Edificaos los unos a los otros.


En ocasiones en la iglesia hacemos mucho énfasis en la evangelización. Hablando acerca de que tenemos que llegar a los demás que tenemos que cumplir la gran comisión y que debemos esforzarnos en esto. Parece que una vez que cruzamos la línea entre ser cristiano y no serlo, me refiero a ser un verdadero cristiano discípulo de Dios, ya vale. Una vez que aceptamos a Cristo da la impresión de que la función de la Iglesia se relaja sobre sus miembros, cuando no cesa.

La Biblia describe  el cristianismo como vida, como vida cristiana y algo que inherentemente tiene la vida, es que crece, cambia, que no suele ser igual que era antes. Creer en Cristo es llamado nacer de nuevo así lo describe Jesús mismo en su conversación con Nicodemo, pero una vez que se nace hay que alimentarse, hay que crecer. La vida cristiana no se acaba el día que aceptamos a Cristo sino que comienza, y ¿qué comienza? Pues un periodo de crecimiento que nunca termina, un periodo de continua madurez que nos lleve a ser más parecidos a Jesús.

1 Co. 3:1-4. Pablo está escribiendo a los corintios después de su visita y les echa en cara que eran unos inmaduros. Les da a beber leche, o sea, cosas elementales, les tuvo que dar clases de escuela dominical para niños porque su madurez y su conocimiento se estancaron, no fue capaz de enseñarles algo más profundo porque no sabían lo que había en la superficie.

Pablo dice que a él le gustaría que esa situación no fuera así, porque lo ideal no es eso, lo ideal es que con el tiempo que ya llevaban fueran aprendiendo más y siendo más maduros y cuando Pablo se les acercara pudiera darles más profundidad.

Pablo los compara con bebes porque tenían la madurez de estos, la falta de madurez, de crecimiento nos lleva a caer, porque la vida es aprendizaje sobre aprendizaje. Aprendemos a mantenernos de pie y cuando aprendemos eso pues nuestros primeros pasos y cuando los primeros pasos pues andamos, luego corremos, necesitamos aprender lo básico para luego hacer los superior. Necesitas saber sumar o multiplicar antes de hacer ecuaciones de segundo grado. Pero si un bebe que sólo aprendió a mantenerse en pie intenta correr se cae, porque aún no ha aprendido algo más básico, este es el peligro de la inmadurez y de la falta de crecimiento.

Cuando Jesús estaba en esta tierra parte de su ministerio fue la evangelización pero parte muy importante también fue el crecimiento de los ya creyentes, como sus discípulos, estuvo con ellos 3 años, haciéndoles crecer dándoles más profundidad cada vez, este crecimiento les lleva hasta ser las personas que logran esparcir el Evangelio por todo el imperio romano, pero esto llevó tiempo.

Así con este texto vemos por un lado que no nos podemos conformar diciendo que ya sabemos todos lo que hay que saber en relación con Dios y la vida cristiana sino que debemos preocuparnos en crecer, en edificarnos, porque la madurez es un compromiso que tenemos que adquirir, no vale con sentarse en un banco y esperar que caiga del cielo, tenemos que esforzarnos es crecer.

Para nuestra tranquilad Dios no nos dejó solos en esta tarea sino que nos dejó herramientas para que las usemos en nuestro crecimiento, pero Dios que es un tipo muy hábil lo hizo de una manera muy original. 1 Co. 12:4-20.

Dios nos da dones espirituales a cada uno de nosotros. Todas centralizadas en la trinidad “un mismo Espíritu”, “un mismo Señor” y “un mismo Dios”. Todos los dones espirituales vienen de Dios. Con lo cual no pueden ser habilidades nuestras, sino que son capacidades especiales que Dios nos da. Y nos los da a todos los cristianos, todas las personas que confían en Cristo tiene al menos un don espiritual en sus vidas. Estas son las herramientas de Dios, pero hay un dato curioso estas herramientas son para el bien de los demás, o sea, que las herramientas para mi crecimiento no las tengo yo, las tenéis vosotros. Nadie puede edificarse a sí mismo.

Esto nos lleva a plantearnos la necesidad que tenemos los unos de los otros, yo os necesito a vosotros, porque Dios os ha dado dones que yo necesito para crecer, para no quedarme como un niño Espiritual. Esos dones que nosotros tenemos no los tenemos por ser más guapos que el resto sino porque Dios los da, Dios no se fija en las notas que sacas para darte un don, te lo da y tienes que usarlo.

Por eso todos somos necesarios en la Iglesia porque todos necesitan en don que yo tengo, pero también tengo que ser humilde, porque yo necesito sus dones, esos dones que las personas tienen.

Porque el texto sigue con una comparación muy conocida en la Biblia, la de la Iglesia como un cuerpo. La imagen es excelente en este sentido. Es un reparto hecho según las necesidades de propio cuerpo. Dios nunca va a permitir que en una iglesia falte algún don necesario, si faltan suele ser porque nosotros los usamos mal o directamente no los usamos. Porque es el propio espíritu es que los reparte según Él determina.

Cada parte del cuerpo hace una labor por la cual se beneficia ella misma y beneficia al resto del cuerpo. El cuerpo entero necesita oxígeno para vivir, necesita que los pulmones capten oxígeno, necesita que los intestinos capten los nutrientes de los alimentos y luego necesita que el sistema circulatorio los reparta por todo el cuerpo, el sistema circulatorio no puede vivir por sí mismo, necesita del trabajo en equipo de todo el cuerpo, de la misma forma un cristiano no puede vivir por sí mismo necesita del trabajo en equipo de todos los cristianos de su entorno. Por eso Satanás usa mucho empeño en dividirnos, en separarnos porque cuanto más separados estemos más débiles seremos.

Hay un ejemplo práctico en el libro de Éxodo (Éx. 31:1-4) El pueblo de Israel está en el monte Sinaí y Dios le está explicando a Moisés como debe ser la construcción del tabernáculo. Entonces le dice que ha capacitado a dos personas para la obra. Estas personas no tienen esas habilidades por ellos mismos, es Dios quién se las da y se las da para beneficio de todos.

Este texto de Éxodo también nos habla de que los dones que Dios da a su pueblo no son algo secreto para vivir en lo privado sino que tienen que usarse públicamente, han también de reconocerse públicamente. Nadie puede decir que su don lo usa en su casa, porque esa no son las funciones de los dones, de estas herramientas.

Este texto llega hasta el versículo 11 donde dice que “todo deberán hacerlo tal como te he mandado que lo hagas” estos dones los da Dios, para hacer la obra que él quiere hacer. No son dones para hacer lo que a nosotros nos apetezca sino que tienen su función dentro del plan de Dios.

El resultado de usar los dones con mis hermanos es que juntos hacemos la obra de Dios que es crecer, madurar, edificarnos.

Así que hemos visto que necesitamos crecer en nuestra vida espiritual, necesitamos no quedarnos como bebes sino madurar, edificarnos. Vemos que Dios no nos ha dejado solos en esta tarea sino que nos hadado herramientas, de una manera que igual no es la que nosotros esperamos, pero herramientas para que crezcamos.

Con lo cual nosotros nos convertimos por un lado en receptores de este crecimiento pero también en administradores de estos dones que producen crecimiento en la vida de los demás.

1 Pd. 4:7-11. Pedro aquí va repetir algunas de las ideas que hemos estado meditando, en primer lugar la naturaleza del don. El don espiritual es algo que hemos recibido, no hemos conseguido ni esforzándonos ni heredándolo, es algo que no nos ha costado recibir sino que Dios nos da. Y nos lo da para que sean herramientas que usamos para el crecimiento de los demás. Debemos ministrarlos, usarlos con diligencia porque nosotros somos administradores. Aquí Pedro describe el rol de un administrador una persona que trabaja con algo que no es suyo, porque describe muy bien nuestra posición. Cada uno de nosotros somos administradores. Pero la palabra administrador encierra otras palabras tras ella. Si hay un administrador hay un dueño, el dueño es Dios, Él es el amo, el poseedor nosotros sólo lo tenemos temporalmente. Si hay un administrador es que hay algo que administrar, los dones, las herramientas, Dios nos da. Si hay un administrador es que hay que rendir cuentas, todos los administradores rinden cuentas ante las personas dueñas de lo que administran, de la misma forma nosotros vamos un día a rendir cuentas de los que administramos en nuestra vida delante del dueño de los dones.

Así que sabiendo que necesitamos crecer y que para eso Dios nos ha dado herramientas de las cuales somos administradores y tenemos que rendir cuentas. ¿Qué tenemos que hacer?

Ro. 14:13-20. Pablo nos lleva a que evitemos los conflictos superfluos y nos centremos en lo que importa de verdad promover la paz y la edificación mutua, o sea los unos a los otros. Hay muchas cosas que son tonterías y nos tiramos los trastos a la cabeza, pero debemos ser maduros y dejar de lado esas tonterías y dedicarnos a usar los dones que Dios nos da para edificarnos, porque si yo uso mi don y todos usamos nuestros dones, todos crecemos todos somos edificados.

El desempleo, o la larga cuesta abajo.


“El 3 de abril algo se rompió dentro de él, en el interior de un hombre en cuyo vocabulario no existía la palabra depresión, sin un solo antecedente de problemas psicológicos y con un espíritu vitalista sin fisuras”. Rosario recuerda con tristeza como su marido empezó una cuesta abajo de la cual no fue capaz de remontar.

Joaquín, albañil de 47 años al cual el fin de la burbuja inmobiliaria llevó al paro, llevaba dos años desempleado, dos años buscando sin encontrar ninguna oportunidad que acabaron por robarle la autoestima y las ganas por seguir luchando. Acabó suicidándose.

Los suicidios son un tipo de noticias que no suelen salir en los medios de comunicación quizás para evitar la imitación por otras personas que serían propensas a quitarse la vida. Pero la realidad es que en nuestro país hay al año más de 3000 suicidios (unos 10 al día), según el INE, los psiquiatras elevan esta cifra a los 4500, que han aumentado de forma dramática en este tiempo de crisis.

El nuevo perfil se repite, varones que han perdido su trabajo y que llevan varios años sin encontrar ningún sustento. Además se les ha acabado el paro y se ven ahogados por las deudas que en muchos de los casos le llevarán a tener que vivir en la calle.

Desde que en 2007, cuando empezamos en esta larga cuesta abajo que se nos está haciendo eterna, numerosos estudios se han ocupado de las repercusiones psicológicas del desempleo. Entre los principales síntomas que los expertos asocian a están la pérdida de autoestima, sentimientos de inseguridad y de fracaso, experiencia de degradación social, vergüenza o sentimiento de culpa, aspectos todos ellos que revelan un cambio importante en el concepto que tiene el individuo de sí mismo

La mera noticia del despido provoca importantes cambios psicológicos, motivados por la valoración negativa del evento. A este duro golpe que significa quedarse sin empleo se une otro más lento pero más devastador porque al hacerse crónica, la situación de desempleo suele ir acompañada de un mayor número de situaciones de estrés diario (problemas económicos, maritales, familiares, etc.).

Pero ¿por qué es tan importante tener un empleo?, si generalmente nos quejamos por tener que madrugar para trabajar, por tener que aguantar a nuestros jefes, o por lo estresante que es nuestro trabajo, puede parecer una incoherencia que su ausencia nos paralice de esa forma.

Obtener un empleo es una expectativa social y cultural adquirida desde la infancia y reforzada en la escuela y la familia. Todo lo que ocurre en nuestra vida nos prepara para esa vida adulta y social donde debemos formarnos para desempeñar un rol que nos permita beneficiarnos a nosotros y a los que nos rodean, sobre todo a nuestra familia.

Cuando, llegado el momento, el individuo accede al mundo laboral adquiere una posición y una identidad social y personal que le identifica. El desempleo interrumpe este proceso y genera una experiencia de fracaso.

Nos podemos sentir rechazados, marcados e inútiles, porque no tenemos acceso a ese lugar donde poder ser parte de algo vivo, donde proveer un sustento para nosotros y para los nuestros.

Pero esto no es algo que sólo ocurra a hombres de 47 años como Joaquín. La crisis se está cebando de manera especial con los jóvenes los cuales también manifiestan esta tristeza de no tener trabajo. A menudo, se recluyen en casa para ver la televisión o escuchar música y experimentan vergüenza ante la familia, porque sienten que les han mantenido y se han sacrificado en beneficio de su preparación profesional. Es más, algunos estudios constatan que los jóvenes acaban imbuidos por sentimientos de apatía y resignación, y abandonan la búsqueda de trabajo ante los fracasos repetidos. Muchos acaban por pensar que son ellos los verdaderos culpables de estar en el paro.

“Y él [Elías] se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida” 1 R. 19:4

Elías escapa de su pareja de enemigos -Acab y Jezabel- ante las amenazas de esta última. Estaba cansado de luchar y tener la sensación de nunca vencer, cansado de intentar hacer volver a un pueblo idólatra a Dios y que la respuesta fuese siempre negativa, cansado de hacer prodigios en las propias narices de un rey que la propia Biblia nos dice que fue el peor de todos los que se sentaron en el trono del reino del Norte.

Elías huye a Horeb, al monte de Dios, agotado física, pero también mentalmente tanto que a mitad de camino cae desplomado y lo único que pide es que Dios lo mate.

Los cristianos podemos pensar que esta problemática de la depresión y el suicidio solo pasa en ese imaginario colectivo que llamamos “el mundo” esa cosa amorfa e indefinida, pero real, a la cual achacamos todos los males que sufrimos. Pero la realidad es que las enfermedades mentales son tan reales como las físicas y los cristianos no estamos exentos de ellas.

La depresión, la ansiedad, la tristeza, la ira, son sentimientos que un joven cristiano puede experimentar ante la expectativa de no tener un trabajo donde poder realizarse, donde poder sentirse útiles, donde poder ganar un dinero que le permita poder seguir avanzando en el resto de fases de nuestra vida.

La respuesta de Dios a Elías es cuanto menos curiosa, no vemos a un Dios confrontando a Elias, ni lo vemos enfadado con su actitud, ni si quiera prometiendo que el futuro será mejor, sino que lo vemos en su posición de Dueño y Señor del mundo. Vemos a Dios demostrando a Elías que da exactamente igual como se ponga la situación en la que los hijos de Dios vivimos porque Dios seguirá siendo el que tiene el control y decida en qué dirección se moverá el mundo.

Puede que la familia que está a la espera a que el banco lo desahucie de su casa pueda sentir a Dios muy lejos. Puede que el joven que lleva dos años buscando un trabajo que no llega sienta que Dios no tiene el control de su vida, pero la realidad es que Dios se preocupa individualmente por cada uno de sus hijos y cuando la desesperación nos hace huir Dios se acaba convirtiendo en nuestro único refugio.

“No temas, que yo te he redimido; te he llamado por tu nombre; tú eres mío. Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas. Yo soy el Señor, tu Dios, el Santo de Israel, tu salvador.” Is, 43:1-3

La ayuda de Dios se manifiesta de distintas formas, en el caso de Elías, fue demostrarle de que no está todo perdido y de que Dios tenía una voluntad que cumplir por encima de los caprichosos reyes de Israel.

En el día de hoy es fundamental el papel que la iglesia local debe jugar en la vida de los miembros que se encuentran en paro.

Una adecuada red de relaciones sociales suaviza la gravedad de las respuestas psicológicas y de salud de los desempleados. Se define como el sentimiento subjetivo de pertenencia a un grupo, de sentirse aceptado por él, y está demostrado que, más que el apoyo real, lo que importa es el apoyo percibido por el sujeto.

Es en la iglesia la que debe ofrecer a sus miembros un lugar donde sentirse querido, un lugar donde sentirse aceptado, sentirse en familia. Toda esa carga emocional que el individuo ha perdido con su empleo. Es tarea de la iglesia enseñar y cuidar de estas personas que pertenecen a ella. Podemos caer en el error de pensar que por el mero hecho de ser cristianos tenemos toda la protección contra cualquier mal, pero el cristianismo en una vida que difícilmente se puede vivir en individualismo y la necesidad del grupo se hace patente en cada una de las facetas de la vida.

La iglesia debe ser fuente de restauración para estas personas, estos jóvenes que sienten que su vida se descompone al verse atrapados en el mundo del paro.

“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” Mt. 25:35-40

Inestabilidad laboral (o la vida a 460 mt).


Silencio. Tensión. Gritos contenidos y al final aplausos. Cuando el equilibrista origen estadounidense  Nik Wallenda cruzó el río Pequeño Colorado al noreste de Arizona caminando sobre un cable de acero de 5 centímetros de espesor y de 716 de longitud suspendido a unos 460 metros de altura , sin arnés ni red de seguridad estaba cumpliendo su sueño de adolescente, sueños “ típicos ” de un chico perteneciente a la séptima generación de una famosa familia de equilibristas.

Hay circunstancias en nuestra vida que nos pueden hacer sentir como si fuéramos equilibristas cruzando un precipicio de 460 metros de altura sobre un hilo minúsculo, son circunstancias que hacen que nuestras vida estén pendientes de ese estrecho cable que parece que es el único que nos sostiene y evita que nos estampemos contra el suelo.

En esta serie de artículos sobre el joven cristiano y la crisis hemos estado viendo desde el significado del trabajo hasta la precariedad laboral, pasando por la elección que los adolescentes tienen que hacer acerca de su futuro y de como los estudiantes afrontan el

La inestabilidad laboral, aparte de doler como la herida que no cura nunca, es fuente de otros muchos males.

inicio de la vida laboral. Una vez llegada a esta “ tierra prometida ” de la obtención de un trabajo puede parecer que lo más difícil ha pasado. Pero en la situación económica y laboral que nos toca vivir hace que sean pocos los que tienen asegurado un puesto de trabajo que les pueda ayudar a mantenerse. La mayoría viven en lo que actualmente se denomina inestabilidad laboral.

La inestabilidad laboral, aparte de doler como la herida que no cura nunca, es fuente de otros muchos males como estrés, tensión, agobio y preocupación por saber si mantendremos el trabajo que nos sustenta.

Saúl, el primer rey de Israel, vivió esta situación de sentir que se le iba a echar de su puesto de trabajo. Samuel mismo le informó de esa noticia: “ Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey ” 1 S. 15:23. Este “ despido ” no fue inmediato sino que aún tuvo pasar algunos años hasta que se hiciera efectivo, años en los cuales el carácter de Saúl va cambiando desde el joven valiente y confiado que se cree con derecho a hacer las funciones de sacerdote hasta el gris rey enloquecido en la persecución de su propio yerno.

Este declive ocurre cuando poco a poco Saúl se fue dando cuenta de quién era el sustituto elegido por Dios para ocupar el cargo de rey de Israel y la reacción de Saúl no es que fuera precisamente ejemplar: “ Entonces se encendió la ira de Saúl contra Jonatán, y le dijo: Hijo de la perversa y rebelde, ¿acaso no sé yo que tú has elegido al hijo de Isaí para confusión tuya, y para confusión de la vergüenza de tu madre? Porque todo el tiempo que el hijo de Isaí viviere sobre la tierra, ni tú estarás firme, ni tu reino. Envía pues, ahora, y tráemelo, porque ha de morir. Y Jonatán respondió a su padre Saúl y le dijo: ¿Por qué morirá? ¿Qué ha hecho? Entonces Saúl le arrojó una lanza para herirlo; de donde entendió Jonatán que su padre estaba resuelto a matar a David. ” 1 S. 20:30-33.

Saúl nunca ha sido un buen ejemplo en casi nada y esta reacción ante la voluntad de Dios es un claro ejemplo. Pero también nos muestra como se manifiesta la tensión de la inestabilidad en la vida de miles de empleados que no saben si el mes que viene lo serán. El mal humor, la irritabilidad sobre todo con los más cercanos, el estrés y ver fantasmas donde sólo hay sombras son las marcas más reconocibles de las personas donde la inestabilidad forma parte de su día a día.

La inestabilidad laboral en los jóvenes nos afecta de una manera singular porque trastoca nuestros planes de vida. Por ejemplo, respecto a los  motivos para permanecer en el domicilio familiar, los jóvenes que ya tienen trabajo remunerado pero que viven en casa de sus padres destacan la inestabilidad laboral (33,7%) como el factor determinante para no abandonar el “ nido ”. ¿Y que vamos a decir de casarse o tener hijos? si tenemos ante nosotros la pregunta de como vamos a mantenernos, que responderemos a la de ¿cómo vamos a mantener a nuestro hijos?

« Ser un niño pobre en España no significa pasar hambre, pero sí tener más posibilidades de no tener una alimentación completa y suficiente; no significa no acceder a la educación, pero sí tener dificultades para afrontar gastos o abandonar de forma temprana los estudios; no significa no poder ir al médico, pero sí tener problemas para pagar algunos tratamientos » Maria Antonia Caimari, Presidenta de Unicef Comité Baleares.

Muchos jóvenes que crecieron en una situación de bonanza sufren el trauma de tener que aceptar que nunca podrán permitirse, y menos dar a sus hijos, el nivel de vida que sus padres les dieron a ellos.

¿Cómo afrontamos los hijos de Dios esta inestabilidad? ¿Qué consejos podemos darles a nuestros jóvenes cuando estos se planteen empezar una vida lejos de la casa de los padres?.

El que llegó para sustituir al mal logrado Saúl también se vio envuelto en una circunstancia en la que pudo perder su trabajo, su propio hijo Absalón se subleva y aspira poder reinar en el sitio de su padre. De la misma forma que los buitres van a la carroña los enemigos de David se apresuraron a salir al camino para insultarlo y hacer leña del árbol caído. Ante lo cual David responde “ Quizá mirará Jehová mi aflicción, y me dará Jehová bien por sus maldiciones de hoy. ” 2 S. 16:12

La reacción de David es totalmente opuesta a la de Saúl, ambos están ante la situación de pérdida, pero uno lo afronta agarrándose al trono como si pudiera cambiar la voluntad de Dios mientras que otro, a pesar de estar sufriendo por la traición de su propio hijo reconoce en manos de quién está. Reconoce que por mucho mal que le pueda hacer su peor enemigo hay alguien que puede cambiar las cosas. Reconoce que por muy doloroso que sea perder el puesto de trabajo sabe que existe un Dios que se preocupa por él, que nunca lo va a abandonar y que cuando sea Su voluntad lo restaurará en su sitio. Porque al fin y al cabo esta es la diferencia.

 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. ” Ro. 8:38

Esta es nuestra red. Nik Wallenda cruzó el cañón del colorado sin ninguna protección, pero lo hijos de Dios nunca nos enfrentamos solos a ninguna situación.

Puede que nuestro pie patine un poco, puede que una racha de viento que sople más fuerte nos haga tambalearnos, pero sabemos que tenemos una protección que a pesar del mal que venga. Podemos estar en la situación laboral más inestable, podemos estar pendientes de que será de nuestro trabajo cada mes, pero también estamos seguros de que por muy inesperada que sea la caía tenemos una red que nos protege y que nunca nos falla.

_______________________________ 

[1] Diario El País

El final del desierto.


Tercera entrega de nuestra serie de artículos sobre el joven y el trabajo donde empezamos planteándonos  qué era el trabajo y que significado tenía en al vida del cristiano . Seguimos hablando de  lo adecuado de tomar buenas elecciones en la adolescencia , época de decisiones que marca nuestros futuro laboral. Pero una vez acabada esta etapa de formación, a veces de idealismo típico de la juventud, nos acercamos a la frontera, en ocasiones al precipicio, de tener que desenvolvernos en la vida laboral.

Existen ciertos días que se agarran a nuestra piel y se impregnan en ella para no abandonarnos el resto de nuestra vida, suelen ser momentos clave que marcan el fin de una época y el comienzo de una nueva como el día que nos enamoramos por primera vez, el día de nuestra boda, cuando nos convertimos en padres o en el que perdemos a un ser realmente querido. Son días de emociones, pero también de cierta incertidumbre ante este abismo que se abre ante nosotros llamado futuro.

Para llevar a cabo esta labor Israel necesitaba un líder a la altura de estas circunstancias, ¿Pero cuál era el curriculum de Josué?

El día que terminamos nuestros estudios es uno de estos importantes momentos. Por un lado es un época de cambio de juventud a la edad adulta, por otro lado es una búsqueda, o un intento, de independencia de la familia de origen.

Muchos jóvenes viven esta época a mitad de camino entre el éxtasis y el temor. El éxtasis de competir y comerse el mundo al sentirse muy preparados, quizás por la comparación con generaciones pasadas. Pero también el temor de no saber quién le puede ofrecer un hueco en una empresa para empezar a comerse el mundo. Esto último se viene acentuando en España por la situación agónica que nos encontramos donde  casi la mitad de los recién titulados no encuentran trabajo  y los pocos que tienen suerte de hacerlo es gracias a las becas que gobiernos y diputaciones son capaces de ofrecer.

No en pocas ocasiones antes de esta ansiada oportunidad el joven debe pasar por el desierto de la frustración de buscar y desear un trabajo y no encontrarlo. De redactar cientos de curriculums sabiendo que la mayoría acabarán en pilas de cientos de curriculums de los cuales sólo uno saldrá elegido. De recibir la consabida respuesta de “ es que no tienes experiencia ” a sabiendas que nunca la tendrás si nadie te ofrece una oportunidad. Pero un día, de una forma u otra, llega la oportunidad.

 Y llamó Moisés a Josué, y le dijo en presencia de todo Israel: Esfuérzate y anímate; porque tú entrarás con este pueblo a la tierra que juró Jehová a sus padres que les daría, y tú se la harás heredar. ” Dt. 31:7.

Josué es elegido para un nuevo trabajo. Después de cuarenta años vagando por el desierto, cumpliendo el castigo por algo que él no había cometido, todo lo contrario, Josué es elegido para dirigir al pueblo de Israel ante la próxima ausencia de Moisés. Con el ascenso de Josué empieza una nueva etapa en la vida de este pueblo que había salido años atrás de Egipto con la promesa de una tierra donde fluía leche y miel . Pero que por culpa de su propio pecado se vio abocado a ver como una generación enterca caía en el desierto.

A pesar de que el desierto fue duro la realidad es que la conquista de Canaán no iba a resultar para nada fácil.  Había naciones viviendo allí  que no estaban dispuestas a ceder su territorio sin luchar y ante las cuales el pueblo de Israel no podía dejar con vida, sino que tenía que exterminar.

Para llevar a cabo esta labor Israel necesitaba un líder a la altura de estas circunstancias, ¿Pero cuál era el curriculum de Josué?. Lo primero que podemos apreciar en su vida es la integridad (Nm. 13:30 ). La integridad personal es Josué le lleva a contradecir a todo el pueblo cuando se quieren echar atrás en la entrada misma de Canaán y volverse a Egipto.

Josué pudo ser apedreado por oponerse al pueblo en su decisión, pero su integridad le llevó a oponerse a algo que considera incorrecto. La integridad en el puesto de trabajo puede llevarnos al abismo de volver al de nuevo al desierto de la falta de empleo, no son pocas las empresas que incitan a sus trabajadores a saltarse normas éticas y directamente la ley amenazando con la excusa de que si no lo hacemos habrá veinte personas en la cola del paro que quieran hacerlo.

Pero la realidad es que la integridad es una roca a la cual debemos aferrarnos y no soltarnos. Uno de los peores males que sufre nuestro país es esta falta de integridad que tiene su máxima expresión en todos los casos de corrupción política que nos rodea (que gran ejemplo son para nosotros “ nuestros políticos ”, gente como José o Daniel) corrupción que brota hoy en día como el agua de la alcantarilla en un día de fuerte tormenta. Ante esto el joven cristiano debe esforzarse por ser ejemplo, muchas veces cuando hablamos de testimonio pensamos sólo en evangelismo, pero nuestra vida debe dar testimonio del comportamiento de un hijo de Dios en el puesto de trabajo.

Una de las tareas de la Iglesia es propagar la ética de Dios en la sociedad. Una de estas características debe ser un integridad que nos lleve como a Josué a enfrentarnos aunque sea contra todo el pueblo por defender la verdad.

Otra característica de Josué fue la valentía(Ex. 17:8-16 ). Pero esta valentía no es bravuconería barata sino seguridad en la dirección en que va nuestra vida. Josué era valiente dirigiendo militarmente al pueblo porque sabía que Moisés estaba intercediendo por ellos. Cuando hacemos las cosas ordenadas podemos ver la mano de Dios obrando y sentir la seguridad de que estamos donde Él nos ha querido poner.

Cuando entendemos cual es la función del trabajo en nuestra vida, cuando oramos a Dios por un puesto de trabajo, cuando entendemos que Dios nos ha dado este puesto y que quiere que estemos aquí podemos ser valientes y estar seguros donde estamos de la misma forma que Josué estaba seguro cuando sentía que estaba cumpliendo la voluntad de Dios al enfrentarse contra Amalec.

Otro aspecto importante en el “ currículum ” de Josué para poder hacer su trabajo de manera excelente fue aprender en la sombra de la experiencia. Josué pasó varios años aprendiendo de Moisés, de su liderazgo, de su forma de dirigir al pueblo, de tratar con Dios.

De la misma forma debemos usar los primeros años de nuestra vida laboral para cobijarnos en la sombra de la experiencia de personas que llevan más tiempo que nosotros es la manera de aprender y crecer. Podemos salir de una buena universidad con un buen expediente pero debemos  aprender a aprender  bajo la sombra de la experiencia de personas que, igual con menos estudios que nosotros, tienen esa experiencia y saber hacer que al final son los que marcan la diferencia a la hora de un trabajo bien hecho.

 Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. ” Js. 1:1-2

Pero llega el día donde el que aprendía en la sombra debe tomar el mando. Josué pasa de ser el aprendiz a ser el que tiene que dirigir a un pueblo en guerra continua. Josué se convierte en el líder total del pueblo, política, militar y socialmente. De la misma forma los jóvenes debemos crecer allí donde estemos con la mente puesta en ocupar nuestro lugar tirando del carro cuando sea necesario.

Quizás nos pasemos años pensando que no somos lo suficientemente valorados, pero toda experiencia es poca ante el reto de tener que “ conquistar Canaán ”.

Los inicios nunca son fáciles, se suele decir, y mucho menos hoy en día donde sobra mano de obra inexperta, pero debemos aprovechar este tiempo de llegada a la tierra prometida para captar toda la experiencia posible, marcar patrones que definan nuestra vida laboral como la integridad y la valentía, con la cabeza siempre puesta en que un día nos tocará a nosotros luchar y servir de aprendizaje para otros.

Adolescencia, elegir en un cruce de caminos.


Segundo artículo de serie sobre el joven cristiano y la realidad del trabajo que se publica en Protestante digital.

La semana anterior hablábamos  sobre el sentido del trabajo en la vida del cristiano , cuál era el propósito de Dios sobre el trabajo y como el pecado lo distorsionó. Llegamos a la conclusión de que cuando trabajamos y nos esforzamos (aunque no seamos remunerados por ellos) reflejamos a Dios y le damos gloria.

Hoy seguimos con esta serie de artículos sobre el trabajo y el joven cristiano trasladándonos al origen, no al momento en que empezamos a trabajar, ni siquiera al que buscamos trabajo sino al momento que elegimos en qué dirección va a ir nuestra vida en todos los sentidos, incluido el laboral, me refiero a la adolescencia.

La adolescencia no deja indiferente a nadie, si le pidiéramos a nuestros mayores que echaran su vista atrás a su adolescencia a algunos les traerá recuerdos de una buena época, quizás mejor que su vida actual, para otros serán recuerdos un poco tortuosos. Pero todos estarían de acuerdo en la importancia de la adolescencia como, quizás, la etapa más decisiva de la vida de una persona, no tanto por la responsabilidad de las decisiones que se toman, porque más que responsabilidad muchas veces es una época de irresponsabilidad, sino más bien por la influencia que estas decisiones tienen a lo largo del resto de nuestra vida.

Muchos de los hombres y mujeres que se dedican a la obra de Dios tomaron sus decisiones en la adolescencia, parejas que siguen juntas después de 50 años de casados se formaron en la adolescencia, muchos jóvenes que abandonan la iglesia lo hacen en esta etapa de la vida. Es un momento clave en nuestra vida.

¡Qué decir de nuestra vida laboral! La adolescencia es el momento elección, y para muchos jóvenes es un trauma decidir que van a estudiar y a qué nivel quieren llegar. A los 14-15 años en 3º/4º de E.S.O. los chicos tienen que decidir qué camino escoger en su vida, bien una formación profesional o cursar bachillerato puede que con vistas a entrar en la universidad. Ante esto pueden surgir en el joven múltiples preguntas: ¿Qué estudiar si aún no sé a qué quiero dedicarme? ¿Por qué ir a la universidad si las personas que terminan de estudiar no encuentran trabajo? ¿Por qué esforzarme si lo más probable es que acabe sin encontrar trabajo? ¿Por qué buscar la excelencia en mis estudios si vivimos en un país donde el que llega más lejos no es el que más se esfuerza sino el que mejor “ colocado ” sale o más aprovechado es?

 Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes. Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron. ” Mr. 1:19-20

Cuando nos planteamos qué estudiar, por donde dirigir nuestro camino debemos tener claro que por encima de todo Dios quiere que le sigamos. Si nos fijamos en los discípulos que escogió Jesús a él no le importó su currículum, había pescadores (Jacobo, Juan o Pedro), recaudadores de impuestos con fama de corruptos (Mateo) o nacionalistas fanáticos (Simón el Zelote) lo realmente importante no eran a que se dedicaban para mantenerse sino la labor que iban a realizar bajo la dirección del Espíritu Santo.

De la misma forma Dios nos busca a nosotros sea cual sea nuestra profesión, porque lo verdaderamente importante es lo que Dios puede hacer a través nuestra en la vida de las personas que nos rodean. Cuando nos planteamos nuestro futuro no debemos buscar el éxito sino la relevancia. Exitoso nos habla de admiración, de ser destacado entre los que nos rodean, el éxito siempre va acompañado de cumplir los estándares deseados por las personas que nos consideran exitoso. En cambio relevancia nos habla de marca, de dejar huella en la vida de las personas que nos rodean. Podemos ser relevante allá donde estemos aunque nuestro trabajo no tenga el  glamour  de otros con más renombre, por ejemplo un ama de casa puede ser relevante en la vida de la familia, de la misma forma que un político en la vida de un país. Cuando el pecado llegó al mundo distorsionó la realidad de la función del trabajo lo más importante dejó de ser cumplir la voluntad de Dios para convertirse en lo que los seres humanos más ambicionan el poder y el éxito.

 David   sirvió a su propia generación conforme al propósito de Dios ” Hc. 13:36

David representa las dos caras de esta moneda, fue un hombre de éxito en todo lo que hizo, pero lo más importante no fue lo que ha llegado a nosotros sino la impronta que dejó en su generación, en aquellos hombres desesperados que guió en Adulám ( 1 Sam. 22:1-2), en aquel tullido Mefiboset al cual dignificó cuando estaba condenado al ostracismo ( 2 Sam. 9:1-13) o defendiendo aquella ciudad de Keila que ni el propio rey Saúl se molestó en ayudar ( 1 Sam. 23:1-5).

Debemos tener claro que aunque no tengamos decidido qué estudiar si tenemos que tener claro que Dios quiere que nos gastemos en Él. Que usemos de nuestras fuerzas y de nuestro tiempo para hacer lo Él tiene planeado en nuestra vida, para servir a nuestra generación.

La elección de nuestra profesión debe estar marcada por este pensamiento. Debemos buscar a Dios y pedirle que él nos guíe en la elección. Esto es algo personal de cada uno porque elegir iniciar unos estudios es fácil, lo difícil y lo que nos va a llevar más esfuerzo es acabarlos. Por eso son tan importantes los buenos consejos en este momento y aquí entra la labor de los padres, hermanos mayores y líderes de jóvenes. Es el momento donde Dios puede guiarnos a través de la experiencia de personas que ya han pasado por este tipo de experiencias. El consejo personal es un arma muy poderosa en la vida de los jóvenes, por eso debe ser prioritario en la iglesia y en la familia invertir tiempo en dar buenos consejos a nuestros jóvenes.

Dios nos ha hecho a todos diferentes y debemos conocernos para saber qué estudios podemos afrontar y cuáles no, pero no viendo esto con un demérito sino teniendo claro que todo trabajo es de valor y lleno de significado para Dios. Para Él no existen trabajos de primera ni de segunda, sino que existen personas que se esfuerzan para hacer su labor de manera excelente y otras que no.

 Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas. ” Js. 1:9

Vivimos en un país donde no sólo hay falta de trabajo sino que el que triunfa en él suele no ser el mejor sino el que tiene un “ padrino ” que le ayudeo el que más “ listo ” sea en su puesto de trabajo. Ante esta perspectiva un chico puede plantearse la conveniencia de esforzarse o no en sus estudios. “ ¿Para qué? si luego no vale la pena ” podrá preguntarse más de uno.

Pero la verdad es que la excelencia ( Superior calidad o bondad que hace digno de singular aprecio y estimación algo ) es una forma de alabanza a Dios. No nos esforzamos por contentar a nuestro jefe, ni para que nuestro profesor nos dé una palmadita en la espalda, nos esforzamos porque nuestro Dios no se merece nada menos que lo mejor en cada una de las áreas de nuestra vida, esto es muy idealista pero es lo que Dios pide de nosotros.

Cada uno somos diferentes y puede que igual que pasaba en  la fábula de Esopo nuestro 100% sea correr a la velocidad que iba la tortuga mientras que para nuestro compañero de clase el 100% sea correr a la velocidad de la liebre y puede que contrariamente a la fábula la liebre llegue primero, pero nosotros habremos dado gloria a Dios porque lo que Él nos pide es que nos esforcemos con todo lo que tenemos.

Ante esta etapa tan decisiva es imprescindible que como jóvenes cristianos tengamos claro que nuestro llamado es a servir a Dios con todos nuestros dones y capacidades, independientemente de los que cual vaya a ser nuestra profesión. Aprendamos a valorar los consejos de personas que han pasado por las mismas decisiones que nosotros y esforcémonos con todas nuestras fuerzas en todo lo que hagamos.

 Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor ” Col. 3:23

¿Hacia donde va mi vida?


Según vamos creciendo y vamos pasando de la niñez a la adolescencia y de esta a la edad adulta va ocurriendo en nosotros un proceso de maduración en todos los niveles de nuestra vida, maduramos físicamente, mentalmente, nos hacemos más independientes y vamos tomando nuestras propias decisiones. Para mucha gente esta es una época de crisis en la que se sientes perdidos.

En la palabra de Dios podemos encontrar como guiarnos por nuestra vida porque tenemos el ejemplo de una persona, que siendo Dios vivió entre nosotros por un tiempo y participó de la experiencias y dificultades de la vida aquí. Lc. 2:39-52. Aunque no se  cuanta mucho de la vida de Jesús desde su niñez hasta el comienzo de su ministerio sí que podemos ver que tuvo una infancia como otros niños con inquietudes y curiosidades, como vemos en este texto, donde quiere quedarse en el templo aprendiendo y conociendo. Este texto, sobre todo los versículos 40 y 52 nos cuenta en que aspectos crecía Jesús:

    • Crecía en estatura: Es el aspecto más esencial, crecía y maduraba físicamente como cualquiera de nosotros.
    • Crecía en sabiduría: Crecía no sólo en conocimiento sino también en la aplicación de este conocimiento.
    • Crecía en gracia de Dios: Crecía en su compromiso y su espiritualidad, no sólo asistía a las reuniones en el templo porque sus padres lo hacían sino que estaba implicado en que su conocimiento de Dios creciera.
    • Crecía en su relación con los demás: Mantenía relaciones sanas con las personas que lo rodeaban.

Como sabemos que tenemos un Dios que pasó por nuestras mismas experiencias podemos confiar en él para que nos guíe a través de esta etapa de nuestra vida, porque nos es fácil perdernos en una etapa de cambios. Sobre todo por que como hemos visto nosotros no crecemos en un plano sólo, no tenemos una sola realidad sino que crecemos en muchas aspectos, y la Biblia es una libro que es capaz de dirigirnos en todas las áreas de la vida.

Aún así no es posible aplicar a raja tabla a todos los usos morales del siglo XXI porque la forma de vida de las personas para las que fue escrita era muy diferente de la nuestra. Debemos buscar los principios que rigen las normas de la Biblia en vez de seguir ciegamente las normas, porque son ellas las que aplicadas correctamente nos proporcionan sabiduría.

La Biblia no debe usarse como un manual de magia, como si lanzásemos un conjuro y todo fuera a salirnos bien sino más bien se debe leer inteligentemente para que desarrollemos un estilo de pensamiento bíblico, porque realmente eso es lo más importante, que nuestra forma de pensar y de intuir la realizad sea la misma que la de Dios. Una de las características principales que se le da a David, en la Biblia, es que tenía un corazón de acuerdo con Dios, esto nos habla de que era una persona que pensaba y razonaba de una manera parecida a la que piensa y razona Dios.

Pero ¿porque? ¿Cual es la razón de que sea importante guiarnos en nuestra vida por la Biblia?

  • Porque Dios tiene un plan para nuestras vidas (Sal. 25:12-14): La mejor manera de llegar a la madurez, o sea al cúlmen de ese crecimiento que estamos teniendo en nuestras vidas es descubrir lo que Dios quiere para nuestras vidas. En este texto el autor dice que el que sigue a Dios será instruido en el mejor de los caminos, que nos existe ningún lugar mejor por donde ir que ir por el lugar que Dios nos marca, que Dios tiene para nosotros.

¿Cómo llegamos a saber este plan?

  • Empapándonos de la Biblia (Sal. 119:9-16): Si leemos la Biblia con regularidad y aprendemos de ella, llegará a formar parte de nuestro estilo de vida y tomaremos decisiones de una manera que agrade a Dios. David empieza diciendo que la manera de llevar una vida íntegra, o sea que agrade a Dios es viviendo conforme a su palabra, no usa cumpliendo, no usa haciendo, usa viviendo, ¿cuanto tiempo al día usáis en vivir? usamos las 24h, porque siempre estamos vivos. Los mandamientos de Dios tienen que empapar todas las facetas de nuestra vida, nuestra vida familiar, los estudios, las relaciones todos. Muchas veces tomamos nuestra relación con Dios como una vaso de agua, como una ración, pero este texto nos habla de empaparnos como una esponja, la esponja no recibe una ración de agua sino que almacena toda la que puede y cuando no puede más echa por fuera, nuestra relación con Dios debemos llenarnos de él, como sigue diciendo el texto en el v. 11 atesorando sus mandamientos ¿qué se puede atesorar? pues tesoros, con lo cual David está comparando los mandamientos de Dios con tesoros, con objetos de mucho valor.

¿Qué hace especial este plan?

  • Qué Dios nunca falla (Sal. 73:23-26): Si estamos cerca de Dios, puede que lo pasemos mal en ciertas ocasiones de nuestra vida pero sabemos que Él cuidará de nosotros en todo momento, nos guía con su consejo. Además nos tiene un lugar reservado en el cielo para nosotros dándonos un futuro lleno de esperanza. Lo que hace especial este plan es que está garantizado por la única persona que puede dar garantías plenas de fidelidad eterna DIOS.

 

Educar a adolescentes sin morir en el intento.


La educación es, probablemente, el legado más importante que unos padres puedan dejarles a sus hijos. Tal es su importancia que toda la vida del hijo vida dependerá de ello, incluso la educación de sus propios hijos. Si una etapa da especial miedo, dentro de este laberinto en que se puede convertir la educación de un hijo, esta es la adolescencia. Un tiempo de cambios, conocido, pero que siempre pilla por sorpresa.

Lídia Martín Torralba, licenciada en Psicología, escribe este libro, que publica Andamio, que nos sumerge de pleno en una problemática que hace temblar muchos hogares en nuestro país.

El libro empieza dándonos a conocer al adolescente a través de su psicología para luego pasar la pelota a los padres y hablarnos sobre como comunicarnos y poner lo tan temidos límites.

«Educar a adolescentes sin morir en el intento» es un libro muy útil, no solo para padres en apuros sino también para todo aquel que de forma directa o indirecta se halle involucrado en el trabajo con jóvenes, como puede ser ministerios juveniles o escuelas dominicales.

No es lo que esperaba.


El esfuerzo personal es una fuerza que puede mover montañas. A lo largo de nuestra vida hemos oido infinidad de historias de personas que empezando en condiciones adversas han logrado, a base de esfuerzo y tesón, abrirse paso hasta la cima. Son historias que se nos cuentan para infundirnos valores como el amor por el trabajo, o las ganas de progresar en la vida. Pero en ocasiones las expectativas de vida que teníamos no se cumplen y todo lo que habíamos soñado que iba a pasar en nuestro futuro, a medio o largo plazo, acaba por no ocurrir.

 “Y él les dijo: Oíd ahora este sueño que he soñado:He aquí que atábamos manojos en medio del campo, y he aquí que mi manojo se levantaba y estaba derecho, y que vuestros manojos estaban alrededor y se inclinaban al mío.Le respondieron sus hermanos: ¿Reinarás tú sobre nosotros, o señorearás sobre nosotros? Y le aborrecieron aun más a causa de sus sueños y sus palabras.Gn. 37:6-8

       José sabía cual era su rol dentro de su familia, él iba a tener una posición preeminente sobre sus hermanos y su propio padre, a pesar de ser el menor de sus hermanos, algo extraño en una sociedad donde se recalcaba tanto la importancia del orden dentro de la familia. José estaba destinado por Dios para ser el libertador de su pueblo, el que marcara la diferencia entre la vida y la muerte. José conocía su futuro, pero acabó en un pozo seco, siendo vendido como esclavo, siendo acusado injustamente, encarcelado y olvidado.

Nuestra generación, la de los que rondamos los treinta, según dicen la mas preparada de toda la historia de España y no creo que sea un error decirlo, ha llegado al siglo XXI dándose de bruces con una realidad muy dura. Es que a pesar de tener, en general, mayor formación que sus padres y mucha más que sus abuelos sus perspectivas de futuro son bastante nulas, no van más allá que unas prácticas, un contrato de unos pocos meses o directamente hacer las maletas para probar suerte en otro país. En una sociedad tan materialista, las promesas de que si estudiábamos mucho y nos esforzábamos tendríamos un buen trabajo, una casa y dos coches se acabaron desplomando al mismo tiempo que nuestra economía.

Ahora surge una gran pregunta a la cual no hay muchos que tengan respuesta: ¿Y ahora que?

 “Ahora pues, no os entristezcáis ni os pese por haberme vendido aquí; pues para preservar vidas me envió Dios delante de vosotros. Porque en estos dos años ha habido hambre en la tierra y todavía quedan otros cinco años en los cuales no habrá ni siembra ni siega. Y Dios me envió delante de vosotros para preservaros un remanente en la tierra, y para guardaros con vida mediante una gran liberaciónGn. 45:5-7

       Realmente la Biblia no ofrece una respuesta directa a esta pregunta, como a muchas otras, pero nos da la clave: ¡un cambio de perspectiva!. José no dice que Dios le ayudó a pesar de la traición de sus hermanos sino que Dios le envió. Para José es Dios el que está en control todo el tiempo, es Él el que le da las visiones cuando era joven, es Él el que permite que sus hermanos sean envidiosos y acaben vendiendo a su hermano. Es Dios quien permite que Potifar lo meta en cárcel injustamente. Es Dios quien permite que el copero no se acuerde de José durante dos años, y al final es Dios, el que ha estado controlando desde un principio todo, el que envía un hambre de siete años que obliga a sus hermanos a bajar a Egipto y postrarse ante el gobernador o sea José.

¿Y ahora que? pues ahora es tiempo de confiar en el control absoluto de Dios en nuestras vidas, de saber que si estamos en un pozo, por la razón que sea, es porque Él lo permite, que si nos acusan sin motivo es por Él lo permite, que si no tenemos trabajo y la situación económica nos aprieta es porque Él lo permite, porque Él esta en el control de todo.

Contracultura cristiana.


Una pequeña desigualdad muchas veces marca una gran diferencia, esto es algo muy demostrable en el ADN humano donde una pequeña variación en uno de los cromosomas puede marcar la diferencia entre una persona rubia y una morena, o en una sana y otra con una enfermedad heredada.

De la misma forma ocurre con la cultura humana. Puede que todos los seres humanos pertenezcamos a la misma especie con las mismas características físicas, pero la diferencia de nacer en Japón a hacerlo en una tribu de Botswana hace que las diferencias culturales sean abismales.

Cada comunidad humana tiene su cultura propia, y son tan diferentes unas de otras, que uno de los mayores problemas que suele tener un extranjero en el país que lo acoge es la no adaptación a esa cultura, quedarse a un margen de ese grupo de normas no escritas que definen al grupo de individuos que viven en comunidad. Muchas de estas normas ni si quiera nos damos cuenta de su existencia, porque hemos crecido con ellas. Pero cuando alguien no se adhiere a ellas parece que no encaja en la sociedad.

Y me seréis por pueblo, y yo seré vuestro Dios.Jr. 30:22

La nacionalidad es un tema espinoso en nuestro país. A pesar de vivir en España hay grupos que no se consideran españoles sino que su identidad nacional pertenece a su región, o su cultura. De la misma forma nosotros vivimos en España y nuestro DNI lo corrobora, pero nuestra nacionalidad es distinta por que pertenecemos a otro pueblo, y con ello otra cultura. Quizás por ser una ínfima minoría (menor del 1%, según el CIS) tenemos la idea de que no pintamos nada y crecemos con la idea de que nuestra cultura cristiana nunca será representativa, ni a nadie le importa, ni gusta. Pero debemos sacudirnos este lastre y pensar que la cultura no se hace o se crea para gustar sino como forma de expresión. Y los cristianos tenemos mucho que expresar.

Podemos caer en el pensamiento acomplejado de que como ‘somos cuatro gatos’ y nunca vamos a tener nivel suficiente para que nuestra cultura se de un mínimo de calidad, pero Dios siempre ha dado capacidad creativa a su pueblo, esta capacidad sólo va en una dirección, darle gloria a él.

Tomen en cuenta que el Señor ha escogido expresamente a Bezalel, […] y lo ha llenado del Espíritu de Dios, de sabiduría, inteligencia y capacidad creativa para hacer trabajos artísticos en oro, plata y bronce, para cortar y engastar piedras preciosas, para hacer tallados en madera y realizar toda clase de diseños artísticos y artesanías. Dios les ha dado a él y a Aholiab […], la habilidad de enseñar a otros.Ex. 35:30-34

       Desde el comienzo de la iglesia somos llamados a la comunidad, esto no es un llamado a una burbuja sino a una cultura propia a una serie de ideas que impregnen cada una de las actividades que realizamos. Una música propia, un literatura propia, un lenguaje e ideas propias y todo esto no solo debe hacerse sino que debe hacerse bien. En innumerables ocasiones caemos en el facilismo de decir “lo que importa es que lo hacemos para Dios” como excusa a la mediocridad en lo que hacemos. Tenemos un Dios que no solo se merece intenciones sino la excelencia, la calidad, el cien por cien del potencial de su pueblo. 

Por eso es necesario fomentar una cultura cristiana, que en muchas ocasiones deberemos renombrar en contracultura debido a lo opuesto que será en relación con la cultura dominante. Fomentar nos habla de abrir huecos en nuestra vida de iglesia a formas creativas de enseñanza, alabanza. De dedicar tiempo a reflexionar y evaluar como hacemos las cosas para esforzarse en hacerlas mejor. Encauzar a los jóvenes que tienen idean innovadoras y cero miedo a equivocarse a que se expresen dentro de la comunidad de la iglesia. Abrir espacios y canales de comunicación para dar salida a esta creatividad, canales comunes y no exclusivistas dentro de una iglesia concreta o una denominación. A fin de lograr generar algo natural, una cultura propia.