El discípulo al cual Jesús amaba.


Cuando hablamos del amor de Dios hay un nombre que nos viene a la cabeza, el apóstol Juan. El amor es el tema central de tanto su evangelio como de sus cartas pastorales. De sus escritos sacamos continuamente la necesidad de amarnos los unos a los otros, del amor como una marca del verdadero hijo de Dios o del amor como la forma de vida de los hermanos en la iglesia.

Juan es capaz de hablar de este amor no sólo porque lo hay visto en Cristo, o  porque haya sido capacitado por el E.S. Juan es capaz de hablar de este amor porque lo ha vivido y lo ha sentido y ha visto los efectos de este amor en su vida.

Esto lo vemos en su propio evangelio donde Juan evita nombrarse a sí mismo en ninguna ocasión, pero cuando tiene que hacerlo, en la parte final del libro lo hace bajo un “apodo” muy clarificador “el discípulo al que Jesús amaba” lo hace hasta en cinco ocasiones.

La primera de ellas la encontramos en Jn. 13:21-26. La última cena de Jesús empieza con una nota aclaratoria del propio Juan (Jn. 13:1) donde dice que “habiendo amado a los suyos, los amó hasta el final” vemos que cuando tiene que recordar aquellos momentos, cuando tiene que hablar sobre lo que pasó en esa pascua. Juan sólo puede recocer que fue el amor lo que llevó a Jesús a hacer lo que hizo. En primer lugar tomo el sitio que nadie quería, lavar los pies de todos los allí presentes. Acto seguido después del lavar su cuerpo, les enseña acerca de la humildad y el amor, de la necesidad de lavar su vida de egoísmo y de la búsqueda de los primeros lugares, lección que el propio Juan y su hermano Jacobo tuvieron que aprender con una reprimenda de Jesús (Mr. 10:35-45) cuando le pidieron poder sentarse a su izquierda y su derecha. Jesús les recuerda que sólo el que sirve a los demás puede considerarse importante en el reino de Dios.

Estando en esa cena tan tensa, porque luego Jesús va a afirma que uno de ellos lo va a entregar dejando a los discípulo sin palabras porque no entendían que pasaba, Juan se declara el siervo al que Jesús amaba. Juan se siente amado al verse cuidado por su Pastor, por su maestro. Jesús, la persona que guía la vida de Juan se enfrenta al momento más duro de su existencia y aún así aparta tiempo para cuidar de su rebaño. Juan echando la vida atrás no puede sentirse otra cosa que amado por Jesús, amado porque tomó la posición que su orgullo le impidió toma, amado porque Jesús cuidó de su vida espiritual enseñándole que es lo que Dios esperaba de él acerca de la humildad y el servicio a los demás.

Juan se siente como esa oveja que es llevada con esfuerzo a buenos prados para comer del mejor alimento para su vida. “Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.” Sal. 23:1-3

La segunda ocasión en que Juan habla de si mismo como el discípulo que Jesús amaba lo encontramos en la cruz  Jn. 19:26-27. Desde Getsemaní todo ha sido confusión, traición, carreras y nada para entender. El maestro sobre el que hace apenas unas horas recostaba su cabeza ahora está colgado en una cruz muriendo de la manera más cruel. Juan está allí para verlo y en ese instante Jesús le pide que cuide de su madre. Tarea que Juan cumple de inmediato porque “Desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa”.

En ese momento reinaba la confusión entre los discípulos, muchos huían, Pedro había negado a Jesús. Ninguno entendía lo que estaba pasado. ¿Estaba su maestro fracasando?. Pero a pesar de esa circunstancia Juan se siente amado al ser comisionado por Dios para una tarea tan importante como es la cuidar a su madre. Juan se siente amado, porque se siente valorado por Jesús, al encargarle aquella tarea, Juan siente que con su esfuerzo puede obedecer la voluntad de Dios y hacer algo por una persona necesitada, en este caso una viuda.

Los seres humanos nos sentimos valorados a través de nuestra utilidad, cuando somos útiles, cuando hacemos algo que resulta beneficioso, sobre todo cuando es beneficioso para una persona que realmente lo necesita, como era esta madre que estaba viendo como crucificaban cruelmente a su hijo.

La tercera ocasión ocurre en Jn. 20:1-9Cuando toda esperanza se encuentra perdida, cuando los discípulos se escondían porque tenían miedo de que fueran a por ellos de la misma forma que fueron a por Jesús. Cuando pensaban que todo lo que quedaba de su Maestro, de aquel del cual pensaban que era el Cristo, era un cadáver torturado en una tumba. María Magdalena llega corriendo a decirles que habían robado el cuerpo de Jesús. Dos discípulos, Pedro y Juan, corren llegando antes Juan, pero no se atreve a entrar sino que es Pedro, el impetuoso y valiente el que entra primero. Pero cuando Juan entra la Biblia nos dice que “Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó”. Juan vio los lienzos que envolvían a Jesús y creyó que había resucitado, creyó en las palabras que el propio Jesús “Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días” (Mr. 8:31) donde anunciaba su propia muerte, pero también que iba a resucitar al tercer día.

Juan no pasa por el mismo proceso de incredulidad que otros discípulos como Tomás “Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré.” (Jn. 20:25). Sino que al ver aquellos lienzos bien puestos a un lado, dando claro testimonio de que el cuerpo no fue robado sino que tuvo que ser resucitado, creyó.

Juan se siente amado al ver que Jesús cumple sus promesas. Juan se siente amado porque su Maestro cumplió su palabra de resucitar. Aunque ni él ni sus otros diez compañeros lo esperasen, habían perdido la esperanza, pero en mitad de esa desesperación y de no saber bien que hacer, mezclado con el temor a que a ellos les pasase lo mismo.

La cuarta ocasión donde vemos a Juan autodefinirse como el discípulo al cual Jesús amaba es en (Jn. 21:1-14) A pesar de creer en su resurrección y de haberlo visto en dos ocasiones los discípulos siguen confusos y nos saben bien que hacer, están un poco perdidos y Pedro el impetuoso decide ir a pescar, igual porque no soportaba el echo de estar parado sin hacer nada. El resto de discípulos le sigue. Jesús aparece para volver a hacer un milagro, esta vez una pesca milagrosa. Pero nadie se da cuenta de que es Jesús hasta que “el discípulo al cual Jesús amaba lo identifica”. El Maestro al que durante tres años acompañaron por toda la tierra de Judá desde su muerte y resurrección se había convertido en una persona esquiva, que sólo se aparecía en determinadas ocasiones, por eso sus discípulo se encontraban perdidos.

Pero lo que choca a los discípulos, lo que les hace perder el habla es lo que Jesús estaba preparando en la orilla. Les estaba preparando una comida, un pez. El cual compartiría con ellos. El Dios Señor del universo que murió y lo habían visto, que resucitó y lo habían visto estaba de nuevo sirviendo a sus discípulos.

Juan se siente amado porque se siente guiado por Jesús. A pesar de que Jesús ha cambiado, ya no es la persona física que les guiaba físicamente por palestina y que les iba corrigiendo y enseñando, es esta nueva etapa sigue estando a su lado.

(Jn. 21:20-24) Llegamos al final del libro, a los últimos compases de la estancia de Jesús con sus discípulos. Jesús da las últimas instrucciones a sus discípulos. Vemos a Jesús comisionando a Pedro para que sea un siervo fiel. Juan aclara un mal entendido que se propagó en las iglesias, pero sobre todo vemos misión. Jesús enviando a sus discípulos.

Juan, aunque Jesús no le dijo directamente cual era su papel sabía que debía ser testigo de todas estas cosas que habían pasado, sabía que no debía callarse ni dejar que otros difundieran mentiras acerca de lo que pasó con Jesús. Juan usa estos últimos versículos de su evangelio para aclarar cual es el propósito de este libro “dar testimonio de estas cosas”. Juan se siente amado cuando es un testigo fiel de su maestro. Es un poco raro, sentirse amado cuando eres tu el que haces algo, pero Juan se siente amado porque está cumpliendo la voluntad de Jesús. Para esto lo seleccionó, para esto estuvo enseñandole y corrigiendole durante tres años. Para esto lo acogió en su seno íntimo. Para que fuera un testigo fiel de lo que había pasado y que fuera un pastor de otros como Jesús lo había sido de Él.

No todas estas circunstancias son felices, no todas son éxitos, hay lágrimas, hay desesperación, hay momentos en lo cuales Juan no sabe que va hacer, se siente perdido, con cuando estaban en el lago Tiberias, o en la cruz. Pero en todas esas circunstancias Juan se siente amado por Dios igual en ese mismo momento no se dio cuenta, pero cuando echa la vista atrás y escribe su evangelio se da cuenta, ve el amor de Cristo en cada situación, el mismo amor que nos pide a nosotros, el mismo amor que enseña en sus cartas.

De la misma forma que Juan, nosotros podemos vernos en momentos oscuros, en momento donde no entendamos lo que está pasando, en momentos donde nos da ganas de salir corriendo, pero demos confiar en que en todo momento que Cristo nos ama. Puede que nos sintamos cerca de Dios como Juan en el aposento alto, o en un momento duro como el apóstol en la crucifixión de su maestro o incluso perdidos, pero debemos saber que en toda circunstancia somos “Los discípulos amados por Dios“.

3 comentarios en “El discípulo al cual Jesús amaba.

  1. Que hermoso es saber que podemos ser discipulos amado aun en los momentos mas difisile tenemos que terprecente el amor de Dios para con nosotros y confiar en el Amen

  2. un comentario para reflexionar: el evangelio de san juan….dice: 19:25 Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena.
    19:26 Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: “Mujer, aquí tienes a tu hijo”.
    19:27 Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa.
    jamas menciona que juan estuviera en ese lugar.

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