otros no pueden. Que lo hacen superar a sus rivales. Entonces llega Jesús y empieza a hablar de las personas que realmente son destacadas en el reino de Dios, personas que son bienaventuradas. Pero su escala de valores no es la de las personas que le rodean, no vemos bienaventuranzas para los que ganan mucho dinero, ni para los más graciosos, ni para los más carismáticos, ni para los que arrastran a más personas detrás de ellos sino que es una que da la vuelta a la que la sociedad tenía.

       Los que lloran: Jesús siempre se identificó con los que sufren en Mt. 25:37-40 Jesús dice que cuando ayudamos a una persona necesitada el siente esa ayuda como propia. Jesús se identifica, con los necesitados. Cuando en éxodo se está dictando la ley Dios dicta leyes especiales para que cuando se recoja la siega se deje parte para los necesitados, o cuando se recoja la uva en la vendimia. Y como Jesús se identifica con ellos también les ofrece su consuelo.

Este lloro viene del arrepentimiento sincero, es una consecuencia del pecado, los que lloran se refieren a todas las personas que conociendo su pecado y el pecado de la sociedad que les rodea no pueden hacer otra cosa que llorar ante él. Jesús experimento en su propia carne esta sensación de lloro, el lloro no es un mal en sí mismo sino una manifestación externa sobre todo suele ser de rabia o impotencia, ante algo que ocurre y que nosotros no podemos impedir. Jesús lloró por la muerte de un amigo Jn. 11:28-40 Las lágrimas de Jesús no fueron falsas sino que incluso los que las vieron dijeron “mirad como lo amaba” dando a entender que eran lágrimas verdaderas.  Lágrimas por las consecuencias del pecado, la muerte.

En la vida cristiana hay momentos de lágrimas, lágrimas sinceras que muchas veces reflejan situaciones difíciles que estamos pasando. Algunas serán por el pecado propio, porque caemos y sabemos que hemos fallado a Dios, otras por pecado de otros, que nos hacen daño, otras veces lloraremos simplemente por ver lo perdida que está la sociedad. Pero debemos saber que mientras nuestras lágrimas sean derramadas por el reino de Dios serán consoladas. Porque el que pertenece al reino de Dios el pecado nunca le es indiferente. Los cristianos podemos acostumbrarnos a ver pecado hasta el punto que nos volvamos inmunes y tenemos que tener cuidado porque no debemos ser indiferente ante él.

       Los mansos: La mansedumbre es lo opuesto a estar fuera de control. No significa debilidad sino un autocontrol supremo dado por el espíritu santo, pues es uno de los dones espirituales (Gá. 5:23). La mansedumbre nos habla de la capacidad de aceptar la voluntad de Dios a pesar de que duela. El hijo de Dios tiene que saber aceptar las pruebas de su padre cuando estas se presenten, como ocurre con Job, pero mansedumbre también nos habla de aceptar el castigo por el pecado, sin rebeldía. Como David con el hijo de Betsabé, cuando Natán se acerca a David para reprenderle por lo que había hecho David lo asume y dice “he pecado contra el Señor” asume su pecado y asume su castigo porque era manso.

        Mt. 27:27-31 No hay mayor ejemplo de mansedumbre que este, el hijo de Dios, Señor del universo el cual la Biblia nos dice que es heredero de todo, se deja golpear y humillar aceptando la misión que su Padre le ha encargado. Nuestras vidas deberán reflejar esta mansedumbre que vemos en David y Jesús, por un lado nunca siendo rebeldes a la corrección de Dios, porque sólo los buenos padres corrigen a sus hijos y es de buenos hijos aceptar esta corrección, a parte del hecho de que hemos fallado y nos merecemos la corrección, es justo. Por otro lado debemos ser mansos para aceptar la voluntad de Dios aunque duela.

       Hambre y sed de justicia: Es lo opuesto a la auto justificación de los fariseos. Se refiere a todos aquellos que buscan la justicia de Dios por encima del establecimiento de una justicia propia. Estas personas que tiene hambre de justicia están deseosas de alimentarse de esta justicia de Dios, por eso nos la presentan como hambre y sed, porque nos habla de una forma de vida diaria, a pocas cosas más diarias que comer y beber.  El Sal. 9:7-9 dice: “Pero Jehová permanecerá para siempre; Ha dispuesto su trono para juicio. El juzgará al mundo con justicia. Y a los pueblos con rectitud. Jehová será refugio del pobre, Refugio para el tiempo de angustia.” Esta justicia de Dios es una justicia que restablecerá lo que el pecado ha distorsionado, es algo que los hijos de Dios esperan con ansia porque juzgará las injusticias que se producen en una sociedad caída.

        Jn. 2:13-17 Jesús limpió el templo en dos ocasiones. En la primera de ellas Jesús llega al templo y el pecado de la avaricia había hecho que un lugar destinado al culto a Dios se convierta en un mercado. Jesús usa de su justicia para castigar a los cambistas y a los mercaderes con un azote de cuerdas. El celo por la justica de Dios de los cristianos debería ser así, no que nos pongamos a darnos palos cuando veamos un pecado pero sí que nunca nos quedemos indiferentes ante la injustica, los ciudadanos del reino de Dios debemos tener hambre y sed de justicia y hacer todo lo posibles para revertir los casos de injustica que tengamos en nuestro entorno y a nuestro alcance. No vivimos en una burbuja y aún no estamos en el cielo, así que a nuestro alrededor hay casos claros de injustica que en la medida de que podamos debemos ayudar a corregir.

       Los misericordiosos: Las personas que reciben la misericordia de Dios tienen la obligación de reflejar esa misericordia en su vida con los demás. Esta misericordia es la virtud de inclinarse o compadecerse de las tragedias de los demás y tener el ánimo de ayudarles. Todas estas características que vamos viendo muchas se solapan porque no son ideas rígidas sino formas de vida. Es imposible ser misericordioso sino no hay una sed de Justicia. Mt. 9:35-36 nos dice que Jesús vio a las multitudes y se compadeció de ellas, tuvo misericordia de ellas. Los hijos de Dios como miembros del reino de Dios deben tener esta misma capacidad que Jesús para sentir misericordia, para darse cuenta de las necesidades espirituales de los que nos rodean y hacer lo que podamos por suplirlas.

        Los de limpio corazón: Las personas de limpio corazón son personas de deciden no contaminarse con el pecado de una manera voluntaria. Todos estamos rodeados de pecado y es imposible no pecar, va en nuestra naturaleza humana. Pero son personas que hace el esfuerzo de poner un filtro en sus vidas para que el pecado no germine en ellas. Muchas veces podemos alimentar el pecado en nuestra vida como con los resentimientos o los rencores que llegan a nuestra vida y encuentran terreno abonado para  quedarse y vivir en ella. Dn. 1:8Y Daniel propuso en su corazón de no contaminarse en la ración de la comida del rey, ni en el vino de su beber: pidió por tanto al príncipe de los eunucos de no contaminarse.” Nuestra vida es como un terreno de tierra donde se cultivan cosas, sabemos de antemano que van a salir malas hierbas, es inevitable, pero podemos proponernos hacer lo posible para que nuestro terreno no se propicio para estas malas hierbas sino para que traiga fruto. Daniel se propuso que su vida no fuera contaminada por la comida sacrificada a otros dioses paganos. El hijo de Dios debe esforzarse por mantener su corazón y su vida lo más limpias posibles, habrá malas hierbas pero es nuestro deber procurar que el terreno no esté abonado para ellas y que cuando salgan las cortemos lo más pronto posible.

        Los pacificadores y los perseguidos: Como últimos grupos Jesús cita a dos grupos en conflicto. Hasta ahora hemos visto situaciones donde el cristiano tenía que hacer una introspectiva en su vida para analizar si era manso o pobre de espíritu o misericordioso. Ahora el texto entra en la acción con las personas que nos atacan, se supone que por ser hijos de Dios. Por un lado la Biblia nos llama a ser pacificadores, o sea personas que buscan la paz por encima de todas las cosas, nos llaman a no ser belicosos. Y ¡qué difícil es! Cuando nos atacan no responder con la misma moneda. Qué difícil es juntar estas dos características y ser pacificadores cuando somos perseguidos. 2 Co. 2:5-11 Pablo había sido ofendido por alguien y toda la congregación le había reprendido, era fácil para Pablo hacer leña del árbol caído pero a pesar de esta ofensa Pablo dice “por cuanto os ruego que confirméis el amor para con él(v. 8) aquí vemos un corazón que va pronto a perdonar y aunque él haya sido ofendido no quiere que esto sea un problema en la iglesia de corinto sino que hace de pacificador para que en la iglesia haya paz. Si queremos ser parte del reino de Dios tenemos que fomentar la paz de Dios allá donde estemos, y desgraciadamente muchas veces se ve lo contrario entre los cristianos, estamos hablando mal los unos de los otros y fomentando rivalidades que parece que le allanamos el terreno al enemigo.

Dice una canción muy conocida por nosotros que Somos el pueblo de Dios, somos un pueblo especial, pues como pueblo especial, especial por los méritos de Cristo, esforcémonos por cultivar estas características que Jesús resalta porque son las características de losintegrantes de su Reino. AMÉN