La verdadera circuncisión (Ro. 2:17-29).

La verdadera circuncisión (Ro. 2:17-29).

              En el anterior artículo dejamos a Pablo desarmando los argumentos de aquellos que se creen que por no tener la ley de Moisés están fuera del juicio de Dios. Ahora le llega el turno a aquellos que sí tienen la ley de Moisés, los cuales tiene su seguridad basada en estar circuncidados como Dios se lo había ordenado a Abraham.

              A partir del versículo 17 se produce un cambio de auditorio, Pablo, que estaba hablando a “aquellos que juzgaban a los demás” (2:12:1), cristianos que se creían más maduros y esto les llevaba a creerse libres del juicio de Dios. Ahora Pablo va a dirigirse directamente a los judíos, “Tú que tienes el sobrenombre de judío” (v. 17)

 

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Los judíos erraban por creer que estar circuncidados les daba acceso directo al pueblo de Dios y todas sus bendiciones.

En este párrafo se dirige directamente a los judíos los cuales ser creían que por pertenecer a la familia de Abraham y estar circuncidados ya tenían la salvación y en algunos lugares del imperio se enseñaba que pasa ser salvos, que para pertenecer al nuevo pacto había que volver a circuncidarse. Pablo va a emplear estos versículos v. 17-24 para introducir el tema que va a ampliar y centrar el final del segundo capítulo. El tema es que la única circuncisión que sirve es la del corazón y esta circuncisión sólo la tienen aquellos que guardan los ordenamientos de la ley.

Realmente Ro. 2:17-24 tiene la idea de eliminar las excusas a los judíos por si
quedara alguna duda de 2:1, ellos también son inexcusables antes Dios. Para ello Pablo va a comparar aquello que profesan y compararlo con lo que hacen.

PROFESAN

OBRAN

Te apoyas en la ley (v. 17) No te enseñas a ti mismo (v. 21)
Te glorías en Dios (v. 17) ¿Hurtas? (v. 21)
Conoces su voluntad (v. 18) ¿Adulteras? (v. 22)
Apruebas lo mejor (v. 18) ¿Cometes sacrilegio? (v. 22)
Confías en que eres guía de ciegos

(v. 19)

¿Con infracción de la ley deshonras a Dios? (v. 23)
Confías en que eres luz de los que están en tinieblas (v. 19)  
Confías en que eres instructor de los indoctos (v. 20)  
Confías en que eres maestro de los niños (v. 20)  
Confías en que tienes en la ley la forma de la ciencia y de la verdad. (v. 20)  

A través de esta comparativa Pablo intenta sacar a la luz los pecados naturales de cualquier ser humano, los cuales lo judíos también tenían. Como el boxeador intenta mediante unos certeros golpes bajar los puños de su rival para que la cara le quede libre para dar el golpe final, Pablo ha bajado las defensas de estos judíos para ahora usar los versículos 25-29 para dar un golpe a un tema fundamental en la vida del pueblo judío, la circuncisión.

            ¿Qué significa estar circuncidado?

La circuncisión es la señal del pacto Abrahámico (Gn. 17) y todos los que se circuncidan daban señal de que pertenecían a la descendencia física y étnica de Abraham y por lo tanto también de su promesa y pacto. Era un símbolo de que el pecado debía ser cortado y echado, la circuncisión simboliza la necesidad de una profunda purificación para contrarrestar los efectos de la corrupción.

Pero en los tiempos de Jesús la circuncisión no era simbolismo de algo interno de vidas santas que buscaban alejarse del pecado sino que simbolizaba la pertenencia al pueblo judío, por consiguiente al pueblo de Dios y la entrada automática a todas las bendiciones que Dios había prometido.

Los judíos veían en su circuncisión la marca de la promesa, la cual les garantizaba formar parte del pueblo de Dios, de hecho era la marca que Dios le había dado a Abraham y a toda su descendencia “Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros.” Gn. 17:10 la circuncisión no es nada en sí mismo, sino que es un recordatorio físico de un pacto con Abraham Gn. 17:1-8 de la misma forma que el arcoiris lo es de Gn. 9:13 lo es del pacto entre Dios y Noé. Pero los pactos son condicionales, tienen cláusulas que cumplir en el caso de Abraham y su descendencia su parte del pacto era Gn. 17:9En cuanto a ti, guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti por sus generaciones.” la parte de Abraham y de su descendencia es que deberían obedecer a Dios el cual sería su Dios. La circuncisión vale de algo cuando el pacto está vigente, cuando no se incumple, Dios nunca lo incumple, pero el ser humano sí. Por eso Pablo les dice en Ro. 2:25si eres transgresor de la ley, tu circuncisión viene a ser incircuncisión.” aunque estés circuncidado si tu no obedeces a Dios no vale de nada, no se está cumpliendo el pacto porque tú estás desobedeciendo y Dios te juzgará y serás inexcusable delante de él.

Un claro ejemplo lo tenemos en Js. 24 donde al final de la vida de Josué éste hace un pacto entre Dios y el pueblo donde ambas partes se comprometen, unos a obedecer a Dios y serle fiel, a no contaminarse y Dios a cuidar al pueblo y darle Canaán pero el pueblo se aleja de Dios y éste les castiga, los juzga y son inexcusables.

Pablo quiere terminar este segundo capítulo con una idea central en los versículos v. 28-29 donde explica que la pertenencia al pueblo de Dios, a la familia de Abraham, no la marca un corte en cierta parte del cuerpo sino una vida de obediencia a la ley de Dios. Todo los que obedecen a la ley de Dios, la palabra de Dios, son circuncisos de corazón. Esta es la verdadera circuncisión.

Esto le sirve a Pablo para enfatizar que tienen que aceptar a sus hermanos gentiles porque aunque no están circuncidados externamente si obedecen la Palabra de Dios como ellos también son circuncisos de corazón.

 

 

Fe.


En Gál. 3:6-7 Pablo usa dos elementos que a los creyentes de la época le resultan casi opuestos. Los fariseos y su énfasis en las obras de la ley hicieron parecer que todo lo que sonaba a antiguo pacto, sonaba a justificación por obras. Pero si vemos a fondo la historia de Abraham, realmente la conclusión que sacamos es la de un hombre de fe.

Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendiciónGn. 12:1-2.

Desde casi su primera aparición en Génesis Abraham aparece ligado a la promesa de que Dios creará a través de su linaje una nación, con ciertas características, será una nación grande y además traerá bendición al resto de familias de la tierra “… y serán benditas en ti todas las familias de la tierraGn. 12:3. Pero faltaba una cosa, no puede haber una gran nación entre los descendientes de una persona, si esta persona no tiene descendientes, al menos uno. Abraham no tenía hijos. Esto era una piedra en su camino, piedra que le llevó a tropezar y buscar atajos en el plan de Dios, el atajo, en este caso no lo buscó él sino su mujer Sara. El atajo fue tener un hijo con una esclava, pero no era el plan de Dios, sino nos dice la Biblia “cuando Dios había dicho” o sea en el tiempo de Dios, no en el de Abraham y Sara, nació Isaac.

Isaac era el hijo de la promesa, el deseado, el que cumplía a la perfección con la promesa de Dios. Esa promesa que le había llevado a dejar su tierra natal para ir a heredar una tierra, esa promesa que ya parecía que no iba a llegar. Isaac daba sentido a la vida de Abraham, todos los hijos dan sentido a la vida de los padres y mucho más un primogénito en la época de Abraham, pero Isaac daba sentido a todo lo que había pasado, todo lo que había dejado atrás. Esto es necesario entenderlo cuando nos asomamos al episodio donde Dios pide a Abraham que le entregue a su único hijo (Gn. 22:1-14).

Génesis 22 nos dice que Dios decidió probar a Abraham, decidió poner su confianza a prueba, decidió probar su fe. Probar algo, en el sentido en que Dios nos prueba en nuestra vida es la idea de partir algo a la mitad para ver de que está echo, ver cual es su interior no sólo la capa superficial sino de que está compuesto. Como hemos leído Abraham supero la prueba y su fe fue pública. Porque esa fe no era superficial sino que empapaba toda su vida. Por eso vamos a ver algunos de los frutos de la fe en la vida de Abraham que se nos muestran en este episodio.

  • El fruto de la fe es la confianza plena (22:1).

Unos capítulos atrás, antes del nacimiento de Isaac, Dios le dice a Abraham que hará del él una nación grande. Ante esta afirmación Abraham le dice 15:2Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?”. Abraham está impaciente porque los años pasan y el hijo de la promesa no da llegado, e incluso llega a decir ¿qué me darás?, que parece una frase un poco fuerte para decirle a Dios directamente, vemos a un Abraham con dudas, que no está convencido del todo. Pero el Abraham al cual se le pide que entregue a su único hijo, no duda, no replica, no le echa nada en cara a Dios, sino que se levanta muy de mañana para cumplir el mandato de Dios. La diferencia entre aquel Abraham que no tiene muy claro el como y este que confía está en 15:6Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.” La fe. Abraham cree una verdad únicamente porque Dios lo dice. Y es esta fe, que antes no tenía y que ahora tiene, la que le da la confianza para hacer lo que Dios le pide, aunque sea algo tan doloroso como entregar al hijo que tanto ama. Porque Abraham tiene fe para saber que Dios cumplirá su promesa, a pesar de que la realidad no esté ocurriendo como el piense que tiene que ocurrir porque la fe descansa en la promesa.

El fruto de la fe es la responsabilidad (22:3).

Génesis nos dice que Abraham se levantó muy de mañana y preparo las cosas para el viaje a Moriah. Dado que era algo doloroso para él, podía dejar que sus siervos lo hicieran. Pero decide hacer él todos los preparativos. Decide ser él quien sacrifique a Isaac, no evade su responsabilidad sino que la asume. Lo asume porque tiene la confianza de que es lo mejor para cumplir el plan de Dios. No puede saber como ni en que sentido, pero confía en los planes de Dios.

Vino palabra de Jehová a Jonás hijo de Amitai, diciendo:Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí.Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová.Jo. 1:1-3. Sabemos la historia de Jonás, que huye de la presencia de Dios porque no quiere que Ninive se arrepienta, pues era la capital del imperio asirio. El cual era conocido por su crueldad en batalla. Asiria fue el imperio que continuamente avasalló a Israel, el reino del norte y acabó llevándoselo cautivo. Jonás odia a Asiria, por todo el mal y dolor que provocaron a su pueblo. Dios mismo le dice que es una nación que merece castigo y que será destruida si no cambia. Por eso no quiere predicar, para que no cambie y no se arrepienta y Dios no les perdone sino que les castigue.

Jonás no es responsable de hacer lo que Dios le manda, porque no le gusta, no quiere se rebela. En el polo opuesto está Abraham. Abraham tendría tantas ganas de sacrificar a su hijo como Jonás de que Nínive se salvara. Pero su confianza en Dios hace que sepa que lo mejor es obedecer. En cambio Jonás cree que lo mejor es huir y que la salvación no llegue a esa ciudad.

A pesar de que nuestro corazón diga lo contrario, obedecer la palabra de Dios siempre es la mejor opción. Sea lo menos conveniente para lo que nosotros pensamos, sea lo menos popular, o lo que menos queremos, pero es nuestra responsabilidad.

  • El fruto de la fe es el amor a Dios. (22:5-8)

Abraham podría cumplir el mandato de Dios sólo por obligación. Pero no lo hace así sino que a sus siervos les dice “iremos allí y adoraremos” no sólo ofrecer un sacrificio sino adorar, cuando su hijo le pregunta él responde “Dios se proveerá de cordero”. La fe en Dios hace que Abraham no vea a Dios como culpable de lo que va a suceder, o de lo que él piensa que va a suceder sino como merecedor de lo mejor de la vida de Abraham, su único hijo.

Ex. 14:11Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto?” El pueblo de Israel que salió de Egipto era un pueblo que no tenía fe ni en Dios ni en Moisés, por eso ante la primera prueba que se encuentran, en este caso estar atrapados entre el mar rojo y el ejercito egipcio su reacción es acusar a Moisés directamente y a Dios indirectamente de la tragedia que ellos piensan que va a haber. Hacen culpables a quienes los liberan porque su confianza en la promesa de que Dios les va a llevar a Canaan es nula.

La fe nos ayuda a amar a Dios porque descansamos en él. Abraham descansaba en Dios cuando subía con su hijo hacia el sacrificio. Descansaba en que ese Dios que le prometió un día que iba a ser padre de una nación grande iba a cumplir su palabra con Isaac vivo o muerto, eso se sintetizaba en amor hacia ese Dios. Mientras que el pueblo que salió de Egipto no descansaba en Dios y menos en Moisés, y ante la prueba cae en la tentación y acusan a Dios, demostrando falta de amor.

  • El fruto de la fe es que no hay nada de que avergonzarse. (22:1; 22:11)

Dos veces Dios llama a Abraham y este responde con un heme aquí, la frase de los que esperan en Dios. Isaías responde con un Heme aquí ante el “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Is. 6:8. Jacob también responde Heme aquí cuando Dios le habla en Gn. 31:11. Porque cuando cumplimos la voluntad de Dios no tenemos nada de que avergonzarnos, no tememos a la voz de Dios porque sabemos que estamos haciendo lo correcto, no tenemos miedo al castigo o a la ira de Dios contra el pecado. En las dos ocasiones en que Abraham pronuncia estas palabras, en el inicio de la historia y en el fina, no tiene nada de que avergonzarse ante Dios porque está cumpliendo su palabra. La fe nos ayuda a no avergonzarnos porque con ella no fallamos ante Dios.

En el caso contrario a esta fe que hace que no nos tengamos que avergonzar ante Dios están Adán y Eva. “Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?Gn. 3:8-9. Adán y Eva no confiaron en las palabras de Dios, en la advertencia de Dios, si comían del árbol prohibido morirían, no tuvieron fe en la promesa de Dios. Ante esta falta de fe, cuando Dios llama, cuando Dios viene ellos se esconden. ¿Porqué se esconden? porque se avergüenzan de su pecado.

Cuando falla nuestra fe nuestro pecado queda al descubierto y esto nos avergüenza delante de Dios.

Que, como dice el apóstol Pablo, siendo hijos de Abraham por la fe, sepamos tener la fe de Abraham. Una fe que descansa en las promesas de Dios, hasta el punto de darlo todo si Él nos lo pide, sabiendo que las promesas de Dios siempre se cumple. Un fe que se muestra en la prueba y que produce frutos.

La sabiduría de Dios.


Texto: Stg. 1:2-7
 
         Santiago (Jacobo), que era medio hermano de Jesús, comienza diciendo que tengamos “… por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas…”. Esta frase nos habla de una proyección del sufrimiento, no está diciendo que un cristiano no vaya a sufrir en medio de las pruebas sino que debemos enfrentar ese sufrimiento con gozo por lo que va a venir cuando superemos la prueba. Nos pide el esfuerzo de ver más allá de la montaña que tenemos delante para ver los “… lugares de delicados pastos donde nos hará descansar…
       A lo largo de la Biblia se transmite en múltiples ocasiones la idea de que la persona que supera una prueba sale reforzada de ella. Jb. 42:10-12. Vemos como Dios “bendijo el postrer estado…. más que el primero”. Esta diferencia de bendición no es una injusticia. No es que Dios escatimó bendición a Job en su primera etapa. Es la fe de Job que al ser fortalecida y probada por fuego produce una comunión más profunda con Dios y por tanto más bendición.
       Tener una fe probada nos hace tener una confianza mayor en Cristo, cualidad que a su vez produce un carácter estable, piadoso y justo.
       En este caso Santiago remarca la idea de que las pruebas producen un aumento de la paciencia. Son palabras de ánimo para los momentos más duros de las pruebas cuando no vemos salida de ellas. Este tipo de palabras que tenemos aquí en Santiago fueron las que no recibió Job en su momento. Él recibió críticas y acusaciones. Vemos como Santiago anima a sus interlocutores reflejando que al final de su sufrimiento o hay fruto que es la paciencia.
       Además vemos como recalca “… tenga la paciencia su obra completa…” que quiere decir que no busquemos salir de las pruebas por nuestros propios métodos sino que dejemos que sea Dios quien marque los tiempos. No buscar la primera o más cómoda forma de salida esperar una salida dirigida por Dios implica confianza y fe plena para que sea Él quien lleve las riendas de nuestra vida. El claro ejemplo de esta paciencia que hay que tener en mitad de la prueba es Abraham. La Biblia en el libro de Génesis nos dice que Sara no podía tener hijos, pero Dios promete a Abraham que de él saldrá una “nación fuerteGn. 12:4 aquí se nos dice que Abraham tenía 75 años. Pero los años pasaron, en este caso 11 años desde la promesa, y en vez de esperar el tiempo de Dios, vemos como Sara y Abraham deciden tener un hijo por otra “vía” que les llevó a los 86 años de Abraham al nacimiento de Ismael. Dios dejó claro que Ismael no era el hijo prometido en el cual iba a ser cumplida la promesa sino que a los 100 años en Gn.21:5 se nos dice que nació Isaac que iba ser el hijo de la promesa.
       Ismael fue una salida humana al margen de la voluntad de Dios, y lo que este texto de Santiago dice es que descansemos sobre la voluntad de Dios, que sea Él el que ponga fin a la prueba.
       Volviendo al texto de Santiago podemos ver que la palabra “perfecto” significa madurez espiritual, no perfección libre de pecado. Las pruebas que afrontamos en nuestra vida van a hacer que seamos más maduros, de una manera más íntegra en un proceso que produce crecimiento ordenado y planeado.
       En estos textos de Santiago podemos ver que las pruebas son consideradas como una necesidad que tiene el creyente para su crecimiento espiritual “… sin que os falte alguna cosa…” y no superarlas pude hacernos crecer de forma incorrecta, si el pueblo de Israel no pasase por el desierto, no hubiera sido capaz de conquistar la tierra, si Moisés no tuviera que huir al desierto a pastorear rebaños de ovejas, no sería capaz luego de pastorear al pueblo de Israel por el desierto.
       Ante este proceso de prueba y superación de prueba para crecimiento no estamos solos sino que podemos pedir ayuda a Dios, el nos concede sabiduría “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.”. Esta sabiduría nos habla de prudencia, discreción, capacidad para entender y en consecuencia actuar de manera sabia.
       Existe diferencia entre la sabiduría de Dios y la sabiduría humana y es que la sabiduría divina tiene como principio, desarrollo y desenlace la supremacía de la gloria de Dios, sin embargo la sabiduría humana se deleita en que el hombre se contempla a sí mismo como ingenioso, autosuficiente y con capacidad para decidir por sí mismo. La sabiduría divina nace en Dios “el principio de la sabiduría es el temor del SeñorPrv. 1:7 se sostiene de manera constante por Dios y tiene como meta predominante dar gloria a Dios.
       Esta sabiduría que da Dios la da abundantemente y sin reproche. Es una sabiduría que Dios transmite a través 1) de la oración “…clama a mí yo te responderé y te enseñaré cosas grandes… Jr. 33:3, 2) el E.S. “Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.1ª Cor. 2:9  y 3) su palabra “… Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamiento, porque siempre estás conmigo…Sal. 119:98
       La sabiduría es algo que no sólo hay que pedir, hay que desear esta sabiduría de Dios. Pedir nos habla de reconocer nuestra propia necesidad y incapacidad para lograr superar las pruebas. Nos habla de humildad y de exaltar a Dios como fuente suprema de sabiduría. Es esta fe que reconoce nuestra propia incapacidad la que nos hace clamar a Dios por sabiduría. Cuando Jesús estaba en la tierra la fe era la base para el cambio. Mr. 5: 34 “…. ni aún en Israel he hallado tanta fe.” Esta fe contrasta con la duda que hace vacilar y que metafóricamente nos convierte en olas que son arrastradas por el viento. El viento en la Biblia hace referencia a corrientes de opinión Ef. 4:14 “para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina”  Y esta es la    idea… que seamos firmes en la fe, no dudando del poder de Dios, de su sabiduría.
       Porque Santiago nos replica que el que no pide por fe, no recibe nada. Esta fe es la que nos hace mantener un rumbo fijo no apartándonos de él a pesar de que los vientos que soplen intenten llevarnos a las piedras. Esta es la fe que llevó a la mujer con el flujo de sangre a tocar el mano de Jesús e hizo que el centurión romano creyese que su siervo podría ser sano tan solo con que Jesús dijese las palabras oportunas. Esta es una fe asociada a la la acción. Cree que es posible y actúa para ello. La mujer actúo yendo hacia Jesús, esforzándose en colarse entra la multitud para tocar a Jesús. El centurión se acercó a Jesús para pedirle que lo sanara, no sólo le servía con pensarlo actuó para que esto ocurriera.
 
       Cuando nos encontremos en una situación difícil, tengamos fe en Dios. Tengamos en cuenta que si Dios nos envía pruebas también podemos pedirle la sabiduría necesaria para poder superarlas. Tengamos a las pruebas como una forma de crecer en Cristo. Usemos la sabiduría y los tiempos de Dios, nunca los nuestros. Y sobre todo actuemos con fe. Creyendo que Dios puede, porque Dios puede. Esta fe no solo vale para las pruebas también para nuestra vida diaria. ¿Queremos que haya aviamiento y gente nueva venga a la Iglesia? Prediquemos con fe. ¿Queremos que los necesitados reciban ayuda? trabajemos con fe para ellos. ¿Queremos que nuestros jóvenes tengan su vida asentada en Cristo desde los primero años? Trabajemos en fe en sus vidas.
       Amen.