Las intenciones de Pablo (Ro. 1:8-15)

Las intenciones de Pablo (Ro. 1:8-15)

Continuación del artículo Romanos 1:1-7.

Las cartas de Pablo siempre están acompañadas de una oración por los receptores tras la presentación (1 Cor. 1:3-11; Ef. 1:3-14; Filp. 1:3-11) en la cual expresa su agradecimiento a Dios por la iglesia a la que escribe y hace peticiones al Padre para su crecimiento espiritual.

Esta oración es “… por medio de Jesucristo…” (v. 8) lo cual nos muestra que la manera de orar de Pablo está en consonancia con su teología. Ora al Padre por medio del hijo.

En la carta a los romanos Pablo usa los versículos del 8 al 15 para esta oración. La cual empieza dando gracias a Dios por el testimonio que esa congregación tiene por todo el mundo. Aunque no la ha fundado él ni ha estado allí nunca, la iglesia de Roma no le es desconocida para Pablo porque lleva tiempo pensando en ella. Ha escuchado testimonios acerca de su fe, lo cual le lleva a dar gloria a Dios porque a pesar de no haber llegado apóstoles allí para que les enseñaran se han mantenido fieles sin renunciar a la fe ni

oracion
«Las cartas de Pablo siempre están acompañadas de una oración por los receptores…«

apartarse de ella. Además lleva largo tiempo interesándose por estos hermanos “[Dios] me es testigo de que sin cesar me acuerdo de vosotros siempre en mis oraciones” (v. 9) la manera que tiene Pablo de interesarse por ellos es orando, no sólo conversando con otros cristianos (que es una manera, porque así ha oído hablar de los testimonios de la fe estos) sino que le pide a Dios por ello.

¿Cuáles son estas oraciones que Pablo eleva a Dios?

Acciones de gracias por…

…de que su fe se divulga por todo el mundo… (v. 8)

 

Petición a Dios por…

… de que tenga al fin un próspero viaje para ir a vosotros… (v. 10)

… para comunicaros algún don… (v. 11)

… para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común… (v. 12)

… para tener algún fruto con ellos como con los demás gentiles… (v. 13)

 

Resolución personal…

… pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros (v. 15).

El uso de la oración es la demostración práctica de que el interés de Pablo por los romanos es sincero, él los ama y se interesa por ellos por eso siempre pregunta por el estado de esta congregación cuando tiene la oportunidad (v. 8). Además ruega a Dios que le permite ir a ellos (v. 10) con las intenciones de enseñarles la palabra (v. 11) de ser confortado al poder corroborar que esa fe que se está divulgando por todo el imperio es cierta (v. 12) y para poder dar fruto entre ellos (v. 13) a través de los dones que Dios le dio a Pablo como ya se ha demostrado entre los gentiles. Pablo termina aquí con una resolución personal que le ayuda a introducirse en la siguiente parte de la carta, el poder del evangelio. Pablo finaliza recalcando que está dispuesto, puesto en lucha para ir a anunciarles el evangelio de Dios, el mismo que él presentó en los versículos 2-4.

Edificaos los unos a los otros.


En ocasiones en la iglesia hacemos mucho énfasis en la evangelización. Hablando acerca de que tenemos que llegar a los demás que tenemos que cumplir la gran comisión y que debemos esforzarnos en esto. Parece que una vez que cruzamos la línea entre ser cristiano y no serlo, me refiero a ser un verdadero cristiano discípulo de Dios, ya vale. Una vez que aceptamos a Cristo da la impresión de que la función de la Iglesia se relaja sobre sus miembros, cuando no cesa.

La Biblia describe  el cristianismo como vida, como vida cristiana y algo que inherentemente tiene la vida, es que crece, cambia, que no suele ser igual que era antes. Creer en Cristo es llamado nacer de nuevo así lo describe Jesús mismo en su conversación con Nicodemo, pero una vez que se nace hay que alimentarse, hay que crecer. La vida cristiana no se acaba el día que aceptamos a Cristo sino que comienza, y ¿qué comienza? Pues un periodo de crecimiento que nunca termina, un periodo de continua madurez que nos lleve a ser más parecidos a Jesús.

1 Co. 3:1-4. Pablo está escribiendo a los corintios después de su visita y les echa en cara que eran unos inmaduros. Les da a beber leche, o sea, cosas elementales, les tuvo que dar clases de escuela dominical para niños porque su madurez y su conocimiento se estancaron, no fue capaz de enseñarles algo más profundo porque no sabían lo que había en la superficie.

Pablo dice que a él le gustaría que esa situación no fuera así, porque lo ideal no es eso, lo ideal es que con el tiempo que ya llevaban fueran aprendiendo más y siendo más maduros y cuando Pablo se les acercara pudiera darles más profundidad.

Pablo los compara con bebes porque tenían la madurez de estos, la falta de madurez, de crecimiento nos lleva a caer, porque la vida es aprendizaje sobre aprendizaje. Aprendemos a mantenernos de pie y cuando aprendemos eso pues nuestros primeros pasos y cuando los primeros pasos pues andamos, luego corremos, necesitamos aprender lo básico para luego hacer los superior. Necesitas saber sumar o multiplicar antes de hacer ecuaciones de segundo grado. Pero si un bebe que sólo aprendió a mantenerse en pie intenta correr se cae, porque aún no ha aprendido algo más básico, este es el peligro de la inmadurez y de la falta de crecimiento.

Cuando Jesús estaba en esta tierra parte de su ministerio fue la evangelización pero parte muy importante también fue el crecimiento de los ya creyentes, como sus discípulos, estuvo con ellos 3 años, haciéndoles crecer dándoles más profundidad cada vez, este crecimiento les lleva hasta ser las personas que logran esparcir el Evangelio por todo el imperio romano, pero esto llevó tiempo.

Así con este texto vemos por un lado que no nos podemos conformar diciendo que ya sabemos todos lo que hay que saber en relación con Dios y la vida cristiana sino que debemos preocuparnos en crecer, en edificarnos, porque la madurez es un compromiso que tenemos que adquirir, no vale con sentarse en un banco y esperar que caiga del cielo, tenemos que esforzarnos es crecer.

Para nuestra tranquilad Dios no nos dejó solos en esta tarea sino que nos dejó herramientas para que las usemos en nuestro crecimiento, pero Dios que es un tipo muy hábil lo hizo de una manera muy original. 1 Co. 12:4-20.

Dios nos da dones espirituales a cada uno de nosotros. Todas centralizadas en la trinidad “un mismo Espíritu”, “un mismo Señor” y “un mismo Dios”. Todos los dones espirituales vienen de Dios. Con lo cual no pueden ser habilidades nuestras, sino que son capacidades especiales que Dios nos da. Y nos los da a todos los cristianos, todas las personas que confían en Cristo tiene al menos un don espiritual en sus vidas. Estas son las herramientas de Dios, pero hay un dato curioso estas herramientas son para el bien de los demás, o sea, que las herramientas para mi crecimiento no las tengo yo, las tenéis vosotros. Nadie puede edificarse a sí mismo.

Esto nos lleva a plantearnos la necesidad que tenemos los unos de los otros, yo os necesito a vosotros, porque Dios os ha dado dones que yo necesito para crecer, para no quedarme como un niño Espiritual. Esos dones que nosotros tenemos no los tenemos por ser más guapos que el resto sino porque Dios los da, Dios no se fija en las notas que sacas para darte un don, te lo da y tienes que usarlo.

Por eso todos somos necesarios en la Iglesia porque todos necesitan en don que yo tengo, pero también tengo que ser humilde, porque yo necesito sus dones, esos dones que las personas tienen.

Porque el texto sigue con una comparación muy conocida en la Biblia, la de la Iglesia como un cuerpo. La imagen es excelente en este sentido. Es un reparto hecho según las necesidades de propio cuerpo. Dios nunca va a permitir que en una iglesia falte algún don necesario, si faltan suele ser porque nosotros los usamos mal o directamente no los usamos. Porque es el propio espíritu es que los reparte según Él determina.

Cada parte del cuerpo hace una labor por la cual se beneficia ella misma y beneficia al resto del cuerpo. El cuerpo entero necesita oxígeno para vivir, necesita que los pulmones capten oxígeno, necesita que los intestinos capten los nutrientes de los alimentos y luego necesita que el sistema circulatorio los reparta por todo el cuerpo, el sistema circulatorio no puede vivir por sí mismo, necesita del trabajo en equipo de todo el cuerpo, de la misma forma un cristiano no puede vivir por sí mismo necesita del trabajo en equipo de todos los cristianos de su entorno. Por eso Satanás usa mucho empeño en dividirnos, en separarnos porque cuanto más separados estemos más débiles seremos.

Hay un ejemplo práctico en el libro de Éxodo (Éx. 31:1-4) El pueblo de Israel está en el monte Sinaí y Dios le está explicando a Moisés como debe ser la construcción del tabernáculo. Entonces le dice que ha capacitado a dos personas para la obra. Estas personas no tienen esas habilidades por ellos mismos, es Dios quién se las da y se las da para beneficio de todos.

Este texto de Éxodo también nos habla de que los dones que Dios da a su pueblo no son algo secreto para vivir en lo privado sino que tienen que usarse públicamente, han también de reconocerse públicamente. Nadie puede decir que su don lo usa en su casa, porque esa no son las funciones de los dones, de estas herramientas.

Este texto llega hasta el versículo 11 donde dice que “todo deberán hacerlo tal como te he mandado que lo hagas” estos dones los da Dios, para hacer la obra que él quiere hacer. No son dones para hacer lo que a nosotros nos apetezca sino que tienen su función dentro del plan de Dios.

El resultado de usar los dones con mis hermanos es que juntos hacemos la obra de Dios que es crecer, madurar, edificarnos.

Así que hemos visto que necesitamos crecer en nuestra vida espiritual, necesitamos no quedarnos como bebes sino madurar, edificarnos. Vemos que Dios no nos ha dejado solos en esta tarea sino que nos hadado herramientas, de una manera que igual no es la que nosotros esperamos, pero herramientas para que crezcamos.

Con lo cual nosotros nos convertimos por un lado en receptores de este crecimiento pero también en administradores de estos dones que producen crecimiento en la vida de los demás.

1 Pd. 4:7-11. Pedro aquí va repetir algunas de las ideas que hemos estado meditando, en primer lugar la naturaleza del don. El don espiritual es algo que hemos recibido, no hemos conseguido ni esforzándonos ni heredándolo, es algo que no nos ha costado recibir sino que Dios nos da. Y nos lo da para que sean herramientas que usamos para el crecimiento de los demás. Debemos ministrarlos, usarlos con diligencia porque nosotros somos administradores. Aquí Pedro describe el rol de un administrador una persona que trabaja con algo que no es suyo, porque describe muy bien nuestra posición. Cada uno de nosotros somos administradores. Pero la palabra administrador encierra otras palabras tras ella. Si hay un administrador hay un dueño, el dueño es Dios, Él es el amo, el poseedor nosotros sólo lo tenemos temporalmente. Si hay un administrador es que hay algo que administrar, los dones, las herramientas, Dios nos da. Si hay un administrador es que hay que rendir cuentas, todos los administradores rinden cuentas ante las personas dueñas de lo que administran, de la misma forma nosotros vamos un día a rendir cuentas de los que administramos en nuestra vida delante del dueño de los dones.

Así que sabiendo que necesitamos crecer y que para eso Dios nos ha dado herramientas de las cuales somos administradores y tenemos que rendir cuentas. ¿Qué tenemos que hacer?

Ro. 14:13-20. Pablo nos lleva a que evitemos los conflictos superfluos y nos centremos en lo que importa de verdad promover la paz y la edificación mutua, o sea los unos a los otros. Hay muchas cosas que son tonterías y nos tiramos los trastos a la cabeza, pero debemos ser maduros y dejar de lado esas tonterías y dedicarnos a usar los dones que Dios nos da para edificarnos, porque si yo uso mi don y todos usamos nuestros dones, todos crecemos todos somos edificados.

Saludaos los unos a los otros.


Puede que sólo lo consideremos un gesto, algo que todos los seres humanos hacemos a veces de manera instintiva. Quizás pensemos que para Dios eso no debe tener muchas importancia. Pero a pesar de ser algo tan cotidiano es un tema que afecta directamente a la relación entre los hermanos y en el siglo primero, que es cuando Pablo escribe esta ordenanza y aunque esto ocurrió hace casi 2000 años es algo que afecta directamente a la iglesia de hoy, porque la Biblia trata temas fundamentales del ser humano.

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”  Hb. 4:12.

Entre otras muchas cosas este texto describe a la Biblia como “espada de dos filos; que penetra hasta partir el alma y es espíritu” esto significa que la Biblia no trata temas superficiales, sino temas esenciales del ser humano, temas que tocan su propia alma, temas profundos ante los cuales debemos posicionarnos. Y la Biblia siempre recalca la necesidad de ponernos en acción con los mandamientos “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.” Stg. 1:22.  Si escuchamos estas palabras, estos unos a los otros y decimos que buenos son, son importantes y están muy bien que los estudiemos pero luego no nos amamos los unos a los otros, no nos perdonamos los unos a los otros, no nos exhortamos los unos a los otros, no vale para nada, como dice la Biblia nos engañamos a nosotros mismos y por muy poca cosa que pensemos que es el tema de hoy, por muy “bueno eso tampoco es tan importante” debemos pensar que es un mandato de Dios para nosotros, su pueblo.

Pablo sorprende aquí con un saludaos los unos a los otros (

Saludaos los unos a los otros

Ro. 16:1-16) el cual era un tema muy importante en la iglesia del siglo primero, tuvieron muchos problemas con este tema y Pablo ve la necesidad de recalcarles este mandamiento. Pablo no les da opción, no está diciendo podéis saludaros, o mejor  saludaros que no. Está diciendo saludaos, es una obligación.

Hoy en día el gesto de saludarse sigue siendo importante, muchas veces nos enfadamos si alguien que nos conoce no nos saluda, lo consideramos un agravio. En la época que se escribió la carta de los romanos saludarse era un acto social muy importante, porque incluía un reconocimiento de la otra persona, si yo saludo a una persona significa que la considero como de mi propia familia, no existía el saludo para quedar bien, sólo se saludaba a los que se consideraba queridos.

Este saludo se hacía efectivo con un beso en al frente, la mejilla o la barba. Esta es una práctica que venía del A.T. donde los judíos se saludaban así entre ellos, era un saludo entre los pertenecientes al pueblo de Dios. En el N.T. lo judíos seguían usando esta práctica ahora con el nuevo pueblo de Dios. Esto era muy significativo para los creyentes nuevos porque se sentían aceptados por los judíos. Los judíos no eran muy amigos de los gentiles por eso solían excluirlos, por eso Pablo les recalca que saluden a sus hermanos, literalmente que los acepten como iguales. Además muchos cristianos eran repudiados por sus propias familias por lo cual el gesto de besarles era proporcionarle una familia.

Por lo cual cuando vamos al texto y vemos que Pablo dice que debemos saludarnos, nos damos cuenta de que no sólo se refiere a un saludo que hoy en día hacemos, donde saludamos a todo el que más o menos conocemos. Sino que se refiere a que nos tratemos como lo que somos, miembros de una familia. Nadie saluda a un extraño igual que saludamos a nuestros hermanos o a nuestros padres, porque el cariño y la relación que nos tenemos hacen que el saludo sea especial. Pablo de la misma forma dice que los cristianos debemos saludarnos de una manera especial porque pertenecemos a una familia especial. Para dejar constancia de ello da una lista de saludos, todos ellos orientados a personas de la familia de Dios. Todos ellos orientados a personas que se están esforzando en las cosas de Dios.

Por eso en el día de hoy me gustaría que nos cargásemos de razones para saludarnos, no para saludarnos como saludamos a nuestros compañeros de clase o a alguien que vemos en la calle, sino razones para saludar a los miembros de nuestra propia familia.

                Debemos saludarnos los unos a los otros, porque todos somos hijos de Dios (Ef. 1:3-6):  Todos los cristianos, por cristiano me refiero a aquellos que creen en Cristo, no en los que se apuntan en una iglesia son personas escogidas por Dios para ser sus hijos. La Biblia nos dice que nosotros amamos a Dios, porque Él nos amó primero (1 Jn. 4:10). La Biblia además pone un matiz acerca de esta elección, fue antes de la fundación del mundo, o sea, que antes de que nosotros naciéramos o nacieran nuestros padres, abuelos, etc… Dios ya nos había escogido para pertenecer a su pueblo. Esto es algo que es difícil de comprender para nosotros, es algo que debemos creer por fe, porque que Dios nos escogiera no está reñido con nuestra propia voluntad de seguir a Dios.

Pero entonces si todos los cristianos  somos hijos de Dios escogidos por él mismo debo saludar a mi hermano y tratarlo como un miembro de la familia de Dios porque Dios lo ha puesto aquí por la misma misericordia que a mi. Mi hermano no es una persona menos importante, ni de menos categoría, Dios la escogió igual que a mí, por los mismos méritos, ninguno. No hay nadie que esté en la Iglesia, da igual que cargo ocupe, da igual los ministerios que lleve que haya hecho más mérito que cualquiera de nosotros para estar en ella. Por eso debemos saludarnos, porque somos iguales, somos hijos de un mismo Padre, somos hermanos.

Muchas veces tratamos a nuestros hermanos de la iglesia, o decimos cosas de ellos que nunca nos atreveríamos a decir de un miembro de nuestra familia, cuando realmente las personas que van a la iglesia, y no me refiero a sólo a nuestra iglesia local son nuestra familia y debemos tratarlas como tal.

Debemos saludarnos porque somos miembros de una misma familia y saludarnos, preguntarnos qué tal estamos nos ayuda en esta sensación de familia. ¿Cómo sería una familia donde los miembros se saludan sin tocarse? ¿Cómo sería una familia si sólo levantasen la cabeza al verse?

Debemos saludarnos los unos a los otros porque es mandamiento de Dios amarnos (Mt. 22:35-40):   Todos estos “unos a los otros” acababan dependiendo del primero de todos, amaos los unos a los otros. La iglesia de Cristo tiene una marca que la distingue de otras organizaciones y esta es el amor. Debemos amarnos los unos a los otros, esto implica que debemos tratarnos con amor, esto implica saludar a nuestros hermanos como nos gusta que nos saluden. Podemos pensar que saludar es un gesto que no tiene nada que ver con el amor, pero como cambia la circunstancia cuando un grupo de personas llega y se sienta, o si llega y se saludan.

Esto se nota mucho el primer día de clase de la universidad, los que ya estéis en ella. Llega un grupo de unos 100 chavales que no se conocen entre sí, con lo cual el saludo es frió el ambiente no es de cordialidad. Pero cuando va pasando el tiempo y la gente va haciendo amistad el ambiente cambia. Pues lo mismo en la Iglesia, si yo muestro amor hacia mis hermanos y cuando los veo los saludo, el ambiente cambia. Por eso en la iglesia se suelen poner personas en la entrada a recibir a las personas, para transmitir este amor a través del saludo.

Cuando a Jesús le preguntaron cuál eran los principales mandamientos, el respondió dos mandamientos de amor, el primero es amar a Dios con todas nuestras fuerzas, la segunda proviene de la primera, amarás a tu prójimo, cuando le preguntaron quién era su prójimo, ¿Qué respondió? A un Samaritano, con aquella parábola, alguien ajeno al pueblo de Israel, con lo cual alguien fuera del pueblo de Dios en aquel entonces. Pues si debemos amar así a los de fuera, ¿Cómo no debemos amar a nuestros hermanos? Debemos amarnos, debemos mostrarnos cariño porque es un mandamiento de Dios.

Debemos saludarnos porque el amor en la iglesia debe ser práctico (1 Jn. 3:13-20):   Estas son palabras muy duras, Juan está asociando pensamientos (v. 14) “El que no ama a su hermanos permanece en la muerte”,  aquí es el que no ama, pero sigue (v. 15) “El que aborrece a su hermano es homicida”, pasamos a otro nivel, subimos un escalón, el que odia a su hermano es un asesino, una persona culpable y que debe morir eternamente. Ahora explicar porque es esto (v. 16)”Él puso su vida por nosotros. Así que debemos poner nuestra vida por los hermanos” y ahora después de subir estos escalones Juan llega a la idea que quiere enseña y quedemos aprender (v. 17). El cristiano que habla del amor de Dios, diciendo que es bueno pero tiene bienes y no ayuda a un hermano realmente necesitado no puede decir que tiene el amor de Dios, es decir es igual que la persona que no ama a sus hermanos o que directamente los odia. Así que después de llegar a este punto Juan les / nos recomienda “no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y de verdad”. Podemos llenarnos la boca diciendo que amamos mucho a nuestros hermanos pero si esto no se ve de una forma práctica cuando se necesita, no sirve para nada, somos iguales que una persona que no ama o que directamente odia. Si un miembro de la iglesia pasa por un mal momento en su vida, por un momento de sufrimiento, por la razón que sea y la iglesia no muestra amor con esa persona se puede decir que esa iglesia no ama a Dios, porque podrá cantar unas canciones muy bonitas acerca del amor de Dios pero será como el cristiano del versículo 17.

El amor de Dios se debe demostrar, no para que otros digan de mí, “pero mira que bien ama Laura a sus hermano, pero mira que bien ama Alex al resto de la iglesia” no, sino que se debe mostrar porque Jesús lo mostró, con su vida, dando su vida. Nadie estuvo allí para darle unas palmaditas en la espalda y decir que bien lo haces, no mostró su amor en mitad de los insultos, pero lo hizo no solo de boca sino de manera práctica. Cuando Jesús estaba a punto de morir (Lc. 23:34) dijo “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen” Jesús amó de palabra con palabras que sanaban el alma de la gente, pero también amó de hecho.

Saludarnos puede parecernos algo trivial pero demuestra de una manera práctica nuestro amor por nuestros hermanos.

Debemos saludarnos porque nos necesitamos (Rom. 12:4-8):   Este es un texto puro de iglesia que nos define como somos. Usa una imagen muy representativa que es la de un cuerpo. Todos nosotros somos partes de un cuerpo. No hay nada en un cuerpo humano que sobre, todo tiene una función, aunque sea ser apéndice y final del intestino grueso. Pero la verdad es que Dios hizo la iglesia de esta forma. Necesitamos a todas las personas que pertenecen a la iglesia. Debemos saludarnos porque nos necesitamos. Una mano puede parecer una parte muy importante del cuerpo, pero si no hubiera un estómago que digiriese la comida nunca tendría alimento, sino hubiese un sistema circulatorio que le llevase oxígeno se moriría. Si no hubiera piernas que la llevasen de un lado para otro sería como la mano de la familia Adams que va de un lado para otro sin poder hacer otra cosa.

Esta utilidad, esta necesidad no la tenemos por las habilidades de nuestros hermanos, ni por las nuestras, sino que son poder de Dios.  Dios nos da a cada uno dones  y estos dones son para beneficio de todos, cuando yo vengo a la iglesia y ejerzo el don que Dios me da soy de beneficio a las personas que me rodean, soy como ese sistema circulatorio llevando oxígeno y alimento a la mano. De la misma forma yo me beneficio de que otras personas estén ejerciendo sus dones.

No podemos pensar que no necesitamos a alguien en la iglesia, porque como hemos visto, todas las personas que vienen a la iglesia tienen algo que me beneficia, puede parecer egoísta, pero es verdad. Las personas que están en la iglesia están porque Dios las escogió para estar allí.

Por eso debe saludar a mis hermanos porque cuando estoy con ellos y ejercemos nuestros dones yo salgo beneficiado y ellos salen beneficiados conmigo y juntos somos un cuerpo cuya cabeza es Cristo, como dice la Biblia.

                Debemos saludarnos porque cuando demostramos amor reflejamos a Cristo (Jn. 13:35):   Para finalizar la última razón porque debemos saludarnos es que cuando demostramos este amor, de esta manera práctica la Biblia dice que demostramos que pertenecemos a Cristo. Todas estas ideas se pisan unas a la otras y la idea del amor mucho más, pero la realidad es que el amor es el tema fundamental de las relaciones en la iglesia y cuando mostramos ese amor, no el amor que dice la sociedad, sobre todo el día de hoy sino el amor de Cristo ese amor que le lleva a morir en una cruz por personas que lo están insultando.

Cuando usamos ese amor, para relacionarnos, para usarlo cuando tenemos problemas entre nosotros ahí reflejamos a Cristo, cuando usamos ese amor para soportar a veces comportamientos de personas que nos sacan de quicio, los cristianos distamos de ser perfectos y a veces hay gente en la iglesia que nos puede crispar, pero cuando usamos el amor de Dios para soportar a nuestros hermanos ahí reflejamos a Cristo.

Cuando usamos del amor de Dios para usar nuestros dones y bendecir a nuestros hermanos ahí reflejamos a Cristo. Cuando nuestro amor no se queda en palabras sino que también se demuestra en hechos ahí reflejamos a Cristo.

Cuando saludamos a nuestros hermanos porque también son escogidos de Dios igual que nosotros, porque sabemos que los necesitamos y que Dios usará sus dones para beneficio nuestro ahí reflejamos a cristo.

Por eso debemos seguir el mandamiento de Pablo y saludarnos los unos a los otros, porque tiene muchos beneficios, nos hace sentirnos en familia, amados y nos hacer reflejar a Cristo.

Educar a adolescentes sin morir en el intento.


La educación es, probablemente, el legado más importante que unos padres puedan dejarles a sus hijos. Tal es su importancia que toda la vida del hijo vida dependerá de ello, incluso la educación de sus propios hijos. Si una etapa da especial miedo, dentro de este laberinto en que se puede convertir la educación de un hijo, esta es la adolescencia. Un tiempo de cambios, conocido, pero que siempre pilla por sorpresa.

Lídia Martín Torralba, licenciada en Psicología, escribe este libro, que publica Andamio, que nos sumerge de pleno en una problemática que hace temblar muchos hogares en nuestro país.

El libro empieza dándonos a conocer al adolescente a través de su psicología para luego pasar la pelota a los padres y hablarnos sobre como comunicarnos y poner lo tan temidos límites.

«Educar a adolescentes sin morir en el intento» es un libro muy útil, no solo para padres en apuros sino también para todo aquel que de forma directa o indirecta se halle involucrado en el trabajo con jóvenes, como puede ser ministerios juveniles o escuelas dominicales.