Edificaos los unos a los otros.


En ocasiones en la iglesia hacemos mucho énfasis en la evangelización. Hablando acerca de que tenemos que llegar a los demás que tenemos que cumplir la gran comisión y que debemos esforzarnos en esto. Parece que una vez que cruzamos la línea entre ser cristiano y no serlo, me refiero a ser un verdadero cristiano discípulo de Dios, ya vale. Una vez que aceptamos a Cristo da la impresión de que la función de la Iglesia se relaja sobre sus miembros, cuando no cesa.

La Biblia describe  el cristianismo como vida, como vida cristiana y algo que inherentemente tiene la vida, es que crece, cambia, que no suele ser igual que era antes. Creer en Cristo es llamado nacer de nuevo así lo describe Jesús mismo en su conversación con Nicodemo, pero una vez que se nace hay que alimentarse, hay que crecer. La vida cristiana no se acaba el día que aceptamos a Cristo sino que comienza, y ¿qué comienza? Pues un periodo de crecimiento que nunca termina, un periodo de continua madurez que nos lleve a ser más parecidos a Jesús.

1 Co. 3:1-4. Pablo está escribiendo a los corintios después de su visita y les echa en cara que eran unos inmaduros. Les da a beber leche, o sea, cosas elementales, les tuvo que dar clases de escuela dominical para niños porque su madurez y su conocimiento se estancaron, no fue capaz de enseñarles algo más profundo porque no sabían lo que había en la superficie.

Pablo dice que a él le gustaría que esa situación no fuera así, porque lo ideal no es eso, lo ideal es que con el tiempo que ya llevaban fueran aprendiendo más y siendo más maduros y cuando Pablo se les acercara pudiera darles más profundidad.

Pablo los compara con bebes porque tenían la madurez de estos, la falta de madurez, de crecimiento nos lleva a caer, porque la vida es aprendizaje sobre aprendizaje. Aprendemos a mantenernos de pie y cuando aprendemos eso pues nuestros primeros pasos y cuando los primeros pasos pues andamos, luego corremos, necesitamos aprender lo básico para luego hacer los superior. Necesitas saber sumar o multiplicar antes de hacer ecuaciones de segundo grado. Pero si un bebe que sólo aprendió a mantenerse en pie intenta correr se cae, porque aún no ha aprendido algo más básico, este es el peligro de la inmadurez y de la falta de crecimiento.

Cuando Jesús estaba en esta tierra parte de su ministerio fue la evangelización pero parte muy importante también fue el crecimiento de los ya creyentes, como sus discípulos, estuvo con ellos 3 años, haciéndoles crecer dándoles más profundidad cada vez, este crecimiento les lleva hasta ser las personas que logran esparcir el Evangelio por todo el imperio romano, pero esto llevó tiempo.

Así con este texto vemos por un lado que no nos podemos conformar diciendo que ya sabemos todos lo que hay que saber en relación con Dios y la vida cristiana sino que debemos preocuparnos en crecer, en edificarnos, porque la madurez es un compromiso que tenemos que adquirir, no vale con sentarse en un banco y esperar que caiga del cielo, tenemos que esforzarnos es crecer.

Para nuestra tranquilad Dios no nos dejó solos en esta tarea sino que nos dejó herramientas para que las usemos en nuestro crecimiento, pero Dios que es un tipo muy hábil lo hizo de una manera muy original. 1 Co. 12:4-20.

Dios nos da dones espirituales a cada uno de nosotros. Todas centralizadas en la trinidad “un mismo Espíritu”, “un mismo Señor” y “un mismo Dios”. Todos los dones espirituales vienen de Dios. Con lo cual no pueden ser habilidades nuestras, sino que son capacidades especiales que Dios nos da. Y nos los da a todos los cristianos, todas las personas que confían en Cristo tiene al menos un don espiritual en sus vidas. Estas son las herramientas de Dios, pero hay un dato curioso estas herramientas son para el bien de los demás, o sea, que las herramientas para mi crecimiento no las tengo yo, las tenéis vosotros. Nadie puede edificarse a sí mismo.

Esto nos lleva a plantearnos la necesidad que tenemos los unos de los otros, yo os necesito a vosotros, porque Dios os ha dado dones que yo necesito para crecer, para no quedarme como un niño Espiritual. Esos dones que nosotros tenemos no los tenemos por ser más guapos que el resto sino porque Dios los da, Dios no se fija en las notas que sacas para darte un don, te lo da y tienes que usarlo.

Por eso todos somos necesarios en la Iglesia porque todos necesitan en don que yo tengo, pero también tengo que ser humilde, porque yo necesito sus dones, esos dones que las personas tienen.

Porque el texto sigue con una comparación muy conocida en la Biblia, la de la Iglesia como un cuerpo. La imagen es excelente en este sentido. Es un reparto hecho según las necesidades de propio cuerpo. Dios nunca va a permitir que en una iglesia falte algún don necesario, si faltan suele ser porque nosotros los usamos mal o directamente no los usamos. Porque es el propio espíritu es que los reparte según Él determina.

Cada parte del cuerpo hace una labor por la cual se beneficia ella misma y beneficia al resto del cuerpo. El cuerpo entero necesita oxígeno para vivir, necesita que los pulmones capten oxígeno, necesita que los intestinos capten los nutrientes de los alimentos y luego necesita que el sistema circulatorio los reparta por todo el cuerpo, el sistema circulatorio no puede vivir por sí mismo, necesita del trabajo en equipo de todo el cuerpo, de la misma forma un cristiano no puede vivir por sí mismo necesita del trabajo en equipo de todos los cristianos de su entorno. Por eso Satanás usa mucho empeño en dividirnos, en separarnos porque cuanto más separados estemos más débiles seremos.

Hay un ejemplo práctico en el libro de Éxodo (Éx. 31:1-4) El pueblo de Israel está en el monte Sinaí y Dios le está explicando a Moisés como debe ser la construcción del tabernáculo. Entonces le dice que ha capacitado a dos personas para la obra. Estas personas no tienen esas habilidades por ellos mismos, es Dios quién se las da y se las da para beneficio de todos.

Este texto de Éxodo también nos habla de que los dones que Dios da a su pueblo no son algo secreto para vivir en lo privado sino que tienen que usarse públicamente, han también de reconocerse públicamente. Nadie puede decir que su don lo usa en su casa, porque esa no son las funciones de los dones, de estas herramientas.

Este texto llega hasta el versículo 11 donde dice que “todo deberán hacerlo tal como te he mandado que lo hagas” estos dones los da Dios, para hacer la obra que él quiere hacer. No son dones para hacer lo que a nosotros nos apetezca sino que tienen su función dentro del plan de Dios.

El resultado de usar los dones con mis hermanos es que juntos hacemos la obra de Dios que es crecer, madurar, edificarnos.

Así que hemos visto que necesitamos crecer en nuestra vida espiritual, necesitamos no quedarnos como bebes sino madurar, edificarnos. Vemos que Dios no nos ha dejado solos en esta tarea sino que nos hadado herramientas, de una manera que igual no es la que nosotros esperamos, pero herramientas para que crezcamos.

Con lo cual nosotros nos convertimos por un lado en receptores de este crecimiento pero también en administradores de estos dones que producen crecimiento en la vida de los demás.

1 Pd. 4:7-11. Pedro aquí va repetir algunas de las ideas que hemos estado meditando, en primer lugar la naturaleza del don. El don espiritual es algo que hemos recibido, no hemos conseguido ni esforzándonos ni heredándolo, es algo que no nos ha costado recibir sino que Dios nos da. Y nos lo da para que sean herramientas que usamos para el crecimiento de los demás. Debemos ministrarlos, usarlos con diligencia porque nosotros somos administradores. Aquí Pedro describe el rol de un administrador una persona que trabaja con algo que no es suyo, porque describe muy bien nuestra posición. Cada uno de nosotros somos administradores. Pero la palabra administrador encierra otras palabras tras ella. Si hay un administrador hay un dueño, el dueño es Dios, Él es el amo, el poseedor nosotros sólo lo tenemos temporalmente. Si hay un administrador es que hay algo que administrar, los dones, las herramientas, Dios nos da. Si hay un administrador es que hay que rendir cuentas, todos los administradores rinden cuentas ante las personas dueñas de lo que administran, de la misma forma nosotros vamos un día a rendir cuentas de los que administramos en nuestra vida delante del dueño de los dones.

Así que sabiendo que necesitamos crecer y que para eso Dios nos ha dado herramientas de las cuales somos administradores y tenemos que rendir cuentas. ¿Qué tenemos que hacer?

Ro. 14:13-20. Pablo nos lleva a que evitemos los conflictos superfluos y nos centremos en lo que importa de verdad promover la paz y la edificación mutua, o sea los unos a los otros. Hay muchas cosas que son tonterías y nos tiramos los trastos a la cabeza, pero debemos ser maduros y dejar de lado esas tonterías y dedicarnos a usar los dones que Dios nos da para edificarnos, porque si yo uso mi don y todos usamos nuestros dones, todos crecemos todos somos edificados.

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