Encuentro.


Puede ser una tragedia, una muerte de un ser cercano, un accidente grave. Puede ser algo más cotidiano como una mudanza a un sitio donde no nos adaptamos o un cambio de trabajo que no cumple las perspectivas que nos había planteado o incluso conocer a una persona. Existen circunstancias en nuestra vida que marcan un antes y un después de su existencia. Suelen ser terremotos que sacuden esos cimientos que pensábamos que eran tan firmes y que nos convierten en personas distintas de las que éramos antes de enfrentarnos a ellas.

Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo;y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persiguesHc. 9:3-5

Existen pocos cambios en la vida de una persona como el sufrido por Saulo de Tarso en el camino que separaba Jerusalén de Damasco. El Saulo que salió de Jerusalén era una persona que “respiraba aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor” (Hc. 9:1). Pero el Saulo que llegó a Damasco fue otro.

“El Señor le dijo: Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de IsraelHc. 9:15

El Saulo que llegó a Damasco ya no era un perseguidor del cristianismo sino el mayor evangelista del siglo primero. Este cambio en la vida del discípulo de Gamaliel se produjo por un encuentro directo entre perseguidor y lo que pretendía perseguir.

A lo largo de su ministerio en la tierra, fueron varios los episodios que Jesús tuvo con personas las cuales no volvieron a ser las mismas después de encontrarse con Él: Nicodemo, la mujer samaritana, el ciego bartimeo. Siempre hay un antes y un después. Siempre hay una Jerusalén y una Damasco. Siempre hay una mujer que va a buscar agua pretendiendo no ser vista por la opinión pública y otra que corre a avisar a todo el pueblo que ha encontrado al Mesías. Siempre hay un fariseo que busca a Jesús de noche, a escondidas y otro que lo defiende públicamente cuando los demás miembros del sanedrín quieren matarlo.

En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de DiosHc. 9:20

En mundo que valora tanto las experiencias que hagan que esta vida valga la pena debemos recordar que no existe mayor experiencia que encontrase con Jesús. Podemos ignorarlo y pasar de alto su encuentro, como Caifás o Pilato hicieron, pero si aceptamos su encuentro nuestra vida nunca volverá a ser igual. Nuestra Jerusalén se convertirá en Damasco. De perseguidores nos convertiremos en perseguidos. De destructores nos convertiremos en instrumentos útiles.

Porque con Jesús en nuestra vida nada vuelve a ser igual.

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