¿Fue justo Dios al endurecer el corazón del Faraón?

¿Fue justo Dios al endurecer el corazón del Faraón?

Cuando nos acercamos al texto del libro de Éxodo para estudiar este tema lo primero que nos llama la atención es que existen los mismos números de pasajes, diez, que afirman que Dios endureció el corazón de Faraón (4:21; 7:3; 9:12; 10:1, 20, 27; 11:10; 14:4, 8, 17) como que fue Faraón quien endureció su corazón (7:13, 14, 22; 8:15, 19, 32; 9:7, 34, 35; 13:15).

Así que podemos afirmar que según el texto tanto Dios como Faraón actuaron endureciendo el corazón del rey de Egipto. Esta doble acción sobre el corazón del Faraón podemos entenderla cuando comprendemos la naturaleza de la acción de Dios y la respuesta de Faraón.

Faraón es un instrumento en la mano de Dios para el cumplimiento de la voluntad divina. La finalidad de Dios, al endurecer el corazón de Faraón, es cumplir el pacto hecho a Abraham. Dios había dicho a Abraham que sus descendientes iban a ser oprimidos en una nación extranjera durante cuatrocientos años (Gén. 15:13) pero que llegaría un momento que juzgaría a esta nación extranjera y que los descendientes de Abraham saldrían de esa tierra con grandes riquezas (Gén. 15:14). De esta manera serían conducidos a la tierra de Canaán donde tomarían posesión de la tierra prometida a Abraham (Gén. 15:16). Dios se había hecho protector del pacto (Gén. 15:1) y por lo tanto el responsable para cumplirlo. Así que el endurecimiento del corazón de Faraón por parte de Dios es sólo un vehículo para traer juicio (las diez plagas) a Egipto a causa de su rey y así cumplir fielmente con el pacto dado a Abraham sacando a la nación de Israel de Egipto y llevándola a Canaán.

Por otro lado el endurecimiento del corazón de Faraón es la respuesta natural de la persona no regenerada ante la exposición de la Palabra (2 Tim. 4:1-5). Cuando Moisés explica que viene en nombre del único Dios verdadero el verdadero y Rey de reyes el rey de Egipto endurece su corazón en rebeldía para no ceder su poder. Su acto endurecimiento rebelde trae más ira de Dios sobre su vida y la nación que gobierna.

Entonces entendiendo esto es natural preguntarnos ¿es justo que Dios condicione a una persona endureciéndola y así evitando que se arrepienta? ¿No es esto un acto de injusticia de parte de Dios? La igualdad de textos donde se nos expresa la responsabilidad de Dios y también la de Faraón dan a entender que éste último no era inocente de su pecado. El castigo que él sufre es debido a su rebeldía contra Dios. Por otro lado Dios es soberano (este es el tema principal de Génesis) creador, Señor y Rey de todas las cosas y por lo tanto tiene autoridad para actuar según le plazca con la vida de todos los seres incluso para quitarles la vida. Así que Dios no peca en ningún momento cuando usa a pecadores para llevar a cabo sus planes sabia y soberanamente.

En conclusión, Dios obró en la vida de Faraón endureciendo el corazón de hombre rebelde que se niega a arrepentirse. Esto no provoca un acto de injustica por parte de Dios porque Él tiene la autoridad sobre toda la creación para obrar como Él quiera, nadie merece salvarse y Dios no tiene porque salvar a nadie. Además Faraón tampoco es una víctima inocente ya que voluntariamente rechaza la Palabra de Dios y sufre el castigo prometido por Dios a los incrédulos.

Instrumentos útiles.


No nos suelen gustar muchos los estereotipos, nos suelen parecer injustos o demasiado generales para una sociedad tan individualizada en la que vivimos. Huimos de ellos. Pero muchas veces los tenemos. Cuando hablamos del pueblo de Israel que salió de Egipto los estereotipos surgen rápidamente. Rebeldes, desobedientes, idólatras, podemos considerar que son justos.

Éxodo abarca una historia intensa pero en un periodo de apenas abarca un año después de la salida de Egipto, nos encontramos con este pueblo desobediente, rebelde, idólatra, que Dios quiso destruir en dos ocasiones y castigado a morir en el desierto, construyendo algo de tanta bendición como el tabernáculo, la antesala del tempo de Dios en mitad de pueblo, un lugar donde habitaba la misma Gloria de Dios (Éx. 40:34-35).

Todos sabemos las historias del pueblo de Israel en el desierto Nm. 14:22-23 cuando Dios sentencia a esa generación a morir en el desierto dice que hasta en 10 ocasiones le habían tentado. Entonces surge una pregunta ¿cómo puede ser que personas tan desobedientes y rebeldes, que miraron directamente los milagros de Dios puedan construir algo de tanta bendición?. ¿Cómo puede salir de un corazón rebelde a Dios algo que le honre? La respuesta la encontramos en el propio capítulo 39 de Éxodo en hasta 9 ocasiones. “Como Jehová lo había mandado” (v.1; v. 7; v. 21; v. 26; v. 29; v. 31; v. 32; v. 42; v. 43).

La diferencia no está en las personas, sino en la obediencia. Quizás quitando a Bezaleel y Aholiab que habían sido llamados por nombre por Dios el resto del pueblo es igual de creativo y trabajador que cuando construyeron un becerro de oro (Éx. 32), pero en aquella ocasión obedecían las palabras del enemigo de Dios y eso trae perdición, ahora obedecen las palabras de Dios y esto trae bendición. Trae bendición a la vida de las generaciones futuras, pero también a la suya (Éx. 39:43).

Este echo que es anecdótico en la vida del pueblo de Israel en el desierto, porque el resto del tiempo fueron un desastre nos ilustra acerca de una realidad en la vida de cada hijo de Dios. Nos habla acerca de nuestra función, nuestra obediencia, de nuestro rol, de lo que hacemos. Porque cuando obedecemos los mandamientos de Dios somos instrumentos en sus manos. Herramientas de Dios para llevar su bendición allí donde él nos mande.

La realidad no es que los cristianos tengamos talentos mayores que las personas que no lo son, no somos mejores que nadie. Pero cuando estamos en manos de Dios y usamos los dones que Él nos da somos como ese pueblo de Israel obedeciendo, capaces de ser de bendición allá donde estamos.

La palabra que mejor lo define es herramienta o instrumento, es la que se usa para definir al apóstol Pablo (Hc. 9:15-16) las cuales no tienen capacidad de decisión por ellas mismas sino que obedecen a una persona que tiene una idea global y absoluta de lo que está pasando (1 Co. 3:6) nos lo muestra claramente, Pablo y Apolos son personas que hacen una tarea concreta, pero es Cristo quien tiene el control de todo para hacer crecer a esa iglesia. Cuando dejamos que Dios nos use como herramientas estamos dejando que unas manos expertas guíen nuestro trabajo con el beneficio último de hacer la voluntad completa de Dios. Como un ebanista en un taller lleno de herramientas. Quizás nuestra parte sea cortar unas maderas, pero es una tarea que el maestro usará para construir un mueble que será útil.

Al fin al cabo cada uno de nosotros somos herramientas en la caja de herramientas de Dios. Pero Éxodo nos enseña que a pesar de poder ser herramientas útiles, podemos convertirnos en herramientas inútiles también. No hay cosa más inútil que una herramienta que no sirve, sólo sirve para ser tirada.

Entonces ¿Qué debo hacer en mi vida para ser una herramienta útil en las manos de Dios ¿qué coste va a tener en mi vida? ? ¿qué implica ser un instrumento útil?

Negar nuestra propia obra (Lc. 9:23): Vivimos en una sociedad que nos anima a que nos realicemos, que encontremos significado a nuestra existencia haciendo cosas que nos definan, que nos hagan estar orgullosos de nuestro paso por esta tierra. En cambio llega Jesús y nos dice que para ser seguidor suyo, para ser discípulo o instrumento suyo lo que hay que hacer es negarse. Renunciar.

Negarse es renunciar a nuestra propia obra. Ya no vamos a construir con nuestras propias herramientas nuestra vida, sino que obedecemos la voluntad de Dios Gá. 2:20 lo expresa como que a no vivo para mí sino que vive Cristo en mi y soy parte de su obra.

Ser herramientas útiles de Dios es cambiar de trabajar en una obra menor donde yo me llevo la gloria a trabajar en obra orquestada por el mayor arquitecto donde Él se lleva la gloria

 

Ser obedientes (Ex. 39:1): Cuando veíamos el ejemplo del pueblo de Israel vemos un claro ejemplo de la diferencia de resultado entre obedecer y ser rebeldes. Cuando el pueblo no obedecía los mandamientos de Dios el resultado era dolor, sufrimiento y muerte. En cambio cuando esa nación pone por práctica los mandamientos de Dios estos se convierten en una fuente de bendición en su vida.

Sal. 128:1 Es un canto de David sobre las bienaventuranzas del que teme a Dios y empieza reconociendo a la persona que anda en los caminos de Dios como bienaventurada. Ser bienaventurado es el estado en que viven las personas pertenecientes al reino de Dios en Mt. 5 cuando Jesús está hablando el sermón del monte declara que todas las personas pertenecientes al reino de Dios son bienaventuradas.

Si queremos ser herramientas útiles en las manos de un Dios que quiere usarnos debemos ser obedientes a sus ordenes, aunque nos las entendamos en ese momento porque nosotros no hemos visto los planos. Quizás no entendamos porque nos toca hacer esta parte del trabajo. Igual no entendemos porque en nuestra vida no llegamos a ver los frutos terminados de nuestro trabajo. Pero si confiamos en las palabras de Dios confiaremos en que hay un plan trazado donde yo soy una herramienta útil que hago parte que se me ha asignado.

 

Buscar la dirección de Dios (2 Cr. 1:7-13): Salomón llega al poder y hereda un país convulso. Aunque su padre se nos es descrito como (Hc. 13:22) un hombre con un corazón conforme al corazón de Dios sus errores, sobre todo con Betsabé, acarrean una final de su reinado marcado por las rebeliones de sus hijos, Absalón y Adonías. En mitad de todo esto Salomón llega al trono y Dios se le aparece y le ofrece un regalo que a ningún rey se le es ofrecido antes “Pídeme lo que quieras que yo te lo daré” (v. 7) el deseo de cualquier persona en mitad de un peligro. Pero la respuesta de Salomón deja entrever cual era su corazón “Dame ahora sabiduría y ciencia, para presentarme delante de este pueblo; porque ¿quién podrá gobernar a este tu pueblo tan grande?” (v. 10) escuchando esta respuesta podemos pensar que sabiduría no le faltaba a Salomón, pero realmente Salomón no está pidiendo ser inteligente, no está pidiendo saber más que el resto. Esta pidiendo el poder de Dios para dirigir a su pueblo de la manera correcta. Realmente viéndolo desde la perspectiva que llevamos toda esta noche Salomón es una herramienta que le está pidiendo a su Maestro, a su dueño que lo guíe para hacer bien su trabajo.

La única manera que el pueblo de Dios puede hacer las cosas correctas es hacerlas a la manera de Dios, no hay otra. Cuando el padre de Salomón decidió hacer las cosas a su manera y en vez de ir a la guerra (2 S. 11) se quedó en casa acabó teniendo que cubrir un embarazo y matando a Urías. Puede parecer exagerado, pero la verdad es que la dirección de Dios es la única que nos puede ayudar a hacer una tarea útil.

Imaginaos que necesitamos cortar los tablones para una estantería y cada uno lo cortamos en una dirección distinta, no sirve para nada, la única manera que sirve es a la manera que el diseñador ha marcado.

 

El amor como marca de trabajo del pueblo de Dios (Jn. 13:34): En el N.T. encontramos en muchas ocasiones esta referencia de los unos a los otros y una de las primeras es este amaos que Jesús les deja a los 12.

El amor es el sistema de trabajo de Dios para su pueblo. Todo queda marcado con ese amor que Jesús tubo. “Como yo os he amado” es una referencia a todo lo que Jesús hizo. Jesús está diciendo, cuando me quedaba enseñando a las multitudes lo hacía por amor, cuando reprendía a los fariseos lo hacía por amor a ellos, para que cambiaran. Cuando alimentaba a los hambrientos, o curaba a los enfermos lo hacía por amor a esas personas necesitadas.

Cuando limpiaba los pies de los 12 sabiendo que uno de ellos lo iba a traicionar y sabiendo que los otros 11 huirían cuando más lo necesitaría eso lo hacía con amor.

De la misma forma para se herramientas útiles en las manos de Dios debemos ser herramientas de amor, donde todas nuestras tareas las hagamos con ese amor que Cristo tenía, porque esa será la marca que nos distinga. De la misma forma que cuando vemos un cuadro, aunque no lo conozcamos podemos intuir de quién es por la forma de la pintura o al ver un mueble intuimos que es de Ikea, de la misma forma el amor es la marca del pueblo de Dios.

 

Éxodo 39 abre ante nosotros un ejemplo a seguir. El ejemplo de la obediencia. Satanás intentará en muchas ocasiones hacernos sentir inútiles pero la Biblia nos enseña que si nos dejamos guiar por las manos del Maestro seremos instrumentos útiles en su obra. No seres instrumentos útiles para mis planes, para lo que yo quiero, quizás no sea instrumento útil para lograr el puesto en la vida que quiero, o lograr que iglesia que yo deseo pero sí seremos útiles en es plan que el ebanista supremo tiene. Sólo en ese momento seremos de bendición para los que nos rodean y para nosotros.