¿Qué es el bautismo del Espíritu?

¿Qué es el bautismo del Espíritu?

El bautismo del Espíritu Santo es la obra por la cual el Espíritu Santo viene a residir en el creyente (Jn. 14:16-17; Hch. 2:38) y lo coloca en unión con Cristo (Gál. 3:27; Col. 2:13) y con la iglesia (Hch. 2:41) en el momento de la salvación.

Esta obra del Espíritu Santo ocurre en el momento de la salvación, no en un momento posterior. Existe una relación directa entre el bautismo del Espíritu Santo y la regeneración y conversión lo cual descarta una experiencia separada entre ambos momentos. Tenemos varios argumentos bíblicos que confirman esta postura:

En primer lugar, el lenguaje del Nuevo Testamento no nos permite distinguir entre ser bautizados en el Espíritu y recibir el Espíritu. Por ejemplo, en Hechos 1:5 Jesús anuncia el día de Pentecostés como la llegada del Espíritu Santo y lo describe como ser bautizados en el Espíritu. Lo mismo vemos con la llegada del Espíritu Santo a los gentiles en casa de Cornelio (Hch. 11:1-18). Tener el Espíritu sobre nosotros, recibir, ser llenos y ser bautizados en el Espíritu son una y la misma experiencia.

En segundo lugar, la universalidad del don del Espíritu fue uno de los puntos principales de la profecía de Joel (2:28-32). El Espíritu sería derramado sobre toda carne y vendría no sólo sobre personas en concreto, como en el Antiguo Testamento. Por lo cual no hay lugar a creyentes que se encuentre en un estado de salvación sin derramamiento del Espíritu Santo en sus vidas.

En tercer lugar, en 1 Cor. 12:13, Pablo explica que todos hemos sido bautizados en un solo cuerpo y se nos ha dado a beber de un mismo Espíritu. Este texto habla de que no hay distinciones en la salvación y que Dios nos ha dado libertad y el Espíritu Santo.

En cuarto lugar, no se puede separar las personas de la Trinidad. Si estamos unidos a Cristo esto implica que estamos unidos a las otras dos personas de la Trinidad. Si alguien recibe al Hijo encontrará que trae consigo, por un lado, a Su Padre y por otro, al Espíritu Santo, no hay posibilidad de desunión entre ellos.

Una posible contraposición diría que en el bautismo del Espíritu Santo hay manifestaciones de dones milagrosos, algo que no suele haber en el momento de la conversión por lo cual son experiencias independientes. Podemos responder señalando que las manifestaciones milagrosas eran apostólicas. Una muestra de que el Espíritu Santo que residía en los Apóstoles y en la primera iglesia era el mismo que en Cristo. Pero Hechos es un libro histórico y por lo tanto sólo descriptivo, no podemos usarlo como base para esa argumentación sino que tenemos que apoyarnos en las epístolas, las cuales no muestras independencia entre la salvación y el bautismo del Espíritu Santo

En conclusión, estar en Cristo significa tener comunión con Él y esto a su vez significa que compartimos plenamente todo lo que Él tiene. Nuestra unión con Él provoca la llegada a nuestra vida del mas precioso de los dones, la morada plena y desbordante del Espíritu Santo. Por lo tanto el bautismo del Espíritu no es independiente de la salvación.

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¿Por qué es la doctrina de la Trinidad un fundamento de la fe cristiana?

¿Por qué es la doctrina de la Trinidad un fundamento de la fe cristiana?

Esta doctrina es fundamental porque es necesario conocer correctamente a Dios y a sus personas para una correcta articulación del resto de la doctrina cristiana.

La doctrina de la Trinidad siempre ha sido importante para la Iglesia. Desde que se sentaron las bases de la doctrina en el concilio de Nicea (325 d.C) nunca han faltado voces que se levantaran en contra de ella. A pesar de esto, en cada generación, la Iglesia ha defendido con valentía la existencia de Dios en tres personas y una misma esencia.

Una confusión en la doctrina de la Trinidad puede llevar a conclusiones erróneas que hagan que la Iglesia malinterprete, por ejemplo, el ordo salutis y por tanto proclame un evangelio erróneo. Confundir a las personas o negar la divinidad de alguna de ellas lleva a adulterar a Cristo y por lo tanto anular el único camino a Dios (Jn. 14:6).

Hay ejemplos en la historia de cómo este error ha provocado herejías dañinas.

1. Marcionismo: defendía que en la Biblia había dos dioses distintos, uno en el Antiguo Testamento, Dios Padre, celoso, vengativo y lleno de mandamientos y otro en el nuevo testamento, Jesús, cuya premisa suprema es el amor. Esta herejía negaba la Trinidad porque argumenta que Dios Padre e Hijo no compartían una misma esencia.

2. Modalismo: enseñaba que sólo había un Dios que se manifestaba en distintas personas o modos dependiendo de la época. Como Padre en el antiguo testamento, como Jesús en el los evangelios y como Espíritu Santo en la actualidad. Pero cuando era una de estas personas o modos no era las otras dos. Esta herejía negaba la Trinidad porque no reconocía la independencia de las tres personas.

3. Adopcionismo: afirmaba que Jesús habría sido solo hombre durante gran parte de su vida, y que en un momento determinado (en la ascensión, crucifixión o bautismo) fue elegido por Dios para ser su hijo. Esta herejía niega que la preexistencia de Cristo y por tanto su existencia desde la eternidad.

4. Arrianismo: Arrio enseñaba que Jesús era divino, la primera criatura del padre y preexistente a toda otra creación, pero no eterno como Dios. Esta herejía niega la Trinidad porque no establece una relación de igualdad entre el Padre y el Hijo sino que hace del Hijo la primera y principal de las criaturas, pero una criatura al fin de al cabo.

Estos ejemplos demuestran que no acertar en una definición de la doctrina trinitaria provoca que afirmemos un evangelio falso y por tanto ineficaz para salvar.

En contraposición podríamos decir que la Biblia no habla de la Trinidad, ni siquiera usa esta palabra. Siendo una mala interpretación de la Iglesia. Esta imposición de la doctrina trinitaria ha llevado a adulterar las Escrituras para que incorporaran textos que defiendan la Trinidad. Textos que la crítica textual ha demostrado hoy en día que son espurios como 1 Jn. 5:7. En respuesta podemos argumentar que una palabra no aparezca en la Biblia no la incapacita para describir una doctrina, hay otros ejemplos como encarnación o soberanía. Trinidad es una palabra usada desde el s. II para describir la unidad que hay entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Además esta doctrina no fue simplemente introducida sino que fue necesario dos concilios (Nicea y Constantinopla) y cuatrocientos años de historia del cristianismo para poder llegar a un consenso entre los cristianos de la primera Iglesia.

Al consenso se llegó a través de la articulación del siguiente credo, el llamado Credo de Nicea-Constantinopla.

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos:
Dios de Dios, Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros, los hombres,
y por nuestra salvación bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo
se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre;
y de nuevo vendrá con gloria
para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo, con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.
Creo en la Iglesia,
que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados.
Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro.

Amén.

En conclusión, la doctrina de la Trinidad es un fundamento de la fe cristiana porque es la base sobre la que se basan el resto de doctrinas cristianas, sobre todo la salvación de los pecadores donde toda la Trinidad trabaja para que sea efectiva.

¿Habla Dios hoy?

¿Habla Dios hoy?

Sí, Dios habla hoy a través del Espíritu Santo, pero no añade nueva revelación a la ya dada en la Escritura.

Dios es eterno, vivo e inmutable (Jr. 10:10; Nm. 23:19) esto implica que su revelación comparte estas mismas características. Los testimonios de Dios, tanto el natural como el especial, siguen siendo manifestaciones de lo que Dios quiere decir y medios a través de los cuales Dios ha hablado y continúa haciéndolo hoy (Sal. 19).

En primer lugar, Dios habla hoy a través de la creación natural, ya que sigue mostrando Su eterno poder y divinidad (Rom. 1:20) a través de ella. Todas las generaciones desde la creación del mundo hasta el día en que el mundo sea destruido (Apo. 21:1) tendrán un testimonio inexcusable sobre la existencia de Dios.

En segundo lugar, Dios habla hoy a través de la Escritura. La Biblia sigue siendo guía para el pueblo de Dios. Cuando el Espíritu Santo movió (2 Pd. 1:21) a los autores a escribir no sólo lo hizo para la audiencia original sino también para el resto del pueblo de Dios de toda la historia. De tal manera que Dios habla a generaciones futuras con las mismas palabras con que habló a las pasadas. Tenemos ejemplos en la propia Escritura como los de rey Josías (2 R. 22:3-10) y Esdras (Neh. 8) donde Dios llama al pueblo a arrepentimiento a través de la revelación ya escrita. Dios nos sigue hablando a través de la Escritura a cada generación por eso el mandato de Dios en su palabra es que esta sea predicada a los creyentes (2 Tim. 4:29), enseñada a los niños (Dt. 6:7; Prv. 22:6) y que la iglesia la proclame en medio de la sociedad (1 Tim. 3:15).

En tercer lugar, Dios habla hoy a través del Espíritu Santo. Jesús anunció que el Espíritu Santo vendría con dos funciones hacia los seres humanos, al mundo lo convencería de pecado (Jn. 16:8) y a los creyentes los guiaría a toda la verdad (Jn. 16:13). Esta revelación del Espíritu Santo lo hace siempre dentro del marco de la Escritura ya que convence de pecado a través de la predicación del Evangelio bíblico (Rom. 10:14-15) y guía los creyentes con las mismas palabras que el Padre le ha dicho a Jesús sin decir nada de su propia cuenta (Jn. 16:13-14).

Aunque decimos que Dios habla hoy también tenemos que puntualizar que Dios no añade nueva revelación a la ya dada en el canon de las Escrituras. Ya los propios Apóstoles afirmaban que si otra persona, por mucha autoridad que tuviera, añadía o cambiaba la versión del evangelio debía ser anatema (Gál. 1:8-11). Además la propia Escritura se define con ya suficiente para lograr su objetivo hacer el hombre perfecto y equipado para toda buena obra (2 Tim. 3:16-17). Por lo cual no es necesario añadir nada más para completar o hacer más efectiva su Palabra.

Una posible contra argumentación podría afirmar que hay muchas personas hoy en día que afirman tener nuevas palabras del Dios de la Biblia y nadie debería negarlo ya que Dios se revela a quién Él quiere. Ante esto podemos decir que, aunque Dios es soberano, Él siempre se ha revelado a través de sus profetas y Apóstoles (Efe. 2:20). Siendo este el criterio de la Iglesia primitiva para elaborar el canon. Hoy en día ni el ministerio profético ni apostólico continúan por lo cual no hay nueva revelación.

En conclusión tenemos que decir que Dios sigue hablando hoy al ser humano a través Su revelación natural y especial. De esta manera Dios se comunica con la humanidad para señalarle su pecado, llamarlos al arrepentimiento y edificar a los creyentes para una vida que le agrade a Él. Todo esto es siempre para Su Gloria.

¿Qué significa ser cristiano? III: El bautismo

¿Qué significa ser cristiano? III: El bautismo

Continuamos con el estudio sobre que significa ser cristiano basado en las palabras de Jesús en Mateo 28:16-20. Empezamos mostrando la autoridad de Cristo y su llamado a que seamos discípulos.

Bautizándolos en el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo (v. 19): Debido a la construcción gramatical podemos pensar que se debe enseñar después de ser bautizado y no es así. Bautizar y enseñar son dos actividades coordinadas una a la otra pero subordinadas a haced discípulos. Esto significa que los discípulos se caracterizas por ser bautizados y ser enseñados en la Palabra de Dios. Por medio de ser bautizados y enseñados una persona llega a ser discípulo de Cristo.

Bautismo

La primera etapa de la vida del discípulo, el bautismo, se caracteriza por dos elementos el arrepentimiento y  recibir la Palabra (Hc. 2:38-41) no pasa mucho tiempo desde que Jesús les dijera que tenían que hacer discípulos y ahora vamos a ver un claro ejemplo de arrepentimiento y recibir la Palabra. Que realmente son el mismo, porque para poder arrepentirse primero hay que oír la Palabra de Dios. Después de la venida del ES en pentecostés Pedro ha predicado a un gran número de judíos que se encontraban en Jerusalén de paso y que pertenecían a distintos lugares del imperio Romano. Muchos de ellos se convierten, unos tres mil, entonces le preguntan a Pedro ¿qué haremos? (v. 37) la respuesta es arrepentíos y sed bautizados. Algo inmediato  pero consecutivo. No se puede bautizar sin antes haber un arrepentimiento del pecado. Sin antes darnos cuenta de que nuestra situación era de bancarrota espiritual. Somos pecadores merecedores de la ira de Dios por nuestro pecado, somos pecadores incapaces de salvarse a sí mismos, las buenas obras no salvan, las religiones que inventamos no salvan, las riquezas que podamos acumular no nos libran de presentarnos el día de nuestra muerte delante de Cristo y ser declarados culpables y ser arrojados a lago de fuego que está preparado para Satanás. Pero por misericordia y por gracia Dios ha preparado un sustituto para nuestro castigo, Dios no elimina el castigo porque es Justo y sería una injusticia que el delito quedase sin castigo, pero aquellos que nos arrepentimos de nuestra vida, de lo que hemos hecho y miramos a Cristo el cordero que muere por nosotros recibimos un regalo. Este regalo es una declaración de justicia. Nosotros somos declarados justos a los ojos de Dios y Cristo es declarado culpable pagando por nosotros en la cruz del Calvario. Desde ese momento ya no vivimos una vida esclavos del pecado sino de servicio a Dios somos discípulos de Cristo, viviendo de ejemplo y Palabra.

Entonces si tú crees esto ya estás preparado para bautizarte para ser bautizado no en cualquier ideología sino en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Bautizarse en el nombre de alguien es identificarse con esa persona. En la época de Jesús, era muy común que los maestros bautizasen a sus discípulos como un rito de iniciación en su grupo era una manera de identificarse como seguidor de esa persona. Con Cristo el bautismo no es sólo una manera de identificarse con nuestro Señor Jesucristo sino con su Padre quien planeo la salvación desde antes de la fundación del mundo y con su Espíritu Santo que nos guía en nuestro día a día.

Continuará….

¿PORQUÉ LA BIBLIA? I

¿PORQUÉ LA BIBLIA? I

Decimos que la Biblia es la palabra de Dios. La estudiamos en nuestras reuniones. Colgamos en nuestras paredes cuadros con versículos de ella. Hay incluso algunos que se la tatúan en la piel. La memorizamos y hablamos de ella a otros. Incluso vinculamos nuestra pertenencia al cristianismo con un libro, con la Biblia.

La veneración por parte de la iglesia de la Biblia es algo que damos por supuesto ¿por qué? ¿Cuál es el motivo que nos lleva a coger este libro y hacerlo el fundamento de nuestra vida? ¿Por qué no otro? ¿Por qué no este libro y otro?. Siguiendo este hilo podemos plantearnos las siguientes preguntas. ¿Podemos conocer a Dios? ¿Cómo podemos estar seguros de que la Biblia es la Palabra de Dios? ¿Es útil la Biblia para mi vida? ¿Es útil la Biblia para mi vida?¿Podemos fiarnos de la Biblia? ¿Cómo llegó a nosotros la Biblia? Son preguntas clave que cualquier cristiano tiene que hacerse en algún momento y tenemos que tener las respuestas clara para desarrollar una convicción que nos a ayude a apreciarlo y dedicarle todo el tiempo que su importancia merece, la importancia de saber que estamos antes la misma Palabra de Dios.

¿PODEMOS CONOCER A DIOS?

             Conocer a Dios, su voluntad, sus deseos, tenerlo de nuestro lado es una de las ambiciones más poderosas del ser humano. Cuando estudiamos cualquier cultura unos de los aspectos esenciales es su religión. Ya sean los Egipcios, Griegos, Romanos, Mayas o indígenas americanos todos afirman conocer a Dios y saber que él espera de ellos. Todas estas personas de distintos lugares o distintas épocas reconocen que existe una realidad más allá de este mundo físico que conocemos y afirman que es posible conocer esta realidad. Para ello usan multitud de medios para conectarse con ese mundo, ritos, tradiciones, palabras reveladas, en el pasado sacrificios, etc.

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Nosotros tenemos un libro al cual definimos como la Palabra de Dios. En otra ocasión responderemos a la pregunta de ¿por qué podemos estar seguros de que la Palabra de Dios es verdad? Pero ella nos va a revelar dos verdades que nos pueden parecer incompatibles en un principio. En primer lugar nos dirá que para el ser humano es imposible conocer a Dios. Debido a nuestra situación de pecado Ef. 4:18 tenemos la mente entenebrecida llena de oscuridad que no nos deja ver espiritualmente y por lo tanto no es posible para el ser humano natural conocer lo que es de Dios. Pero en segundo lugar a lo largo de toda la Biblia hay muchas personas que hablan con Dios o en Su nombre. Mostrando que lo conocen, o por lo menos en parte.

   ¿Cómo entendemos estas dos realidades opuestas y verdaderas? Jn. 1:8A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” Mt. 11:25-27Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños» Estos dos textos nos enseñan estas dos verdades “Nadie vio a Dios” y “nadie conoce al Padre” este conocer no se trata de saber de la existencia sino de comprender el pensamiento, las intenciones y la voluntad de Dios. Nadie puede hacer eso sino sólo Dios mismo. Así que si para nosotros es imposible conocer a Dios la única manera que hay de saber su voluntad es lo que él nos enseñe de sí mismo. “Le ha dado a conocer” y “A quién lo quiera revelar” lo que nos demuestra que es un ejercicio de su voluntad el darse a conocer a quien Él quiera “a quien el Hijo lo quiera revelar”.

Este conocimiento de Dios tiene cuatro características:

SU FUENTE

Ya que los seres humanos no podemos conocer a Dios por nosotros mismo y que tiene que ser Dios quien nos muestre lo que podemos conocer Él se convierte en la única fuente fiable de conocimiento. Tenemos que afirmar que ese conocimiento es verdad genuina ya que es un conocimiento carente del pecado del ser humano. El ser humano, desde que ha pecado, ha distorsionado la verdad como Satanás hizo con Adán y Eva la condición de pecado nos hace torcer la verdad. Por eso todas las religiones que el ser humano puede construir son falsas ya que son conocimientos de Dios cuya fuente no es Dios. Es por eso la revelación, las palabras, que vienen de Dios se convierten en la única fuente infalible para determinar la verdad genuina.

El conocimiento genuino alcanzó su punto culmen con Cristo. Ya que él nos muestra el mismo corazón de Dios (Jn. 1.18; 14.7). Cuando Cristo se fue Él envió al E.S. para darnos revelación adicional de Cristo y del conocimiento de Dios (Jn. 16.13-15; Hc. 1.8). El Espíritu Santo nos ayuda a conocer más de Dios a través de las escrituras, iluminándonos acerca de su mensaje. La Biblia es clara acerca de la voluntad de Dios en que lo conozcamos. Toda la trinidad está comprometida con el hecho de que conozcamos aquello que es necesario que conozcamos.

SU CONTENIDO

El conocimiento completo que viene de Dios es la vez objetivo y personal. El mejor conocimiento de una persona vendrá de conocer a esa persona. Dios revela muchos datos sobre sí mismo, todos los cuales son importantes para nuestra relación con Él íntima, inteligente y provechosa. De tal manera que cuanto más conozcamos a Dios más y mejor será nuestra relación con Él y más sencillo será saber lo que quiere de nosotros.

No podemos obedecer sin conocer, necesitamos saber acerca de Dios. Por eso el expresa en la Biblia tantas veces emociones: Él ama, se enfada, escoge a personas para tareas, va delante de su pueblo, libera con mano poderosa, hace frente a sus enemigos, corrige a los que están equivocados, etc… podemos conocer mucho del carácter de Dios lo que nos ayuda a entender mucho acerca de Él y su voluntad.

             SU PROGRESO

El conocimiento de Dios y de sus obras fue revelado progresivamente a lo largo de la historia. No es el mismo conocimiento de Dios el que tenía Abraham que el que tenía el apóstol Pablo. Cuando Juan está en la isla de Patmos escribiendo Apocalipsis hace muchas referencias a profecías del A.T. que tendrán su cumplimento en los días postreros, ese es conocimiento que lo profetas que escribieron esas profecías no tenían.

Cuando en el evangelio nos encontramos con la frase “esto está escrito para que se cumpliera lo que dijo el profeta” (Mr. 4.14; Mt. 12.17; Mt. 8.17; Mt. 13:35) nosotros que lo podemos leer entendemos la promesa y además el cumplimiento, los judíos que habían vivido antes que Jesús sólo tenían la promesa. Dios no ha revelado toda su Palabra en Génesis sino que a lo largo de la historia narrada en la Biblia va a revelando su Palabra según su voluntad hasta que se cierra su revelación con la muerte de los Apóstoles.

Ya no hay más revelación porque Cristo encargó esta tarea a los Apóstoles Ef. 2.19-22edificado sobre el fundamento de los apóstoles y profetas”. Pablo está describiendo a la Iglesia como un edificio donde Cristo es la piedra angular. En la época de Jesús los cimientos de la casa descansaban sobre una piedra grande que servía de base, era la piedra angular. Jesús es la base de todo y luego fueron los Apóstoles, seleccionados por nombre por Cristo mismo, los que pusieron el fundamento, la base, los cimientos de la iglesia. No lo hicieron en su propio conocimiento sino en el de Cristo. Pero el cimiento sólo se pone una vez, una vez terminado se construye encima, esta es la parte en que nos encontramos. Ya no estamos en el momento de poner cimientos, ahora estamos en la obra de construir el edificio.

             SUS PROPRÓSITOS.

             ¿Para qué quiere Dios darnos su palabra? Pues hay varias respuestas.

  1. Llevar a las personas a poseer vida eterna (Jn. 17.2; 1 Ti. 2.4). Es el objetivo principal. Génesis 1-3 nos presentan el problema. La rebeldía de Adán y Eva y por consiguiente la de toda la humanidad el resto de la Biblia nos presenta el plan de Dios para resolver el problema con Cristo y la culminación de su regreso e instauración de su reino por toda la eternidad.
  2. Promover el crecimiento cristiano (2 Pd. 3.18) con conocimiento doctrinal (Jn. 7.17; Ro. 6.9; Ef. 1.18) y con un estilo de vida preceptivo (Fil. 1.9-10; 2 Pd. 1.5). La Palabra de Dios nos es dada para que sepamos como vivir. El ser humanos natural, aquel que no ha conocido a Dios vive de una manera totalmente ofensiva contra Dios y la Biblia nos provee la manera en que debemos comportarnos. ¿Os acordáis de Santiago? Nos decía lo que debíamos y no debíamos hacer.
  3. Advertir acerca del juicio venidero (Os. 4.6; Hb. 10.26-27). Hay un juicio para cada una de las personas del mundo en cada una de las épocas que han existido. Todos tendremos que rendir cuentas ante Dios, esto es un aviso necesario, debemos estar preparados para ese juicio. Sólo si tenemos un buen abogado podremos tener una resolución positiva.

Así que ante la respuesta de si podemos conocer a Dios la respuesta es Sí. No porque nosotros tengamos la capacidad de llegar a Él sino porque él se da a conocer no para mostrarnos todo sino para iluminarnos sobre aquello que es esencial para la existencia humana. Así que si Dios mismo se ha esforzado tanto en darnos esta Palabra será que lo que tiene decir importa y mucho

Por eso es tan importante que nos molestemos en conocer a Dios porque su conocimiento al contrario que el nuestro en verdad en su totalidad y tiene respuesta a las preguntas fundamentales del ser humano y sobre todo para el mayor de los problemas del hombre el pecado.

Esta es la razón porque la iglesia tiene una tarea que nunca acaba, predicar la Palabra.

Bienaventurados sois (I). Mateo 5:1-11

Bienaventurados sois (I). Mateo 5:1-11

 

Durante el ministerio en Galilea, Jesús con frecuencia se dirigió a las multitudes. Así ocurre en este capítulo 5 del evangelio de Mateo. La vista de las grandes multitudes siempre llenaba Su corazón de compasión, de un deseo de ayudarles en sus necesidades (Jn. 9:36; 14:14; Mr. 6:34; 8:2; Lc. 9:13). Cuanto tenían hambre, él les daba de comer. Cuando traían enfermos, sanaba a todos lo afligidos. Así cuando también tenían necesidad de enseñanza, él les enseñaba. El primer versículo hace referencia a dos grupos de personas por un lado “las multitudes” y por otros “sus discípulos”. En Lucas 6 se describe a “una multitud de sus discípulos” (Lc. 6:17-20). Una gran multitud se acercó a Jesús entre las que estaban los doce, también otros discípulo y además una multitud de oyentes que querían conocer las enseñanzas de ese Jesús del que estaban hablando.

Jesús inicia entonces un discurso con los preciosos dichos que han llenado de consuelo y aliento a los angustiados a través de los siglos. El cual empieza con este enfático “Bienaventurados”. No se puede cuestionar el marcado énfasis de esta palabra que viendo sus usos en el A.T. como en el Sal. 32:1 podemos entender como un llamado a gozarse en Dios a través de una experiencia humana. En el salmo de David el bienaventurado era el que experimentaba su transgresión perdonada, su pecado cubierto. Aquí lo será el que en mitad de un mundo pecador que va en dirección opuesta decide actuar según los parámetros de un reino que no es de este mundo.

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Jesús inicia su discurso con los preciosos dichos que han llenado de consuelo y aliento a los angustiados a través de los siglos.

Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos (v. 3): la gente que escuchó a Jesús ese día debió quedas fascinada desde el mismo principio del discurso. Jesús empieza diciendo cosas que entendidas sólo superficialmente son absurdas. Les va a decir que no eran los ricos, los bien alimentados, los alegres y los libres los que deberían sentirse felices sino todo lo contrario.

El primer grupo son “los pobres en espíritu”. Los pobres es un término que significa aquellos que están necesitados y que no tienen lo suficiente para mantenerse en algún aspecto de su vida, necesitan de la ayuda de otra persona para suplir esa carencia. Generalmente lo solemos aplicar a lo económico, esto lo entendemos muy bien. También podríamos referirnos al afecto, aquellas niños que crecen en hogares problemáticos está necesitados quizás de cariño diríamos en ese caso que son pobres en afecto o cariño, pero en el caso que habla Jesús es en lo espiritual.

¿A quién se refiere Jesús entonces? “Los pobres de espíritu” son todas aquellas personas que examinan su realidad reconocen su situación de necesidad espiritual. Se ven carentes de cualquier mérito personal, necesitados de rescate y totalmente dependientes de un Salvador que les provea lo necesario para si vida. No sólo se refiere a un acto de salvación, sino que los pobres de espíritu o tener pobreza espiritual es reconocer que para el día a día de la vida necesitan de la misericordia de un Dios que les provea lo necesario.

Han renunciado a cualquier intento de salvarse a sí mismo porque no hay nada en ellos que pueda producir salvación o alimento espiritual para sus vidas y dependen del E.S. para su vida cristiana. Personas que responden como Pedro respondió a Jesús cuando éste le preguntó si los Doce también iban a abandonarle. Jn. 6:68Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”.

Estos pobres de espíritu son bienaventurados porque “de ellos es el reino de los cielos” (v. 3). A ellos se les es dado, hay un sitio allí para ellos. No hay sitio, en cambio, en el reino de Dios para los autosuficientes para aquellos que buscan salvarse a sí mismos a través de lo que sea: obras, justicia ajena, descendencia racial. El reino de Dios es para aquellos que reconocen su situación de bancarrota espiritual ante Dios.

             Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. (v. 4): La segunda bienaventuranza es para los que lloran. El término “los que lloran” se refiere a los que se lamentan por algo, en este caso la causa de la tristeza es el pecado. Cuando los cristianos que amamos a Dios vemos el pecado que afrenta a nuestro Señor no podemos sentir otra cosa que rechazado, mal estar, indignación y también lágrimas.

La imagen que nos puede venir a la cabeza es la de Jesús limpiando el templo (Jn. 2:13-22). Él llega a la casa de su padre, que es casa de oración y se encuentra un mercado donde se abusaba de los peregrinos que en la pascua se acercaban a Jerusalén. Esto era permitido con la venia de los sacerdotes. Jesús entonces se enfada, se lamenta por la ofensa que es a Dios esa situación y actúa llevado por su lamento.

En muchas ocasiones los cristianos hoy en día vivimos anestesiados ante la cantidad de pecado que hay a nuestro alrededor. Parece que nos hemos acostumbrado a las continuas ofensas que el mundo hace a Dios. Pero como hijos de Dios debemos “llorar”, lamentarnos, rasgarnos las vestiduras cuando en nuestra vida o en la de los que nos rodean se produce aquello que ofende a nuestro Dios.

Estos son los que lloran, los que no son impasibles ante la maldad ni insensibles ante la ofensa a Dios. Y sólo a Dios. Filp. 1:15-18 nos muestra como cuando Pablo es atacado y la obra de Dios se lleva a delante, el evangelio es predicado a Pablo la situación no le duele sino que se goza en que el evangelio es predicado y da gloria a Dios por ello. En cambio cuando es la obra de Dios la que es atacada aquí cambia la cosa y podemos ver en libro como Gálatas como reacciona cuando los falsos maestros han entrado en la iglesia y están cambiando la doctrina “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado” (Gá. 1:6).

La primera bienaventuranza estaba en presente, los pobres de espíritu ya pertenecen al reino de Dios esta segunda está en futuro porque los que lloran lo siguen haciendo en este momento pero no es una situación para siempre sino que son bienaventurados porque llegará un momento en que su clamor será consolado. Cuando Jesús vuelva nos promete que juzgará a todos (2 Ti. 4:1; Ro. 2:14-16). No hay nada que calme el lamento por una injusticia que la justicia. Cuando toda acción sea juzgada aquellos que lloran serán consolados.

En el reino de Dios es una virtud llorar y lamentarse por la ofensa del pecado, por vivir en una sociedad pecadora donde Dios es ofendido una y otra vez. Lloremos pero sepamos que somos bienaventurados porque un día nuestras lágrimas serán secadas.

             Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad (v. 5): la tercera bienaventuranza es para los mansos. Los mansos describe a la persona que no se resiente. No guarda rencores. Lejos de seguir rumiando las injurias recibidas, se refugia en el Señor y entrega su camino enteramente a Él. Esto en relación con lo externo, con lo interno tenemos una descripción magnífica en Mt. 11:28-29aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. Jesús se pone de ejemplo de mansedumbre al ser un persona que lleva un yugo en cima suyo y lo lleva con gozo, amor y servicio al Padre. Así que los mansos son aquellas personas que quieren aceptar su yugo de vivir como Cristo, de sufrir como él y servir para el alejados de cualquier tipo de queja.

La mansedumbre es aceptar el camino de la cruz. El camino de Cristo de la negación personal. El de la entrega a la guía del E.S. y de la dirección del Padre. El ejemplo culmen de la mansedumbre lo tenemos en el Gólgota Lc. 22:42Hágase tu voluntad y no la mía” a pesar de que la voluntad de Dios era la cruz. La vemos también en apóstol Pablo “Para mí el vivir es Cristo y el morir es gananciaFilp. 1:21 son vidas vividas en la mansedumbre de aceptar la voluntad de Dios por encima de la nuestra propia.

Los mansos son bienaventurados porque tienen la tierra por heredad. No significa que de alguna manera serán los dueños de esta tierra actual sino que como hijos del creador de los cielos y la tierra vivirán eternamente como herederos de los nuevos cielos y la nueva tierra. No como siervos más sino como herederos. Como el hijo pródigo en la parábola de Jesús.

                   Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados (v. 6): Jesús sigue ahora con un grupo al que se le diagnostica “hambre y sed”. Para saber a que se refiere con esto primero tenemos que ver de que tienen hambre y sed y es de justicia se refiere a aquello que es “justo” a los ojos de Dios. Esta justicia consiste es una perfecta conformidad con la santa ley de Dios, esto es, su voluntad. Son personas que en cualquier situación buscan hacer aquello que agrada a Dios.

En el A.T. encontramos a varias personas que se las denomina como justas, no porque fueran sin pecado sino porque eran personas que buscaban agradar a Dios, lo que es justo y bueno. Jb 1:5 Quizás habrán pecado mis hijos y han blasfemado a Dios en sus corazones” he aquí un hombre con hambre y sed de justicia, sus hijos hacen una fiesta y lo que piensa es si en un descuido han ofendido a Dios y busca arreglar las cosas con Dios. Son personas que siempre buscan agradar a Dios por encima de agradar a otras personas. No solo en sus vidas personales sino también en mitad de su familia, en su vecindario y en su iglesia. Cuando hay un dilema moral o ético lo que estas personas se preguntan es ¿Qué es lo que dice la Palabra de Dios acerca de este tema? y lo hacen de manera tan natural y que casi es una necesidad en su vida como el comer o el beber.

Estas personas son bienaventuradas porque se nos dice que serán saciadas. Cuando se manifieste el reino de Dios estas personas comerán y beberán la voluntad de Dios y su justicia hasta quedar satisfechas de la gloria de Dios.

Unos versículos un poco más adelante Jesús nos dirá acerca del reino de Dios que es mejor hacerse tesoros “en el cielo” (Mt. 6:20) porque están libres de la corrupción de este mundo. El cielo es un lugar libre de la corrupción que tenemos aquí entre nosotros porque eso alguien quién ansíe esta justicia es bienaventurado porque se sentirá saciado de ella por toda la eternidad.

Continuará….

Ciudadanos del Reino.


       Mt. 5:1-20

        Los niños son el reflejo de los adultos con los que están y muchas veces alguien que trabaje con niños, bien sea un profesor o un persona en la iglesia encargada de los niños, puede saber cómo son los adultos de una familia, cuáles son sus intereses sus prioridades su escala de valores, etc, sólo observando y escuchando a un niño, porque los niños imitan el entorno en que se encuentran. Cuando en un patio de colegio los niños van a jugar y se ponen en fila para poder escoger dos equipos siempre se escogen primero a los mejores, a los que sepan jugar mejor al deporte que se vaya a practicar, dejando de lado a los peores o más débiles. Esto es un reflejo de lo que ocurre en la sociedad que nos rodea donde el éxito de una persona radica en caracteres que lo hacen destacar por encima del resto, que le han llegar a lugares donde otros no pueden. Que lo hacen superar a sus rivales. Entonces llega Jesús y empieza a hablar de las personas que realmente son destacadas en el reino de Dios, personas que son bienaventuradas. Pero su escala de valores no es la de las personas que le rodean, no vemos bienaventuranzas para los que ganan mucho dinero, ni para los más graciosos, ni para los más carismáticos, ni para los que arrastran a más personas detrás de ellos sino que es una que da la vuelta a la que la sociedad tenía.

       Los que lloran: Jesús siempre se identificó con los que sufren en Mt. 25:37-40 Jesús dice que cuando ayudamos a una persona necesitada el siente esa ayuda como propia. Jesús se identifica, con los necesitados. Cuando en éxodo se está dictando la ley Dios dicta leyes especiales para que cuando se recoja la siega se deje parte para los necesitados, o cuando se recoja la uva en la vendimia. Y como Jesús se identifica con ellos también les ofrece su consuelo.

Este lloro viene del arrepentimiento sincero, es una consecuencia del pecado, los que lloran se refieren a todas las personas que conociendo su pecado y el pecado de la sociedad que les rodea no pueden hacer otra cosa que llorar ante él. Jesús experimento en su propia carne esta sensación de lloro, el lloro no es un mal en sí mismo sino una manifestación externa sobre todo suele ser de rabia o impotencia, ante algo que ocurre y que nosotros no podemos impedir. Jesús lloró por la muerte de un amigo Jn. 11:28-40 Las lágrimas de Jesús no fueron falsas sino que incluso los que las vieron dijeron “mirad como lo amaba” dando a entender que eran lágrimas verdaderas.  Lágrimas por las consecuencias del pecado, la muerte.

En la vida cristiana hay momentos de lágrimas, lágrimas sinceras que muchas veces reflejan situaciones difíciles que estamos pasando. Algunas serán por el pecado propio, porque caemos y sabemos que hemos fallado a Dios, otras por pecado de otros, que nos hacen daño, otras veces lloraremos simplemente por ver lo perdida que está la sociedad. Pero debemos saber que mientras nuestras lágrimas sean derramadas por el reino de Dios serán consoladas. Porque el que pertenece al reino de Dios el pecado nunca le es indiferente. Los cristianos podemos acostumbrarnos a ver pecado hasta el punto que nos volvamos inmunes y tenemos que tener cuidado porque no debemos ser indiferente ante él.

       Los mansos: La mansedumbre es lo opuesto a estar fuera de control. No significa debilidad sino un autocontrol supremo dado por el espíritu santo, pues es uno de los dones espirituales (Gá. 5:23). La mansedumbre nos habla de la capacidad de aceptar la voluntad de Dios a pesar de que duela. El hijo de Dios tiene que saber aceptar las pruebas de su padre cuando estas se presenten, como ocurre con Job, pero mansedumbre también nos habla de aceptar el castigo por el pecado, sin rebeldía. Como David con el hijo de Betsabé, cuando Natán se acerca a David para reprenderle por lo que había hecho David lo asume y dice “he pecado contra el Señor” asume su pecado y asume su castigo porque era manso.

        Mt. 27:27-31 No hay mayor ejemplo de mansedumbre que este, el hijo de Dios, Señor del universo el cual la Biblia nos dice que es heredero de todo, se deja golpear y humillar aceptando la misión que su Padre le ha encargado. Nuestras vidas deberán reflejar esta mansedumbre que vemos en David y Jesús, por un lado nunca siendo rebeldes a la corrección de Dios, porque sólo los buenos padres corrigen a sus hijos y es de buenos hijos aceptar esta corrección, a parte del hecho de que hemos fallado y nos merecemos la corrección, es justo. Por otro lado debemos ser mansos para aceptar la voluntad de Dios aunque duela.

       Hambre y sed de justicia: Es lo opuesto a la auto justificación de los fariseos. Se refiere a todos aquellos que buscan la justicia de Dios por encima del establecimiento de una justicia propia. Estas personas que tiene hambre de justicia están deseosas de alimentarse de esta justicia de Dios, por eso nos la presentan como hambre y sed, porque nos habla de una forma de vida diaria, a pocas cosas más diarias que comer y beber.  El Sal. 9:7-9 dice: “Pero Jehová permanecerá para siempre; Ha dispuesto su trono para juicio. El juzgará al mundo con justicia. Y a los pueblos con rectitud. Jehová será refugio del pobre, Refugio para el tiempo de angustia.” Esta justicia de Dios es una justicia que restablecerá lo que el pecado ha distorsionado, es algo que los hijos de Dios esperan con ansia porque juzgará las injusticias que se producen en una sociedad caída.

        Jn. 2:13-17 Jesús limpió el templo en dos ocasiones. En la primera de ellas Jesús llega al templo y el pecado de la avaricia había hecho que un lugar destinado al culto a Dios se convierta en un mercado. Jesús usa de su justicia para castigar a los cambistas y a los mercaderes con un azote de cuerdas. El celo por la justica de Dios de los cristianos debería ser así, no que nos pongamos a darnos palos cuando veamos un pecado pero sí que nunca nos quedemos indiferentes ante la injustica, los ciudadanos del reino de Dios debemos tener hambre y sed de justicia y hacer todo lo posibles para revertir los casos de injustica que tengamos en nuestro entorno y a nuestro alcance. No vivimos en una burbuja y aún no estamos en el cielo, así que a nuestro alrededor hay casos claros de injustica que en la medida de que podamos debemos ayudar a corregir.

       Los misericordiosos: Las personas que reciben la misericordia de Dios tienen la obligación de reflejar esa misericordia en su vida con los demás. Esta misericordia es la virtud de inclinarse o compadecerse de las tragedias de los demás y tener el ánimo de ayudarles. Todas estas características que vamos viendo muchas se solapan porque no son ideas rígidas sino formas de vida. Es imposible ser misericordioso sino no hay una sed de Justicia. Mt. 9:35-36 nos dice que Jesús vio a las multitudes y se compadeció de ellas, tuvo misericordia de ellas. Los hijos de Dios como miembros del reino de Dios deben tener esta misma capacidad que Jesús para sentir misericordia, para darse cuenta de las necesidades espirituales de los que nos rodean y hacer lo que podamos por suplirlas.

        Los de limpio corazón: Las personas de limpio corazón son personas de deciden no contaminarse con el pecado de una manera voluntaria. Todos estamos rodeados de pecado y es imposible no pecar, va en nuestra naturaleza humana. Pero son personas que hace el esfuerzo de poner un filtro en sus vidas para que el pecado no germine en ellas. Muchas veces podemos alimentar el pecado en nuestra vida como con los resentimientos o los rencores que llegan a nuestra vida y encuentran terreno abonado para  quedarse y vivir en ella. Dn. 1:8Y Daniel propuso en su corazón de no contaminarse en la ración de la comida del rey, ni en el vino de su beber: pidió por tanto al príncipe de los eunucos de no contaminarse.” Nuestra vida es como un terreno de tierra donde se cultivan cosas, sabemos de antemano que van a salir malas hierbas, es inevitable, pero podemos proponernos hacer lo posible para que nuestro terreno no se propicio para estas malas hierbas sino para que traiga fruto. Daniel se propuso que su vida no fuera contaminada por la comida sacrificada a otros dioses paganos. El hijo de Dios debe esforzarse por mantener su corazón y su vida lo más limpias posibles, habrá malas hierbas pero es nuestro deber procurar que el terreno no esté abonado para ellas y que cuando salgan las cortemos lo más pronto posible.

        Los pacificadores y los perseguidos: Como últimos grupos Jesús cita a dos grupos en conflicto. Hasta ahora hemos visto situaciones donde el cristiano tenía que hacer una introspectiva en su vida para analizar si era manso o pobre de espíritu o misericordioso. Ahora el texto entra en la acción con las personas que nos atacan, se supone que por ser hijos de Dios. Por un lado la Biblia nos llama a ser pacificadores, o sea personas que buscan la paz por encima de todas las cosas, nos llaman a no ser belicosos. Y ¡qué difícil es! Cuando nos atacan no responder con la misma moneda. Qué difícil es juntar estas dos características y ser pacificadores cuando somos perseguidos. 2 Co. 2:5-11 Pablo había sido ofendido por alguien y toda la congregación le había reprendido, era fácil para Pablo hacer leña del árbol caído pero a pesar de esta ofensa Pablo dice “por cuanto os ruego que confirméis el amor para con él(v. 8) aquí vemos un corazón que va pronto a perdonar y aunque él haya sido ofendido no quiere que esto sea un problema en la iglesia de corinto sino que hace de pacificador para que en la iglesia haya paz. Si queremos ser parte del reino de Dios tenemos que fomentar la paz de Dios allá donde estemos, y desgraciadamente muchas veces se ve lo contrario entre los cristianos, estamos hablando mal los unos de los otros y fomentando rivalidades que parece que le allanamos el terreno al enemigo.

Dice una canción muy conocida por nosotros que Somos el pueblo de Dios, somos un pueblo especial, pues como pueblo especial, especial por los méritos de Cristo, esforcémonos por cultivar estas características que Jesús resalta porque son las características de losintegrantes de su Reino. AMÉN

Una vida en el Espíritu.


Texto: Ro. 8:1-12
     ¿Qué clase de vida tenemos? ¿En que basamos nuestro estilo de vida? ¿Cuales son las normas que rigen nuestra vida y la de nuestra familia? Este texto nos habla de dos tipos de vida: una vida en el Espíritu de Dios y otro estilo de vida en la carne (deseos, intereses, opiniones y valoraciones personales). Aunque este texto del apóstol Pablo es de una profundidad extraordinaria, y necesitaríamos horas de estudio para poder sacarle todo el jugo, vamos a ver una serie de ideas que desprenden el texto.

Este texto no deja muchas opciones abiertas. Sólo dos, podemos tener una vida en el Espíritu de Dios, o una vida en la carne humana. El v.1 nos dice “los que no andan…. sino…. ” este andan nos trae la idea de movimiento, aplicado al contexto, de una manera de comportarse, vivir, conducir la propia vida, así que estamos hablando de las normas que rigen nuestra vida, no de decisiones concretas. Todos tenemos unas normas por las que nos guiamos, nuestra moral. Incluso las personas que se creen más libres y proclaman la libertad total del ser humano frente a cualquier norma, tienen normas propias. Toda norma se ha de basar en una idea de vida, por ejemplo la persona que valore mucho su trabajo tenderá a tener normas en su vida para fomentar invertir tiempo en su oficio, siempre llegar a tiempo al trabajo, buscará no solo cumplir su labor sino ofrecer un esfuerzo extra para el bien de la empresa, por otro lado el que valore más la familia buscará cualquier oportunidad para estar con ella y pasar tiempo de calidad con ella. Nuestras normas las podemos basar en los que nos diga el Espíritu Santo o en nuestras propias ideas. v.5 Este “piensan” nos habla de que considerar o ponen atención. No se trata de poner atención cuando alguien habla de Dios en la iglesia, sino de que continuamente meditemos acerca de las cosas de Dios, en su palabra, en oración, en comunión con otros hermanos, hablando a otras personas acerca de las Buenas Nuevas de Dios, ayudando a los necesitados, y siempre haciendo todo con Amor, con paz, paciencia, benignidad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio (frutos del Espíritu). Pero en cambio quien anda en la carne pone su mente en «otras cosas»Gl. 5:19-21.

       Pero ambas decisiones tienen consecuencias. v.6 Ocuparse de las cosas de la carne trae muerte, mientras que ocuparse de las cosas del Espíritu trae vida y paz. v.2-4 La ley mosaica no podía librar de la muerte, solo crear un sustituto (carnero, becerra, buey) quien acarreaba el pecado. Pero la ley del Espíritu libra de la muerte pues es Cristo quien murió de una vez y para siempre cargando con los pecados de quienes andan en Espíritu. Y es este Espíritu el que nos resucitará a nosotros en el futuro de la misma forma que resucitó a Cristo pues es el Espíritu del Padre.
       En resumen que los que somos de Cristo tenemos el Espíritu de Dios (E.S.) y debemos andar en él siguiendo su autoridad y mandatos, rindiendo nuestros propios deseos personales a su voluntad.
      En el libro de Samuel vemos unos episodios de la vida de David y Saúl donde se refleja perfectamente esta vida guiada por el Espíritu de Dios y la de otro por la carne.
1º Sam. 16:13-14: David tiene Espíritu, Saúl no.
     Este texto nos sirve un poco como introductorio para ver como David tenía el Espíritu de Dios y en cambio a Saúl se había apartado de él. Debemos saber que esto no ocurre por casualidad o por decisión caprichosa de Dios, sino que fue la rebeldía de Saúl lo que provocó que el Espíritu de Dios se apartara de él, mientras que fue la humildad y buena disposición de David a seguir los mandamientos de Dios lo que provocó que Su Espíritu descendiera sobre él.

1ª Sam 17: David pone su mirada en las promesas de Dios, Saúl en su fuerza.
     Aquí vemos una diferencia muy notable. Ante una amenaza grande como la de Goliat, Saúl pone su mirada en el ejercito de Israel y tiene miedo. Goliat era muy fuerte y no había ningún soldado con valor para enfrentarse a él. En cambio David pone su mirada en los escuadrones del «Dios viviente«, quien evidentemente era más poderoso que Goliat. Esa es una de las diferencias de vivir en el Espíritu o en la carne, el lugar donde depositamos nuestra mirada y confianza en las pruebas. Una vida en la carne pondrá la mente en nuestra fuerza y capacidades, y tendrá miedo. Una vida en el Espíritu pondrá la mirada en “El Dios viviente” y sabrá que la victoria será suya. A lo largo del A.T. sobre todo en la época de la conquista de Canaan, cuando el pueblo de Israel sale a batallar contra otra nación sin consultar a Dios es derrotado, cuando Dios va delante de ellos, obtienen la victoria, David sabía eso y depositó su confianza en Dios.
1ª Sam 18:12-14: La falta del Espíritu produce miedo y obsesiones.
      Una vida en la carne produce miedo ante la desconfianza, somos seres finitos e incapaces de prever el futuro. A Saúl no le gustaba David, porque a Saúl le gustaba el trono y sabía o intuía que Dios se lo iba a dar a David, por eso tenía miedo. Y tiene una vida temerosa, casi obsesiva con David. Por otro lado el hijo de Isaí se «manejaba prudentemente» o sea confiado, porque Dios estaba con él, sabía que Dios estaba en control de todas las cosas.
1ª Sam 22:17-19; 1ª Sam 24:4-7; 1ª Sam 25:39; 1ª Sam 26:9: La falta del Espíritu produce falta de respeto por Dios y por sus escogidos.
       Estos textos nos hablan de la autentica falta de respeto que Saúl le tenía a Dios hasta el punto de matar a sus sacerdotes. Y en esta historia tenemos dos tipos de escogidos, los que hacen los correcto, los sacerdotes, y los que no, Saúl. Ser escogidos de Dios no los hacía inmunes a equivocarse y pecar. Pero el echo de matarlos demostraba falta de respeto por los servidores de Dios y por tanto por Dios mismo. David no dice que no mata a Saúl por no merecerlo sino por ser ungido de Jehová. David prefirió mantenerse firme ante la tentación de matar a Saúl. Matar al rey significaría acabar con la persecución que estaba sufriendo, acceder al trono por fín y proteger su vida y la des los suyos. Pero David prefirió mantenerse íntegro. Mientras saúl obsesionado con un complot de David en el que todos participaban mató a los sacerdotes de Dios. David deja que sea Dios quien juzgue.
1ª Sam 28:8-11; 1ªSam 30:7-8: Saúl va a pedir guía a una adivina, David a Dios.
       Ante un futuro incierto por los enemigos, David acude al Señor. Mientras que Saúl acude a una adivina. Tal es la lejanía de Saúl con Dios que prefiere ir a una persona que era rechazada directamente por Dios Ex. 22:18. Pero nunca se vuelve a Dios. Por otro la vemos el caso de David, una persona guiada por el Espíritu busca a Dios en la dificultad. Mientras que una persona que está guiada por la carne sigue en rebeldía contra Dios a pesar de estar en peligro.
      Dejémonos guiar por el Espíritu Santo, que mora en nosotros, seamos como David, personas que depositamos nuestra confianza en las promesas de Dios y no es nuestra fuerza o capacidades tanto individuales o colectivas. Dejemos que sea el Espíritu de Dios que se demuestren sus frutos en nosotros, el amor, la paz, la paciencia, la benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio. Rechacemos estar guiados por nuestros deseos y ambiciones como lo estaba Saúl sino que el respeto y las ganas de hacer la voluntad de Dios sean nuestro día a día. En resumen, seamos personas que andan en el Espíritu de Dios.
Amen.