La cama de Procusto.


En la mitología griega Procusto era un hermoso bandido y posadero del Ática que tenía su casa en las colinas donde ofrecía posada al viajero solitario. Allí lo invitaba a tumbarse en su cama de hierro donde, mientras el viajero dormía, lo amordazaba y ataba a las cuatro esquinas del lecho. Si la víctima era alta, Proscusto le serraba las partes de su cuerpo que sobresalían. Si por el contrario era más baja le descoyuntaba a martillazos hasta estirarla.

Josafat le respondió al rey de Israel: —Estoy a tu disposición, lo mismo que mi pueblo y mis caballos. Pero antes que nada, consultemos al Señor —añadió. Así que el rey de Israel reunió a los profetas, que eran casi cuatrocientos, y les preguntó: —¿Debo ir a la guerra contra Ramot de Galaad, o no? —Vaya, Su Majestad —contestaron ellos—, porque el Señor la entregará en sus manos.

Pero Josafat inquirió: —¿No hay aquí un profeta del Señor a quien podamos consultar? El rey de Israel le respondió: —Todavía hay alguien por medio de quien podemos consultar al Señor, pero me cae muy mal porque nunca me profetiza nada bueno; sólo me anuncia desastres. Se trata de Micaías hijo de Imlá.” 1ªR. 22:4-8

 

       Uno de los mayores peligros con que se encuentra una persona que busca en la Biblia la manera de guiarse por la vida, es buscar lo que quiere que diga y no lo que realmente dice la Palabra de Dios.

Acab, ante la insistencia por parte de Josafat, decide consultar a unos ‘profetas’ que le digan lo que él quiere oír, una victoria segura, en vez de escuchar las palabras verdaderas que el profeta Micaías le daría. La razón que da para este comportamiento es que nunca le profetiza favorablemente.

Este error está mucho más en boga, hoy en día, de lo que podemos pensar, cuantas veces cristianos ante el pecado evidente en nuestras vidas decidimos buscar algún texto en la Biblia que justifique, o por lo menos que no condene tan abiertamente nuestro comportamiento. Cuantas veces usamos textos fuera de contexto para justificar no tocar una forma de hacer las cosas en la iglesia y cuantas veces hacemos lo mismo para justificar algo nuevo que queremos hacer. Teseo matando a Procusto

Al no tener una interpretación única sino que cada hijo de Dios puede abrir la Biblia y bajo su responsabilidad interpretarla, existe la tentación de hacer como los ‘profetas’ del rey Acab los cuales interpretaban la realidad y las palabras de Dios como mejor le convenían a quien las escuchara.

»No crean que he venido a traer paz a la tierra. No vine a traer paz sino espada. Porque he venido a poner en conflicto al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, a la nuera contra su suegra; los enemigos de cada cual serán los de su propia familiaMt. 10:34

Generalmente se conoce como la cama de Procusto a esta tendencia de adaptar las ideas en beneficio nuestro o de la persona a la cual queremos agradar, de la misma forma que Procusto adaptaba el tamaño de sus víctimas en relación con el tamaño de la cama.

Pero a diferencia de Procusto o de los ‘profetas’ de Acab, a Dios nunca le importó que sus palabras no agradaran a la persona que escuchaba. El evangelio es un mensaje duro, difícil de aceptar, por todo lo que hay que dejar atrás, no todo el mundo está dispuesto a enfrentarse con todo lo que implicar ser cristiano. Jesús mismo, al cual tenemos como adalid de la paz y amor hacia todos, nos dice que ser seguidor suyo trae conflicto, enfrentamiento incluso dentro del seno de la propia familia.

“La ley del Señor es perfecta:

infunde nuevo aliento.

El mandato del Señor es digno de confianza:

da sabiduría al sencillo.

Los preceptos del Señor son rectos:

traen alegría al corazón.

El mandamiento del Señor es claro:

da luz a los ojos” Sal. 19:7-8

Pero de la misma forma que es difícil y puede traer conflicto, las bendiciones de seguir al pie de la letra la Palabra de Dios también son múltiples, nos infunde aliento, porque sabemos que podemos confiar en ella, que son palabras verdaderas de un Dios verdadero que nunca falla. Son palabras que nos hacen sabio, o sea, que nos ayudan a tomar decisiones correcta ante problemas reales. Son palabras que nos traen alegría, porque obedecer los mandatos de Dios nos hace ir por el camino de la voluntad de Dios para nuestras vidas. Y nos traen luz, porque solo las palabras de alguien que conoce nuestro futuro nos pueden iluminar en nuestro camino diario.

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