Utoya


 El pasado 22 de Julio ocurrió una de esas tragedias, que debido a lo avanzado de
los medios de comunicación y de internet se convierten en tragedias globales, como lo
fueron el ataque las torres gemelas (2001), el tsunami del sudoeste asiático (2004) o más
recientemente el terremoto, tsunami y posterior crisis nuclear de Japón (2011).
 Anders Behring Breivik, ciudadano noruego nacido en Londres, hizo estallar una
bomba en pleno centro de Oslo, para luego, vestido de policía, llegar a la isla de Utoya y
asesinar a sangre fría a 68 jóvenes que se encontraban en un campamento del Partido
Laborista.
 “Reuniros que os voy a contar lo que ha sucedido”, dijo. Cuando se 
acercaron a él, empezó a disparar.
 Anders se aprovechó de la confianza que los ciudadanos depositamos en la
fuerzas de seguridad, sobre todo en momentos de crisis. Cuando una tragedia llega a
nuestra vida el ser humano necesita una figura en quien confiar, una persona que le
transmita seguridad. En los primeros momentos después de que estallará la bomba esos
jóvenes buscaban esa figura, una persona que les informara sobre que había pasado,
cuál había sido la magnitud del ataque, que hacer o como protegerse. Pero se
encontraron con la muerte.
 “Corrimos y corrimos. Lo peor es cuando supimos que estaba vestido como 
un policía. ¿En quién íbamos a confiar? Si aviso a un policía, ¿es este el tipo que va 
a venir a nuestro rescate?”
 Cuando la confianza es dañada el ser humano escapa sin rumbo alguno. ¿En
quién confiar?. Si mi familia me hace daño ¿Donde puedo buscar consejo? si mis amigos
me fallan en los peores momentos ¿Donde voy a buscar compañía? si mi pareja me
engaña ¿Con quién compartir mi vida y mis momentos más íntimos?. Los chicos de Utoya
sintieron como su confianza en las personas que supuestamente tenían que cuidar de
ellos se vino al suelo, tanto es así que incluso cuando Anders fue apresado ellos seguían
escapando de los policías, ahora sí, los de verdad.
 “Breivik venía hacia nosotros, estaba vestido como un policía. Tenía todo el 
equipo, un walkie talkie, armas, todo”
 Cuando una persona está perdida es capaz de agarrarse a cualquier persona o
cosa que aparente darle esa seguridad o esa confianza que necesita para poder
enfrentarse a la tragedia. Muchas personas buscan en el tarot la “respuesta” para escapar
del miedo al futuro, otras personas se hacen extremadamente dependientes de su
allegados como vía para escapar del miedo a la soledad, otros como los jóvenes se
refugian en las drogas para evadirse la realidad y de los problemas que la vida tiene, lo
mismo pasa con el alcohol. Todas estas búsquedas, y otras también, aparentan ser una
fuente de confianza y tranquilidad, una roca firme sobre la cual asegurarse cuando todo
se tambalea, pero todas antes o después conducen a la muerte.
 A todos nos puede venir a la mente la historia de Job, “persona recta e intachable, 
que temía a Dios y vivía apartado del mal” Job 1:1 pero que a pesar de su conducta pasó
una verdadera tragedia, no sólo fue la muerte de sus 10 hijos, sino que también se
encontró con una esposa que en el peor momento renuncia a su fe y le pide a Job que
renuncie a la suya Job 2:9. A esto hay que sumarle tres supuestos amigos que acusaban
a Job de sus males.
 Pero Job sabía en quien poner su confianza:
     25 Yo sé que mi redentor vive,
y que al final triunfará sobre la muerte.
26  
Y cuando mi piel haya sido destruida,
todavía veré a Dios con mis propios ojos.
27  
Yo mismo espero verlo;
espero ser yo quien lo vea, y no otro.
¡Este anhelo me consume las entrañas!
 Job 19:25-27
 Job puso su confianza en Dios porque sabía que no le iba a fallar. Esta confianza
salió a la luz en los momentos de crisis, pero se forjó en los momentos de paz. Esa
confianza se trabajó cuando Job era un hombre poderoso y de renombre, y relució de
manera esplendorosa cuando lo encontramos revuelto en polvo y ceniza durante tres días
con sus amigos:
18  
»¡Ah, tierra, no cubras mi sangre!
¡No dejes que se acalle mi clamor!
19  
Ahora mismo tengo en los cielos un testigo;
en lo alto se encuentra mi abogado.
20  
Mi intercesor es mi amigo,
y ante él me deshago en lágrimas
21  
para que interceda ante Dios en favor mío,
como quien apela por su amigo.
Job 16:18-21
 ¿En quién depositamos nuestra confianza?
 En la historia de Job vemos como Dios es una persona que nos cuida en los
buenos momentos y que no nos abandona en los malos, por mucho que las
circunstancias o las personas digan los contrario. Podemos confiar en Dios porque Él nos
promete que estará con nosotros en los momentos difíciles:
 Pero ahora, así dice el Señor,
el que te creó, Jacob,
el que te formó, Israel:
«No temas, que yo te he redimido;
te he llamado por tu nombre; tú eres mío.
 
Cuando cruces las aguas,
yo estaré contigo;
cuando cruces los ríos,
no te cubrirán sus aguas;
cuando camines por el fuego,
no te quemarás ni te abrasarán las llamas.
 Isaías 43:1-2
 Cultivemos nuestra fe y confianza en Dios en los momentos de paz de nuestra vida
mediante la alabanza, la gratitud, la comunión, la oración, el estudio de Su palabra y el
amor. Para que en los momentos de crisis y dolor podamos decir como el salmista:
 
Sólo en Dios halla descanso mi alma;
de él viene mi salvación.
 
Sólo él es mi roca y mi salvación;
él es mi protector.
¡Jamás habré de caer!
Sal. 62:1-2

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