Confianza.


Hay pocas sensaciones que nos paralicen y nos hundan como la de una confianza rota. La razón es que la confianza es una creencia que nos ayuda a sentirnos seguros y parte de algo. Un arma muy poderosa que todo el mundo quiere ganarse. Las empresas quieren ganarse la confianza de sus clientes. Los trabajadores quieren ganarse la confianza de sus jefes. Unos padres buscan ganarse la confianza de los hijos. Porque allí donde hay confianza hay una buena relación, hay comodidad e intereses mutuos.

La confianza es algo que también se pierde muy rápido y a veces confianzas que se han trabado durante años se pierden simplemente por un tropiezo. Amistades de años se pierden por una confianza que se ha roto.

A lo largo de toda la Biblia Dios llama a su pueblo a confiar, a descansar en sus palabras pero vemos que en múltiples ocasiones esta confianza falla y el pueblo de Dios pasa de confiar en la palabra de Dios a confiar en otras palabras.

Gn. 3:1-7

Una de las preguntas clásicas que todos solemos hacernos a lo largo de nuestra vida está en la primera historia que nos narra la Biblia. En génesis. Es una pregunta que sobre todo los jóvenes se suelen hacer. ¿Si Dios sabía que Adán y Eva iban a pecar porqué coloca un árbol prohibido en el huerto? ¿No sería la vida más fácil sin ese árbol, no eliminaría las ganas de pecar?. La verdad es que Dios mismo desde bien temprano ha

querido dejar claro cual va a ser su forma de hacer las cosas con el ser humano. Dios no busca adoradores obligados, sino busca seguidores que confíen en sus palabras por encima de otras palabras que son mentira. Dios quería que los primeros seres humanos obedeciesen sus palabras a pesar de no entenderlas del todo. Porque la respuesta que da Eva es simplemente repetir lo que había dicho Dios.

Pero la historia no acaba ahí Adán y Eva no obedecen la palabra de Dios sino que se fían de la palabra de Satanás y acaban pecando, acaban confiando en otra palabra que no es la de Dios. Porque cuando no confiamos en Dios estamos confiando en otra cosa que no es verdad. Cuando no obedecemos las palabras de Dios estamos obedeciendo o confiando en una mentira, en este caso la mentira era “ciertamente no moriréis sino sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.v. 4-5 Adán y Eva empiezan su vida en Edén con la confianza de que Dios cuidaba de ellos, de que Dios proveía para su sustento, de que preveía por su vida de que les daba lo mejor, pero después de su conversación con la serpiente cambian esa verdad por otra la de que Dios les había mentido, les había escondido un estado mejor donde iban a ser más felices y poderosos. Cuando cambian esa verdad aparece el pecado. La Biblia nos dice que el pecado del hombre es fruto de cambiar las palabras de Dios.

Ro.1:18-25 Pablo está hablando en estos textos sobre la culpabilidad del hombre y como no hay excusas, somos culpables y no podemos decir que no conocíamos las normas de Dios. “ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira” el pecado llega cuando siguiendo el ejemplo de Adán y de Eva no seguimos las verdades de Dios sino otras palabras que contradicen la Biblia diciendo que son verdades, cuando en realidad son mentira.

Yo puedo robar por ejemplo, pero esto es fruto de que sustituyo la verdad de Dios de que nuestro Padre cuida de todas nuestras necesidades Mt. 6:30. Yo puedo sentir envidia de algo que tiene mi hermano, pero eso es pecado fruto de que sustituyo la verdad de que toda mi felicidad es suplica con mi relación con Dios y no necesito de nada material para sentirme completo. Una persona que ha sido huerfana desde niño puede sentirse enfadada con Dios porque no ha podido crecer en la calidad del amor de unos padres pero eso será pecado fruto de la cambiar la verdad de Ro. 8:28 donde nos dice que los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien.

Esta es una idea que me gustaría que nos quedásemos esta noche: Todo pecado nace de cambiar una verdad de Dios por una mentira.

Pero ¿ porqué debo poner mi confianza en las palabras de Dios?

Jn. 14:6-10 Debemos confiar en la palabra de Dios porque es totalmente verdad, toda otra palabra que la contradiga es mentira. Por eso es tan importante para el pueblo de Dios dedicar tiempo al estudio de la Biblia, porque saber estas palabras, conocer estas ideas y ponerlas en práctica en nuestra vida nos ayuda a alejarnos de la mentira y por consecuencia del pecado. Cuando el pueblo de Israel se iba detrás de otros dioses Dios se quejaba de ellos diciéndoles que habían dejado de lado sus mandamientos, que se habían alejado siempre con esta idea de que estaban alejados de sus palabras.

Jesús no sólo dice que él es la verdad sino el camino y la vida. Debemos confiar en las palabras de Dios porque sólo ellas tienen vida. (Jn. 6:66-68). La consecuencia de las palabras de Satanás fue la muerte de Adán y de Eva. Porque sólo las palabras de Dios tienen vida eterna, el resto de las palabras tienen muerte. Tenemos en la Biblia muchos ejemplos de personas que por desobedecer las palabras de Dios obtuvieron esta recompensa: Ananías y Safira, Samson, Saúl… personajes que por una o otra cosa acabaron apartándose de las palabras de Dios y que lo que obtuvieron fue muerte.

Si me conocéis a mí conocéis al Padre” (Jn. 14:8) Debemos confiar en las palabras de Dios porque son las únicas que nos rebelan Dios, su voluntad y propósito para la vida de su pueblo. Muchos seres humanos han intentado hablar y creerse o autoproclamarse interlocutores de Dios, que sus palabras eran palabras de Dios, pero todos son mentira. La Biblia es la única fuente que palabras verdaderas acerca de Dios, de su persona, de su carácter de su voluntad, por eso es importante confiar en ellas, porque acaban siendo las palabras que Dios quiere para nuestra vida.

Jn. 14:10-11 Debemos confiar en las palabras de Dios porque Dios quiere que confiemos en ellas y ha puesto todo de su parte para que lleguen a nosotros. Jesús declara que él mismo ha hablado las palabras sino que Dios mismo las envía. Esta Biblia ha llegado a nosotros tras miles de años protegida por Dios a lo largo de los siglos para que confiemos en ellas.

Al este del Edén (o el lugar donde el trabajo perdió su sentido).


Este artículo es el primero de una serie sobre la realidad del trabajo y los jóvenes cristianos en la España actual. Esta serie podéis seguirla en la página Protestante Digital.

Las sociedades son comunidades de individuos que en forma colectiva funcionan como un sólo ente. E igual que los individuos que lo forman, estas sociedades pasan por experiencia “ humanas ” como pueden ser, felicidad, autoengaño, histeria e incluso enfermedad.

En la sociedad española existe una enfermedad con la que llevamos años luchando y al paso que vamos probablemente se acabe convirtiendo en endémica, esta enfermedad es el paro. Decimos endémica, porque parece que España lleva conviviendo con él toda la vida, como las malas parejas ni se quieren ni se dejan de querer. La falta de trabajo es nuestra mayor preocupación y a la vez nuestro mayor lastre.

Al este del EdénMi generación, los que nacimos en los 80, la generación que hemos pasado nuestros primeros años de vida laboral en el inicio de esta crisis ( de aquella aún era una desaceleración ) se ha visto abocada a una realidad en la que  más de la mitad de nosotros no tenemos un trabajo  remunerado o si lo tenemos es tan precario que a muchos de nuestros familiares y amigos les asustan nuestra condiciones, aunque nosotros nos aferremos a él con la sensación de haber encontrado “ mi tesoro” .

La serie de artículos que iniciamos esta semana trata sobre el tema del trabajo y el joven cristiano. Porque aunque repitamos el famosos versículo de que “ nuestro reino no es de este mundo ” la realidad es que vivimos en este mundo, trabajamos en este mundo y ganamos un sueldo, o por lo menos eso intentamos, en este mundo. Porque en estas circunstancias que muchas veces son desesperadas nos asaltan dudas como ¿Cuál es la función del trabajo en la realidad de un joven cristiano? ¿Estamos fallando a Dios al no trabajar? ¿Cuál es el propósito de Dios con el trabajo? ¿Cómo sentirnos completos si no tenemos opción expresarnos, realizarnos o crecer con nuestro trabajo? ¿Cómo afrontar la independencia de nuestros padres sino podemos mantenernos? ¿Cómo afecta la falta de empleo a la vida normal de una pareja que desea evolucionar de noviazgo al matrimonio?

Empezaremos en este primer artículo con la base, con el principio. ¿Quiere Dios que trabajemos? ¿Es el trabajo una bendición o una maldición?

Cada obra está impregnado por lo que el autor que la ha creado es, por su esencia. Lo mismo pasa con Dios. El ser humano fue creado a semejanza de Dios. Dios nos ha creado con sus atributos, vida, justicia, amor, misericordia. Somos el ser de la naturaleza que más características de Dios presenta.

Una de estas características, y la primera de ellas que aparece en su relación con Dios, es el trabajo. Cuando abrimos la Biblia vemos a Dios trabajando, desde el comienzo del Génesis Dios está planeando “ Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”  (Gn. 1:26), trabajando “ creo Dios los cielos y la tierra”  (Gn. 1:1) y evaluando “ vio Dios que era bueno “  (Gn. 1:10). A lo largo de toda la Biblia, nunca lo vemos inactivo o parado, sino que siempre se muestra en una actitud proactiva, sobre todo en hacer volver a su pueblo a Él.

Dios mismo creó al ser humano con esta capacidad del trabajo, eso quedó claro al poco de la creación del hombre, donde lo primero que recibió, a parte de instrucción fue una tarea, cuidar el huerto, un trabajo que Eva y Adán cumplían a la perfección.

Pero Satanás distorsionó la realidad, para engañar adulteró las palabras de Dios. En cuanto Eva y Adán cayeron este adulterio se trasladó a cada una de las facetas de su vida: la espiritual (rota su relación con Dios), la matrimonial (Adán se iba a hacer dueño y señor de Eva, rompiendo la relación de igualdad que había), la familiar (los hijos iban a ser paridos con dolor por Eva), la natural (toda la naturaleza queda bajo maldición por culpa del ser humano) y la laboral (ahora el trabajo produciría dolor).

Desde ese momento, en el cual el ser humano debe irse al este del Edén, la perspectiva del trabajo y de la relación del ser humano con él queda totalmente distorsionada. Dios, el trabajador supremo, creo el trabajo como un regalo para la mujer y el hombre, una forma de ser un siervo eficaz de Dios y darle gloria, como toda la naturaleza hacía. Sólo la intrusión del pecado hace que esa perspectiva se desmorone y lleguen los  cardos  y las  espinas  (Gn. 3:18). Si el trabajo es considerado hoy en día como algo que hace sufrir y que sólo sirve por la gratificación económica o para alcanzar un status superior es por culpa del pecado, no por causa del regalo de Dios que fue tener una tarea.

 Nada en el universo se parece más a Dios que el trabajador. (Ulrico Zwinglio ).

 La reforma protestante rescató este concepto bíblico del trabajo, hasta ese momento ahogado por siglos de platonismo dentro de la Iglesia Católica, donde el trabajo manual era algo desechable del mundo material que había que rechazar, y por lo tanto sólo hacían las clases más bajas e ignorantes, en pro de la oración, estudio y meditación pertenecientes al mundo espiritual y más cercanas a Dios, por lo cual eran tareas realizadas por las clases más altas, clero y nobleza.

Los reformadores resaltaban la idea de que el ser humano es un ser integral, por lo tanto se enfatiza la unión entre lo secular y lo religioso al contrario de las ideas religiosas católicas; así, Dios, el trabajo y el dinero, como otros elementos, son parte del ser y no deben tratarse por separado, pues todos ellos integran al mismo ser en unidad. Todos son dones de Dios que el hijo debe usar para dar gloria a su Padre. Debemos asimilar que nuestro trabajo, aunque pensemos que no tiene que ver mucho con “ las cosas de Dios ” es una herramienta en sus manos que puede ser usada para honrar y darle gloria igual que orar, leer la Biblia o predicar.

“Creo que Dios me hizo con un propósito, para la China. Pero también me creó con el talento de la velocidad y cuando corro, siento Su placer” Eric Liddell Carros de fuego .

Hoy en día consideramos trabajar al concepto cuadrado, de un contrato con un horario y un sueldo a fin de mes. Pero realmente trabajo es el esfuerzo creativo por concebir algo donde antes no existía como un medio de expresar nuestra propia naturaleza, para dar gloria a Dios y ser felices.

Si nos preguntásemos que es lo que nos hace felices, muchas de las respuestas serían trabajo, pero sin el corsé de un horario, una nómina o un jefe. Cosas como cuidar un jardín, escribir un libro, componer canciones, ser monitor en un campamento de niños, ser profesor de la escuela dominical, o simplemente correr unas olimpiadas (como Eric Liddell), son tareas que nos llenan de felicidad por la satisfacción evidente que transmite, pero que muchas veces no las consideramos como trabajos, por el mero hecho de no ser remunerados económicamente, pero sí que reflejan ese propósito que Dios nos dio de realizarnos mediante el trabajo y el esfuerzo. Dios mismo disfrutó creando el mundo, el se paraba cada día delante de lo que había hecho y sentía satisfacción.

Cuando hacemos un trabajo que nos gusta y lo finalizamos de una manera excelente, esa sensación es un eco de la verdad de que los seres humanos han sido creados a la imagen de Dios. Este eco no solo resuena en la vida de personas cristianas sino también en cada ser humano que siente satisfacción con la obra de sus manos.

Los cristianos no debemos plantearnos el trabajo como una carga sino como una forma de vida consecuente con nuestra naturaleza. El objetivo de la vida del cristiano es dar gloria a Dios, por lo cual el objetivo del trabajo es dar gloria a Dios. De la misma forma que Eva y Adán tenían un propósito para su vida, el cual fracasaron estrepitosamente. Dios tiene un propósito para nuestra vida y no se va a lograr sin esfuerzo sino que necesitamos trabajar y esforzarnos en él.

La Biblia está llena de personas que se esforzaron hasta lo último por hacer su labor, aunque esta nunca fuera remunerada(José, Moisés, Samuel, Jeremías…). Debemos seguir su ejemplo, buscar la voluntad de Dios en nuestras vidas y esforzarnos allí donde Dios nos ponga, sea en una empresa, la familia, una ONG, la iglesia o en nuestra sociedad, porque cuando trabajamos reflejamos a Dios y le damos gloria.