La conquista de Canaán por parte de Israel comienza con el cruce del río Jordán y la toma de Jericó. En este episodio, narrado de forma épica en el libro de Josué, nos encontramos con Rahab, ascendente del rey David y por tanto de Jesús (Mat. 1:5), la cual mintió para salvar la vida de los dos espías que Josué había introducido en la ciudad antes de tomarla. Este acto fue decisivo para la toma de Jericó y por tanto para el inicio de la conquista de Canaán, pero ¿hizo bien Rahab en no decir la verdad? o, por el contrario, ¿tenemos que entender su acto como un pecado y tendría que confiar en Dios?

Antes de dar una respuesta a esta pregunta diremos que el Antiguo Testamento no está escrito de una manera moralista, para que busquemos la imitación, sino que está escrito para describirnos cómo se desarrolla el plan salvífico de Dios a lo largo de la historia. Esto implica que todo acercamiento al texto lo tendremos que hacer con cautela. No cayendo en el error de imponer juicios morales actuales en un texto del s. XIII a.C.

A la luz de Jos. 2:1-14 considero que Rahab no pecó al ocultar a los espías de Israel y encubrir este hecho a las autoridades de Jericó. Las razones para esta afirmación son las siguientes:

1. La santidad de la vida humana. Gén. 9:6 declara que el ser humano no tiene autoridad para quitar la vida a otro ser humano. La autoridad de la muerte sólo la tiene Dios. El ser humano es llamado a proteger y propagar la vida siendo fecundos y multiplicándose hasta llenar la tierra (Gén. 9:7). Rahab hizo todo lo posible por proteger la vida de estos hombres, no fue un acto de cobardía, sino todo lo contrario ya que si se descubría que ella los había ocultado su vida correría peligro. Rahab se encontraba ante una situación donde tenía la vida de estos hombres en la mano y eligió la vida en vez de la muerte.

2. La comparación con Acán (Jos. 7). Existe un fuerte contraste entre estos dos personajes de los primeros capítulos de Josué, en sus acciones y sus consecuencias para Israel, para sus familias y para ellos mismos. Estos contrastes nos hacen ver que estas dos historias no están puestas en la escritura por casualidad sino para mostrarnos como la obediencia a los mandatos divinos debe ser la manera de comportarse del pueblo de Dios y como es Dios quién da la victoria y no la fuerza del pueblo.

3. Oponerse a Israel es oponerse a Dios. En el pacto abrahámico Dios dice “Bendeciré a los que te bendigan y al que te maldiga, maldeciré” (Gén. 12:3), además Dios le había prometido a Josué que nadie podría hacerle frente en la conquista mientras él viviera (Jos. 1:5) así que oponerse a la conquista de Israel era oponerse a la voluntad de Dios. Rahab escoge ponerse en el bando de los que buscan la voluntad de Dios (Jos. 2:9, Jos. 2:11) en contra del rey de Jericó se le opuso a Israel.

4. El resto de la Escritura considera la fe de Rahab. Dios bendice a Rahab salvando su vida y la de su familia (Jos. 6:23), incluyéndola en la línea de la simiente de la mujer (Mat. 1:5) y poniéndola como una heroína de la fe (Heb. 11:31) donde además se afirma que gracias a esa fe no pereció con los desobedientes declarando implícitamente que ella fue obediente al ocultar a los espías. Además Santiago nos informa que la acción de Rahab fue una manifestación de una fe justificadora (Stg. 2:25) dando muestra de que su fe es una fe que se manifiesta en obras y por lo tanto viva (Stg. 2:26).

Así que concluyo que Rahab no cometió pecado en su acción de ocultar a los espías sino que fue un acto de obediencia al Dios cuya voluntad era dar la tierra de Canaán, y con ella la ciudad de Jericó, a los descendientes de Abraham.

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