Continuamos con el estudio sobre que significa ser cristiano basado en las palabras de Jesús en Mateo 28:16-20. Empezamos mostrando la autoridad de Cristo y su llamado a que seamos discípulos y que nos bauticemos.

Enseñándolos a guardar todo lo que os he mandado (v. 20): Los Once tenían que ir por el mundo haciendo discípulos que se bautizan y que guarda su Palabra: Este es un concepto que Jesús ya había recalcado en otras ocasiones como en 15:14. La obediencia a su maestro es un rasgo esencial del discípulo 2 Ti. 2:3-5 Pablo escribiéndole a Timoteo describe la vida de un cristiano como la de un soldado que sólo vive para agradar a aquel que lo llamó. ¿Y cómo la guarda? Cumpliendo diligentemente con su Palabra.

La palabra que aquí se traduce como guardar que en griego es τηρέω no solo significa obedecer sino velar por algo, vigilar, conservar, reservar, retener y proteger. La idea de Jesús no es sólo que la persona que ama a Jesús conocer su Palabra y la pone en práctica sino que retiene sus mandamientos, vela por ellos para que no sean distorsionados por falsas enseñanzas, conserva la Palabra y se preocupa de transmitírsela con fidelidad a otros para que ellos también las guarden.

Hoy en día 2000 años después la manera que tiene el mundo de conocer a Cristo es a través de hombres y mujeres que aman a Cristo y que sigan predicando el evangelio del Reino, el mismo evangelio que predicaba Cristo. Romanos nos confirma que Ro. 10:13-14 La predicación es necesaria para la evangelización porque si no de qué manera puede una personas oír las buenas nuevas del evangelio. Sea en un lugar público, en la radio, en una iglesia o en una conversación es siempre a través de la presentación del evangelio la manera a través de la cual una persona puede llegar a conocer a Cristo y su salvación.

Explaining the Gospel
Si decimos que amamos a Cristo debemos ser discípulos comprometidos con guardar su Palabra, con conocer y obedecerla pero también con preservarla y  enseñarla a otros.

Si decimos que amamos a Cristo debemos ser discípulos comprometidos con guardar su Palabra, con conocer y obedecerla pero también con preservarla y enseñarla a otros. Guardar la Palabra significa conocerla y poner en la práctica que cuando tengo que tomar una decisión importante de que hacer en mi vida busco aquello que Cristo ha dicho y no lo que el mundo opina. Da igual que se haya puesto la etiqueta de hombre piadoso, da igual las obras que haga, da igual el aprecio que el mundo tenga y da igual que el mundo lo considere un hombre o una mujer buenas porque si no guarda la Palabra de Cristo no le ama. El infierno está lleno de hombres y mujeres que han hecho muy buenas obras y piadosas y consideradas referentes en cuanto a bondad e integridad por el mundo. Pero si no ama a Cristo no puede guardar los mandamientos ni ser amados por el Padre ni tener a Padre e Hijo haciendo morada en su vida.

Esto es lo que define a un cristiano ¿Qué es un cristiano? Un discípulo de Cristo que vive una vida entregada a Él. Que se ha arrepentido de su pecado, se ha bautizado y vive constantemente guardando sus mandamientos. Esta es la vida que debemos buscar no otra porque sólo en esta vida “os haré descansar

Un comentario en “¿Qué significa ser cristiano? IV: Guardar los mandamientos de Cristo.

  1. ¡Muy buen artículo!
    Mi comentario va por la línea de aportar algunos datos y pistas de orden exegético que pueden ayudar en la reflexión y enrriquecer el debate.
    En este fragmento (Mt 28, 16-20) cabe destacar cuatro enseñanzas de alto calibre teológico:
    1) La “potestad” que Cristo tiene (v.18). Cristo alega aquí, sintéticamente, pues ya está desarrollado este tema a través de todo el evangelio de Mateo, la “potestad” (εξουσία) que tiene para ello. Esta le fue “dada” (εδόθη) por Dios, por el Padre. Le dio plenitud de poder (πασά εξουσία). Evoca el pasaje apocaliptivo de Daniel(Dn 7,14). Estos términos son claros y, sobre todo, están casi encuadrados en la teología de Joánica (Jn 13,3; Jn 17,2ss). Este “poder” — ”todo poder” — se lo dio el Padre “en el cielo y en la tierra.” Juan dirá que el “Padre. le dio poder sobre toda carne, para que (a todos los que Tú le diste) les dé la vida eterna” (Jn 17,2). El poder “en el cielo” es sobre toda potestad celestial, y “en la tierra,” sobre toda la humanidad, y acaso sobre todo lo creado. Es un recurso típico de la literatura judía para indicar totalidad mencionando los opuestos o extremos. Ejerce poderes divinos, pues tiene el poder de Dios. En Mateo terminará (cap.25) como Juez de toda la humanidad.
    ¿Cuándo recibió este poder? No se dice aquí; solamente se lo reconoce y promulga (cf. Mt 7, 29; Jn 9,6; Jn 21, 23; etc.). Si el entrar en el ejercicio pleno de sus poderes es después de la resurrección (Jn 17,1-5; Flp 2,6-11; Hech 2,36; Hech 10,42; Rom 1,4), la plenitud ontológica la tiene desde la encarnación. Si Mateo, por el sesgo de su “cursus,” no lo trata exprofeso, era la fe de la Iglesia, en cuya fe se mueve y proclama. Es Cristo, Dios encarnado, el que tiene toda esta potestad sobre todo lo creado (v.18) y que terminará ejerciéndola en el juicio final (Mt c.25).
    2) Necesidad del Evangelio (v.19a; 20a). De lo anterior hay una consecuencia (ουν) por derivación. Es la lógica exigencia de Cristo: la predicación del Evangelio en el aspecto de “enseñanza” (διδάσκοντες) precisamente para que sea “observancia” (τηρεiν en infinitivo del presente) de “todo el mundo.” No se trata de un simple kérigma, sino de la misión de que los oyentes se hagan “discípulos” (μαθητεύσατε). Υ esto con carácter universal, pues es “para todas las gentes (πάντα τα έθνη).” Es el cumplimiento profético, escatológico ya abierto y bien acusado en Hechos de los Apóstoles y a través de los evangelios de la “universalidad” de la salvación. Ya está el cristianismo en actividad universal. Si Cristo se hubiese expresado con esta claridad sobre estos puntos — fórmulas y universalismo — no se explicarían, fácilmente, algunos problemas planteados, v.gr., en el concilio de Jerusalén (Hech c.15) y otros lugares del N. Τ. Este es uno de los argumentos que permiten datar la fecha de este fragmento del evangélio de Mateo como posterior a la compilación y edición del cuerpo principal del mismo, es decir fue un agregado de otra “mano”.
    3) Necesidad del bautismo (v.19b). Otro elemento esencial, aceptado en el Evangelio, es el “bautismo” cristiano. El término “bautizar” (βαπτίζω) no significa exclusivamente “sumergir,” sino también “lavar,” “purificar” (Lc 11,38; Mc 7,14). El bautismo cristiano hace “nacer del agua y del Espíritu” y sin él “no se puede entrar en el reino de los cielos” ( Jn 3,3.5.6.7), y San Pablo enseña que el bautismo hace “convivir” con Cristo (Rom 6,4; Rom 6,1-11).
    Pero se añade que este “lavado,” esta “purificación,” tiene que ser hecha explícitamente en nombre de las tres personas de la Trinidad (v. 19b). Críticamente esta lección es genuina. Conybeare quiso negarle autenticidad, basándose en Eusebio de Cesárea, que cita este pasaje, y pone en boca de Cristo el predicar y bautizar sólo “en mi Nombre.” Pero Eusebio en otros pasajes ha abreviado y sintetizado pasajes evangélicos, para destacar precisamente la predicación en nombre de Cristo. También los Hechos de los Apóstoles (Rom 2,38; Rom 8,16; Rom 10,48; Rom 19,5) han hecho pensar si no se habría conferido así, primitivamente, el bautismo al menos en ciertos medios eclesiales sin la fórmula trinitaria: sólo en el nombre de Cristo. Se puede admitir su validez, por dispensación divina, en orden a hacer ver la necesidad de venerar el honor del Nombre humillado de Cristo. De hecho, la expresión “en nombre de Jesús,” podría ser una forma de contraponer su bautismo al del Bautista (Hec 19,2-5), a otros bautismos, o simplemente para manifestar la necesidad de recibir el bautismo “cristiano” (Hech 2,38; Hech 8,16; Hech 10,48).
    La fórmula trinitaria aparece en todos los códices y en los primeros escritos eclesiásticos como es el caso de la Didaje o Enseñanza de los apóstoles. Aparece, (en griego todos). Pero no se sigue que esta obra (la Didaje que es del siglo primero y más antigua que algunos evangelios y libros del NT) lo tome de Mateo, sino que era conocida en la Iglesia a fines del siglo I, y en círculos próximos a Mateo. Por otra parte, los elementos de la fórmula trinitaria estaban en germen, al menos en Pablo (2Cor 13,13; 1Cor 12,4-6). Y si se “lee la fórmula trinitaria a la luz del N. Τ., se reconocerá, bajo una forma sistematizada, un pensamiento muy frecuentemente expresado en los escritos apostólicos, en donde las fórmulas trinitarias sobreabundan.”
    La fórmula griega del bautismo εις το όνομα, podría significar el bautizar en nombre de (Hech 2,38; Hech 40,48), indicando autoridad, potestad de la Trinidad con la que se hace, o al o para el nombre, en el sentido de consagración del fiel a la Trinidad. En la koine estas partículas pueden tener indistintamente ambos sentidos. Y siendo el evangelio de Mateo traducción del arameo, el substractum que supone la partícula le (leshem) puede tener la ambivalencia de sentidos.
    4) Constante “asistencia” de Cristo a los suyos (v.20b). La última enseñanza de Cristo es su “asistencia” a los suyos “hasta la consumación del siglo.” En el vocabulario del A.T. (Ex 3,12; Jos 1,5.9; Is 41,10; Is 43,5; etc.) tiene el sentido de asistencia y protección a alguien, para su “misión.” Este es, fundamentalmente aquí, el sentido de esta promesa de Cristo. La garantía para su apostolado es firme, es constante, como constante ha de ser su misión, y es universal; y todo hasta la “consumación del siglo.”

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