Saludaos los unos a los otros.


Puede que sólo lo consideremos un gesto, algo que todos los seres humanos hacemos a veces de manera instintiva. Quizás pensemos que para Dios eso no debe tener muchas importancia. Pero a pesar de ser algo tan cotidiano es un tema que afecta directamente a la relación entre los hermanos y en el siglo primero, que es cuando Pablo escribe esta ordenanza y aunque esto ocurrió hace casi 2000 años es algo que afecta directamente a la iglesia de hoy, porque la Biblia trata temas fundamentales del ser humano.

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”  Hb. 4:12.

Entre otras muchas cosas este texto describe a la Biblia como “espada de dos filos; que penetra hasta partir el alma y es espíritu” esto significa que la Biblia no trata temas superficiales, sino temas esenciales del ser humano, temas que tocan su propia alma, temas profundos ante los cuales debemos posicionarnos. Y la Biblia siempre recalca la necesidad de ponernos en acción con los mandamientos “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.” Stg. 1:22.  Si escuchamos estas palabras, estos unos a los otros y decimos que buenos son, son importantes y están muy bien que los estudiemos pero luego no nos amamos los unos a los otros, no nos perdonamos los unos a los otros, no nos exhortamos los unos a los otros, no vale para nada, como dice la Biblia nos engañamos a nosotros mismos y por muy poca cosa que pensemos que es el tema de hoy, por muy “bueno eso tampoco es tan importante” debemos pensar que es un mandato de Dios para nosotros, su pueblo.

Pablo sorprende aquí con un saludaos los unos a los otros (

Saludaos los unos a los otros

Ro. 16:1-16) el cual era un tema muy importante en la iglesia del siglo primero, tuvieron muchos problemas con este tema y Pablo ve la necesidad de recalcarles este mandamiento. Pablo no les da opción, no está diciendo podéis saludaros, o mejor  saludaros que no. Está diciendo saludaos, es una obligación.

Hoy en día el gesto de saludarse sigue siendo importante, muchas veces nos enfadamos si alguien que nos conoce no nos saluda, lo consideramos un agravio. En la época que se escribió la carta de los romanos saludarse era un acto social muy importante, porque incluía un reconocimiento de la otra persona, si yo saludo a una persona significa que la considero como de mi propia familia, no existía el saludo para quedar bien, sólo se saludaba a los que se consideraba queridos.

Este saludo se hacía efectivo con un beso en al frente, la mejilla o la barba. Esta es una práctica que venía del A.T. donde los judíos se saludaban así entre ellos, era un saludo entre los pertenecientes al pueblo de Dios. En el N.T. lo judíos seguían usando esta práctica ahora con el nuevo pueblo de Dios. Esto era muy significativo para los creyentes nuevos porque se sentían aceptados por los judíos. Los judíos no eran muy amigos de los gentiles por eso solían excluirlos, por eso Pablo les recalca que saluden a sus hermanos, literalmente que los acepten como iguales. Además muchos cristianos eran repudiados por sus propias familias por lo cual el gesto de besarles era proporcionarle una familia.

Por lo cual cuando vamos al texto y vemos que Pablo dice que debemos saludarnos, nos damos cuenta de que no sólo se refiere a un saludo que hoy en día hacemos, donde saludamos a todo el que más o menos conocemos. Sino que se refiere a que nos tratemos como lo que somos, miembros de una familia. Nadie saluda a un extraño igual que saludamos a nuestros hermanos o a nuestros padres, porque el cariño y la relación que nos tenemos hacen que el saludo sea especial. Pablo de la misma forma dice que los cristianos debemos saludarnos de una manera especial porque pertenecemos a una familia especial. Para dejar constancia de ello da una lista de saludos, todos ellos orientados a personas de la familia de Dios. Todos ellos orientados a personas que se están esforzando en las cosas de Dios.

Por eso en el día de hoy me gustaría que nos cargásemos de razones para saludarnos, no para saludarnos como saludamos a nuestros compañeros de clase o a alguien que vemos en la calle, sino razones para saludar a los miembros de nuestra propia familia.

                Debemos saludarnos los unos a los otros, porque todos somos hijos de Dios (Ef. 1:3-6):  Todos los cristianos, por cristiano me refiero a aquellos que creen en Cristo, no en los que se apuntan en una iglesia son personas escogidas por Dios para ser sus hijos. La Biblia nos dice que nosotros amamos a Dios, porque Él nos amó primero (1 Jn. 4:10). La Biblia además pone un matiz acerca de esta elección, fue antes de la fundación del mundo, o sea, que antes de que nosotros naciéramos o nacieran nuestros padres, abuelos, etc… Dios ya nos había escogido para pertenecer a su pueblo. Esto es algo que es difícil de comprender para nosotros, es algo que debemos creer por fe, porque que Dios nos escogiera no está reñido con nuestra propia voluntad de seguir a Dios.

Pero entonces si todos los cristianos  somos hijos de Dios escogidos por él mismo debo saludar a mi hermano y tratarlo como un miembro de la familia de Dios porque Dios lo ha puesto aquí por la misma misericordia que a mi. Mi hermano no es una persona menos importante, ni de menos categoría, Dios la escogió igual que a mí, por los mismos méritos, ninguno. No hay nadie que esté en la Iglesia, da igual que cargo ocupe, da igual los ministerios que lleve que haya hecho más mérito que cualquiera de nosotros para estar en ella. Por eso debemos saludarnos, porque somos iguales, somos hijos de un mismo Padre, somos hermanos.

Muchas veces tratamos a nuestros hermanos de la iglesia, o decimos cosas de ellos que nunca nos atreveríamos a decir de un miembro de nuestra familia, cuando realmente las personas que van a la iglesia, y no me refiero a sólo a nuestra iglesia local son nuestra familia y debemos tratarlas como tal.

Debemos saludarnos porque somos miembros de una misma familia y saludarnos, preguntarnos qué tal estamos nos ayuda en esta sensación de familia. ¿Cómo sería una familia donde los miembros se saludan sin tocarse? ¿Cómo sería una familia si sólo levantasen la cabeza al verse?

Debemos saludarnos los unos a los otros porque es mandamiento de Dios amarnos (Mt. 22:35-40):   Todos estos “unos a los otros” acababan dependiendo del primero de todos, amaos los unos a los otros. La iglesia de Cristo tiene una marca que la distingue de otras organizaciones y esta es el amor. Debemos amarnos los unos a los otros, esto implica que debemos tratarnos con amor, esto implica saludar a nuestros hermanos como nos gusta que nos saluden. Podemos pensar que saludar es un gesto que no tiene nada que ver con el amor, pero como cambia la circunstancia cuando un grupo de personas llega y se sienta, o si llega y se saludan.

Esto se nota mucho el primer día de clase de la universidad, los que ya estéis en ella. Llega un grupo de unos 100 chavales que no se conocen entre sí, con lo cual el saludo es frió el ambiente no es de cordialidad. Pero cuando va pasando el tiempo y la gente va haciendo amistad el ambiente cambia. Pues lo mismo en la Iglesia, si yo muestro amor hacia mis hermanos y cuando los veo los saludo, el ambiente cambia. Por eso en la iglesia se suelen poner personas en la entrada a recibir a las personas, para transmitir este amor a través del saludo.

Cuando a Jesús le preguntaron cuál eran los principales mandamientos, el respondió dos mandamientos de amor, el primero es amar a Dios con todas nuestras fuerzas, la segunda proviene de la primera, amarás a tu prójimo, cuando le preguntaron quién era su prójimo, ¿Qué respondió? A un Samaritano, con aquella parábola, alguien ajeno al pueblo de Israel, con lo cual alguien fuera del pueblo de Dios en aquel entonces. Pues si debemos amar así a los de fuera, ¿Cómo no debemos amar a nuestros hermanos? Debemos amarnos, debemos mostrarnos cariño porque es un mandamiento de Dios.

Debemos saludarnos porque el amor en la iglesia debe ser práctico (1 Jn. 3:13-20):   Estas son palabras muy duras, Juan está asociando pensamientos (v. 14) “El que no ama a su hermanos permanece en la muerte”,  aquí es el que no ama, pero sigue (v. 15) “El que aborrece a su hermano es homicida”, pasamos a otro nivel, subimos un escalón, el que odia a su hermano es un asesino, una persona culpable y que debe morir eternamente. Ahora explicar porque es esto (v. 16)”Él puso su vida por nosotros. Así que debemos poner nuestra vida por los hermanos” y ahora después de subir estos escalones Juan llega a la idea que quiere enseña y quedemos aprender (v. 17). El cristiano que habla del amor de Dios, diciendo que es bueno pero tiene bienes y no ayuda a un hermano realmente necesitado no puede decir que tiene el amor de Dios, es decir es igual que la persona que no ama a sus hermanos o que directamente los odia. Así que después de llegar a este punto Juan les / nos recomienda “no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y de verdad”. Podemos llenarnos la boca diciendo que amamos mucho a nuestros hermanos pero si esto no se ve de una forma práctica cuando se necesita, no sirve para nada, somos iguales que una persona que no ama o que directamente odia. Si un miembro de la iglesia pasa por un mal momento en su vida, por un momento de sufrimiento, por la razón que sea y la iglesia no muestra amor con esa persona se puede decir que esa iglesia no ama a Dios, porque podrá cantar unas canciones muy bonitas acerca del amor de Dios pero será como el cristiano del versículo 17.

El amor de Dios se debe demostrar, no para que otros digan de mí, “pero mira que bien ama Laura a sus hermano, pero mira que bien ama Alex al resto de la iglesia” no, sino que se debe mostrar porque Jesús lo mostró, con su vida, dando su vida. Nadie estuvo allí para darle unas palmaditas en la espalda y decir que bien lo haces, no mostró su amor en mitad de los insultos, pero lo hizo no solo de boca sino de manera práctica. Cuando Jesús estaba a punto de morir (Lc. 23:34) dijo “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen” Jesús amó de palabra con palabras que sanaban el alma de la gente, pero también amó de hecho.

Saludarnos puede parecernos algo trivial pero demuestra de una manera práctica nuestro amor por nuestros hermanos.

Debemos saludarnos porque nos necesitamos (Rom. 12:4-8):   Este es un texto puro de iglesia que nos define como somos. Usa una imagen muy representativa que es la de un cuerpo. Todos nosotros somos partes de un cuerpo. No hay nada en un cuerpo humano que sobre, todo tiene una función, aunque sea ser apéndice y final del intestino grueso. Pero la verdad es que Dios hizo la iglesia de esta forma. Necesitamos a todas las personas que pertenecen a la iglesia. Debemos saludarnos porque nos necesitamos. Una mano puede parecer una parte muy importante del cuerpo, pero si no hubiera un estómago que digiriese la comida nunca tendría alimento, sino hubiese un sistema circulatorio que le llevase oxígeno se moriría. Si no hubiera piernas que la llevasen de un lado para otro sería como la mano de la familia Adams que va de un lado para otro sin poder hacer otra cosa.

Esta utilidad, esta necesidad no la tenemos por las habilidades de nuestros hermanos, ni por las nuestras, sino que son poder de Dios.  Dios nos da a cada uno dones  y estos dones son para beneficio de todos, cuando yo vengo a la iglesia y ejerzo el don que Dios me da soy de beneficio a las personas que me rodean, soy como ese sistema circulatorio llevando oxígeno y alimento a la mano. De la misma forma yo me beneficio de que otras personas estén ejerciendo sus dones.

No podemos pensar que no necesitamos a alguien en la iglesia, porque como hemos visto, todas las personas que vienen a la iglesia tienen algo que me beneficia, puede parecer egoísta, pero es verdad. Las personas que están en la iglesia están porque Dios las escogió para estar allí.

Por eso debe saludar a mis hermanos porque cuando estoy con ellos y ejercemos nuestros dones yo salgo beneficiado y ellos salen beneficiados conmigo y juntos somos un cuerpo cuya cabeza es Cristo, como dice la Biblia.

                Debemos saludarnos porque cuando demostramos amor reflejamos a Cristo (Jn. 13:35):   Para finalizar la última razón porque debemos saludarnos es que cuando demostramos este amor, de esta manera práctica la Biblia dice que demostramos que pertenecemos a Cristo. Todas estas ideas se pisan unas a la otras y la idea del amor mucho más, pero la realidad es que el amor es el tema fundamental de las relaciones en la iglesia y cuando mostramos ese amor, no el amor que dice la sociedad, sobre todo el día de hoy sino el amor de Cristo ese amor que le lleva a morir en una cruz por personas que lo están insultando.

Cuando usamos ese amor, para relacionarnos, para usarlo cuando tenemos problemas entre nosotros ahí reflejamos a Cristo, cuando usamos ese amor para soportar a veces comportamientos de personas que nos sacan de quicio, los cristianos distamos de ser perfectos y a veces hay gente en la iglesia que nos puede crispar, pero cuando usamos el amor de Dios para soportar a nuestros hermanos ahí reflejamos a Cristo.

Cuando usamos del amor de Dios para usar nuestros dones y bendecir a nuestros hermanos ahí reflejamos a Cristo. Cuando nuestro amor no se queda en palabras sino que también se demuestra en hechos ahí reflejamos a Cristo.

Cuando saludamos a nuestros hermanos porque también son escogidos de Dios igual que nosotros, porque sabemos que los necesitamos y que Dios usará sus dones para beneficio nuestro ahí reflejamos a cristo.

Por eso debemos seguir el mandamiento de Pablo y saludarnos los unos a los otros, porque tiene muchos beneficios, nos hace sentirnos en familia, amados y nos hacer reflejar a Cristo.

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