Cuidado pastoral.


Algo que define a las sociedades más avanzadas es el desarrollo de su educación, no sólo en el sentido de excelencia sino también en la implantación en el pensamiento colectivo de la educación como algo imprescindible y de peligrosa su ausencia. Esto es el algo que damos por supuestos en países del llamado primer mundo. Consideramos como básico que unos padres se preocupen por la educación de sus hijos, es su responsabilidad y sería algo reprobable una negligencia en esta área.

De la misma forma que deben preocuparse por la educación formal de sus hijos unos padres deben ocuparse de la educación espiritual de sus hijos, esto se llama cuidado pastoral.

El cuidado pastoral, y entendemos como cuidado pastoral a toda la obra que se realiza cuidando la salud espiritual de otras personas, bien sea desde los ancianos de una iglesia hacia una congregación, los encargados de llevar a los jóvenes a los mismo jóvenes o el cuidado espiritual que unos padres hacen sobre sus hijos, es una obra extensa pero totalmente necesaria. A todos nos chocaría ver a unos padres que no dan de comer a sus hijos, o a unos profesores en un instituto que no enseñan nada a sus alumnos, lo veríamos reprochable, incluso denunciables. De la misma forma unos padre han de proveer alimento espiritual para la vida de sus hijos, no es una opción. De la misma forma que unos profesores en la escuela dominical, o de la misma forma los maestros o ancianos de la iglesia, porque todos, y no hay excepción en este todos, necesitamos cuidado espiritual, necesitamos que otra personas nos aconsejen, se preocupen de nuestra salud espiritual.

Aunque lleve el apellido de pastoral, esta nos es tarea exclusiva de los ancianos o pastores o quien esté al cargo en una iglesia, sino que es tarea de todo cristiano maduro ayudar, aconsejar a otras personas pero debemos tener una serie de requisitos para ello que podemos ver en 1 Ti. 4:11-14 Timoteo no debía sólo enseñar, o sea estudiar y hablar sino que su tarea iba más allá tenía que ser ejemplo, o sea ser imitable. Si Timoteo tenía que ser ejemplo era porque se esperaba que el resto de la congregación lo imitara.

Si queremos pastorear la vida de otras personas debemos ser ejemplo de lo que queremos enseñar. Si queremos que nuestros hijos caminen en los caminos de Dios sus padres deben hacerlo primero. No hay cosa que torpedee más la vida de una ser humano que cuando una persona que debía de ser ejemplo para ella falla. Y eso pasa a todos los niveles, familiar, eclesial, laboral. Los buenos ejemplo en la vida cristiana marcan el camino para los que los siguen.

Si queremos pastorear la vida de otras personas en los caminos de Dios, debemos empaparnos de la Palabra de Dios. Es imposible hacer la obra de Dios sin la palabra de Dios 2 Ti. 3:15Toda escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”. Sin esa palabra todo lo que podamos decir a otra persona no pasan de consejos, mejor o peor intencionados. Pero es la palabra de Dios la que tiene el único poder para cambiar vidas, para hacernos crecer. Por eso la persona que quiera ayudar a otra debe empaparse de esa Palabra. Leerla a diario, amarla.

Si queremos pastorear la vida de otras personas en los caminos de Dios, debemos amar como Cristo amaba. Jn. 13:1 Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” y aquí el fin fue la cruz. Debemos amar a las personas y a la obra de Dios con la misma intensidad que Jesús la hacía, hasta el fin. Como aman unos padres a sus hijos, hasta las últimas consecuencias.

Si queremos pastorear la vida de otras personas en los caminos de Dios, debemos ser espirituales. Debemos ser personas que buscan a Dios en medio de las dificultades, es cierto que algunas de estas premisas se pisan en algunos sentidos, pero ser personas espirituales nos habla de ser personas que en cualquier momento ante las decisiones de la vida ponemos a Dios en el primer lugar. El ejemplo de lo que no es ser espiritual es el pueblo de Israel en el desierto camino a Canaán. Vemos a un pueblo que ante la primera dificultad que tenían miraban a Egipto y no a Dios. Preferían acordarse de la nación que les esclavizaba y no del Dios que les liberaba. Ser espirituales es poner a Dios en primer lugar de nuestra vida, o sea, al control de ella.

Si queremos pastorear la vida de otras personas en los caminos de Dios, debemos ser íntegros. Esta es cuestión indispensable. 1 Pd. 1:13-16Por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado;como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia;sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir;porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.” No nos conformemos, no tomemos forma de los deseos que gobernaban nuestra vida, sino tomemos forma de Dios, que es santo. Si nuestra vida no refleja esta santidad no podremos guiar a otros a esta santidad que es la santidad de Dios.

 

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