Fe.


En Gál. 3:6-7 Pablo usa dos elementos que a los creyentes de la época le resultan casi opuestos. Los fariseos y su énfasis en las obras de la ley hicieron parecer que todo lo que sonaba a antiguo pacto, sonaba a justificación por obras. Pero si vemos a fondo la historia de Abraham, realmente la conclusión que sacamos es la de un hombre de fe.

Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendiciónGn. 12:1-2.

Desde casi su primera aparición en Génesis Abraham aparece ligado a la promesa de que Dios creará a través de su linaje una nación, con ciertas características, será una nación grande y además traerá bendición al resto de familias de la tierra “… y serán benditas en ti todas las familias de la tierraGn. 12:3. Pero faltaba una cosa, no puede haber una gran nación entre los descendientes de una persona, si esta persona no tiene descendientes, al menos uno. Abraham no tenía hijos. Esto era una piedra en su camino, piedra que le llevó a tropezar y buscar atajos en el plan de Dios, el atajo, en este caso no lo buscó él sino su mujer Sara. El atajo fue tener un hijo con una esclava, pero no era el plan de Dios, sino nos dice la Biblia “cuando Dios había dicho” o sea en el tiempo de Dios, no en el de Abraham y Sara, nació Isaac.

Isaac era el hijo de la promesa, el deseado, el que cumplía a la perfección con la promesa de Dios. Esa promesa que le había llevado a dejar su tierra natal para ir a heredar una tierra, esa promesa que ya parecía que no iba a llegar. Isaac daba sentido a la vida de Abraham, todos los hijos dan sentido a la vida de los padres y mucho más un primogénito en la época de Abraham, pero Isaac daba sentido a todo lo que había pasado, todo lo que había dejado atrás. Esto es necesario entenderlo cuando nos asomamos al episodio donde Dios pide a Abraham que le entregue a su único hijo (Gn. 22:1-14).

Génesis 22 nos dice que Dios decidió probar a Abraham, decidió poner su confianza a prueba, decidió probar su fe. Probar algo, en el sentido en que Dios nos prueba en nuestra vida es la idea de partir algo a la mitad para ver de que está echo, ver cual es su interior no sólo la capa superficial sino de que está compuesto. Como hemos leído Abraham supero la prueba y su fe fue pública. Porque esa fe no era superficial sino que empapaba toda su vida. Por eso vamos a ver algunos de los frutos de la fe en la vida de Abraham que se nos muestran en este episodio.

  • El fruto de la fe es la confianza plena (22:1).

Unos capítulos atrás, antes del nacimiento de Isaac, Dios le dice a Abraham que hará del él una nación grande. Ante esta afirmación Abraham le dice 15:2Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer?”. Abraham está impaciente porque los años pasan y el hijo de la promesa no da llegado, e incluso llega a decir ¿qué me darás?, que parece una frase un poco fuerte para decirle a Dios directamente, vemos a un Abraham con dudas, que no está convencido del todo. Pero el Abraham al cual se le pide que entregue a su único hijo, no duda, no replica, no le echa nada en cara a Dios, sino que se levanta muy de mañana para cumplir el mandato de Dios. La diferencia entre aquel Abraham que no tiene muy claro el como y este que confía está en 15:6Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia.” La fe. Abraham cree una verdad únicamente porque Dios lo dice. Y es esta fe, que antes no tenía y que ahora tiene, la que le da la confianza para hacer lo que Dios le pide, aunque sea algo tan doloroso como entregar al hijo que tanto ama. Porque Abraham tiene fe para saber que Dios cumplirá su promesa, a pesar de que la realidad no esté ocurriendo como el piense que tiene que ocurrir porque la fe descansa en la promesa.

El fruto de la fe es la responsabilidad (22:3).

Génesis nos dice que Abraham se levantó muy de mañana y preparo las cosas para el viaje a Moriah. Dado que era algo doloroso para él, podía dejar que sus siervos lo hicieran. Pero decide hacer él todos los preparativos. Decide ser él quien sacrifique a Isaac, no evade su responsabilidad sino que la asume. Lo asume porque tiene la confianza de que es lo mejor para cumplir el plan de Dios. No puede saber como ni en que sentido, pero confía en los planes de Dios.

Vino palabra de Jehová a Jonás hijo de Amitai, diciendo:Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí.Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová.Jo. 1:1-3. Sabemos la historia de Jonás, que huye de la presencia de Dios porque no quiere que Ninive se arrepienta, pues era la capital del imperio asirio. El cual era conocido por su crueldad en batalla. Asiria fue el imperio que continuamente avasalló a Israel, el reino del norte y acabó llevándoselo cautivo. Jonás odia a Asiria, por todo el mal y dolor que provocaron a su pueblo. Dios mismo le dice que es una nación que merece castigo y que será destruida si no cambia. Por eso no quiere predicar, para que no cambie y no se arrepienta y Dios no les perdone sino que les castigue.

Jonás no es responsable de hacer lo que Dios le manda, porque no le gusta, no quiere se rebela. En el polo opuesto está Abraham. Abraham tendría tantas ganas de sacrificar a su hijo como Jonás de que Nínive se salvara. Pero su confianza en Dios hace que sepa que lo mejor es obedecer. En cambio Jonás cree que lo mejor es huir y que la salvación no llegue a esa ciudad.

A pesar de que nuestro corazón diga lo contrario, obedecer la palabra de Dios siempre es la mejor opción. Sea lo menos conveniente para lo que nosotros pensamos, sea lo menos popular, o lo que menos queremos, pero es nuestra responsabilidad.

  • El fruto de la fe es el amor a Dios. (22:5-8)

Abraham podría cumplir el mandato de Dios sólo por obligación. Pero no lo hace así sino que a sus siervos les dice “iremos allí y adoraremos” no sólo ofrecer un sacrificio sino adorar, cuando su hijo le pregunta él responde “Dios se proveerá de cordero”. La fe en Dios hace que Abraham no vea a Dios como culpable de lo que va a suceder, o de lo que él piensa que va a suceder sino como merecedor de lo mejor de la vida de Abraham, su único hijo.

Ex. 14:11Y dijeron a Moisés: ¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿Por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto?” El pueblo de Israel que salió de Egipto era un pueblo que no tenía fe ni en Dios ni en Moisés, por eso ante la primera prueba que se encuentran, en este caso estar atrapados entre el mar rojo y el ejercito egipcio su reacción es acusar a Moisés directamente y a Dios indirectamente de la tragedia que ellos piensan que va a haber. Hacen culpables a quienes los liberan porque su confianza en la promesa de que Dios les va a llevar a Canaan es nula.

La fe nos ayuda a amar a Dios porque descansamos en él. Abraham descansaba en Dios cuando subía con su hijo hacia el sacrificio. Descansaba en que ese Dios que le prometió un día que iba a ser padre de una nación grande iba a cumplir su palabra con Isaac vivo o muerto, eso se sintetizaba en amor hacia ese Dios. Mientras que el pueblo que salió de Egipto no descansaba en Dios y menos en Moisés, y ante la prueba cae en la tentación y acusan a Dios, demostrando falta de amor.

  • El fruto de la fe es que no hay nada de que avergonzarse. (22:1; 22:11)

Dos veces Dios llama a Abraham y este responde con un heme aquí, la frase de los que esperan en Dios. Isaías responde con un Heme aquí ante el “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Is. 6:8. Jacob también responde Heme aquí cuando Dios le habla en Gn. 31:11. Porque cuando cumplimos la voluntad de Dios no tenemos nada de que avergonzarnos, no tememos a la voz de Dios porque sabemos que estamos haciendo lo correcto, no tenemos miedo al castigo o a la ira de Dios contra el pecado. En las dos ocasiones en que Abraham pronuncia estas palabras, en el inicio de la historia y en el fina, no tiene nada de que avergonzarse ante Dios porque está cumpliendo su palabra. La fe nos ayuda a no avergonzarnos porque con ella no fallamos ante Dios.

En el caso contrario a esta fe que hace que no nos tengamos que avergonzar ante Dios están Adán y Eva. “Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?Gn. 3:8-9. Adán y Eva no confiaron en las palabras de Dios, en la advertencia de Dios, si comían del árbol prohibido morirían, no tuvieron fe en la promesa de Dios. Ante esta falta de fe, cuando Dios llama, cuando Dios viene ellos se esconden. ¿Porqué se esconden? porque se avergüenzan de su pecado.

Cuando falla nuestra fe nuestro pecado queda al descubierto y esto nos avergüenza delante de Dios.

Que, como dice el apóstol Pablo, siendo hijos de Abraham por la fe, sepamos tener la fe de Abraham. Una fe que descansa en las promesas de Dios, hasta el punto de darlo todo si Él nos lo pide, sabiendo que las promesas de Dios siempre se cumple. Un fe que se muestra en la prueba y que produce frutos.

4 comentarios en “Fe.

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