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       Mt. 5:1-20

        Los niños son el reflejo de los adultos con los que están y muchas veces alguien que trabaje con niños, bien sea un profesor o un persona en la iglesia encargada de los niños, puede saber cómo son los adultos de una familia, cuáles son sus intereses sus prioridades su escala de valores, etc, sólo observando y escuchando a un niño, porque los niños imitan el entorno en que se encuentran. Cuando en un patio de colegio los niños van a jugar y se ponen en fila para poder escoger dos equipos siempre se escogen primero a los mejores, a los que sepan jugar mejor al deporte que se vaya a practicar, dejando de lado a los peores o más débiles. Esto es un reflejo de lo que ocurre en la sociedad que nos rodea donde el éxito de una persona radica en caracteres que lo hacen destacar por encima del resto, que le han llegar a lugares donde otros no pueden. Que lo hacen superar a sus rivales. Entonces llega Jesús y empieza a hablar de las personas que realmente son destacadas en el reino de Dios, personas que son bienaventuradas. Pero su escala de valores no es la de las personas que le rodean, no vemos bienaventuranzas para los que ganan mucho dinero, ni para los más graciosos, ni para los más carismáticos, ni para los que arrastran a más personas detrás de ellos sino que es una que da la vuelta a la que la sociedad tenía.

       Los que lloran: Jesús siempre se identificó con los que sufren en Mt. 25:37-40 Jesús dice que cuando ayudamos a una persona necesitada el siente esa ayuda como propia. Jesús se identifica, con los necesitados. Cuando en éxodo se está dictando la ley Dios dicta leyes especiales para que cuando se recoja la siega se deje parte para los necesitados, o cuando se recoja la uva en la vendimia. Y como Jesús se identifica con ellos también les ofrece su consuelo.

Este lloro viene del arrepentimiento sincero, es una consecuencia del pecado, los que lloran se refieren a todas las personas que conociendo su pecado y el pecado de la sociedad que les rodea no pueden hacer otra cosa que llorar ante él. Jesús experimento en su propia carne esta sensación de lloro, el lloro no es un mal en sí mismo sino una manifestación externa sobre todo suele ser de rabia o impotencia, ante algo que ocurre y que nosotros no podemos impedir. Jesús lloró por la muerte de un amigo Jn. 11:28-40 Las lágrimas de Jesús no fueron falsas sino que incluso los que las vieron dijeron “mirad como lo amaba” dando a entender que eran lágrimas verdaderas.  Lágrimas por las consecuencias del pecado, la muerte.

En la vida cristiana hay momentos de lágrimas, lágrimas sinceras que muchas veces reflejan situaciones difíciles que estamos pasando. Algunas serán por el pecado propio, porque caemos y sabemos que hemos fallado a Dios, otras por pecado de otros, que nos hacen daño, otras veces lloraremos simplemente por ver lo perdida que está la sociedad. Pero debemos saber que mientras nuestras lágrimas sean derramadas por el reino de Dios serán consoladas. Porque el que pertenece al reino de Dios el pecado nunca le es indiferente. Los cristianos podemos acostumbrarnos a ver pecado hasta el punto que nos volvamos inmunes y tenemos que tener cuidado porque no debemos ser indiferente ante él.

       Los mansos: La mansedumbre es lo opuesto a estar fuera de control. No significa debilidad sino un autocontrol supremo dado por el espíritu santo, pues es uno de los dones espirituales (Gá. 5:23). La mansedumbre nos habla de la capacidad de aceptar la voluntad de Dios a pesar de que duela. El hijo de Dios tiene que saber aceptar las pruebas de su padre cuando estas se presenten, como ocurre con Job, pero mansedumbre también nos habla de aceptar el castigo por el pecado, sin rebeldía. Como David con el hijo de Betsabé, cuando Natán se acerca a David para reprenderle por lo que había hecho David lo asume y dice “he pecado contra el Señor” asume su pecado y asume su castigo porque era manso.

        Mt. 27:27-31 No hay mayor ejemplo de mansedumbre que este, el hijo de Dios, Señor del universo el cual la Biblia nos dice que es heredero de todo, se deja golpear y humillar aceptando la misión que su Padre le ha encargado. Nuestras vidas deberán reflejar esta mansedumbre que vemos en David y Jesús, por un lado nunca siendo rebeldes a la corrección de Dios, porque sólo los buenos padres corrigen a sus hijos y es de buenos hijos aceptar esta corrección, a parte del hecho de que hemos fallado y nos merecemos la corrección, es justo. Por otro lado debemos ser mansos para aceptar la voluntad de Dios aunque duela.

       Hambre y sed de justicia: Es lo opuesto a la auto justificación de los fariseos. Se refiere a todos aquellos que buscan la justicia de Dios por encima del establecimiento de una justicia propia. Estas personas que tiene hambre de justicia están deseosas de alimentarse de esta justicia de Dios, por eso nos la presentan como hambre y sed, porque nos habla de una forma de vida diaria, a pocas cosas más diarias que comer y beber.  El Sal. 9:7-9 dice: “Pero Jehová permanecerá para siempre; Ha dispuesto su trono para juicio. El juzgará al mundo con justicia. Y a los pueblos con rectitud. Jehová será refugio del pobre, Refugio para el tiempo de angustia.” Esta justicia de Dios es una justicia que restablecerá lo que el pecado ha distorsionado, es algo que los hijos de Dios esperan con ansia porque juzgará las injusticias que se producen en una sociedad caída.

        Jn. 2:13-17 Jesús limpió el templo en dos ocasiones. En la primera de ellas Jesús llega al templo y el pecado de la avaricia había hecho que un lugar destinado al culto a Dios se convierta en un mercado. Jesús usa de su justicia para castigar a los cambistas y a los mercaderes con un azote de cuerdas. El celo por la justica de Dios de los cristianos debería ser así, no que nos pongamos a darnos palos cuando veamos un pecado pero sí que nunca nos quedemos indiferentes ante la injustica, los ciudadanos del reino de Dios debemos tener hambre y sed de justicia y hacer todo lo posibles para revertir los casos de injustica que tengamos en nuestro entorno y a nuestro alcance. No vivimos en una burbuja y aún no estamos en el cielo, así que a nuestro alrededor hay casos claros de injustica que en la medida de que podamos debemos ayudar a corregir.

       Los misericordiosos: Las personas que reciben la misericordia de Dios tienen la obligación de reflejar esa misericordia en su vida con los demás. Esta misericordia es la virtud de inclinarse o compadecerse de las tragedias de los demás y tener el ánimo de ayudarles. Todas estas características que vamos viendo muchas se solapan porque no son ideas rígidas sino formas de vida. Es imposible ser misericordioso sino no hay una sed de Justicia. Mt. 9:35-36 nos dice que Jesús vio a las multitudes y se compadeció de ellas, tuvo misericordia de ellas. Los hijos de Dios como miembros del reino de Dios deben tener esta misma capacidad que Jesús para sentir misericordia, para darse cuenta de las necesidades espirituales de los que nos rodean y hacer lo que podamos por suplirlas.

        Los de limpio corazón: Las personas de limpio corazón son personas de deciden no contaminarse con el pecado de una manera voluntaria. Todos estamos rodeados de pecado y es imposible no pecar, va en nuestra naturaleza humana. Pero son personas que hace el esfuerzo de poner un filtro en sus vidas para que el pecado no germine en ellas. Muchas veces podemos alimentar el pecado en nuestra vida como con los resentimientos o los rencores que llegan a nuestra vida y encuentran terreno abonado para  quedarse y vivir en ella. Dn. 1:8Y Daniel propuso en su corazón de no contaminarse en la ración de la comida del rey, ni en el vino de su beber: pidió por tanto al príncipe de los eunucos de no contaminarse.” Nuestra vida es como un terreno de tierra donde se cultivan cosas, sabemos de antemano que van a salir malas hierbas, es inevitable, pero podemos proponernos hacer lo posible para que nuestro terreno no se propicio para estas malas hierbas sino para que traiga fruto. Daniel se propuso que su vida no fuera contaminada por la comida sacrificada a otros dioses paganos. El hijo de Dios debe esforzarse por mantener su corazón y su vida lo más limpias posibles, habrá malas hierbas pero es nuestro deber procurar que el terreno no esté abonado para ellas y que cuando salgan las cortemos lo más pronto posible.

        Los pacificadores y los perseguidos: Como últimos grupos Jesús cita a dos grupos en conflicto. Hasta ahora hemos visto situaciones donde el cristiano tenía que hacer una introspectiva en su vida para analizar si era manso o pobre de espíritu o misericordioso. Ahora el texto entra en la acción con las personas que nos atacan, se supone que por ser hijos de Dios. Por un lado la Biblia nos llama a ser pacificadores, o sea personas que buscan la paz por encima de todas las cosas, nos llaman a no ser belicosos. Y ¡qué difícil es! Cuando nos atacan no responder con la misma moneda. Qué difícil es juntar estas dos características y ser pacificadores cuando somos perseguidos. 2 Co. 2:5-11 Pablo había sido ofendido por alguien y toda la congregación le había reprendido, era fácil para Pablo hacer leña del árbol caído pero a pesar de esta ofensa Pablo dice “por cuanto os ruego que confirméis el amor para con él(v. 8) aquí vemos un corazón que va pronto a perdonar y aunque él haya sido ofendido no quiere que esto sea un problema en la iglesia de corinto sino que hace de pacificador para que en la iglesia haya paz. Si queremos ser parte del reino de Dios tenemos que fomentar la paz de Dios allá donde estemos, y desgraciadamente muchas veces se ve lo contrario entre los cristianos, estamos hablando mal los unos de los otros y fomentando rivalidades que parece que le allanamos el terreno al enemigo.

Dice una canción muy conocida por nosotros que Somos el pueblo de Dios, somos un pueblo especial, pues como pueblo especial, especial por los méritos de Cristo, esforcémonos por cultivar estas características que Jesús resalta porque son las características de losintegrantes de su Reino. AMÉN

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