Manifestando a Cristo (Jn. 14:22-24)

Manifestando a Cristo (Jn. 14:22-24)

Durante la última cena nos encontramos en un momento de confusión para los discípulos. En las últimas semanas Jesús a anunciado su muerte hasta en cuatro ocasiones algo extraño, piensan sus discípulos porque tenían una concepción errónea de lo que era el reino de Dios. Además los discípulos se habían peleado entre ellos por quien era el mayor (Lc. 22:24-30) esta discusión los había llenado de orgullo hasta tal punto que nadie cogió el lugar del siervo más humilde para limpiar los pies de los demás con lo cual Jesús tuvo que coger este sitio lo que provocó una humillación más. Además Jesús anuncia que alguno de los que está allí lo va a entregar (Jn. 13:21-30) y Pedro lo negará hasta en tres ocasiones (Jn. 13:36-39). Ahora Jesús se encuentra explicándoles que Él se va a ir y que se vuelve con su Padre (Jn. 14) Todo esto hace que los discípulos de Jesús esté en un estado de perplejidad por eso Jesús usa este capítulo 14 para transmitirles confianza. Jesús les confirma que se irá pero volverá, que no les dejará huérfanos sino que enviará a un consolador que les acompañe para siempre.

sdj_predicaalnocreyente_01La pregunta de Judas está muy relacionada con el concepto de Reino de Dios que tenían los judíos, que era un reino como los del mundo, era un gobierno político donde se lograría la independencia de Israel y la restauración del reino de David con sus fronteras como Dios, creían ellos, había prometido. Ahora que ellos reconocen que Jesús era el Mesías este anuncia que se va a ir.

Entonces Judas va a realizar una pregunta humanamente muy lógica. ¡Qué mejor que el propio rey para anunciar la llegada del reino!. “Judas le viene a decir que si quieres que el mundo conozca que ha llegado el reino de los cielos porque te vas, no sería mejor quedarte y así que escucharan de tu propia boca esta buena noticia”. No es la primera vez que a Jesús le hacen esta pregunta. Cuando iba a llegar la fiesta de los Tabernáculos los hermanos de Jesús, hijos también de María, le dijeron que subiera a Judea y que hiciera allí las obras que estaba haciendo en Galilea argumentando que “nadie hace nada en secreto cuando procura ser conocido en públicoJn. 7:4 pero Jesús desestima su propuesta argumentando que su tiempo no ha llegado. El reino de Dios no se mueva bajo los mismo parámetros que el mundo, eso ya ha quedado claro en el sermón del monte donde no son los poderosos los bienaventurados sino los humildes, los que lloran, los ávidos de justicia siguiendo la lógica del reino, ahora Jesús explica que en el reino de Dios la manifestación de la llegada del Mesías no la va hacer el Mesías directamente sino aquellos que le aman.

Esta va a ser la respuesta de Jesús. Puede parecer que Jesús esté evitando la respuesta repitiendo algo que ya dijo anteriormente, la respuesta nos puede parecer que no es clara. Pero si estamos atentos a las palabras de Jesús podremos entender lo que está diciendo. Jesús les responde que sí se va a manifestar al mundo pero no de la manera que ellos esperan o consideran que fuera la mejor sino que Cristo se manifiesta al mundo a través de las vidas de los que le aman. Más adelante Jesús ampliará la definición diciendo que le serán testigos “me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra” Hc. 1:8  donde les explicará que son ellos 11 los que tienen que ir por el mundo predicando el evangelio del reino que predicaba Jesús, bautizando y enseñando a guardar los mandamiento de Cristo. Pero esto sólo lo pueden hacer las personas que aman a Cristo.

Entonces Jesús va a explicar quiénes son estas personas porque tienen la capacidad de mostrar a Cristo al mundo. Jesús vuelve a repetir la referencia a los que le aman. El tema del amor fue introducido por Jesús en 13:31-35 anunciando que el amor que tenían que tener entre ellos es el mismo que Jesús tenía por ellos. Ahora ante la pregunta de Judas Jesús va a realizar tres relaciones en cuanto a la persona que aman a Jesús.

Los que aman a Cristo guardan sus mandamientos.

Los que aman a Cristo son amados por el Padre.

Los que aman a Cristo reciben la morada del Padre e Hijo.

Esta es la razón última de porque pueden mostrar a Cristo porque Cristo mora junto al Padre en ellos. Así que cada persona que dice amar a Cristo tiene que entender la responsabilidad que tiene en su vida de manifestar a Cristo allí donde se encuentra. Jesús plante una descripción de estos creyentes que dicen amar a Cristo. Estas tres características no pueden ir separadas no se puede decir que amas a Cristo si no guardas sus mandamientos y no puedes ser amado por el Padre si no guardas los mandamientos del Hijo porque significaría que no amamos al Hijo.

La primera característica de aquel que manifiesta a Cristo es que guarda su Palabra: Este es un concepto que Jesús ya había recalcado y seguirá diciendo en otras ocasiones como en 15:14. La obediencia a su maestro es un rasgo esencial del discípulo 2 Ti. 2:3-5 Pablo escribiéndole a Timoteo describe la vida de un cristiano como la de un soldado que sólo vive para agradar a aquel que lo llamó. ¿Y cómo la guarda? Cumpliendo diligentemente con su Palabra.

La palabra que aquí se traduce como guardar que en griego es τηρέω no solo significa obedecer sino guardar, velar por algo, vigilar, conservar, reservar, retener y proteger. La idea de Jesús no es sólo que la persona que ama a Jesús conocer su Palabra y la pone en práctica sino que retiene sus mandamientos, vela por ellos para que no sean distorsionados por falsas enseñanzas, conserva la Palabra y se preocupa de transmitírsela con fidelidad a otros para que ellos también las guarden.

Hoy en día 2000 años después la manera que tiene el mundo de conocer a Cristo es a través de hombres y mujeres que aman a Cristo y que sigan predicando el evangelio del Reino, el mismo evangelio que predicaba Cristo. Romanos nos confirma que “todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” pero también nos plantea tres preguntas “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?Ro. 10:13-14 La predicación es necesaria para la evangelización porque si no de qué manera puede una personas oír las buenas nuevas del evangelio. Sea en un lugar público, en la radio, en una iglesia o en una conversación es siempre a través de la presentación del evangelio la manera a través de la cual una persona puede llegar a conocer a Cristo y su salvación.

2 Ti. 2:1-2 Nos muestra un ejemplo de ello ya que hay incluidas hasta 4 generaciones de personas que oyen la Palabra, la guardan y la transmiten a otros. Lo que Timoteo debe transmitir a otros es la Palabra que oyó de Pablo, no lo que oyó en otro lado sino lo que oyó de la boca del Apóstol debe transmitir a hombres fieles los cuales deben ser fieles para oír el mensaje y transmitir a otros. Esta es la manera en que se transmite el evangelio a través del tiempo, aquellos que oyen la Palabra de Dios la guardan y la transmiten a otros. Cuando alguno la oye y la distorsiona realmente está deshonrando a Dios.

Si decimos que amamos a Cristo debemos ser discípulos comprometidos con guardar su Palabra, con conocer y obedecerla pero también con preservarla y enseñarla a otros. En contraposición tenemos al que no ama a Cristo cuya identificación es que no guarda la Palabra de Dios (v. 24) y por asociación tampoco es amado por el Padre ni recibe la morada del Padre y el Hijo. Da igual que se haya puesto la etiqueta de hombre piadoso, da igual las obras que haga, da igual el aprecio que el mundo tenga y da igual que el mundo lo considere un hombre o una mujer buenas porque si no guarda la Palabra de Cristo no le ama. El infierno está lleno de hombres y mujeres que han hecho muy buenas obras y piadosas y consideradas referentes en cuanto a bondad e integridad por el mundo. Pero si no ama a Cristo no puede guardar los mandamientos ni ser amados por el Padre ni tener a Padre e Hijo haciendo morada en su vida.

La segunda característica de la personas que manifiesta a Cristo es que es amado por el Padre: El amor es la relación natural entre el Padre y el Hijo. Cuando Jesús se bautiza Mt. 3:17 Una voz sale del cielo y dice “este es mi hijo amado de quien tengo complacencia” la palabra complacencia indica deleitarse, complacerse, estar contento o satisfecho con una persona. El Padre ve al hijo y lo ama se deleita en Él. Por otro lado el hijo ama al Padre Jn. 14:31 y por lo tanto obedece para que en esa obediencia sea evidente el amor entre ellos. El que ama a Cristo participa de ese amor un amor que lleva a amar y ser amado como Dios ama. Cuando somos reconciliados con el Padre a través de la obra de Cristo recibimos ese amor de Dios. La imagen es la del hijo pródigo. El cual cuando regresa a casa disfruta del abundante amor del Padre. El Padre no ha dejado de amarlo nunca, pero sólo cuando hay reconciliación el hijo pródigo puede disfrutar del amor del Padre.

Pero esto nos puede llevar a pregunta, ¿acaso no dice la Biblia que Dios ama al todo el mundo, incluido a los millones de pecadores que no le conocen?, Ro. 5:8; Jn. 3:16 nos dice que de tal manera amó Dios al mundo que dio a su hijo en sacrificio. Con lo cual entendemos que Dios ama a los pecadores y no quiere que se vayan a una eternidad de perdición. Tenemos que diferenciar, entonces, que aquí habla de un amor distinto. Existe un amor general de Dios por la creación, por el ser humano. El amor de Dios por la humanidad pecadora se muestra en el hecho de que Dios es misericordiosos al tener paciencia por la humanidad y no querer que los pecadores se pierdan Ro. 5:8Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”; 2 Pd. 3.9es paciente para con vosotros, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento”. El amor general de Dios por la humanidad es ocasión para salvarse.

Pero ahora Jesús no se está refiriendo al amor general de Dios por la humanidad sino a un amor específico de Dios por aquellos que aman a Cristo Jn. 1:12-13 Pero a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre” son amados como hijos algo que los inconversos no pueden ser. Aquellos que creen en el evangelio y aman a Cristo siendo reconciliados con Dios son considerados Hijos de Dios y reciben un amor por parte del Padre como hijos amados. No porque Dios nos ame más o diferente sino porque hay reconciliación y perdón de pecados. Aquellos que aman a Cristo, que son los que guardan sus mandamientos, son amados por el Padre como hijos. Con el amor que el Padre ama a Jesús.

El que ama a Cristo recibe al Padre y al Hijo: La palabra que aquí se una para morada es la misma que Jesús usa en el versículo 2 para referirse a la casa de su Padre donde hay muchas moradas donde llevará a los suyos para estar con Él. Así que el concepto es una residencia permanente.

Aquel que le ama recibirá al Padre y al Hijo que residirá en su vida de manera permanente. Este texto completa a toda la trinidad en la vida del creyente ya que en v. 16 Jesús iba a rogar al Padre que enviará al Espíritu Santo a la vida de sus discípulos. Ahora no sólo es el E.S. sino también el Padre y el Hijo.

La idea que Jesús quiere transmitir ya la ha dejado antes reflejada “¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os digo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí es el que hace las obrasJn. 14:10 Jesús quiere decir ahora que de la misma manera que el Padre ha estado con el Hijo acompañándolo y obrando a través de Él siendo manifestado por palabras y obras de Jesús aquel que ama a Cristo recibe durante toda su vida la compañía del Padre y del Hijo a través de la obra del Espíritu Santo guiándolo y manifestándose al mundo a través de su vida. Este es el punto a dones Jesús quiere llevarles. La respuesta a la pregunta. Cristo se manifiesta al mundo a través de la vida de aquellos que le aman. No es un hecho de incapacidad no es que Cristo no pueda expandir Su Reino y las buenas noticias sin el hombre. Dios no nos necesita para nada. Es su soberanía y Su gracia la que permite que seamos parte de Su Plan.

Esta es una verdad que debería llenarnos de gozo y hacernos temblar. Debería llenarnos de gozo porque que personas pecadoras que sólo merecíamos la muerte tengamos el privilegio de que Cristo se manifieste al mundo a través de nuestra es motivo para que estemos agradecidos a Dios por toda la eternidad. En la época de Jesús el recibir en casa a una persona destacada era motivo de honra en Lc. 7 tenemos la historia del centurión romano que tiene un siervo enfermos y cuando Jesús quiere ir a su casa la respuesta de este hombre es “Señor no soy digno de que entres bajo mi techo” es un honor tan grande que me doy cuenta de que no soy digno de tal hecho. De la misma manera deberíamos sentirnos nosotros personas no dignas de que un Dios todopoderoso y creador y de su Hijo Salvador hagan morada en nosotros.

Por otro lado nos debe hacer conscientes de nuestra responsabilidad de manifestar a Cristo, su evangelio y su reino, al mundo. Allí donde nos encontramos nosotros somos discípulos de un Maestro que nos ha mandado ir por el mundo haciendo otros discípulos (Mt. 28:16-30). La vida que un Hijo de Dios vive ya no la vive para el mismo sino para ser siervo de justicia, siervo de Cristo manifestando la urgencia por arrepentirse porque el reino de Dios se ha acercado.

Conclusión práctica

Deberíamos hacer una reflexión en nuestra vida: ¿Estoy manifestando a Cristo allí donde Dios me ha puesto? ¿Ven otros a Jesús a través de mi vida? Hc. 4:13reconocían que ellos habían estado con Jesús” veían sus vidas, las Palabras que habían hablado y la conclusión lógica es pensar que Jesús tiene alguna relación con ellos. ¿Es mi vida un reflejo de la obra de Cristo? ¿Cómo iglesia local grupo de personas que aman a Cristo, reflejamos a Cristo en nuestra comunidad, en nuestro pueblo? Cuando nos ven, nos oyen piensan de nosotros  “estos han estado con Jesús”. ¿Qué piensan nuestros vecinos de Cristo a través de nosotros?

 

El discípulo al cual Jesús amaba.


Cuando hablamos del amor de Dios hay un nombre que nos viene a la cabeza, el apóstol Juan. El amor es el tema central de tanto su evangelio como de sus cartas pastorales. De sus escritos sacamos continuamente la necesidad de amarnos los unos a los otros, del amor como una marca del verdadero hijo de Dios o del amor como la forma de vida de los hermanos en la iglesia.

Juan es capaz de hablar de este amor no sólo porque lo hay visto en Cristo, o  porque haya sido capacitado por el E.S. Juan es capaz de hablar de este amor porque lo ha vivido y lo ha sentido y ha visto los efectos de este amor en su vida.

Esto lo vemos en su propio evangelio donde Juan evita nombrarse a sí mismo en ninguna ocasión, pero cuando tiene que hacerlo, en la parte final del libro lo hace bajo un “apodo” muy clarificador “el discípulo al que Jesús amaba” lo hace hasta en cinco ocasiones.

La primera de ellas la encontramos en Jn. 13:21-26. La última cena de Jesús empieza con una nota aclaratoria del propio Juan (Jn. 13:1) donde dice que “habiendo amado a los suyos, los amó hasta el final” vemos que cuando tiene que recordar aquellos momentos, cuando tiene que hablar sobre lo que pasó en esa pascua. Juan sólo puede recocer que fue el amor lo que llevó a Jesús a hacer lo que hizo. En primer lugar tomo el sitio que nadie quería, lavar los pies de todos los allí presentes. Acto seguido después del lavar su cuerpo, les enseña acerca de la humildad y el amor, de la necesidad de lavar su vida de egoísmo y de la búsqueda de los primeros lugares, lección que el propio Juan y su hermano Jacobo tuvieron que aprender con una reprimenda de Jesús (Mr. 10:35-45) cuando le pidieron poder sentarse a su izquierda y su derecha. Jesús les recuerda que sólo el que sirve a los demás puede considerarse importante en el reino de Dios.

Estando en esa cena tan tensa, porque luego Jesús va a afirma que uno de ellos lo va a entregar dejando a los discípulo sin palabras porque no entendían que pasaba, Juan se declara el siervo al que Jesús amaba. Juan se siente amado al verse cuidado por su Pastor, por su maestro. Jesús, la persona que guía la vida de Juan se enfrenta al momento más duro de su existencia y aún así aparta tiempo para cuidar de su rebaño. Juan echando la vida atrás no puede sentirse otra cosa que amado por Jesús, amado porque tomó la posición que su orgullo le impidió toma, amado porque Jesús cuidó de su vida espiritual enseñándole que es lo que Dios esperaba de él acerca de la humildad y el servicio a los demás.

Juan se siente como esa oveja que es llevada con esfuerzo a buenos prados para comer del mejor alimento para su vida. “Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.” Sal. 23:1-3

La segunda ocasión en que Juan habla de si mismo como el discípulo que Jesús amaba lo encontramos en la cruz  Jn. 19:26-27. Desde Getsemaní todo ha sido confusión, traición, carreras y nada para entender. El maestro sobre el que hace apenas unas horas recostaba su cabeza ahora está colgado en una cruz muriendo de la manera más cruel. Juan está allí para verlo y en ese instante Jesús le pide que cuide de su madre. Tarea que Juan cumple de inmediato porque “Desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa”.

En ese momento reinaba la confusión entre los discípulos, muchos huían, Pedro había negado a Jesús. Ninguno entendía lo que estaba pasado. ¿Estaba su maestro fracasando?. Pero a pesar de esa circunstancia Juan se siente amado al ser comisionado por Dios para una tarea tan importante como es la cuidar a su madre. Juan se siente amado, porque se siente valorado por Jesús, al encargarle aquella tarea, Juan siente que con su esfuerzo puede obedecer la voluntad de Dios y hacer algo por una persona necesitada, en este caso una viuda.

Los seres humanos nos sentimos valorados a través de nuestra utilidad, cuando somos útiles, cuando hacemos algo que resulta beneficioso, sobre todo cuando es beneficioso para una persona que realmente lo necesita, como era esta madre que estaba viendo como crucificaban cruelmente a su hijo.

La tercera ocasión ocurre en Jn. 20:1-9Cuando toda esperanza se encuentra perdida, cuando los discípulos se escondían porque tenían miedo de que fueran a por ellos de la misma forma que fueron a por Jesús. Cuando pensaban que todo lo que quedaba de su Maestro, de aquel del cual pensaban que era el Cristo, era un cadáver torturado en una tumba. María Magdalena llega corriendo a decirles que habían robado el cuerpo de Jesús. Dos discípulos, Pedro y Juan, corren llegando antes Juan, pero no se atreve a entrar sino que es Pedro, el impetuoso y valiente el que entra primero. Pero cuando Juan entra la Biblia nos dice que “Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó”. Juan vio los lienzos que envolvían a Jesús y creyó que había resucitado, creyó en las palabras que el propio Jesús “Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días” (Mr. 8:31) donde anunciaba su propia muerte, pero también que iba a resucitar al tercer día.

Juan no pasa por el mismo proceso de incredulidad que otros discípulos como Tomás “Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.” (Jn. 20:25). Sino que al ver aquellos lienzos bien puestos a un lado, dando claro testimonio de que el cuerpo no fue robado sino que tuvo que ser resucitado, creyó.

Juan se siente amado al ver que Jesús cumple sus promesas. Juan se siente amado porque su Maestro cumplió su palabra de resucitar. Aunque ni él ni sus otros diez compañeros lo esperasen, habían perdido la esperanza, pero en mitad de esa desesperación y de no saber bien que hacer, mezclado con el temor a que a ellos les pasase lo mismo.

La cuarta ocasión donde vemos a Juan autodefinirse como el discípulo al cual Jesús amaba es en (Jn. 21:1-14) A pesar de creer en su resurrección y de haberlo visto en dos ocasiones los discípulos siguen confusos y nos saben bien que hacer, están un poco perdidos y Pedro el impetuoso decide ir a pescar, igual porque no soportaba el echo de estar parado sin hacer nada. El resto de discípulos le sigue. Jesús aparece para volver a hacer un milagro, esta vez una pesca milagrosa. Pero nadie se da cuenta de que es Jesús hasta que “el discípulo al cual Jesús amaba lo identifica”. El Maestro al que durante tres años acompañaron por toda la tierra de Judá desde su muerte y resurrección se había convertido en una persona esquiva, que sólo se aparecía en determinadas ocasiones, por eso sus discípulo se encontraban perdidos.

Pero lo que choca a los discípulos, lo que les hace perder el habla es lo que Jesús estaba preparando en la orilla. Les estaba preparando una comida, un pez. El cual compartiría con ellos. El Dios Señor del universo que murió y lo habían visto, que resucitó y lo habían visto estaba de nuevo sirviendo a sus discípulos.

Juan se siente amado porque se siente guiado por Jesús. A pesar de que Jesús ha cambiado, ya no es la persona física que les guiaba físicamente por palestina y que les iba corrigiendo y enseñando, es esta nueva etapa sigue estando a su lado.

(Jn. 21:20-24) Llegamos al final del libro, a los últimos compases de la estancia de Jesús con sus discípulos. Jesús da las últimas instrucciones a sus discípulos. Vemos a Jesús comisionando a Pedro para que sea un siervo fiel. Juan aclara un mal entendido que se propagó en las iglesias, pero sobre todo vemos misión. Jesús enviando a sus discípulos.

Juan, aunque Jesús no le dijo directamente cual era su papel sabía que debía ser testigo de todas estas cosas que habían pasado, sabía que no debía callarse ni dejar que otros difundieran mentiras acerca de lo que pasó con Jesús. Juan usa estos últimos versículos de su evangelio para aclarar cual es el propósito de este libro “dar testimonio de estas cosas”. Juan se siente amado cuando es un testigo fiel de su maestro. Es un poco raro, sentirse amado cuando eres tu el que haces algo, pero Juan se siente amado porque está cumpliendo la voluntad de Jesús. Para esto lo seleccionó, para esto estuvo enseñandole y corrigiendole durante tres años. Para esto lo acogió en su seno íntimo. Para que fuera un testigo fiel de lo que había pasado y que fuera un pastor de otros como Jesús lo había sido de Él.

No todas estas circunstancias son felices, no todas son éxitos, hay lágrimas, hay desesperación, hay momentos en lo cuales Juan no sabe que va hacer, se siente perdido, con cuando estaban en el lago Tiberias, o en la cruz. Pero en todas esas circunstancias Juan se siente amado por Dios igual en ese mismo momento no se dio cuenta, pero cuando echa la vista atrás y escribe su evangelio se da cuenta, ve el amor de Cristo en cada situación, el mismo amor que nos pide a nosotros, el mismo amor que enseña en sus cartas.

De la misma forma que Juan, nosotros podemos vernos en momentos oscuros, en momento donde no entendamos lo que está pasando, en momentos donde nos da ganas de salir corriendo, pero demos confiar en que en todo momento que Cristo nos ama. Puede que nos sintamos cerca de Dios como Juan en el aposento alto, o en un momento duro como el apóstol en la crucifixión de su maestro o incluso perdidos, pero debemos saber que en toda circunstancia somos «Los discípulos amados por Dios«.

Una relación personal.


Cuando definimos una relación personal, una relación entre dos personas, algunas palabras nos vienen de inmediato a la mente: confidencialidad, intereses mutuos, amor, tiempo juntos, conversaciones, etc. 

Pero cuando pensamos en nuestra relación con Dios muchas veces no usamos estos términos para definirla. Quizás porque no es alguien a quien podamos ver, tocar, o mirar a los ojos mientras hablamos con él. Pero la verdad es que si vamos a la Biblia podemos ver claramente que el interés que Dios tiene en buscar una relación personal con nosotros.

 “Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto. Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?Gn 3:8-9

En el huerto del Edén la Biblia nos dice que Dios andaba y era oíble por Adán y Eva. Había una relación directa entre esas personas porque Dios llamaba al hombre había una comunicación fluida. Por eso Dios se extraña cuando el hombre se esconde, porque lo normal era que él lo llamase y la primera pareja respondiese.

Esto ocurrió al principio de la existencia humana por eso podemos decir que una de las razones de nuestra existencia sobre la tierra es tener una relación personal con Dios.

Pero hubo algo que rompió esta relación cara a cara que Adán y Eva tenían con Dios. Esto fue el pecado, el pecado hizo de los seres humanos se escondieran de su creador, por la vergüenza de estar desnudos. Pero Dios no se quedó de brazos cruzados.

 “Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.” Is. 43:1

 A pesar del rechazo del hombre, Dios reclama su derecho de creador sobre nosotros, somos suyos, el es nuestro Señor. Él nos creo (v. 1), él nos cuida (v. 2) y está dispuesto a todo por nosotros (v. 3).

En muchas ocasiones podemos pensar en Dios como un ser lejano que está en el cielo rodeado de ángeles que le sirven constantemente, sin preocuparse por lo que pasa aquí abajo. O como una persona mayor enfadada, rencorosa por la desobediencia de su pueblo. Pero este texto nos lo presenta como un padre desesperado que está buscando el amor de su pueblo. Dios es una persona que nos busca, no nos odia, ni nos ignora, nos quiere y quiere estar con nosotros.

¿Pero como podemos tener una relación con él, si él es Dios todo poderoso? Dios no puede entendernos ni comprendernos.

 “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” Hb. 4:15

Jesús no sólo nos entiende porque es Dios y lo sabe todo, no sólo tiene un conocimiento intelectual de nuestra situación sino que tiene también un conocimiento experimental. Dios nos entiende cuando somos tentados porque él también lo fue. Dios nos entiende cuando amamos porque él también amó. Dios nos entiende cuando lloramos  porque él también lloró.

¿Cómo es esta relación?

Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.Jn. 15:14-15

La palabra que usa Jesús no es siervos sino amigos. Dios nos llama sus amigos. Pero la condición está clara “… si hacéis lo que yo os mando…” suena a chantaje pero es real. Sólo podemos tener una relación personal con Dios, cercana y amigable si obedecemos sus palabras, si seguimos sus mandamientos. Si oramos, leemos la Biblia, si tenemos comunión los unos con los otros, si seguimos su estilo de vida.

Esto es una maravilla, tener un Dios que se molesta en buscarnos, que nos ama y nos entiende. Debe hacernos reflexionar en lo más importante de la parte que menos nos gusta “hacer lo que él dice”. Porque es la única manera de tener una relación personal con Dios.

La vid verdadera (II).


En en anterior post iniciamos una reflexión sobre Jn. 15:1-17

El ejemplo de la viña es un ejemplo perfecto para la vida cristiana porque nos habla de algo vivo, algo que crece, que necesita mantenimiento. Sólo el que permanece en la vid es el que lleva fruto. Permanecer en él es una tarea de los cristianos. La palabra permanecer tiene el significado de quedarse o persistir. De persona que como hemos visto no se ha ido a otras vides no verdaderas. El hecho de permanecer constituye una evidencia de que la salvación ya ha tenido lugar (1 Jn. 2:19). El fruto o evidencia de salvación es la permanencia y la continuidad en el servicio a Él y en su enseñanza. La permanencia nos aleja de la idea del decisionalimo, muchas veces podemos creer que sólo con que una persona afirme que es salvo ya es salvo y olvidamos la importancia de la permanencia en Dios, de aferrarse a él, a sus palabra, a sus promesas, a sus mandamientos, en los buenos momentos y en los malos. Pero esto aunque parece que es mérito de los pámpanos, o sea mérito nuestro básicamente ocurre por el poder de la Palabra de Dios (v. 3, 7)

Lo único que tiene poder para arraigar la vida de los pámpanos en la vid es la Palabra de Dios. “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.2 Ti. 3:16. Sólo la palabra de Dios tiene la capacidad para transformar nuestras vidas y hacerlas dar frutos, nosotros sólo no podemos porque como hemos visto separados de Cristo no podemos hacer nada.

El versículo 7, es un compromiso mutuo “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis y se os será hecho”. El pámpano y la vid tienen un compromiso mutuo uno se compromete a dar los nutrientes, a dar sabia, a dar vida, otros se compromete a dar fruto. De la misma forma entre Cristo y sus discípulos, nosotros hay un compromiso. Nosotros nos comprometemos a permanecer en él, a ser fieles a pesar de que las circunstancias sean adversas (Jb. 23:10-12), a pesar de lo mal que lo estaba pasando Job permanece, este es el tipo de permanencia que Dios busca. A esta permanencia hay que sumarle el que las palabras de  Jesús deben permanecer en nosotros. Y de nuevo tenemos con nosotros la palabra permanecer que nos trae la idea de persistir de mantenerse en el tiempo, “Instruye al niño en su camino y aunque fuera mayor no se apartará de élPr. 22:6 Esta es la idea interiorizar la palabra de Dios hasta el punto de que nos acompañe en todo nuestro camino a lo largo de nuestra vida.

Sólo el que permanece es el que lleva fruto.

Esta permanencia en Cristo nos lleva al versículo 10Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor” A la verdadera sabia que une la vida de los pámpanos y de la vid el amor. (Jd. 21) El amor de Dios debe regular la vida de los cristianos, de nuevo permaneciendo en él, que nos habla de usarlo en todo momento.

Si la Palabra es la herramienta del Padre, del labrador el amor es la sabia que fluye desde la raíz pasando por el tronco hasta llegar a las ramas (los pámpanos).

En el versículo 12 Jesús pasa usarlo como un mandamiento no es que podemos amarnos o no, es que los cristianos estamos obligados amarnos los unos a los otros y en el momento en que esto no pasa, en el momento que no amo a mi hermano estoy desobedeciendo un mandato directo de Dios. No hay excusas para este mandamiento porque el ejemplo es Jesús mismo, él mismo se da de ejemplo (1 Jn. 3:16), el amor en la relaciones que tenemos entre los hermanos es la gran diferencia entre las relaciones en una iglesia verdadera y el resto de la sociedad, porque este amor, como nos dice 1 Cor. 13El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” Nuestra forma de vida debería ser este amor, este amor que nos lleva a amar incondicionalmente a nuestros conocidos, que nos lleva a esforzarnos por ayudarles a cambiar en sus vidas, que nos lleva a darlo todo porque conozcan a Cristo. El amor de Cristo por los demás es lo que le lleva a entregar su vida en una cruz, porque “habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin”.

Nuestro amor con nuestros hermanos, en la iglesia, debería ser así, como muestra de nuestra vida cristiana. Pero muchas veces nuestro viejo hombre, nuestra naturaleza tapa este amor y nuestras iglesias no son el nido de amor de Dios que deberían ser sino todo lo contrario, por eso debemos esforzarnos, por expresar ese amor que Jesús mostró, permanecer en él en los momentos más duros, como los que hemos visto de Job y marcar la diferencia en una sociedad que no es ni sufrida, ni benigna, sino envidiosa, jactanciosa y todo lo demás.

Para Jesús el ejemplo de amor supremo es el de una persona que da su vida por sus amigos, que da su vida por otras personas. Esta es una referencia a la evidencia y expresión suprema del amor de Jesús (v. 12), su sacrificio y muerte en la cruz. Los cristianos están llamados a ejemplificar la misma clase de entrega sacrificada los unos por los otros, aún si ese sacrificio implique perder la vida en imitación al ejemplo de Cristo (1 Jn. 3:16).

El resultado de esta vida en cristiana la tenemos en el versículo 11Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.” Lo cual parece un fin bastante hedonista, el gozo propio, pero es que cuando una persona permanece en Cristo, permaneciendo la Palabra en él y tiene este amor que el Padre y el hijo tienen, que el labrador y la vid tienen el uno para con el otro todas sus peticiones están acorde con la voluntad de Dios, porque tendrá un corazón conforme a Cristo. El gozo es el símbolo supremo del cumplimiento de la voluntad de Dios, cuando cumplimos con nuestra labor hay gozo. “este es mi hijo amado en el tengo complacencia” El padre obtiene satisfacción de ver que su hijo es obediente y cumple su voluntad a pesar de que esa voluntad sea morir en una cruz. De la misma forma nuestro Padre es glorificado y obtiene gozo cuando nosotros hacemos su voluntad a imagen de su hijo. El hijo obtiene gozo porque nosotros imitamos su amor. Nosotros obtenemos gozo porque hacer la voluntad de Dios es la única manera de obtener todos los verderos de Cristo, ser verdaderamente libre, ser verdaderamente amado, tener la verdadera luz que ilumine nuestra vida.

Que este gozo símbolo de que permanecemos en Cristo y hacemos su voluntad, se manifieste en nuestra vida. Permaneciendo arraigados en el igual que las ramas o pámpanos lo están en la vid, llevando fruto y teniendo al amor como el vínculo común en nuestra vida.

La vid verdadera (I).


El ministerio de Jesús en esta tierra tuvo múltiples facetas. Una de las más importante y por lo que la gente más lo seguía era por su rol de maestro. Jesús era un maestro diferente, no era un maestro que se limitara a recitar la ley o lo que sabía, que era mucho. Jesús era un maestro creativo capaz de enseñar verdades teológicas profundas con una parábola, o una ilustración. Como en Jn. 15:1-17

Jesús usa la ilustración extensa de la vid y los pámpanos para hablar acerca de la vida cristiana. En el A.T. se usa con frecuencia la imagen de la vid para representar a Israel, ahora en el N.T. va a usar esta misma ilustración para hablar de la vida de su pueblo redimido.

En esta ilustración comienza presentándonos tres personas a Jesús, al Padre y a nosotros. Lo primero que hace Jesús es identificar a los personajes que aparecen en esta ilustración, por un lado tenemos a la vid, a la planta, que representa a Jesús. Esta va a ser la última de las siete afirmaciones de Jesús sobre su propia persona con las palabras yo soy después de decirnos que el era el pan (6:35), la luz (8:12), la puerta (10:7-9), el buen pastor (10:11-14), la resurrección (11:25) y el camino (14:6).

Jesús es la vid sobre las que estamos nosotros, los discípulos de Cristo que somos los pámpanos, o sea las ramas. Aunque nosotros usamos la palabra para identificar a toda la planta aquí, la vid, se referiría quizás más al tronco, sobre todo con la idea de ser la suministradora de sabia, de vida a los pámpanos, por eso en los versículos 4 y 5 dice que separados de él no podemos vivir sino que nos secamos, si nosotros probamos a cortar una rama de una vid de su tallo lo que se produce es la muerte del pámpano, no así de la vid, porque el pámpano se queda sin alimento, sin vida. Esta llamada a la dependencia directa de Cristo es unos de los llamados de Cristo, “venid a mi los cansados y cargados” Cristo llamando a las personas con cargas en su vida a que dependan de él y descansen el Él. Con la mujer samaritana “si bebieras del agua que yo te daré no Viña_pago_el_carrascal_sanlucar_de_barramedatendrías mas sed” Jesús dejando claro que si vamos a él no necesitamos nada más en la vida. El llamado de Jesús es a una dependencia total de la misma forma que una rama tiene una dependencia total del tronco.

Pero Jesús no es cualquier tipo de vid sino la vid verdadera. Esto nos habla de que hay otros tipos de vides, otros como Jesús pero son todos falsos. Este aspecto de recalcar el echo de llamar verdadero a un atributo de Jesús ocurre en varios pasajes de la Biblia en Jn. 1:9 se nos dice que Jesús es la verdadera luz que alumbra al mundo, o sea que hay otras luces, otras cosas que quieren alumbrar nuestra vida para llevarnos por el camino.  En Jn. 8:36 se nos dice que si el Hijo de Dios nos libertare seremos verdaderamente libres, con lo cual entendemos que hay otras libertades.

Satanás ofrece estos sucedáneos con el objetivo de torcer nuestra, porque al fin al cabo nosotros somos pámpanos, receptores. (v. 5) Los pámpanos son las ramas que producen fruto. Y esta es toda nuestra labor en la vida. Muchos libros se han escrito sobre la función, propósito, razón de la existencia humana y Jesús lo presenta aquí de una manera muy simple, los cristianos estamos en al tierra para llevar fruto. (Eclesiastés y la razón de la vida) Y sólo existen dos clases de personas, las que dan fruto y las que no. No hay opciones, no hay excusas, porque separados de Jesús nada podemos hacer.

El objetivo de este fruto es dar gloria al Padre, y esta es la razón de que Satanás intente desviarnos, no es porque nosotros hagamos las cosas muy bien sino para apropiarse de la gloria que le corresponde a Dios. Por eso la Biblia nos enfatiza el hecho de que Satanás ataca a los hijos de Dios que obedecen a Dios, porque no soporta que Dios reciba gloria.

La tercera persona de esta metáfora es el labrador, el Padre, el dueño de la viña, el que cuida la vid y los pámpanos, es el que tiene autoridad para echa fuera a los pámpanos que no estén llevando frutos. Y como es el que cuida la viña es el que recibe la gloria cuando el fruto viene a su tiempo.

Continuará…

Una armonía de los evangelios.


Esta tabla está confeccionada para ayudar a aquellas personas que quieran estudiar la vida de Jesús. Se trata de una tabla donde armonizamos de una manera cronológica todos los hechos que nos narran los cuatro evangelios.

Mateo Marcos Lucas Juan

Presentaciones de Jesucristo

La introducción 1:1-4
El estado preencarnado de Cristo. 1:1-18
Las genealogías de Cristo. 1:1-17 3:23-38
Nacimiento, infancia y adolescencia de Jesucristo y de Juan el Bautista.
Anuncio del nacimiento de Juan 1:5-25
Anuncio del nacimiento de Jesús a María. 1:26-38
Nacimiento, infancia y profecía de la vida de Juan el Bautista. 1:57-80
Anuncio del nacimiento de Jesús a José. 1:18-23
Nacimiento de Jesús. 1:24-25 2:1-7
Proclamación ángeles y pastores. 2:8-20
Circuncisión y primera visita al templo (Simeón y Ana) 2:21-38
La visita de los magos. 2:1-12
La huida a Egipto y la masacre de Herodes. 2:13-18
Regreso de Egipto a Nazaret. 2:19-23
Niñez, y visita al templo con doce años. 2:40-50
Resumen de vida preministerio. 2.51-52

Verdades acerca de Juan el Bautista.

Comienzos del ministerio de Juan el Bautista. 3:1-12 1:1-8 3:1-14
Su descripción de Jesús. 3:11-12 1,7-8 3:15-18
Su valentía. 14:4-12 3:19-20

Comienzos del ministerio de Jesús.

Bautismo y tentación de Jesús. 3:13 – 4:11 1:9-13 3:21 – 4:13
Testimonio de Juan acerca de Jesús. 1:19-34
Llamamiento primeros discípulos. 1:35-51
El primer milagro. 2:1-11
Primera limpieza del templo. 2:13-22
Enseñanza a Nicodemo. 3:1-21
Jesús va hacia Galilea. 4:12 1:14 4:14 4:1-4
Jesús y la mujer samaritana. 4:5-12
Regreso a Galilea. 1:15 4:15 4:43-45

El ministerio de Jesús en Galilea.

Sana al hijo del oficial del rey. 4:46-54
Es rechazado en Nazaret. 4:16-30
Se muda a Capernaum. 4:13-17
4 pescadores convertidos en pescadores de hombres. 4:18-22 1:16-20 5:1-11
Sana a un endemoniado en el día de reposos. 1:21-28 4:31-37
Sana a la suegra de Pedro y a otras personas. 8:14-17 1:29-34 4:38-41
El primer viaje de predicación por Galilea. 4:23-25 1:35-39 4:42-44
Sana a leproso y a paralítico. 8:1-4; 9:1-8 1:40-45; 2:1-12 5:12-26
Defiende a los discípulos mediante una parábola 9:14-17 2:18-22 5:33-39
Llamamiento de Mateo. 9:9-13 2:13-17 5:27-32
Va a Jerusalén para la segunda Pascua y sana a un paralítico. 5:1-47
Controversia día de reposo (espigas y hombre de la mano seca). 12:1-14 2:23 – 3:6 6:1-11
Sana a muchos. 12:15-21 3:7-12 6:17-19
Selecciona los Doce. 3:13-19 6:12-16
Sermón del monte. 5:1-7:27 6:20-49
Sana siervo de centurión 8:5-13 7:1-10
Resucita hijo viuda 7:11-17
Calma dudas de Juan 11:2-19 7:18-35
Mujer pecadora unge a Jesús. 7:36-50
Jesús es acusado de blasfemia. 12:22-37 3:20-30
La respuesta ante la demanda de señal. 12:38-45
Su madre y sus hermanos buscan reunirse con Jesús. 12:46-50 3:31-35 8:19-21
Parábolas varias. 13:1-52 4:1-34 8:4-18
Calma el mar. 8:23-27 4:35-41 8:22-25
Sana al endemoniado gadareno. 8:28-34 5:1-20 8:26-39
Hija de Jairo y mujer con flujo de sangre. 9:18-26 5:21-43 8:40-56
Sana ciegos y al mudo endemoniado. 9:27-34
Es rechazado en Nazaret por segunda vez. 13:53-58 6:1-6
Envía a los Doce. 9:35 – 11:1 6:7-13 9:1-6
Herodes decapita a Juan el Bautista. 14:1-12 6:14-29 9:7-9
Los Doce regresan, Jesús se retira a orar, la alimentación de los cinco mil y Jesús camina sobre el agua. 14:13-33 6:30-52 9:10-17 6:1-21
Sanan enfermos en Genesaret. 14:34-36 6:53-56
Jesús y la religiosidad farisaica. 15:1-20 7:1-23
Sana a la hija de la sirofenicia. 15:21-28 7:24-30
Sana a enfermos y alimentación de los cuatro mil. 15:29-39 7:31 – 8:9
Los fariseos aumentan sus ataques. 16:1-4 8:10-13
Pedro confiesa que Jesús es el Cristo. 16:13-20 8:27-30 9:18-21
Jesús predice su muerte. 16:21-26 8:31-38 9:22-25
El reino prometido 16:27-28 9:14-17 9:26-27
La transfiguración 17:1-13 9:2-13 9:28-36
Sana a un epilético. 17:14-21 9:14-29 9:37-42
Sobre la muerte y resurreción 17:22-23 9:30-32 9:43-45
¿Quien es el mayor? 18:1-35 9:33-50 9:46-50
Sale de Galilea y es rechazado por los samaritanos. 19:1 9:51-56 7:10
El costo del discipulado. 8:18-22 9:57-62

El ministerio final de Jesús en Judea.

La fiesta de los tabernáculos. 7:11-52
El perdón de la mujer adúltera. 7:53 – 8:11
Cristo: La luz del mundo. 7:12-20
El servicio de los setenta. 10:1-24
La parábola del buen samaritano. 10:25-37
La hospitalidad de Marta y María. 10:38-42
Lección acerca de la oración. 11:1-13
Jesús acusado de tener relación con Belcebú y enfrentamiento con fariseos. 11:14 – 12:59
Arrepentirse o perecer. 13:1-5
La higuera estéril y la mujer encorvada. 13:6-17
Parábolas de la semilla de mostaza y levadura. 13:18-21
El hombre que nació ciego. 9:1-41
El buen pastor. 10:1-21
Fiesta de dedicación y retiro. 10:22-42
Enseña al su regreso. 13:22-35
Come con un gobernante fariseo, sana a un hombre hidrópico, parábolas los invitados a las bodas, de los mejores lugares y de la gran cena. 14:1-24
Parábolas de la oveja perdida, de la moneda perdida y del hijo pródigo. 15:1-32
Parábolas del mayordomo infiel, y del hombre rico y Lázaro. 16:1-31
Lecciones acerca del servicio, la fe y la influencia. 17:1-10
La resurrección de Lázaro. 11:1-44
Comienza el viaje final hacia Jerusalén: Sana a 10 leprosos, habla acerca del reino venidero y parábolas varias. 17:11 – 18:14
Jesús y el divorcio. 19:1-12 10:1-12
Jesús y los niños. 19:13-15 10:13-16 18:15-17
El joven rico. 19:16-30 10:17-31 18:18-30
Los obreros de la hora undécima. 20:1-16
Predice su muerte y resurrección. 20:17-19 10:32-34 18:31-34
La ambición de Jacobo y Juan. 20:29-34 10:46-52 18:35-43
Zaqueo. 19:1-10
Parábolas minas y regreso a casa de Marta y María. 19:1-27

La última semana de Jesús.

Entrada triunfal. 21:1-9 11:1-11 19:28-44 12:12-19
Maldice la higuera y limpia el templo. 21:10-22 11:12-26 19:45-48
Parábolas de los dos hijos, los labradores malvado y la fiesta de bodas. 21:23 – 22:14 11:27 – 12:12 20:1-19
El tributo a César. 22:15:22 12:13-17 20:20-26
Los saduceos y la resurrección. 22:23-33 12:18-27 20:27-40
Los fariseos y los mandamientos. 22:34-40 12:28-34
Jesús y David. 22:41-46 12:35-37 20:41-44
El último sermón de Jesús. 23:1-39 12:38-40 20:45-47
La ofrenda de la viuda. 12:41-44 21:1-4
Parábolas de las 10 vírgenes, de los talentos, del día del juicio. 25:1-46
Jesús habla de su crucifixión. 26:1-5 14:1-2 21:37-38; 22:1-2
Ungido por María en la casa de Simón el exleproso. 26:6-13 14:3-9
Judas acuerda traicionar a Jesús. 26:14-16 14:10-11 22:3-6
Preparación para la Pascua. 26:17-19 14:12-16 22:7-13
Comen la Pascua, los celos son reprendidos. 26:20 14:17 22:14-16; 24-30
Les lava los pies. 13:1-20
Judas los abandona. 26:21-25 14:18-21 22:21-23 13:21-30
Jesús habla sobre otros que le abandonarán. 26:31-35 14:27-31 22:31-38 13:31-38
La institución de la Cena del Señor. 26:26-29 14:22-25 22:17-20
Ultimo mensaje a los apóstoles. 14:1 – 17:26
Getsemaní. 26:30-46 14:26-42 22:39-46 18:1
Traición, arresto y deserción. 26:47-56 14:43-52 22:47-53 18:2-12
Jesús ante Caifás y el concilio. 26:57-68 15:53-65 22:54-65 18:24
La negación de Pedro. 26:58-75 14:54-72 22:54-62 18:15-27
El suicidio de Judas. 27:3-10
Primera comparecencia ante Pilato. 27:2-14 15:1-5 23:1-12 18:28-38
Jesús ante Herodes. 23:6-12
Segunda comparecencia ante Pilato. 27:15-26 15:6-15 23:13-25 18:39 – 19:16
Escarnecido por los soldados romanos. 27:27-30 15:16-19
Llevado al Gólgota. 27:31-34 15:20-23 23:26-33 19:16-17
La Cruz. 17:35-50 15:24-37 23:33-46 19:18-30
Acontecimientos tras la muerte de Jesús. 27:51-56 15:38-41 23:45-49
Sepelio de Jesús. 27:57-61 15:42-46 23:50-54 19:31-42
La tumba sellada. 27:61-66 15:47 23:55-56

Desde la resurrección hasta la ascensión.

Las mujeres visitan la tumba. 28:1-8 16:1-8 24:1-11
Pedro y Juan ven la tumba vacía. 24:12 20:1-10
Aparición a otras mujeres. 28:9-10
La guardia informa acerca de la resurrección. 28:11-15
Aparición de Jesús a dos discípulos en el camino de Emaús. 16:12-13 24:13-35
Aparición de Jesús a diez discípulos sin Tomás. 24:36-43 20:19-25
Aparece a los discípulos con Tomás. 20:26-31
Jesús aparece a siete discípulos en el mar de Galilea. 21:1-25
La Gran Comisión. 28:16-20 16:14-18 24:44-49
La ascensión. 16:19-20 24:50-53

Palabra de Dios.


Hay pocas cosas que nos hagan recordar a personas que ya no están con nosotros como las palabras. Algunos discursos dichos en momentos oportunos han hecho vivir, a las personas que los han pronunciado, en la “inmortalidad” de la memoria colectiva. Gente como Martin Luther King, Winston Churchill, Ghandi, etc. Son mundialmente conocidos por palabras inspiradoras que han cambiado la vida de las personas que les rodeaban y que siguen cambiándolas hoy en día.

“Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS.” Ap.19:13

        Juan nos dice en varias ocasiones que Jesús es el verbo (λόγος). Este verbo no sólo nos habla de la parte central de una frase sino que nos habla de discurso, plática, mensaje y enseñanza. De los miembros de la trinidad Jesús es el único al cual nos referimos con la palabra λόγος dándonos el sentido que es la persona de Cristo la que tiene el papel de comunicarnos el carácter de Dios y de expresarnos su voluntad. También de explicarnos la forma de unión al Padre después del pecado, la salvación. Mt. 11:27 “y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar.”.

“Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor.Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos.Lc. 4:14-15.

       La principal labor de Jesús como λόγος era la enseñanza, Él se pasó todo su ministerio en la tierra hablando con las personas. Jesús hacía milagros y curaba a la gente, pero todo lo acompañaba de enseñanza, de ilustraciones sobre el reino, sobre el amor de Dios, sobre la obediencia…

 “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.  El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.Jn. 3:17-18.

       A diferencia de las palabra de gente como Gandhi, Churchill o M.L. King las palabras de Jesús marcan una antes y un después en las personas que las escuchan. Podemos escudarnos en que no creemos en Él, podemos decir que postergamos la decisión para más adelante, podemos poner la excusa que queramos, pero la realidad es que si no creemos en Jesús, en el λόγος de Dios, estamos condenados.