Realidades y necesidades.


     Tenemos que reconocer, o por lo menos mi generación tiene que hacerlo, que vivimos en un lugar privilegiado en una época privilegiada, por muy mal que vayan las cosas ahora. Y quizás esa burbuja de comodidad nos ha hecho ver la realidad de una forma bastante idealista y distorsionada, también hasta cierto punto egoísta.

     El egoísmo es un conocido mal que tiene la peculiaridad de convertirnos en convenientemente ciegos y convenientemente sordos. 

“Y al ver las multitudes, [Jesús] tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” Mt. 9:36
     En el mundo occidental tendemos a valorar lo económico por encima de otros aspectos, que como mínimo tienen la misma importancia. Y cuando escuchamos que una persona tiene necesidad inmediatamente lo asociamos a que económicamente está necesitada. Pero si vemos el ejemplo de Jesús nos fijamos que su mayor prioridad eran otras realidades de la gente que le rodeaba. Alimentar a la gente Jn 6:1-15; su moralidad, Jn 5:6 y 7; su salud, Mt. 8:16; 
Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego?”Jn 9:2
     Hay muchas ocasiones en que las necesidades de una persona, sea al nivel que sea, son producidas por el propio pecado. Rebeldía ante Dios, decisiones equivocadas, no aceptar consejos de personas más experimentadas, hacer siempre lo que bien nos parece. Y podemos caer en el error de juzgar a las personas que nos rodean, si alguien sufre podemos pensar “se lo merece”, “ya se lo dije hace años”, “si no hubiera tomado esa mala decisión”, “si hubiera escuchado más”, “ahora sufre las consecuencias por…”. No está mal reflexionar sobre el pecado de otra persona y sacar conclusiones para la vida de cada uno, pero muchas veces nos quedamos en la mera reflexión, como el que mira una película desde una cómoda butaca de cine.
      Jesús, como podemos leer en los evangelios, siempre defendió la verdad, pero nunca dejó de ayudar a los demás. Usaba el sanar y hacer milagros no sólo como marca de su divinidad sino como un medio para llevar el evangelio a los demás
“Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él?Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es.Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.” Jn. 9:35-38.


     En ocasiones podemos caer en el error de sólo ayudar sólo por interés, puede que muy evangelístico y santo, pero interés y en el momento que la persona no muestra disposición a escucharnos o entendernos lo dejamos de lado. Pero Jesús siempre mostró un interés real y genuino en hacer que la vida de los que le rodeaban mejorase, aunque lo siguiente que pasara fuera que lo rechazaran.
     Seamos personas con corazones dispuestos a ayudar a las personas que nos rodean si tienen alguna necesidad, acompañemos esa ayuda “física” con otra ayuda “espiritual”. Un interés genuino en que la persona mejore. Un interés genuino en sus realidades y necesidades.

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