Un pueblo.


Texto: 1Pd. 2:9-12

Uno de los problemas más comunes en nuestra sociedad es la falta de identidad, muchas gente sobre todo jóvenes viven constantemente buscando algo que los identifique como suyos. Sobre todo en la adolescencia donde hay esa continua búsqueda de algo a lo que podamos decir, pertenezco a esta idea, o este grupo social. Esto mismo pasa con las iglesias, probablemente la época más crítica para la vida de cualquier cristiano es la adolescencia, sobre todo si el chico viene de una familia cristiana. La llegar los 13, 14 o 15 años empieza una época de rebeldía, que no tiene porque ser mala en sí misma. Pero que acaba con muchos jóvenes fuera de la iglesia, bien porque no se identifican con lo que ocurre en ellas, o bien porque la iglesia es incapaz de hacerles ver la realidad de lo que es la iglesia, un pueblo.

Hoy vamos a meditar en unos conocidos textos de la primera carta de Pedro  donde veremos un poco quienes somos, o quienes dice la Palabra que somos. Y a que identidad permanecemos

       1. Un pueblo escogido v.9: Una de las primeras cosas que vemos es la voluntad directa de Dios en la elección de su pueblo, no somos pueblo de Dios porque 60 personas decidamos reunirnos, somos un pueblo de Dios porque Dios decidió que cada uno de nosotros perteneciéramos a el y nosotros no hemos sido rebeldes a ese llamado. Como Él nos escogió no nos pertenecemos a nosotros, ni a ninguna denominación, ni a ningún grupo pertenecemos a Dios, Él es nuestro amo y nosotros sus siervos. Él manda y nosotros obedecemos, muchos problemas nos ahorraríamos en las iglesias si tuviésemos claro esto, que no dejamos de ser hijos adoptados de Dios. Esto queda claro en el versículo 10, antes no éramos parte del pueblo. Hubo un momento en nuestra vida, donde, como en el caso de los discípulos, Dios dijo sígueme y nosotros le seguimos, pero eso nunca es mérito nuestro.

       2. Un pueblo perdonado v.10: la palabra misericordia significa: compasión hacia alguien e impotente, o endeudado con necesidad y sin derecho a un trato favorable. El pueblo de Dios es un pueblo de perdonados, un pueblo de personas que tan solo con lo que Dios nos ha perdonado nos daría para varias vidas de alabanza. No teníamos derecho a nada, y en cambio Jesús nos salvó, Dios padre nos dio derechos como hijo, cuando no los merecíamos. Y como dice Mt. 25:34-40, vemos como Jesús separará a unos que Su Padre ha bendecido para heredar el reino preparado para ellos desde la fundación del mundo. Mientras a que los de la izquierda los manda directamente al infierno. Este texto nos introduce en el siguiente punto.

       3. Un pueblo con una labor v.9: El pueblo de Dios tiene la labor de compartir con otros lo que él ha disfrutado, esa misericordia ese perdón, que ha recibido tiene la obligación de compartirlo con los demás, no solo de manera oral, sino también demostrándolo con hechos. y esto es lo que nos demuestra Mt. 25:35-40 Ayudar a personas que realmente lo necesitan, sobre todo si son hermanos nuestros es una manera de demostrar el agradecimiento por el perdón que Dios nos ha dado.


4.
Un pueblo apartado v.11: En este versículo Pedro nos compara con extranjeros de este mundo, porque no pertenecemos a esta sociedad, de la misma forma que cuando vamos a Japón nos sentimos extranjeros en todo el sentido de la palabra porque no conocemos el idioma ni una cultura tan diferente a la nuestra, pues el cristiano le pasa lo mismo con la sociedad actual, debemos tener claro que no pertenecemos a esa sociedad somos como extranjeros en ella, su cultura del pecado nos tiene que ser extraña de la misma forma que nos es extraña las forma de vida en otros países.

        5. Un pueblo ejemplar v.12: Aparte de lo que podamos hablar con nuestros labios y con nuestro esfuerzo, debemos mantener un buen testimonio delante de los demás. Este buen ejemplo no lleva el objetivo de alabarnos a nosotros, no es fama, sino que cuando vean nuestras buenas obras el resultado sea glorificar a Dios. Este testimonio, estas buenas obras deben ser regadas con el conocimiento de que pertenecemos al pueblo de Dios. La gente que nos rodea debe saber a quien adoramos, sino las alabanzas serán para nosotros y no para Dios.

Así que hermanos en primer lugar demos gracias a Dios por pertenecer a su pueblo, demos gracias por su perdón y su misericordia. Elevemos oraciones de agradecimiento por todo lo que nuestro Padre nos ha perdona y por todas las bondades que nos ha dado.  Y en nuestro día a día seamos responsables con nuestra labor dentro del pueblo nuestro ejemplo ante las personas que no pertenecen al pueblo de Dios. Seamos un pueblo ejemplar.

Amen.

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