El mayor.


Texto: Mr. 9:33-37

Probablemente la idea, ya repetida en dos ocasiones de que Jesús iba a faltar (Mr. 8:31-38 y 9:30-32), les llevó a una pregunta naturalmente humana ¿Y ahora que? ¿Que hacemos cuando Jesús falte? ¿Quien será el maestro?. No perdamos la vista en que en la época de Jesús ese era el sistema normal de las enseñanza, un maestro y varios discípulos. Y la forma natural de sucesión sería que uno de los discípulos “ascendiera” al papel de maestro. Pero evidentemente no se ponían de acuerdo en quien era el mayor espiritualmente hablando para poder ser maestro. Probablemente la mejor relación que Jesús muestra con Pedro, Jacobo y Juan no gustaba mucho al resto. Esta disputa nos habla un poco de como estaban las ideas de los 12. Por un lado sabían que ellos debían continuar la labor de Jesús no irse a casa a seguir con su vida, sino no tiene sentido la discusión.

Por otro lado (v. 34) se sentían avergonzados por la discusión que habían tenido, por lo cual podemos saber que no sentían que había sido una discusión muy santa. Probablemente porque se dieron cuenta de su egoísmo, la dureza de sus corazones, su insensibilidad ante el duro trance que iba a pasar Jesús. El error de los 12 fue que su propio egoísmo y sus ganas de imponerse los unos a los otros excluía al único que tenía poder para decidir como iba a ser la vida de los 12 después de Jesús, que era Jesús. Y vemos que Jesús no los falló (Jn. 16:7-8) envió al E.S. quien iba a ser quien guiara sus vidas. Por otro lado el el esfuerzo de los 12 por ser cada uno de ellos el primero fue en vano, porque en la iglesia de Cristo es Dios (Padre, Hijo y E.S.) quien guía, manda y ordena. Y esto nos tiene que llenar de paz, saber que por muy negro que veamos el futuro, por muy perdidos que pensemos que vamos a estar, por muchos que intentemos entre nosotros imponernos, Dios guía a su pueblo, él nunca nos abandona y si no nos guía de una forma, Él lo hará de otra.

La reacción de Jesús es realmente maravillosa e imborrable primero se sienta, y este echo que para nosotros pasa totalmente desapercibido era una muestra de su posición de maestro que está apunto de dar una lección a sus discípulos. Los rabinos se sentaban cuando iban a enseñar algo a un grupo pequeño. Jesús no regañó a sus discípulos sino que, poniendo a un niño en medio, hace una preciosa ilustración viviente que nos habla de:  a. Deben concentrar su atención en las necesidades de los demás. Deben olvidarse de rangos, preeminencias y prominencias. Hay pocas cosas que no hayan cambiado en la historia y una de ellas es la ansia que tiene el ser humano de ser el primero, en lo que sea, pero el primero, la mayoría de veces a cualquier precio. Pero en la vida de cristiano ese primer lugar no se encuentra siendo mejor o más valioso que otros sino en ser ayuda, útiles y de bendición para otros. (v.35). b. El ejemplo del niño nos habla de la sinceridad con la que actuamos. No deben haber segundas intenciones en lo que hacemos (v.36) Jesús puso varias veces de ejemplo en sus enseñanzas a niños, siempre con esta idea, de inocencia en el sentido de no tener intenciones ocultas cuando hacemos algo. Un niño puede hacer lo correcto o lo incorrecto pero siempre lo hace con sinceridad, es cuando crecemos cuan ya las intenciones no están tan claras. c. Recibir a alguien en nombre de Cristo es recibir a Cristo mismo y recibir al que le envió, o sea, al padre (v.37). Cuando Jesús usa aquí la palabra niño no sólo se refiere directamente a los niños en general sino que se refiere también a los cristianos. Mr. 10:13-16El que no reciba el reino de Dios como un niño no entrará en él”. Por otro lado Jesús siempre se identificó con los necesitados y los que sufren, los que no tienen hogar (Lc. 9:58) por eso aquí está diciendo que cualquiera que tiende una mano para ayudar a un niño, a un hermano en la fe, a un necesitado Jesús lo siente como si le estuvieran ayudando a él mismo, y su padre siente lo mismo.

Seamos personas que buscamos primeramente bendecir a los demás, expresar ese amor que Dios mostró en nosotros. Que nuestras acciones sean limpias y sinceras como las de un niño. Dejemos que sea Dios quién nos guíe y dejemos de pelear batallas para decisiones que sólo Él puede tomar. AMÉN.

 

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