Lo que nos hace caer


Texto: Mr. 9:42-50

La exposición que comienza en el v.42 tiene una clara referencia a la situación anterior cuando Jesús puso al niño como ejemplo (v.36). Y las ocasiones de caer que se nos citan son de dos orígenes, a. el primero es cuando alguien hacer caer, o pecar a otra persona. Aquí pequeñitos lleva implícita la idea de hijos de Dios, “que creen en mí”. La idea de que Dios protege a los más débiles es continua a lo largo de toda la Biblia (Ex. 21:26-36 Ex. 22:16-31). Dios cuida de los más débiles y el tomará justicia cuando alguien indefenso es atacado de la manera que sea. Ante esto hace una comparación, mejor es “atarse una piedra de molino y tirarse al mar” que hacer tropezar a un “pequeñitos”. Esta piedra de molino es la piedra superior de un molino como los que tenemos tradicionalmente en Galicia. La piedra inferior está fija y la de arriba gira moliendo la materia que se eche en ella, en el caso gallego es el agua del río quién mueve la piedra, en el caso en que se refiere Jesús era un animal, generalmente un asno. Ambas piedras son grandes y por muy pequeño que fuera el molino, nunca bajaría de unos 600Kg. La piedra que aquí se refiere es la superior, de forma cónica y que en la parte de arriba tenía un orificio para introducir el grano y por ahí es donde dice Jesús que la persona engañadora meta la cabeza y se tire con toda la piedra al mar. Literalmente es mejor la muerte más horrible que caer en manos del Dios de estos pequeñitos.

b. El segundo origen de lo que nos hace pecar o caer es nosotros mismos y Jesús usa tres metáforas para referirse a esta circunstancia. Jesús hace más énfasis en este aspecto de cuidarnos de nosotros mismos porque sabe que cuando pecamos la gran mayoría de veces el pecado sale de nosotros y no de otros. Es más fácil pecar por tentación propia que por la de otra persona.

Mano, pie y ojo ¡Qué valiosos son! Sin embargo, Jesús dice que es mejor privarnos de cualquiera de ellos que perecer eternamente con el “cuerpo entero”. Evidentemente

Jesús aquí no aboga por la automutilación, porque es una enseñanza de la Biblia que el

pecado no sale de los miembros sino del corazón (Mr. 7:21-23). Lo que Jesús dice es que no debemos consentir el pecado en nuestra vida pues tiene un enorme poder destructivo, sea lo que sea lo que lo esté provocando debemos atajarlo de inmediato. Si es una relación con una persona la que nos hace pecar es preferible dejar esa relación a caer en manos del pecado, si hay lugares, imágenes, ideas que nos hacer ir detrás del pecado debemos abandonarlas de inmediato porque ser santos, no es una opción para un hijo de Dios es un mandato Lv.19:2. Lo que debemos hacer con el pecado es lo que nos dice Col. 3:5 hacerlas morir y esta frase nos habla de un proceso, un proceso que culmina con que ese pecado muera en nuestra vida. Hacer morir utilizando el símil de una planta, sería no regarla, o sea no fomentar ese pecado en nuestra vida, evitar que tengamos la tentación, y si ocurre huir directamente.

Otra idea que transmite aquí Jesús es la idea del infierno, no está muy clara en una simple vista al texto, pero si analizamos la palabra infierno vemos que Jesús usa la palabra Gehenna que es una traducción helénica de la palabra hebrea que significa 

“Valle de Hinom” y este valle nos da dos características sobre el infierno que nos habla Jesús. 1. La primera es su duración el valle de Hinom era el lugar donde se quemaban los desperdicios y los cadáveres de criminales y animales de la ciudad de Jerusalén. Una de sus características es que el siempre estaba ardiendo. El infierno de que habla Jesús es un infierno eterno, no es compensatorio, no vas al infierno unos años para convalidar tu maldad en el mundo. Es un infierno por toda la eternidad. Y el infierno es un lugar de sufrimiento horrible. 2. El valle de Hinom en la época de Jeremías estaba asociado al culto al Dios Moloc, y los reyes del Israel, algunos de ellos sacrificaron a sus hijos a este dios 2R. 23:10. El dios Moloc “exigía” pasar los hijos por fuego, no sabemos bien como

era este ritual, puede ser quemado o asado, no lo sabemos, pero sí que la muerte implicaba dolor indescriptible. Y esta es la otra característica, el infierno no es sólo no- cielo o sea ausencia de cosas buenas, si no sufrimiento, puro y duro y no cualquier tipo de sufrimiento, sino sufrimiento horrible. si juntamos las dos ideas que la palabra Gehenna nos da tenemos un infierno eterno de dolor indescriptible, dolor externo que produce el fuego y dolor interno que produce el gusano (v.48).

Esta visión del infierno debe horrorizarnos, pero también debe poner palabras de alabanza en la boca de todos sus hijos por librarnos de el. Es tanto y tan maravilloso lo que Dios nos da y que nos libra de sufrir que se merece nuestra alabanza continua. También debe ayudarnos a ver con otros ojos a todas esas personas que están ahí fuera y se van al infierno, sin Dios esas personas lo único a que aspiran es a un sufrimiento indecible toda la eternidad, que nos anime esta visión que Jesús nos da del infierno par motivarnos a querer hablar a otros acerca de Dios.

Jesús termina sus observaciones con una trilogía de pasajes relacionados con la “sal”. La sal siempre fue importante en los sacrificios del pueblo de Israel (Lv. 2:13) se incluía en todas las ofrendas por cuanto la sal era emblema de permanencia o lealtad al pacto. 1. (v.49) El primero de ello Jesús advierte a sus discípulos contra el peligro de constituirse en tropiezo para otros o ser ellos las víctimas del tropiezo. “todos serán” Estas dos palabras nos incluyen a todos. Aquí por fuego y sal entendemos prueba. La prueba no sólo va a separar la buena gente de la maña, creyentes de no creyentes sino que incluso dentro del corazón y de la vida de los creyentes destruirá lo malo y sacará a relucir lo bueno, haciendo que sal en su entorno. (Jb. 42:5-8; Sal. 119:67).

        2. (v.50) El segundo pasaje: “la sal el buena; más si la sal se hace insípida ¿Con qué la sazonareis?” Es fácil entender que la sal es buena, tanto para preservar la comido como para darle sabor, sin embargo la sal sólo tiene una característica salar, cuando pierde eso no sirve absolutamente para nada entonces es literalmente “buena para nada” (Ez. 47:11). La sal había perdido su sabor en la vida religiosa de Israel. Por tanto que sea sal lo que lleva el nombre de sal. Muchas personas que nunca leen la Biblia están leyéndonos constantemente a nosotros. Si nuestras conductas no son consecuentes con nuestro llamamiento, nuestras palabras tendrán poco valor. 

         3. (v.50)  Es útil que una persona influya para bien en lo demás a menos que por la gracia de Dios, la bondad habite en su corazón.  En otras palabras, a menos que el Espíritu Santo aplique la Palabra de Dios en su corazón y le transforme en un verdadero discípulo de Cristo, no será buena influencia. Por consiguiente, tener sal dentro de uno mismo significa tener dentro de sí aquellas cualidades que promueven la verdad, bondad, paz, gozo, etc… entre los hermanos. significa tener cualidades que despierten en el mundo en general el deseo de escuchar las buenas nuevas de la salvación en Cristo. Dicho de otro modo tener sal dentro de uno mismo significa ser la sal del mundo (Mt. 5:13) y por tanto también procurar que la palabra de uno sea siempre sazonada con sal.

Como leíamos en levítico: “Seamos santos como Dios es Santo” fijemos nuestra vista en Cristo y en su reino. Seamos sal allá donde estemos, sal que marque la diferencia en una sociedad que va camino del Valle de Hinom que va camino a una eternidad de sufrimiento y dolor indecibles. Amen

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