Dependencia.


Hay pocas cosas que nos hablen tan profundamente de una persona como su testimonio. El testimonio de una persona nos puede dar una radiografía de la vida alguien. Por sus acciones y palabras podemos saber lo que piensa, si actúa en consecuencia de lo que cree, cuales son sus intereses o sus inquietudes.

Existen pocos testimonios tan impactantes como la vida de George Müller. Si tuviéramos de definir su vida en una fase diríamos que George Müller era una persona que dependía de Dios.

El poco de casarse él y su mujer decidieron no recibir salario alguno por trabajar de misionero simplemente iban a recibir lo que las personas voluntariamente le dieran sin nunca pedir nada. Si necesitaban algo se lo presentarían a Dios en oración y confiaban en que Él movería los corazones de alguien para suplir sus necesidades. Pero lo impresionante no es que con este método se sostuviera a sí mismos sino que fueran capaces de sostener una obra que ayudó a más de 2000 niños huérfanos en 5 casas de acogida. Müller llevaba una contabilidad muy estricta de las donaciones que recibía y al final de su vida pudo contabilizar unos 5 millones de libras con las que Dios suplió todas sus necesidades.

Aunque muchos días se levantaba por la mañana sin saber de donde iba a sacar la comida para el almuerzo de ese día, es muy cierto que ningún día faltó un plato de comida en la mesa de los orfanatos. Esto ocurría porque Müller dependía directamente de Dios, su fe estaba puesta en que su Padre supliría siempre sus necesidades, siempre y cuando estas fuesen necesarias.

La dependencia de Dios es una muestra de fe sin tapujos. Muchas veces nuestra fe está llena de peros y es ques pero la Biblia nos dice que la dependencia de Dios es la relación natural de un hijo de Dios con su Padre.

Debemos depender de Dios porque Él quiere suplir nuestras necesidades más básicas. (Gn. 1:29-30)

En el huerto de Edén Dios crea al hombre sin pecado con todas sus necesidades cubiertas, le da comida, le da un entorno ideal, fuera de peligros. Lo único que tenían que hacer era obedecer el mandato de cuidar del huerto y no comer de un árbol. El huerto de Edén es el ejemplo más claro de que cuando dependemos de Dios, o sea creemos sus palabras y las obedecemos, seguimos su voluntad para nuestra Él suple nuestras necesidades básicas como son comida, protección y abrigo. Y no lo cubre con cualquier cosa, sino que hasta en 5 ocasiones se nos dice en el primer capítulo de Génesis que Dios considera bueno lo que ha creado, Dios no le da cualquier cosa a sus hijos, sino que le da lo mejor.

Pero en este entorno ideal con una comunión perfecta entre el Dios y el hombre donde todo dependía de Dios. Aparece Satanás para tentar al ser humano Gn 3:4-5 No moriréis;sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.” Satanás ofrece al ser humano la oportunidad de ser como Dios, a no depender de Él. Sólo se puede depender de alguien al que consideramos mayor que nosotros. Un hijo depende de sus padres, porque son mayores que él en experiencia, edad, fuerza y capacidad económica. Unos alumnos dependen de sus profesores para aprender y crecer. El ser humano depende de Dios porque Él es la fuente de todo lo que por si solos no pueden obtener. Entonces llega Satanás y dice, no hace falta que dependáis de Dios vosotros podéis ser como Dios.

Las consecuencias de este pecado fue con dolor comerás de las tierra como Dios ya no suple nuestras necesidades somos nosotros quien tenemos que esforzarnos por hacerlo y eso nos trae sufrimiento, porque lo hacemos en nuestras propias fuerzas.

El Edén nos muestra a Dios como un Padre que quiere suplir las necesidades de sus hijos. Debemos saber que la idea original de Dios para el ser humano es una relación perfecta donde el ser humano dependa de su sustento para él. Pero cuando el ser humanos quiere separarse de esa dependencia de Dios llega el sufrimiento, la ansiedad, porque a diferencia de Dios nosotros no somos todopoderosos.

Debemos depender de Dios porque Él es el único capaz de ayudarnos a superar nuestras batallas (Jc. 2:16-23).

Este relato es un resumen de casi todo el libro de jueces. El pueblo de Israel, a la muerte de Josué se apartó de Dios y se fue detrás de otros dioses ante lo cual Dios permite que otras naciones lo dominen. Pero la Biblia nos dice que Jehová levantó jueces que los librasen de mano de los que les despojaban aquí vemos la misericordia de Dios al acordarse de su pueblo y no dejar que sufra cuando vuelve a él.

El libro de jueces añade “Y cuando Jehová les levantaba jueces, Jehová estaba con el juez, y los libraba de mano de los enemigos todo el tiempo de aquel juezv.18 Cuando el pueblo de Dios dependía de Dios Él los libraba de sus enemigos cuando no dependía, cuando se revelaba Dios se alejaba y otras naciones lo derrotaban. Con Dios a su favor el pueblo de Israel nunca perdió una sola batalla. Por eso constantemente Dios envía a sus profetas a llamar al pueblo a que se vuelva Dios, a que se arrepienta y vuelva bajo las a las de quién puede protejerlo de sus enemigos.

Necesitamos depender de Dios, necesitamos estar bajo su control para que Él nos ayude en nuestras batallas, contra nuestros enemigos. Porque Él es el único que nos puede ayudar a vencer. Sólo Él, que es omnipotente puede vencer.

Debemos depender de Dios porque Él es el único capaz de suplir nuestras necesidades espirituales (Jn. 4:7-15).

En una de las conversaciones más conocidas del ministerio de Jesús este se encuentra en un pozo cerca de samaria hablando con una mujer a la cual le pide agua. Usando de las ilustraciones con las que en infinidad de veces utilizaba para hablar de términos más complejos Jesús empieza a hablar acerca del agua para ilustrar como Dios llena nuestras vidas.

Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;  mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás. El agua del pozo ilustra todas esas cosas que quieren llenar la vida de las personas, el éxito profesional, los conocimiento, la admiración de los que nos rodean, la necesidad de saber que hay después de la muerte… todas esas cosas que atormentan la vida de los que nos rodean y que no les sacian sino que cada vez les van a hacer desear más agua. Todos tenemos la necesidad de llenarnos de algo.

Jesús habla acerca de una agua de la cual una vez que bebemos ya no vamos a necesitar de nada más. Porque cuando Dios llena nuestra vida el suple todas las necesidades espirituales de una personas. La necesidad de aceptación, de amor, de propósito de existencia, de razón de ser, todo lo llena. Si nuestra vida depende de Dios nuestras necesidades espirituales estarán suplidas por una fuente de agua que salte para vida eterna.

Debemos depender de Dios porque Él es el único capaz asegurarnos nuestras necesidades futuras (Jn. 14:2-3).

Hemos visto como Dios suple en la vida de sus hijos, eso es algo que solemos ver en el pasado cuando hacemos memoria de como Dios ha sido fiel en en la vida de su pueblo, o en el presente. Pero nuestro Dios también es un Dios de promesas, que a diferencia de lo que está acostumbrada nuestra sociedad, de promesas que se cumplen siempre. Esta es la circunstancia es Jesús que le dice a sus discípulos que en la casa de su Padre hay muchas moradas y promete que va a preparar una morada para ellos y que cuando vuelva los llevará con él.

El cuidado de Dios no sólo se limita al hoy, hay presente. De la misma forma que Dios cuidó de su creación en el huerto del Edén, cuidará de nosotros después de la muerte. De la misma forma que planeó una creación donde hasta en cinco ocasiones llega a decir que es buena, Cristo está preparando un lugar para nosotros.

Por ese debemos depender de Él, Cristo es el único lugar donde podemos asegurar nuestro futuro, un futuro a su lado, un futuro en un lugar que él nos está preparando.

En un mundo que grita por ser lo más independiente posible debemos buscar una dependencia total de una persona que busca cuidarnos, busca llenarnos, busca protegernos y ayudarnos en nuestras batalla. Una persona que está preparando un lugar  para nosotros y un día vendrá a buscarnos.

 Jehová es mi pastor; nada me faltará.
 En lugares de delicados pastos me hará descansar;
Junto a aguas de reposo me pastoreará.
Confortará mi alma;
 
Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.
Aunque ande en valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;
Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
 
Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;
Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.
 Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,
Y en la casa de Jehová moraré por largos días.

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