La vid verdadera (II).


En en anterior post iniciamos una reflexión sobre Jn. 15:1-17

El ejemplo de la viña es un ejemplo perfecto para la vida cristiana porque nos habla de algo vivo, algo que crece, que necesita mantenimiento. Sólo el que permanece en la vid es el que lleva fruto. Permanecer en él es una tarea de los cristianos. La palabra permanecer tiene el significado de quedarse o persistir. De persona que como hemos visto no se ha ido a otras vides no verdaderas. El hecho de permanecer constituye una evidencia de que la salvación ya ha tenido lugar (1 Jn. 2:19). El fruto o evidencia de salvación es la permanencia y la continuidad en el servicio a Él y en su enseñanza. La permanencia nos aleja de la idea del decisionalimo, muchas veces podemos creer que sólo con que una persona afirme que es salvo ya es salvo y olvidamos la importancia de la permanencia en Dios, de aferrarse a él, a sus palabra, a sus promesas, a sus mandamientos, en los buenos momentos y en los malos. Pero esto aunque parece que es mérito de los pámpanos, o sea mérito nuestro básicamente ocurre por el poder de la Palabra de Dios (v. 3, 7)

Lo único que tiene poder para arraigar la vida de los pámpanos en la vid es la Palabra de Dios. “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.2 Ti. 3:16. Sólo la palabra de Dios tiene la capacidad para transformar nuestras vidas y hacerlas dar frutos, nosotros sólo no podemos porque como hemos visto separados de Cristo no podemos hacer nada.

El versículo 7, es un compromiso mutuo “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis y se os será hecho”. El pámpano y la vid tienen un compromiso mutuo uno se compromete a dar los nutrientes, a dar sabia, a dar vida, otros se compromete a dar fruto. De la misma forma entre Cristo y sus discípulos, nosotros hay un compromiso. Nosotros nos comprometemos a permanecer en él, a ser fieles a pesar de que las circunstancias sean adversas (Jb. 23:10-12), a pesar de lo mal que lo estaba pasando Job permanece, este es el tipo de permanencia que Dios busca. A esta permanencia hay que sumarle el que las palabras de  Jesús deben permanecer en nosotros. Y de nuevo tenemos con nosotros la palabra permanecer que nos trae la idea de persistir de mantenerse en el tiempo, “Instruye al niño en su camino y aunque fuera mayor no se apartará de élPr. 22:6 Esta es la idea interiorizar la palabra de Dios hasta el punto de que nos acompañe en todo nuestro camino a lo largo de nuestra vida.

Sólo el que permanece es el que lleva fruto.

Esta permanencia en Cristo nos lleva al versículo 10Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor” A la verdadera sabia que une la vida de los pámpanos y de la vid el amor. (Jd. 21) El amor de Dios debe regular la vida de los cristianos, de nuevo permaneciendo en él, que nos habla de usarlo en todo momento.

Si la Palabra es la herramienta del Padre, del labrador el amor es la sabia que fluye desde la raíz pasando por el tronco hasta llegar a las ramas (los pámpanos).

En el versículo 12 Jesús pasa usarlo como un mandamiento no es que podemos amarnos o no, es que los cristianos estamos obligados amarnos los unos a los otros y en el momento en que esto no pasa, en el momento que no amo a mi hermano estoy desobedeciendo un mandato directo de Dios. No hay excusas para este mandamiento porque el ejemplo es Jesús mismo, él mismo se da de ejemplo (1 Jn. 3:16), el amor en la relaciones que tenemos entre los hermanos es la gran diferencia entre las relaciones en una iglesia verdadera y el resto de la sociedad, porque este amor, como nos dice 1 Cor. 13El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.” Nuestra forma de vida debería ser este amor, este amor que nos lleva a amar incondicionalmente a nuestros conocidos, que nos lleva a esforzarnos por ayudarles a cambiar en sus vidas, que nos lleva a darlo todo porque conozcan a Cristo. El amor de Cristo por los demás es lo que le lleva a entregar su vida en una cruz, porque “habiendo amado a los suyos, los amó hasta el fin”.

Nuestro amor con nuestros hermanos, en la iglesia, debería ser así, como muestra de nuestra vida cristiana. Pero muchas veces nuestro viejo hombre, nuestra naturaleza tapa este amor y nuestras iglesias no son el nido de amor de Dios que deberían ser sino todo lo contrario, por eso debemos esforzarnos, por expresar ese amor que Jesús mostró, permanecer en él en los momentos más duros, como los que hemos visto de Job y marcar la diferencia en una sociedad que no es ni sufrida, ni benigna, sino envidiosa, jactanciosa y todo lo demás.

Para Jesús el ejemplo de amor supremo es el de una persona que da su vida por sus amigos, que da su vida por otras personas. Esta es una referencia a la evidencia y expresión suprema del amor de Jesús (v. 12), su sacrificio y muerte en la cruz. Los cristianos están llamados a ejemplificar la misma clase de entrega sacrificada los unos por los otros, aún si ese sacrificio implique perder la vida en imitación al ejemplo de Cristo (1 Jn. 3:16).

El resultado de esta vida en cristiana la tenemos en el versículo 11Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.” Lo cual parece un fin bastante hedonista, el gozo propio, pero es que cuando una persona permanece en Cristo, permaneciendo la Palabra en él y tiene este amor que el Padre y el hijo tienen, que el labrador y la vid tienen el uno para con el otro todas sus peticiones están acorde con la voluntad de Dios, porque tendrá un corazón conforme a Cristo. El gozo es el símbolo supremo del cumplimiento de la voluntad de Dios, cuando cumplimos con nuestra labor hay gozo. “este es mi hijo amado en el tengo complacencia” El padre obtiene satisfacción de ver que su hijo es obediente y cumple su voluntad a pesar de que esa voluntad sea morir en una cruz. De la misma forma nuestro Padre es glorificado y obtiene gozo cuando nosotros hacemos su voluntad a imagen de su hijo. El hijo obtiene gozo porque nosotros imitamos su amor. Nosotros obtenemos gozo porque hacer la voluntad de Dios es la única manera de obtener todos los verderos de Cristo, ser verdaderamente libre, ser verdaderamente amado, tener la verdadera luz que ilumine nuestra vida.

Que este gozo símbolo de que permanecemos en Cristo y hacemos su voluntad, se manifieste en nuestra vida. Permaneciendo arraigados en el igual que las ramas o pámpanos lo están en la vid, llevando fruto y teniendo al amor como el vínculo común en nuestra vida.

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