Movimiento.


Coger una naranja. Partirla a la mitad. Exprimir con esmero. Repetir con la otra mitad. Por mucho que los anuncios de zumos nos quieran vender otra cosa, no existe nada comparable a un zumo recién exprimido.

Las parábolas de Jesús son como esa naranja que vemos colgando del árbol. Necesitamos hacernos con ella, abrirla, estudiarla y exprimirla. Si lo hacemos sacaremos de ella un zumo, una enseñanza que será incomparable con “otra” embotellada que podamos probar.

Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo. Mt. 13:44

Jesús transmitió múltiples enseñanzas con sus parábolas, pero una que podemos ver si estudiamos el conjunto de ellas es que todos su protagonistas están en movimiento. No hay personajes estáticos. Desde la mujer que busca ansiosamente una dracma perdida pasando por el hijo pródigo que harto de trabajar entre cerdos camina junto a su padre buscando las palabras que justifique su llegada o las vírgenes que salen al encuentro de su Señor.

 “Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno.Mt. 13:8

        Este movimiento no sólo se traduce en acciones sino también en crecimiento espiritual. En la parábola del sembrador las semillas que caen en buena tierra, crecen. Muchos cristianos no crecen en su vida espiritual, pero esto no se corresponde con lo que nos dice la Palabra acerca de los hijos de Dios. Si nosotros no crecemos en nuestra vida espiritual debemos plantearnos como está nuestro terreno, igual necesitamos arar el terreno y prepararlo para que el crecimiento sea efectivo. Este crecimiento acaba con fruto. No todos iguales, cada uno según la capacidad que Dios le ha permitido, pero todos con fruto. La falta de fruto en la naturaleza es sinónimo de que algo no va bien en el árbol.

 “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca Mt. 7:24

        Otra idea de movimiento lo vemos en las cosas que construimos en nuestra vida. Nuestra familia, ministerio, iglesia. Dios nos provee el fundamento pero Él nos ha dado la capacidad de pensar y actuar en la construcción. En cualquier ámbito de nuestra vida podemos ser herramientas para construir (o para destruir). Debemos no solo cimentar en Dios sino hacer construcciones que le den gloria a Él.

Seamos hombres y mujeres de Dios, seamos hombres y mujeres en movimiento.

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