Saludaos los unos a los otros.


Puede que sólo lo consideremos un gesto, algo que todos los seres humanos hacemos a veces de manera instintiva. Quizás pensemos que para Dios eso no debe tener muchas importancia. Pero a pesar de ser algo tan cotidiano es un tema que afecta directamente a la relación entre los hermanos y en el siglo primero, que es cuando Pablo escribe esta ordenanza y aunque esto ocurrió hace casi 2000 años es algo que afecta directamente a la iglesia de hoy, porque la Biblia trata temas fundamentales del ser humano.

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”  Hb. 4:12.

Entre otras muchas cosas este texto describe a la Biblia como “espada de dos filos; que penetra hasta partir el alma y es espíritu” esto significa que la Biblia no trata temas superficiales, sino temas esenciales del ser humano, temas que tocan su propia alma, temas profundos ante los cuales debemos posicionarnos. Y la Biblia siempre recalca la necesidad de ponernos en acción con los mandamientos “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.” Stg. 1:22.  Si escuchamos estas palabras, estos unos a los otros y decimos que buenos son, son importantes y están muy bien que los estudiemos pero luego no nos amamos los unos a los otros, no nos perdonamos los unos a los otros, no nos exhortamos los unos a los otros, no vale para nada, como dice la Biblia nos engañamos a nosotros mismos y por muy poca cosa que pensemos que es el tema de hoy, por muy “bueno eso tampoco es tan importante” debemos pensar que es un mandato de Dios para nosotros, su pueblo.

Pablo sorprende aquí con un saludaos los unos a los otros (

Saludaos los unos a los otros

Ro. 16:1-16) el cual era un tema muy importante en la iglesia del siglo primero, tuvieron muchos problemas con este tema y Pablo ve la necesidad de recalcarles este mandamiento. Pablo no les da opción, no está diciendo podéis saludaros, o mejor  saludaros que no. Está diciendo saludaos, es una obligación.

Hoy en día el gesto de saludarse sigue siendo importante, muchas veces nos enfadamos si alguien que nos conoce no nos saluda, lo consideramos un agravio. En la época que se escribió la carta de los romanos saludarse era un acto social muy importante, porque incluía un reconocimiento de la otra persona, si yo saludo a una persona significa que la considero como de mi propia familia, no existía el saludo para quedar bien, sólo se saludaba a los que se consideraba queridos.

Este saludo se hacía efectivo con un beso en al frente, la mejilla o la barba. Esta es una práctica que venía del A.T. donde los judíos se saludaban así entre ellos, era un saludo entre los pertenecientes al pueblo de Dios. En el N.T. lo judíos seguían usando esta práctica ahora con el nuevo pueblo de Dios. Esto era muy significativo para los creyentes nuevos porque se sentían aceptados por los judíos. Los judíos no eran muy amigos de los gentiles por eso solían excluirlos, por eso Pablo les recalca que saluden a sus hermanos, literalmente que los acepten como iguales. Además muchos cristianos eran repudiados por sus propias familias por lo cual el gesto de besarles era proporcionarle una familia.

Por lo cual cuando vamos al texto y vemos que Pablo dice que debemos saludarnos, nos damos cuenta de que no sólo se refiere a un saludo que hoy en día hacemos, donde saludamos a todo el que más o menos conocemos. Sino que se refiere a que nos tratemos como lo que somos, miembros de una familia. Nadie saluda a un extraño igual que saludamos a nuestros hermanos o a nuestros padres, porque el cariño y la relación que nos tenemos hacen que el saludo sea especial. Pablo de la misma forma dice que los cristianos debemos saludarnos de una manera especial porque pertenecemos a una familia especial. Para dejar constancia de ello da una lista de saludos, todos ellos orientados a personas de la familia de Dios. Todos ellos orientados a personas que se están esforzando en las cosas de Dios.

Por eso en el día de hoy me gustaría que nos cargásemos de razones para saludarnos, no para saludarnos como saludamos a nuestros compañeros de clase o a alguien que vemos en la calle, sino razones para saludar a los miembros de nuestra propia familia.

                Debemos saludarnos los unos a los otros, porque todos somos hijos de Dios (Ef. 1:3-6):  Todos los cristianos, por cristiano me refiero a aquellos que creen en Cristo, no en los que se apuntan en una iglesia son personas escogidas por Dios para ser sus hijos. La Biblia nos dice que nosotros amamos a Dios, porque Él nos amó primero (1 Jn. 4:10). La Biblia además pone un matiz acerca de esta elección, fue antes de la fundación del mundo, o sea, que antes de que nosotros naciéramos o nacieran nuestros padres, abuelos, etc… Dios ya nos había escogido para pertenecer a su pueblo. Esto es algo que es difícil de comprender para nosotros, es algo que debemos creer por fe, porque que Dios nos escogiera no está reñido con nuestra propia voluntad de seguir a Dios.

Pero entonces si todos los cristianos  somos hijos de Dios escogidos por él mismo debo saludar a mi hermano y tratarlo como un miembro de la familia de Dios porque Dios lo ha puesto aquí por la misma misericordia que a mi. Mi hermano no es una persona menos importante, ni de menos categoría, Dios la escogió igual que a mí, por los mismos méritos, ninguno. No hay nadie que esté en la Iglesia, da igual que cargo ocupe, da igual los ministerios que lleve que haya hecho más mérito que cualquiera de nosotros para estar en ella. Por eso debemos saludarnos, porque somos iguales, somos hijos de un mismo Padre, somos hermanos.

Muchas veces tratamos a nuestros hermanos de la iglesia, o decimos cosas de ellos que nunca nos atreveríamos a decir de un miembro de nuestra familia, cuando realmente las personas que van a la iglesia, y no me refiero a sólo a nuestra iglesia local son nuestra familia y debemos tratarlas como tal.

Debemos saludarnos porque somos miembros de una misma familia y saludarnos, preguntarnos qué tal estamos nos ayuda en esta sensación de familia. ¿Cómo sería una familia donde los miembros se saludan sin tocarse? ¿Cómo sería una familia si sólo levantasen la cabeza al verse?

Debemos saludarnos los unos a los otros porque es mandamiento de Dios amarnos (Mt. 22:35-40):   Todos estos “unos a los otros” acababan dependiendo del primero de todos, amaos los unos a los otros. La iglesia de Cristo tiene una marca que la distingue de otras organizaciones y esta es el amor. Debemos amarnos los unos a los otros, esto implica que debemos tratarnos con amor, esto implica saludar a nuestros hermanos como nos gusta que nos saluden. Podemos pensar que saludar es un gesto que no tiene nada que ver con el amor, pero como cambia la circunstancia cuando un grupo de personas llega y se sienta, o si llega y se saludan.

Esto se nota mucho el primer día de clase de la universidad, los que ya estéis en ella. Llega un grupo de unos 100 chavales que no se conocen entre sí, con lo cual el saludo es frió el ambiente no es de cordialidad. Pero cuando va pasando el tiempo y la gente va haciendo amistad el ambiente cambia. Pues lo mismo en la Iglesia, si yo muestro amor hacia mis hermanos y cuando los veo los saludo, el ambiente cambia. Por eso en la iglesia se suelen poner personas en la entrada a recibir a las personas, para transmitir este amor a través del saludo.

Cuando a Jesús le preguntaron cuál eran los principales mandamientos, el respondió dos mandamientos de amor, el primero es amar a Dios con todas nuestras fuerzas, la segunda proviene de la primera, amarás a tu prójimo, cuando le preguntaron quién era su prójimo, ¿Qué respondió? A un Samaritano, con aquella parábola, alguien ajeno al pueblo de Israel, con lo cual alguien fuera del pueblo de Dios en aquel entonces. Pues si debemos amar así a los de fuera, ¿Cómo no debemos amar a nuestros hermanos? Debemos amarnos, debemos mostrarnos cariño porque es un mandamiento de Dios.

Debemos saludarnos porque el amor en la iglesia debe ser práctico (1 Jn. 3:13-20):   Estas son palabras muy duras, Juan está asociando pensamientos (v. 14) “El que no ama a su hermanos permanece en la muerte”,  aquí es el que no ama, pero sigue (v. 15) “El que aborrece a su hermano es homicida”, pasamos a otro nivel, subimos un escalón, el que odia a su hermano es un asesino, una persona culpable y que debe morir eternamente. Ahora explicar porque es esto (v. 16)”Él puso su vida por nosotros. Así que debemos poner nuestra vida por los hermanos” y ahora después de subir estos escalones Juan llega a la idea que quiere enseña y quedemos aprender (v. 17). El cristiano que habla del amor de Dios, diciendo que es bueno pero tiene bienes y no ayuda a un hermano realmente necesitado no puede decir que tiene el amor de Dios, es decir es igual que la persona que no ama a sus hermanos o que directamente los odia. Así que después de llegar a este punto Juan les / nos recomienda “no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y de verdad”. Podemos llenarnos la boca diciendo que amamos mucho a nuestros hermanos pero si esto no se ve de una forma práctica cuando se necesita, no sirve para nada, somos iguales que una persona que no ama o que directamente odia. Si un miembro de la iglesia pasa por un mal momento en su vida, por un momento de sufrimiento, por la razón que sea y la iglesia no muestra amor con esa persona se puede decir que esa iglesia no ama a Dios, porque podrá cantar unas canciones muy bonitas acerca del amor de Dios pero será como el cristiano del versículo 17.

El amor de Dios se debe demostrar, no para que otros digan de mí, “pero mira que bien ama Laura a sus hermano, pero mira que bien ama Alex al resto de la iglesia” no, sino que se debe mostrar porque Jesús lo mostró, con su vida, dando su vida. Nadie estuvo allí para darle unas palmaditas en la espalda y decir que bien lo haces, no mostró su amor en mitad de los insultos, pero lo hizo no solo de boca sino de manera práctica. Cuando Jesús estaba a punto de morir (Lc. 23:34) dijo “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen” Jesús amó de palabra con palabras que sanaban el alma de la gente, pero también amó de hecho.

Saludarnos puede parecernos algo trivial pero demuestra de una manera práctica nuestro amor por nuestros hermanos.

Debemos saludarnos porque nos necesitamos (Rom. 12:4-8):   Este es un texto puro de iglesia que nos define como somos. Usa una imagen muy representativa que es la de un cuerpo. Todos nosotros somos partes de un cuerpo. No hay nada en un cuerpo humano que sobre, todo tiene una función, aunque sea ser apéndice y final del intestino grueso. Pero la verdad es que Dios hizo la iglesia de esta forma. Necesitamos a todas las personas que pertenecen a la iglesia. Debemos saludarnos porque nos necesitamos. Una mano puede parecer una parte muy importante del cuerpo, pero si no hubiera un estómago que digiriese la comida nunca tendría alimento, sino hubiese un sistema circulatorio que le llevase oxígeno se moriría. Si no hubiera piernas que la llevasen de un lado para otro sería como la mano de la familia Adams que va de un lado para otro sin poder hacer otra cosa.

Esta utilidad, esta necesidad no la tenemos por las habilidades de nuestros hermanos, ni por las nuestras, sino que son poder de Dios.  Dios nos da a cada uno dones  y estos dones son para beneficio de todos, cuando yo vengo a la iglesia y ejerzo el don que Dios me da soy de beneficio a las personas que me rodean, soy como ese sistema circulatorio llevando oxígeno y alimento a la mano. De la misma forma yo me beneficio de que otras personas estén ejerciendo sus dones.

No podemos pensar que no necesitamos a alguien en la iglesia, porque como hemos visto, todas las personas que vienen a la iglesia tienen algo que me beneficia, puede parecer egoísta, pero es verdad. Las personas que están en la iglesia están porque Dios las escogió para estar allí.

Por eso debe saludar a mis hermanos porque cuando estoy con ellos y ejercemos nuestros dones yo salgo beneficiado y ellos salen beneficiados conmigo y juntos somos un cuerpo cuya cabeza es Cristo, como dice la Biblia.

                Debemos saludarnos porque cuando demostramos amor reflejamos a Cristo (Jn. 13:35):   Para finalizar la última razón porque debemos saludarnos es que cuando demostramos este amor, de esta manera práctica la Biblia dice que demostramos que pertenecemos a Cristo. Todas estas ideas se pisan unas a la otras y la idea del amor mucho más, pero la realidad es que el amor es el tema fundamental de las relaciones en la iglesia y cuando mostramos ese amor, no el amor que dice la sociedad, sobre todo el día de hoy sino el amor de Cristo ese amor que le lleva a morir en una cruz por personas que lo están insultando.

Cuando usamos ese amor, para relacionarnos, para usarlo cuando tenemos problemas entre nosotros ahí reflejamos a Cristo, cuando usamos ese amor para soportar a veces comportamientos de personas que nos sacan de quicio, los cristianos distamos de ser perfectos y a veces hay gente en la iglesia que nos puede crispar, pero cuando usamos el amor de Dios para soportar a nuestros hermanos ahí reflejamos a Cristo.

Cuando usamos del amor de Dios para usar nuestros dones y bendecir a nuestros hermanos ahí reflejamos a Cristo. Cuando nuestro amor no se queda en palabras sino que también se demuestra en hechos ahí reflejamos a Cristo.

Cuando saludamos a nuestros hermanos porque también son escogidos de Dios igual que nosotros, porque sabemos que los necesitamos y que Dios usará sus dones para beneficio nuestro ahí reflejamos a cristo.

Por eso debemos seguir el mandamiento de Pablo y saludarnos los unos a los otros, porque tiene muchos beneficios, nos hace sentirnos en familia, amados y nos hacer reflejar a Cristo.

Cuando el tiempo libre no es una opción (o como hacer nuestra vida extraordinaria).


Aprovechad el momento y haced que vuestra vida sea extraordinaria.

Llegamos al final de esta serie de ocho artículos sobre el joven cristiano y el trabajo, donde empezamos recordando el papel del trabajo en la vida de un hijo de Dios seguimos viendo la importancia de la toma de buenas decisiones en la época de la adolescencia para continuar con la situación actual de inestabilidad, precariedad y desempleo que se han convertido en una maldita terna que ahoga la vida de miles de jóvenes en nuestra sociedad, pero también en nuestras iglesias.

En la archiconocida historia del Señor de los Anillos, hay un personaje obsesionado con un objeto. Una obsesión enfermiza que le consume, por una parte odia este objeto, pero por otro lo desea con todas sus fuerzas, hasta el punto de arriesgar en múltiples ocasiones su vida. Este personaje es Gollum y su obsesión es un anillo de oro.

De la misma forma que el ser Gollum, para muchas personas perder el trabajo puede significar perder ese tesoro que le da sentido a su vida. Una de los primeros sentimientos que vienen al corazón de la persona que está en paro es el de sentirse fracasado e inútil, porque sienten que han perdido su función en el mundo.

Una desmesurada importancia del trabajo nos puede hacer caer en la idea de que nuestra propia realidad desaparece cuando nos dan la carta del despido. Nos faltan los objetivos, metas y retos que el día a día de un trabajo plantea. Por eso es tan importante plantear la “obligación” de estar en paro como un momento para ponernos nuestras propias metas y nuestros propios retos.

La depresión propia del despido nos puede llevar a sentirnos tan inútiles que nos paralicemos, muchos jóvenes que no tienen trabajo se convierten en lo que se denomina socialmente los ninis obligatorios, los que no estudian, porque ya acabaron su formación o no tienen medios para ello, ni trabajan porque no encuentran un trabajo, o han perdido el que tenían.

Hay normas laborales en la Biblia, sobre las relaciones jefe-empleados, sobre la integridad en el puesto de trabajo, ¿pero qué dice la Biblia acerca del paro, acerca del tiempo sin trabajar? En realidad la problemática de la falta de trabajo es una de los mayores lastres de la época moderna, la Biblia no refleja el tema, pero si nos da una serie de principios que nos son útiles a la hora de plantearnos que hacer en esta época de nuestra vida en la cual no tenemos acceso a un puesto de trabajo:

1. Aprovecha bien el tiempo: “Así que tengan cuidado de su manera de vivir. No vivan como necios sino como sabios, aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos.” Ef. 5:15-16

En la película El club de los poetas muertos el profesor John Keating (Robin Williams) pone a sus alumnos en frente de una vieja vitrina de trofeos donde hay una serie de fotos de los jóvenes que consiguieron aquellas victorias. Todas fotos de personas ya fallecidas, ante estas fotos el profesor les ordena acercar a sus imberbes caras a los retratos mientras les susurra “Carpe diem. Aprovechad el momento chicos, haced que vuestra vida sea extraordinaria”.

La Biblia no usa esa manida y desvirtuada locución latina, Carpe diem, pero sí nos incita a que seamos inteligentes con el mayor tesoro que tenemos. La gente es capaz de hacer cosas extraordinarias y terribles por cosas como el poder, dinero, éxito, pero hay algo que por mucho que nos esforcemos nunca podremos ganar, el tiempo.

Todos nacemos con un tiempo contado, podemos ponernos en las mejores manos que nuestro dinero pueda pagar, pero la realidad es que hay ricos que mueren a los 40, como el actor de Hollywood Paul Walker mientras que otras personas con menos recursos pasan de los 100. Por eso el tiempo se convierte en un tesoro que debemos cuidar y como las mejores fortunas debemos saber invertir.

Aprovechar al máximo cada momento no nos habla sólo de placer, si no de cumplir la voluntad de Dios en todo momento. Estar deseosos de hacerlo, literalmente morirse de ganas de obedecer lo que nuestro Padre ha puesto en nuestro corazón.

2. Establecer un orden de prioridades:“Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos.” Mr. 12:30-31.

Cuando tenemos un trabajo y nos vemos volcados en él se puede dar un periodo en el cual se nos inviertan las prioridades en nuestra vida, cosas que no deberían haber subido en nuestra pirámide ocupan los primeros puestos y otras que no debería haber bajado casi ni aparecen. Pueden cambiar las posiciones, pero nunca desaparecen porque el ser humano tiene prioridades, fijaos que no he dicho necesita sino tiene, porque realmente son algo innato en nosotros. Pero por muy innato que sea es importante dedicar tiempo a ordenar ese cuarto patas arriba que en ciertas ocasiones se puede volver nuestras prioridades.

Jesús nos deja claro cuales son las dos principales, y siento desilusionarte, pero en las tuyas no apareces tú, ni yo en las mías. En primer lugar está el que no puede faltar, Dios. Es un tópico lo sé, es muy espiritual decirlo, lo sé. Pero la realidad es que si Dios no tiene el primer lugar en las prioridades da igual el resto, has perdido el rumbo.

La segunda es sorprendente, en mitad de un mundo que busca la realización personal, el autoplacer y la satisfacción propia Jesús llega y dice “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. La segunda prioridad de un cristianos son todos los demás. Nuestra pareja, nuestras familia, nuestra iglesia, nuestros compañeros de trabajo, nuestros vecinos. Por eso debemos dedicarles tiempo y tiempo de calidad, porque ellos son tu segunda prioridad.

3. Glorifica a Dios en todo momento:“En conclusión, ya sea que coman o beban o hagan cualquier otra cosa, háganlo todo para la gloria de Dios.” 1 Cor. 10:31

Uno de los mayores males que ha sufrido la iglesia en estos 21 siglos de existencia ha sido la separación entre lo secular y lo espiritual. Como si en la vida de un hijo de Dios pudiéramos tener un interruptor que nos hiciera cambiar de modo, ahora estoy modo cristiano, ahora no. La realidad es que la Biblia nos anima a que todo lo que hagamos lo hagamos como alabanza, como una ofrenda. Si nos planteamos que todas nuestras actividades son maneras de dar gloria a Dios nuestra perspectiva de ellas cambiará.

Puede que cuando dejamos una rutina de trabajo a la que estábamos acostumbrados nos resulte difícil motivarnos para encontrar otras. Podemos caer en la desgana de hacer tareas que antes no podíamos por los horarios como hacer las tareas domésticas, ir a la compra, o ayudar a familiares.

Pero cuando consideramos esta ayuda como una forma de dar gloria a Dios, nuestra motivación cambia, dejamos de ir al súper porque si no “no salgo de casa en toda la mañana” a ir al supermercado porque así puedo hacer contacto con personas de mi vecindario y poco a poco dar testimonio de mi fe. Dejamos de limpiar la casa porque me toca a limpiar la casa para que nuestra familia esté cómoda y tenga un sitio decente donde vivir. Dejamos de quejarnos por hacer algo y lo hacemos con gusto y gratitud porque es una forma de expresar agradecimiento a un Dios que nos cuida a pesar de nuestra situación sin empleo.

4. Reflexionar acerca de los que nos hace esforzarnos. “Si alguien construye sobre este fundamento, ya sea con oro, plata y piedras preciosas, o con madera, heno y paja, su obra se mostrará tal cual es, pues el día del juicio la dejará al descubierto. El fuego la dará a conocer, y pondrá a prueba la calidad del trabajo de cada uno. Si lo que alguien ha construido permanece, recibirá su recompensa, pero si su obra es consumida por las llamas, él sufrirá pérdida. Será salvo, pero como quien pasa por el fuego.” 1 Co. 3:12-15

El fuego es símbolo de purificación, los sacrificios eran pasados por fuego, en este texto el fuego deja a descubiertos cuales son las buenas obras de los hombres (oro, plata y piedras preciosas) y cuales son banales (madera, heno y paja) estas últimas no pasan la prueba del fuego, mientras las primeras permanecen. Este texto debe hacernos meditar en laimportancia de invertir el tiempo en actividades que valgan la pena.

Bronnie Ware, un enfermera británica nos enseñó en un libro, que ha dado la vuelta al mundo, cuales son las cosas que los seres humanos lamentamos antes de morir y curiosamente, o no tan curiosamente, no existe ningún bien material en ellas. Todas estas lamentaciones son cosas que permanecen:

1. Ojalá hubiera tenido el coraje de vivir una vida fiel a mí mismo.
2. Ojalá no hubiera trabajado tan duro y hubiera estado más tiempo con mi familia.
3. Ojalá hubiera tenido el coraje para expresar mis sentimientos.
4. Me hubiera gustado haber estado en contacto con mis amigos.
5. Me hubiese gustado permitirme a mí mismo ser más feliz.

¿Qué quedaría en la hoguera de mi vida? Estas personas no tuvieron otra oportunidad de vivir, porque todas ellas murieron al poco de expresar sus quejas. Pero nosotros tenemos la oportunidad de decidir en que vamos a esforzarnos ¿en oro, plata y piedras preciosa, o el combustible para el fuego?

Aprovechad el momento y haced que vuestra vida sea extraordinaria

La familia en tiempo de crisis (o la eterna red).


Sexto artículo de la serie «el joven cristiano y el trabajo» publicado en Protestante Digital.

La familia en el tiempo de la crisis
Con 31 años Carlos tuvo que volver a casa de sus padres tras quebrar, en 2009, la pequeña empresa que había montado. «Por suerte la familia siempre está para apoyarle a uno», señala. (1)

Quizás sea por nuestro origen, nuestra cultura más cálida y acogedora, pero en España, el papel de la familia siempre ha sido fundamentalpara la existencia del individuo. Esta característica de la sociedad la compartimos con los países del sur y del este de Europa en contraste con la clase de familia más débil que predomina en el norte y oeste del continente, en el mundo anglosajón y protestante, aunque nos pese, donde el valor del individuo y del individualismo tiende a primar sobre las lealtades de grupo.

No es mi tarea con este artículo debatir acerca de los distintos sistemas familiares, sino destacar las profundas raíces históricas, con tendencia a cierta impermeabilidad a las fuerzas de cambio, de esta institución que hoy en día sirve de paraguas a gran cantidad de jóvenes, entre ellos mi mujer y yo, que debido a la situación de crisis actual debemos recurrir a los recursos de nuestros progenitores para poder sobrevivir sin muchas estrecheces. Una vez más queda demostrado que ante las dificultades la familia acaba siendo laprincipal fuerza social, por encima del estado y de las ONG´s. No resulta sorprendente, pues, que en momentos de crisis de instituciones, de valores y de la sociedad, la familia brille como una institución sólida y digna de confianza. Se trata de una institución que existe básicamente al margen de las políticas, del sistema político, de las clases sociales y de la economía predominante.

La familia actúa como amortiguador en tiempos de crisis. Su papel está probado y ayuda a sobreponerse a las dificultades, y sin embargo, esa relevancia no encuentra siempre reflejo en los medios de comunicación ni un apoyo proporcionado por parte de las instituciones y las grandes empresas.

La familia se acaba convirtiendo en un ser vivo autónomo que provee vida y protección a sus miembros y que prepara a los miembros más jóvenes para fundar nuevas familias que sean lugares útiles para sus miembros.
Pero desde la llegada de la crisis a este país la realidad es que los jóvenes cada vez abandonan más tarde la convivencia familiar. Esto puede parecer una contradicción, casi antinatural, que en esa etapa de juventud donde las hormonas nos piden independencia, donde las ganas nos pide buscar fundar nuestra propia realidad de la misma forma que lo hicieron nuestros padres antes que nosotros y nuestros abuelos antes que ellos, muchos jóvenes estén volviendo a casa de sus padres debido a que les resulta imposible vivir por ellos mismos. Desde el año 2008 a la actualidad, el 20,7% de los jóvenes entre 16 y 29 años emancipados, más de medio millón de personas, han tenido que volver a casa en lo que ya se denomina la gran desemancipación.

 “Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echósobre su cuello, y le besó.”  Lc. 15:20

La conocida parábola de Jesús sobre el hijo pródigo nos cuenta varias historias en apenas 20 versículos, por un lado el ingrato e ingenuo hijo pequeño que decide derrochar el dinero de su padre, por otro el inflexible y nada misericordioso hijo mayor, el cual no es capaz de perdonar lo que hizo su hermano. Pero en el momento cúlmen del relato de Jesús vemos a la figura que da sentido a toda esta parábola, el Padre, que apenas ve a su hijo a lo lejos, ve el sufrimiento de este y se lanza a acogerlo a pesar de todo lo malo que había hecho.

La familia cumple este papel, la eterna red salvadora para sus propios individuos. Puede ser con apoyos económicos puntuales, con algunas facturas o gastos extra o pueden ser apoyos económicos más habituales e incluso acogiendo en la propia casa de los padres a esos hijos que hace unos años decidieron dar el “temerario” paso de irse de casa para intentar llevar una vida independiente.

Volviendo a la parábola desde el punto de vista del padre es una muestra de amor, incluso se alegra de tener la oportunidad de ver a diario a su hijo. Pero desde el punto de vista del hijo es una humillación, en este caso por la pesada mochila de desobediencia, rebeldía, falta de respeto, falsos amigos y errónea visión de vida que le lleva a tener que volver a los brazos de su padre.

 En la actualidad los jóvenes que se ven obligados a volver al abrigo de a familia de origen pueden pasar por esta vergüenza, no por haber hecho algo mal, sino por la frustración del que lo intenta pero no lo consigue. Para la generación mejor formada de la historia de España la esperanza de poder tener unos ingresos que le llegue para cosas que hasta hace unos años considerábamos tan básicas como comprarse un piso parece una utopía, cuando no una tomadura de pelo.

“Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.” Gn. 2:18

Cuando Dios crea a Adán nace al ser humano, cuando aparece a Eva crea a la familia, las relaciones. Dios no crea a Eva en último lugar porque se le hubiese olvidado sino que la crea para dar sentido a la familia: “ayuda idónea”. El plan de Dios para la familia es que sea la ayuda para cada uno de los miembros que la componen. El individuo necesita del colectivo para su existencia. El colectivo debe esforzarse para ser ayudar idónea al individuo.

Pero que sea el plan de Dios no nos exime a nosotros de nuestra responsabilidad humana de cuidar de nuestras familias, de esforzarnos porque se mantengan sanas, de que sean útiles y que produzcan beneficio en las personas. Cuando no cuidamos de la familia se ven situaciones como la de Jacob, animado por su madre a engañar a su padre, perseguido por su hermano, engañado por su suegro, siendo objeto de confrontación entre sus mujeres, engañado por sus hijos y teniendo que dar por muerto al hijo que tanto amaba.

Cuando cuidamos de nuestras familias estas se convierten en la base, en la eterna red para todos aquellos jóvenes caídos en el combate de abrirse camino en una época difícil, una época donde resuenan los ecos de un futuro próximo que resultó ser mentira.

Sorprendentemente, para todos aquellos que veían en el declive irremediable de la familia una especie de mandato histórico y fuente de liberación de las personas, la familia hoy está más presente en la vida de los españoles que nunca. En realidad, nunca ha dejado de ser una de las claves de la vida del país.

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[1]  http://www.publico.es/espana/415905/mama-he-vuelto-a-casa
[2]  http://politica.elpais.com/politica/2012/03/23/nimileurista/1332522742_896121.html

El final del desierto.


Tercera entrega de nuestra serie de artículos sobre el joven y el trabajo donde empezamos planteándonos  qué era el trabajo y que significado tenía en al vida del cristiano . Seguimos hablando de  lo adecuado de tomar buenas elecciones en la adolescencia , época de decisiones que marca nuestros futuro laboral. Pero una vez acabada esta etapa de formación, a veces de idealismo típico de la juventud, nos acercamos a la frontera, en ocasiones al precipicio, de tener que desenvolvernos en la vida laboral.

Existen ciertos días que se agarran a nuestra piel y se impregnan en ella para no abandonarnos el resto de nuestra vida, suelen ser momentos clave que marcan el fin de una época y el comienzo de una nueva como el día que nos enamoramos por primera vez, el día de nuestra boda, cuando nos convertimos en padres o en el que perdemos a un ser realmente querido. Son días de emociones, pero también de cierta incertidumbre ante este abismo que se abre ante nosotros llamado futuro.

Para llevar a cabo esta labor Israel necesitaba un líder a la altura de estas circunstancias, ¿Pero cuál era el curriculum de Josué?

El día que terminamos nuestros estudios es uno de estos importantes momentos. Por un lado es un época de cambio de juventud a la edad adulta, por otro lado es una búsqueda, o un intento, de independencia de la familia de origen.

Muchos jóvenes viven esta época a mitad de camino entre el éxtasis y el temor. El éxtasis de competir y comerse el mundo al sentirse muy preparados, quizás por la comparación con generaciones pasadas. Pero también el temor de no saber quién le puede ofrecer un hueco en una empresa para empezar a comerse el mundo. Esto último se viene acentuando en España por la situación agónica que nos encontramos donde  casi la mitad de los recién titulados no encuentran trabajo  y los pocos que tienen suerte de hacerlo es gracias a las becas que gobiernos y diputaciones son capaces de ofrecer.

No en pocas ocasiones antes de esta ansiada oportunidad el joven debe pasar por el desierto de la frustración de buscar y desear un trabajo y no encontrarlo. De redactar cientos de curriculums sabiendo que la mayoría acabarán en pilas de cientos de curriculums de los cuales sólo uno saldrá elegido. De recibir la consabida respuesta de “ es que no tienes experiencia ” a sabiendas que nunca la tendrás si nadie te ofrece una oportunidad. Pero un día, de una forma u otra, llega la oportunidad.

 Y llamó Moisés a Josué, y le dijo en presencia de todo Israel: Esfuérzate y anímate; porque tú entrarás con este pueblo a la tierra que juró Jehová a sus padres que les daría, y tú se la harás heredar. ” Dt. 31:7.

Josué es elegido para un nuevo trabajo. Después de cuarenta años vagando por el desierto, cumpliendo el castigo por algo que él no había cometido, todo lo contrario, Josué es elegido para dirigir al pueblo de Israel ante la próxima ausencia de Moisés. Con el ascenso de Josué empieza una nueva etapa en la vida de este pueblo que había salido años atrás de Egipto con la promesa de una tierra donde fluía leche y miel . Pero que por culpa de su propio pecado se vio abocado a ver como una generación enterca caía en el desierto.

A pesar de que el desierto fue duro la realidad es que la conquista de Canaán no iba a resultar para nada fácil.  Había naciones viviendo allí  que no estaban dispuestas a ceder su territorio sin luchar y ante las cuales el pueblo de Israel no podía dejar con vida, sino que tenía que exterminar.

Para llevar a cabo esta labor Israel necesitaba un líder a la altura de estas circunstancias, ¿Pero cuál era el curriculum de Josué?. Lo primero que podemos apreciar en su vida es la integridad (Nm. 13:30 ). La integridad personal es Josué le lleva a contradecir a todo el pueblo cuando se quieren echar atrás en la entrada misma de Canaán y volverse a Egipto.

Josué pudo ser apedreado por oponerse al pueblo en su decisión, pero su integridad le llevó a oponerse a algo que considera incorrecto. La integridad en el puesto de trabajo puede llevarnos al abismo de volver al de nuevo al desierto de la falta de empleo, no son pocas las empresas que incitan a sus trabajadores a saltarse normas éticas y directamente la ley amenazando con la excusa de que si no lo hacemos habrá veinte personas en la cola del paro que quieran hacerlo.

Pero la realidad es que la integridad es una roca a la cual debemos aferrarnos y no soltarnos. Uno de los peores males que sufre nuestro país es esta falta de integridad que tiene su máxima expresión en todos los casos de corrupción política que nos rodea (que gran ejemplo son para nosotros “ nuestros políticos ”, gente como José o Daniel) corrupción que brota hoy en día como el agua de la alcantarilla en un día de fuerte tormenta. Ante esto el joven cristiano debe esforzarse por ser ejemplo, muchas veces cuando hablamos de testimonio pensamos sólo en evangelismo, pero nuestra vida debe dar testimonio del comportamiento de un hijo de Dios en el puesto de trabajo.

Una de las tareas de la Iglesia es propagar la ética de Dios en la sociedad. Una de estas características debe ser un integridad que nos lleve como a Josué a enfrentarnos aunque sea contra todo el pueblo por defender la verdad.

Otra característica de Josué fue la valentía(Ex. 17:8-16 ). Pero esta valentía no es bravuconería barata sino seguridad en la dirección en que va nuestra vida. Josué era valiente dirigiendo militarmente al pueblo porque sabía que Moisés estaba intercediendo por ellos. Cuando hacemos las cosas ordenadas podemos ver la mano de Dios obrando y sentir la seguridad de que estamos donde Él nos ha querido poner.

Cuando entendemos cual es la función del trabajo en nuestra vida, cuando oramos a Dios por un puesto de trabajo, cuando entendemos que Dios nos ha dado este puesto y que quiere que estemos aquí podemos ser valientes y estar seguros donde estamos de la misma forma que Josué estaba seguro cuando sentía que estaba cumpliendo la voluntad de Dios al enfrentarse contra Amalec.

Otro aspecto importante en el “ currículum ” de Josué para poder hacer su trabajo de manera excelente fue aprender en la sombra de la experiencia. Josué pasó varios años aprendiendo de Moisés, de su liderazgo, de su forma de dirigir al pueblo, de tratar con Dios.

De la misma forma debemos usar los primeros años de nuestra vida laboral para cobijarnos en la sombra de la experiencia de personas que llevan más tiempo que nosotros es la manera de aprender y crecer. Podemos salir de una buena universidad con un buen expediente pero debemos  aprender a aprender  bajo la sombra de la experiencia de personas que, igual con menos estudios que nosotros, tienen esa experiencia y saber hacer que al final son los que marcan la diferencia a la hora de un trabajo bien hecho.

 Aconteció después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés, diciendo: Mi siervo Moisés ha muerto; ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. ” Js. 1:1-2

Pero llega el día donde el que aprendía en la sombra debe tomar el mando. Josué pasa de ser el aprendiz a ser el que tiene que dirigir a un pueblo en guerra continua. Josué se convierte en el líder total del pueblo, política, militar y socialmente. De la misma forma los jóvenes debemos crecer allí donde estemos con la mente puesta en ocupar nuestro lugar tirando del carro cuando sea necesario.

Quizás nos pasemos años pensando que no somos lo suficientemente valorados, pero toda experiencia es poca ante el reto de tener que “ conquistar Canaán ”.

Los inicios nunca son fáciles, se suele decir, y mucho menos hoy en día donde sobra mano de obra inexperta, pero debemos aprovechar este tiempo de llegada a la tierra prometida para captar toda la experiencia posible, marcar patrones que definan nuestra vida laboral como la integridad y la valentía, con la cabeza siempre puesta en que un día nos tocará a nosotros luchar y servir de aprendizaje para otros.

Al este del Edén (o el lugar donde el trabajo perdió su sentido).


Este artículo es el primero de una serie sobre la realidad del trabajo y los jóvenes cristianos en la España actual. Esta serie podéis seguirla en la página Protestante Digital.

Las sociedades son comunidades de individuos que en forma colectiva funcionan como un sólo ente. E igual que los individuos que lo forman, estas sociedades pasan por experiencia “ humanas ” como pueden ser, felicidad, autoengaño, histeria e incluso enfermedad.

En la sociedad española existe una enfermedad con la que llevamos años luchando y al paso que vamos probablemente se acabe convirtiendo en endémica, esta enfermedad es el paro. Decimos endémica, porque parece que España lleva conviviendo con él toda la vida, como las malas parejas ni se quieren ni se dejan de querer. La falta de trabajo es nuestra mayor preocupación y a la vez nuestro mayor lastre.

Al este del EdénMi generación, los que nacimos en los 80, la generación que hemos pasado nuestros primeros años de vida laboral en el inicio de esta crisis ( de aquella aún era una desaceleración ) se ha visto abocada a una realidad en la que  más de la mitad de nosotros no tenemos un trabajo  remunerado o si lo tenemos es tan precario que a muchos de nuestros familiares y amigos les asustan nuestra condiciones, aunque nosotros nos aferremos a él con la sensación de haber encontrado “ mi tesoro” .

La serie de artículos que iniciamos esta semana trata sobre el tema del trabajo y el joven cristiano. Porque aunque repitamos el famosos versículo de que “ nuestro reino no es de este mundo ” la realidad es que vivimos en este mundo, trabajamos en este mundo y ganamos un sueldo, o por lo menos eso intentamos, en este mundo. Porque en estas circunstancias que muchas veces son desesperadas nos asaltan dudas como ¿Cuál es la función del trabajo en la realidad de un joven cristiano? ¿Estamos fallando a Dios al no trabajar? ¿Cuál es el propósito de Dios con el trabajo? ¿Cómo sentirnos completos si no tenemos opción expresarnos, realizarnos o crecer con nuestro trabajo? ¿Cómo afrontar la independencia de nuestros padres sino podemos mantenernos? ¿Cómo afecta la falta de empleo a la vida normal de una pareja que desea evolucionar de noviazgo al matrimonio?

Empezaremos en este primer artículo con la base, con el principio. ¿Quiere Dios que trabajemos? ¿Es el trabajo una bendición o una maldición?

Cada obra está impregnado por lo que el autor que la ha creado es, por su esencia. Lo mismo pasa con Dios. El ser humano fue creado a semejanza de Dios. Dios nos ha creado con sus atributos, vida, justicia, amor, misericordia. Somos el ser de la naturaleza que más características de Dios presenta.

Una de estas características, y la primera de ellas que aparece en su relación con Dios, es el trabajo. Cuando abrimos la Biblia vemos a Dios trabajando, desde el comienzo del Génesis Dios está planeando “ Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”  (Gn. 1:26), trabajando “ creo Dios los cielos y la tierra”  (Gn. 1:1) y evaluando “ vio Dios que era bueno “  (Gn. 1:10). A lo largo de toda la Biblia, nunca lo vemos inactivo o parado, sino que siempre se muestra en una actitud proactiva, sobre todo en hacer volver a su pueblo a Él.

Dios mismo creó al ser humano con esta capacidad del trabajo, eso quedó claro al poco de la creación del hombre, donde lo primero que recibió, a parte de instrucción fue una tarea, cuidar el huerto, un trabajo que Eva y Adán cumplían a la perfección.

Pero Satanás distorsionó la realidad, para engañar adulteró las palabras de Dios. En cuanto Eva y Adán cayeron este adulterio se trasladó a cada una de las facetas de su vida: la espiritual (rota su relación con Dios), la matrimonial (Adán se iba a hacer dueño y señor de Eva, rompiendo la relación de igualdad que había), la familiar (los hijos iban a ser paridos con dolor por Eva), la natural (toda la naturaleza queda bajo maldición por culpa del ser humano) y la laboral (ahora el trabajo produciría dolor).

Desde ese momento, en el cual el ser humano debe irse al este del Edén, la perspectiva del trabajo y de la relación del ser humano con él queda totalmente distorsionada. Dios, el trabajador supremo, creo el trabajo como un regalo para la mujer y el hombre, una forma de ser un siervo eficaz de Dios y darle gloria, como toda la naturaleza hacía. Sólo la intrusión del pecado hace que esa perspectiva se desmorone y lleguen los  cardos  y las  espinas  (Gn. 3:18). Si el trabajo es considerado hoy en día como algo que hace sufrir y que sólo sirve por la gratificación económica o para alcanzar un status superior es por culpa del pecado, no por causa del regalo de Dios que fue tener una tarea.

 Nada en el universo se parece más a Dios que el trabajador. (Ulrico Zwinglio ).

 La reforma protestante rescató este concepto bíblico del trabajo, hasta ese momento ahogado por siglos de platonismo dentro de la Iglesia Católica, donde el trabajo manual era algo desechable del mundo material que había que rechazar, y por lo tanto sólo hacían las clases más bajas e ignorantes, en pro de la oración, estudio y meditación pertenecientes al mundo espiritual y más cercanas a Dios, por lo cual eran tareas realizadas por las clases más altas, clero y nobleza.

Los reformadores resaltaban la idea de que el ser humano es un ser integral, por lo tanto se enfatiza la unión entre lo secular y lo religioso al contrario de las ideas religiosas católicas; así, Dios, el trabajo y el dinero, como otros elementos, son parte del ser y no deben tratarse por separado, pues todos ellos integran al mismo ser en unidad. Todos son dones de Dios que el hijo debe usar para dar gloria a su Padre. Debemos asimilar que nuestro trabajo, aunque pensemos que no tiene que ver mucho con “ las cosas de Dios ” es una herramienta en sus manos que puede ser usada para honrar y darle gloria igual que orar, leer la Biblia o predicar.

“Creo que Dios me hizo con un propósito, para la China. Pero también me creó con el talento de la velocidad y cuando corro, siento Su placer” Eric Liddell Carros de fuego .

Hoy en día consideramos trabajar al concepto cuadrado, de un contrato con un horario y un sueldo a fin de mes. Pero realmente trabajo es el esfuerzo creativo por concebir algo donde antes no existía como un medio de expresar nuestra propia naturaleza, para dar gloria a Dios y ser felices.

Si nos preguntásemos que es lo que nos hace felices, muchas de las respuestas serían trabajo, pero sin el corsé de un horario, una nómina o un jefe. Cosas como cuidar un jardín, escribir un libro, componer canciones, ser monitor en un campamento de niños, ser profesor de la escuela dominical, o simplemente correr unas olimpiadas (como Eric Liddell), son tareas que nos llenan de felicidad por la satisfacción evidente que transmite, pero que muchas veces no las consideramos como trabajos, por el mero hecho de no ser remunerados económicamente, pero sí que reflejan ese propósito que Dios nos dio de realizarnos mediante el trabajo y el esfuerzo. Dios mismo disfrutó creando el mundo, el se paraba cada día delante de lo que había hecho y sentía satisfacción.

Cuando hacemos un trabajo que nos gusta y lo finalizamos de una manera excelente, esa sensación es un eco de la verdad de que los seres humanos han sido creados a la imagen de Dios. Este eco no solo resuena en la vida de personas cristianas sino también en cada ser humano que siente satisfacción con la obra de sus manos.

Los cristianos no debemos plantearnos el trabajo como una carga sino como una forma de vida consecuente con nuestra naturaleza. El objetivo de la vida del cristiano es dar gloria a Dios, por lo cual el objetivo del trabajo es dar gloria a Dios. De la misma forma que Eva y Adán tenían un propósito para su vida, el cual fracasaron estrepitosamente. Dios tiene un propósito para nuestra vida y no se va a lograr sin esfuerzo sino que necesitamos trabajar y esforzarnos en él.

La Biblia está llena de personas que se esforzaron hasta lo último por hacer su labor, aunque esta nunca fuera remunerada(José, Moisés, Samuel, Jeremías…). Debemos seguir su ejemplo, buscar la voluntad de Dios en nuestras vidas y esforzarnos allí donde Dios nos ponga, sea en una empresa, la familia, una ONG, la iglesia o en nuestra sociedad, porque cuando trabajamos reflejamos a Dios y le damos gloria.

El precio de seguir a Cristo.


Existe una corriente de pensamiento, que quizás es mayoritaria en la sociedad occidental actual, que dice que aceptarse a uno mismo y a los demás con sus ideas y formas de vida es algo imprescindible a la hora de desarrollar una autoestima equilibrada y por ende funcionar en la sociedad de una manera responsable. Las personas que no se aceptan a sí mismas son consideradas por demás individuos como personas intolerantes o arcaicas, como provenientes de otro mundo.

Es curioso que ante esta idea de la aceptación tan generalizada en la sociedad de hoy en día Jesús planteo otra distinta, pero indispensable, en la Palabra de Dios.

Si alguien quiere venir en pos de mí nieguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” Lc. 9:24

La imagen que Jesús emplea aquí para ilustrar el acto de obedecerle y seguir sus mandamientos en la relación Maestro/Discípulo, muchos discípulos de Jesús le seguían literalmente tras él a lo largo de su ministerio. Ninguno de los discípulos seguía a Jesús obligado, algunos lo hacían por interés, pero a lo largo del ministerio de Jesús va dejando claro quienes lo seguían de corazón y quienes no.

Negarse nos habla en un principio de voluntariedad Jesús no obliga a nadie a seguirle y nadie puede ser obligado a tomar una cruz si no quiere hacerlo. Desde el huerto del Edén los hombres hemos tenido libertad de decisión acerca de Dios, podemos elegir obedecerle o no. Dios en su gran misericordia nunca ha dejado al hombre sin la libertad de la elección. De la misma forma ni la familia, ni la iglesia pueden obligar a nadie a seguir a Cristo.

Pero esta decisión voluntaria implica otra acción a realizar, que es la “negarse a sí mismo” Aquél que se niega a sí mismo abandona toda confianza en lo que uno es por naturaleza, y depende únicamente de Dios. Negarse nos habla de renunciar a nuestros propios intereses y ambiciones, metas e ideas, todas ellas legítimas para ponerlas todas a pies de Cristo. Tenemos una definición perfecta de esta negación en Flp. 3:7-11 Pablo considera todo como pérdida por amor a Cristo, estimar todo como pérdida no es que menospreciemos lo que tenemos o lo que logremos alcanzar, sino que demos el primer lugar a Dios.

Después de negarnos a nosotros mismos debemos tomar nuestra cruz. La idea es la de un condenado llevando su propia cruz al lugar de ejecución. Sin embargo, lo que el condenado hace por obligación el discípulo de Cristo lo hace de buena gana. Voluntaria y decididamente acepta el dolor, la vergüenza y la persecución que va a ser su porción particular debido a su lealtad a Cristo. Un chico toma su cruz cuando, sabiendo que lo que le esperan son burlas y menosprecio, reconoce delante de sus compañeros de clase que él ama a Cristo, un misionero toma su cruz cuando a sabiendas de que pueden matarlo decide ir a predicar a un grupo étnico sin alcanzar una familia toma su cruz cuando acepta que uno de sus hijos parta a otro país a trabajar en la obra de Dios y no lo lleva con rencor sino con agradecimiento y con amor.

Finalmente, debe comenzar a seguir a Jesús y perseverar en ello. Ser discípulo no es un trabajo en el cual entrar a una hora y sales para irte a casa a estar con tu familia, ser discípulo es una vida. No hay horarios, los seguidores de Cristo lo son las 24 horas del día.

Y este es el panorama que les pinta Jesús a los que quieren seguirle, la verdad es que como plan de marquetin igual no es muy bueno, sígueme y renuncia a todo lo que eres, sígueme y ganarás vergüenza y puede que te persigan, no es algo que la sociedad esté dispuesta a aceptar de buenas a primeras, ni era algo dispuesto a ser aceptado por los conciudadanos de Jesús.

     El que no cedió el primer lugar: Mr. 10:17-31.

Negarse a sí mismo implicaba ceder el lugar de más importancia en la vida de este hombre, que era el dinero y dárselo a Dios. Jesús le da en el talón de Aquiles a este hombre. Evidentemente Jesús no está diciendo que todas los ricos deban vender todas sus riquezas y dárselas a los pobres, no se lo pidió a Abraham, por ejemplo, ni a Job, pero sí estaba pidiendo algo que le pidió a Abraham y a Job y eso es el primer lugar en la vida. Cuando Dios le pide a Abraham que sacrifique su único hijo, realmente le estaba pidiendo que demostrara que era los más importante es su vida, obedecer a Dios o su hijo.

Cuando Satanás se presenta ante Dios por la vida de Job la discusión es esa “Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia.” Jb. 1:11. Pero vemos como a pesar de todo Job no blasfema contra Dios ni deja de respetarle.

¿Le damos a Dios el primer ligar en nuestra vida? ¿si Dios nos pidiera sacrificar cualquier cosa en nuestra vida lo haríamos? Pueden ser posesiones materiales como el el caso de este joven o de Job, puede ser otra persona como el caso de Abraham, puede ser nuestro trabajo, nuestra iglesia. No pensemos que todo lo que intente usurparle a Dios el primer puesto van a ser cosas malas, todo lo contrario suelen ser las buenas, las que le damos mayor importancia, pero seguir a Cristo es tenerlas por pérdida.

     El que dio largas al llamado:  Mt. 8:21-22.

Hay personas que siempre van dando largas a Dios. En este caso podemos pensar que fue cruel que Jesús no dejara a este hombre ir a enterrar a su padre, pero es que su padre no estaba muerto. La frase “ir a enterrar a mi padre” realmente quiere decir esperar a que mi padre muera. Probablemente porque tenía el deber de cuidarlo en su vejez o porque esperaba que su padre no aceptara ese estilo de vida, entonces prefería no darle el disgusto o no dejarlo solo y cuando se viera libre esta tarea pues seguiría a Jesús. Y aquí vemos otra realidad que puede ocurrir en nuestra vida y es la de darle largas a Dios. Muchos jóvenes sienten el llamado de Dios pero creen que son jóvenes y quieren disfrutar de la vida y prefieren dejar las cosas de la iglesia y de Dios para cuando sean mayores y ahí poder dedicarse en pleno o cuando una pareja es joven dice que no puede dedicarle tiempo a las cosas de Dios y deja de congregarse porque tiene derecho a disfrutar de su familia.

      Los que ‘lo dejaron todo‘: Lc. 5:1-11.

Por el contrario aquí vemos a unos pescadores que siguen incondicionalmente a Jesús. Un grupo de cuatro hombres que al escuchar a Jesús y ver sus obras decidieron dejar todo, familia, trabajo, el respeto de sus vecinos, por seguirlo. Andrés, Pedro, Juan y Jacobo no eran niños, eran hombres con familias tenían muchas excusas para no ir con Jesús, pero decidieron dejar todo en un segundo plano. Unos pocos versículos delante vemos como Mateo fue llamado de la misma forma, y no hubo miradas atrás, no dudaron, no quisieron arreglar las cosas antes, sino que siguieron a Cristo y estos hombre junto a otros 7 más cambiaron el mundo. No fue que supieran más que el joven rico, no fue que se esforzarán más que el que quería enterrar a su padre antes, fue el poder de Dios a través de vidas que le dieron el primer lugar. Y por el echo de renunciar a lo que tenían les fue dado más de lo que esperaban “Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.” Mt. 19:29 Este versículo no nos habla de premio que obtenemos o paga sino de eterno cuidado. Dios siempre suplirá la vida de los que le siguen y si seguirle implica pérdida de familia Dios suplirá esa pérdida de una manera increíble.

Conclusión:

Ser cristiano va ligado a seguir a Cristo y seguir a Cristo va ligado a negarnos a nosotros mismo y a tomar nuestra cruz todos los días. Cojamos a nuestras ideas personales, nuestras ambiciones, nuestros sueños, planes e ilusiones y pongámoslas a los pies de Cristo. Puede que los discípulos antes de seguir a Jesús tuvieran ambiciones o sueños o planes para sus familias pero lo dejaron todo para seguir y obedecer a Cristo. Y pasaron de ser pescadores a ser pescadores de hombres, a cambiar la historia.

No se puede ser discípulos de Jesús si seguimos otras cosas, si la primera prioridad son otras cosas, por muy buenas y legítimas que sean. Que Cristo y su obra sean lo primero en nuestras vidas siempre Amen.