¿Qué significa ser cristiano? VI: Obedecer a Cristo

¿Qué significa ser cristiano? VI: Obedecer a Cristo

Vivimos en un país donde lo cristiano está presente en todas las facetas de la sociedad y en la cultura, en la calle encontramos muchas iglesias, fiestas, tradiciones y edificios con símbolos cristianos. Mucas personas y entidades nos llaman a hacernos cristiano, pero cada una tiene una vivencia distinta para aquello que se denomina cristiano. Entonces cualquier mente que razone un poco tiene que plantearse. ¿Qué significa ser cristiano? Hay tantas denominaciones, iglesias, personas que opinan sobre lo que es ser cristiano. A través de la Palabra respondemos a la pregunta en Mt. 28 ¿Qué es un cristiano? Un discípulo de Cristo que vive una vida entregada a Él. Que se ha arrepentido de su pecado, se ha bautizado y vive constantemente guardando sus mandamientos.

Hoy vamos a ver que aquel que afirma ser discípulo de Cristo debe ser una persona obediente a su Palabra. La razón de esta obediencia no radica en lo buenos que somos nosotros para obedecer sino en quién es Cristo para que tenga que ser obedecido.

El N.T usa la palabra Señor (Kyrios) una 700 veces. Cuando o hace para asuntos de la vida secular significa persona con autoridad y superioridad como por ejemplo cuando es usa para decir que los esclavos tiene un señor (Mt. 10:24) también para hablar del dueño de una propiedad (Mr. 12:9) o para el superior de un empleado (Lc. 16:5).

En el A.T. también se usa en referencia a Dios como Señor de Señores (Dt. 10:17; Sal. 136:3) o el Señor de toda la tierra (Jos. 3:13). En referencia a Jesús es la manera corriente en que sus seguidores se refieren a Él (Mt. 17:14-15; Mr. 2:28). Además sus palabras son consideradas como autoridad definitiva (1 Ts. 1:8; 1 Co. 7:10).4_reymago

La fe en Jesús que proclama el evangelio implica el reconocimiento de Él como Señor, como dueño, como amo y jefe del que cree. Desde el principio la Iglesia, son cristianos aquellos que le reconocen como Señor. El Señorío de Cristo es el rango, poder y dignidad de Jesucristo como Señor de Señores y Rey de Reyes (1 Ti. 6:15; Ap. 19:16) sobre la vida y la muerte de aquellos que creen en Él. La palabra señorío hace referencia a su dominio soberano sobre toda la creación (material y espiritual), todas las circunstancias y todas las relaciones. La confesión fundamental de los cristianos es que Jesucristo es el Señor (Fil. 2:11). Cuando un creyente hace tal confesión por fe, está afirmando directamente su pertenencia a Cristo como Señor, expresada a través de la obediencia incondicional a su voluntad.

Esto es muy importante porque erróneamente creemos, en muchos casos, que lo que tenemos que hacer es creer y nuestra responsabilidad es la Fe. Creemos y por lo tanto ya somos discípulos o cristianos pero nos olvidamos que la Fe es un don de Dios, no es algo que nosotros podamos desarrollar por nosotros mismos, nuestra tarea es la obediencia. Lo estudiábamos en Santiago “Así también la fe por sí misma, si no tiene obras, está muerta” Stg, 2:17. ¿Cuáles son entonces nuestras obras? La obediencia a Cristo.

Las últimas palabras de una persona cuentan mucho. Cuando Jesús está despidiéndose de los Once, de sus discípulos (Jn 14:15-24; 15:14-16), Él les está dando las últimas instrucciones de cómo deben vivir una vida que le agrade a Él y Jesús va a ser claro. Obedeciéndole.

Jesús dice en estos momentos una de sus frases más conocidas “Sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando” (Jn. 15:14). La relación que tenemos como discípulos de Cristo es también de la amigos. Somos considerados amigos por Cristo, las segunda persona de la trinidad. Es una referencia al A.T. a la relación que tenían Abraham con Dios (Is. 41:8; Stg. 2:13; 2 Cr. 20:7). Dios considera a Abraham su amigo e incluso no quiere guardarle información importante sino que la comparte con él Gn. 18:16-20.

Ahora Jesús compara su relación con los Once de esta manera. Son amigos de Cristo, pero que sean considerados amigos no implica que estemos ante una relación de igualdad. No estamos ante dos personas iguales en derechos y obligaciones en una relación sino que existe un Señor, un Maestro el cual considera su amigo a su siervos o discípulo. Ser amigo de Cristo implica estar bajo su autoridad. Jesús deja claro que la vida que debemos vivir es en obediencia.

La obediencia a Cristo es una muestra de amor (14:15): Cuando estamos renunciando al pecado por hacer la voluntad de Dios lo que se muestra en nosotros es amor para con aquel que estamos obedeciendo. Porque el amor se muestra en los actos. Con nuestros labios podemos decir que amamos mucho pero a la hora de la verdad el amor se manifiesta en lo que hacemos, en como hablamos y en como tratamos a la otra persona. Pensemos en una relación de pareja si decimos que amamos, pero luego hablamos mal, ofendemos, no nos preocupamos, ¿podemos decir que hay amor? La respuesta es no, el amor se manifiesta en los actos. Cuando recordamos con cariño a alguien que amamos, no recordamos sus palabras diciendo que nos amaba sino como lo transmitía con sus gestos y acciones.

De la misma manera nuestro amor por Cristo tiene que manifestarse en obediencia. ¿Y por qué es tan tajante aquí Jesús? Si no obedecemos es que ya no hay amor, suena casi como un chantaje. Pues porque no se puede servir a dos Señores (Mt. 6:24). En este caso es con las riquezas pero no podemos estar viviendo a dos aguas, no podemos vivir con un pie en el mundo y siguiendo lo que el mundo dice acerca de la vida, las relaciones, la sexualidad y a la vez obedecer la Palabra de Dios los domingos. Porque cuando ocurre eso realmente estas sirviendo sólo a uno y este es Satanás.

Santiago también va a decir algo parecido “hombre de doble ánimo, inestable en todos sus caminosStg. 1:8 las personas de doble ánimos son aquellas que navegan entre dos aguas y son inestables en todo lo que emprenden porque no están sobre la roca que es la Palabra de Dios.

Además cuando obedecemos mostrando amor por Cristo esto nos hace ser amados por el Padre. El que tiene mis mandamientos se refiere a aquel que los conoce y lo obedece el cual es sinónimo de amar a Cristo. El Padre ama a tales personas. Quizás por culpa de obedecer los mandamientos de la Palabra de Dios podemos sentirnos solos, marginados o rechazados pero podemos estar seguros de que cuando obedecemos a Cristo no sólo le agradamos sino que somos amados por Dios.

La obediencia a Cristo es guiada por el Espíritu Santo (14:17-20): Los discípulos tienen miedo porque no saben lo que va a pasar ahora. Pero Jesús quiere tranquilizarlos explicándoles que Él se va, pero la relación continúa. Aquellos que creen en Cristo, que tienen fe en Él como Salvador y como Señor de sus vidas reciben al E.S., que según lo que dice Jesús, hace la misma función que Jesús hacía con los Doce. Los guía, enseña y corrige.

El mundo no podrá conocer al Espíritu Santo, porque no puede recibirlo sólo aquellos que han confiado en Cristo. No sólo es que no lo puedan recibir es que esto es algo incomprensible para el mundo en que vivimos, si les decimos a nuestros vecinos que creemos que tenemos a una persona de Dios en nuestra vida guiándonos probablemente pensará que estamos locos porque el mundo no puede entenderlo. A través del Espíritu Santo es la manera en que los discípulos podrán seguir obedeciendo las Palabras de Jesús. ¿Cómo? Jn. 14:26El os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho” esta es una promesa para los Doce porque para recordar algo tienes que haberlo oído antes. Cuando te enteras de algo nuevo no estás recordando. La tarea del Espíritu Santo en la vida de los Once es al de recordarles las Palabras de Cristo el resto de su vida. Los Once aprovechan esto para escribir los evangelios y todas las cartas del N.T. ¿Cómo podrían recordar con precisión las Palabras de Jesús? Los evangelios más antiguos son los de Mateo y Marcos (50 d.C) o sea que hace 20 años que Cristo ha muerto y que han ocurrido todas los eventos de su ministerio. ¿Podemos nosotros recordar alguna conversación del año pasado? ¿Y de hace 20 años?. La verdad es que nos costaría recomponer hasta la última predicación que hemos escuchado. Pero el E.S. les muestra a estos hombres lo que Jesús había dicho y lo hace con fidelidad.

No sólo eso sino que le muestra “toda la verdad” no sólo recordar lo que Jesús dijo sino todo lo que Jesús quiere para la vida de su discípulos (Toda la Escritura). Con el objetivo de que “a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra2 Ti 3:17. Para que seamos como Cristo.

Hoy en día el Espíritu Santo no nos da nueva revelación de lo que Jesús dijo pero si nos guía a través de la revelación que Él mismo recordó a los Once más a Pablo para guiarnos en nuestra vida. ¿Queremos obedecer a Cristo sólo podremos a través de la guía del Espíritu Santo?. ¿Cómo nos guía el Espíritu Santo? A través de la lectura, meditación y oración. Jesús mismo se apartaba tiempo para orar y pedir guía al Espíritu Santo. Él no dirá como obedecer.

La obediencia a Cristo es el medio para reflejar a Cristo al mundo (14:22-24): Judas no Iscariote ha hecho una pregunta a Jesús. Era una pregunta normal, si estaba siendo tan claro enseñándoles que es lo que Jesús va a hacer y que va a regresar más adelante, ¿Por qué no se lo cuenta al resto del mundo para qué crea? Jesús va a dar una respuesta repitiendo algo que ya dijo anteriormente, la respuesta nos puede parecer que no es clara. Pero si estamos atentos a las palabras de Jesús podremos entender lo que está diciendo. Jesús les responde que sí se va a manifestar al mundo pero no de la manera que ellos esperan o consideran que fuera la mejor sino que Cristo se manifiesta al mundo a través de las vidas de los que le aman y le obedecen. Más adelante Jesús ampliará la definición diciendo que le serán testigos “me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierraHc. 1:8  donde les explicará que son ellos 11 los que tienen que ir por el mundo predicando el evangelio del reino que predicaba Jesús, bautizando y enseñando a guardar los mandamiento de Cristo. Pero esto sólo lo pueden hacer las personas que aman a Cristo.

Conclusión

Aquel que quiera ser discípulo de Cristo va a tener que pensárselo muy bien. Evaluar lo que cuesta porque para empezar cuesta el corazón y la vida. Amar a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente. Pero además si queremos ser discípulos de Cristo tenemos que vivir una vida de obediencia a su Palabra en todo momento. Una obediencia que es muestra de amor a Cristo. Ya vimos que todas las características están enlazadas entre ellas.

Para esta obediencia no estamos solos sino que el E.S nos guía a ella a través de la Palabra que Él mismo dicto a los Apóstoles. Podemos pedir guía a Dios en los momentos difíciles para tomar decisiones y Él nos guiará a través del E.S.

En último lugar cuando obedecemos a Cristo lo que estamos haciendo es reflejando a Cristo allí donde estemos obedeciendo. Porque nos comportamos como Cristo lo haría. Jesús no es hipócrita para pedir que hagamos algo que Él no haría. Así que obedeciendo a Cristo le estamos imitando y reflejando al mundo

¿Qué significa ser cristiano? V: Amor por la obra de Cristo

¿Qué significa ser cristiano? V: Amor por la obra de Cristo

Empezamos serie sobre que significa ser cristianos en Mt. 28 donde veíamos que Jesús reunió a sus discípulos en una montaña de Galilea y allí les dio un mandato “Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones (v. 19). Veíamos la diferencia entre identificarnos como cristianos a hacerlo como discípulos. Jesús nunca llamó a la gente a hacerse cristiana en el sentido de apuntarse a una religión como si dijeras “Si vienes a estos lugares y cumples con estos ritos serás salvo”. Sino que el llamado es a ser discípulos, personas que le sigan, le obedezcan y quieran vivir como Él vivió.

Hoy vamos a plantearnos que significa ser cristiano en el ámbito de la iglesia local. Qué relación tengo que tener con otros que dicen ser cristianos.

El texto que mejor define nuestra relación con nuestros hermanos es 1 Corintios 13. Que aunque es un texto muy usado en las bodas realmente no habla del amor romántico sino del amor que tenemos que tener los unos por lo otros en el cuerpo de Cristo.

Antes de amar tenemos que saber que debemos amar. Debemos plantearnos una pregunta previa ¿Qué es la iglesia?. El término se usa tanto para una comunidad local de creyentes (1 Co 1:2) como para todos los creyentes considerados como una asociación colectiva del pueblo de Dios (Ef 1:22–23). Se usan varias metáforas para describir la iglesia, siendo la más prominente el Cuerpo de Cristo. Tanto aquí como en la totalidad de la enseñanza del N.T., el énfasis está en la unión espiritual de la iglesia con Cristo el Señor de la iglesia y la de los creyentes entre sí. (Ef. 2:19-22)

dilla_274_2Cuando Cristo nos salva no lo hace para que vivamos como seres aislados unos de otros sino que es necesario que nos juntemos con otros creyentes porque es a través de ellos que Dios trabaja en nuestras vidas y nos permite crecer. (1 Cor. 12:7-23) cada uno somos parte del cuerpo y nos necesitamos y nos necesitan. Esto implica que tengo que vivir mi relación con la iglesia como algo activo siendo de bendición y siendo bendecido por mis hermanos. No existe los lobos solitarios en el reino de Dios sino las ovejas que dependen unas de otras como un rebaño dirigido por el buen pastor.

Esto es el plan de Cristo “según le agradó” (1 Co. 12:18) el plan de Cristo es su iglesia y si somos personas que creemos en Cristo y que queremos obedecer sus mandamientos debemos ser personas comprometidas con amar a su iglesia.

El amor es el modo de ser del cristiano. Todo lo hace, sea lo que sea, tiene que ser con amor. Amor hacia Dios primeramente y en segundo lugar amor al prójimo. Estamos en esta segunda parte.

Lo primero que Pablo explica en este capítulo 13 es la importancia del amor (v. 1-3): y lo hace a través de 4 contraposiciones lo que viene a decir que si alabara a Dios de la mejor manera posible, que si enseñase con todo el poder de Dios, si tuviese una fe que mueve montañas y hasta fuera el hombre para caritativo del mundo pero no hubiese amor en eso que hace no vale para nada sería como un metal que resuena, hace ruido pero ya está, nada es ni nada provecha. Tenemos que entender lo que está diciendo aquí. No está diciendo que debemos quedarnos con el amor y rechazar el resto. Debemos alabar a Dios con nuestra vida, debemos enseñar, a todos, a nuestros hijos, a un hermano que sepa menos, en la escuela dominical o en la iglesia. No debemos dejar de tener fe ni ser caritativos. Lo que explica es que todo lo que hagamos debemos hacerlo con amor.

Los siguiente que explica el autor es como es este amor (v. 4-7): lo hace a través de una descripción de aquello que es y que no es.

El amor es: paciente, bondadoso, creyente, tiene esperanza, lo soporta todo,

El amor no es: envidioso, jactancioso, no es arrogante, no es indecoroso, no es egoista, no se irrita, no toma en cuenta el mal, no es injusto.

Si nos fijamos no está definiendo al amor sino a la persona que ama, o que dice amar. Si decimos que amamos a nuestros hermanos no puede ser que seamos envidiosos con ellos, arrogantes, indecorosos o egoístas. Sino que tenemos que ser pacientes y bondadosos, tener esperanza, soportar y no tener en cuenta el mal de nuestros hermanos.

La conclusión, el porqué de todo esto es porque el amor dura para siempre (v. 8-13): Directamente el amor nunca deja de ser. Los dones, todo lo que podamos hacer aquí en la tierra terminará ¿por qué? Porque cuando estemos en el cielo la fe no hará falta, la enseñanza tampoco porque conoceremos a Dios cara a cara. Cuando venga lo imperfecto, o sea cuando estemos delante de Dios sin pecado lo imperfecto acabará, el conocimiento imperfecto, la fe imperfecta todo esto acabará.

La conclusión es sencilla el amor es la manera de ser en el reino de Dios y por ello aquella persona que dice ser discípulo de Cristo debe amar a Cristo y a su obra que es la iglesia sirviendo a sus hermanos en amor. Hagamos lo que hagamos debemos hacerlo con amor porque sino quedará en nada, no valdrá para nada. Si queremos ser discípulos que crean, se bauticen y sean obedientes a la Palabra de Dios debemos ser discípulos que amen la obra de Cristo que es la iglesia.

CONSOLACIÓN I. El Dios de toda consolación.

CONSOLACIÓN I. El Dios de toda consolación.

 

Como seres humanos todos pasamos por experiencias similares, son situaciones que cuando las vemos a nuestro alrededor las entendemos y comprendemos porque nosotros el alguna fase de nuestra vida hemos pasado por ellas. Una de estas situaciones es el sufrimiento o angustia, cuando algo llega a nuestra vida y no hunde de tal manera que pensamos que no va a haber una salida.

El sufrimiento puede llegar de muchas maneras, quizás por una pérdida inesperada, por un enfrentamiento, por el pecado en nuestra vida o quizás por no haber logrado aquello por lo que nos esforzamos.

En esos momentos de angustia sólo hay algo que nos pueda ayudar y eso es el consuelo que podamos recibir, palabras de ánimo que nos ayuden salir de ese pozo. Pero ¿Me sirve cualquier palabra de consuelo que me puedan dar? ¿que tipo de consuelo necesito en mi vida? ¿Donde lo puedo encontrar?

El apóstol Pablo escribe en 2ª Corintios una epístola muy práctica para la vida de la iglesia en Corinto. Una vez que ha dado la introducción adecuada (2ª Cor. 1:1-2) Pablo pasa a una parte de donde da gloria a Dios por sus destinatarios, generalmente suele hace esto a través de una oración, aunque en 2ª Corintios no es el caso sino que en esta ocasión es una frase de alabanza a Dios “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación” (v. 3) con la cual va a introducir el tema que le va a ocupar en estos dos primeros capítulos: LA CONSOLACIÓN QUE VIENE DE DIOS. Para ello empieza con una alusión al A.T. a través de esta alabanza en el versículo 3, donde se refiere a Dios como un Dios consolador de los sufrimientos de su pueblo (Sal. 103:13-17; Is. 51:12: 66:12). El A.T. nos presenta, en contextos de juicio, a un Dios que consuela a su pueblo que sufre (Is. 66:13). ¿Pero que es la consolación de Dios? ¿qué es lo que hace Dios en nosotros cuando nos consuela? la consolación de Dios es el ánimo de Dios en medio del sufrimiento y angustia para fortalecer e impartir valor y denuedo. Es la fuerza de carácter que Dios nos da en medio del sufrimiento que podemos tener en la vida. Con ella Dios nos anima a pasar por la prueba sabiendo que está produce fruto en nosotros o en su obra.

Esta es la consolación del Dios de toda consolación. Pablo hace referencia al Dios de toda consolación en relación al A.T. y vamos a ver tres pinceladas acerca de cómo es este Dios de toda consolación.

1. UN DIOS QUE NO ES INSENSIBLE AL SUFRIMIENTO (Jc. 2:18):…porque Jehová era movido a misericordia por sus gemidos a causa de los que los oprimían y afligían” El Dios de toda consolación es un Dios no es ajeno al sufrimiento del pueblo, sino que su corazón es movido a causa de los gemidos y lamentos. Nuestro Dios es un Dios dispuesto a oír y a compadecerse del que esta sufriendo incluso cuando este sufrimiento viene por el propio pecado del pueblo y es Dios quién esta descargando su ira contra el. Nuestro Dios es un Dios de compasión como lo es el padre del hijo pródigo en la parábola de Jesús, en Dios que se compadece de la situación de sus hijos.

2. UN DIOS QUE SE PREOCUPA POR SU PUEBLO (Sal. 40:16-17):Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí.” El salmista está en un momento de prueba a la espera de la liberación de Dios (40:13) en ese momento parece estar en una soledad profunda del sufrimiento. Esa soledad que todos los seres humanos pasamos cuando la aflicción llega a nuestra vida, como Job cuando está en el suelo lleno de sarna, con la familia destrozada y rascándose con una teja. En ese momento duro David tiene un pensamiento que lo consuela, Dios piensa en mi, está pendiente de mi, no se olvida de su siervo. Nuestro Dios es un Dios de consolación porque se preocupa de cada uno de nosotros, se interesa por la situación que está pasando nuestra vida, aunque pensemos que estamos en la más absoluta soledad.

3. UN DIOS QUE AMA INCONDICIONALMENTE (Is. 66:13):Como aquel a quien consuela su madre, así os consolaré yo a vosotros, y en Jerusalén tomaréis consuelo.” En el final de Isaías Dios a través de su profeta ofrece una ilustración de cómo es el consuelo que él ofrece al pueblo, es sólo comparable con el que una madre puede darle a su hijo. Es una consolación única, amorosa y siempre dispuesta como lo es la de una madre.

En conclusión, a través de esa referencia al A.T. Pablo quiere poner una imagen en la mente todos los oyentes de esta carta, la de un Dios que oye el lamento de los que sufren y necesitan ser consolados, un Dios que no es insensible ni lejano sino que tiene un corazón dispuesto a ayudar. Es un Dios que se interesa y piensa en su pueblo con un amor sincero e incondicional. Dios es la fuente de la cual emerge toda la consolación que necesitamos en los momentos oscuros de aflicción y sufrimiento en nuestra vida.

En el siguiente artículo seguiremos estudiando la consolación de Dios aplicada en la vida de Pablo.

El amor, la manera de ser de un colaborador.


Empezamos hace un tiempo empezamos hablando sobre ser colabores de Dios en Su obra en la vida de otras personas lo cual es una decisión que debemos tomar, entre ser colaboradores y consumidores. Seguimos con un artículo acerca de la necesidad de prepararnos para ello y el precio que tenemos que pagar.

Ahora seguimos con el modo que debemos ejercer este servicio, el amor.

¿Preferiría un médico que le coja de la mano mientras

se muere o uno que le ignore mientras mejora?Dr. House

Esta frase define a uno de los personajes televisivos más carismáticos de lo que llevamos de siglo. Un medico que apasionado por resolver las misteriosas enfermedades pero que rechazaba cualquier contacto personal con sus pacientes. Ser tratado por el Dr. House era sinónimo de ser avergonzado, humillado, ignorado, pero al final del capítulo, en la mayoría de las ocasiones, ser salvado de una enfermedad mortal. Era la forma natural de actuar de este médico semana tras semana.

Todos tenemos una forma propia de hacer las cosas, que nos define. Una forma propia de comunicarnos, de organizarnos, de pensar, de enfadarnos y también de arreglarnos. Somos seres humanos y por lo cual diferentes los unos de los otros. Los más cercanos a nosotros son capaces de identificar estas que nos hacen seres únicos.

Los colaboradores de Dios también tienen una manera propia de comportarse, de ser. No 56ad5b66a1d35_castells-906393_1280es una manera original, porque no ha sido inventada por ellos mismo sino mandada por la persona que imitan.

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.Mt. 22:37-39

Cuando nos planteamos ser colaboradores de Dios en la vida de otras personas, sea cual sea el contexto, la manera de hacerlo es con amor. Porque este amor es la manera de hacer las cosas de Dios. Es Su manera. Sin amor podemos regañar a alguien pero con amor lo corregimos, sin amor podemos enseñar historias bíblicas a un grupo de niños pero con amor los educamos en los caminos de Dios. Sin amor un joven puede seguir las órdenes de sus padres pero con amor se deja guiar por ellos.

Este amor lo cambia todo. Dios nos pide este amor porque forma parte de lo que Dios es (1 Jn. 4:7-9). Dios ama y lo demuestra. Cuando hablamos del amor de Dios queremos decir que eternamente Dios se da a otros. Se entrega por otras personas, lo merezcan o no. Esta definición entiende el amor como entrega de sí mismo para beneficio de otros.

Una característica de este amor de Dios es que el amor de Dios es un amor puesto en práctica, no es un amor teórico que se queda en palabras, Dios no sólo ama, sino que ama y por eso actúa. Nunca veremos a Dios hablar de amor sin demostrarlo de alguna forma, sea proveyendo salvación, liberando a su pueblo, proveyéndoles una tierra que fluye leche y miel, dándoles reyes buenos a pesar de no querer que Dios gobernara sobre ellos. Dios demuestra amor por cada una de las acciones que vemos escritas en la Biblia.

Otra característica del amor de Dios es que Dios ama antes de esperar ser amado. En la sociedad egoísta en laque vivimos el amor sólo sirve si es correspondido, si me aman amo, a las personas que no corresponden a mi amor no estoy obligadas amarlas, y aquí no hablo del amor romántico sino de las personas que nos rodean. Puedo amar yo primero, pero si los que me rodean no corresponden a mi amor tengo el derecho de protegerme, de que no me hagan daño, pero Dios no es así, sino que su amor es total. Este amor de Dios no es un amor condicional, no podemos hacer nada para activarlo o pararlo, da igual las veces que pequemos Dios siempre va a amarnos para tener la oportunidad de arrepentirnos. Esto es así porque el amor de Dios no nace de los sentimientos, sino de la decisión de amar. Esa es la razón por la que el amor de Dios nunca falla, porque Dios no me ama por lo que yo hago o dejo de hacer sino porque antes de la fundación del mundo, antes de mi existencia ya decidió en su corazón amarme.

Este es el tipo de amor que debemos tener nosotros. Esto es lo que diferencia el amor de Dios del resto de los amores. No amamos por los sentimientos que nuestros hermanos nos transmiten, sino que amamos porque tomamos la decisión en nuestra vida de amar a nuestros hermanos y da igual cual sea su actitud, porque mi amor por ellos no depende de lo que ellos hagan bien o mal sino dependerá de mi actitud hacia ellos.

De esta manera el amor de los hermanos que sirven en el tiempo de alabanza no dependerá de las muchas o pocas personas que asistan. Ni el amor con que enseñe una profesora dependerá del valor que los padres le dan a la escuela dominical. Sino que el amor es la manera natural con que desde un principio he decidido usar mi vida para colaborar en la obra de Dios en la vida de los que nos rodean.

¿Quién es este?


Hay preguntas con las que todos tropezamos en nuestra vida, preguntas que todos nos planteamos en cierto momento. ¿Quién soy? ¿Qué voy a estudiar? ¿Hacia donde va nuestra relación? etc… Con Jesús hay una pregunta que en el evangelio aparece en varias ocasiones y que todos nos hacemos el algún momento ¿Quién es este? Una pregunta con la cual todos chocamos en alguna fase de nuestra vida, una pregunta que llegado el momento todos debemos responder.

Nuestra relación con una persona radica en el valor que le otorgamos a esa persona. En Lc. 7:36-50 encontramos dos personas que se plantearon esta pregunta y cuya actitud con Jesús nos muestra cual fue su respuesta. Esta historia nos presenta a dos tipo de personas con una relación mu diferente con Jesús, ambas habían nacido de una concepción de quién es Jesús. La pregunta surge sola v. 49¿Quién es este?

Por un lado tenemos a un hombre muy respetado, a un fariseo que invita a cenar a Jesús, por otro lado tenemos a una mujer anónima que aparece en la cena sin estar invitada. Pero estas dos personas a través de su comportamiento van a mostrarnos cual fue su respuesta ante la pregunta que nos planteamos sobre Jesús ¿Quién es este?.

Jesús se encuentra al principio de su ministerio. Está en un momento de mucho trabajo. En los capítulos 6 y 7 se le ve sanando al hombre de la mano seca, al siervo del centurión. Resucitando al hijo de la viuda, eligiendo a su discípulos. Repasando el sermón del monte. Es un momento muy ajetreado de su ministerio.          Entonces un fariseo llamado Simón decide invitar a Jesús a comer a su casa. Podemos pensar que es una invitación sincera, pero la actitud que éste tiene con sus invitados es cuanto menos distante.

(v. 44) En la sociedad actual, cuando llegamos a casa, sea nuestra o de otra persona, lo que hacemos al llegar a la entrada es limpiarnos la suela de los zapatos con la alfombra de la entrada, esa que suele poner Bienvenidos. Pero en aquella época, con los caminos polvorientos del s. I todo el pie necesitaba ser limpiado de una manera concienzuda, para no ensuciar la casa y entrada dentro de las normas de conducta que un siervo del anfitrión limpiase los pies a los invitados. No sabemos si el resto lo hizo, lo que si sabemos es que a Jesús no se le ofreció este servicio. Era un servicio que sólo los eslavos realizaban, por eso en Jn. 13, en la última cena, ninguno de los discípulos quiere hacer esta tarea y se extrañan tanto por la actitud de Jesús al lavarle los pies a ellos. Porque no es algo que un maestro haga, sino de un esclavo. En la casa de Simón, nadie dio la orden a los esclavos para que limpiaran los pies de Jesús, por lo menos los de Jesús, los del resto no sabemos.

Es extraña la actitud de Simón, porque realmente este es un fallo garrafal para un anfitrión. Está faltando a las normas básicas de cortesía. Es como si invitamos a cenar a alguien a casa y no lo recibimos, sino que ya lo esperamos en la mesa, o no le recogemos los abrigos al llegar. Es una falta de educación, en un hombre culto, o que se supone que debería serlo. Así que Simón empieza con un gesto de descortesía formal con Jesús.

Lo que Jesús sigue diciendo es que Simón es que no le dio un beso (v, 45), ahora ya no es un gesto de descortesía formal sino que ya es un gesto de descortesía personal, Simón no saludó a Jesús al entrar en su casa. Un beso se refiere a un saludo. Simón no le dio un beso para darle la bienvenida a su casa. Jesús había llegado a casa de Simón y no había sido bienvenido por Él, algo que no concuerda con el hecho de invitar a una persona. Hoy en día sigue siendo uno de los gesto más bordes que hay el no saludar a alguien y una señal inequívoca de mala relación.

La tercera cosa que Jesús le recrimina es que no le ungiera la cabeza con aceite (v. 46), ahora la descortesía es de autoridad. Se ungido es símbolo de autoridad venida de Dios, sólo los sacerdotes y los reyes lo eran. Simón no reconocía a Jesús como ninguna de esas cosas. Es más llega a decir “Este, si fuera profeta, conocería quien y qué clase de mujer la que le toca, que es pecadora” los prejuicios propios y el rechazo a las personas que eran pecadoras le llevan a rechazar directamente a Jesús

No es que Simón fuera despistado, o que con Jesús se cumpliesen una serie de errores, sino que Simón muestra una actitud en si vida de rechazo a Jesús. Es cierto que Jesús está en su casa, pero ni es bienvenido, ni se le ha procurado las normas básicas de un buen anfitrión, porque Jesús no es otra cosa que ese ser extraño que agita al mundo. Sí lo quiero en casa para cenar, pero de invitado, es mi casa y mis normas, yo soy el centro. Ante la pregunta “¿quién es este?” la respuesta de Simón es este es Jesús, alguien que si fuera un hombre Dios sabría comportase como yo me comporto.

Por otro lado tenemos a una mujer anónima que se nos describe como pecadora, lo que nos da la idea de que probablemente fuera prostituta. Este mismo gesto que hace de ungir a Jesús, lo hacen otras mujeres como María la hermana de Lázaro en Jn.12. Esta mujer no estaba invitada a la fiesta, ¿Cómo iba a estarlo si era prostituta?. Pero esta mujer a pesar de ser rechazada por los fariseos se hace las mismas preguntas que ellos, también ella se hace la pregunta ¿quién es este? Y su actitud ante Jesús no da la respuesta.

Para empezar la posición que toma, Simón está a la misma altura, en la misma mesa que Jesús, en cambio esta mujer está a los pies. En aquella época no había sillas y la gente se recostaba para comer, los pies quedaba en la parte de afuera de la mesa, entonces esta mujer se puso a las espaldas de Jesús, a sus pies en una señal de reconocimiento de la persona de Jesús. Esta mujer no está hablando con cualquier persona sino con rey ante el cual no es digno de estar. Juan el Bautista describió este sentimiento Jn. 1:27no soy digno de desatar la correa del calzado”. Esta mujer sabía quien era Jesús y sabía lo insignificante que somos los seres humanos ante Él.

No solo se arrodilla sino que llora (v. 38) una señal de arrepentimiento. La presencia de Jesús y el conocimiento de sus palabras, porque es la única manera de alcanzar conocimiento de los que es el pecado le lleva a llorar por todo el pecado que había cometido y no es que hubiera cometido más o menos que el fariseo es que el Espíritu Santo le señalaba el pecado y ella no era rebelde a esa acusación. Lc. 18:9-14 nos señala este comportamiento. No es que el fariseo pecase menos es que no era espiritual y no era capaz de distinguir el pecado que había en su vida, en cambio, el que descendió justificado era capaz de ver su vida y ver el pecado que la gobernaba.

La mujer también está dispuesta a tomar su cruz. Es su caso su cruz era la vergüenza de sentirse juzgada en la misma casa de los fariseos. Para empezar en el mundo judío las mujeres no podían comer en el mismo sitio que los hombre, lo que está haciendo esta mujer el romper con las reglas sociales, pero está dispuesta a más. Además sabe que no será bienvenida, y la reacción de Simón es la respuesta a ese temor. Es rechazada por los que le rodean. Pero está dispuesta, no por donde está o por las personas que la rodena sino por Jesús. Aquel que quita toda vergüenza.

Además esta mujer reconoce la divinidad de Jesús, le unge. Ungir, a parte de los que dijimos de que reconocía que era un enviado del cielo además era una profecía sobre su muerte. Las mujeres después de la muerte de Jesús van a llevarles especiar aromáticas para ungirles (Mr. 16:1). Esta mujer reconoce a Jesús como Mesías del pueblo de Dios, como su Mesías, el que tiene que morir en sustitución de su pueblo.

Viendo la actitud de esta mujer podemos ver cual fue su respuesta a esta pregunta ¿Quién es este? Este es Jesús, el Mesías, el enviado de Dios para redimir a su pueblo, el enviado de Dios para redimirme a mí.

 

Ante la cabezonería de Simón Jesús usa una ilustración para explicar la diferencia de actitud (v. 40-43). Esta historia puede mal interpretarse, Jesús no esta poniendo los pecados de la mujer y de Simón en una balanza, en un concurso de haber a quién perdonamos más. Sino que está hablando de perdón. Existen dos deudores y la realidad es que “ninguno de ellos podía pagar” ambos estaban condenados a la esclavitud, porque según la ley quien no podía pagar debería ser vendido como esclavo.

Ambos estaban en la misma situación la bancarrota. Entonces Jesús lanza esta pregunta “¿Cuál de ellos le amará más?” y Simón responde que el más perdonado. Jesús lo felicita. ¿Pero que está diciendo aquí Jesús, que esa mujer peco más? No sino que esa mujer se ha dado cuenta de cuanto perdón necesita por parte de Jesús, en cambio Simón no se da cuenta, piensa que en poco a ofendido a Dios, no necesita perdón.

Una de las cosas más complicadas a la hora de evangelizar es convencer a la gente de que son pecadores. Se les puede convencer de que Dios es bueno, de que en el mundo hay maldad, pero de que ellos son malos y necesitan el perdón de Dios es algo complicado de asimilar. Simón no lo hacía la mujer pecadora sí.

Todos nos enfrentamos a esta pregunta alguna vez en nuestra vida “¿Quién es este?” Según que respondamos a ella así será nuestra actitud con Jesús. Jesús puede ser un invitado en nuestra casa, una persona que le abramos la puerta, pero que se tiene que acomodar a las normas de los dueños que somos nosotros. Con nuestros juicios propios sobre lo buenos que somos nosotros, sobre los pecadores que son los demás, sobre como tratar a Jesús.

En cambio si respondemos que Jesús es el Mesías, el Redentor, el que necesitamos para tener vida porque estamos muertos, nuestra actitud será estar a los pies de Cristo adorándole. Da igual lo que piensen de nosotros, o lo criticados que seamos. Él recibirá adoración de personas que se nos ha perdonado mucho, por eso amamos mucho.

Así que os invito a reflexionar, ¿Quién es este?

Saludaos los unos a los otros.


Puede que sólo lo consideremos un gesto, algo que todos los seres humanos hacemos a veces de manera instintiva. Quizás pensemos que para Dios eso no debe tener muchas importancia. Pero a pesar de ser algo tan cotidiano es un tema que afecta directamente a la relación entre los hermanos y en el siglo primero, que es cuando Pablo escribe esta ordenanza y aunque esto ocurrió hace casi 2000 años es algo que afecta directamente a la iglesia de hoy, porque la Biblia trata temas fundamentales del ser humano.

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”  Hb. 4:12.

Entre otras muchas cosas este texto describe a la Biblia como “espada de dos filos; que penetra hasta partir el alma y es espíritu” esto significa que la Biblia no trata temas superficiales, sino temas esenciales del ser humano, temas que tocan su propia alma, temas profundos ante los cuales debemos posicionarnos. Y la Biblia siempre recalca la necesidad de ponernos en acción con los mandamientos “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.” Stg. 1:22.  Si escuchamos estas palabras, estos unos a los otros y decimos que buenos son, son importantes y están muy bien que los estudiemos pero luego no nos amamos los unos a los otros, no nos perdonamos los unos a los otros, no nos exhortamos los unos a los otros, no vale para nada, como dice la Biblia nos engañamos a nosotros mismos y por muy poca cosa que pensemos que es el tema de hoy, por muy “bueno eso tampoco es tan importante” debemos pensar que es un mandato de Dios para nosotros, su pueblo.

Pablo sorprende aquí con un saludaos los unos a los otros (

Saludaos los unos a los otros

Ro. 16:1-16) el cual era un tema muy importante en la iglesia del siglo primero, tuvieron muchos problemas con este tema y Pablo ve la necesidad de recalcarles este mandamiento. Pablo no les da opción, no está diciendo podéis saludaros, o mejor  saludaros que no. Está diciendo saludaos, es una obligación.

Hoy en día el gesto de saludarse sigue siendo importante, muchas veces nos enfadamos si alguien que nos conoce no nos saluda, lo consideramos un agravio. En la época que se escribió la carta de los romanos saludarse era un acto social muy importante, porque incluía un reconocimiento de la otra persona, si yo saludo a una persona significa que la considero como de mi propia familia, no existía el saludo para quedar bien, sólo se saludaba a los que se consideraba queridos.

Este saludo se hacía efectivo con un beso en al frente, la mejilla o la barba. Esta es una práctica que venía del A.T. donde los judíos se saludaban así entre ellos, era un saludo entre los pertenecientes al pueblo de Dios. En el N.T. lo judíos seguían usando esta práctica ahora con el nuevo pueblo de Dios. Esto era muy significativo para los creyentes nuevos porque se sentían aceptados por los judíos. Los judíos no eran muy amigos de los gentiles por eso solían excluirlos, por eso Pablo les recalca que saluden a sus hermanos, literalmente que los acepten como iguales. Además muchos cristianos eran repudiados por sus propias familias por lo cual el gesto de besarles era proporcionarle una familia.

Por lo cual cuando vamos al texto y vemos que Pablo dice que debemos saludarnos, nos damos cuenta de que no sólo se refiere a un saludo que hoy en día hacemos, donde saludamos a todo el que más o menos conocemos. Sino que se refiere a que nos tratemos como lo que somos, miembros de una familia. Nadie saluda a un extraño igual que saludamos a nuestros hermanos o a nuestros padres, porque el cariño y la relación que nos tenemos hacen que el saludo sea especial. Pablo de la misma forma dice que los cristianos debemos saludarnos de una manera especial porque pertenecemos a una familia especial. Para dejar constancia de ello da una lista de saludos, todos ellos orientados a personas de la familia de Dios. Todos ellos orientados a personas que se están esforzando en las cosas de Dios.

Por eso en el día de hoy me gustaría que nos cargásemos de razones para saludarnos, no para saludarnos como saludamos a nuestros compañeros de clase o a alguien que vemos en la calle, sino razones para saludar a los miembros de nuestra propia familia.

                Debemos saludarnos los unos a los otros, porque todos somos hijos de Dios (Ef. 1:3-6):  Todos los cristianos, por cristiano me refiero a aquellos que creen en Cristo, no en los que se apuntan en una iglesia son personas escogidas por Dios para ser sus hijos. La Biblia nos dice que nosotros amamos a Dios, porque Él nos amó primero (1 Jn. 4:10). La Biblia además pone un matiz acerca de esta elección, fue antes de la fundación del mundo, o sea, que antes de que nosotros naciéramos o nacieran nuestros padres, abuelos, etc… Dios ya nos había escogido para pertenecer a su pueblo. Esto es algo que es difícil de comprender para nosotros, es algo que debemos creer por fe, porque que Dios nos escogiera no está reñido con nuestra propia voluntad de seguir a Dios.

Pero entonces si todos los cristianos  somos hijos de Dios escogidos por él mismo debo saludar a mi hermano y tratarlo como un miembro de la familia de Dios porque Dios lo ha puesto aquí por la misma misericordia que a mi. Mi hermano no es una persona menos importante, ni de menos categoría, Dios la escogió igual que a mí, por los mismos méritos, ninguno. No hay nadie que esté en la Iglesia, da igual que cargo ocupe, da igual los ministerios que lleve que haya hecho más mérito que cualquiera de nosotros para estar en ella. Por eso debemos saludarnos, porque somos iguales, somos hijos de un mismo Padre, somos hermanos.

Muchas veces tratamos a nuestros hermanos de la iglesia, o decimos cosas de ellos que nunca nos atreveríamos a decir de un miembro de nuestra familia, cuando realmente las personas que van a la iglesia, y no me refiero a sólo a nuestra iglesia local son nuestra familia y debemos tratarlas como tal.

Debemos saludarnos porque somos miembros de una misma familia y saludarnos, preguntarnos qué tal estamos nos ayuda en esta sensación de familia. ¿Cómo sería una familia donde los miembros se saludan sin tocarse? ¿Cómo sería una familia si sólo levantasen la cabeza al verse?

Debemos saludarnos los unos a los otros porque es mandamiento de Dios amarnos (Mt. 22:35-40):   Todos estos “unos a los otros” acababan dependiendo del primero de todos, amaos los unos a los otros. La iglesia de Cristo tiene una marca que la distingue de otras organizaciones y esta es el amor. Debemos amarnos los unos a los otros, esto implica que debemos tratarnos con amor, esto implica saludar a nuestros hermanos como nos gusta que nos saluden. Podemos pensar que saludar es un gesto que no tiene nada que ver con el amor, pero como cambia la circunstancia cuando un grupo de personas llega y se sienta, o si llega y se saludan.

Esto se nota mucho el primer día de clase de la universidad, los que ya estéis en ella. Llega un grupo de unos 100 chavales que no se conocen entre sí, con lo cual el saludo es frió el ambiente no es de cordialidad. Pero cuando va pasando el tiempo y la gente va haciendo amistad el ambiente cambia. Pues lo mismo en la Iglesia, si yo muestro amor hacia mis hermanos y cuando los veo los saludo, el ambiente cambia. Por eso en la iglesia se suelen poner personas en la entrada a recibir a las personas, para transmitir este amor a través del saludo.

Cuando a Jesús le preguntaron cuál eran los principales mandamientos, el respondió dos mandamientos de amor, el primero es amar a Dios con todas nuestras fuerzas, la segunda proviene de la primera, amarás a tu prójimo, cuando le preguntaron quién era su prójimo, ¿Qué respondió? A un Samaritano, con aquella parábola, alguien ajeno al pueblo de Israel, con lo cual alguien fuera del pueblo de Dios en aquel entonces. Pues si debemos amar así a los de fuera, ¿Cómo no debemos amar a nuestros hermanos? Debemos amarnos, debemos mostrarnos cariño porque es un mandamiento de Dios.

Debemos saludarnos porque el amor en la iglesia debe ser práctico (1 Jn. 3:13-20):   Estas son palabras muy duras, Juan está asociando pensamientos (v. 14) “El que no ama a su hermanos permanece en la muerte”,  aquí es el que no ama, pero sigue (v. 15) “El que aborrece a su hermano es homicida”, pasamos a otro nivel, subimos un escalón, el que odia a su hermano es un asesino, una persona culpable y que debe morir eternamente. Ahora explicar porque es esto (v. 16)”Él puso su vida por nosotros. Así que debemos poner nuestra vida por los hermanos” y ahora después de subir estos escalones Juan llega a la idea que quiere enseña y quedemos aprender (v. 17). El cristiano que habla del amor de Dios, diciendo que es bueno pero tiene bienes y no ayuda a un hermano realmente necesitado no puede decir que tiene el amor de Dios, es decir es igual que la persona que no ama a sus hermanos o que directamente los odia. Así que después de llegar a este punto Juan les / nos recomienda “no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y de verdad”. Podemos llenarnos la boca diciendo que amamos mucho a nuestros hermanos pero si esto no se ve de una forma práctica cuando se necesita, no sirve para nada, somos iguales que una persona que no ama o que directamente odia. Si un miembro de la iglesia pasa por un mal momento en su vida, por un momento de sufrimiento, por la razón que sea y la iglesia no muestra amor con esa persona se puede decir que esa iglesia no ama a Dios, porque podrá cantar unas canciones muy bonitas acerca del amor de Dios pero será como el cristiano del versículo 17.

El amor de Dios se debe demostrar, no para que otros digan de mí, “pero mira que bien ama Laura a sus hermano, pero mira que bien ama Alex al resto de la iglesia” no, sino que se debe mostrar porque Jesús lo mostró, con su vida, dando su vida. Nadie estuvo allí para darle unas palmaditas en la espalda y decir que bien lo haces, no mostró su amor en mitad de los insultos, pero lo hizo no solo de boca sino de manera práctica. Cuando Jesús estaba a punto de morir (Lc. 23:34) dijo “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen” Jesús amó de palabra con palabras que sanaban el alma de la gente, pero también amó de hecho.

Saludarnos puede parecernos algo trivial pero demuestra de una manera práctica nuestro amor por nuestros hermanos.

Debemos saludarnos porque nos necesitamos (Rom. 12:4-8):   Este es un texto puro de iglesia que nos define como somos. Usa una imagen muy representativa que es la de un cuerpo. Todos nosotros somos partes de un cuerpo. No hay nada en un cuerpo humano que sobre, todo tiene una función, aunque sea ser apéndice y final del intestino grueso. Pero la verdad es que Dios hizo la iglesia de esta forma. Necesitamos a todas las personas que pertenecen a la iglesia. Debemos saludarnos porque nos necesitamos. Una mano puede parecer una parte muy importante del cuerpo, pero si no hubiera un estómago que digiriese la comida nunca tendría alimento, sino hubiese un sistema circulatorio que le llevase oxígeno se moriría. Si no hubiera piernas que la llevasen de un lado para otro sería como la mano de la familia Adams que va de un lado para otro sin poder hacer otra cosa.

Esta utilidad, esta necesidad no la tenemos por las habilidades de nuestros hermanos, ni por las nuestras, sino que son poder de Dios.  Dios nos da a cada uno dones  y estos dones son para beneficio de todos, cuando yo vengo a la iglesia y ejerzo el don que Dios me da soy de beneficio a las personas que me rodean, soy como ese sistema circulatorio llevando oxígeno y alimento a la mano. De la misma forma yo me beneficio de que otras personas estén ejerciendo sus dones.

No podemos pensar que no necesitamos a alguien en la iglesia, porque como hemos visto, todas las personas que vienen a la iglesia tienen algo que me beneficia, puede parecer egoísta, pero es verdad. Las personas que están en la iglesia están porque Dios las escogió para estar allí.

Por eso debe saludar a mis hermanos porque cuando estoy con ellos y ejercemos nuestros dones yo salgo beneficiado y ellos salen beneficiados conmigo y juntos somos un cuerpo cuya cabeza es Cristo, como dice la Biblia.

                Debemos saludarnos porque cuando demostramos amor reflejamos a Cristo (Jn. 13:35):   Para finalizar la última razón porque debemos saludarnos es que cuando demostramos este amor, de esta manera práctica la Biblia dice que demostramos que pertenecemos a Cristo. Todas estas ideas se pisan unas a la otras y la idea del amor mucho más, pero la realidad es que el amor es el tema fundamental de las relaciones en la iglesia y cuando mostramos ese amor, no el amor que dice la sociedad, sobre todo el día de hoy sino el amor de Cristo ese amor que le lleva a morir en una cruz por personas que lo están insultando.

Cuando usamos ese amor, para relacionarnos, para usarlo cuando tenemos problemas entre nosotros ahí reflejamos a Cristo, cuando usamos ese amor para soportar a veces comportamientos de personas que nos sacan de quicio, los cristianos distamos de ser perfectos y a veces hay gente en la iglesia que nos puede crispar, pero cuando usamos el amor de Dios para soportar a nuestros hermanos ahí reflejamos a Cristo.

Cuando usamos del amor de Dios para usar nuestros dones y bendecir a nuestros hermanos ahí reflejamos a Cristo. Cuando nuestro amor no se queda en palabras sino que también se demuestra en hechos ahí reflejamos a Cristo.

Cuando saludamos a nuestros hermanos porque también son escogidos de Dios igual que nosotros, porque sabemos que los necesitamos y que Dios usará sus dones para beneficio nuestro ahí reflejamos a cristo.

Por eso debemos seguir el mandamiento de Pablo y saludarnos los unos a los otros, porque tiene muchos beneficios, nos hace sentirnos en familia, amados y nos hacer reflejar a Cristo.